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domingo, 3 de marzo de 2013

Israel, Nosotros, Vaticano: Una higuera

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Domingo 3 Cuaresma. Ciclo C. Lc 13, 1-9. Jesús comparó el templo de Jerusalén con una higuera estéril que debería ser talada. El evangelio ha aplicado esta comparación a los cristianos y a la Iglesia, en medio de fuertes conmociones militares y catástrofes políticas, como indica la liturgia de este domingo.
Se puede decir afirmar hoy que la higuera que Jesús criticó (y condenó) era Israel, pero somos también Nosotros (la Iglesia), es el Vaticano, soy yo, eres tú… No hemos dado fruto, estamos ante el gran dilema, propio de cuaresma, de Sede Vacante: O nos renovamos o seremos talados.
No he tenido que escoger el texto, pero viene como anillo al dedo, en un contexto de conmoción cósmica y política (con riesgos de muerte y terrores) y de asombro eclesial, cuando la Iglesia ha de ver lo que hace con la Higuera del Vaticano, en fuerte Sede Vacante, que puede llevarnos a un Papa leñador (que tala la higuera, como quiere el amo de la parábola) o un Papa reformista, que la riega un año más (¡después que han pasado tres años inútiles, que son para la Biblia un largo tiempo, quizá siete o más generación.)
Así quiero presentar y comentar el evangelio de hoy, que leerán con temblor y esperanza los cardenales, empezando por la último parte (Higuera-Iglesia), para pasar después a la primera (Pilato asesino, torres que se derrumban). Dejaré los textos abiertos, que los interprete cada uno, desde su sensibilidad personal, desde su propia situación, atónito ante la profecía de Jesús, en un tiempo de tala o reforma de la Iglesia.
Cualquier cosa que yo pueda decir resulta suave ante el impulso profético (destructor y recreador del evangelio). El evangelio ofrece materia de buena reflexión, urbi et orbi, para la Ciudad del Cónclave (urbi) y para el ancho mundo de cristianos y seres humanos (orbi).
Mi reflexión va en la línea de los comentarios de J. Ignacio Calleja (postal anterior), , distinguiendo, sin separarlos, los plano de profecía e institución, un tema del que sabía mucho Jesús, aunque él fue sobre todo profeta: Por palabras como estas le mataron los institucionales de entonces, que no eran peores que los de ahora. Buen domingo a todos.



1. QUÉ HACER CON LA HIGUERA ¿CORTARLA O DARLE OTRA OPORTUNIDAD?

«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas» (Lc 13, 6-9).

Este es el dilema:

‒ O cortar la higuera, que en principio es el Templo de Jerusalén, y que en nuestra situación es el Vaticano… y plantar en su lugar otra que dé frutos. Cortar la higuera sería afirmar que su tiempo ha pasado, que hay que buscar nuevos modelos de religión, de experiencia cristiana. Ya no sería tiempo de reformas, sino de nueva plantación

‒ O cuidarla con mimo, esperando un año más (¡han pasado tres, han pasado muchos!), para ver si da fruto. Se tratará de renovar, de reformar. Se podrá cambiar todo, pero a fin de que todo permanezca igual (Lampedusa, El Gatopardo)

Es difícil decidir. El amo (que entiende menos de agricultura) siente compasión por el árbol. El viñador (la higuera está en la viña), que entiende más y es quién trabaja, piensa que es mejor cortar el árbol.

Higuera de Israel, Higuera de la Iglesia

En el fondo de esta breve parábola está toda la historia de Israel y el mensaje (movimiento) de Jesús. Y estamos nosotros. Unos más compasivos, otros más dispuestos a echar abajo con todo lo que nos parece que sobra o hace daño. Además, tenemos visiones distintas de la higuera. Por poner unos ejemplos muy simples:

‒ Algunos quieren quitar las malas higueras de la Iglesia, que serían (en planos muy distintos) los “malos teólogos”, los curas pederastas (¡perdonen las comparaciones!), los ricos sin conciencia, los políticos corruptos…

‒ Otros quieren “segar” la higuera del Vaticano, especialmente en estos tiempos de Sede Vacante y de Cónclave, es decir, reunión secreta para nombrar en secreto al nuevo Papa.

Normalmente, cada uno está dispuesto a sacar el hacha y derribar la higuera de su prójimo. Por eso es bueno pensar más sobre esta parábola, para situarnos desde ella y ante ella.

La parábola tiene una larga historia israelita

La historia de la higuera y del árbol que debe cortarse porque no da fruto viene de la tradición israelita. Son numerosos los pasajes de la Biblia (sobre todo en Isaías y en Ezequiel) que hablan de árboles sin fruto que deben ser talados… y que quizá pueden revivir, por la misericordia de Dios.

El profeta del hacha que corta la higuera (el árbol sin fruto) es Juan Bautista

Había dicho que viene el Más Fuerte con el hacha (y con el bieldo…) para cortar de raíz y quemar los árboles sin fruto (Mt 3 y Lc 3). Se refería al Árbol seco de un Israel sin fruto, a los árboles sin fruto de sacerdotes y funcionarios sagrados… ¡Todo árbol que no dé fruto será talado…!

Marcos: Cortar la higuera.

Según Marcos, Jesús no quiso talar al principio la higuera… sino darle vida, es decir, reformarla. Pero al final de su vida se dio cuenta de que no había más remedio que cortar una higuera…

Se refería a la higuera del Templo de Jerusalén y de sus funcionarios sagrados… Se acercó a Jerusalén, observó lo que pasaba y dijo, de un modo solemne: ¡Que nadie más coma nunca del fruto da esta higuera! (11, 12-14).

Lo mejor que le podía pasar a la higuera sagrada (templo y sacerdotes) era cortarla… Y así lo vieron sus discípulos, descubriendo el día siguiente que la higuera estaba seca. Toda compasión en este campo era (¡y es!) una mentira, pues esa higuera-templo mata a muchos inocentes. Para que los inocentes vivan tiene que caer ese sistema de higuera-templo, ya, inmediatamente, sin esperar tres años, ni siquiera un día…

Ciertamente, según Marcos, la higuera se secó… pero se secó matando a Jesús… en un sentido, aunque en otro no pudo matarle y Jesús sigue vivo… La higuera se secó el año 70 d. C., con la destrucción del templo, aunque el judaísmo, gracias a Dios, encontró un camino mejor de vida… De igual manera, aplicando el tema a la Iglesia, Marcos diría que Dios debe cortar la higuera actual de un tipo de Vaticano, para que surja el evangelio de un modo distinto.

El evangelio de Mateo sigue en la línea de Marcos

Hay que cortar esta mala higuera de templo y sacerdotes…
Tiene que caer este templo de Jerusalén, para que puedan venir todos, salvarse los pobres… La mejor compasión es la del hacha, el cambio de sistema

Pero Lucas pensó que aún había tiempo de misericordia…

Lucas viene de fuera (no es judío, como Marcos y Mateo….). Viene de fuera y toma otro hilo en el gran tejido del mensaje de Jesús… el hilo de la misericordia… Y por eso, a pesar de que la higuera lleva tres años sin dar frutos (¡tres es todo el tiempo de la historia!) piensa que se puede esperar todavía.

El hortelano/viñador es partidario del hacha: cortar y sembrar allí otro árbol… Pero el amo, que es Dios, quiere dar tiempo, tiempo para cuidar de nuevo a la higuera, tiempo para el cambio.

Lucas es partidario de la reforma. Se trataría de renovar el Vaticano, de comenzar un tiempo nuevo, en concordia… Hay que pactar con el pasado, hay que conservar todo lo conservable, para que brote de nuevo la savia de vida en el árbol viejo. Parece seco, pero no lo está. Dios es capaz de hacer que dé frutos de nuevo.

Lucas deja el tema abierto… para que decidan los cardenales.

2. EN UN TIEMPO DE GRANDES RIESGOS

Lucas ha situado esta parábola de la higuera, es decir, del árbol de Israel (del árbol de la Iglesia), en el contexto de las catástrofes políticas y cósmicas, por eso, cita ese “caso” al lado de otros dos casos de “fatalidad”, vinculada al terror político y cósmico

‒ Estamos bajo el terror político. Estamos bajo la amenaza de los portadores del gran Terror militar y político:

«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo»Lc 13,1-3).

Estamos bajo un tiempo de terror, representado por Pilato, delegado del Gran Imperio, que puede ahogar en sangre cualquier intento de libertad. Ciertamente, el Imperio llamará terroristas a los galileos, diciendo que llevaban intensiones asesinas… Pero el texto no dice que ellos mataran, sino que mató el Imperio (al servicio del Orden llamado “mundial”… Pues bien, en este contexto, el Jesús de Lucas nos pide comprensión, que entendamos lo que pasa. No dice que matemos a Pilato (como quizá debía hacerse, sino que nos convirtamos).

‒ Estamos bajo la amenaza del terror cósmico,

de las Torres que caen, la vieja Torre de Siloé, las nuevas Torres Gemelas… Pueden caer por fatalidad geológica o terremoto (o también por atentado).

«Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera» (Lc 13, 4-5).

El texto no dice por qué caen las torres, sino sólo que caen, añadiendo que los que mueren bajo ellas no son más pecadores que los otros. ¿Qué se puede hacer en esta situación? Evidentemente, en un primer momento, tener paciencia… y en un segundo momento edificar, quizá, mejor la torre… o no edificarla.

3. CONCLUSIONES

Ahora podemos volver a la higuera, que en aquel tiempo era el Templo de Jerusalén con sus sacerdotes y que ahora pueden ser otras cosas:

1. Marcos o Lucas ¿quién expresa mejor el evangelio?

¿Dónde está la verdadera compasión: en cortar la higuera, para plantar otro árbol, como parece que quería el Jesús de Marcos, o en conservar todavía el árbol viejo, al menos un año más?

El Jesús de Marcos vino a “cortar” un tipo de higuera de templo de Jerusalén (Pablo diría un olivo…); pensó que lo mejor que podía hacerse con esta higuera era segarla de raíz (como pensó Isaías en Is 6)… Pero Lucas juzgó que quizá tenía que dársele tiempo.

2. ¿Qué higuera se debe cortar?

Unos (siguiendo la imagen de Jesús y aplicando al Vaticano lo que él dijo del Templo) quieren segar-cortar la higuera del Vaticano, porque dicen que lleva siglos sin dar frutos… Pero otros (quizá del Vaticano) quieren segar la higuera de la Teología de la Liberación o de otro tipo de movimientos cristianos… ¿Habría que sentarse y hablar… o que cada uno camine por ahí con su hacha?

3. Aplicación personal

Pero no nos cerremos en la Gran Iglesia, con los cardenales. Pensemos ante todo en nuestra higuera: ¿Qué debo cortar yo? ¿Qué deben contarme? Hay un texto radical en Marcos 9, 43:

‒ Si tu mano escandaliza córtatela…
‒ Si tu pie escandaliza…

4. Aplicación social.

Unos quieren cortar la higuera del Capitalismo mundial… pero los representantes del Capitalismo parecen estar dispuestos a seguir con su higuera, caiga quien caiga, sin preocuparse de los pobres debajo de la higuera. ¿Tiene posible futuro la higuera del capitalismo? ¿Cómo se la puede cortar, sin que vuelva con más fuerza….?

5. El gran terror.

En el fondo del tema de la higuera puede estar el terror… El terror de cortarla (es doloroso cortar higueras que son gente…)… o el terror de los representantes de la higuera, que quieren mantenerse por encima de todo, y que aplastan/matan a los otros.