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sábado, 2 de mayo de 2009

Comentario Bíblico y Pautas Homiléticas: IV Domingo de Pascua - Ciclo B


Publicado por Dominicos

Introducción

Celebramos la jornada de oración por las vocaciones. Esta jornada siempre va unida al 4º domingo de Pascua, conocido como el domingo del “Buen Pastor”. ¿Por qué?
También en América, se celebra el día de la Madre. Ellas son buenas pastoras de sus hijos.
Mucho para predicar, mucha fuerza tiene este domingo la Palabra de Dios.



Comentario bíblico


Iª Lectura: Hechos (4, 8-12): Jesús, piedra angular de la salvación de Dios

I.1. La lectura de Hechos, nos muestra la continuidad del discurso que Pedro ya había comenzado ante la gente, a causa de la curación de un tullido (c. 3). Ahora el testimonio es ante las autoridades judías que no pueden permitir que, en nombre de Dios, se hable de Jesús. Esa es la pregunta que les hacen a los apóstoles: ¿en nombre de quién? Se entiende que en nombre de Jesús, pero implícitamente es en nombre de Dios, que es quien ha resucitado a Jesús, que ellos habían condenado injustamente. La relación estrecha entre Jesús y su Dios es aquí el paradigma teológico sobre el que se construye nuestro texto. Las autoridades condenaron a Jesús para salvar el “honor” de su Dios… Pero la respuesta de Dios es radical contraria a los planes que ellos urdieron, por medio de la resurrección.

I.2. Debemos fijarnos en las veces que aparece el “nombre” (aunque se usa explícitamente Jesucristo el Nazareno) como elemento decisivo de lo que Pedro tiene que anunciar: el kerygma, es decir, la muerte y la resurrección de Jesús. Esto nos recuerda lo que Pablo nos transmite por medio del himno a los Filipenses: “un nombre sobre todo nombre” (Flp 2,9-10). Al nombre de Jesús… todo rodilla se doble. La insistencia sobre el nombre es sugerente. Sabemos que Jesús significa “Dios salva” o “Dios es mi salvador”. Por tanto, insistiendo en este discurso sobre “el nombre”, se está reivindicando al “condenado” por ellos, el “proscrito” con su juicio. Ahora es, a partir de la muerte y la resurrección de Jesús cuando el nombre de Jesús ejerce todo su quehacer dinámico, salvífico.

I.3. Dios lo ha convertido en piedra angular según la cita del Salmo 117. Así, pues, el discurso de Pedro ante las autoridades judías es una acusación a los “pastores” de ese pueblo que no han sabido o no han querido aceptar que en Jesús estaba el futuro de la salvación del pueblo. En realidad no han defendido el honor de Dios, sino que su culpabilidad clama al cielo. Los pastores que buscaban el celo de Dios han desechado la “piedra angular”. Es uno de los discurso más duros de los Hechos sobre los responsables judíos. No se trata, pues, de “antisemitismo”, sino de proclamar la verdad de lo que le sucedió con Jesús el Nazareno.

* IIª Lectura: Iª de Juan (3, 1-2): El amor que nos hace hijos de Dios

II.1. El texto de la carta de San Juan está en el ámbito auténtico de la teología joánica, con todas sus características: amor, hijos de Dios, conocer, el mundo, “ver a Dios”. La carta de Juan está cargada de todos esos términos que muestran una cosa clara: la comunidad joánica, cristiana, está enfrentada al mundo. Se han insinuado muchas cosas acerca de las influencias sobre este escrito. Se ha hablado del “círculo joánico” como un círculo selectivo, a semejanza con la comunidad de Qumrán. Pero no están claras estos ascendientes, ni se puede hablar de un mundo exactamente dualista: amor/odio; luz/tinieblas.

II.2. También podemos fijarnos en la correlación existente entre “amar” y “conocer” como si se quisiera decir que el conocer es lo mismo que amar en este caso. De alguna manera eso es verdad, pero no se trata de un conocimiento de tipo “gnóstico” como encontramos en los evangelios apócrifos de Tomás o el publicado ahora de Judas (algunos lo piensan), sino que hay que tener en cuenta el sentido profundo que el “conocer” tiene en la Biblia como “experiencia de amor”; es el amor el conocimiento más profundo.

II.3. En todo caso, lo más importante es que el Padre nos hace hijos, porque nos ama. Esta afirmación teológica encierra una densidad religiosa inigualable. Dios, el Dios de Jesús, el Dios del amor, no se guarda para sí lo divino. De hecho, se insinúa una promesa todavía más intensa cuando se dice que, en la “manifestación” de Dios, al final, o en el final de cada uno, todavía seremos algo más… Esta es la promesa de un Dios, Padre, que quiere compartir su vida con nosotros; no como los “dioses” de este mundo que no quieren compartir nada.

* Evangelio: Juan (10,1-10). Yo he venido para que tengan vida en plenitud

III.1. El evangelio de Juan (10,1-10), nos habla del «buen pastor» que es la imagen del día en la liturgia de este cuarto domingo de Pascua. Comienza el evangelio con una especie de discurso enigmático -al menos para los oyentes-, aunque es un texto bien claro: en el redil de las ovejas, el pastor entra por la puerta, los ladrones saltan por la tapia. Es una especie de introducción para las propuestas cristológicas de Juan. Esas afirmaciones, con toda su carga teológica, se expresan con el lenguaje de la revelación bíblica, con el «yo soy», que en el evangelio de Juan son de gran alcance teológico. Está construido, el conjunto, en dos momentos 1) vv. 1-5 sobre el buen pastor; 2) vv. 7-10 sobre Jesús como puerta.

III.2. En el AT Dios se reveló a Moisés con ese nombre enigmático de “Yhwh” (Yahvé) (el tetragrámaton divino) (algunos piensan que significa “yo soy el que soy”, aunque no está claro). Ahora, Jesús, el Señor, según lo entiende san Juan, no tiene recato en establecer la concreción de quién y de lo que siente. Y de la misma manera que se ha presentado en otros momentos como la verdad, la vida, la resurrección, la luz (cf. especialmente el discurso de revelación de Jn 14), ahora se nos presenta con la imagen del pastor, cuya tradición veterotestamentaria es proverbial, como nos muestra el hermoso Salmo 23. Si en este salmo se dice que “el Señor es mi pastor, nada me falta”, ahora el evangelista hace que Jesús lleve a cumplir ese deseo del salmista. Jesús, pues, es el que trae lo que nos hace falta para la vida. El salmo 23 es un poema de confianza; por tanto, las palabras de revelación del evangelio de hoy hablan a favor de una revelación para la confianza de los que le oyen y le siguen.

III.3. La imagen segunda, de la puerta, es la imagen de la libertad y de la confianza también: no se entra por las azoteas, por las ventanas, a hurtadillas, a escondidas. Sin puerta no hay entradas ni salidas, ni caminos ni proyectos. En el Antiguo Testamento se habla de las puertas del templo: “¡Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor! Esta es la puerta del Señor: ¡los vencedores entrarán por ella!” (Sal 118,19-20). Las puertas del templo o de la ciudad eran ya el mismo conjunto del templo o de la ciudad santa (es una metonimia = la parte por el todo). Por eso dice el Sal 122,2: “ya están pisando nuestros pies tus puertas Jerusalén”; cf. Sal 87,1-2; 118,21; etc.). Pasar por la puerta era el ¡no va más! para los peregrinos. Ahora Jesús es como la nueva ciudad y el nuevo templo para encontrarse con Dios. Porque a eso iban los peregrinos a la ciudad santa, a encontrarse con Dios. Pero desde Jesús podremos encontrarnos con Dios escuchando su voz y viviendo su vida allá donde estemos.

III.4. Jesús en este evangelio se propone, según la teología joánica, como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida y con la verdad de nuestra existencia. No es una pretensión altisonante, aunque la afirmación cristológica de Juan sea fuerte. Eso no quita que debamos mantener un respeto y una comprensión para quien no quiera o no pueda entrar por esa puerta, Jesús, para encontrar a Dios. Nosotros, no obstante, los que nos fiamos de su palabra, sabemos que él nos otorga una confianza llena de vida.

III.5. Se habla de un “entrar y salir” que son dos verbos significativos de la vida, como el nacer y el morir. En Jesús, puerta verdadera de la vida, ésta adquiere una dimensión inigualable. Por la fórmula de revelación, del “yo”, se quiere mostrar a Jesús que hace lo contrario de los ladrones que entran de cualquier manera en la casa, para robar, para matar, para llevarse todo lo que pueden. Jesús, puerta, “viene” para dar, para ofrecer la vida en plenitud (v. 10)

Fray Miguel de Burgos Núñez



Pautas para la homilía

* Siempre en nombre de Jesucristo

La primera lectura nos da una llamada de atención: la humildad.

Lo normal, según la psicología humana, es que cuando hacemos algo y quedamos satisfechos de nosotros mismos, a continuación surja un pavoneo, es decir, la actitud de mostrar a todo el mundo lo brillante de nuestra obra, lo bien que lo hemos hecho.

Quizás haya una lectura de nuestras obras un poco menos brillante: se pavonea no con el objetivo de lucirse delante del público, sino con el objetivo de compartir con otros dicha experiencia.

Pero, la primera lectura nos ofrece una tercera lectura a las obras humanas. Son las preciosas palabras que pronuncian los labios de Pedro. Una auténtica predicación. Esta lectura es la lectura cristológica. Es decir, no he sido yo quien ha actuado, sino Cristo. Esta es la actitud verdaderamente brillante ante los ojos de Dios. Las anteriores actitudes desencadenan justamente el proceso contrario: cuanto más pavoneo, más oscura queda la obra y más patente queda la soberbia del que la he hecho.

La lectura cristológica de las obras hace brillar el nombre de Jesucristo y no el nombre propio. Hace brillar la potencia, la fuerza de la Palabra de Dios que es capaz de mover los corazones de las personas a hacer obras excepcionales. Así fue la vida de Jesús: en continua referencia al Padre, a Dios.

Y la clave para poder hacer esta lectura cristológica de las obras humanas se encuentra al principio de la primera lectura. Pedro pudo proferir semejante predicación, semejantes palabras de Dios, porque estaba lleno del Espíritu Santo.

Hermanos y hermanas, antes de predicar, pidamos la fuerza del Espíritu Santo para que nuestra palabra se convierta en palabra de Dios que mueva los corazones de las personas a Dios.

* ¿Qué persiguen nuestras obras?

Un solo cosa: ser felices. Actuamos para ser felices. Buscamos para ser felices. La felicidad es lo que nuestro corazón desea.

Lo único que pasa es que nadie nos enseña a buscar y andamos probando todo tipo de recetas magistrales. Basta ir a cualquier librería y ver la cantidad de libros que hay referidos a este tema. Ahora bien, nosotros tenemos una fórmula, que la Palabra de Dios nos lo repite hasta la saciedad, de la felicidad: ama a Dios y al prójimo gratuitamente.

Lo que pasa es que ardua tarea. Siempre andamos mendigando amor, traficando con amor…, pero sabemos y tenemos una leve experiencia de la gratuidad, de la Gracia. Cuando hemos amado sin traficar, hemos gustado en los centros de nuestra existencia la felicidad.

Pues bien, la segunda lectura nos abre una ventana. Hay un momento en que dejaremos de traficar con amor y de sufrir por ello. Hay un momento donde todo será gratuito, todo será Gracia, que es: cuando veamos el rostro de Dios. En ese momento seremos plenos, felices, amados.

Mientras tanto, sólo podemos comer los entrantes de semejante banquete que nos espera. Aunque aquí podemos ya vivir algo de que lo somos y de lo que seremos: felices, Hijos de Dios.

* “Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para poder recuperarla”

El Buen Pastor es el que da todo por sus ovejas sin regateo. El Buen Pastor es el que busca la felicidad de los otros, el bien de los otros.

Todos tenemos la experiencia de que cuando los otros son felices, yo soy feliz. Cuando somos rostros de Dios para los otros, los otros son rostros de Dios para mi.

Este es el Buen Pastor el que da gratuitamente, sin esperar que se le devuelva.

* Jornada Mundial de las vocaciones.

Al orar hoy por las vocaciones, especialmente sacerdotales y a la vida consagrada, estamos orando por nosotros mismos y por toda la Iglesia, pidiéndole al Señor que nos regale testimonios vivos de lo que significa oír su voz y seguirlo y recibir de él vida eterna, felicidad que nos llena de alegría y nos abre a la alabanza y la gratitud.

* En América también es hoy el día de la madre.

La madres son buenos ejemplos, testimonios, del mensaje evangélico de hoy: dan porque sí, por amor, sin nada a cambio. Y lo único que buscan es la felicidad de sus hij@s. ¡Cuantas veces nuestras madres nos dicen o nos dijeron: si eso te va a hacer feliz, adelante, yo estoy contigo!


Fray José Rafael Reyes González

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