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domingo, 17 de marzo de 2013

Domingo V de Cuaresma: Benditos espejos

Publicado por Entra y Verás

Desde que se inventaron los espejos debían haberse terminado los hipócritas, los falsos, los cotillas, los chismosos y todos los que se alimentan de la vida ajena. Antes de salir a la calle no estaría de más una sesión de espejo que vaya más allá de mirar si vamos bien peinados o bien vestidos sino para mirarnos a los ojos y caer en la cuenta de nuestros propios fallos y no exagerar así los del prójimo.

El evangelio de hoy podríamos mirarlo con los mismos ojos que el de el domingo pasado. En este caso la protagonista es una mujer pero antes de entrar en interpretaciones veamos algunos detalles del Evangelio que no pueden pasar desapercibidos para entender bien el pasaje. En primer lugar sorprenden a una mujer en adulterio, pero sólo acusan a la mujer, no al hombre de lo cual podemos sacar una primera conclusión elemental: 



Jesús sintoniza con los más débiles, les trae la salvación, el perdón, la liberación. No olvidemos que la mujer era considerada fuente de impureza y de pecado. Por otra parte se trataba de poner a prueba a Jesús, de buscarle las cosquillas, pues si accedía a que le apedreasen iba contra los romanos que prohibían la pena capital; si, por el contrario, dejaba libre a la mujer violaba la ley de Moisés. Un último detalle es que la escena transcurre en el templo, que se convierte en tribunal, en lugar de condena, con lo cual, si según san Pablo nosotros somos templos del espíritu, puede que, en ocasiones, nuestro corazón se convierta también en tribunal.

Jesús vuelve a arremeter contra los que se consideran perfectos ante Dios pero incapaces de perdón y de compasión para con el prójimo. Sus vidas no han sido tocadas por el Dios al que rezan y ofrecen sacrificios. Miran a la mujer como un desierto como algo estéril, sin solución, incapaces de entender que Dios tiende la mano a todos. Es muy importante que esta situación no pase desapercibida para nosotros, y que analicemos muy bien la correspondencia entre nuestra relación con Dios y nuestra relación con los hermanos. Sabemos muy bien la lectura que hizo Jesús del significado de la ley y los profetas. El amor al prójimo es esencial para manifestar una relación verdadera con Dios.

Ante la afirmación de Jesús nadie se atreve a condenar, y la mujer se queda a solas con Él. Jesús le despide pero le advierte que no vuelva a pecar más. Esa es nuestra tarea, el intentar ser cada día un poquito más agradables a los ojos de Dios, que conoce nuestras limitaciones y debilidades, pero que a la vez que nos perdona y acoge tal como somos nos anima a convertirnos. Jesús no le da la absolución ni le impone penitencia, solamente hace una cosa, mirarle a los ojos, para que se sienta acogida y tratada con dignidad. Una vez más volvemos a encontrarnos con el Dios todoamoroso y todomisericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Me gustaría que todos echásemos hoy la vista atrás hacia lo que han sido los momentos más importantes de nuestra vida, aquellos de los que siempre nos acordamos, aquellos especialmente alegres y aquellos que no lo fueron tanto, y viéramos en todos ellos la presencia de Dios que convierte siempre nuestra vida en una auténtica historia de amor, que siempre hace que brote el agua en nuestros desiertos, que no reparte golpes sino besos y abrazos.

La cuaresma poco a poco va terminando. Nuestro paso por el desierto va llegando a su fin y, si Dios quiere, dentro de siete días acompañaremos a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén a lomos del pollino. Pero mientras esto sucede, a nosotros nos toca acelerar el paso corriendo hacia la meta como san Pablo. Descubrir en la oración nuestra sed de Dios, nuestros desiertos necesitados de agua, del agua viva de su gracia para que una vez más podamos alabar su grandeza y su misericordia como dice el versillo del salmo de hoy: El Señor ha estado grande y estamos alegres.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)