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viernes, 3 de febrero de 2012

V Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 1,29-39): TRES VERBOS



Podríamos titular este comentario u homilía “un día en la vida de Jesús”. Qué hacia Jesús a lo largo de una jornada cualquiera. Se levantaba muy temprano para orar y en ocasiones (como apunta hoy) se retiraba a un descampado. Le gustaba el silencio, profundizar en el diálogo con su Padre Dios. Olvidamos con facilidad que la oración no es tanto hablar a Dios, incluso hablar con Dios, sino que consiste también en escuchar a Dios. Al parecer dedicaba largo tiempo a la oración.

El relato del evangelio (el dejar a la gente e irse al descampado) lo podemos interpretar de una manera mezquina, en el sentido de que recurre a la oración para liberarse de la presión, del agobio de tantos enfermos, que acudían a que les curase. Resulta conmovedor imaginarse cómo al atardecer se iban acercando a Jesús probablemente cientos de enfermos para que les sanara. Tal vez Jesús se sentiría como desbordado, como impotente ante aquella avalancha humana, que deseaba angustiosamente ser curada. Es un misterio la existencia del mal. Jesús sufrió el mal, experimentó el fracaso, el abandono, la indiferencia, el desprecio, el dolor, la muerte. No sólo vino a luchar contra el pecado, sino también contra el sufrimiento, contra el dolor. Fueron muchas horas las que Jesús dedicó a los enfermos pues sentía vivamente el sufrimiento, sobre todo del inocente. Incluso quiso que se le conociera por su actitud frente a la enfermedad. Cuando Juan el Bautista envió a dos discípulos suyos para que se enteraran de si Jesús era el Mesías esperado o no, le respondió: “id y contadle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen …”.

Marcó la línea, el camino a seguir, curando a varios enfermos, pero no a todos. Ante el reproche de Pedro, porque había desaparecido: “Todo el mundo te busca”. Frase que refleja el egoísmo de aquel grupo, que le quería a Jesús exclusivamente para ellos. Con cierta frecuencia nosotros le pedimos a Dios cosas exclusivamente para nosotros y nos olvidamos de los demás: que nos toque la lotería, que ganemos la oposición, que triunfe nuestro equipo,… Jesús supo responder: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas”. Invitándoles a que fueran más solidarios y generosos.

Por otro lado, nosotros estamos convocados para cooperar en la continuación de la obra que Jesús comenzó: curar y aliviar el sufrimiento humano. Él comenzó en Galilea, sus seguidores debemos continuar la misma tarea en los distintos rincones del mundo. Él nos da ejemplo. Basta observar cómo trató a la suegra de Pedro, que se encontraba enferma con fiebre. Tres verbos utiliza el evangelista Marcos: se “acercó a ella, la cogió de la mano y la levantó”. Como consecuencia, “se le pasó la fiebre y se puso a servirles”. Tres verbos que nos hablan de la delicadeza, de la preocupación y, sobre todo, de la compasión de Jesús para con las personas sufrientes. Anotar que la virtud de la compasión (significa padecer con, sintonizar con, simpatizar con) es hermosa, magnífica y bella. En el momento actual escasea tanto que casi ha desaparecido de nuestra sociedad. Los expertos afirman que la hemos sustituido por el consumismo y por el egoísmo. Un cambio lamentable. Cambio que no podemos aceptar.

Más aún nuestra entrega puede curar, puede continuar la misión preferida de Jesús: evitar el sufrimiento o, al menos, aliviarlo. Nosotros carecemos de la fuerza curativa de Jesús. Él cura, libera, devuelve la alegría, estimula. Pero nosotros, discípulos de tal maestro, podemos hacer “milagros” (entre comillas), por ejemplo, echando una mano para que todos los niños, incluidos los de países pobres o empobrecidos, sean vacunados. Hace unos años, algunas ONGs compraron esclavos en Sudán y en Sierra Leona por 6.000 pesetas para liberarlos después y convertirlos en ciudadanos libres.

Tres verbos resumen la vida de Jesús: curaba enfermos, predicaba y oraba. Tres verbos resumen el comportamiento de Jesús con los enfermos: se acercaba a ellos, les cogía de la mano y los levantaba”. ¿Qué tres verbos resumen nuestra vida y nuestro comportamiento?.