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domingo, 30 de octubre de 2011

1 de Noviembre, Fiesta de Todos los Santos (Mt 5,1-12a): Yo quiero Señor ser uno de ellos



Queridos amigos:

Hoy es el día de todos los santos. ”Yo quiero Señor ser uno de ellos”, cantaba Louis Amstrong, con aquella voz inimitable. Es un deseo: ser contados entre los bienaventurados. Nadie quiere estar lejos del amor de Dios ni privarse de pertenecer a ese grupo. Hacerlo, sería como decir que rechazamos el amor.
¿Quién es capaz de rechazar el amor incondicional de alguien cuando es el proyecto más importante que alberga el corazón humano? En lo profundo, todos queremos ser Santos. De hecho, lo somos de alguna manera.
Toda persona es un auténtico héroe, que lucha, que llora, que sufre, que pasa hambres de muchos tipos, que es perseguida o contrariada, que es capaz de ser misericordiosa y poner su corazón en la pobreza de los demás. “Yo quiero ser uno de ellos”. Quiero ser contado entre los que intentan, con temor y temblor, vivir respondiendo a un amor más grande. La santidad es un proyecto y, a la vez, una gracia concedida. Estamos llamados a la santidad, nos dicen. Y podemos tender hacia ella porque el que es verdaderamente Santo nos atrae y nos lleva, aun en medio de muchos pecados. Nadie ama el pecado ni vive queriéndolo en su vida.
Nadie vive de espaldas a Dios y al amor a sabiendas, absolutamente, como a veces nos juzgan los impuros ojos humanos. Puede ser que, equivocadamente o inconscientemente, pequemos y nos olvidemos de Dios. La libertad que Dios nos ha dado permitiría incluso la posibilidad de pecar a conciencia, pero, en el fondo, quizá no sea ni posible. Lo que sí parece claro es que eso no es lo importante. Lo más verdadero no es nuestra libertad, sino su fidelidad. Dios ha querido ser libremente fiel a su alianza y no abandonarnos al mal. Por eso, conscientes de que contamos con la parte que Él pone, confiamos en su misericordia, en su bienaventuranza, en que somos contados entre los que forman parte de ese grupo en marcha. El Señor nos invita hoy a aunar nuestras voluntades. La nuestra con la suya. Dejarlas confluir. Este es el gran proyecto de la santidad: ser cada vez más como el Señor nos quiere. Que nuestra voluntad sea hacer la suya. Comunión de voluntades… comunión de los Santos: un grupo en marcha en el que tú y yo, por su gran amor, tenemos un lugar.