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sábado, 4 de febrero de 2012

ORACIONES para la EUCARISTÍA: LA ORACIÓN / AYER Y HOY


Publicado por Fe Adulta

Acción de gracias

Nos atrevemos, Señor, a dirigirte esta oración
con humildad, reconociendo quiénes somos,
pero con la confianza de saber que eres nuestro Padre.
Un día más, también hoy,
queremos bendecir tu nombre.
Gracias, Padre Dios, por la vida, la nuestra y la de todos.
Nos duele el poco caso que habitualmente te hacemos.
Deberías ser centro constante de nuestra atención,
y responder con nuestro frágil cariño a tu infinito amor.
Nuestra oración no puede consistir
en seguir pidiéndote gracias y dádivas,
nuestra plegaria ha de ser una pura acción de gracias
por todo lo que nos has dado
y por el misterio de tu presencia en nosotros.
Queremos proclamar ahora ante el mundo que eres bueno,
que eres santo y nuestro Dios, santo y Señor de la tierra,
que nos acompañas siempre y estás presente, Padre,
en nuestras luchas y afanes
por la implantación de tu Reino.

Memorial de la Cena del Señor

Te agradecemos que te hayas revelado en Jesús,
el mejor guía para llegar hasta Ti.
Optamos por Jesús, porque tiene palabras de vida eterna,
porque nos alegran y entusiasman sus buenas noticias,
sabernos hijos tuyos queridos
y el mensaje de que es posible otro mundo más humano.
Nos convence Jesús que pasó por la vida haciendo el bien
y predicando el amor fraterno,
respaldando con buenos hechos sus buenas palabras.
Nos admira Jesús, que vivió en continua relación contigo,
oración que tradujo en una intensa vida de servicio.
Gracias, Padre santo, por el ejemplo maravilloso de Jesús
cuya entrega hasta la muerte ahora rememoramos.

Invocación al Espíritu de Dios

Sabemos y proclamamos, Padre Dios,
que tu hijo Jesús vivió hasta sus últimas consecuencias
el espíritu de esa oración que nos enseñó a rezar.
Por eso, queremos decirte hoy, más conscientemente, Padre nuestro.
Y que este “nuestro” no sea excluyente ni elitista,
que integre también a quienes viven en total abandono,
comprometiéndonos a cuidar de ellos como hermanos.
Deseamos que en todas las lenguas del mundo
sea respetado y bendecido tu nombre,
cualquiera que sea el nombre con el que te invoquen.
Queremos hacer juntos una tierra mejor
que no explote a nadie y a todos alimente
y que de esta forma se haga realidad tu reino soñado
y se cumpla entre nosotros tu voluntad.
Revoluciona nuestra manera de ser y hacer
y que aprendamos de una vez a compartir
nuestra casa y nuestro pan
con quien sufre necesidad y pasa hambre.
Como Tú de antemano nos perdonas,
no queremos sentirnos ofendidos por ningún hermano.
Encauza nuestras energías por el camino del bien,
y líbranos, Padre, a nosotros y a todos, de todo mal,
de toda opresión e injusticia.
Por Jesús, y en su compañía,
te damos gracias y te bendecimos.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca

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AYER Y HOY

Ayer a ti, Señor,
ante la carne doliente del enfermo,
ante la carne olvidada del marginado,
ante la carne agotada del anciano,
ante la carne necesitada del discapacitado,
ante la carne cansada del parado,
ante la carne arruinada del hambriento,
ante la carne sometida del esclavo,
ante la carne corrompida del leproso,
ante la carne afligida de la madre,
ante la carne deshabitada del joven…
se te conmovieron las entrañas,
te dio un vuelco el corazón
y no pudiste quedarte al margen.

Hoy nos encontramos,
a poco que abramos los sentidos,
con una realidad más flagrante y triste:
montones de cuerpos masacrados, degollados;
columnas de cuerpos desplazados y rotos,
aglomeraciones de cuerpos hinchados y esqueléticos,
pabellones de cuerpos moribundos,
manifestaciones de cuerpos desgarrados…
Cuerpos vendidos,
cuerpos hacinados,
cuerpos pisoteados,
cuerpos malheridos,
cuerpos abandonados...

Haz, Señor, que mis entrañas se conmuevan
y mi corazón dé un vuelco
para no quedarme al margen.
Hazme compasivo y tierno,
para ser digno y poder así introducir en la historia
esperanza y misericordia.

Florentino Ulibarri