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sábado, 21 de enero de 2012

Pescados a tiempo


III Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 1,14-20)
Por Diego Fares sj

Contemplación

“Pescadores de hombres” es una metáfora difícil.
Siempre he admirado a los que tienen la gracia de “pescarnos para Jesús”.
Si se mira de afuera pareciera que tiene trampa: pescar a otro, engancharlo…, como que deja un gustito a que no se respeta la libertad. La imagen del pez coleteando desesperado y ensartado en el anzuelo no es para nada marquetinera.

Y sin embargo, muchos de los que vivimos desde adentro el haber sido pescados para Cristo (no lo digo de todo el mundo pero sí personalmente y también de muchos otros que conozco), agradeceremos eternamente a aquel que se animó a echarnos el ojo, mostrarnos el anzuelo y pegar el tirón que nos sacó de nuestro mar de cavilaciones y nos metió de cabeza en una misión del reino de la cual nos enamoramos y ya no volvimos más atrás.

Meditando la dificultad de la metáfora – no queda bien esto de ser “pescado”, más bien el mensaje debe ser confirmarle a cada uno que es un derecho suyo inalienable decidir sobre su vida, imaginar su futuro, realizar sus capacidades…- siento que el Señor la eligió a propósito: para que no queden dudas de que “no lo elegimos nosotros a Él sino que fue Él el que nos eligió a nosotros”.

Y aquí hay que detenerse y contemplar varias cosas.
La primera que elegí es el dibujito de Fano –esa Trinidad con Eucaristía y Palabra- remando alegre en la barquita de Pedro. Se nos pesca para entrar allí.
Me decía ayer una persona que hacía poco había entrado como voluntario a la Casa de la Bondad, el lindo clima que sentía, cómo entre todos podíamos ayudar realmente, y me preguntaba si yo estaba hace mucho. Yo le decía que sí, que hacía unos años, y como que allí le cayó una ficha y dijo claro, ustedes han visto esto desde el principio. Qué experiencia!
Como que valoraba el tiempo. Al estar en algo tan contundente, valoraba el tiempo pasado allí, en esa barca.
Cuando Pablo, en la segunda lectura, dice que “el tiempo apremia” utiliza “sys-tello” que significa “contracto”. El tiempo se contrae, se angosta (de ahí la angustia), se reduce, se va como agua por el sumidero. Esto no significa que ya viene el fin del mundo sino que es una característica propia del tiempo humano todo el tiempo: siempre es corto, se hace corto, como que se reduce y se escurre entre los dedos.
Jesús en cambio nos habla de un tiempo pleno al que uno puede acceder como salvado de un naufragio: “conviértanse y crean en esta buena noticia: que el tiempo se ha cumplido y es un tiempo pleno: el reino de Dios se ha vuelto cercano”.
Puesto en clave temporal: somos pescados de un tiempo que se agota, de un lago cuya agua se escurre por el desagüe…, a un tiempo pleno, a un tiempo “de Cielo”, que no se agota ni contrae sino que se expande y se dilata sin fin.

Es lo que uno siente cuando se sube a la barca de una obra en la que reina solo la caridad: el tiempo que se pasa allí es pleno y plenifica. Se puede vivir años o un día que todo vale y nada basta: un vasito de agua vale tanto como 50 martes a la noche junto a la cama de un enfermo, una mañana en el Hogar vale como 18 años o como 30 en el Comedor, que comenzó en el 82.
Que te pesquen de un lago que se seca y te enseñen a “evolucionar” como evolucionaron los primeros peces que salieron del agua, y a vivir del Aire –del Espíritu- es una gracia.
Que te pesquen del mar de dudas y cavilaciones en el que estás preso, mientras se te pasa el tiempo y no terminás de saber bien qué hacer que valga la pena, y te zambullan en interior de esa barquita en la que Rema la Trinidad, es una gracia.

Nos pescaron a la Vida desde esa Interioridad, desde esos dos Corazones que son un solo Corazón. Que Ellos hayan acercado su Tiempo Pleno y lo hayan metido a navegar en nuestra historia de tiempo angosto, y que uno se pueda subir a esa barquita en la que bogan mar adentro y realizan pescas milagrosas, es una gracia que no tiene palabras.

Por eso ese voluntario, al sentir lo lindo que es estar en la casa de la bondad, lo que valoraba era el tiempo. Con una sana admiración que no era envidia ante los que fueron pescados primero, que ojalá nunca caigamos en la tentación de sentir que “trabajamos toda la jornada y se nos paga igual que a los últimos”. Puede que el trabajo sea más, pero quién te quita haber vivido un Tiempo Pleno. Al fin y al cabo es el único tiempo que no se te pasó, que está enterito y rebosante dando Vida a tu corazón. Porque el amor no es sino tiempo – tiempo gastado en los demás y con los demás-. Y paradójicamente, el tiempo gastado así, es el Tiempo Pleno, la Vida eterna que le dicen.