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viernes, 3 de febrero de 2012

V Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 1,29-39): La eucaristía cura y libera


Tanto el evangelio como la segunda lectura de la misa de hoy nos hablan de la necesidad y de la urgencia de la evangelización. En el fragmento evangélico de Marcos hemos visto que Jesús afirma convencido: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido". Y en la primera carta de san Pablo a los corintios, hemos advertido la contundencia de la aseveración del apóstol: "el hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio, y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!" Está bien, por tanto, que reflexionemos sobre algunas de las características más importantes de la tarea evangelizadora, tal como se nos presentan en los textos que hemos leído.

-Evangelización y curación de los enfermos

En primer lugar, nos damos cuenta de que la actividad misionera y predicadora de Jesús iba siempre acompañada por otra actividad muy importante, la de "curar a muchos enfermos de diversos males". El Evangelio de Marcos, y muy especialmente el fragmento que acabamos de oír, está lleno de alusiones a las acciones curativas de Jesús, de tal modo que un lector superficial podría confundir a Cristo con un simple curandero.

ENFERMEDAD/RESIGNACION: Esa actitud de Jesús ante los enfermos y la enfermedad -íntimamente ligada a la misma predicación de la Buena Noticia- nos lleva a la convicción de que, en una perspectiva cristiana, de ningún modo podemos hablar de resignación pasiva en relación con la enfermedad y el sufrimiento. El cristiano no se somete, en el caso de la enfermedad, a una especie de fatalidad a la que el hombre estuviera condenado, como hace, por ejemplo, Job, en el texto que hemos oído en la primera lectura: "MI herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga (...) Recuerdo que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha".

No, Jesús no canoniza ni bendice la enfermedad, ni se resigna pasivamente a ellas, sino que la combate con todas sus fuerzas, y este combate se convierte en un aspecto más de su lucha global contra el mal. Y ello, porque la salvación ofrecida por Jesús no se limita a un único aspecto del hombre -el alma, como contrapuesta al cuerpo-, sino que quiere llegar a la totalidad de la persona humana, e incluso, al marco cosmológico de su existencia.

Este es, por tanto, el sentido profundo de las curaciones de enfermos que llenan las páginas del evangelio: Cristo quiere liberar al hombre, a todo el hombre; quiere sacarlo de aquella situación desesperada y trágica que nos pinta el libro de Job, y conducirlo a un estado de salud espiritual y corporal, que le permita captar con toda pureza la llamada divina a la felicidad.

También, pues, para todos los cristianos y para toda la Iglesia, la lucha contra la enfermedad debería constituir una actividad de primer orden, y convertirse en uno de los "signos evangelizadores" más importantes y necesarios.

-Evangelización y liberación

En segundo lugar -y muy vinculado a lo que acabamos de decir- vemos que la evangelización va ligada a la liberación total del hombre, no sólo de la enfermedad y del sufrimiento, sino de todo cuanto lo esclaviza y aliena, de todo cuanto lo disminuye y paraliza. El predicador del evangelio tiene que proclamar con fuerza este aspecto liberador del mensaje, incluso con el riesgo de quedar él mismo esclavizado, tal como, en la segunda lectura, hemos oído que Pablo decía de sí mismo: "Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes".

TEOLOGIA-LIBERACION La dimensión liberadora del mensaje evangélico es la que actualmente pone de relieve la llamada "teología de la liberación", que algunos cristianos bien pensantes ven con recelo o se imaginan que ha sido condenada por la Iglesia oficial. La verdad, en cambio, es que el mismo papa la acepta y fomenta. Es cierto que el papa -a través de discursos y documentos- ha puesto en guardia contra el peligro de reducir la figura de Jesús a la de un luchador contra los poderes opresores, y su mensaje, a un programa de subversión social y política. Pero, al mismo tiempo, el papa ha hecho unas claras afirmaciones sobre la necesidad de entender a Jesús y su mensaje -y, por tanto, la misión de la iglesia- no únicamente desde una perspectiva "sobrenatural" y espiritualista, sino con todas sus consecuencias verdaderamente humanas. Recordemos lo que Juan Pablo II dijo a los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla: "Si la Iglesia se hace presente en la defensa y promoción de la dignidad del hombre, lo hace en la línea de su misión, la cual, aunque sea de índole religiosa y no social o política, no puede dejar de considerar al hombre en la integridad de su ser".

-La eucaristía cura y libera

En esta eucaristía que celebramos, nos ponemos en contacto con la misma fuerza curadora y liberadora de Cristo. Por esto los antiguos Padres de la Iglesia llamaban a la eucaristía "medicina de inmortalidad". Procuremos que esta misma fuerza nos haga a nosotros portadores de salud a todo el mundo.

Por J. LLOPIS