
Se presentaron a Jesús un grupo de jóvenes, entre 15 y 16 años, todos ellos de muy buenas familias. Jesús iba de camino, y los jóvenes asitían a unas convivencias cristianas.
Ellos les preguntaron: "Maestro, ¿qué tenemos que hacer para ser unas personas dignas y ganar el cielo?"
Jesús les respondió: -"Ya sabéis los mandamientos..." "¡Claro que sí, Maestro! Los cumplimos desde que éramos niños... Alguno quizá nos cuesta un poco, pero nos confesamos a su debido tiempo".
Jesús, entonces, mirándoles con cariño, uno a uno, y viendo el afán que tenían de agradarle, les dijo: -"Una cosa os falta: Me habéis encontrado a mí, y yo os llamo para que me sigáis. Pero, haceros a la idea de que yo voy de camino, y que estáis demasiado cargados de cosas como para poder seguirme. Sin embargo, os daré algunas sugerencias para que podáis empezar el camino".
Y fue acercándose a cada uno personalmente.
A unos cuantos les dijo: -"Entra en un grupo cristiano y en él encontrarás fuerzas para seguirme. Y le respondían así: -"No puedo: me coincide ocn la informática, el inglés, las lecciones de guitarra, los entrenamientos... Tengo que estudiar. Ya estuve en uno y fue una bobada..."
A alguno que gastaba bastante dinero le invitó: - "Da la mitad del dinero que gastas a la semana a quien lo necesita más que tú". Y la respuesta: -"Hombre, Maestro, que tengo que alternar con los amigos. Ellos también me invitan, y no puedo quedar como un pobretón. Al fin y al cabo ¡es mi dinero!".
A otro "muy marchoso", que estaba todo el día escuchando música, le dijo: -"Acostúmbrate al silencio. Así podrás escuchar la voz de quien te necesite". Pero el respondió: -"Tengo horror al silencio. Además, hay que vivir con ritmo. Me gustan los 40 principales."
Tambien hubo algunos a los que dijo: -"Tú tienes madera de profeta, porque yo te la he dado: Déjalo todo, incluso el matrimonio y conságrate totalmente a trabajar por mi Reino". Y así la respuesta: -"Señor, me han dicho que para ser buen cristiano n hace falta ser cura o fraile. Además, ¿te has dado cuenta que muchos de ellos viven mejor que nadie? Por otra parte es que, y si luego me hecho para atrás; cuesta tanto dejar la familia, la independencia, poder divertirme a gusto..."
Y así fue haciendo sugerencias que iban, todas ellas, más allá de los diez mandamientos, y que tenían que ver con la propia disponibilidad, o con el perdón, o con el trabajar por la paz, o con el compartir cosas personasles..., o con todas ellas a la vez.
Y uno por uno, la mayoría se sentían contrariados al oír lo que Jesús les pedía, pues en realidad estaban muy llenos de sí mismos, y no querían cambiar. Así que terminaron la Convivencia y se fueron a casa igual que habían venido, pensando para sus adentros que ya hacían bastante...
Entonces Jesús, mirando a su alrededor, dijo a los que le seguían:
- ¡QUÉ DIFÍCIL LES VA A SER A LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE DIOS!
Entre tantos valores que el hombre encuentra en su existencia, ¿cuál es el valor más importante, el valor supremo? El libro de la Sabiduría responde que ella es y posee una valor superior y más precioso que valores como el poder, la riqueza, la salud, la belleza (primera lectura). El encuentro con el joven "rico" permite a Jesús reafirmar el valor superior de su seguimiento sobre los bienes y riquezas de este mundo (Evangelio). La autoridad y penetración eficaz de la Palabra de Dios merece ser reconocida como valor supremo, al igual que el mismo Dios (segunda lectura).
1. Valores y jerarquía de valores. Tanto los individuos como las sociedades se rigen por valores, es decir, por todo aquello que es apreciado como un bien y que objetivamente lo es. Los valores personales son los que configuran el modo de ser, de vivir y de actuar de las personas, como los valores sociales son los que configuran el modo de ser, actuar y vivir de una sociedad. Los valores son múltiples y afectan a diversas áreas de la existencia humana (valores vitales, económicos, culturales, morales, religiosos). Ante la variedad y multiplicidad de valores, es necesario establecer un orden entre ellos y por consiguiente una jerarquía. En una auténtica jerarquía los valores religiosos ocupan el primer puesto, luego los morales, los culturales, los vitales y finalmente los económicos. Cualquier cambio en este orden jerárquico, resulta en perjuicio de la persona humana y, en definitiva, de la sociedad. Si por encima del seguimiento de Cristo ponemos los bienes de este mundo (valores económicos), el "bolsillo" mejorará, pero con desventaja y daño de la persona humana y de la fe cristiana. Si la fitness y la belleza se ponen por encima de los valores morales, la sociedad contará con grandes atletas y con cuerpos esbeltos, pero con detrimento de valores más profundamente humanos como la justicia, la honestidad, la lealtad, la fidelidad, la dignidad de la persona. Hasta ahora sólo hemos hablado de valores y jerarquía de valores. Aunque sea de paso, hay que mencionar la existencia también de "antivalores". O sea, de todo aquello que el individuo o la sociedad consideran como un mal, y lo es en realidad. El apego a las riquezas es un mal para el hombre, porque le impide seguir a Jesucristo y poner en Dios su corazón.
2. Características del valor superior. En primer lugar, el valor superior explica todos los demás y les da sentido y plenitud. El amor a Dios como valor supremo no se opone al valor de los bienes materiales, ni al de la salud ni al de la belleza. Dios quiere que el hombre cuente con los medios necesarios para su vida, cuide su salud y la belleza de su figura. De esta manera, los bienes materiales no son sólo valores económicos, ni la salud y la belleza son sólo valores vitales, sino que adquieren una plenitud que en sí no tienen: forman parte del designio de Dios para con el hombre. La Palabra de Dios y su autoridad no se oponen a la autoridad y palabra de los padres, educadores, gobernantes; más bien, infunde en ellas una fuerza y eficacia que en sí no poseen. En segundo lugar, es Dios quien ilumina la inteligencia humana para ver cuál es el valor superior entre una serie de valores y cómo se ordenan esos valores entre ellos. El hombre a solas, sin la iluminación de Dios, corre el riesgo de construir jerarquías erradas. La primera lectura, por eso, comienza precisamente así: "Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría". En tercer lugar, el verdadero valor siempre termina recompensando con frutos buenos sea para el individuo sea para la sociedad. "Con ella me vinieron a la vez todos los bienes", dice la Sabiduría. Y Jesús responde a Pedro, que representa a los Doce: "Nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno ahora al presente... y en el mundo venidero la vida eterna".
1. Donde está tu valor, ahí está tu corazón. Los valores que rigen la vida de una persona o de una sociedad son el índice de su categoría humana y cristiana. Actualmente, hay algo en nuestro ambiente que nos debe hacer reflexionar: en las estadísticas sobre los intereses y valores de los ciudadanos, ¿cuáles son los valores que más interesan y preocupan? En muchísimos, la salud; en otros muchos, el trabajo; no pocos se muestran preocupados también por el ambiente. Luego vienen los demás. ¿Nos damos cuenta de que en una recta escala de valores no son éstos precisamente los que ocupan el vértice? Al contrario, son valores económicos, vitales, que están en la base de la pirámide jerárquica. Ahora bien, donde están tus valores, ahí está tu corazón, es decir, toda tu persona (inteligencia, voluntad, afectividad, sensibilidad). Vales lo que valen tus valores. Si tu valor predominante es la salud, en cuyo altar sacrificas los demás valores, tu categoría humana y cristiana será más bien baja. Si tu valor predominante es Dios, entonces te elevas a una grande categoría humana y cristiana que se reflejará luego en tu vida moral, en tu trabajo, en tu familia, en el mismo cuidado de tu salud. Tengamos esto muy presente: Dios como valor supremo nos impide despreciar los demás valores; más aún, nos manda positivamente estimarlos, cuidarlos, buscarlos ordenadamente. Dios como valor supremo es la máxima riqueza del hombre.
2. Se vive de valores. No es indiferente para los hombres y para los pueblos el que predominen unos u otros valores. Primero, porque los valores influyen y conforman la mentalidad de un individuo o de un grupo. Pero sobre todo porque los valores determinan la vida. Vivirás según que sean tus valores. Si tus valores predominantes son los vitales, todas tus actividades estarán determinadas por ellos, es decir, por una buena salud y un ambiente sano. ¿Para qué se trabaja? Para contar con medios que permitan estar en forma. ¿Para qué se reza? Para pedir a Dios salud. ¿Por qué se evita la droga, el alcohol, el tabaco? No por el desorden moral que implican, sino porque perjudican la salud. ¿Por qué partido se vota? Por aquel que asegure el mejoramiento de la sanidad y del ambiente. La salud se convierte en el eje a cuyo alrededor gira todo lo demás en la vida, y a cuyo valor se sacrifica cualquier otro valor. ¿Cuáles son los valores que gobiernan y dirigen tu vida? En tu medio ambiente (familiar, parroquial, comunitario), ¿cuáles son los valores supremos? ¿Qué puedes hacer para que los valores religiosos sean cada vez más en ti y en tus amigos, familiares, compañeros de clase o de trabajo, los valores que tengan el primer puesto en la escala de valores?
Ellos les preguntaron: "Maestro, ¿qué tenemos que hacer para ser unas personas dignas y ganar el cielo?"
Jesús les respondió: -"Ya sabéis los mandamientos..." "¡Claro que sí, Maestro! Los cumplimos desde que éramos niños... Alguno quizá nos cuesta un poco, pero nos confesamos a su debido tiempo".
Jesús, entonces, mirándoles con cariño, uno a uno, y viendo el afán que tenían de agradarle, les dijo: -"Una cosa os falta: Me habéis encontrado a mí, y yo os llamo para que me sigáis. Pero, haceros a la idea de que yo voy de camino, y que estáis demasiado cargados de cosas como para poder seguirme. Sin embargo, os daré algunas sugerencias para que podáis empezar el camino".
Y fue acercándose a cada uno personalmente.
A unos cuantos les dijo: -"Entra en un grupo cristiano y en él encontrarás fuerzas para seguirme. Y le respondían así: -"No puedo: me coincide ocn la informática, el inglés, las lecciones de guitarra, los entrenamientos... Tengo que estudiar. Ya estuve en uno y fue una bobada..."
A alguno que gastaba bastante dinero le invitó: - "Da la mitad del dinero que gastas a la semana a quien lo necesita más que tú". Y la respuesta: -"Hombre, Maestro, que tengo que alternar con los amigos. Ellos también me invitan, y no puedo quedar como un pobretón. Al fin y al cabo ¡es mi dinero!".
A otro "muy marchoso", que estaba todo el día escuchando música, le dijo: -"Acostúmbrate al silencio. Así podrás escuchar la voz de quien te necesite". Pero el respondió: -"Tengo horror al silencio. Además, hay que vivir con ritmo. Me gustan los 40 principales."
Tambien hubo algunos a los que dijo: -"Tú tienes madera de profeta, porque yo te la he dado: Déjalo todo, incluso el matrimonio y conságrate totalmente a trabajar por mi Reino". Y así la respuesta: -"Señor, me han dicho que para ser buen cristiano n hace falta ser cura o fraile. Además, ¿te has dado cuenta que muchos de ellos viven mejor que nadie? Por otra parte es que, y si luego me hecho para atrás; cuesta tanto dejar la familia, la independencia, poder divertirme a gusto..."
Y así fue haciendo sugerencias que iban, todas ellas, más allá de los diez mandamientos, y que tenían que ver con la propia disponibilidad, o con el perdón, o con el trabajar por la paz, o con el compartir cosas personasles..., o con todas ellas a la vez.
Y uno por uno, la mayoría se sentían contrariados al oír lo que Jesús les pedía, pues en realidad estaban muy llenos de sí mismos, y no querían cambiar. Así que terminaron la Convivencia y se fueron a casa igual que habían venido, pensando para sus adentros que ya hacían bastante...
Entonces Jesús, mirando a su alrededor, dijo a los que le seguían:
- ¡QUÉ DIFÍCIL LES VA A SER A LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE DIOS!
RECURSOS PARA LA HOMILÍA
Nexo entre las lecturas
Entre tantos valores que el hombre encuentra en su existencia, ¿cuál es el valor más importante, el valor supremo? El libro de la Sabiduría responde que ella es y posee una valor superior y más precioso que valores como el poder, la riqueza, la salud, la belleza (primera lectura). El encuentro con el joven "rico" permite a Jesús reafirmar el valor superior de su seguimiento sobre los bienes y riquezas de este mundo (Evangelio). La autoridad y penetración eficaz de la Palabra de Dios merece ser reconocida como valor supremo, al igual que el mismo Dios (segunda lectura).
Mensaje doctrinal
1. Valores y jerarquía de valores. Tanto los individuos como las sociedades se rigen por valores, es decir, por todo aquello que es apreciado como un bien y que objetivamente lo es. Los valores personales son los que configuran el modo de ser, de vivir y de actuar de las personas, como los valores sociales son los que configuran el modo de ser, actuar y vivir de una sociedad. Los valores son múltiples y afectan a diversas áreas de la existencia humana (valores vitales, económicos, culturales, morales, religiosos). Ante la variedad y multiplicidad de valores, es necesario establecer un orden entre ellos y por consiguiente una jerarquía. En una auténtica jerarquía los valores religiosos ocupan el primer puesto, luego los morales, los culturales, los vitales y finalmente los económicos. Cualquier cambio en este orden jerárquico, resulta en perjuicio de la persona humana y, en definitiva, de la sociedad. Si por encima del seguimiento de Cristo ponemos los bienes de este mundo (valores económicos), el "bolsillo" mejorará, pero con desventaja y daño de la persona humana y de la fe cristiana. Si la fitness y la belleza se ponen por encima de los valores morales, la sociedad contará con grandes atletas y con cuerpos esbeltos, pero con detrimento de valores más profundamente humanos como la justicia, la honestidad, la lealtad, la fidelidad, la dignidad de la persona. Hasta ahora sólo hemos hablado de valores y jerarquía de valores. Aunque sea de paso, hay que mencionar la existencia también de "antivalores". O sea, de todo aquello que el individuo o la sociedad consideran como un mal, y lo es en realidad. El apego a las riquezas es un mal para el hombre, porque le impide seguir a Jesucristo y poner en Dios su corazón.
2. Características del valor superior. En primer lugar, el valor superior explica todos los demás y les da sentido y plenitud. El amor a Dios como valor supremo no se opone al valor de los bienes materiales, ni al de la salud ni al de la belleza. Dios quiere que el hombre cuente con los medios necesarios para su vida, cuide su salud y la belleza de su figura. De esta manera, los bienes materiales no son sólo valores económicos, ni la salud y la belleza son sólo valores vitales, sino que adquieren una plenitud que en sí no tienen: forman parte del designio de Dios para con el hombre. La Palabra de Dios y su autoridad no se oponen a la autoridad y palabra de los padres, educadores, gobernantes; más bien, infunde en ellas una fuerza y eficacia que en sí no poseen. En segundo lugar, es Dios quien ilumina la inteligencia humana para ver cuál es el valor superior entre una serie de valores y cómo se ordenan esos valores entre ellos. El hombre a solas, sin la iluminación de Dios, corre el riesgo de construir jerarquías erradas. La primera lectura, por eso, comienza precisamente así: "Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría". En tercer lugar, el verdadero valor siempre termina recompensando con frutos buenos sea para el individuo sea para la sociedad. "Con ella me vinieron a la vez todos los bienes", dice la Sabiduría. Y Jesús responde a Pedro, que representa a los Doce: "Nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno ahora al presente... y en el mundo venidero la vida eterna".
Sugerencias Pastorales
1. Donde está tu valor, ahí está tu corazón. Los valores que rigen la vida de una persona o de una sociedad son el índice de su categoría humana y cristiana. Actualmente, hay algo en nuestro ambiente que nos debe hacer reflexionar: en las estadísticas sobre los intereses y valores de los ciudadanos, ¿cuáles son los valores que más interesan y preocupan? En muchísimos, la salud; en otros muchos, el trabajo; no pocos se muestran preocupados también por el ambiente. Luego vienen los demás. ¿Nos damos cuenta de que en una recta escala de valores no son éstos precisamente los que ocupan el vértice? Al contrario, son valores económicos, vitales, que están en la base de la pirámide jerárquica. Ahora bien, donde están tus valores, ahí está tu corazón, es decir, toda tu persona (inteligencia, voluntad, afectividad, sensibilidad). Vales lo que valen tus valores. Si tu valor predominante es la salud, en cuyo altar sacrificas los demás valores, tu categoría humana y cristiana será más bien baja. Si tu valor predominante es Dios, entonces te elevas a una grande categoría humana y cristiana que se reflejará luego en tu vida moral, en tu trabajo, en tu familia, en el mismo cuidado de tu salud. Tengamos esto muy presente: Dios como valor supremo nos impide despreciar los demás valores; más aún, nos manda positivamente estimarlos, cuidarlos, buscarlos ordenadamente. Dios como valor supremo es la máxima riqueza del hombre.
2. Se vive de valores. No es indiferente para los hombres y para los pueblos el que predominen unos u otros valores. Primero, porque los valores influyen y conforman la mentalidad de un individuo o de un grupo. Pero sobre todo porque los valores determinan la vida. Vivirás según que sean tus valores. Si tus valores predominantes son los vitales, todas tus actividades estarán determinadas por ellos, es decir, por una buena salud y un ambiente sano. ¿Para qué se trabaja? Para contar con medios que permitan estar en forma. ¿Para qué se reza? Para pedir a Dios salud. ¿Por qué se evita la droga, el alcohol, el tabaco? No por el desorden moral que implican, sino porque perjudican la salud. ¿Por qué partido se vota? Por aquel que asegure el mejoramiento de la sanidad y del ambiente. La salud se convierte en el eje a cuyo alrededor gira todo lo demás en la vida, y a cuyo valor se sacrifica cualquier otro valor. ¿Cuáles son los valores que gobiernan y dirigen tu vida? En tu medio ambiente (familiar, parroquial, comunitario), ¿cuáles son los valores supremos? ¿Qué puedes hacer para que los valores religiosos sean cada vez más en ti y en tus amigos, familiares, compañeros de clase o de trabajo, los valores que tengan el primer puesto en la escala de valores?




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