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domingo, 9 de septiembre de 2012

Domingo XXIII del tiempo ordinario: El milagro de la plastilina



«Relatos como el de hoy, son una invitación a dejarse amasar por Jesús para abrir bien los ojos y los oídos a su persona y a su palabra. Unos discípulos «sordos» a su mensaje, serán como «tartamudos» al anunciar el evangelio. Hablarán de doctrinas enlatadas y no de palabras vivas y renovadas pues no podrán captar la novedad que contienen. Hemos hablado muchas veces de lo necesario que es el ponermos manos a la obra para luchar eficazmente contra el sufrimiento».

Dos muñecos de plastilina vivían en una caja de cartón. Eran felices aunque soñaban con poder salir algún día y pasear por la habitación y curiosear todas las cosas que veían desde su caja. Su mayor problema es que veían la cara del niño que les usaba para jugar y que les ponía nombres, les cambiaba de posición pero ellos no entendían lo que les decía. Con el paso del tiempo se habían quedado muy duros pero la situación cambió cuando el niño decidió meter sus figuras de plastilina en la bañera. Los dos muñecos miraron aterrados la pila pero su sorpresa fue que al contacto con el agua comenzaron a sentirse mucho más jóvenes, mucho más elásticos, incluso con un simple toque podían mover sus extremidades. El agua les había dado vida, ahora podrían salir a pasear por la habitación pero seguirían sin poder comunicarse con el niño, aunque el niño les hablaba e imitaba sus voces.

En el evangelio nos encontramos con un caso parecido al de los muñecos de plastilina. Le presentan a Jesús un sordo que, a consecuencia de su sordera, apenas puede hablar. Sólo se oye a sí mismo. No puede escuchar a sus familiares y vecinos. No puede conversar con sus amigos. Tampoco puede escuchar las parábolas de Jesús ni entender su mensaje. Vive encerrado en su propia soledad. El episodio es una muestra del interés directo, inmediato y constante, de que la gente sea liberada de todo mal; eso forma parte del proyecto de Dios. Ante una persona bloqueada en su comunicación Jesús se acerca, contacta personalmente y le abre a la comunidad. Una vez más el lenguaje de la piel y la cercanía, muestran tener la última palabra. El sordomudo no colabora pero Jesús, introduce los dedos en sus oídos y trata de vencer esa resistencia que no le deja escuchar a nadie. Con su saliva humedece aquella lengua paralizada para dar fluidez a su palabra. Pero tras el "effetá" de Jesús queda liberado.

Relatos como el de hoy, son una invitación a dejarse amasar por Jesús para abrir bien los ojos y los oídos a su persona y a su palabra. Unos discípulos «sordos» a su mensaje, serán como «tartamudos» al anunciar el evangelio. Hablarán de doctrinas enlatadas y no de palabras vivas y renovadas pues no podrán captar la novedad que contienen. Hemos hablado muchas veces de lo necesario que es el ponermos manos a la obra para luchar eficazmente contra el sufrimiento. Y quizá nos pase como con los muñecos de plastilina que solo podremos liberarles de una parte de su sufrimiento pero habremos conseguido que sean felices. Tenemos que ejercer la compasión de verdad, poniéndonos en el lugar del otro. Nuestro corazón, como el del niño de la historia, tiene que ser compasivo es decir: que sufra, ría, cante, llore, ame y vibre con las vidas de los otros. Ser compasivo implica complicarse la vida, quitarse las orejeras, y levantar las posaderas del sofá. Ser compasivo va más allá de un puro sentimiento momentáneo; nos lleva a pensar, a sentir, a cambiar, a buscar, a amar pero siempre inquietos por un algo más que siempre podremos hacer.

Cada vez más comunicados pero a la vez cada vez más aislados. Esa es la paradoja de nuestro mundo. Conocemos lo que sucede en Australia y poco sabemos de lo que pasa a nuestro alrededor. No seamos monigotes, ni papanatas: el trabajo en común, la lucha por otros y con otros, el gesto de ternura, la búsqueda de lo que es bueno para todos, la mano tendida para dar y recibir, todo esto hace que en nuestro interior germine la vida, el evangelio y podamos comunicarlo a los demás. Cristianos de reclinatorio o de plastilina sobran, hacen falta cristianos vivos.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)