27 de Abril - LUNES Jn 6, 22-29
“Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago, notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entre tanto, unas lanchas de Tiberiades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias). Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: “Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues éste lo ha sellado el Padre, Dios”. Ellos le preguntaron: “¿Y qué obra tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?” Respondió Jesús: “La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que Él ha enviado”.
1. La primera preocupación que siempre han tenido, y siguen teniendo, todos los seres humanos es la preocupación por la vida, por tener una vida sana y segura. Ahora bien, la sanidad y seguridad de la vida supone alimentación y salud. Por eso, como ya se ha dicho en este libro, los dos grandes temas, que aparecen constantemente en los evangelios, son la salud de los enfermos y la comida de los que carecen de alimentos, no en cuanto limosna para llenar el estómago, sino como comensalía para compartir la mesa.
2. Por eso, si hablamos de la comida, no en cuanto mera solución al hambre de cada uno, sino en cuanto comensalía, que nos lleva al tema del compartir con los demás, se comprende lo que Jesús le dijo a la gente que le buscaba. Aquella gente no comprendió el significado de la multiplicación de los panes. Sólo apetecían el pan que aquel día les resolvería el problema del hambre. El problema está en que, como eso es lo único que nos preocupa a casi todos, por eso no se resuelve el problema del hambre en el mundo. Y, menos aún, el problema que es la causa de que haya tanta hambre en un mundo en el que sobran alimentos.
3. Se suele decir que este espantoso problema no se resuelve porque no hay voluntad política para resolverlo. No es eso. El problema radica en la falta de fe, es decir, en la falta de una motivación superior, de una voluntad y una fuerza superior, que nos haga sensibles a la solidaridad y a la comensalía para todos. La solución está en que tengamos fe en Él, es decir, que la “memoria subversiva” de Jesús movilice nuestras vidas.
28 de Abril - MARTES 3ª Semana de Pascua
Jn 6, 30-35
“En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Seor, danos siempre de este pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”.
1. Jesús empieza a explicar aquí el significado profundo del pan que dio a comer a la gente cuando el episodio de la multiplicación de los panes. Jesús les ha dicho que no entendieron el significado profundo de lo que allí pasó. Y ellos le preguntan en qué consiste tal significado. En las Escrituras judías estaba dicho que, a los que huyeron de Egipto, Dios les dio a comer “pan del cielo” (Ex 16, 13 ss; Sal 77, 24 s; Sab 16, 20), el maná del desierto.
2. Jesús les responde que “el pan de Dios” es el que da vida, no a algunos privilegiados solamente, sino a todo el mundo. Pero aquí es determinante saber que, en tiempo de Jesús, cuando los judíos hablaban del “pan de Dios”, con esa expresión se referían a la Ley que Dios dio al pueblo en el desierto por medio de Moisés. Esta interpretación está bien documentada y aceptada por los mejores especialistas en este asunto (X. Léon-Dufour).
3. Pero lo sorprendente es que, a renglón seguido, Jesús aade: “Yo soy el pan de vida”. Al decir eso, Jesús estaba afirmado: “La Ley que Dios os da soy yo”. Es decir, la religión de Jesús no consiste en la observancia de unas normas legales, sino en el seguimiento y la adhesión a una persona. La estructura básica del cristianismo no es jurídica, sino personal. En cuanto que consiste en ser fiel a la relación fiel a Jesús.
29 de Abril - MIÉRCOLES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 35-40
“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed; pero como os he dicho, habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.
1. Jesús es el pan de vida. Aquí Jesús no habla todavía de la eucaristía. El “pan de vida”, según se pensaba entonces, es la ley religiosa dada por Moisés a Israel. Jesús, por tanto, al decir que él es el “pan de vida”, lo que en realidad afirma es que, con su venida al mundo, se acabó la religión basada en el cumplimiento de leyes y normas, y empezó otra forma de entender y vivir la religión. Es la religión que consiste en vivir como vivió Jesús, pensar como pesó él y tener las costumbres y preferencias que él tuvo.
2. Al proponer este proyecto de religión, Jesús no pide un imposible. NI se trata de un proyecto de renuncias y sacrificios heroicos. Todo lo contrario. Lo que Jesús promete es que quien tome en serio su proyecto no pasará ni hambre ni sed. Es decir, encontrará la satisfacción de sus apetencias más básicas. Lo que es tanto como asegurar que, en cualquier caso, la religión tiene que ser un proyecto de satisfacción, es decir, de felicidad.
3. El problema, a juicio de Jesús, está en que la fe se conecta, no con “lo que se oye”, sino con “lo que se ve”. Lo que se oye es doctrina, teorías...; lo que se ve son hechos de vida. Y aquí es donde tropezamos con la dificultad. Los que vieron a Jesús, lo lógico es que creyeran en él. Nuestra dificultad radica en que no vemos a Jesús, sino cosas y conductas que, muchas veces, poco o nada tienen que ver con Jesús. Por eso, el recurso al Evangelio, a la “memoria” de su vida y su palabra, eso es lo que podrá fortalecer la fe que sacia nuestras apetencias más legítimas.
30 de Abril - JUEVES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 44-51
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”.
1. En este texto del discurso en Cafarnaún, Jesús avanza en su propuesta. Y da un paso decisivo. Hasta ahora ha dicho algo fundamental, que repite una vez más: “Yo soy el pan de la vida”. La propuesta religiosa, que Jesús hace, es propuesta de pan que sacia apetencias y que da vida. Vida “eterna”, es decir, una vida sin limitación alguna, sin principio ni fin. Decir “eterna” no es hablar de duración, sino de plenitud. Tomar en serio a Jesús es tomar en serio la vida, la propia y la de los demás.
2. Esto supuesto, el paso decisivo que ahora da Jesús es asegurar algo sorprendente: “el pan que yo daré es mi carne”. Ya no se trata del pan que representa a Jesús en cuanto que sustituye a la Ley y pone en marcha una nueva forma de entender y vivir la religión, según lo ya explicado. Ahora se trata de que Jesús mismo se da como pan. La palabra “carne” (sarx) tiene en el griego antiguo, entre otros significados, también el de “persona”, es decir, el ser humano en su totalidad. Por eso, cundo Jesús dice: “el pan que yo daré es mi carne”, quiere decir: “el pan que yo daré, no es sólo el proyecto y el ejemplo de mi vida, sino que soy yo mismo. Jesús está presente en la vida del que cree en él. Jesús está en el creyente y le acompaa en su vida.
3. Jesús hace esto “para la vida del mundo”, es decir, para que en el mundo haya vida. Jesús no habla aquí de la vida “religiosa”, ni de la vida “sobrenatural, “espiritual” o “eterna”. Jesús habla de la vida sin adjetivo. Es lo más elemental y lo central que todos apetecemos: vivir. Y vivir bien, con seguridad, con salud, con dignidad. Esto es lo que, ante todo y sobre todo, quiere y propone Jesús.
1 de Mayo - VIERNES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 52-59
“Em aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado yo vivo por el Padre: del mismo modo, el que me come, vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre”.
1. Para entender correctamente este texto, parece necesario tener en cuenta lo siguiente: 1) Lo más probable es que Jesús no dijo estas cosas. Así lo piensan lo autores mejor documentados sobre este punto (A. Sand). Al unir “comer la carne” con “beber la sangre”, seguramente estamos ante una aadidura del redactor final del IV evangelio, para conectar el discurso de Jesús con la ceremonia eucarística que ya entonces celebraban no pocas comunidades cristianas. 2) En esta forma de hablar, se expresa (según parece) la postura que los cristianos más ortodoxos adoptaron frente a los docetas, una de las muchas sectas gnósticas de aquel tiempo, que mostraban un desprecio fuerte contra lo carnal del ser humano.
2. En la eucaristía está presente Jesús. Pero en la eucaristía no nos comemos el cuerpo histórico de Jesús, el cuerpo que nació de María, el que recorrió los caminos de Palestina, el que murió en la cruz. No comemos ese cuerpo porque ese cuerpo ya no existe. En la eucaristía recibimos al Cristo resucitado. Lo recibimos realmente, de verdad. Pero eso se ha explicado en la Iglesia de distintas maneras. San Agustín decía que la eucaristía es “una figura que nos manda comulgar con la pasión del Seor” (De Doctr. Christ., III, 24). Esta comunión la entendió la Iglesia de forma simbólica durante más de diez siglos. Comulgar no es recibir una “cosa” santa y sagrada. Comulgar es unirse a Cristo de forma que la persona y la vida de Jesús están presentes en la vida del que comulga.
2 de Mayo - SÁBADO 3ª semana de Pascua
Jn 6, 60-59
“En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Advirtiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: “¿Esto os hace vacilar?”, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida; la carne no sirve de nada. Las Palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen” (Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar). Y dijo: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”Simón Pedro le contestó: “Seor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.
1. Es comprensible la reacción de aquellos discípulos que se resistían a aceptar lo que Jesús acababa de decir. Téngase en cuenta que el texto griego, al hablar de “comer”, utiliza el verbo trógo, que tiene el matiz de “masticar”. La religión mal entendida es motivo de no pocos escándalos y de muchos abandonos. La gente ya está cansada de oír cosas que no entiende y que sólo sirven para complicar la vida.
2. Por eso Jesús explica que, al contraponer el “Espíritu” a la “carne”, no se refería a ningún desprecio de lo corporal, ni siquiera al menosprecio de nuestra condición carnal. Lo que Jesús quiso decir es que el Espíritu es quien nos hace comprender lo que significa todo eso de la identidad entre el pan y el cuerpo de Cristo. Una persona que no piensa nada más que en lo carnal, y que carece de Espíritu y las cosas del Espíritu no le interesa en absoluto, ¿qué hace acercándose a comulgar? Eso es lo que dijo Jesús.
3. Cuando Jesús ve que los discípulos se le van en masa, no se pone a llamarlos para explicarles mejor lo que ha dicho o para convencerlos de que se queden con él. Jesús se limita a hacer una sola pregunta a los pocos que le quedaban: “¿Vosotros también queréis iros?”. Cuando Jesús decía una cosa, no daba un paso atrás. Estaba dispuesto a seguir su camino, él solo. Así de fuertes eran sus convicciones. Por lo demás, la respuesta de Pedro es genial: “¿A quién vamos a acudir?”. O sea, después de haberte conocido a ti y de haber convivido contigo, ¿dónde nos vamos a meter? La vida sin ti, Jesús, ya no tiene sentido”.
3 de Mayo - DOMINGO 4º de Pascua
Jn 10, 11-18
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas. El asalariado, que no es pastor ni dueo de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas”. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil, también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebao, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandado he recibido del Padre”.
1. En un pueblo de cultura agraria, como lo fue Israel, los rebaos y sus pastores tuvieron siempre una notable importancia práctica y una significación simbólica. El título de “Pastor” se aplica con frecuencia a Dios, como el Pastor fiel que cuida del pueblo. Por el contrario, los reyes y gobernantes son denunciados por los profetas como pastores infieles, egoístas y perversos. Impresiona leer el capítulo 34 de Ezequiel o las diatribas de Jeremías (2, 8; 3, 15; 10, 21, etc).
2. Jesús se define a sí mismo como el “Pastor bueno”. El contraste no es el “pastor malo”, sino el “mercenario”. La diferencia está en que el “bueno” se define por la ausencia absoluta de interés, hasta el extremo de que, si es preciso, se deja quitar la vida, con tal que las ovejas no se vean amenazadas, en peligro, divididas o dispersas. Lo más opuesto a Jesús es un “mercenario”, al que Jesús califica como un “asalariado”. Cuando en el pastoreo, como figura simbólica, entran los intereses del dinero, el sueldo, el cargo, el ascenso, el buen nombre, la buena imagen que se tiene ante la gente, ya tenemos un “mercenario”, que puede estar en formación, en ascenso o en altos cargos de mucha responsabilidad. Ése, aunque ni se dé cuenta de lo que hace, lo que en realidad hace es “estragos”. Porque lo que le importa no son las ovejas, sino otras cosas.
3. En tiempo de Jesús, los pastores tenían mala fama. El oficio de pastor estaba en las listas de “oficios despreciados”. Porque tenían fama de tramposos y ladrones (J. Jeremias). El contraste es Jesús, que considera a las ovejas como algo tan suyo, que por ellas se deja la vida. Es más, también siente como suyas las “otras ovejas” que llenan el ancho mundo.
“Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago, notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entre tanto, unas lanchas de Tiberiades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias). Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: “Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues éste lo ha sellado el Padre, Dios”. Ellos le preguntaron: “¿Y qué obra tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?” Respondió Jesús: “La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que Él ha enviado”.1. La primera preocupación que siempre han tenido, y siguen teniendo, todos los seres humanos es la preocupación por la vida, por tener una vida sana y segura. Ahora bien, la sanidad y seguridad de la vida supone alimentación y salud. Por eso, como ya se ha dicho en este libro, los dos grandes temas, que aparecen constantemente en los evangelios, son la salud de los enfermos y la comida de los que carecen de alimentos, no en cuanto limosna para llenar el estómago, sino como comensalía para compartir la mesa.
2. Por eso, si hablamos de la comida, no en cuanto mera solución al hambre de cada uno, sino en cuanto comensalía, que nos lleva al tema del compartir con los demás, se comprende lo que Jesús le dijo a la gente que le buscaba. Aquella gente no comprendió el significado de la multiplicación de los panes. Sólo apetecían el pan que aquel día les resolvería el problema del hambre. El problema está en que, como eso es lo único que nos preocupa a casi todos, por eso no se resuelve el problema del hambre en el mundo. Y, menos aún, el problema que es la causa de que haya tanta hambre en un mundo en el que sobran alimentos.
3. Se suele decir que este espantoso problema no se resuelve porque no hay voluntad política para resolverlo. No es eso. El problema radica en la falta de fe, es decir, en la falta de una motivación superior, de una voluntad y una fuerza superior, que nos haga sensibles a la solidaridad y a la comensalía para todos. La solución está en que tengamos fe en Él, es decir, que la “memoria subversiva” de Jesús movilice nuestras vidas.
28 de Abril - MARTES 3ª Semana de Pascua
Jn 6, 30-35
“En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. Jesús les replicó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Seor, danos siempre de este pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”.
1. Jesús empieza a explicar aquí el significado profundo del pan que dio a comer a la gente cuando el episodio de la multiplicación de los panes. Jesús les ha dicho que no entendieron el significado profundo de lo que allí pasó. Y ellos le preguntan en qué consiste tal significado. En las Escrituras judías estaba dicho que, a los que huyeron de Egipto, Dios les dio a comer “pan del cielo” (Ex 16, 13 ss; Sal 77, 24 s; Sab 16, 20), el maná del desierto.
2. Jesús les responde que “el pan de Dios” es el que da vida, no a algunos privilegiados solamente, sino a todo el mundo. Pero aquí es determinante saber que, en tiempo de Jesús, cuando los judíos hablaban del “pan de Dios”, con esa expresión se referían a la Ley que Dios dio al pueblo en el desierto por medio de Moisés. Esta interpretación está bien documentada y aceptada por los mejores especialistas en este asunto (X. Léon-Dufour).
3. Pero lo sorprendente es que, a renglón seguido, Jesús aade: “Yo soy el pan de vida”. Al decir eso, Jesús estaba afirmado: “La Ley que Dios os da soy yo”. Es decir, la religión de Jesús no consiste en la observancia de unas normas legales, sino en el seguimiento y la adhesión a una persona. La estructura básica del cristianismo no es jurídica, sino personal. En cuanto que consiste en ser fiel a la relación fiel a Jesús.
29 de Abril - MIÉRCOLES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 35-40
“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed; pero como os he dicho, habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.
1. Jesús es el pan de vida. Aquí Jesús no habla todavía de la eucaristía. El “pan de vida”, según se pensaba entonces, es la ley religiosa dada por Moisés a Israel. Jesús, por tanto, al decir que él es el “pan de vida”, lo que en realidad afirma es que, con su venida al mundo, se acabó la religión basada en el cumplimiento de leyes y normas, y empezó otra forma de entender y vivir la religión. Es la religión que consiste en vivir como vivió Jesús, pensar como pesó él y tener las costumbres y preferencias que él tuvo.
2. Al proponer este proyecto de religión, Jesús no pide un imposible. NI se trata de un proyecto de renuncias y sacrificios heroicos. Todo lo contrario. Lo que Jesús promete es que quien tome en serio su proyecto no pasará ni hambre ni sed. Es decir, encontrará la satisfacción de sus apetencias más básicas. Lo que es tanto como asegurar que, en cualquier caso, la religión tiene que ser un proyecto de satisfacción, es decir, de felicidad.
3. El problema, a juicio de Jesús, está en que la fe se conecta, no con “lo que se oye”, sino con “lo que se ve”. Lo que se oye es doctrina, teorías...; lo que se ve son hechos de vida. Y aquí es donde tropezamos con la dificultad. Los que vieron a Jesús, lo lógico es que creyeran en él. Nuestra dificultad radica en que no vemos a Jesús, sino cosas y conductas que, muchas veces, poco o nada tienen que ver con Jesús. Por eso, el recurso al Evangelio, a la “memoria” de su vida y su palabra, eso es lo que podrá fortalecer la fe que sacia nuestras apetencias más legítimas.
30 de Abril - JUEVES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 44-51
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”.
1. En este texto del discurso en Cafarnaún, Jesús avanza en su propuesta. Y da un paso decisivo. Hasta ahora ha dicho algo fundamental, que repite una vez más: “Yo soy el pan de la vida”. La propuesta religiosa, que Jesús hace, es propuesta de pan que sacia apetencias y que da vida. Vida “eterna”, es decir, una vida sin limitación alguna, sin principio ni fin. Decir “eterna” no es hablar de duración, sino de plenitud. Tomar en serio a Jesús es tomar en serio la vida, la propia y la de los demás.
2. Esto supuesto, el paso decisivo que ahora da Jesús es asegurar algo sorprendente: “el pan que yo daré es mi carne”. Ya no se trata del pan que representa a Jesús en cuanto que sustituye a la Ley y pone en marcha una nueva forma de entender y vivir la religión, según lo ya explicado. Ahora se trata de que Jesús mismo se da como pan. La palabra “carne” (sarx) tiene en el griego antiguo, entre otros significados, también el de “persona”, es decir, el ser humano en su totalidad. Por eso, cundo Jesús dice: “el pan que yo daré es mi carne”, quiere decir: “el pan que yo daré, no es sólo el proyecto y el ejemplo de mi vida, sino que soy yo mismo. Jesús está presente en la vida del que cree en él. Jesús está en el creyente y le acompaa en su vida.
3. Jesús hace esto “para la vida del mundo”, es decir, para que en el mundo haya vida. Jesús no habla aquí de la vida “religiosa”, ni de la vida “sobrenatural, “espiritual” o “eterna”. Jesús habla de la vida sin adjetivo. Es lo más elemental y lo central que todos apetecemos: vivir. Y vivir bien, con seguridad, con salud, con dignidad. Esto es lo que, ante todo y sobre todo, quiere y propone Jesús.
1 de Mayo - VIERNES 3ª semana de Pascua
Jn 6, 52-59
“Em aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado yo vivo por el Padre: del mismo modo, el que me come, vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre”.
1. Para entender correctamente este texto, parece necesario tener en cuenta lo siguiente: 1) Lo más probable es que Jesús no dijo estas cosas. Así lo piensan lo autores mejor documentados sobre este punto (A. Sand). Al unir “comer la carne” con “beber la sangre”, seguramente estamos ante una aadidura del redactor final del IV evangelio, para conectar el discurso de Jesús con la ceremonia eucarística que ya entonces celebraban no pocas comunidades cristianas. 2) En esta forma de hablar, se expresa (según parece) la postura que los cristianos más ortodoxos adoptaron frente a los docetas, una de las muchas sectas gnósticas de aquel tiempo, que mostraban un desprecio fuerte contra lo carnal del ser humano.
2. En la eucaristía está presente Jesús. Pero en la eucaristía no nos comemos el cuerpo histórico de Jesús, el cuerpo que nació de María, el que recorrió los caminos de Palestina, el que murió en la cruz. No comemos ese cuerpo porque ese cuerpo ya no existe. En la eucaristía recibimos al Cristo resucitado. Lo recibimos realmente, de verdad. Pero eso se ha explicado en la Iglesia de distintas maneras. San Agustín decía que la eucaristía es “una figura que nos manda comulgar con la pasión del Seor” (De Doctr. Christ., III, 24). Esta comunión la entendió la Iglesia de forma simbólica durante más de diez siglos. Comulgar no es recibir una “cosa” santa y sagrada. Comulgar es unirse a Cristo de forma que la persona y la vida de Jesús están presentes en la vida del que comulga.
2 de Mayo - SÁBADO 3ª semana de Pascua
Jn 6, 60-59
“En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Advirtiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: “¿Esto os hace vacilar?”, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida; la carne no sirve de nada. Las Palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen” (Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar). Y dijo: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”Simón Pedro le contestó: “Seor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.
1. Es comprensible la reacción de aquellos discípulos que se resistían a aceptar lo que Jesús acababa de decir. Téngase en cuenta que el texto griego, al hablar de “comer”, utiliza el verbo trógo, que tiene el matiz de “masticar”. La religión mal entendida es motivo de no pocos escándalos y de muchos abandonos. La gente ya está cansada de oír cosas que no entiende y que sólo sirven para complicar la vida.
2. Por eso Jesús explica que, al contraponer el “Espíritu” a la “carne”, no se refería a ningún desprecio de lo corporal, ni siquiera al menosprecio de nuestra condición carnal. Lo que Jesús quiso decir es que el Espíritu es quien nos hace comprender lo que significa todo eso de la identidad entre el pan y el cuerpo de Cristo. Una persona que no piensa nada más que en lo carnal, y que carece de Espíritu y las cosas del Espíritu no le interesa en absoluto, ¿qué hace acercándose a comulgar? Eso es lo que dijo Jesús.
3. Cuando Jesús ve que los discípulos se le van en masa, no se pone a llamarlos para explicarles mejor lo que ha dicho o para convencerlos de que se queden con él. Jesús se limita a hacer una sola pregunta a los pocos que le quedaban: “¿Vosotros también queréis iros?”. Cuando Jesús decía una cosa, no daba un paso atrás. Estaba dispuesto a seguir su camino, él solo. Así de fuertes eran sus convicciones. Por lo demás, la respuesta de Pedro es genial: “¿A quién vamos a acudir?”. O sea, después de haberte conocido a ti y de haber convivido contigo, ¿dónde nos vamos a meter? La vida sin ti, Jesús, ya no tiene sentido”.
3 de Mayo - DOMINGO 4º de Pascua
Jn 10, 11-18
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas. El asalariado, que no es pastor ni dueo de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas”. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil, también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebao, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandado he recibido del Padre”.
1. En un pueblo de cultura agraria, como lo fue Israel, los rebaos y sus pastores tuvieron siempre una notable importancia práctica y una significación simbólica. El título de “Pastor” se aplica con frecuencia a Dios, como el Pastor fiel que cuida del pueblo. Por el contrario, los reyes y gobernantes son denunciados por los profetas como pastores infieles, egoístas y perversos. Impresiona leer el capítulo 34 de Ezequiel o las diatribas de Jeremías (2, 8; 3, 15; 10, 21, etc).
2. Jesús se define a sí mismo como el “Pastor bueno”. El contraste no es el “pastor malo”, sino el “mercenario”. La diferencia está en que el “bueno” se define por la ausencia absoluta de interés, hasta el extremo de que, si es preciso, se deja quitar la vida, con tal que las ovejas no se vean amenazadas, en peligro, divididas o dispersas. Lo más opuesto a Jesús es un “mercenario”, al que Jesús califica como un “asalariado”. Cuando en el pastoreo, como figura simbólica, entran los intereses del dinero, el sueldo, el cargo, el ascenso, el buen nombre, la buena imagen que se tiene ante la gente, ya tenemos un “mercenario”, que puede estar en formación, en ascenso o en altos cargos de mucha responsabilidad. Ése, aunque ni se dé cuenta de lo que hace, lo que en realidad hace es “estragos”. Porque lo que le importa no son las ovejas, sino otras cosas.
3. En tiempo de Jesús, los pastores tenían mala fama. El oficio de pastor estaba en las listas de “oficios despreciados”. Porque tenían fama de tramposos y ladrones (J. Jeremias). El contraste es Jesús, que considera a las ovejas como algo tan suyo, que por ellas se deja la vida. Es más, también siente como suyas las “otras ovejas” que llenan el ancho mundo.




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