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jueves, 19 de enero de 2012

III Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 1,14-20): VENID CONMIGO



Jesús tenía aproximadamente treinta años y había abandonado Nazaret, su trabajo y comenzaba la vida pública. En esta nueva etapa se centraría en dar a conocer su mensaje, su nueva y buena noticia por los distintos pueblos de Israel. Y en segundo lugar, escogería a sus colaboradores más próximos, con los cuales formaría una comunidad, la cual le acompañaría y después, cuando él faltase, continuaría su misión.

Comenzó su programa en la provincia de Galilea; una zona cosmopolita y el evangelio nos habla de que pronto eligió a cuatro apóstoles: a dos parejas de hermanos: la primera formada por los hermanos Simón Pedro y Andrés, la segunda por Santiago y Juan.

En nuestras campañas electorales se selecciona un lema, una frase que se convierte en el eje, en el leiv motiv de la campaña, del mensaje que se quiere transmitir a sus seguidores o simpatizantes. Jesús también eligió uno: “Se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio”.

Dicen los expertos en publicidad que un cartel debe ser un puñetazo en el ojo. Podemos añadir que un lema debiera ser un puñetazo en el oído, en el sentido de que nos tiene que despertar, sacarnos de la rutina, de la tibieza. ¿Qué nos dice a ti y a mí, aquí y ahora el slogan escogido por Jesús?. El Reino de los cielos equivale a una sociedad, a una humanidad impregnada por los principios o valores evangélicos, es decir, sin corrupción y que incluye sentirnos hijos de Dios y, como consecuencia, hermanos de los demás hombres.

“Creed en el evangelio". Afortunadamente cada vez apreciamos más el evangelio. aunque todavía nos falta bastante, pues como dijo San Agustín, “cuando oramos, hablamos a Dios, pero cuando leemos su Palabra, cuando leemos el evangelio, es Dios quien habla con nosotros”.

Una observación: A veces creemos que el mensaje cristiano se reduce al sexto mandamiento y una parte del quinto. ¿Y los otros ocho y las Bienaventuranzas? Por ejemplo, los católicos damos poca importancia a la vertiente social de nuestra fe, procuramos burlar el pago de impuestos. Curiosamente los países católicos: Portugal, Irlanda, España, Italia, etc. están sufriendo más la crisis a diferencia de los países del centro y norte de Europa, que, siendo predominantemente protestantes, son más sensibles a este apartado, de tal suerte que no toleran un incumplimiento en este capítulo. Es difícil explicar este fenómeno, pero no cabe duda que los católicos nos tenemos que tomar más en serio la dimensión social de nuestra religión.

Cambiando de tema, sorprende que Jesús no escogió para apóstoles, como colaboradores próximos suyos, a gente preparada, a gente “profesional”. Allí estaba el grandioso templo de Jerusalén en torno al cual se movían muchísimos sacerdotes y levitas. Allá se hacían notar los grupos de fariseos, escribas, saduceos; todos ellos oficialmente muy creyentes y conocedores de la religión. Pero Jesús no recurrió a ellos, ni a gente especializada, ni esperó a un momento extraordinario, solemne para invitarles a seguirle. Se acercó a ellos cuando estaban faenando, ocupados con sus labores ordinarias. Todo lo cual se puede trasladar al día de hoy. Para seguirle a Jesús no se requiere ser especialista en ciencias religiosas, ni tener títulos académicos. Ni tampoco vale escaquearse de nuestro amor y apoyo a la Iglesia aduciendo que no somos ni sacerdotes, ni religiosos.

Jesús llama, sigue llamando al ama de casa, al funcionario, al deportista y al tendero. Esta semana escribía un monje que el templo más grande de París, donde más se reza es en el metro. En una película que se está proyectando en Bilbao, un actor declaraba que quienes cumplen mejor las bienaventuranzas son los limpiabotas y los pastores de ganado. Un detalle: lo decía una joven el lunes pasado en la Aula Social, los católicos tenemos que dar un mensaje optimista, no aburrido. Pues la fe consiste en “mirar la realidad como bella, agradecerla como buena, compadecerla como sufriente, escucharla como llamada, confesarla como promesa, acogerla como gracia”.

No es ser fiel a la verdad trasmitir un anuncio mortecino, pues el mensaje de Jesús invita a la esperanza y a la alegría. Precisamente “evangelio” significa “buena noticia”. Dos estudios recientes aseguraban que la religión, la fe ayuda a ser feliz y que la profesión que produce más felicidad es la de sacerdote.

Podemos dar por seguro que Jesús nos llama uno por uno a todos nosotros para que le sigamos de cerca. Que como los cuatro apóstoles del evangelio de hoy, “marchemos con él”.