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miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Qué podemos aportar como creyentes en este invierno social y eclesial?


Vengo a recordaros palabras de Jesús que conocemos todos. Palabras de Jesús que siguen siendo consuelo y ánimo, que son eficaces, que transforman el presente, que crean el mundo futuro.

Por José Arregui
Publicado por MOCEOP

Moltmann escribe: “Quien cree en el Evangelio experimenta las fuerzas del mundo futuro e ingresa en la primavera de la nueva creación. Dios va a crear de nuevo todas las cosas. Por consiguiente, aprovechad estas posibilidades. Ya están aquí. En ti y a tu lado. La paz es posible. La justicia es posible. La liberación es posible. Dios ha hecho posible lo imposible. Estamos invitados a aprovechar nuestras posibilidades para la vida. Participad en la renovación de la sociedad y de la naturaleza”


Esto escribía Moltmann ya hace unos cuantos años y podríamos continuar diciendo: parti-cipad en la renovación de la Iglesia, de las comunidades eclesiales, más allá de nuestras pequeñas o grandes querellas. Tenemos una palabra que decir. Mucho más aún, tenemos un Evangelio que vivir y humildemente proponerlo y humildemente, y con gratitud, recibirlo, y humildemente también, ofrecerlo.

El Evangelio es Buena Noticia. Algo Nuevo y Bueno. Algo nuevo que hace bien. Algo nuevo, que nos puede mantener sedientos y esperanzados de justicia y belleza como dice Eduardo Galeano. Algo nuevo que hace bien, algo desconocido que consuela.

Voy a ir destacando algunos ecos fundamentales de esa Buena Noticia en boca de Jesús. Son rumores callados de la vida discreta y poderosa, del futuro oculto pero imposible de detener. Son cosas que las hemos oído y leído una y mil veces, que yo simplemente repito. Son propuestas del Evangelio, Buenas Noticias. 1.- APRENDER A SER BUENOS Y FELICES

Es el primer mandamiento de Dios, “aprende a ser bueno y feliz”. Tal vez es el único mandamiento de Dios. Y si me tuviera que quedar con una única palabra del Evangelio, dejando todas las demás, me quedaría con esta: BIENAVENTURADOS. Con esta palabra, inauguró y en esta palabra resumió Jesús, todo su mensaje.

Un día, le ardía dentro la llama de los profetas, de todos los profetas y decidido, subió al monte, como Moisés en otro tiempo, pero no cargado con dos pesadas losas de piedra para grabar allí diez mandamientos, sino cargado con el aire del Espíritu, empujado por el aire alegre y transformador del Espíritu y proclamó a los cuatro vientos, ocho alegres edictos: “dichosos, dichosas vosotras”.

Anunció la bienaventuranza a los pobres, los enfermos, los perseguidos, todos los desdi-chados. Bienaventuradas vosotras, no porque seáis pobres, sino porque vais a dejar de serlo. Bienaventurados vosotros, no porque lloréis sino porque os llega la dicha en vez del llanto. Bienaventuradas vosotras, no porque seáis perseguidas, sino porque os llega la dicha, porque está cerca vuestra liberación. Dios os librará. Liberaos de la miseria los unos a los otros, para que Dios os libere. Sed felices para que también Dios sea feliz. Es tiempo para ser felices.

Así habló Jesús en lo alto del monte, y en esa palabra, “bienaventuradas, bienaventurados” resumió cuanto tenía que decir. ¿Qué son los cuatro evangelios y todo el Nuevo Testamento sino un eco prolongado de esa palabra? ¿Sabéis cuantas veces aparece en el Nuevo Testamento la palabra “Bienaventurado”? 50 veces. Debiera hacernos pensar qué es lo más importante para Jesús, qué es lo esencial para Dios, qué es lo esencial del cristianismo, qué debiera ser lo principal para la Iglesia.

La felicidad nos hará buenos. Casi infaliblemente, la felicidad hace buenos… la auténtica felicidad, la profunda felicidad. La felicidad integral, casi automáticamente hace buena a la persona. No te harán buena las leyes de piedra, ni las doctrinas aprendidas y repetidas, creídas…. la felicidad, nada más te hará bueno, te hará buena. La felicidad te hará humilde y mansa, misericordioso y pacífico.

La felicidad, hará de ti, consoladora de quien llora y te dará verdadera hambre y sed de justicia. Cuanto más feliz seas, más humilde serás. Cuanto más feliz, más misericordioso. Cuanto más feliz, más dador de felicidad. Y aún cuando llegue la tribulación y la persecución (y es seguro que llegará) la felicidad hará que te mantengas sana y en pie, firme en la bondad a pesar de todo.

Sí, pero ¿qué es lo que nos hace y nos hará felices? ¿qué es lo que nos hace buenos? ¿qué es lo que nos hace felices?

Es la misma pregunta y la misma lógica. Y también eso nos lo enseñan las bienaventu-ranzas del monte. La humildad te hará buena, no la grandeza, no la arrogancia, no el saber, no el tener, no el poder. La misericordia con los que lloran te hará feliz, no la indiferencia, no la severidad. El deseo de paz te hará feliz, no el odio, no la fuerza, no la violencia. Las dos cosas juntas, en las bienaventuranzas de Jesús.

La dicha nos hará buenos y la bondad nos hará dichosos. En vano, te empeñarás en ser buena sin ser feliz y también en ser feliz sin ser buena. En vano nos empeñaremos en ser buenos a fuerza de leyes, a fuerza de leyes morales y de dogmas religiosos e igualmente, en ser felices, a fuerza de grandes títulos de poder, de saber, de tener.

El Evangelio de Jesús nos propone como primera propuesta de nuestra crisis, de nuestro invierno social y eclesial, esta promesa y también esta tarea, pero tarea consoladora y liberadora. Si somos felices, seremos buenos, si somos buenos, seremos felices. No está dicho cómo…. intentemos buscar el cómo.

2.- RESISTIR E IMAGINAR

En La Buena Noticia de Jesús, no faltan dichos que suenan a “mala noticia”: “He venido a traer fuego a la tierra, y cómo me gustaría que ya estuviese ardiendo” y también: “de ahora en adelante estarán divididos los cinco miembros de una familia, tres contra dos y dos contra tres, el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la suegra y la suegra contra la nuera”. Y también “No penséis que he venido a traer paz a la tierra, no he venido a traer paz sino espada”.

Quizás nos cueste imaginar a Jesús hablando de este modo, pues bien, es seguro que Jesús, también habló así, no nos quepa la menor duda. Otras muchas palabras que los evangelios atribuyen a Jesús, sabéis que Jesús no las dijo nunca, pero estas que acabo de mencionar, las dijo ciertamente. Así lo sostienen prácticamente todos los investigadores del Jesús histórico.

En el evangelio apócrifo más antiguo, llamado el evangelio de Tomás, Jesús habla en términos muy similares, dice: “he arrojado fuego sobre la tierra y lo mantendré hasta que arda” y u poco más adelante dice Jesús: “el que está cerca de mí, está cerca del fuego”. Jesús era bondadoso, claro que sí… pero Jesús era también apasionado. Jesús era tier-no, quién puede dudarlo… pero también era subversivo. Jesús era poeta, pero era también un gran profeta. Tanto como poeta bondadoso y tierno, Jesús fue un profeta apasionado y subversivo.

Anunció una auténtica revolución de valores e hizo un llamamiento a trasponer y a invertir… a subvertir, la realidad de su época: La miseria, pobreza de los campesinos y de los pescadores, campesinas y pescadoras, a subvertir e invertir el orden religioso con toda su dureza y severidad, su rigidez… a invertir el orden imperial con sus edictos, sus leyes, sus intereses, su enorme poder de destruir y aplastar … a invertir también la familia patriarcal de la época y los rangos y los paradigmas del honor y de los valores.

Jesús, ciertamente, anunció una auténtica revolución y la promovió. Estaba convencido de que al igual que los antiguos profetas, debía prender fuego a la sociedad, a la economía, a la religión de su tiempo… y prendió fuego, y ese fuego, le quemó. Rompió con la familia, subvirtió todas las convenciones sociales, transgredió las sagradas leyes de la religión, denunció todos los poderes sociales, se enfrentó a todos los poderes religiosos. Trajo fuego y ese fuego, provocó otro fuego que le abrasó a él mismo. El fuego del poder, del dinero, del imperio, de la religión, abrasó a Jesús, pero el ascua de Jesús no se apagó.

Nosotros somos un humilde indicio de esa ascua, de ese fuego, que en Jesús fue grande y que en nosotros es tal vez una llamita a penas, pero que sigue… debemos prolongarla.

¿Y hoy qué? Difícilmente, puedo imaginar a Jesús en esta sociedad como ciudadano dócil, como siervo sumiso. Seguro que volvería a arriesgarse con pasión por otra realidad hecha de justicia y de belleza. Seguro que también prendería fuego si volviera, seguro que provocaría conflictos en nuestra sociedad, no digamos en nuestra iglesia.

Seguro que algunos lo tacharían de idealista iluso, otros, de provocador insolente, otros, de peligroso hereje y seguro que el miedo al fuego de Jesús, volvería a encender también hoy una llama, tal vez una hoguera, que también hoy, acabaría por abrasarle más pronto que tarde.

Pero estemos seguros de que el fuego de Jesús no quiere destruir y consumir a nadie, sino transformar a todas con su luz y su calor. El fuego de la Buena Noticia quiere alumbrar lo oscuro, curar lo enfermo. Dios es Buena Noticia para todos y nos quiere a todas, a todos como comensales en el banquete de sus bodas, sin excluir a nadie, sin perdedores. Quiere que todos seamos comensales, comenzando por los últimos, las últimas, los perdedores de la sociedad y de todas las religiones. De modo que también, subvertid y resistid e imaginad…

3.- CURAR HERIDAS Tan sencillo como eso: curar heridas. Jesús fue sanador. Si queréis fue fisioterapeuta o psicoterapeuta o si queréis, curandero. Sus curaciones fueron calificadas, por unos, como milagros, por otros, como magia. Si queréis, llamad a sus curaciones, transmisión de energía positiva. No eran milagros en el sentido de rupturas de las leyes naturales. Esos milagros no existen. Pero la curación sí existe. Podemos curar. La cosa es que Jesús curaba.

Los espíritus atormentados se acercaban a él y se sentían consolados. Los cuerpos afectados por males que siempre eran y siguen siendo físicos y psíquicos a la vez, se sentían aliviados. Jesús curaba tocando y contando. Acercándose, contando y tocando. Lo dice en una de sus maravillosas pequeñas parábolas, Eduardo Galeano acerca de uno de sus personajes.

De Jesús, podemos decir, que efectivamente curaba tocando, acercándose y contando sus maravillosas parábolas: Parábolas sanadoras. Jesús curaba acercándose a los proscritos y pronunciándoles palabras llenas de calor y de belleza: Palabras liberadoras. Jesús curaba con su mirada, con su palabra, con su acogida cordial. Jesús curaba infundiendo ánimo, devolviendo la confianza, transmitiendo paz, restaurando la autoestima de las despreciadas por los demás y por sí mismas.

Pues eso es. Ser cristiano, no consiste en creer unos dogmas, ni creer que Dios existe ni tampoco en cumplir de manera intachable los diez mandamientos, del primero al último. Ser cristiano es “seguir a Jesús”. Y seguir a Jesús es, fundamentalmente, curar como el buen samaritano de la parábola de Jesús, parábola provocadora donde las haya.

Curar al enfermo y amar a Dios, no son cosas distintas. No son dos cosas diferentes curar con compasión, atender con cuidado al herido del camino y amar a Dios con todo el corazón y con todas las fuerzas. Porque ¿qué otra cosa es el Dios de Jesús sino la infinita compasión con todos los seres heridos? ¿y para qué es la iglesia sino para ser imagen… sacramento de esa compasión cercana y sanadora de Dios? La Iglesia no está puesta para construir iglesias, menos, para tenerlas en propiedad manteniéndolas con dineros públicos.

Tampoco está para dar gloria a Dios en la Liturgia (sí, es muy buena, la Liturgia, la belleza, lo necesitamos profundamente y hay que cuidarla). La gloria de Dios es que los seres humanos y todos los seres, vivan sanos y felices. Las bellas celebraciones litúrgicas, son valiosas en la medida en que curan la vida de sus muchas heridas y pueden curar…en la medida en que ayudan a Dios a levantar a las caídas, a curar a todos los malheridos y pueden ayudar y de hecho ayudan (no siempre) Así es como daremos gloria a Dios. Así es como haremos feliz a Dios. Porque Dios no posee otro bien que el bienestar de sus criaturas ni otra dicha que la dicha de todos los seres.

4.- IR MÁS ALLÁ DEL CASTIGO Y DEL PERDÓN La lógica y la primacía de la curación, Jesús la aplica también a esa dimensión fundamen-tal de la vida, que las religiones y en especial el cristianismo, han gestionado en clave de culpa y de perdón. ¿Fue esa realmente la clave de Jesús? Ciertamente no. Jesús no se movió en el registro de la culpa ni del perdón. Estuvo más allá de ese registro, y me parece que la ruptura de estas categorías y de ese registro del castigo y del perdón es fundamental para renovar la sociedad, la Iglesia, los sacramentos y nuestras relaciones.

Una vez que pasaba por allí, Jesús vio a Mateo sentado en la mesa de los impuestos y le dijo “ven con nosotros”. Mateo era recaudador de impuestos para la odiada Roma. Era recaudador y por tanto, ladrón de oficio, pero Jesús lo llama, “Mateo, ven con nosotros”. Mateo no se lo puede creer…”¿yo?…¿de veras yo? ¿acaso no pretendes formar un nuevo movimiento de liberación de los judíos? ¿qué hago yo entre vosotros? ¿para qué me quieres a mí? Yo no soy más que un pobre ladrón, los ciudadanos de a pie y tus propios discípulos me miran con desprecio”. “Es igual”, le dice Jesús… “ven con nosotros también tú. Tenemos un bello sueño para soñar juntos, tenemos que soñar…soñar juntos y juntos hacer realidad la verdadera liberación de nuestro pueblo y de todos los pueblos”.

Mateo se siente como si se le hubiera caído un gran peso de los hombros y como si le hubieran salido alas. Deja allí la mesa de los impuestos y lleno de consuelo, se va a soñar con Jesús. Y la felicidad le ensancha el corazón… el corazón y la bolsa… y la mesa. Y ofrece en su casa una cena abierta a todo el que quiera. Allí no hay etiquetas, no hay prohibiciones, no hay condiciones.

Allí se reúne la gente habituada a encontrarse con puertas cerradas. Allí se reúnen las humilladas prostitutas, los odiados recaudadores, los despreciados pecadores que no cumplen las normas religiosas como se debe. Nadie se mira allí a sí mismo como mejor que los demás, ni tampoco como peor. Inmediatamen-te, se ponen a murmurar los justos que creen serlo: “Pero ¿qué pasa con estos? Justos y pecadores mezclados en la misma mesa”….

Arden de ira los escribas y las autoridades religiosas. “Esto es intolerable, este Nazareno traspasa todos los límites de la ley. El que comparte la mesa con pecadores se vuelve pecador y la ley de Dios, lo dice bien claro, el pecador es pecador y el justo es justo, el inocente es inocente y el culpable es culpable… y al culpable le quedan dos opciones: el arrepentimiento y el perdón o el castigo”.

Tal vez el discurso de los maestros de la religión y de los justos es el discurso del moralista resentido, es la lógica de la religión sin consuelo. ¿y qué dice Jesús? No necesita de grandes discursos sino que les responde con una simple frase: “No necesitan de médico los sanos sino los enfermos”. Lo sabemos todos. O tal vez no sabemos tanto.

Los maestros de la ley y los fariseos, hablan de pecado. Jesús habla de sanos y enfer-mos, habla de médicos. Es otra religión, a pesar de que Jesús nunca pretendió fundar ninguna religión. La mayoría de nosotros tenemos pegada hasta la médula y el tuétano el discurso de la ley y del pecado. Nos dijeron, y repetimos: “el pecado es culpa y la culpa merece castigo o requiere al menos de unas condiciones para ser perdonado”. Y entonces inventamos el temor de Dios y pusimos sacerdotes y confesiones para obtener el perdón de los pecados. No es esa la perspectiva de Jesús.

A Jesús no le importa quién es inocente y quién culpable, a Jesús no le importa el pecado sino la herida, la enfermedad. No le importa el perdón sino la salud. La cuestión no es quién es culpable sino quién está herido y como curarlo y cómo ser bienhechores y sanadores los unos de los otros. Estamos atrapados por la obsesión de la culpa y el castigo.

La perspectiva de Jesús es muy otra. Y a quienes murmuran les dice: “lo que necesita un enfermo no es un juez sino un médico, no es el castigo sino una medicina, un remedio”. Y a los que no tienen corazón para entenderlo les dice: “el que esté sin culpa, que tire la primera piedra”

Dejemos pues el registro de la culpa, del pecado, del castigo. Sentémonos a la mesa de Mateo y de Jesús, para curar heridas propias y ajenas, para comer y soñar juntos alegremente. Abramos el corazón al consuelo, la puerta, al prójimo. Cenemos juntos. Cavemos en las entrañas de las instituciones religiosas y de las instituciones políticas el principio consolador y revolucionario de Jesús: “prefiero la misericordia a la ley y al castigo”.

5.- LIBERAR MIEDOS Lo dice Jesús una y otra vez en el Evangelio: “no temas”… “no temáis”. Y eso es lo que también nosotros debiéramos escuchar y pregonar una y otra vez “no temas”. Tenemos demasiados miedos. Hay demasiado miedo en nuestro mundo y en esta sociedad nuestra. Tiene demasiado miedo la Iglesia.

Por supuesto el miedo, no es malo de por sí en su justa medida. El miedo nos ayuda a percibir los peligros. El miedo nos pone alerta para que seamos conscientes de los peligros y les hagamos frente. Tenemos miedo porque somos seres vivos y sensibles y necesitamos cuidarnos. El miedo es un sistema protector del ser viviente y mortal que somos. Si no hubiésemos tenido miedo desde que nacimos, hace mucho tiempo que hubiésemos muerto. Demos pues gracias por sentir también miedo.

Pero a menudo, demasiado a menudo, el propio miedo es el mayor peligro. El miedo nos lleva a menudo a vernos en peligro en todas partes y por todo y en todo momento. A menudo hace que se levanten ante nosotros negros fantasmas sin fundamento que nos empuja a levantar murallas protectoras, baluartes defensivos, a enterramos en nosotros mismos, a ver enemigas y enemigos por doquier, a defendernos a toda costa. El miedo aumenta enemigos y amenazas.

Y así nos va. De puro miedo, hemos construido sistemas de seguridad más seguros que nunca y vivimos en un mundo más inseguro que nunca. Cuanto más protegidos creemos estar, más vulnerables somos. No cabe duda, el propio miedo es el enemigo más terrible y temible del ser humano y de la sociedad. Si viviéramos más tranquilos, si confiáramos en nosotros mismos, y en los demás y si invirtiéramos en el diálogo y la justicia todo lo que invertimos en sistemas de seguridad, viviríamos en un mundo mucho más seguro.

También en la Iglesia de hoy el mayor peligro es el miedo. Si Jesús estuviera entre noso-tros, y lo está realmente, a nosotros, a cada uno nos diría al corazón, y realmente nos lo dice, al igual que a sus discípulos: “No temas. El Espíritu de Dios está construyendo un futuro nuevo y la vida que ahora está oculta, se manifestará, se desplegará. Llegará la primavera, y el verano…y el otoño. Llegará el fruto. No tengas miedo al futuro. No tengas miedo a la vida, no tengas miedo a la cultura moderna, ni a la cultura postmoderna.

No tengáis miedo ni siquiera a los poderes que castigan y persiguen y matan a los hombres y a las mujeres de bien. El Bien es más fuerte, poneos de su lado. El Espíritu es más fuerte y respira en vosotros. En todos los peligros, en todas las delimitaciones, también en todos los dolores…Dios está con vosotros, con voso-tras…no temáis”.

6.- DIOS ES SOLO GRACIA Dios ES. Dios es Gracia. Dios es SOLO Gracia. Eso es una gran Buena Noticia. Jesús no habló mucho acerca de Dios, nosotros hablamos demasiado. Jesús hablaba del Reino de Dios, no tanto que Dios existe y que se ha de creer, ni tampoco qué es Dios, sino lo que Dios hace. Jesús hablaba de la presencia buena, bienhechora de Dios. Presente en todo, presente en todas partes. Dios está cerca y es sólo bondad. ES. Dios no es mala noticia, tampoco es noticia buena y mala a la vez.

Francisco de Asís le llamaba “Solo Bien, Sumo Bien, Total Bien”. Dios es solo bondad y sólo buena noticia para todos. El miedo de Dios o de las divinidades es tan viejo como la religión. Pero aquellos a los que el miedo acercó a Dios, el miedo los aparta de él tarde o temprano.

Y sin duda, más vale alejarse del Dios que provoca miedo, entre otras cosas, porque no es Dios. ¿Pero qué pasa entonces con la Biblia llena de temores de Dios? encontramos en ella infinidad de afirmaciones sobre terribles venganzas y castigos de Dios. En la Biblia encontramos de todo, tanto en el Antiguo como también en el Nuevo Testamento. Los textos nos hablan sin cesar del castigo de Dios.

¿Por qué? Simplemen-te, porque los escribieron seres humanos, y los seres humanos no pueden hablar de Dios sino a partir de la experiencia humana…y la ira, la venganza, el castigo, son experiencias humanas o si se quiere, anti-humanas. Son las experiencias humanas más sombrías. Pero esas experiencias no son experiencia de Dios. Porque en Dios no pueden existir. En Dios no existen la ira, la venganza, el castigo…ni siquiera el perdón, porque el perdón está asociado a la ofensa y en Dios no existe el sentimiento de ofensa.

Todo eso no es Dios. Todo eso es un negro fantasma creado por nuestros miedos huma-nos, nada más. Miremos a Jesús. Una vez fue a la sinagoga de Nazaret y leyó una profecía de Isaías, pero intencionadamente, eliminó del oráculo, la mención del castigo de Dios y les dijo: “Dios, creedme, amigas, amigos, Dios es pura gracia, es pura ternura, es pura bondad, es toda la bondad junta.”

Desde el comienzo del mundo y de las religiones, llevamos prendida en el alma el oscuro temor, el pernicioso temor que ha engendrado tantas imágenes perversas de Dios. El temor malo que nos lleva a la envidia y al odio. El temible temor que nos lleva a hacernos daño a nosotros mismos y al prójimo. Jesús nos cura del miedo y a medida que nos cura, nos hace mejores.

Todos los miedos y castigos del mundo, no poseen el poder que posee una palabra dulce para hacer bien y hacernos buenos. El miedo puede lograr en nosotros muchas cosas buenas pero el miedo no puede hacernos ni buenos ni felices. Y todas las cosas buenas que hacemos, serán inseguras mientras no lleguemos a ser buenos y felices por dentro.

Dios es eso. Es el poder de la bondad para hacer feliz. Es el poder de la felicidad para hacer bueno, buena. Eso es Dios. Esa es la “magia” de Dios. Dios tiene la “maravillosa magia” de hacernos buenos y felices con la sola bondad. Nosotros no poseemos esa “magia”. Consumimos enormes cantidades de energía en el empeño estéril de hacerle a alguien bueno amenazándole o haciéndole daño.

Es un empeño inútil. La cárcel no hace bueno a nadie, el castigo no hace a nadie más humano. Puede impedir que alguien cometa un crimen, pero a nadie le hace bueno. La bondad y la bienaventuranza, no el miedo ni el castigo, podrán lograr que seamos buenos de raíz. Lo somos ya, pero la bondad está oculta y necesita desplegarse como una flor en la primavera.

Así lo creyó Jesús y así lo proclamó en la sinagoga de Nazaret. Anunció el año de Gracia de Dios, el año que nace y dura eternamente. La eternidad de la Gracia que Dios es. La bondad sin medida que curará todas las heridas y hará buenos a todos los malhechores. En la sinagoga de Nazaret, Jesús borró el castigo de la imagen de Dios y dejó solamente la Gracia. La Gracia universalmente transformadora, la bondad todopoderosa que anuncia la Buena Noticia a los pobres, la vista a los ciegos y la amnistía a todos los encarcelados.

7,. TRASCENDER TODO CONFESIONALISMO Y toda frontera, y todo celo del bien ajeno. La fama de sanador de Jesús se extendió rápi-damente y a más de uno le dio por imitar a Jesús e intentaron expulsar demonios o malos espíritus, es decir, desatar los oscuros y enredados nudos del alma y el cuerpo que amarran a los pobres seres humanos en sus cuerpos y almas.

En una ocasión, algunos discípulos de Jesús se encontraron con uno de esos aprendices sanadores imitadores de Jesús y sintieron celos. Y Juan Zebedeo le dijo a Jesús: “Este no es de los nuestros, no tiene derecho a utilizar tu nombre para expulsar demonios”… Así son nuestros pobres celos, nuestras pobres envidias.

Es triste que nos duela el bien ajeno. Es un auténtico mal de nuestros ojos, que no seamos capaces de ver y agradecer y gozarnos en el bien ajeno. Y también existen celos colectivos, y las palabras de Juan el Zebedeo nos revelan esa clase de celo colectivo “Este no es de los nuestros. No tiene derecho a servirse de tu nombre como talismán para curar a nadie. No es de los nuestros y no debiera poseer el poder de liberar a nadie.

Tú nos lo has otorgado solamente a nosotros”. Esa desgraciada frontera entre nosotros y ellos… Frontera que aparece en todos los grupos. Mientras más cerrado sea, más crece y se levantan las fronteras. Miremos a los partidos políticos: “nosotros lo hacemos todo bien…solamente nosotros”

El celo colectivo se vuelve aún más peligroso cuando se justifica en nombre de Dios, de la religión, del Evangelio. Y eso es lo que hace Juan, por muy apóstol que sea… o tal vez porque lo es. “Prohíbele curar.. porque no es de los nuestros”. Nosotros, contra los otros. Nosotros tenemos la verdad, los otros están en el error. A nosotros nos lo ha revelado Dios, a los otros no, al menos no tanto como a nosotros. A nosotros nos a elegido Dios, a los otros no… no al menos en la misma medida que a nosotros.

En los discursos de ciertos hombres de Iglesia, se escucha a menudo por ejemplo “es posible que alguien que cree en Dios sea bueno, pero si no cree en Dios, al final se encontrará sin ninguna razón para ser bueno y tarde o temprano, fácilmente dejará de hacer el bien.

La ética sin la religión no tiene fundamento y una ética sin fundamento, pronto se va a degenerar. Si este mundo nuestro de hoy está tan degenerado es porque se ha alejado de la religión. Sólo la religión puede salvar a la ética, al humanismo y el futuro del mundo. Sólo nosotros lo podemos salvar. Nosotros somos la verdadera religión, la verdadera ética, el verdadero futuro”.

Así hablamos a menudo. Pero creo que el Evangelio rompe todos esos esquemas y fron-teras. Los que tienen Dios y los que no lo tienen, los creyentes y los increyentes. Y creo que el mundo de hoy, supuestamente increyente, no es peor que el mundo de ayer, supuestamente creyente. Creo que a lo largo de la historia las mayores barbaries se han cometido en nombre de Dios y de la Fe. Creo que son los países y los gobiernos que se llaman cristianos los que han arrastrado a este mundo a esta situación insostenible en que nos hallamos.

Creo que hace 50 años, nuestra sociedad se volvió increyente a pesar de haber estudiado toda ella religión en la escuela o quizás, precisamente por haberla estudiado. Y creo que también hoy nos diría Jesús, “No se lo impidáis. No le impidáis a nadie el sagrado derecho, la divina y la santa facultad de ser bueno y de hacer el bien. No obliguéis a nadie a utilizar el nombre de Dios a la manera vuestra. No prohibáis a nadie utilizarlo de manera diferente a la vuestra.

Alegraos del bien que hacen los otros aunque no sean de los vuestros. Y sabedlo: Dios no está presente cuando pronunciáis su nombre sino cuando os curéis y curéis a los demás. Donde está la bondad, allí está Dios, con cualquier nombre y también sin nombre alguno”.

8.- INVENTAR UN NUEVO LENGUAJE Inventar un nuevo lenguaje. O una nueva teología. Difícilmente podemos anunciar la Bue-na Nueva con lenguajes trasnochados y resulta que nuestro lenguaje está muy trasnochado. Nuestras imágenes de Dios, nuestras oraciones, nuestros dogmas, toda nuestra teología se nos ha quedado terriblemente trasnochada. No digo que lo de antes fuera malo sino simplemente que hoy ya no vale.

Puede valer para muchos, yo creo que para la masa de la sociedad ya no vale. Y no digo que nosotros somos los primeros creyentes modernos pero si no actualizamos nuestro lenguaje y nuestras instituciones, nadie nos va a entender y no será Buena Noticia para nadie. ¿Para quién hablamos entonces? Tampoco digo que la nueva teología vaya a ser para siempre ¿cómo podría serlo? Sino que los creyentes del futuro, tendrán su propia tarea, nosotros tenemos la nuestra.

Jesús no fue un repetidor sino un innovador decidido. “Está escrito esto o lo demás allá”… les decía a sus perplejos oyentes… “pero yo os digo esto otro” “Hasta ahora habéis oído esto o lo de más allá, pero yo os digo esto otro”. “Vienen tiempos nuevos”, les decía Jesús. “Ya ha llegado el nuevo tiempo de Dios”.

El buen maestro muestra precisamente su pericia cuando sabe sacar lo nuevo del arca vieja. Renovemos el corazón, renovemos la palabra, renovemos el mundo. Estamos inmersos en un profundo cambio cultural. Como alguien ha escrito, no vivimos en una época de cambios sino en un cambio de época.

Manuel Guerra Campos, hermano del famoso obispo Guerra Campos, médico en un li-bro que se llama “Confesiones de un creyente no crédulo” hace ya bastantes años, escribió: “La Iglesia está enferma. No me refiero a los pequeños o grandes achaques que con frecuencia se le atribuyen: que si es autoritaria, que si es rica, que si está siempre al lado de los poderosos, que si los curas debieran casarse, que si la mujeres debiera poder ser sacerdote, etc..… no… la Iglesia se quedó dormida en la historia.

Empeñada en encerrar la Fe en fórmulas que fueron válidas para otros tiempos, intenta que los hombres y mujeres de hoy, comulguen con verdaderas ruedas de molino”. Dice también: “llevamos 500 años pataleando para que nada cambie”. Y da un consejo a los obispos… dice: “que tomen el libro en el que de forma vinculante fundamentan sus trabajos, el catecismo de la Iglesia católica, que le den un respetuoso beso y lo encierren en el sagrario de una capilla abandonada, después que tiren la llave.

A continuación, sin tiempo para arrepentirse, que hagan ejercicios espirituales en alguno de los muchos monasterios que conocen y traten de formular la Buena Noticia con palabras y con textos adecuados a la cultura en que vivimos”.

Marcel Legaut ha escrito a su vez: “en estos tiempos en que el universo mental de los hombres, al menos en occidente, ha cambiado más, en estos últimos decenios que a lo largo de los milenios ancestrales, el edificio doctrinal en el que antaño los cristianos vivieron seguros y con evidencia protegiéndose de la realidad a la que entonces sólo sabían cantar y soñar, se encuentra sacudido como nunca”

Monseñor Albert Rouet (obispo de Poitiers) declaró recientemente: “La Iglesia tiene difi-cultades para situarse en el agitado mundo de hoy. Y ese es el corazón del problema. Me preocupan dos cosas de la situación actual de la Iglesia. Se da hoy en ella una congelación de la palabra. Por tanto, cualquier cuestionamiento de la exégesis o de la moral se juzga blasfemo.

El cuestionar es algo que ya no se produce automáticamente y es una pena. Al mismo tiempo, en la Iglesia reina una atmósfera de suspicacia malsana. La institución se enfrenta al centralismo romano que se apoya sobre toda una red de denuncias. Ciertas corrientes pasan el tiempo denunciando las posiciones de tal o cual obispo, haciendo informes contra uno, guardando fichas contra otro. Y esto se intensifica con Internet.

Por otro lado, veo una evolución de la Iglesia paralela a la de nuestra sociedad. La sociedad quiere más seguridad, más leyes; la Iglesia, más identidad, más decretos, más reglamentos. Nos protegemos, nos encerramos. Es la señal misma de un mundo cerrado, ¡y es un desastre!”

Voy a poner dos ejemplos, ya para terminar, de este lenguaje trasnochado. Imaginemos que una persona educada lejos de nuestras instituciones religiosas llega un día a una misa nuestra por mera curiosidad ¿qué pensaría? Me lo pregunto a menudo ¿qué pensaría al escuchar lo que escucha en la misa?

Por ejemplo, no cesamos de reconocernos pecadores y de pedir perdón, como si nos halláramos ante un Señor supremo, omnipotente y severo, y como si dudáramos de que nos vaya a perdonar…. No es eso, no puede ser eso. Dios nunca nos mira como culpables sino que nos mira lleno de compasión cómo sufrimos y cómo nos hacemos daño. Dios no tiene nada que perdonarnos, como dijo aquella bendita mujer del siglo XIV: Juliana de Norwich.

No tiene nada que perdonarte, Dios es la pura compasión y te protege con sus ojos de ternura y sólo una cosa quiere de ti como Jesús de Zaqueo: “No te quedes ahí arriba tan lejos” te dice, “no te quedes en el castillo de tus heridas y tus cadenas, baja, ábreme tu casa, invítame a tu mesa y disfrutaremos juntos”.

Otro ejemplo, nos pasamos la misa pidiendo: Pidiendo misericordia, pidiendo perdón, pi-diendo salud, pidiendo pan, pidiendo paz, pidiendo por unos y por otros, y pidiendo y rogando que nos escuche. ¿qué pensaría alguien que viniera de fuera y nos escuchara? ¿es que Dios necesita que le pidamos? ¿es que son nuestras peticiones las que le hacen dar algo que de por sí no estaría dispuesto a dar? ¿es que Dios será un Señor caprichoso que concede lo que quiere sólo cuando quiere y sólo a quien quiere? ¿para qué pedir entonces?

Deberíamos pedir en caso de hacerlo, solamente para tomar conciencia de nuestra necesidad, o mejor dicho para expresar nuestra confianza o mejor dicho para aprender a recibir o mejor dicho aún, para hacernos dadores a nosotros mismos y a los demás, de todo aquello que pedimos a Dios. Dadores. Para eso hemos de pedir a Dios, si hemos de pedir aún: para tomar conciencia de nuestra necesidad, y para expresar nuestra confianza y para aprender a acoger lo que Dios nos está dando sin cesar y al fin y al cabo para ser dadores de Dios… para ser Dios.

Y a decir verdad, creo que hay mucha magia y torpeza en nuestras oraciones, y creo que si Jesús nos enseñara hoy, nos enseñaría a orar sin pedir nada. Creo que nos enseñaría a manifestar ante Dios nuestras necesidades y limitaciones y a mostrar nuestra confianza sin límites y a acoger lo que Dios no cesa de darnos y a ser fuente de todos los dones de Dios y a ser fuente de Dios mismo.

Creo que Jesús nos enseñaría a llorar y a bailar y a celebrar la vida ante Dios y a desahogar nuestro corazón ante Dios y a dejar nuestra vida en sus manos, como dice el salmo: “Dios te guarda a su sombra, está a tu derecha, el sol no te hará daño, ni la luna de noche” Y si el sol te hace daño de día y también la luna de noche, Dios estará junto a ti, padeciendo contigo y dándote la mano. Creo que Jesús nos enseñaría esto. Al final, creo que jesús nos enseñaría a ser para nosotros y para el mundo, paz y consuelo de Dios. A ser para nosotros mismos y para el prójimo, dadores de Dios y a ser Dios mismo y ayudar a Dios a SER.

RUEGOS Y PREGUNTAS * Una mujer expone que se muestra sorprendida ante el comentario acerca de la oración de petición y recalca que el mismo Jesús, oraba y pedía en muchos momentos al Padre y en concreto, recuerda que en Getsemaní pedía al Padre con angustia que apartase de El ese cáliz. Le chocaba por ello el comentario porque para ella la oración de petición forma parte de la vida: pedir por los hijos, por los amigos, por la familia… Respuesta de José: Lo he apuntado como pregunta…. Tampoco he negado que tenga sentido la oración de petición, sino dicho “si hemos de pedir aún”…tengo muchas dudas pero no paso de la duda.

Si hemos de pedir, hemos de pedir de esta manera y para esto. No para cambiar a Dios sino en todo caso para cambiarnos a nosotros mismos. Y para transformarnos nosotros mismos en dadores de lo que Dios nos da e incluso en dadores de Dios y sacramento de Dios los unos para los otros.

Evidentemente Jesús pedía a Dios y enseñó oraciones de petición (el Padre Nuestro, todo él es oración de petición) ¿sin más vale como argumento el que Jesús nos haya enseñado una determinada forma de orar para decir, esta forma de orar ha de durar durante miles y millones de años? No necesariamente.

Jesús, porque precisamente le confesamos como encarnación de Dios es también de alguna forma limitación cultural de Dios y a nosotros nos toca liberar a Jesús de las limitaciones culturales que pudo tener y recuperar y expresar a nuestra manera sus intuiciones profundas que son de alguna manera transtemporales. ¿Cuál es la intuición profunda de Jesús a propósito de la petición?

No el pedir sino más bien la confianza….. la confianza… y de tener algún sentido la oración de petición…porque ya hay muchos y muchas creyentes que ya no oran pidiendo nada a Dios, que ya no piden nada a Dios, que reciben, que acogen a Dios y que quieren darlo y que quieren ser sacramento de Dios y de todo lo que Dios hace como presencia bienhechora en el corazón de la realidad y de todos los seres.

De modo que la intuición profunda de Jesús puede que fuera por ahí y que la forma concreta de oración, y la imagen concreta de Dios que muestra en sus parábolas o en sus oraciones, pueda ser también cultural. Es una pregunta que vale para la oración de petición y que vale para todos los demás campos.

* Otra mujer expone la inquietud de no poder participar espontáneamente en las eucaristías y tomar la palabra para compartir lo que siente. Se pregunta por qué el pueblo no puede tomar la palabra en algún momento de la eucaristía para compartir un sentimiento con el resto de los feligreses.

Respuesta de José: Bueno… pues efectivamente… ¿por qué no? Pero como todo, pues…habría que mirarlo en concreto y en el momento si conviene o no, simplemente….no se puede decir en abstracto sí o no. Yo comprendo que si en misa estamos 200 personas o aunque estemos 50, si cada uno levanta la mano cuando quiere, pues aquello puede ser también, todo menos una liturgia que nos pacifique y transforme.

Sin embargo si estamos 20 ó 50 ó 200 y quedamos de acuerdo que cada uno tome la palabra cuando se sienta motivado o inspira-do…pues muy bien…. Quiero decir que depende de cómo se constituya la comunidad y la celebración…

Yo creo que en nuestra liturgia, son muy hieráticas, son muy secas, son muy ritualistas seguramente, …ojalá hubiese muchísimo más de espontaneidad y naturalidad, junto con una cierta sobriedad y mesura que creo que también forma parte de la belleza de todo rito…o de la belleza sin más… y la liturgia ha de ser también belleza para que cale, toque el alma y nos transforme… no sé… dentro de esa mesura y de un consenso caben diversas posibilidades….

Lo que parece inimaginable es que así de manera desordenada, en las misas actuales, como son, el que quiera pueda intervenir sin preguntarse si a la vecina o al vecino le gusta o no…. En fin… es complejo… yo hago mía la preocupación que expresas y ….me parece que hacia ahí hay mucho que caminar pero que tendría que ser con un cierto grado de consenso pero además cuidando, repito, la mesura y la sobriedad de la belleza litúrgica.

* Un hombre señala que como “franciscano sin hábito” que es José, según se define en uno de sus artículos recientes, ha echado en falta la referencia a la naturaleza y a la interreligiosidad que tantas veces ha mostrado en sus escritos.

Respuesta de José: Sí…estoy de acuerdo. Es verdad que no he tocado expresamente como propuesta la de la convivencia respetuosa, fraterna, ecológica… y es muy importante, es verdad… Sobre las religiones, he hecho referencias, sí… me refería a ello con lo de superar todo confesionalismo y las fronteras .… pero la primera dimensión quizás si faltaba más… sí.

* Otro hombre expone así un tema que le preocupa: “No tengo ninguna añoranza de una institución que no libera, pero sé que necesitamos un mínimo de estructura para llevar adelante el proyecto cristiano.

Cuando yo nací, mi madre ya con la teta me hablaba de lo religioso y yo veo que en mi propia experiencia, muchas de las cosas buenas que hay en mi persona se han hecho dentro de la comunidad eclesial: he aprendido a hacer análisis de la realidad, a hacer seguimiento de Jesús a hacer discernimiento… y bueno… pues.… puede pasarles a muchos de aquí… hemos intentado educar a nuestros hijos para la Fe y cada uno ha ido por su cami-no…pero yo miro a mi alrededor, entre mis amigos y creo que no parece que vayan a seguir ese camino.. y hay muchas razones para que no lo sigan, quizás por nuestro propio testimonio, aunque a veces, creo que parece que valoran cómo vivimos.

Y veo a nuestros nietos y queremos ser muy respetuosos con nuestros hijos pero creo que hay que despertar el sentimiento religioso, hay que hacer algo… porque hubo un tiempo en que nos pasamos de no tener en cuenta este aspecto del sentimiento religioso….yo tengo serias dudas de si tengo que hablarle a mi nieto de Dios o de lo religioso porque el panorama que veo a mi alrededor es tan triste, es tan terrible….

Estoy planteando el tema de la transmisión de nuestra experiencia religiosa. Esta cuestión sé que es muy densa, muy profunda pero a mí me hace pensar mucho. No tengo añoranza de la institución que hay, pero veo que sin un mínimo de estructura no encontraremos camino. Jesús no quiso fundar nada pero dijo haced esto en memoria mía, reuníos….mmm… yo… por lo único que siento que la Iglesia se desmorone es porque a muchos de los que estamos aquí, la Iglesia nos ha acogido… y ahora no veo eso y creo que las pequeñas comunidades resistentes, no sé si sabemos hacer eso… es un desahogo al par que una pregunta.

Respuesta de José: Yo no tendría sino que hacer mía y corroborar esa sensación y ese desahogo tuyo. Es el gran dolor que arrastra, no la estructura o institución eclesial, sino los mejores elementos de la Iglesia de hoy, que lo han dado todo, han hecho grandes esfuerzos para hacer lo mejor que podían y sin embargo, se han visto sin fruto ninguno y crece el desierto y esa sensación es muy dolorosa, comenzando desde la propia familia, como dices. Creo que es bueno reconocerlo y desahogarlo puede aliviar el dolor.

No tengo ninguna solución a lo que planteas pero me gustaría apuntar que nos está tocando una época de transición cultural que lleva consigo una gran metamorfosis religiosa (en estos términos habla desde hace tiempo Juan Martín Velasco) . Metamorfosis que hace que muchísimas de las estructuras, categorías, paradigmas que han sostenido, han soportado la llamita de la Fe, a veces la hoguera, ya no sirva… y nos quedamos muy a la intemperie con la sensación de que detrás de nosotros, es el vacío y nos quedamos con la gran tentación por parte de quienes ostentan la responsabilidad y el poder de la Iglesia, de recuperar las mediacio-nes del pasado.

Yo creo también que esta solución no es adecuada en los tiempos que corren. Creo que hay que tener en cuenta que estamos en una época de transición cultural como he dicho antes … no sólo una época de cambio sino un cambio de época (como dice Gabriel Amengual) que es mucho más radical, un cambio como el que hace 10000 años se dio el paso de la cultura de cazadores a la cultura agraria o hace dos siglos y medio a la cultura industrial y el comercio a nivel planetario y el cambio cultural actual de la postmodernidad y la era de la información, paradigmas, cosmovisiones y maneras de sentirnos y relacionarnos tan diferentes que eso conlleva y en las que nos encontramos perdidos y eso necesariamente está requiriendo unas transformaciones institucionales, lingüísticas y teológicas para las que sencillamente….

No estamos preparados y es más …pues a lo mejor todo el esfuerzo del concilio y del postconcilio nos ha pillado a todos, con la mejor voluntad pero con el pie cambiado… porque el concilio y el mejor esfuerzo de reforma del cristianismo y de la Iglesia en el postconcilio se dedicó más que nada a asimilar dentro de la teología y de las instituciones eclesiales las intuiciones de la modernidad y cuando todavía no habíamos llegado a ello, ha llegado aún un nuevo cambio epocal y eso nos hace estar más perplejos.

Yo soy consciente en mi vida… como la mayoría de vosotros… he vivido hasta los 10 en el caserío o los 20 años incluso ya fuera del caserío… he vivido una cultura agraria y eso no tiene nada de negativo… y a los 20 años empecé a abrirme …pero a la post- modernidad me he asomado, no a los 20 sino a los 40… y ahora tengo 57 años y he vivido tres cambios culturales….

Y es el caso de la mayoría de los que estamos aquí…algo de eso está pasando y el cambio se acelera tanto y son tan profundas las transformaciones que hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar ese fracaso, que lo es…y doloroso… en la transmisión de la Fe.

Y haría una reflexión más esperanzadora: creo que en esta sociedad nuestra occidental, europea, que de alguna forma es sorda e insensible a todo el cristianismo tradicional y a todas las formas eclesiales, al mismo tiempo, en toda esa masa que antes llamábamos de indiferentes o de agnósticos, hay una sed creciente y cada vez más manifiesta de espiritualidad, como de respiro, de oxígeno, y de sabiduría de la vida y de relaciones más armónicas y fraternas, por ejemplo…todo el mundo de la ecología…es una espiritualidad, no es una religión configurada pero es una auténtica espiritualidad, y en las escuelas no se enseña la religión católica, pero se enseña a mirar una flor, a respetarla , a amar la tierra, a sentirnos tierra…y eso es muy espiritual… y en las escuelas cada vez más se siente la necesidad de enseñar el valor del silencio, de enseñar a callar, de enseñar a escuchar en medio del silencio… creo que eso también es un aprendizaje….

Pero también creo que es verdad que necesitaría unas formas, unas estructuras mínimas de soporte y como dices tú… sin añorar formas pasadas, deberíamos estar atentos a lo que se hace fuera de nuestras fronteras y tal vez, ayudar a que tome forma esa intuición, esa espiritualidad, esa sed religiosa en sentido amplio aunque no sea como adhesión a una institución religiosa….

Eso existe y se está manifestando con una fuerza especial. Estos últimos años me he relacionado con escritores y gente de la cultura alejada de la iglesia desde los 15 y 20 años y mucha gente está volviendo a sentir la necesidad de espirituali-dad. No quieren volver a lo que dejaron pero sí sienten hambre y sed de espíritu, de espirituali-dad, de otra sabiduría vital. Alguien manifiesta que el Concilio Vaticano II parecía un soplo de aire fresco y se cerraron las ventanas. Pregunta qué sería necesario para hacer por ejemplo un nuevo Concilio…

Respuesta de José: Un nuevo concilio en las condiciones actuales, sería un desastre. Habría que consensuar el sistema antes de ir y otras muchas cosas. El concilio intuyó la necesidad de un cambio un “ajornamiento” pero al mismo tiempo, el postconcilio coincidió con el vaciamiento de las iglesias y el fracaso de la transmisión de la fe… ¿el culpable o el responsable fue el concilio? ¿o el esfuerzo de renovación? No….

Lo fue ese cambio epocal tan fuertemente manifestado en nuestro occidente europeo y a la vez, hubo un sector de la Iglesia que tomó las riendas con Juan Pablo II y con el cardenal Ratzinger al frente de la Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe que hizo el diagnóstico de que todos los males se debían al concilio y han puesto en marcha un proyecto muy estudiado y coordinado y con su propio análisis sociológico, propio pero sólido, en el que su diagnóstico es que el postconcilio puso en tela de juicio dogmas, diluyó fronteras, relativizó la identidad y dijeron…hay que volver a la identidad fuerte, a las verdades de siempre y las estructuras sempiternas y en eso están … y su cálculo es que va a tener futuro y es un cálculo que se sustenta en el neoliberalismo americano como modelo social, político y económico de futuro pero yo creo y pienso que lo pensamos todos, que ese modelo y ese proyecto eclesial, que es muy palpable en el entorno inmediato, no puede tener futuro… nos está conduciendo no sólo a ser un fenómeno socialmente marginal de creyentes en la sociedad… sino que va, si sigue así, además de ser una minoría… va camino, la institución eclesial, de convertirse en un fenómeno de gueto o de secta.

ENLACES DE INTERÉS:

Libro de Manuel Guerra Campos: “Confesiones de un creyente no crédulo”: http://www.comunidadescristianasdebase-murcia.com/documentos/la_confesion_de_un_creyente_no_credulo.pdf

Entrevista completa a Monseñor Albert Rouet, obispo de Poitiers: http://www.redescristianas.net/2010/05/07/entrevista-a-monsenor-rouet-arzobispo-de-poitiers-la-iglesia-corre-el-riesgo-de-convertirse-en-una-subcultura/ TEXTOS A LOS QUE LOS MIEMBROS DEL FORO HICIERON REFERENCIA, SEGÚN SUS PROPIAS PALABRAS “A MODO DE PEQUEÑO HOMENAJE” EN LA PRESENTACIÓN DE JOSÉ ARREGUI ANTES DEL INICIO DE LA CHARLA: Eduardo Galeano, dijo hace poco en la recepción de un premio en Suecia: Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que violan nuestra conciencia o humillan nuestro sentido común. Ojalá podamos ser tan confiados para seguir creyendo contra toda evidencia que la con-dición humana, vale la pena. Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del bien.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporá-neo, de todo aquel que vive animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma. Karl Ranner “Elementos de espiritualidad en la iglesia del futuro”

Forma parte de la espiritualidad actual del cristiano, el coraje de decidir personalmente en contra de la opinión pública. Aquel coraje singular que es análogo al de los mártires del siglo primero del cristianismo. Este coraje singular puede subsistir sin embargo, sólo cuando se vive de una experiencia personal de Dios y de su Espíritu.

Ya se ha dicho, que el cristiano del futuro, o será un místico, o no será. Antes, la Iglesia, nos sostenía. No tenía ninguna necesidad de que la sostuviéramos nosotros. Pero hoy las cosas son muy diferentes. La Iglesia misma, hoy, más que sostener la dimensión de Fe del individuo, es sostenida, por ella.

Puede suceder también que la Iglesia se convierta en un peso opresivo para la espiritualidad del individuo por su doctrinalismo, su legalismo y su ritualismo. Realidades con las que no puede tener ninguna relación positiva una espiritualidad auténtica. Pero también en el futuro, la eclesialidad, será un criterio irrenunciable y necesario de la auténtica espiritualidad.

La paciencia con la Iglesia en su figura de sierva, es también para el futuro, un camino indispensable para llegar a la libertad de Dios. Ya que, en donde no se recorre este camino, sólo se llegaría finalmente a la arbitrariedad de las opciones personales y de una existencia, egoístamente prisionera del propio yo.