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domingo, 26 de agosto de 2012

Domingo 26-8-12: Las mujeres se “sometan” a sus maridos. Tres aproximaciones



Domingo 21, tiempo ordinario, ciclo b. Sigue y termina este domingo el tema del pan de vida (Jn 6), pero como lo he presentado ya desde diversas perspectivas, prefiero comentar la “epístola” (Ef 5, 21-33), que ha sido (y sigue siendo en ciertos lugares) principio y base de una teología y práctica matrimonial que defiende el sometimiento de las mujeres (y su exclusión del ministerio).Es un pasaje complejo (es decir, retórico) y ha de interpretarse desde su contexto. Así lo quiero comentar de nuevo, en una postal que resulta algo largo y que puede leerse por partes, respondiendo a estas preguntas:

1. ¿Qué quiere decir Efesios (Pablo), cuando afirma que las mujeres han de someterse a sus maridos como al Señor? ¿Cómo debería ser un hombre al que una mujer deba/pueda someterse sin perder su libertad y autonomía? ¿Existe ese tipo de hombres a los que merezca la pena someterse?

2. ¿Cómo han de entenderse hoy las palabras de este viejo pasaje retórico de la tradición de Pablo? ¿Qué significa la sumisión femenina a la que el texto alude? ¿Es sólo sumisión de esposas o de todas las mujeres? ¿Es que piensa este Pablo que la mujer por sí misma no puede resolver su vida?

3. ¿Si así son las cosas ¿no sería preferible no casarse?. Esto dijeron los discípulos a Jesús, cuando les advirtió que no podían echar a sus mujeres (¡Si es así, mejor no nos casamos! Mt 19, 10). Así parece decir Pablo a las chicas solteras: Si queréis ser independientes y no caer en manos de un hombre que os mande, es mejor que nos os caséis (2 Cor 7)

Éstos y otros problemas quedan pendientes al fondo del texto... y quizá el más llamativo es el de aquellos teólogos (y pastores) que partiendo de aquí afirman que las mujeres no pueden ser ministros de Cristo, porque sólo los hombres son de verdad su imagen (sólo ellos pueden representarle). Esa deducción me parece "ab-errante", pero muchos "jefes varones" la toman, así que será preciso tenerla en cuenta. Todo eso nos lleva a estudiar con cierta detención este pasaje.

El texto es retórico, complejo... Quiere vincular varios motivos y lo hace de una forma que a veces resulta difícil de entender. Por eso algunas mujeres (y hombres) han querido tapar la boca a este "Pablo" machista... y otros le han defendido a ultranza... Intentaré aclararlo ofreciendo tres aproximaciones. Buen domingo a todos, buen “retorno” de las vacaciones a los del hemisferio Norte.

Introducción. Cuatro tesis

‒ El texto no habla de hombres y mujeres, a diferencia de Gal 3, 28: donde se dice que son “uno” (iguales) en Cristo, sino esposas y maridos. Téngase esto bien en cuenta. Aquí no hay una doctrina sobre la mujer en sí (ni sobre el hombre en sí), sino sobre su relación matrimonial.

‒ Éste no es punto de partida de la doctrina cristiana sobre el matrimonio, sino una explicación posterior (y parcial).En principio, Jesús había situado y entendido el matrimonio a la luz de la palabra original de la creación, proponiendo la igualdad entre marido y mujer (cf. Mt 19,1-10 par y Gen 2, 24).

‒ De manera consecuente, la iglesia posterior (representada por Ef 5, que escribe en nombre de Pablo, pero en un momento posterior) reinterpreta y valora el matrimonio desde la experiencia de amor y entrega de Jesús, como una concreción de su amor mesiánico. De esa forma ha conciliado (unificado) amor Cristo-Iglesia y amor de los esposos (que el mismo Pablo aún mantenía separados y casi opuestos, en 1 Cor 7).

‒ De esa forma, la escuela de Pabloratifica el valor “mesiánico” del matrimonio, ofreciendo así un servicio inestimable a los cristianos posteriores. Pero una lectura apresurada de su texto corre el riesgo de reintroducir el matrimonio en esquemas jerarquizantes, de tipo patriarcalista, como algunos hacen todavía hoy (incluso desde la jerarquía, al negar el acceso de la mujer a los ministerio), en contra de la dinámica del movimiento de Jesús y de todo el NT (leído en su conjunto)

Texto Ef 5,21-33

a. ‒ Someteos unos a los otros en el temor de Cristo.

b. ‒ Las mujeres que se sometan a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la iglesia, es salvador del cuerpo. Así como la iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.

c. ‒ Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño de su sangre... Así deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. Quien ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la iglesia.

a'. ‒ Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es este, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia. En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer que respete a su marido (Ef 5,21-33).

A. PRIMER APROXIMACIÓN. SOMÉTASE

‒ Un texto clave de Pablo (1 Cor 7) parecía suponer que una buena mujer encuentra oposición entre el marido (de este mundo) y Señor (que el del reino): el marido aparece de algún modo como adversario del Señor, de tal forma que no se puede amar bien al uno amando al otro.

‒ Este nuevo pasaje de la escuela paulina (Ef 5) presenta al marido como revelación del Señor Jesús para la esposa, de modo que la mujer puede y debe amar al Señor Jesús amando a su marido. De esta forma, el matrimonio se interpreta como realización simbólica del encuentro salvador de Cristo con la iglesia, con un varón superior (que es Cristo) y una mujer inferior (que es como la Iglesia). Podemos distinguir y vincular así tres planos:

1. En el Antiguo Testamento Dios aparecía como esposo de su pueblo, al que ama y salva desde arriba.

2. En Efesios 5 el Dios esposo es Cristo; el pueblo esposa es ya la iglesia, Cristo desde arriba, como cabeza, la Iglesia como cuerpo. La renovación mesiánica de la humanidad viene a presentarse como matrimonio escatológico de Dios con los hombres en el Cristo.

3. El matrimonio humano, de hombre y mujer, aparece finalmente como revelación del Dios creador (que ama a Israel) y del Cristo redentor (que ama a la Iglesia). De esa forma, el hombre-esposo es signo y presencia de Dios y de Cristo para su mujer, renovando así en cada matrimonio el misterio de la creación y de la redención, en forma esponsal amorora, pero jerárquica.

Orden jerárquico

Este esquema es normal dentro del despliegue teológico de la Iglesia y tiene elementos positivos. El problema empieza cuando se aplica de un modo jerárquico, entendiendo el matrimonio como relación de dos “personas” desiguales, en línea de superioridad de uno sobre otro (en b y c): marido y mujer dejan de encontrarse ya en un mismo nivel (como personas iguales), para ocupar lugares diferentes dentro de la unión del matrimonio:

- El marido representa a Cristo y cumple una función salvadora dentro del mismo matrimonio (ha de entregarse por su esposa hasta la muerte). Dirige el camino del amor, realiza la función activa dentro de la unión y es cabeza de una mujer interpretada como cuerpo.

- La mujer representa a la iglesia, es decir, a la humanidad. Por eso, ella ha de portarse de manera receptiva, dejándose transformar (santificar) por su marido, como la iglesia se deja santificar por Cristo. Lógicamente, ella es como un cuerpo inferior regido por una cabeza superior; no ama sino "teme":,recibe con respeto agradecido el don de su esposo .

Evidentemente, Ef 5 asume en un primer nivel una visión patriarcal del matrimonio que parece lógica en aquel contexto social. También Pablo conocía esa visión (cf. 1 Cor 11,2-16) pero no pudo (o no quiso) aplicarla al matrimonio en su texto clave de 1 Cor 7. Ef 5 lo ha hecho, iniciando así un camino nuevo y peligroso dentro de la simbología cristiana.

- Antes, dentro del mensaje de Jesús (cf. Mc 2,18-19) o en la predicación de Pablo (2 Cor 11,1), el simbolismo religioso se aplicaba por igual (de manera reversible) a varones y mujeres, pues unos y otros estaban integrados en la misma "esposa mesiánica" del Cristo, de manera que no se podía hablar de superioridad del esposo sobre la esposa.

- Ahora, la misma lógica del símil (donde el Cristo en signo de varón aparece como superior a la humanidad concebida como esposa mujer), y la fuerza del patriarcalismo del ambiente, separan jerárquicamente las funciones: dentro del matrimonio el varón es Cristo (y cabeza), la mujer iglesia (y cuerpo), es decir, en un plano inferior.

Mujer subordinada marido como al Señor

De esta manera, las mujeres empiezan a mirarse como inferiores dentro de una perspectiva orgánica donde la unión de la iglesia se construye no a partir de la igualdad de sus miembros sino desde su misma desigualdad. Ciertamente, varón y mujer han de unirse en Cristo, pero ya no son “iguales”, no son uno (como sabe Gal 3,28), sino que uno (el varón) viene a elevarse sobre el otro (la mujer). De esa forma, Ef 5 introduce una nueva desigualdad paradójica en Cristo… una desigualdad que rompe todos los parámetros de sumisión normal (machista o feminista):

- Someterse al Marido como al Señor…. El esposo parece superior, como cabeza y signo de Cristo ante su esposa. Pero no es superior no para mandar sobre la esposa sino para servirla y entregarse por ella hasta la muerte. No es superior para imponerse sobre ella y dominarla, sino para servirla en amor y cariño, en entrega y afecto. Sólo allí donde el marido es como el Señor Jesús puede la mujer “someterse” (es decir, dejarse amar por él).

- Por otra parte, la mujer parece inferior... Pero inferior para ser servida, acogida, elevada… De tal forma que su situación de dependencia se convierte en principio de autoridad sobre el varón; entendida así, la mujer “sumisa” viene a presentarse como mujer privilegiada desde el amor.

Éstos son los elementos de esta subordinación jerárquica… que pueden encontrarse en el fondo de los textos auténticos de Pablo, pero que él no ha desarrollado de forma orgánica. Se trata por tanto de una superioridad/sumisión paradójica, que lleva a la superación de toda superioridad y sumisión normal del mundo...

Pero, de hecho, a partir de Ef 5, una vez que el texto se ha sacado de su contexto cristológico (de su reinterpretación evangélica) la Iglesia ha corrido el riesgo de tomar como propio y de recrear un mito de superioridad jerárquica del varón, que quizá aparece ya en Pablo, pero que no es cristiano (no responde a la revelación :

- El varón es cabeza (jerarquía) de la mujer (1 Cor 11,3). Esta afirmación proviene de un condicionamiento cultural judeo-helenista (que Ef 5,21-33 asume, desde su propio ambiente), pero que no forma parte de la novedad cristiana, como indica la misma argumentación siguiente de Pablo en 1 Cor 11,11-12, donde él supone que varón y mujer son iguales (corrigiendo así su afirmación anterior).

- La serpiente sedujo a Eva (2 Cor 11, 3). . Del mismo transfundo ha recibido Pablo esta visión antifeminista y probablemente sexualizada del pecado (mito judeo-helenista de la serpiente/diablo que cohabita con Eva y la seduce). Tomada en sentido estricto, esa visión va en contra de Rom 5 y del conjunto de Pablo (quien afirma que el pecado proviene del ser humano/adam, no de la serpiente).

- Como a virgen casta os he desposado con Cristo... (2 Cor 11,2). Del matrimonio teológico (Dios con el pueblo) hemos pasado al mesiánico: bodas del mesías con una humanidad (iglesia) femenina. Es buena la imagen, pero resulta peligrosa si se alegoriza y aplica a la función intraeclesial del varón y la mujer, insistiendo en un tipo de “castidad” que convierte a la mujer en realidad que ha de estar sometida a los varones.

- El Dios masculino (o su mesías) cohabitan con el alma femenina para fecundarla y haciendo que engendre las virtudes, conforme a un tema famoso del judaismo espiritualizante de Filón que afirma que Dios infunde (engendra) en el justo la vida más altas de sus dones (cf Gal 4,21-31.

‒ Aproximación al tema en B. Witherington III, Women in the Earliest Churches, Cambridge UP 1988. Los textos más significativos de Filón en Cherubim XIII, Philo II, Loeb, Harvard MA 1979,35-37. He planteado teológicamente el tema desde la perspectiva del nacimiento de Jesús en Dios como Espíritu y Persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1989, 353.436.
B. SEGUNDA INTERPRETACIÓN. SEGÚN LEAMOS EL TEXTO

Ef 5 es un texto paradójico y de múltiples niveles, que puede (debe) interpretarse en varias perspectivas, empleando para ello un tipo de análisis retórico y teológico. Las reflexiones que siguen desarrollan algunos de sus planos o niveles de lectura.

(a) Se puede leer desde su fórmula inicial (a),
entendida como tesis o resumen de todo lo que sigue:
¡someteos unos a otros en el temor de Cristo!

Desde ese fondo, como un comentario a la gran afirmación del amor reversible e igualitario de amor mujer (¡someteos uno al otro…!), sin diferencia de funciones entre hombre y mujer, el texto debe interpretarse en forma igualitaria y reversible: varón y mujer deben entregarse uno a otro, (someterse) en gesto de amor servicial fundado en Cristo. Aquí no hay jerarquía, uno arriba y otra abajo, uno cabeza y otro cuerpo...

‒ Ambos forman el mismo "cuerpo mesiánico de Cristo" y sólo en ese cuerpo constituyen "una sola carne" y deben subordinarse mutuamente ((someteos!) en palabra que recoge el más hondo mensaje de Jesús (cf. Mc 10, 42-45 par) y la parénesis fundante de San Pablo (cf Flp 2,1-4considerando cada uno al otro como superior!).

((Lo fundamental sobre Flp 2,1-5 lo ha dicho J.Heriban, Retto phronein e kênôsis. studo esegetico su Fil 2,1-5.6-11, LAS, Roma 1983. Ha destacado la importancia del sometimiento mutuo (reversible) de varón y mujer en Ef 5 S.F.Miletic, "One Flesch": Eph 5, 22-24.31. Marriage and the New Creation, AnBib 115, Roma 1988)).

(b) Leído desde su centro (b y c),
el texto introduce una jerarquización ontológica
o quizá mejor mítica de sexos
(el espíritu sería masculino, la materia femenina).

El esposo aparece así como mesías de la esposa, como si él fuera principio y garantía de la unión matrimonial. Llevada la comparación al límite habría que decir que el marido es salvador del cuerpo (de la mujer) por su misma condición masculina. De esa manera, el marido en cuanto varón la limpia y purifica a la mujer, conservándola sin mancha (Cf. también 5,26-27). Es evidente que, entendidas así, fuera del contexto, esas afirmaciones son anticristianas (harían al marido en exclusiva mediador de Dios y Cristo para su mujer). Entendidas así, estas afirmaciones provienen del mito de la caída de las mujeres, que aparece por ejemplo en los textos de 1 Henoc, muy leídos en su tiempo.

‒ El texto de Ef 5 introduce este tema mítico… pero quizá nos invita a leerle desde el principio, allí donde se dice “someteos unos a otros…”. ((Éste es un tema que han visto bien tanto los investigadores del pensamiento clásico como K.E.Borresen, Natura e ruolo della donna in Agostino e Tommaso d'Aquino, Citadella, Assisi 1979, como las nuevas pensadoras femenistas: cf C.Amorós, Hacia una crítica de la razón patriarcal, Anthropos, Barcelona 21-55)).

(c) Leído desde el final (a'),
nuestro texto (Ef 5, 31-33) ha de entenderse a la luz de Gen 2,24
y supera así la visión jerarquizada de los esponsales.

De esa forma empalma con a: con el tema la subordinación mutua (reversible, igualitaria) de los esposos. Es como si de pronto pareciera insuficiente el argumento anterior de cabeza y cuerpo (sôma) en b y c y debiera recordarse con Gen 2 que ambos (varón y mujer) han de realizar un único camino y forman así una sola carne (sarks) en la que ya no hay cabeza y cuerpo.
Es significativo el cruce de imágenes.

El centro del texto (b y c) parecía suponer que la mujer es sôma o cuerpo del marido, en clave de subordinación. Pero ahora descubrimos que ambos forman una sola sarks o carne, entendida como fragilidad y belleza vida compartida. Antes parecía que la mujer sola era carne de marido (cf 5,29); al fin se afirma que cada uno es carne del otro. Más aún, conforme a la cita de Gen 2,24, es el mismo marido quien tiene que "dejarlo todo" (padre y madre), para unirse la mujer que parece el miembro más activo en la pareja.

((Recordemos también que Ef 5,21-33 vuelve a situarnos desde una clave cristológica en el mismo principio evangélico de Mc 10,1-12. He tratado del tema en Familia mesiánica y matrimonio en Marcos, EstTrin 28 (1994) 389-395))

C. TERCERA INTERPRETACIÓN, SENTIDO BÁSICO EN SIETE TESIS

Evidentemente, la mujer de Ef 5 pertenece a la humanidad, no es una diosa. No es la expresión supra-histórica del eterno femenino sino una persona concreta, redimida por Jesús en un momento de su historia. Su figura no puede interpretarse como un momento del mito hierogámico intradivino. Ella forma parte de la humanidad mesiánica y su "esposo" simbólico no es Dios (con en Ez 16) sino el nuevo Adán que es Cristo.

1) Leído así, este texto ha sido y puede seguir siendo positivo para el conjunto de la iglesia, pues se atreve a interpretar el matrimonio (unión varón /mujer) en clave cristológica: la vinculación afectiva de los humanos (especialmente el matrimonio) forma parte del misterio mesiánico. Es también bueno que la mujer quede valorada por su referencia al marido y viceversa, sin necesidad de entenderla como madre (es decir, a partir de los hijos).

2) Pero somos muchos los que pensamos que resulta peligroso definir al mesías varón y a la comunidad como mujer y más peligrosa aún la simbología de cabeza y cuerpo.
Ese lenguaje está determinado por el contexto cultural y significa una vuelta atrás (una regresión) respecto al anuncio de Jesús y a la misma experiencia y práctica de Pablo.

3) Por eso, en la catequesis y en la teología actual debería desaparecer toda referencia al esposo como Cristo/cabeza y a la mujer como iglesia/cuerpo. La misión del verdadero Cristo se expresa por igual a través del varón y de la mujer; el misterio corporal de la iglesia alude a ambos.

4) Por eso, el texto ha de reformularse en lenguaje reversible de manera que allí donde se dice que el esposo es Cristo para la esposa se pueda añadir y la esposa es Cristo para el esposo; y allí donde se dice que el esposo es cabeza se pueda añadir que es también cuerpo de la esposa (y viceversa).Leídas de esta forma, desde el fondo del evangelio de Jesús que da su vida por los hombres, pierden su sentido las categorías de cabeza y cuerpo, de dominio y sometimiento. Ciertamente, si se emplea el antiguo simbolismo, habrá que seguir diciendo que la mujer es cuerpo del marido; pero es cuerpo de tal forma que no puede volverse nunca esclava; no es cuerpo para estar debajo del marido o recibir su semen (y engendrar así los hijos para el padre) sino para recibir la vida entera del marido que es señal de Cristo, haciéndose ella Cristo para ese marido.

5) En esa línea, debemos acentuar las paradojas del texto, destacando (como hemos hecho) su comienzo ((subordinaos unos a los otros...!) y su final con la cita de Gen2,24 ((dejará el hombre a su padre y a su madre...! . Por otra parte, el mismo centro del pasaje es cristológico, recordando a los dos esposos que sean como Cristo que amó a su iglesia y se entregó por ella. Es evidente que esa entrega mesiánica sirve de modelo para varones y mujeres, como presupone todo Pablo (cf. Flp 2,1-5).

6) En esa línea añadimos: o todo el evangelio es falso o lo que dice Ef 5 de los varones respecto a las mujeres se puede aplicar de forma reversible a las mujeres en su relación con los varones .Quizá debamos afirmar que Ef 5 ha referido el signo de Cristo a los varones, para que ellos aprendan a subordinarse y servir a sus mujeres (superando así su afán de dominio). Pero debemos añadir que tan pronto como se aplica a los esposos el signo de Cristo desaparece para ellos (para todos) la antigua y permanente actitud de dominio y superioridad jerárquica que ha sido y sigue siendo central en un tipo de ontología sagrada: nadie puede presentarse como superior al otro. Esta es la parada: el texto acepta la simbología patriarcarlista del tiempo, pero la rompe internamente al arraigarla en el gesto mesiánico del Cristo al decir que el varón es cabeza de la mujer (en sentido evangélico) no siendo cabeza en sentido mundano; y la mujer es cuerpo al hacerse en realidad cabeza del esposo

7) Me distancio así de una interpretación neo-sacralizante y patriarcalista de las relaciones sexuales que sirve para justificar el monopolio ministerial de los varones como presupone M. Hauke, Women in the Priesthood, Ignatius, SanFranciso 1988, 340-404. En esta línea habría que aplicar aqui las estrategias de lectura e interpetación de J.-N.Aletti, Comment Dieu est-il juste? Clefs por interpréter l'épître aus Romains, Seuil, Paris 1991.

4. CONCLUSIÓN. SON CUERPO UNO DEL OTRO

Siguiendo los principios habituales de la hermenéutica, la nueva teología cristiana reinterpreta en clave de igualdad aquella experiencia fundante de amor matrimonial que Ef 5 expresaba en términos de relación jerárquica. De esa forma pueden (y deben) invertirse las palabras primordiales del pasaje, situando el amor de esposo-esposa en la raiz o fuente del amor mesiánico de Cristo, de manera que las dos partes del texto se vuelve reversibles:

-Maridos amad a vuestras mujeres como a Cristo, porque vuestras mujeres son vuestra cabeza, como Cristo es cabeza de la iglesia... Y amadlas como Cristo ama a los hombres y mujeres,en ternura, libertad y cercanía.
- Mujeres amad a vuestros maridos como Cristo amó a su iglesia, entregándose por ella para santificarla y purificarla; ellos son vuestro propio cuerpo, como la iglesia es cuerpo de Cristo... Y amadlos como a Cristo que es amor abierto a todos, en cercanía, ternura y creatividad, en autonomía y co-responsabilidad.

De esta forma han de aplicarse, en clave de inversión, los dos términos fundantes de aquel símil que Ef 5 entiende en perspectiva jerárquica (desde el marido). Ciertamente, el marido es cabeza de la mujer; pero también hay que decir que la mujer es cabeza del marido: sólo así pueden someterse mutuamente el uno al otro "en el temor de Cristo", como quiere 1 Ef 5,21.
De un modo complementario, debemos afirmar que la esposa es cuerpo del esposo. Pero, al mismo tiempo, hay que añadir que el esposo es cuerpo de la esposa: sólo así se entiende la fundamentación final del texto, allí donde se dice, citando a Gen 2,14 que "marido y mujer forman una sola carne".

Este es un misterio de unidad que sólo se comprende plenamente desde Cristo (en línea cristiana): la unión plena de varón y mujer constituye una concreción privilegiada de aquella unidad corporal que constituye el mismo centro de la vida de la iglesia.