Publicado por Dabar
El pasado domingo estuve toda la mañana en la sala de urgencias del hospital, acompañando a mi marido. Sufrió un cólico nefrítico (algunos ya sabéis de qué os hablo, ¿verdad?).
Estaba preocupada pero, más aún, me sentía impotente: ¿cómo ayudarlo en su dolor?, ¿es posible que no pudiera hacer nada? Conforme el analgésico hacía efecto y su dolor se mitigaba, durante la larga y lenta espera de resultados, comenzó a llenarse poco a poco aquella sala que iba adquiriendo el color del dolor humano.
Mientras Jesús (que así se llama mi marido) iba dando pequeñas cabezadas tras una noche de dolor e insomnio, me paré en cada cara que allí llegaba:
el anciano, que no podía respirar, con su mujer e hijos; la anciana que una ambulancia trajo de la residencia y se empeñaba en incorporarse de la camilla; una mujer de unos treinta y tantos en silla de ruedas y con gotero, que se tapaba la cara mientras intentaba calmar o asimilar el dolor, a la que acompañaba su madre; una mujer de unos cuarenta y cinco con apariencia de padecer Alzheimer, a quien su marido e hija intentaban convencer y entretener ante la insistencia de ella en marcharse a casa; una mujer musulmana, de unos treinta años, con su marido en el pasillo (ya no había sitio dentro); un anciano de algún pueblo cercano, sentado en silla de ruedas, acompañado por cinco personas apenas unos diez años menores que él y que se resistían casi maleducadamente a quedarse uno solo con él para no saturar la sala...
todos andábamos por allí, preocupados unos, doloridos todos, asustados algunos, de paso otros..., todos como oveja sin pastor. Formábamos un extraño rebaño de la debilidad, finitud y sufrimiento humano.
... Como ovejas sin pastor..., perdidos, asustados,...solos. Entonces comprendí que sólo Él es capaz de salir en nuestra búsqueda cuando nos perdemos en el dolor y el sufrimiento; sólo Él es capaz de entregar su vida por recuperarnos a la vida, a la suya, a la de verdad.
El miedo y el dolor nos paraliza y nos hace huir, como a las ovejas, y al igual que ellas necesitamos un pastor, al Buen Pastor que nos reconduce a la tranquilidad, a la compañía, a la aceptación.
Lo conocemos y sólo su voz y su presencia nos hace posible entrar en el dolor, la debilidad y la finitud con los ojos de Dios.
HECHOS DE LOS APOSTOLES, 4, 8 12
En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».
I JUAN 3, 1 2
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
JUAN 10, 11 18
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
Este discurso coincide en gran medida con el de Hch 3,13 y siguientes leído el domingo pasado. Y con el resto de discursos de Hch 1,14-39; 10, 34-43 y 13, 16-52. Reflejan todos ellos el núcleo del anuncio apostólico. Son elaboración lucana a partir de tradiciones antiguas, pero no transcripciones de lo que Pedro, u otro de los primeros predicadores, dijo en cada ocasión.
Con la introducción del milagro del cojo de la Puerta Hermosa – el mismo que daba ocasión al discurso del capítulo 3 – la intención de Lucas es presentar una vez más el anuncio del Jesús.
No se percibe, a primera vista, una relación evidente entre la primera parte de las palabras de Pedro con la segunda, en que se extrapola la significación de Jesucristo no sólo como productor de salud sino como salvador universal. Pero sí la hay teniendo en cuenta que tenemos la misma perspectiva de las curaciones evangélicas: se trata de signos de la presencia activa de Dios en el mundo para obrar la liberación y salvación de los seres humanos en todos los campos.
De nuevo la contraposición entre “vosotros crucificasteis” y “Dios lo resucitó” parece ser eco de formulaciones antiguas, atribuyendo la resurrección al Padre, quien afirma y confirma así la actividad, palabras y mensaje de Jesús que le ha conducido a la muerte.
SEGUNDA LECTURA
En estas líneas aparece un tema nuevo: la filiación divina del cristiano.
Aparece sin preparación previa, como una especie de exabrupto, pero con fuerza, como demuestra el subrayado “¡lo somos!”. También la inmediata repetición apunta en el mismo sentido.
La primera consecuencia de ese texto es no tomarse a la libera la afirmación de nuestra condición de hijos de Dios. A fuerza de repetirla puede haber perdido su significado o impactar menos. Ello se debe, en parte, al añadir el calificativo de “adoptivos” sin caer en la cuenta de qué significa. En realidad, la adopción filial en el imperio romano del siglo I es una adopción más real que la biológica. Y por tanto, el ser hijos adoptivos de Dios es ser hijos en el pleno sentido de la palabra.
La segunda es que aún no se vive plenamente esa condición. Ya se es realmente, como dice el texto, pero todavía se espera la manifestación y vivencia totales de esa forma de ser. Ello es tan cierto que nuevamente se corre el riesgo de olvidar o no apreciar el contenido fundamental de la expresión.
Texto. Retomamos el cuarto evangelio tras el paréntesis del domingo pasado. Y lo hacemos en una de las páginas más tensas del mismo entre Jesús y los dirigentes religiosos, a quienes se acusa implícitamente de no ser buenos pastores. Polémica aparte, el texto explica la función de guía que tiene Jesús con la imagen del pastor. La imagen está usada en su acepción noble, anclada en la tradición bíblica, sin la connotación peyorativa que tenían los pastores en la realidad socio-económica del tiempo de Jesús.
Un primer rasgo de un buen pastor, en el que más se insiste a lo largo del texto, es el de la entrega sin reservas a las ovejas. Entrega sin reservas quiere decir donación física de la propia vida. Los dos últimos versículos explican teológicamente esta donación como un ciclo muerte-resurrección consciente y libre, cuya fuente de conocimiento se encuentra en el Padre.
Un segundo rasgo de un buen pastor es el del conocimiento de las ovejas. Como categoría bíblica, el conocimiento desborda lo puramente intelectual para expresar una relación de profunda intimidad. La explicación teológica de este conocimiento es la relación divina Padre-Hijo.
Este segundo rasgo obedece sin duda a la necesidad de superar la mediación de la Ley como base de la relación del pastor con las ovejas. Sólo desde el telón de fondo de esta superación de la Ley es como cobra sentido la referencia a otras ovejas que no son de este redil. Estas otras ovejas son los no judíos, es decir, todos cuantos, debido a su desconocimiento de la Ley, no forman parte del Pueblo de Dios (redil). Si la Ley es la base de la relación, no puede indudablemente existir un solo rebaño y un solo pastor. Un tercer rasgo, pues, de un buen pastor es el de la capacidad para ampliar universalmente el rebaño desde la superación de la Ley.
Comentario. Un conocimiento en profundidad de los pastores de Israel contemporáneos de Jesús nos descubriría unos pastores celosos y sacrificados. Si digo esto es porque el texto de hoy, al estar en polémica con aquellos pastores, debe ser leído con más hondura y humildad de lo que a veces hacemos.
El texto tiene una hondura existencial, consistente en el desmantelamiento de una concepción de redil (pueblo, comunidad, iglesia) basada en la Ley como fundamento de pertenencia. Se trata de una problemática muy compleja y delicada, que afecta a las estructuras profundas de la persona y de sus relaciones.
El texto tiene una hondura teológica, basada en el modelo Padre-Hijo, propuesto por el texto como modelo de relación pastor-ovejas y que nos introduce en un insondable mundo de amor y entrega que rompe incluso el límite existencial de la muerte. Es un mundo señorial, soberano, libre.
El resultado de ambas honduras es el ecumenismo auténtico de un solo rebaño y un solo pastor, más allá de las leyes, que son las desgraciadamente, pero inevitablemente al parecer, lo impiden.
NOTAS PARA LA HOMILIA
La Iglesia celebra hoy una jornada especial: la de oración centrada en el tema de la vocación. Cuando oímos esta palabra, vocación, inmediatamente pensamos en la vida religiosa, bien sea en el sacerdocio o en cualquiera de las otras formas de vida consagrada. Pero por eso a mi hoy me gustaría retomar aquello que el Concilio Vaticano II dijo en su constitución dogmática “Lumen Gentium” sobre la Iglesia: el cristiano es, en sí, por el hecho de serlo, por su fe, un ser llamado. Todos nosotros, pues, hemos sido llamados por Dios, tiene una determinada vocación para cada uno, y nuestra vida es, por tanto, una posibilidad de ser felices precisamente a través de la escucha de esa llamada y su puesta en práctica.
La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos pone ante Jesús que se califica a sí mismo como el buen pastor. De todas las ideas que se expresan en el evangelio, yo destacaría éstas:
- A Jesús le importan sus ovejas. No es como el mero empleado que si ve algún riesgo lo que hace es ponerse a salvo… Jesús asume de tal manera la tarea de cuidar a sus ovejas, a nosotros, que no se va a echar atrás ni a huir o ponerse a salvo cuando eso le exija jugarse la piel
- Ninguna amenaza es suficientemente fuerte como para hacerle desfallecer. No se trata de pequeños riesgos, sino de incluso dar la vida
- Jesús es el pastor que conoce a sus ovejas, y sabe cuáles son más traviesas, cuáles son díscolas, cuáles débiles, cuáles son las más capaces, y a cuáles debe mimar, vigilar o atender con especial atención… no es como esos guías turísticos que tratan a todos por igual sin implicarse por nadie, tratando a todos como borregos.
- Sus ovejas le conocen. Saben que pueden confiar en él, conocen su voz y no siguen a otra voz cualquiera que sea, se sienten seguras cuando él les va guiando. De tal forma él es un buen pastor que ha sabido ganarse su confianza.
- Sean cuales sean las diferencias entre ovejas, sean churras o sean merinas, las considera «suyas» a todas… y hace que todas se sientan importantes, y que lo fundamental no sea lo que las diferencia, sino los que las une: ser un solo rebaño
- Y además, este buen pastor no hace las cosas por sentido de la obligación, sino por propia convicción, porque sabe que es su cometido vital, lo mejor que puede hacer y lo que más feliz va a hacerle: es su misión.
Una de las formas de poder hacer nuestro el Evangelio sabéis que es el de identificarnos con los personajes o las figuras que aparezcan en el relato. Por eso, hoy os sugiero un montón de preguntas para hacernos al respecto de la palabra proclamada:
Somos ovejas
Si nos identificamos con las ovejas, pronto se nos ocurrirán un montón de cosas a preguntarnos: ¿qué clase de oveja soy? En primer lugar, podemos preguntarnos si atendemos a la voz del pastor para dejarnos guiar… o si más bien somos como cabras locas que van a su aire, sin escuchar al pastor, sin hacer caso de advertencias, necesitando que cada dos minutos nos den un grito porque no sabemos valorar los riesgos. Nuestra vida muchas veces se convierte en una reivindicación de libertad e independencia… y a caminar ‘en rebaño’ le llamamos ‘estar aborregados’, sin darnos cuenta de que en el fondo hay un problema residual importante: que no reconocemos al pastor como bueno, como más sabio que nosotros, como más capaz de guiarnos de la manera adecuada. Y reivindicamos nuestro derecho a ir por libre.
Nos podemos preguntar también: ¿soy capaz de escuchar y de reconocer su voz? Seguro que más de una vez hemos creído hacer lo que era justo y después, en una mirada retrospectiva, nos hemos lamentado de lo confundidos que estuvimos. Creíamos escuchar su voz, y eran ecos, eran distorsiones o eran, sencillamente, autoengaños… y apelábamos a nuestra conciencia cristiana para hacer cosas de las que más tare nos arrepentimos. Quizás no haya malicia al respecto, pero, ¡qué a menudo nos empeñamos en escuchar la voz de Dios donde no existe más que nuestra propia voz! Por eso, hay que preguntarse, ¿qué esfuerzos hago yo por escucharle? Y más aún, ¿cómo me entreno para que su voz me sea familiar?
Un elemento más a considerar: para Jesús hay ovejas de muchos rediles, y quiere unirlas a todas en un mismo rebaño… y ahí nos podemos hacer muchas preguntas que tienen en su base una actitud que muchas veces mantenemos los cristianos: la de pensar que nosotros somos mejores. Soy mejor oveja porque soy católico de toda la vida. Soy mejor oveja por ser católico. Soy mejor oveja por ser miembro activo del consejo pastoral de mi parroquia. Tengo más derechos adquiridos por lo colaborador que soy… y por tanto, me merezco un corral de cinco estrellas, y a los demás… que les encierren en otros menos confortables. ¿O no nos pasa?
Pero también podemos ser pastores
Como hijos de Dios, estamos llamados a continuar su tarea en medio de los hombres, y por eso podemos pensar también en ser pastores para los otros. Y eso consiste fundamentalmente en:
- Actuar de manera apostólica: los apóstoles iban anunciando la buena noticia, curando enfermos, bautizando… haciendo el bien. Y cuando se les pedían cuentas, expresaban lo que hoy hemos oído en la primera lectura: no somos nosotros quienes salvamos, lo que os anunciamos es que es la fe en el Dios de Jesucristo quien os ofrecerá la salvación
- Anunciar una verdad que para muchos, que creían en el Dios justiciero, o en cualquiera de los dioses de griegos y romanos, era nueva y sorprendente, y que es la que anuncia Juan en la segunda lectura de hoy: que Dios nos quiere tanto como para llamarnos hijos suyos, ni súbditos, ni esclavos, ni ninguna otra cosa. Hijos.
- Vivir nuestra relación con los otros queriendo ser guías que lleven a descansar a tantas personas agotadas a nuestro alrededor en verdes praderas, frescas, tranquilas. Vivirla desde el esfuerzo por conocer al otro y comprender y aceptar sus límites y debilidades. Vivirla sin establecer diferencias entre unos y otros. Vivirla como una auténtica llamada de Dios a que nuestros días sean una entrega a esa labor.
- No ser como los asalariados, que nos les importa más que ellos mismos, sino desde la entrega al otro. Incluso, si es necesario, hasta dar la vida. Y hacerlo por convicción profunda.
Y la pregunta es clara… ¿vivimos así nuestra vida, nuestra entrega al otro? ¿Nos sentimos así de “llamados”, de “vocacionados”?
Reunidos en tu rebaño, como ovejas que se sienten cuidadas por ti, te pedimos, Señor, que la escucha de tu Palabra nos ayude a conocer mejor tu voz, y que los cuidados con que nos alimentas aumenten nuestra confianza en ti para que de este modo no busquemos lugar mejor.
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Descubrir la vida como regalo tuyo hace que todo lo que podamos ofrecerte sea en el fondo devolvértelo desde el agradecimiento. Cuando nos alimentamos, sólo podemos darte gracias por tu pan. Cuando nos divertimos, sólo podemos darte gracias porque tú lo haces posible. Cuando nos sentimos queridos, respondemos desde el agradecimiento a tu propio amor por nosotros. Que nuestra vida sea como el pan y el vino de la Eucaristía, ofrecértelo todo: nuestro esfuerzo, nuestros resultados, nuestras alegrías y nuestros sinsabores. Y que sólo podamos decirte un «gracias» que nace de lo más profundo de nuestro corazón.
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Cuando te descubrimos vivo y resucitado entendemos que nada en el mundo es más fuerte que el amor. Tu amor por nosotros llegó al cuidado más íntimo, al gesto más insignificante, a la cercanía más enorme… y también hasta dar la vida, luchando por cada uno de nosotros y también por todos como tu grupo de amigos. Por ese amor tan grande, nuestro corazón entona un canto de alabanza a tu generosidad.
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Desde la intimidad de nuestro corazón, surge ese agradecimiento silencioso de quien se sabe querido y ve su amor correspondido. Gracias por amarnos tanto como para dar tu vida. Gracias por no hacer distinciones y sentirme también a mí como parte de tu rebaño. Gracias por mi comunidad. Y gracias por ser tan fiel que sé que este amor nunca se acabará.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
En esta Pascua que continuamos celebrando, la liturgia nos presenta hoy como centro de nuestra celebración la figura de Jesús que habla de sí mismo como el buen pastor. Es ocasión, pues, de rezar y pedir por nuestros pastores, así como por aquellos que se preparan para serlo, y también para pedir al dueño de la mies que llame a muchos para que no falten trabajadores en los campos de la Iglesia. Pero también es ocasión de pensar cómo somos nosotros sus ovejas; para revisarnos como rebaño; y para aceptar la invitación de Dios que para cada uno de nosotros tiene una llamada especial y nos elige para colaborar en ser también pastores para los demás. Que su presencia resucitada en medio de nosotros nos aliente a escucharle, a seguirle y a entregarle nuestra vida entera a su servicio.
SALUDO
Que la paz, la alegría y la misericordia que nos transmite Cristo resucitado, presente hoy y aquí en nuestra celebración, estén con todos vosotros.
RITO DE LA ASPERSIÓN
Reunidos para la celebración eucarística, comencemos con un primer signo: el del agua. El agua lava… y nuestros corazones necesitan aún de cierta limpieza para poder ser hombres y mujeres nuevos como Jesús. El agua refresca… y reconocemos estar a veces agotados por el camino y el esfuerzo, y necesitamos que sea Jesús quien nos alivie. El agua da vida… y en nuestras vidas a veces tan secas, que el agua que vamos a recibir nos anime a revivir, a revitalizarnos, y sentir que la presencia del Señor que nos lanza un ‘¡ánimo!’ nos haga levantarnos y caminar animosos. Que todo eso nos lo recuerde el agua que vamos a recibir en recuerdo de nuestro bautismo.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Cuando se nos encomienda una tarea, muchas veces podemos caer en una tentación importante: la de atribuirnos todos los méritos, y creernos ya dioses. Los Apóstoles, tras la resurrección, son enviados a continuar con la tarea de Jesús… pero no caen en la trampa de actuar en nombre propio, sino en el de quien les enviaba. Tomemos ejemplo en la lectura que ahora se nos proclama.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 117)
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.
La piedra que desecharon los arquitectos...
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
La piedra que desecharon los arquitectos...
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
La piedra que desecharon los arquitectos...
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
¿Si tuviéramos que resumir en unas pocas frases, o quizás sólo en una, cuál es el centro del anuncio de la buena noticia, cómo lo resumiríamos? La palabra «amor» seguro que estaría en esa frase. O, mejor aún, el «amor de Dios», mucho más perfecto que el nuestro… una amor que puede llegar hasta… es difícil decir hasta donde. Juan en su primera carta dice que es un amor que lleva a Dios a llamarnos “hijos suyos”. Escuchémoslo.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
No es lo mismo ser pastor que ser un simple empleado; que las ovejas sean tuyas o que sean de otro y te ganes el salario llevándolas y trayéndolas; que las conozcas o que sean simplemente un rebaño informe; que te conozcan o que vayan a la suya; que te importen o te den lo mismo. Jesús toma esta imagen, que sus oyentes entendían bien fácilmente al ser un pueblo de agricultores y ganaderos, para hacerles entender que para él somos importantes hasta el punto de dar la vida por nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Como un solo rebaño, formado por ovejas que conocen la voz del pastor, dirijámonos al Padre confiando en que nos conoce por nuestro nombre y sabe lo que necesitamos, presentándole una súplica común.
-Por la Iglesia Universal; para que camine hacia el objetivo de ser casa de todos y rebaño común en el que todos quepamos más allá de nuestras diferencias, y de este modo escuchemos la petición de Jesús de que todos seamos Uno, unidos en un único rebaño con Él como el único pastor. Roguemos al Señor.
-Por los pastores de la Iglesia: el Papa, los Obispos, los sacerdotes y diáconos, y también por quienes ejercen la acción pastoral en las comunidades cristianas diocesanas y parroquiales; para que hagan suyo el espíritu de buen pastoreo que llevaba a Jesús conocer a sus ovejas, a respetar sus ritmos, a dar a cada una lo que conviene, a corregirlas con amor, y sobre todo que sus vidas sean una auténtica entrega dando la propia vida. Roguemos al Señor.
-Por todos los que viven su vida como una vocación: religiosos y religiosas, miembros de institutos de vida consagrada y seculares, cristianos laicos comprometidos en tareas eclesiales o sociales; para que haber escuchado la llamada de Dios les conceda la felicidad más profunda y serena. Roguemos al Señor.
-Para que la llamada de Dios siga despertando la inquietud vocacional en nuestros jóvenes, y así no falten trabajadores para continuar su misión en medio del mundo. Roguemos al Señor.
-Por todos aquellos que han descubierto el altruismo como el centro de su vida; para que el Espíritu de Dios les lleve a recordar que sólo Dios es el que salva y que nosotros somos meros instrumentos en sus manos. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que preguntemos con sinceridad y sin miedo a Dios qué es lo que espera de nuestras vidas, y escuchándole descubramos la forma de vivirla de manera auténticamente vocacional, siendo pastores para los demás. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, lo que tus ovejas te piden, y tú que las conoces y sabes lo que les conviene, cuídalas y guíalas a salvo de todo peligro. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
BENDICIÓN FINAL
Que el amor de Dios que dio su vida por todos y cada uno de nosotros se derrame abundantemente en vuestros corazones y os llene de felicidad. Amén.
Que la convicción de que nos quiere plenamente felices os lleve a aceptar su llamada a vivir como hombres y mujeres nuevos. Amén.
Y que su Espíritu os lleve a ser pastores de vuestros hermanos y a vivir en medio del mundo como Luz de las Gentes y presencia de Dios para quienes no le conocen. Amén.
Entrada: Un cántico nuevo (2 CLN 206); Alegre la mañana de Espinosa; Aleluya, aleluya es la fiesta del Señor (1 CLN 214)
Salmo: LdS.
Aleluya: Aleluya, aleluya gloria al Señor del disco "16 Cantos para la Misa".
Ofertorio: Bendito seas, Señor (2 CLN H 6).
Santo: de Palazón (Alrededor de tu mesa).
Comunión: El Señor es mi pastor de Gelineau o de Erdozáin en el disco "Cantos para una comunidad evangelizadora".
Final: Por ti, mi Dios (1 CLN 404).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
Estaba preocupada pero, más aún, me sentía impotente: ¿cómo ayudarlo en su dolor?, ¿es posible que no pudiera hacer nada? Conforme el analgésico hacía efecto y su dolor se mitigaba, durante la larga y lenta espera de resultados, comenzó a llenarse poco a poco aquella sala que iba adquiriendo el color del dolor humano.
Mientras Jesús (que así se llama mi marido) iba dando pequeñas cabezadas tras una noche de dolor e insomnio, me paré en cada cara que allí llegaba:
el anciano, que no podía respirar, con su mujer e hijos; la anciana que una ambulancia trajo de la residencia y se empeñaba en incorporarse de la camilla; una mujer de unos treinta y tantos en silla de ruedas y con gotero, que se tapaba la cara mientras intentaba calmar o asimilar el dolor, a la que acompañaba su madre; una mujer de unos cuarenta y cinco con apariencia de padecer Alzheimer, a quien su marido e hija intentaban convencer y entretener ante la insistencia de ella en marcharse a casa; una mujer musulmana, de unos treinta años, con su marido en el pasillo (ya no había sitio dentro); un anciano de algún pueblo cercano, sentado en silla de ruedas, acompañado por cinco personas apenas unos diez años menores que él y que se resistían casi maleducadamente a quedarse uno solo con él para no saturar la sala...
todos andábamos por allí, preocupados unos, doloridos todos, asustados algunos, de paso otros..., todos como oveja sin pastor. Formábamos un extraño rebaño de la debilidad, finitud y sufrimiento humano.
... Como ovejas sin pastor..., perdidos, asustados,...solos. Entonces comprendí que sólo Él es capaz de salir en nuestra búsqueda cuando nos perdemos en el dolor y el sufrimiento; sólo Él es capaz de entregar su vida por recuperarnos a la vida, a la suya, a la de verdad.
El miedo y el dolor nos paraliza y nos hace huir, como a las ovejas, y al igual que ellas necesitamos un pastor, al Buen Pastor que nos reconduce a la tranquilidad, a la compañía, a la aceptación.
Lo conocemos y sólo su voz y su presencia nos hace posible entrar en el dolor, la debilidad y la finitud con los ojos de Dios.
CONCHA MORATA
concha@dabar.net
concha@dabar.net
DIOS HABLA
HECHOS DE LOS APOSTOLES, 4, 8 12
En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».
I JUAN 3, 1 2
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
JUAN 10, 11 18
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
PRIMERA LECTURA
Este discurso coincide en gran medida con el de Hch 3,13 y siguientes leído el domingo pasado. Y con el resto de discursos de Hch 1,14-39; 10, 34-43 y 13, 16-52. Reflejan todos ellos el núcleo del anuncio apostólico. Son elaboración lucana a partir de tradiciones antiguas, pero no transcripciones de lo que Pedro, u otro de los primeros predicadores, dijo en cada ocasión.
Con la introducción del milagro del cojo de la Puerta Hermosa – el mismo que daba ocasión al discurso del capítulo 3 – la intención de Lucas es presentar una vez más el anuncio del Jesús.
No se percibe, a primera vista, una relación evidente entre la primera parte de las palabras de Pedro con la segunda, en que se extrapola la significación de Jesucristo no sólo como productor de salud sino como salvador universal. Pero sí la hay teniendo en cuenta que tenemos la misma perspectiva de las curaciones evangélicas: se trata de signos de la presencia activa de Dios en el mundo para obrar la liberación y salvación de los seres humanos en todos los campos.
De nuevo la contraposición entre “vosotros crucificasteis” y “Dios lo resucitó” parece ser eco de formulaciones antiguas, atribuyendo la resurrección al Padre, quien afirma y confirma así la actividad, palabras y mensaje de Jesús que le ha conducido a la muerte.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
En estas líneas aparece un tema nuevo: la filiación divina del cristiano.
Aparece sin preparación previa, como una especie de exabrupto, pero con fuerza, como demuestra el subrayado “¡lo somos!”. También la inmediata repetición apunta en el mismo sentido.
La primera consecuencia de ese texto es no tomarse a la libera la afirmación de nuestra condición de hijos de Dios. A fuerza de repetirla puede haber perdido su significado o impactar menos. Ello se debe, en parte, al añadir el calificativo de “adoptivos” sin caer en la cuenta de qué significa. En realidad, la adopción filial en el imperio romano del siglo I es una adopción más real que la biológica. Y por tanto, el ser hijos adoptivos de Dios es ser hijos en el pleno sentido de la palabra.
La segunda es que aún no se vive plenamente esa condición. Ya se es realmente, como dice el texto, pero todavía se espera la manifestación y vivencia totales de esa forma de ser. Ello es tan cierto que nuevamente se corre el riesgo de olvidar o no apreciar el contenido fundamental de la expresión.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
EVANGELIO
Texto. Retomamos el cuarto evangelio tras el paréntesis del domingo pasado. Y lo hacemos en una de las páginas más tensas del mismo entre Jesús y los dirigentes religiosos, a quienes se acusa implícitamente de no ser buenos pastores. Polémica aparte, el texto explica la función de guía que tiene Jesús con la imagen del pastor. La imagen está usada en su acepción noble, anclada en la tradición bíblica, sin la connotación peyorativa que tenían los pastores en la realidad socio-económica del tiempo de Jesús.
Un primer rasgo de un buen pastor, en el que más se insiste a lo largo del texto, es el de la entrega sin reservas a las ovejas. Entrega sin reservas quiere decir donación física de la propia vida. Los dos últimos versículos explican teológicamente esta donación como un ciclo muerte-resurrección consciente y libre, cuya fuente de conocimiento se encuentra en el Padre.
Un segundo rasgo de un buen pastor es el del conocimiento de las ovejas. Como categoría bíblica, el conocimiento desborda lo puramente intelectual para expresar una relación de profunda intimidad. La explicación teológica de este conocimiento es la relación divina Padre-Hijo.
Este segundo rasgo obedece sin duda a la necesidad de superar la mediación de la Ley como base de la relación del pastor con las ovejas. Sólo desde el telón de fondo de esta superación de la Ley es como cobra sentido la referencia a otras ovejas que no son de este redil. Estas otras ovejas son los no judíos, es decir, todos cuantos, debido a su desconocimiento de la Ley, no forman parte del Pueblo de Dios (redil). Si la Ley es la base de la relación, no puede indudablemente existir un solo rebaño y un solo pastor. Un tercer rasgo, pues, de un buen pastor es el de la capacidad para ampliar universalmente el rebaño desde la superación de la Ley.
Comentario. Un conocimiento en profundidad de los pastores de Israel contemporáneos de Jesús nos descubriría unos pastores celosos y sacrificados. Si digo esto es porque el texto de hoy, al estar en polémica con aquellos pastores, debe ser leído con más hondura y humildad de lo que a veces hacemos.
El texto tiene una hondura existencial, consistente en el desmantelamiento de una concepción de redil (pueblo, comunidad, iglesia) basada en la Ley como fundamento de pertenencia. Se trata de una problemática muy compleja y delicada, que afecta a las estructuras profundas de la persona y de sus relaciones.
El texto tiene una hondura teológica, basada en el modelo Padre-Hijo, propuesto por el texto como modelo de relación pastor-ovejas y que nos introduce en un insondable mundo de amor y entrega que rompe incluso el límite existencial de la muerte. Es un mundo señorial, soberano, libre.
El resultado de ambas honduras es el ecumenismo auténtico de un solo rebaño y un solo pastor, más allá de las leyes, que son las desgraciadamente, pero inevitablemente al parecer, lo impiden.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
La Iglesia celebra hoy una jornada especial: la de oración centrada en el tema de la vocación. Cuando oímos esta palabra, vocación, inmediatamente pensamos en la vida religiosa, bien sea en el sacerdocio o en cualquiera de las otras formas de vida consagrada. Pero por eso a mi hoy me gustaría retomar aquello que el Concilio Vaticano II dijo en su constitución dogmática “Lumen Gentium” sobre la Iglesia: el cristiano es, en sí, por el hecho de serlo, por su fe, un ser llamado. Todos nosotros, pues, hemos sido llamados por Dios, tiene una determinada vocación para cada uno, y nuestra vida es, por tanto, una posibilidad de ser felices precisamente a través de la escucha de esa llamada y su puesta en práctica.
La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos pone ante Jesús que se califica a sí mismo como el buen pastor. De todas las ideas que se expresan en el evangelio, yo destacaría éstas:
- A Jesús le importan sus ovejas. No es como el mero empleado que si ve algún riesgo lo que hace es ponerse a salvo… Jesús asume de tal manera la tarea de cuidar a sus ovejas, a nosotros, que no se va a echar atrás ni a huir o ponerse a salvo cuando eso le exija jugarse la piel
- Ninguna amenaza es suficientemente fuerte como para hacerle desfallecer. No se trata de pequeños riesgos, sino de incluso dar la vida
- Jesús es el pastor que conoce a sus ovejas, y sabe cuáles son más traviesas, cuáles son díscolas, cuáles débiles, cuáles son las más capaces, y a cuáles debe mimar, vigilar o atender con especial atención… no es como esos guías turísticos que tratan a todos por igual sin implicarse por nadie, tratando a todos como borregos.
- Sus ovejas le conocen. Saben que pueden confiar en él, conocen su voz y no siguen a otra voz cualquiera que sea, se sienten seguras cuando él les va guiando. De tal forma él es un buen pastor que ha sabido ganarse su confianza.
- Sean cuales sean las diferencias entre ovejas, sean churras o sean merinas, las considera «suyas» a todas… y hace que todas se sientan importantes, y que lo fundamental no sea lo que las diferencia, sino los que las une: ser un solo rebaño
- Y además, este buen pastor no hace las cosas por sentido de la obligación, sino por propia convicción, porque sabe que es su cometido vital, lo mejor que puede hacer y lo que más feliz va a hacerle: es su misión.
Una de las formas de poder hacer nuestro el Evangelio sabéis que es el de identificarnos con los personajes o las figuras que aparezcan en el relato. Por eso, hoy os sugiero un montón de preguntas para hacernos al respecto de la palabra proclamada:
Somos ovejas
Si nos identificamos con las ovejas, pronto se nos ocurrirán un montón de cosas a preguntarnos: ¿qué clase de oveja soy? En primer lugar, podemos preguntarnos si atendemos a la voz del pastor para dejarnos guiar… o si más bien somos como cabras locas que van a su aire, sin escuchar al pastor, sin hacer caso de advertencias, necesitando que cada dos minutos nos den un grito porque no sabemos valorar los riesgos. Nuestra vida muchas veces se convierte en una reivindicación de libertad e independencia… y a caminar ‘en rebaño’ le llamamos ‘estar aborregados’, sin darnos cuenta de que en el fondo hay un problema residual importante: que no reconocemos al pastor como bueno, como más sabio que nosotros, como más capaz de guiarnos de la manera adecuada. Y reivindicamos nuestro derecho a ir por libre.
Nos podemos preguntar también: ¿soy capaz de escuchar y de reconocer su voz? Seguro que más de una vez hemos creído hacer lo que era justo y después, en una mirada retrospectiva, nos hemos lamentado de lo confundidos que estuvimos. Creíamos escuchar su voz, y eran ecos, eran distorsiones o eran, sencillamente, autoengaños… y apelábamos a nuestra conciencia cristiana para hacer cosas de las que más tare nos arrepentimos. Quizás no haya malicia al respecto, pero, ¡qué a menudo nos empeñamos en escuchar la voz de Dios donde no existe más que nuestra propia voz! Por eso, hay que preguntarse, ¿qué esfuerzos hago yo por escucharle? Y más aún, ¿cómo me entreno para que su voz me sea familiar?
Un elemento más a considerar: para Jesús hay ovejas de muchos rediles, y quiere unirlas a todas en un mismo rebaño… y ahí nos podemos hacer muchas preguntas que tienen en su base una actitud que muchas veces mantenemos los cristianos: la de pensar que nosotros somos mejores. Soy mejor oveja porque soy católico de toda la vida. Soy mejor oveja por ser católico. Soy mejor oveja por ser miembro activo del consejo pastoral de mi parroquia. Tengo más derechos adquiridos por lo colaborador que soy… y por tanto, me merezco un corral de cinco estrellas, y a los demás… que les encierren en otros menos confortables. ¿O no nos pasa?
Pero también podemos ser pastores
Como hijos de Dios, estamos llamados a continuar su tarea en medio de los hombres, y por eso podemos pensar también en ser pastores para los otros. Y eso consiste fundamentalmente en:
- Actuar de manera apostólica: los apóstoles iban anunciando la buena noticia, curando enfermos, bautizando… haciendo el bien. Y cuando se les pedían cuentas, expresaban lo que hoy hemos oído en la primera lectura: no somos nosotros quienes salvamos, lo que os anunciamos es que es la fe en el Dios de Jesucristo quien os ofrecerá la salvación
- Anunciar una verdad que para muchos, que creían en el Dios justiciero, o en cualquiera de los dioses de griegos y romanos, era nueva y sorprendente, y que es la que anuncia Juan en la segunda lectura de hoy: que Dios nos quiere tanto como para llamarnos hijos suyos, ni súbditos, ni esclavos, ni ninguna otra cosa. Hijos.
- Vivir nuestra relación con los otros queriendo ser guías que lleven a descansar a tantas personas agotadas a nuestro alrededor en verdes praderas, frescas, tranquilas. Vivirla desde el esfuerzo por conocer al otro y comprender y aceptar sus límites y debilidades. Vivirla sin establecer diferencias entre unos y otros. Vivirla como una auténtica llamada de Dios a que nuestros días sean una entrega a esa labor.
- No ser como los asalariados, que nos les importa más que ellos mismos, sino desde la entrega al otro. Incluso, si es necesario, hasta dar la vida. Y hacerlo por convicción profunda.
Y la pregunta es clara… ¿vivimos así nuestra vida, nuestra entrega al otro? ¿Nos sentimos así de “llamados”, de “vocacionados”?
RAMON GARCÍA
ramon@dabar.net
ramon@dabar.net
PARA LA ORACION
Reunidos en tu rebaño, como ovejas que se sienten cuidadas por ti, te pedimos, Señor, que la escucha de tu Palabra nos ayude a conocer mejor tu voz, y que los cuidados con que nos alimentas aumenten nuestra confianza en ti para que de este modo no busquemos lugar mejor.
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Descubrir la vida como regalo tuyo hace que todo lo que podamos ofrecerte sea en el fondo devolvértelo desde el agradecimiento. Cuando nos alimentamos, sólo podemos darte gracias por tu pan. Cuando nos divertimos, sólo podemos darte gracias porque tú lo haces posible. Cuando nos sentimos queridos, respondemos desde el agradecimiento a tu propio amor por nosotros. Que nuestra vida sea como el pan y el vino de la Eucaristía, ofrecértelo todo: nuestro esfuerzo, nuestros resultados, nuestras alegrías y nuestros sinsabores. Y que sólo podamos decirte un «gracias» que nace de lo más profundo de nuestro corazón.
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Cuando te descubrimos vivo y resucitado entendemos que nada en el mundo es más fuerte que el amor. Tu amor por nosotros llegó al cuidado más íntimo, al gesto más insignificante, a la cercanía más enorme… y también hasta dar la vida, luchando por cada uno de nosotros y también por todos como tu grupo de amigos. Por ese amor tan grande, nuestro corazón entona un canto de alabanza a tu generosidad.
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Desde la intimidad de nuestro corazón, surge ese agradecimiento silencioso de quien se sabe querido y ve su amor correspondido. Gracias por amarnos tanto como para dar tu vida. Gracias por no hacer distinciones y sentirme también a mí como parte de tu rebaño. Gracias por mi comunidad. Y gracias por ser tan fiel que sé que este amor nunca se acabará.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
En esta Pascua que continuamos celebrando, la liturgia nos presenta hoy como centro de nuestra celebración la figura de Jesús que habla de sí mismo como el buen pastor. Es ocasión, pues, de rezar y pedir por nuestros pastores, así como por aquellos que se preparan para serlo, y también para pedir al dueño de la mies que llame a muchos para que no falten trabajadores en los campos de la Iglesia. Pero también es ocasión de pensar cómo somos nosotros sus ovejas; para revisarnos como rebaño; y para aceptar la invitación de Dios que para cada uno de nosotros tiene una llamada especial y nos elige para colaborar en ser también pastores para los demás. Que su presencia resucitada en medio de nosotros nos aliente a escucharle, a seguirle y a entregarle nuestra vida entera a su servicio.
SALUDO
Que la paz, la alegría y la misericordia que nos transmite Cristo resucitado, presente hoy y aquí en nuestra celebración, estén con todos vosotros.
RITO DE LA ASPERSIÓN
Reunidos para la celebración eucarística, comencemos con un primer signo: el del agua. El agua lava… y nuestros corazones necesitan aún de cierta limpieza para poder ser hombres y mujeres nuevos como Jesús. El agua refresca… y reconocemos estar a veces agotados por el camino y el esfuerzo, y necesitamos que sea Jesús quien nos alivie. El agua da vida… y en nuestras vidas a veces tan secas, que el agua que vamos a recibir nos anime a revivir, a revitalizarnos, y sentir que la presencia del Señor que nos lanza un ‘¡ánimo!’ nos haga levantarnos y caminar animosos. Que todo eso nos lo recuerde el agua que vamos a recibir en recuerdo de nuestro bautismo.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Cuando se nos encomienda una tarea, muchas veces podemos caer en una tentación importante: la de atribuirnos todos los méritos, y creernos ya dioses. Los Apóstoles, tras la resurrección, son enviados a continuar con la tarea de Jesús… pero no caen en la trampa de actuar en nombre propio, sino en el de quien les enviaba. Tomemos ejemplo en la lectura que ahora se nos proclama.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 117)
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.
La piedra que desecharon los arquitectos...
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
La piedra que desecharon los arquitectos...
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
La piedra que desecharon los arquitectos...
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
¿Si tuviéramos que resumir en unas pocas frases, o quizás sólo en una, cuál es el centro del anuncio de la buena noticia, cómo lo resumiríamos? La palabra «amor» seguro que estaría en esa frase. O, mejor aún, el «amor de Dios», mucho más perfecto que el nuestro… una amor que puede llegar hasta… es difícil decir hasta donde. Juan en su primera carta dice que es un amor que lleva a Dios a llamarnos “hijos suyos”. Escuchémoslo.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
No es lo mismo ser pastor que ser un simple empleado; que las ovejas sean tuyas o que sean de otro y te ganes el salario llevándolas y trayéndolas; que las conozcas o que sean simplemente un rebaño informe; que te conozcan o que vayan a la suya; que te importen o te den lo mismo. Jesús toma esta imagen, que sus oyentes entendían bien fácilmente al ser un pueblo de agricultores y ganaderos, para hacerles entender que para él somos importantes hasta el punto de dar la vida por nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Como un solo rebaño, formado por ovejas que conocen la voz del pastor, dirijámonos al Padre confiando en que nos conoce por nuestro nombre y sabe lo que necesitamos, presentándole una súplica común.
-Por la Iglesia Universal; para que camine hacia el objetivo de ser casa de todos y rebaño común en el que todos quepamos más allá de nuestras diferencias, y de este modo escuchemos la petición de Jesús de que todos seamos Uno, unidos en un único rebaño con Él como el único pastor. Roguemos al Señor.
-Por los pastores de la Iglesia: el Papa, los Obispos, los sacerdotes y diáconos, y también por quienes ejercen la acción pastoral en las comunidades cristianas diocesanas y parroquiales; para que hagan suyo el espíritu de buen pastoreo que llevaba a Jesús conocer a sus ovejas, a respetar sus ritmos, a dar a cada una lo que conviene, a corregirlas con amor, y sobre todo que sus vidas sean una auténtica entrega dando la propia vida. Roguemos al Señor.
-Por todos los que viven su vida como una vocación: religiosos y religiosas, miembros de institutos de vida consagrada y seculares, cristianos laicos comprometidos en tareas eclesiales o sociales; para que haber escuchado la llamada de Dios les conceda la felicidad más profunda y serena. Roguemos al Señor.
-Para que la llamada de Dios siga despertando la inquietud vocacional en nuestros jóvenes, y así no falten trabajadores para continuar su misión en medio del mundo. Roguemos al Señor.
-Por todos aquellos que han descubierto el altruismo como el centro de su vida; para que el Espíritu de Dios les lleve a recordar que sólo Dios es el que salva y que nosotros somos meros instrumentos en sus manos. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que preguntemos con sinceridad y sin miedo a Dios qué es lo que espera de nuestras vidas, y escuchándole descubramos la forma de vivirla de manera auténticamente vocacional, siendo pastores para los demás. Roguemos al Señor
Escucha, Señor, lo que tus ovejas te piden, y tú que las conoces y sabes lo que les conviene, cuídalas y guíalas a salvo de todo peligro. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
BENDICIÓN FINAL
Que el amor de Dios que dio su vida por todos y cada uno de nosotros se derrame abundantemente en vuestros corazones y os llene de felicidad. Amén.
Que la convicción de que nos quiere plenamente felices os lleve a aceptar su llamada a vivir como hombres y mujeres nuevos. Amén.
Y que su Espíritu os lleve a ser pastores de vuestros hermanos y a vivir en medio del mundo como Luz de las Gentes y presencia de Dios para quienes no le conocen. Amén.
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada: Un cántico nuevo (2 CLN 206); Alegre la mañana de Espinosa; Aleluya, aleluya es la fiesta del Señor (1 CLN 214)
Salmo: LdS.
Aleluya: Aleluya, aleluya gloria al Señor del disco "16 Cantos para la Misa".
Ofertorio: Bendito seas, Señor (2 CLN H 6).
Santo: de Palazón (Alrededor de tu mesa).
Comunión: El Señor es mi pastor de Gelineau o de Erdozáin en el disco "Cantos para una comunidad evangelizadora".
Final: Por ti, mi Dios (1 CLN 404).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net





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