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sábado, 1 de agosto de 2009

EL PAN DE VIDA


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Domingo 18. Tiempo ordinario. Ciclo B (Jn 6, 30-69). Comenzó el domingo pasado la “gran inserción” del Sermón del Pan de Vida, del Evangelio de Juan (Jn 6), que marca estos domingos del verano septentrional (invierno austral) del ciclo B (del domingo 17 al 21, del 26 de julio al 24 de agosto). El domingo pasado presenté la introducción del tema (multiplicación de los panes; a Jesús le quieren hacer rey y él se marcha a la montaña, cómo habría reinado…). Hoy quiero presentar el discurso entero, en su unidad temática. Los domingos siguientes pondré de relieve algún rasgo particular de este pasaje, que expone la visión eucarística del evangelio de Juan (Jn 6, 1-71).

No sólo de pan vive el hombre

El Vino está al comienzo de los signos del Evangelio de Juan (Jn 2). En el centro emerge el pan de las multiplicaciones, en un texto donde Juan concuerda con la tradición sinóptica, estudiada (cf. Jn 6, 1-15). En algún sentido, hay que afirmar que el relato de Juan resulta más tradicional que Mc 6, 31-46 y 8, 1-8 par, pues ha destacado el carácter mesiánico y mundano del signo: los que se han alimentado con los dones de Jesús quieren tomarle y elevarle como rey, traduciendo su autoridad eclesial y alimenticia en forma de poder político (cf. Jn 6, 14). De esa manera, Juan introduce y elabora al interior de las confrontaciones eclesiales, el tema que Mt 4 y Lc 4 habían elaborado en forma de tentaciones satánicas, diciendo que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

En esa línea de Mateo y Lucas avanza Juan, desarrollando el tema del “pan que es más que pan” (pan que es palabra, que es humanidad, encuentro personal y gratuidad), oponiéndose a una forma puramente política y mundana, económica y social, de comprender el pan. Lo que al hombre le importa no es sólo “comer”:

comer comen los bueyes y los cerdos… Es importante comer, pero no basta, pues el hombre no es sólo estómago;

los hombres comen y comparten también amor y palabra, experiencia de vida, esperanza… De esa comida más alta, que no niega la anterior (pues la supone), pero la desborda y plenifica trata este capítulo de Juan,

Los cinco temas del gran discurso

Para ello ha desarrollado un largo discurso y catequesis eucarística, que suele titularse el Sermón del Pan de Vida Jn 6, 22-61 Está en su fondo la temática del pan y el vino: las multiplicaciones de Jesús, la experiencia de comidas gozosas de la iglesia. Pero lo que ahora emerge y se sitúa en primer plano es la experiencia poderosa de la identidad eucarística de Jesús.

Él no se limita a repartir el pan del reino, no es un simple convidado que ofrece el vino nuevo de las bodas de Caná, sino que él mismo es Pan de Vida y Vino de la Fiesta, verdad (fe, palabra) y comida verdadera (cuerpo y sangre, vida humana, justicia) para los humanos. Muchos discípulos le buscan simplemente porque quieren alimento material; él les ofrece una comida que dura hasta la vida eterna y sólo puede consumirse y consumarse en fe, creyendo en él. A partir de aquí se inicia la revelación más alta, que presento en forma de disputa entre “los judíos” (quizá judeocristianos que no acaban de aceptar la visión eucarística de Juan) y Jesús, que así aparece como revelación eucarística de Dios

He dividido el texto en cinco apartados que marcan el proceso eclesial y catequético de esta revelación eucarística, en disputa no sólo con el judaísmo exterior (que ha quedado fuera de la iglesia de Jesús), sino también con otros grupos eclesiales, que no aceptan la visión eucarística de Juan, su concentración cristológica

[1. Maná, – Ellos entonces le dijeron: ¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Pan del cielo] Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo.
– Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo (Jn 6, 30-34).

El primer apartado (Maná, Pan del cielo) sitúa ya el tema en un ámbito de disputa con un tipo de judaísmo que, a juicio de Juan, está anclado en un pan que no ofrece comida verdadera, pues sigue dejando morir a los humanos. Además, el verdadero autor de aquel Maná, que es un primer pan del cielo, no fue Moisés, fue el Padre de Jesús, que ahora quiere ofrecer y ofrece el verdadero Pan del Cielo, que será el mismo Jesucristo.

[2. Pan vivo] – Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan.
– Jesús les dijo: Yo soy el pan vivo (=de vida). El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed (Jn 6, 35).

Este segundo apartado ( Pan vivo) presenta a Jesús como Pan viviente que sacia un hambre distinta, hambre de Dios y de reino, que atormenta a los humanos desde el mismo principio de los tiempos. Juan está evocando aquí el motivo y signo del Árbol de la Vida del paraíso (comer según Dios) y el vino de las Bodas de Caná: sólo el pan mesiánico, encuentro personal con Cristo, es comida verdadera para los humanos. Sólo el amor de otro ser humano sacia al ser humano; sólo la comunión en humanidad y justicia es alimento verdadero

[3.Carne viva] – Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo... ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?
– Jesús les respondió: No murmuréis entre vosotros.... Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron.... Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré, es mi carne por vida del mundo (Jn 6, 41-51).

Se trata de un pan real, un pan mesiánico, una carne viva (apartado 3º), que se identifica con Jesús, es decir, con la humanidad. Ciertamente, los hombres y mujeres comen pan externo y se alimentan mientras siguen en el mundo de alimentos materiales, de plantas y animales. Pero sólo les sacia una comida humana, el cuerpo y sangre (la carne) de otros seres personales, como supo Jesús cuando decía, el día de la Cena: Comed: esto es mi Cuerpo. Sólo un humano puede saciar a otro humano, como sabe todo enamorado. La vida se vuelve así amor, cuerpo mesiánico centrado y culminado en Cristo. Sólo un ser humano es verdadero pan para otro ser humano. En esa línea, Jesús viene a mostrarse en forma de comida verdadera

[4. Carne, – Discutían entre sí los judíos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Sangre] – Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros... Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre viviente me ha enviado, y yo vivo por el Padre, el que me coma vivirá por mí (Jn 6, 52-57).

Este apartado (4. Carne y Sangre) se limita a elaborar lo anterior y lo sitúa en un plano teológico, como expresión del misterio de Dios. La eucaristía es la revelación más honda de la identidad y riqueza divina. Cuando Jesús dice Esto es mi Cuerpo, cuando pide a los suyos que coman su carne y beban su sangre, no les ofrece ni pide algo inaudito: simplemente les revela su inmersión en el misterio de Dios (de la Vida/Vida), que es vida regalada y compartida: cada persona existe en la medida en que recibe y regala lo que tiene, de manera que así viene a expresarse la vida en forma de comida eterna, sin posible muerte. Vivir es alimentarse por siempre de Dios.

[5. Disputa – Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
eclesial] – Jesús dijo a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos?
– Respondió Simón Pedro: Señor ¿donde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios (Jn 6, 66-69).

Este discurso eucarístico suscita una disputa eclesial, que aquí se halla centrada en Pedro y en los Doce. Pedro y sus compañeros no acaban de entender la novedad eucarística de Jesús, pero le siguen, en un camino abierto hacia el futuro y pleno despliegue de la iglesia. A Pedro y a sus Doce compañeros, que son signo y principio de toda la Iglesia, les cuesta entender el sentido del pan de humanidad que es Cristo… No entienden del todo, pero le siguen en el camino, confiando en él de una forma todavía más judía que cristiana… Pero están en camino. En ese mismo camino nos hallamos nosotros, que sentimos también dificultades para comprender este discurso de carnalidad eclesial, comida personal y vida compartida. Dejamos así que los lectores sigan penetrando en el misterio.

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