TEMAS Y CONTEXTOS
EL TEXTO DE HECHOS.
Es continuación del texto del Domingo pasado. Se ha producido la milagrosa curación de un tullido. Pedro la explicó al pueblo y repite ahora la explicación a los jefes del pueblo, con las mismas ideas básicas:- la curación es en nombre de Jesús, el Nazareno.
-a quien vosotros crucificasteis.
-a quien Dios resucitó.
- Él, a quien vosotros rechazasteis, es la Piedra angular, el Mesías que anuncian las Escrituras.
Es claro que nos encontramos ante la primera predicación, y dirigida a judíos, que esperan el cumplimiento de La Promesa. El mensaje de Pedro es "En Jesús se cumple la promesa". Es importante darnos cuenta de la intención de los autores, la intención por ejemplo de cada evangelista. Un evangelio como el de Mateo, dirigido a judíos, insiste más en el cumplimiento de la Promesa. Un evangelio como el de Juan es una elaboración teológica más compleja, que selecciona los hechos para revelar las grandes líneas de la revelación. En el Libro de los Hechos, Lucas comienza por una proclamación ante los judíos: la piedra que desechasteis es la piedra angular. Más tarde, por el rechazo de los judíos y con la aparición de Pablo, la tesis del libro será que la Buena Noticia se ha de anunciar a los paganos, sin necesidad de someterlos a la Ley.
LA CARTA DE JUAN.
Conocemos bien los temas de Juan. Él nos amó primero y nos llama a ser hijos. Lo que somos se manifestará plenamente, le veremos tal cual es. Hay una oposición entre Dios y el mundo. Somos rechazados por el mundo, porque el mundo "no conoce a Dios". Son los mismos temas del cuarto evangelio, una reflexión última y total sobre el mensaje y el significado de Jesús.
EL EVANGELIO.
Cambiamos de contexto. No se trata ya de los relatos de la Resurrección sino de un mensaje de Jesús. La escena se sitúa en Jerusalén. Se ha producido inmediatamente antes la curación del ciego de nacimiento, que ha provocado por una parte la admiración del pueblo, y por otra el rechazo de los jefes. A continuación, Jesús se presenta como "puerta" y como "pastor". Y vuelve a provocar la división: unos creen en él, por sus signos y por sus palabras, otros se le oponen cada vez con más violencia. El párrafo siguiente es muy significativo:
Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: « ¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. » Jesús les respondió: « Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno. » Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? » Le respondieron los judíos: « No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.».
Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde él y decían: « Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad. » Y muchos allí creyeron en él. (Jn 10:22-42)
Se trata pues de la presentación de Jesús, de una manera definitiva. Después de la discusión, Jesús, prudentemente, se marcha de Jerusalén. Pero volverá llamado por la enfermedad y muerte de su amigo Lázaro, volverá la predicación del Templo, y la inevitable consecuencia del arresto y la muerte.
Estos fragmentos evangélicos muestran por tanto todo el planteamiento de Juan, paralelo a la predicación de Pedro: "Éste, al que vosotros rechazasteis, es el que esperábamos"
R E F L E X I Ó N
Más aquí del planteamiento histórico, también a nosotros se nos ofrece el mismo dilema ante Jesús: ¿Es éste el que esperabais?. Todos estos domingos se nos está ofreciendo una reflexión sobre nuestra fe en Jesús, a varios niveles:
PRIMER NIVEL: "Lo que creemos de Jesús"
No tenemos mucha dificultad en admitir una profesión de fe como la que aparece en los discursos de Pedro: "El hombre lleno del Espíritu, en el que vemos actuar al Espíritu de Dios". Nuestra mente occidental del siglo XX siente más la lejanía de Dios y lo difícil de comprender nada de Dios mismo. Entender a Jesús como "lleno del Espíritu de Dios", nos va bien, y por eso tendemos a quedarnos ahí. Juan vio más, e hizo profesiones de una fe en Jesús que va más lejos aún:
“Yo y el Padre somos uno”. Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? » Le respondieron los judíos: « No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.»
No podemos olvidar que ésta fue la acusación definitiva por la que le condenaron a muerte. Tras muchas acusaciones y falsos testimonios infructuosos, el Sumo Sacerdote le interpela directamente, y se le condena porque blasfema diciendo que es "El Hijo de Dios".
Todo esto se expresa de la forma más llamativa en el prólogo del Evangelio, en que Jesús es presentado como "El Verbo por quien fueron hechas todas las cosas, que puso su tienda entre nosotros"
"Y nosotros hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad"
Es éste un buen momento, por tanto, para meditar en nuestra propia Fe en Jesús. Cada uno camina en su fe. Es fácil que ésta última formulación de la fe, la de Juan, nos haya sido transmitida desde pequeños: "Jesús es Dios hecho hombre, encarnado en el seno de la Virgen María". Y lo admitimos así de manera ingenua y confiada, probablemente negando, al admitir esto, la humanidad de Jesús. Cuando nuestra fe fue más adulta, hicimos crítica de nuestra fe, y tal formulación quizá nos pareció demasiado.
"Retrocedimos" a la formulación de Pedro: "El hombre lleno del Espíritu", “Dios estaba con Él”... simplemente porque no podemos entender más. Creo que es bueno que tomemos conciencia de los límites de nuestra mente; tendemos a creer sólo lo que podemos comprender. Pero es igualmente bueno darnos cuenta de que esa otra formulación, la que ve en Jesús "más", está ahí, en Juan, y se nos ofrece como un desafío.
SEGUNDO NIVEL: "Le creemos a Jesús, nos fiamos de Él" La fe como aceptación de ideas no es más que un principio, incluso puede ser inútil. Se trata de que nuestra vida necesita sentido. Se trata de que el sentido de la vida es la relación con Dios. Una serie de fórmulas teóricas sobre quién es Jesús no salva nuestra vida. Lo que salva nuestra vida es vivir de otra manera. Las ideas interesan cuando son motores de la vida. Y Jesús, creamos en Él al nivel que creamos, nos importa porque nos descubre quiénes somos y quién es Dios. Y esto puede cambiar nuestra manera de vivir, puede "salvar nuestra vida"
En el Evangelio de hoy se ofrece la imagen de Jesús como pastor, buen pastor interesado sólo por el bien de las ovejas, capaz de dar la vida por las ovejas. Jesús imagen de Dios: "Quien me ve, ve al Padre". Se presenta a Dios como Pastor capaz de dar la vida por las ovejas, en la misma línea de todas las imágenes con que los evangelios nos hablan de Dios: el médico, la mujer que busca la moneda perdida, el padre del hijo pródigo... Y en la misma línea en que lo está presentando Juan con símbolos tan conocidos como
LA LUZ ( en la curación del ciego de nacimiento )
EL AGUA ( en el relato de la Samaritana y la fiesta de las tiendas)
LA VIDA ( en la resurrección de Lázaro)
EL PAN ( en la multiplicación de los panes y el discurso del Pan de vida )
EL PAN Y EL VINO ( en la Eucaristía)
Todos estos símbolos de Dios tienen la característica de su funcionalidad: la luz es para caminar sin tropezar: el agua, el pan, el vino, son los alimentos necesarios para trabajar... La vida es ... ¿para qué es la vida?. Nos encontramos con la esencia de la Revelación: Dios se revela para decirle al hombre para qué es la vida: y el mensaje es que eres hijo, que puedes realizarte como hijo, que Dios cuenta contigo para que todos lo sepan y salven su vida. La vida es algo que debe ser salvado de la oscuridad y de la sed, del pecado y de la muerte. Y Dios es el agua y la luz y la vida que está aquí con nosotros para que lo logremos.
En Jesús encontramos pues la revelación de Dios y del ser humano: Dios se muestra "para que el
hombre viva". El ser humano es, esencialmente, "posibilidad de Dios".
PARA NUESTRA ORACIÓN
EL SEÑOR ES MI PASTOR. Tendemos a no creer que Dios "está ahí" y que podemos contar con él. Nos pasan tantas cosas, nuestras peticiones quedan tantas veces sin respuesta... Tenemos que aceptar la fe de Jesús, renovar nuestra fe. El Señor es mi Pastor, nada me falta. No es cuestión que se vea, es cuestión de fe. Recordar a Jesús en Getsemaní y en la cruz. Dios era su pastor, aunque parecía perdido y abandonado.
De aquí se desprende nuestra propia condición. Jesús es un buen pastor porque se parece a su Padre. En nuestra medida, cada uno de nosotros también estamos llamados a serlo. Estar en el Reino, aceptar la condición de hijos, significa dar una respuesta positiva a la antiquísima pregunta de Caín: “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”.
Nuestra respuesta es afirmativa: para todo lo que mi hermano necesite, cuenta conmigo. No porque yo sea más que nadie, ni porque los demás sean menos que yo, sino por mi disposición para servir, para ser para los demás.
Aceptar la misión, una vez más. Pedir a Dios, para mí y para todos, la actitud de servir, de ponerse a disposición de lo que necesiten
S A L M O 8 0
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a tu pueblo como un rebaño;
tú que tienes tu trono en los cielos,
resplandece ante los ojos de los hombres.
¿Hasta cuándo, Señor,
estarás oculto a nuestros ojos?
Nos das a comer un pan de llanto.
Nos haces beber lágrimas amargas.
Nos haces irrisión de los hombres
y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
¡Oh Dios, restáuranos
y que brille tu rostro sobre nosotros,
danos tu salvación!
Tú sacaste del destierro una viña
le preparaste el suelo,
y echó raíces y llenó la tierra.
Su sombra cubría las montañas,
sus pámpanos los cedros orgullosos
extendía sus sarmientos hasta el mar,
sus ramas hasta el confín de la tierra.
¡Oh Dios, vuélvete ya, desde los cielos
visita a esta viña, cuídala,
pues la plantó tu diestra!
Haznos sentir tu mano en nuestro hombro
Y no volveremos a apartarnos de ti;
invocaremos tu nombre y Tú nos darás vida .
¡Oh Dios, restáuranos
y que brille tu rostro sobre nosotros,
danos tu salvación!




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