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domingo, 22 de enero de 2012

Domingo III del tiempo ordinario: Brigada de salvamento


Publicado por Entra y Verás

Jamás imaginó que se convertiría en el numero uno de los equipos de salvamento en numero de vidas rescatadas. Era un hombre normal, sin demasiadas habilidades y no muchas letras. Sin embargo su corazón derrochaba generosidad y ganas de ayudar. Por eso no dudó a la hora de enrolarse en un trabajo de riesgo como el suyo pero que, a la vez, produce muchas satisfacciones. Simón, Andrés y el resto de los doce seguro que nunca habían pensado en pertenecer a una brigada de salvamento, ellos eran simples pescadores, pero a partir del encuentro con Jesús se van a convertir en pescadores de hombres.

Pero antes de esta escena, el evangelio nos presenta lo que va a ser a partir de ahora su enseñanza y proyecto: Convertíos y creed en la Buena Noticia. La conversión significa un cambio total en la forma de vivir, en lo que se ha hecho hasta ahora. Y eso no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Jesús pedía un cambio de vida necesario porque el Reino había llegado. No les dice que hagan penitencia ni que se sometan a sacrificios absurdos. Lo que les pide es que abran sus mentes a lo nuevo, al mensaje del Reino.

La escena principal del evangelio evoca la del domingo pasado. Seguir a Jesús no es cumplir normas, ni recibir sacramentos con la misma emoción y entusiasmo que quien recibe un premio de consolación, sino asumir su modo de vida dispuestos a no mirarnos ya a nosotros mismos sino a los otros. El objetivo no es la perfección individual sino el servicio al otro. Sobran demasiados imitadores de Jesús interesados en la santidad de su ombligo, convencidos de que el favor de Dios se gana en el reclinatorio pero, que curioso, a Jesús no le gustaban ni los reclinatorios ni los pelotas. Pasa junto al lago y llama a los primeros discípulos para convertirlos en pescadores de hombres. El mar se consideraba un lugar desconocido que encerraba peligros y tinieblas. Ellos van a ser los encargados de “pescar”, de rescatar a los hombres de esos peligros para conducirlos a la vida, que brota del mensaje del Reino.

Pensémoslo fríamente, Jesús pasa delante de nuestros lagos y nos llama a ser pescadores, rescatadores, mensajeros de felicidad. ¿Por qué tenemos la tentación de mirar para otro lado y no nos convertimos y creemos? En este domingo Jesús también nos llama a nosotros a la conversión, a cambiar de mentalidad, a mover el timón de nuestra vida, a virar buscando los vientos favorables no sólo de nuestros intereses sino los que más convengan. Hace falta audacia para explorar nuevos mares, para abrir nuevas rutas. Vivimos tiempos de carestía. Hacen falta pescadores que sepan dar lo mejor de sí, que por su modo de vida hagan atractivo el mensaje que portan. No se trata ni mucho menos de engañar a nadie pero, nos gusté o no, nuestro mensaje no es atractivo, nos falta gancho, imaginación… Tenemos que ver el seguimiento con gafas de optimismo y no con lupa de rigorismo o de una austeridad esforzada que se nos impone. Mejor desde el evangelio, que nos plantea buenas noticias, que desde el calabozo de las leyes. Desde el don que desde la ascesis heroica; desde la llamada y la invitación y no desde el mérito por haber respondido.

Pescadores de hombres, miembros de la brigada de salvamento, mensajeros de esperanza, alegría y felicidad. Puede que todavía no estemos preparados para asumir esa responsabilidad, que todavía necesitemos conversión. No basta ni el estar bautizado, ni ser creyente, ni ser practicante. La conversión es entrar en un proceso que debe durar toda la vida. . Es hora de ponerse en camino.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)