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martes, 22 de febrero de 2011

VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A: No os agobiéis por el mañana



● Ruego por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor.
● Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.
● Leo el texto. Después contemplo y subrayo.
● Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otras personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... ¿Qué testimonio recibo de personas que buscan, ante todo, el Reino de Dios y su justicia, su voluntad?
● Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio... ¿soy consciente de mis necesidades? ¿O me creo autosuficiente?
● Llamadas que me hace -nos hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso.
● Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

“SEGUROS PARA TODO”

VER

Solemos contratar alguna póliza de seguro para cubrir las posibles contingencias que puedan surgirnos en nuestra vida diaria: tenemos seguros para todo: seguros de automóvil, seguros del hogar, seguros de enfermedad, seguros de vida, seguros de decesos... El adjetivo “seguro” significa “libre y exento de todo peligro, daño o riesgo”, y necesitamos sentirnos lo más “seguros” que podamos para desarrollar con normalidad nuestra vida. Pero cuando a pesar de tener tantos seguros surge alguna circunstancia que no cubren o no pueden cubrir, nos sentimos agobiados y desamparados, o como decimos coloquialmente: “Dejados de la mano de Dios”.

JUZGAR

Es cierto que necesitamos “seguros”, unas veces porque lo exige la ley, como en el caso de los automóviles, y otras veces porque es conveniente. Pero aunque las compañías aseguradoras digan lo contrario en su publicidad, la seguridad en nuestra vida no puede depender de tener pólizas de seguro “para todo”. Como creyentes, nuestra seguridad viene de Dios, y hoy la Palabra de Dios nos lo recuerda para que nunca nos sintamos “dejados de la mano de Dios”.

Aunque en algún momento nos sintamos así, como hemos escuchado en la 1ª lectura: «Sión decía: “Me ha abandonado el Señor...”», el profeta Isaías nos transmite la respuesta de Dios: «¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré».

Con esta comparación, Isaías nos dice que aunque en algún momento lleguemos a sentir el mayor de los desamparos, como si fuéramos un hijo a quien su madre ha olvidado, Dios nunca nos olvida, ni nos va a olvidar. Y en esta promesa debemos fundamentar nuestra seguridad.

Y Jesús completa las palabras del profeta ampliándolas a todo aquello que, sobre todo en estos tiempos de crisis, nos produce agobio e inseguridad: «No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir». Jesús no está haciendo un llamamiento a la despreocupación irresponsable; lo que nos pide es que esos temas no nos agobien, es decir, no nos llenen de angustia y sufrimiento, porque «ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso».

Si llamamos a Dios “Padre”, seamos consecuentes y confiemos en Él, porque como afirmó Jesús en otro momento: «si vosotros...sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!» (Mt 7, 11).

El Dios que Jesús nos ha revelado como Padre es el “seguro” que necesitamos para sentirnos verdaderamente “seguros” y desarrollar nuestra vida cotidiana, los momentos buenos y los momentos difíciles, sin sentirnos nunca “dejados de la mano de Dios”. Dios es el “seguro” que nos hace sentir “seguros para todo”, no porque seamos invulnerables o tengamos una protección especial ante cualquier tipo de peligro, daño o riesgo, sino porque teniendo ese “seguro”, ya podemos hacer lo que Jesús nos pedía: «Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia».

En eso podemos y debemos centrarnos, porque si buscamos el Reino de Dios, si vamos progresando en el camino de las Bienaventuranzas, como veíamos hace un par de domingos, estaremos formando esa masa de gente anónima que, callada, discreta y humildemente, aportan mucho positivo a la sociedad mostrando que “otro estilo de vivir es posible”, el estilo de vida de las Bienaventuranzas es posible, y por eso «lo demás se os dará por añadidura».

ACTUAR

La Palabra de Dios nos plantea hoy un reto difícil: la confianza en Dios. Podemos preguntarnos: ¿Cuántas pólizas de seguro tengo? ¿Por qué? ¿En alguna ocasión me he sentido “dejado de la mano de Dios”? ¿Hay algo que actualmente me haga estar agobiado? ¿La fe en Dios me hace sentir “seguro”? ¿Busco el Reino de Dios, confiando en que lo demás se me dará por añadidura?

Para sentirnos “seguros para todo” en la vida, necesitamos “renovar nuestra póliza” con Dios. Y esto lo hacemos en la oración, en la formación, en la Eucaristía, en la Reconciliación... Son los medios por los que aprendemos a confiar en Dios, y desde esa confianza buscar su Reino, con la certeza de que, venga lo que venga en la vida, nuestro Padre nunca se va a olvidar de nosotros.