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domingo, 29 de abril de 2012

EL PASTOR, EL AGUA, LA LUZ, EL PAN


Domingo IV de Pascua – Ciclo B (Juan 10, 11-18)

Cambiamos de contexto. No se trata ya de los relatos de la Resurrección sino de un mensaje de Jesús. La escena se sitúa en Jerusalén. Se ha producido inmediatamente antes la curación del ciego de nacimiento, que ha provocado por una parte la admiración del pueblo, y por otra el rechazo de los jefes. A continuación, Jesús se presenta como "puerta" y como "pastor". Y vuelve a provocar la división: unos creen en él, por sus signos y por sus palabras, otros se le oponen cada vez con más violencia. El párrafo siguiente es muy significativo:

Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían:
«¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.»
Jesús les respondió:
«Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»
Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo:
«Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?»
Le respondieron los judíos:
«No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.».
Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad.» Y muchos allí creyeron en él.
(Jn 10:22‑42)
Se trata pues de la presentación de Jesús, de una manera definitiva. Después de la discusión, Jesús, prudentemente, se marcha de Jerusalén. Pero volverá llamado por la enfermedad y muerte de su amigo Lázaro, volverá la predicación del Templo, y la inevitable consecuencia del arresto y la muerte.

Estos fragmentos evangélicos muestran por tanto todo el planteamiento de Juan, paralelo a la predicación de Pedro: "Este, al que vosotros rechazasteis, es el que esperábamos"

También a nosotros se nos ofrece el mismo dilema ante Jesús: ¿Es éste el que esperábamos? Todos estos domingos se nos está ofreciendo una reflexión sobre nuestra fe en Jesús, a varios niveles:

PRIMER NIVEL: "Lo que creemos de Jesús"

No tenemos mucha dificultad en admitir una profesión de fe como la que aparece en los discursos de Pedro: "El hombre lleno del Espíritu, en el que vemos actuar al Espíritu de Dios". Nuestra mente occidental del siglo XX siente más la lejanía de Dios y lo difícil de comprender nada de Dios mismo. Entender a Jesús como "lleno del Espíritu de Dios", nos va bien, y por eso tendemos a quedarnos ahí. Juan vio más, e hizo profesiones de una fe en Jesús que va más lejos aún:

“Yo y el Padre somos uno”. Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: « Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme? » Le respondieron los judíos: « No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.»

No podemos olvidar que ésta fue la acusación definitiva por la que le condenaron a muerte. Tras muchas acusaciones y falsos testimonios infructuosos, el Sumo Sacerdote le interpela directamente, y se le condena porque blasfema diciendo que es "El Hijo de Dios".

Todo esto se expresa de la forma más llamativa en el prólogo del Evangelio, en que Jesús es presentado como

"El Verbo por quien fueron hechas todas las cosas,

que puso su tienda entre nosotros"

"Y nosotros hemos visto su gloria,

gloria como de Unigénito del Padre,

lleno de Gracia y de Verdad"

Es éste un buen momento, por tanto, para meditar en nuestra propia Fe en Jesús. Cada uno camina en su fe. Es fácil que ésta última formulación de la fe, la de Juan, nos haya sido transmitida desde pequeños: "Jesús es Dios hecho hombre, encarnado en el seno de la Virgen María".

Y lo admitimos así de manera ingenua y confiada, probablemente negando, al admitir esto, la humanidad de Jesús. Cuando nuestra fe fue más adulta, hicimos crítica ella, y tal formulación quizá nos pareció demasiado. "Retrocedimos" a la formulación de Pedro: "El hombre lleno del Espíritu", “Dios estaba con Él”... simplemente porque no podemos entender más.

Creo que es bueno que tomemos conciencia de los límites de nuestra mente; tendemos a creer sólo lo que podemos comprender. Pero es igualmente bueno darnos cuenta de que esa otra formulación, la que ve en Jesús "más", está ahí, en Juan, y se nos ofrece como un desafío.

SEGUNDO NIVEL: "Le creemos a Jesús, nos fiamos de Él"

La fe como aceptación de ideas no es más que un principio, incluso puede ser inútil. Se trata de que nuestra vida necesita sentido. Se trata de que el sentido de la vida es la relación con Dios. Una serie de fórmulas teóricas sobre quién es Jesús no salva nuestra vida. Lo que salva nuestra vida es vivir de otra manera. Las ideas interesan cuando son motores de la vida. Y Jesús, creamos en Él al nivel que creamos, nos importa porque nos descubre quiénes somos y quién es Dios. Y esto puede cambiar nuestra manera de vivir, puede "salvar nuestra vida"

En el Evangelio de hoy se ofrece la imagen de Jesús como pastor, buen pastor interesado sólo por el bien de las ovejas, capaz de dar la vida por las ovejas. Jesús imagen de Dios: "Quien me ve, ve al Padre". Se presenta a Dios como Pastor capaz de dar la vida por las ovejas, en la misma línea de todas las imágenes con que los evangelios nos hablan de Dios: el médico, la mujer que busca la moneda perdida, el padre del hijo pródigo... Y en la misma línea en que lo está presentando Juan con símbolos tan conocidos como

LA LUZ (en la curación del ciego de nacimiento )

EL AGUA (en el relato de la Samaritana y la fiesta de las tiendas)

LA VIDA (en la resurrección de Lázaro)

EL PAN (en la multiplicación de los panes y el discurso del Pan de vida )

EL PAN Y EL VINO (en la Eucaristía)

Todos estos símbolos de Dios tienen la característica de su funcionalidad: la luz es para caminar sin tropezar: el agua, el pan, el vino, son los alimentos necesarios para trabajar... La vida es ... ¿para qué es la vida? Nos encontramos con la esencia de la Revelación: Dios se revela para decirle al ser humano para qué es la vida: y el mensaje es que eres hijo, que puedes realizarte como hijo, que Dios cuenta contigo para que todos lo sepan y salven su vida.

La vida es algo que debe ser salvado de la oscuridad y de la sed, del pecado y de la muerte. Y Dios es el agua y la luz y la vida que está aquí con nosotros para que lo logremos.

En Jesús encontramos pues la revelación de Dios y del ser humano: Dios se muestra "para que el hombre viva". El ser humano es, esencialmente, "posibilidad de Dios".

José Enrique Galarreta