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miércoles, 12 de noviembre de 2008

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: Cristianos “¿caja fuerte de seguridad?”

Publicado por Pasionistas

Hace ya tiempo que contemplaba en la TV ese programa español del juego de la ruleta. En la última tirada se ponía en juego el “bote con 1.900 euros”. Al que le tocaba el turno tenía 500 euros ya asegurados. Quería resolver el enigma. El conductor del programa le insistía ¿quieres quedarte con los quinientos o quieres arriesgarte a conseguir el bote? Fueron unos momento de tensión. Por fin, decidió resolver, por miedo a que le saliese el número de “quiebra”. El conductor, le dice, hagamos una prueba para ver qué te resultaría. Evidentemente esta prueba ya no valía, era solamente para salvar la curiosidad. Tiró de la ruleta y ¡casualidad! le salió el bote. Por no arriesgarse perdió los mil novecientos euros y se quedó con sus quinientos. Se hubiese llevado a casa 2.400 euros, y se llevó quinientos.

Tenemos demasiado miedo a arriesgarnos. Preferimos jugar a lo seguro. Como dice el refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Es lo que nos sucede con frecuencia a nosotros los cristianos. Nos han insistido tanto en la fidelidad al pasado, que ahora no somos capaces de corrernos el riesgo de mirar al futuro. Nuestro Dios, el Dios de nuestra fe es el Dios del pasado, de la tradición, de lo que siempre se hizo. Y nos olvidamos que el verdadero Dios de la fe es el Dios del riesgo:


El riesgo de hacerse hombre.
El riesgo de anunciar el cambio.
El riesgo de anunciar el Evangelio de lo nuevo.
El riesgo de la misma muerte. Humanamente, toda una imprudencia, para quien pensaba echar a andar el Reino de Dios.


De estos tres personajes de la parábola: dos de ellos tenían espíritu de riesgo. Pusieron en juego sus talentos. El tercero sintió miedo. Enterró su talento. Así no se crearía problemas cuando regresase su amo.

Pero Dios no nos da los talentos para que se los conservemos y se los devolvamos. Dios no nos quiere cristianos “cajas fuertes de seguridad”. Dios quiere que arriesguemos. La mejor fidelidad a Dios no es conservar lo de siempre.
La mejor fidelidad a Dios no es estudiar la historia que otros hicieron sino hacer historia. Dios no quiere estudiosos de la historia, sino creadores de historia. Por eso al tercero se le quitó el talento que recibió y ordenó se lo entregasen al que más había arriesgado.

Si lo pensamos bien, ser fieles a la tradición ¿no es a caso ser fieles a la historia? Porque la tradición no se hizo en un momento. Es el proceso de siglos de pensamiento, siglos de búsqueda, siglos de reflexión, siglos de teología, siglos de cambio. La mejor fidelidad al grano es sembrarlo, dejar que se pudra y que brote un nuevo tallo y florezca en una nueva espiga.

¿No hablamos de los signos de los tiempos? ¿Y no hablamos de los signos de los tiempos como expresiones de las manifestaciones y revelaciones de Dios en cada momento de la historia? Cuando yo era estudiante había una revista que todos los meses sacaba un artículo sobre la “inmoralidad de las mujeres que andaban en bicicleta”. ¿No habrá alguien que ahora nos hable de la inmoralidad de “las mujeres en moto” o de las “mujeres en coche”?

El gran problema del cristiano y de la Iglesia es el miedo al riesgo. Si no hubiésemos tenido la valentía de Juan XXIII que se arriesgó a celebrar un Concilio, y si no hubiésemos tenido a un Pablo VI que se arriesgó a poner a la Iglesia en diálogo con el mundo y la cultura, estaríamos todavía con una Iglesia agrícola del arado y de las Avemarías en vez de los abonos químicos, y estaríamos con una Iglesia con una gran cabeza jerárquica pero sin el Pueblo de Dios.

Dios se hizo historia en la historia de los hombres. Basta leer la historia del Pueblo hebreo. Y cuando Jesús comienza se vida pública, los Evangelios le ponen todo el marco histórico y religioso de su tiempo: emperador, gobernadores, sumos sacerdotes. Y el mismo Jesús nos dejó un criterio: “estad en vela hasta que vuelva”.

La fidelidad a Dios es mirar sus huellas del pasado, pero también seguir mirando los huellas que siguen dejando sus pies en los caminos de la historia hoy y de mañana.
Fidelidad no es sólo mirar hacia atrás.
Fidelidad es mirar también hacia adelante.
Fidelidad no es conservar, sino crear.
Fidelidad no es inmutabilidad, sino novedad y cambio.
Fidelidad no es la seguridad del ayer, sino el riego del mañana.
A Dios no podemos devolverle el mundo tal y como lo encontramos.
Sino un mundo nuevo y una tierra nueva.
A Dios no podemos devolverle la Iglesia que fueron los demás.
Sino la Iglesia que estamos llamamos a vivir nosotros hoy.
¿A caso no escogió Jesús un Pueblo Nuevo, porque los sumos sacerdotes y los fariseos no querían salirse del Antiguo? “No echéis en odres viejos el vino nuevo”. Y Dios es el vino nuevo de cada día.

Oración

Señor: Tú nos has regalado y nos has hecho responsables de tu Evangelio.
No para que te lo devolvamos bien encuadernado, sino para que lo devolvamos hecho vida para el hombre de hoy y de siempre.
Tú nos has regalado a tu Iglesia y nos has hecho responsables de ella.
No para que te la devolvamos como la encontramos envejecida y gastada.
Sino para que te la devolvamos viva, actual, capaz de responder al hombre de hoy.
Señor: que no tengamos miedo al riesgo. Que es mejor equivocarnos andando, que no equivocarnos quedándonos sentados.

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