Publicado por Entra y Verás
Explicar el misterio de la encarnación no implica necesariamente enfrascarse en altas discusiones teológicas. A veces es necesario ser capaces de multiplicar por lo simple y lo cercano para poder plantarnos cara a cara con el Misterio.
Podemos dedicarnos a emborronar muchas hojas para explicar a un no creyente porque los que lo somos nos encontramos hoy alegres. Seguramente en pocos segundos estaríamos sumergidos en la letra pequeña de los manuales teológicos disparando a discreción conceptos y definiciones. Puede que llegásemos a ser convincentes o que le causáramos un colapso mental semejante a la digestión del ganador de un concurso de cocido madrileño.
Para entender la historia de Dios con los hombres tenemos que ser capaces de realizar una operación matemática que no consiste en otra cosa que en multiplicar por lo simple, por lo sencillo, por lo cercano. Esos son los peldaños que nos permiten escalar hasta la altura más sublime donde la elucubración se convierte en un tú a Tú que ensancha el corazón y tranquiliza el ánimo.
Por tanto, si afirmamos convencidos que en un momento determinado de la historia Dios se hizo de los nuestros, el único camino por el que podemos entender el significado de ese, para los creyentes, maravilloso acontecimiento es mirar alrededor y quedarnos con lo mejor de quienes tenemos al lado.
La magia de la Navidad no deja ser una ñoñería mayúscula si no somos capaces de reconocer que Dios se ha hecho de los nuestros. Para los no creyentes estos días no hay nada que celebrar porque se quedan con los efectos sin atender a la causa. Si lo que se quiere es desgastar la maltrecha tarjeta de crédito que se diga pero no sigamos vendiendo la moto. Por más secularizada que esté, por más afónico que esté el gallo de la medianoche esta es una fiesta en la que podemos encontrar sentido y significado al porqué del amor entre unos y otros, que va mucho más allá del número de regalos que se reciben.
Si quieres mirar a los ojos a Dios no lo busques por las nubes, ni siquiera en el sol. Agáchate, el corazón de quien tienes al lado te está dando la señal de que acaba de nacer y que necesita de tu cariño y tu calor. Esa es la fórmula de la ternura y del amor absoluto que difícilmente puede describirse con palabras de manual teológico sino a fuerza de caricias y atenciones.
Esa es la Navidad, que deseo sea muy feliz para ti y los tuyos.
Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)
Podemos dedicarnos a emborronar muchas hojas para explicar a un no creyente porque los que lo somos nos encontramos hoy alegres. Seguramente en pocos segundos estaríamos sumergidos en la letra pequeña de los manuales teológicos disparando a discreción conceptos y definiciones. Puede que llegásemos a ser convincentes o que le causáramos un colapso mental semejante a la digestión del ganador de un concurso de cocido madrileño.
Para entender la historia de Dios con los hombres tenemos que ser capaces de realizar una operación matemática que no consiste en otra cosa que en multiplicar por lo simple, por lo sencillo, por lo cercano. Esos son los peldaños que nos permiten escalar hasta la altura más sublime donde la elucubración se convierte en un tú a Tú que ensancha el corazón y tranquiliza el ánimo.
Por tanto, si afirmamos convencidos que en un momento determinado de la historia Dios se hizo de los nuestros, el único camino por el que podemos entender el significado de ese, para los creyentes, maravilloso acontecimiento es mirar alrededor y quedarnos con lo mejor de quienes tenemos al lado.
La magia de la Navidad no deja ser una ñoñería mayúscula si no somos capaces de reconocer que Dios se ha hecho de los nuestros. Para los no creyentes estos días no hay nada que celebrar porque se quedan con los efectos sin atender a la causa. Si lo que se quiere es desgastar la maltrecha tarjeta de crédito que se diga pero no sigamos vendiendo la moto. Por más secularizada que esté, por más afónico que esté el gallo de la medianoche esta es una fiesta en la que podemos encontrar sentido y significado al porqué del amor entre unos y otros, que va mucho más allá del número de regalos que se reciben.
Si quieres mirar a los ojos a Dios no lo busques por las nubes, ni siquiera en el sol. Agáchate, el corazón de quien tienes al lado te está dando la señal de que acaba de nacer y que necesita de tu cariño y tu calor. Esa es la fórmula de la ternura y del amor absoluto que difícilmente puede describirse con palabras de manual teológico sino a fuerza de caricias y atenciones.
Esa es la Navidad, que deseo sea muy feliz para ti y los tuyos.
Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)





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