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sábado, 12 de noviembre de 2011

Dom 13 XI 11 Tesoro de Dios, talentos de los hombres


Publicado por El Blog de X. Pikaza

Dom 33. Ciclo ordinario. Mt 25, 14-30. El evangelio de hoy es un texto inquietante, exigente y duro, en su forma parabólica, tanto en esta versión de Mateo, como, sobre todo, en la Lc 19, 11-27, que en lugar de talentos habla de “minas”.

-- El talento era la máxima moneda del oriente, moneda legendaria, y equivalía en Grecia a 21 con seis quilos de plata (aunque había variantes). Así la economía de los pequeños reinos tributarios de Roma se medía en talentos de impuestos y renta anual. Así a la muerte de Herodes, la renta anual del reino de Arquelao era de 600 talentos y la de Antipas de 200.

--Lucas habla de minas (unidad de peso y moneda que equivalí, más o menos, a un kilo de oro o de plata, según los casos). De esa manera rebaja la cuantía del dinero que el rico da a los siervos, pues en su contexto los “aspirantes” reales parecen tener menos riqueza que los de la familia de Herodes, aunque son igualmente sanguinarios (o quizá más)


Sea como fuere, la parábola nos habla de un “hombre rico” que marcha de viaje y deja a sus amigos/siervos su tesoro, para que lo administren. En el fondo se encuentra como he dicho la imagen de los herodianos que iban con frecuencia a Roma, para negociar la adquisición de reinos y/o de principados, teniendo que encargar la administración de sus bienes a funcionarios más o menos inteligentes (y en general poco escrupulosos).

Evidentemente, ese hombre-rico (rey) no es Dios, como se ha solido pensar (sobre todo en la versión de Lucas, más cercana al original, donde ese rico/rey es un tirano redomado). Mateo ha “dulcificado” la parábola, pero tampoco el hombre rico es Dios (el Dios del Sermón de la Montaña). Pero su figura sirve para hacer que pensemos, y así queremos pensar, en nuestras circunstancias (Europa 2011), con “hombre ricos” (riquísimos) que reciben el dinero público y, en general, lo malgasta. No olvidemos que se trata de una parábola y que cada uno debe situarse ante ella, en actitud de escucha y diálogo.

Parábola de los talentos (Mt 25,14-30)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.]

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

[Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Reflexiones para seguir pensando:

a. Ésta es una parábola… no un texto de teoría, una doctrina. Es una parábola para pensar y comprometerse, para descubrir la vida como una fuerte tarea, o como un “don” que debemos recibir agradecidos, queriendo que “produzca fruto”, sin miedo. . En un primer momento, podemos pensar que el amo no es Dios (sobre todo por el final, cuando “castiga” al siervo holgazán de una forma extrema). Repito, el texto es una parábola, un espejo de la vida… Y para situarnos ante la tarea de nuestra “administración”, Jesús acude a la imagen de un “rico” (aspirante a reyezuelo) que deja su tesoro en manos de administradores, para que le produzcan más dinero.

b. La vida es un don… que no puede compararse con dinero… Por eso, la parábola en sí parece ir en contra de todo el mensaje de Jesús, dirigido a los pobres, mensaje de vida amorosa, de puro regalo. Pero hay en la vida un elemento que también puede compararse al dinero: Nos han dado lo que somos y tenemos, de manera que es nuestro, siendo del “amo” (¿de otros hombres? ¿de Dios?) de manera que debemos administrarlo, administrar la vida, para que produzca, sin miedo… En ese sentido, podemos decir que todo es nuestro, pero es nustro para que lo desarrollemos, al servicio de los demás. Ésta es una parábola abierta a la “creatividad”, al gesto positivo de la entrega, al servicio de la vida, sin miedo, sin segundas intenciones.

c. Parábola injusta. En un sentido, esta parábola es para gente “fuerte”, con responsabilidades, que se siente capaz de “producir”. Es u texto para ejecutivos decididos, agresivos… que en general suelen aplicar unos métodos poco caritativos (e incluso poco justos) para amasar dinero. Es parábola para grandes banqueros, para multinacionales sin conciencia… sin más finalidad que el ganar y el ganar, aunque se hundan países enteros, con sus pobres, como Grecia (o los PIIGS en su conjunto), es decir, nosotros, la gente de la calle.

d. Es una parábola, no se puede aplicar a los más débiles, a la mayoría de los que están aplastados en el mundo, exigiéndoles que produzcan, y midiendo la producción en términos utilitarios. No es una parábola para gente triste, para enfermos mentales, para pobres prostitutas de segunda, para publicanos que no llegan a fin de mes. No es parábola para depresivos, es decir, para gran parte de nosotros…Entendida desde la perspectiva de la pura producción externa esta parábola en contra de otros rasgos del evangelio.

e. Por eso tenemos que crear una anti-parábola. El tesoro (los talentos verdaderos de la vida, el “aceite” de las buenas muchachas, los millones de alma de los que dan de comer y beber a los otros….) no son algo que se mide en términos pecuniarios. El valor del hombre (el ser humano), su talento, es la vida como tal, la capacidad de recibir amor y de ofrecerlo y compartirlo. En este sentido, producir es simplemente ser, dejarse amar, producir es simplemente vivir en amor. Es evidente que Jesús nos estaría guiñando el ojos y nos diría que no se trata de “producir” talentos de dinero, sino el talento más hondo de la vida, el “tesoro” del cielo, al que él solía aludir, que es tesoro en amigos, en humanidad (como el evangelio de Lucas ha puesto de relieve en el entorno de esta parábola).

f. Protestar contra la parábola. Producir, es decir, ser con amor. ¿Para quién se produce? No, Jesús no quiere que produzcamos para el amo egoísta y austero en el que piensa el tercer “siervo” de la parábola. Dios no es austero ni egoísta. Dios es “don” que se ofrece, se comparte… Dios nos pide que seamos y despleguemos vida, por el placer de ser y de dar… Y por el gozo de compartir lo que hemos recibido con los demás. Por eso, tenemos que protestar contra la parábola.

g. Pero, al fin, la parábola tiene un elemento positivo… Ella nos anima a ser lo que somos, a no enterrar el talento del amor, a no dejarnos vencer por el miedo… Ésta es la parábola de un Jesús que nos dice, en medio de la tormenta, que “no temamos”, la parábola de un Jesús que nos dice que nos ha dado millones de cielo… y que debemos ser no sólo agradecidos, sino generosos, por nosotros mismos, por los otros… No, no tenemos sólo unos cientos de quilos de plata… Tenemos miles y millones de vida, la vida de Dios, en el fondo del alma, en el corazón, en los ojos y en las manos. Que vivamos sin miedo, eso quiera la parábola

h. Pasar de los talentos (el oro del aspirante real o del Estado… en general administrados de un modo egoísta) al Talento (que es la buena inteligencia), y en especial al talento del Corazón (talento del Reino), al servicio de la “humanidad de Dios”. Jesús ha debido explicar y aplicar esta parábola en claves de talento del corazón, es decir, de riqueza suprema del Reino... haciendo que sus oyentes reflexiones sobre el uso de los talentos que reciben los siervos de los grandes reyes del mundo,para negociar con ellos, al servicio del rico sistema monetario.

Otros finales.

Las parábolas de Jesús no son textos “terminados”, con una conclusión definida. Son más bien textos abiertos, que pueden entenderse y recrearse de diversas formas. En esa línea, esta parábola puede entenderse desde varias perspectivas.

1. Primer final. El que todo lo ha perdido, siervo con deudas.

Supongamos que llega al fin un cuarto siervo a quien el Señor le había dado tres talentos (o cinco, si se quiere). Viene fatigado y triste y, humillándose ante el amo, le dijo: “Señor, tres talentos me diste y fui a comerciar con ellos, pero no he tenido suerte… No soy hombre de negocios y, además, los tiempos son adversos. Tú sabes que hay una fuerte recesión, me han engañado, me salieron mal las cuentas… de manera que no sólo no puedo traerte nada, sino que vengo muchas deudas… Aquí las tienes Señor, mira los papeles… Me voy corriendo, no quiero que las pagues tú, porque me siguen los acreedores… Déjame Señor. Quiero seguir trabajando por ti…

Pregunta: ¿Qué hará el amo con este siervo cargado de deudas…? ¿Podrá perdonarle como dice el Padrenuestro que perdona a los que piden: Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

2. Segundo final: El que todo lo ha dado.

Llegó además otro criado, que parecía el último, también fuera de tiempo. Llegó seguido por mucha gente, que le seguía pidiendo… Vino andrajoso, sin nada, rodeado de niños y de pobres, con gentes de vida dudosa y dijo al amo…

Mira, Señor, tú me diste cien talentos. Ya sé que es mucho, más que lo que diste a nadie. Pero los pobres del mundo son más. Fui por ahí y los repartí todos. He montado algunos negocios, pero toda la ganancia he vuelto a darla a los pobres… Esta en eso cuando oí que nos llamabas… Debo tener gente que me debe cosas por ahí, pero aquí, mío, no tengo nada. Tengo que decirte que no me ha llegado el dinero, pues lo pobres de la tierra son infinitos. Por eso me siguen a todas partes, pensando que tengo más. Te los traigo, para que tú veas lo que se puede hacer con ellos…

¿Cómo responderá el amo??

3. Cuarto final. El capitalista triunfante

Al final del final llego otro, un tipo que parecía muy sabio, en un coche de lujo, rodeado de administradores y criados y dijo al am o:

Levanté unas fábricas con aquello que me diste… dirigí negocios, he creado capitales… Al final, en estos últimos años, he montado bancos, grandes empresas de seguros y, sobre todo, financiarías… Sí, es lo que tengo… Deben ser muchos millones de millones. Tú sabes que el mundo está en crisis, Señor Amo, sabes que hay millones de pobres. Pero yo he querido asegurar el capital y lo tengo asegurado, para ti… No llevo aquí dinero conmigo, pero está mi lado el gran administrador, que se reúne la semana que viene, con unos tipos llamados de la G7 o de la G8, con los bancos de la Comunidad Europea y los empresarios de América del Norte… y también con muchos chinos. Tengo, tenemos mucho dinero… Yo no estoy entre los PIIGS, no soy como los griegos que parecen haber malgastado su dinero… Si, ellos han empobrecido, pero yo tengo millones y millons… ¿Cuánto quieres que te dé?

¿Qué dirá el amo? ¿Guárdate los millones donde puedas…?

4. Aplicación para políticos, en tiempo de elecciones

Estamos en un país (Estado Español) donde los candidatos piden talentos, mucho dinero, el dinero de las arcas, para administrarlo. Dicen que lo harán bien, que lograrán muchos más millones, salir de la crisis… Imaginemos que un político de turno, Raxoy o Rubalcaba, Erkoreka o Mas, con Lara y muchos otros, viene ante Jesús y le pide que explique la parábola.

¿Qué respondería Jesús?

5. Otros posibles finales, para los lectores

RESUMEN (para lectores de Mt, en la línea de post de ayer)

1. Mt 25, 1-13. Parábola de las “diez vírgenes”. La primera riqueza riqueza es “aceite”, luz personal (vírgenes necias y prudentes: 25, 1-13). La riqueza máxima de las muchachas que esperan al esposo es el aceite de la lámpara: la fe, las buenas obras, la riqueza de la vida personal que alumbra (es luz) ante Dios y ante los otros hombres y mujeres.

Con esa riqueza pueden entrar en las bodas las vírgenes sabias, tras la noche larga de la muerte y de la historia. Pues bien, a diferencia de ellas, las vírgenes necias han dejado gastar el aceite y no tienen dispuesta la lámpara en la hora de las bodas. Irónicamente se les dice que "vayan a comprar" el aceite, pero llegan tarde… Hay una hora importante, que es toda la vida… No se puede dejar la solución de los problemas para “luego”, después de la muerte, cuando ya no han tiendas donde puede comprarse.

Supone la parábola que estas vírgenes necias tienen dinero (quizá todo el dinero del mundo), pero ya no puedan salir en la noche y buscar en las tiendas... pues con la muerte termina el valor del dinero y ya nada puede comprarse, cuando los hombres despiertan en el más allá donde sólo queda el amor, que es el aceite de la lámpara. Casi todo se puede comprar en el mundo, pero a Dios no se le puede comprar, ni el aceite de la vida eterna es objeto de compra.

2. Mt 25, 14-30. Parábola de los talentos. El capítulo sigue con la parábola del dinero (o, mejor dicho, de las dotes personales) que sirve para producir dinero (para desarrollar la vida) De la luz de la lámpara que Dios ha ofrecido a los humanos para que la cuiden pasamos a los talentos que recibe cada uno, para administrarlos, al servicio del amo (es decir, de la vida). Culminan así las parábolas monetarias del evangelio. Las anteriores (18, 21-35; 20, 1-16: propias de Mt) destacaban paradójicamente la gratuidad y el perdón, en términos económicos. Esta, tomada de la tradición del Q (cf. Lc 19, 11-27) pone de relieve la responsabilidad del hombre ante el juicio de Dios.

La vida es como un capital (un dinero) que se nos ha confiado y debemos ponerlo en rendimiento. Es válido el tema en clave de responsabilidad, pero el simbolismo del dinero resulta duro, poco abierto a la ternura y a la misericordia de Dios que ha revelado Cristo. Este Dios de los talentos (Dios del dinero) no parece salvador, sino dueño duro de un duro negocio que pasa revista a sus siervos.

3. Parábola de las ovejas y las cabras. Mt 25 acaba con la parábola de los “bienes” (casa, comida, libertad…) que sirven para dar de comer: Tuve hambre y me distéis de comer... Más allá del dinero (25, 31-46). Las parábolas anteriores culminan y quedan asumidas en esta, que no habla de dinero sino de solidaridad interhumana.

Ciertamente, esta parábola no condena la riqueza y posesiones (es bueno tener pan y casa, libertad y salud), sino el utilizarlas para el egoísmo propio, dejando en necesidad (con hambre, sin casa) a los que están viviendo a nuestro lado. Dinero o no dinero es secundario, secundaria también la riqueza en cuanto tal... Lo que importa es la solidaridad: el hecho de que hombres y mujeres puedan ayudarse, alimentarse, acogerse, visitarse... El dinero es medio que puede servir para el encuentro interhumano y en ese aspecto es bueno. Pero también puede convertirse en signo de poder, en expresión de egoísmo de algunos, y en ese aspecto es malo