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martes, 27 de diciembre de 2011

Santos Inocentes, niños de ayer y de hoy (28, XII 2011)


Publicado por El blog de X. Pikaza

El 28 de Diciembre, en plena Navidad, la Iglesia ha situado la memoria de los Inocentes, niños/as que, según Mt 2 murieron a causa de Jesús. Éste es en algunos lugares un tiempo de bromas "inocentes". Pero más que las bromas quiero evocar hoy la tragedia de miles y millones de niños inocentes que sufren y mueren, con y como aquellos que murieron "por" Jesús, en la Primera Navidad, según Mateo.
El Evangelio les presenta como inocentes asesinados, víctimas de una sociedad (un rey) que para mantenerse en el poder mató a niños sin culpa, el último eslabón de una cadena de violencia y terror homicida.
Entre los inocentes muertos por (con) Jesús están los niños del Holocausto nazi (como el del pijama de rayas de la imagen)y los niños de todos los holocaustos actuales, que mueren de hambre o son asesinados, seducidos, pervertidos… o no logran nacer, por egoísmo ajeno. Pero no quiero hablar hoy de los no-nacidos, sino de aquellos que son asesinados, humillados, abandonados tras haber nacido.

Principio: el texto del evangelio (Mt 2)

Según el texto (Mt 2) los Magos de Oriente han venido buscando a Jesús, Rey de los judíos, y le han ofrecido sus dones en Belén, ciudad de las promesas, marchando otra vez a sus tierras, sin dar cuanta al rey Herodes de aquello que han visto. Entonces, el rey, sobresaltado y lleno de miedo, temiendo la llegada de un competidor real, han mandado matar a los niños de la ciudad:

Herodes, al verse burlado por los magos, se enojó sobremanera y mandó matar a todos los niños varones en Belén y en todos sus alrededores, de dos años de edad para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los magos.
Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías, diciendo:

Una voz se oyó en Ramá;
grande llanto y lamentación.
Raquel lloraba por sus hijos,
y no quería ser consolada,
porque habían perecido(Mt 2, 16-18).

Este pasaje y todo el capítulo segundo de Mateo (Mt 2), con la adoración de los pastores, la huida a Egipto y la vuelta a Galilea, puede entenderse como un midrash edificante, que interpreta la infancia de Jesús con motivos que recuerdan la infancia de Moisés (Ex 1-2) y el conjunto del libro del Éxodo. Mateo no cuenta aquí un hecho aislado de la infancia de Jesús (que pudo haber nacido en Nazaret), sino una historia de muerte de niños e inocentes:

– Reyes y estados del mundo, para mantener su poder (por cuestiones de “seguridad nacional”), han matado y siguen matando a los más inocentes.

– Los sistemas económicos (el capitalismo financiero del momento actual) han matado y siguen matando a millones de inocentes (quizá unos 20.000 mil niños cada día).

– Muchos hombres y mujeres seducen, violan, torturan, maltratan, utilizan… e incluso matan a los inocentes, especialmente a los niños, por razones de diverso tipo (siempre por egoísmo e interés).

– Los mismos principios familiares y “religiosos” han contribuido a veces al maltrato de los inocentes, como en el caso de un tipo de pederastia familiar o de grupos religiosos, incluso cristianos.

Un tema actual

Desde esa perspectiva, este relato no cuenta algo que pasó sólo una vez, en tiempos del mal Herodes, algo que ahora no sucede, sino que lo contrario: Mateo 2, con el relato de la muerte de los inocentes, está contando nuestra historia, de occidentales y capitalistas, que vivimos y crecemos (reinamos) dejando morir o matando a los niños de otras partes del mundo, porque pensamos (o dejamos que los políticos y los economistas piensen) que, si esos niños de Belén (del mundo entero) crecieran y triunfaran, serían una amenaza para nuestro bienestar.

Herodes no es un rey que pasó; nuestra misma sociedad se ha vuelto Herodes. La muerte de millones de inocentes ha venido convertirse en garantía de nuestra prosperidad de reyes del mundo (de tiranos).

De esa forma, el evangelio de Mateo ha trazado, en el entorno del nacimiento y la infancia de Jesús, una de las “historias” más lúcidas y sangrantes sobre la violencia humana. Sin duda, en el fondo del relato hay un recuerdo de la historia de Herodes que, en los últimos años de su vida, enfermo de terrores, mandó matar a casi todos aquellos niños o mayores (en especial de su familia) que podían alzar algún tipo de amenaza en contra de su TRONO DIVINO. Pero Herodes no fue una excepción: el evangelio sabe que, para mantenerse en el poder, los tiranos e imperios de este (los sistemas económicos…) han mandado matar o han hecho morir a sus opositores (incluso a los niños).

Se conocía la historia. Vale más un cerdo que un niño

Por mantener su reino, Herodes debe matar a sus posibles competidores, es decir, a todos los niños de Belén y de su entorno, suscitando así el llanto sin remedio de Raquel, la madre del viejo José, patriarca israelita (cf. Mt 2, 16-18). Mateo evoca de esa forma una historia bien conocida, que Flavio Josefo ha contado al detalle.

Para liberarse de sus opositores, Herodes, de manera que se decía que era preferible ser un cerdo (hys) en su caso que un hijo (huios), porque un cerdo podía librarse más fácilmente de la muerte que un hijo. Ésa es una historia verdadera: Los cerdos de los países ricos valen más (están mejor cuidados) que los niños de muchos países pobres. Además, en general, a los cerdos (menos en España, con eso de la “ley” del cochinillo) se les mata cuando engordan… A los niños, en cambio, se les deja morir incluso antes de que puedan engordar.

Esta es la tragedia que el evangelio ha evocado escuchando en el entorno de Belén el lamento de la Madre Raquel que llora a sus hijos muertos. Entre esos niños muertos ha nacido Jesús (que debía haber muerto también, pero al que Dios ha librado para que protestara contra todos los niños muertos, para que muriera por y con ellos).

Estos inocentes de Belén sido los primeros testigos de Jesús , los primeros “santos” de su evangelio, “santos inocentes”, millones y millones que mueren en el mundo como víctimas de la violencia política, social e, incluso, religiosa. Herodes quiso matar a todos los niños “inocentes”, pero no logró matar a Jesús, el verdadero Mesías. Este hecho plantea una pregunta durísima a la historia de los hombres: ¿Por qué mueren los inocentes? ¿Por qué se salvó entonces Jesús?

Ampliación: Los inocentes de Belén, una historia realísima

En sentido etimológico, inocente (in-noccens) es el que no puede dañar (nocere) a los demás. Esa palabra no evoca, por tanto, una virtud moral, un tipo de piedad personal, sino una condición humana. Inocentes son que no pueden hacer daño, sea por edad (niños), por condición mental (enajenados, locos) o por opresión social (marginados y explotados: condenados a trabajos formados, muchas prostitutas y pobres). En ese aspecto, la inocencia es un tipo de impotencia.

En casi todos los códigos morales de los pueblos antiguos se traza el mandamiento supremo de “no dañar” a los inocentes, es decir, a los que no pueden dañar a los demás. Así recoge la Biblia en sus textos más antiguos (del Éxodo y del Deuteronomio) una ley que protege a los niños, viudas y extranjeros, protegiendo también, y defendiendo, a los ciegos y cojos, a los locos enfermos. A pesar de eso, desde los tiempos más antiguos, la humanidad triunfante ha elevado su poder matando a los inocentes.

El tema y sentido (sin-sentido) de la muerte de los inocentes constituye uno de los enigmas siniestros de la humanidad y así lo han recogido algunos de los textos fundamentales de la Biblia (por seguir en la línea de la cultura israelita). El “siervo de Dios” del Segundo Isaías (Is 41-55) es un inocente al que se mata precisamente por serlo, por ser partidario de la paz y no violencia. También resulta impresionante el relato de la persecución y muerte de los inocentes del libro de la Sabiduría (Sab 2).

En ese contexto se inscribe la muerte de los inocentes de Belén, que mueren en lugar de Jesús y con Jesús. Ciertamente, Jesús también era inocente y así subió a Jerusalén sin armas, siendo condenado a muerte como “políticamente peligroso”.

Jesús representaba un peligro, pues había proclamado un mensaje lleno de amenazas y podía “suscitar una revuelta” en el pueblo. Por eso, su muerte se entiende más fácilmente. Pero los niños ¿cómo se entiende su muerte?

Jesús podía ser un peligro, pero ¿estos niños? Ciertamente, los niños de Belén de Mt 2 son inocentes (y parecen incapaces de hacer daño a nadie), pero, a los ojos del tirano de turno o del sistema ellos pueden acabar siendo un peligro, lo mismo que los niños hebreos de Egipto a quienes mandaba matar el faraón (según Ex 1-2) para que no crecieran, para que no pudieran ser un día una amenaza para el orden de Egipto. También Herodes mata a los niños porque pueden crecer y elevar una pretensión “regia” en contra de él.

Aplicación. Los inocentes actuales

Según la visión de Mt 2, Jesús no ha muerto aislado, sino que con él (y en el fondo por él) han muerto y siguen muriendo los “santos inocentes”. Ellos son las verdaderas víctimas que sostienen este mundo. Será bueno que en esta Navidad hagamos una lista de inocentes, es decir, de personas que no pueden dañar y que, sin embargo, de un modo o de otro, terminan siendo víctimas del sistema. Voy a evocar algunos casos, sin ofrecer, en modo alguno, una lista completa, limitándome a los niños:

Los que mueren (son matados) antes de nacer. No es fácil saber cuándo empieza a existir un nuevo ser humano, en el vientre de su madre. Sea cual fuere ese momento (en la concepción, a las primeras semanas, a los tres meses…), hay un momento en que el “embrión” es ser humano y matarle es matar a un inocente (con Jesús).

Los niños abandonados por su familia, niños de la calle, en los suburbios de las grandes ciudades del tercer mundo, víctimas de la desintegración familiar y de la pobreza, dentro de un mundo que no ofrece lugar para ellos.

Los niños carentes de cariño… Niños que son víctimas de una sociedad que no tiene tiempo para ellos, tiempo de familia, de cercanía personal, de cuidado directo… No hace falta matar, como se dice que hizo Herodes. Basta con introducir a los niños en nuestras neurosis de mayores para que ellos nazcan y crezcan en un clima de violencia e inseguridad que después condenamos en ellos.

Los niños que mueren de hambre, en manos de madres o padres impotentes, dentro de un mundo donde el exceso de alimentos y riqueza de algunos condena a la muerte de hambre a millones de niños cada año.

Los niños de la guerra, directamente asesinados, abandonados, perdidos. Miles y miles de niños, millones de inocentes, víctimas de la prepotencia del poder de los nuevos Herodes… Ciertamente, muchos políticos dirán que son simples “daños colaterales”. Para el evangelio, ellos son el centro de la historia, compañeros de Jesús.

Los niños, víctimas colaterales… La inmensa mayoría de los políticos y economistas dirán que los niños son “víctimas colaterales”; dirán, incluso, que están dispuestos a construir bombas inteligentes que no maten a los niño, sistemas económicos que respeten a los niños… Pero todo eso son mentiras. Donde se extiende la violencia y la opresión las primeras víctimas son los niños (y las mujeres)

Los niños del tráfico sexual, niños y niñas, condenados al comercio de las organizaciones mafiosas y al turbio placer de los pedófilos de cualquier signo. Ellos, los niños violentados de un modo sexual, ofrecen en la actualidad uno de los rostros negativos más hirientes de la Navidad. Ellos, los niños y niñas de Jesús
¿Otros niños inocentes condenados o asesinados….?. Dejo la lista abierta. Hoy podía ser un día de reflexión sobre todos los niños y niñas que sufren con Jesús: la santa inocencia de Cristo…

¿Por qué?

No tenemos respuesta: no sabemos por qué hay sufrimiento, ni por qué la violencia se extiende de esa forma a los niños inocentes. ¿Por qué ha permitido y permite Dios todo esto? ¿Por qué se ha salvado Jesús y han muerto por él los inocentes de Belén? No hay respuestas hechas, pero podemos evocar quizá algunos motivos:

1. Dios se ha “arriesgado a crear este mundo” y por eso debe tener un sentido, a pesar del sufrimiento de los inocentes. De todas maneras, las preguntas de Dostoievsky (diálogo de El Gran Inquisidor, de los Hermanos Karamazov) y las protestas de Albert Camus (La Peste) siguen estando ahí, sin respuesta teórica. Tampoco tiene respuesta teóricas la muerte de los niños inocentes judíos en la masacre del Holocausto.

2. Jesús, que parece haber empezado librándose de la muerte en Belén, ha muerto por todos y con todos. Según este evangelio (y conforme a la liturgia de la iglesia católica) todos los niños y los inocentes del mundo (muertos en su inocencia, asesinados o no), son “santos”: participan de la vida de Jesús. Carece de sentido “canonizar” a un niño inocente, sería un sarcasmo. El niño (el inocente) es santo porque hay Cristo y porque Cristo ha muerto con todos, por todos… más aún, porque los inocentes han muerto (en Belén) y siguen muriendo en todo el mundo “por Cristo”.

Con esto no respondo, pero dejo abierto un camino en el que puede y debe incluirse el tema de todas las “víctimas” (niños o mayores), a la luz del evangelio. Desde el principio de su historia, Jesús aparece así, en Mt 2, desde la perspectiva de las víctimas. Pero con esto entramos en un tema que hoy dejamos simplemente evocado.