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sábado, 13 de abril de 2013

SOMOS EFICACES CUANDO NOS VIVIMOS COMO CAUCES

III Domingo de Pascua (Jn 21,1-19) - Ciclo C

En este Apéndice del cuarto evangelio –originalmente, acababa en el capítulo 20-, vuelve a aparecer una imagen muy querida para aquellas primeras comunidades: la pesca.
Se trata de una catequesis, mucho más elaborada que otras, sobre la presencia inequívoca de Jesús en medio de la actividad (misión) del grupo y, especialmente, en la eucaristía (representada aquí por el pescado y el pan).

La barca era símbolo de la propia comunidad –todavía hoy se oye hablar de la "barca de Pedro" para referirse a la Iglesia- y la pesca era imagen de la misión.


A estas alturas de los hechos –nos hallamos ya en el siglo II-, la comunidad de Juan reconoce la primacía de Pedro, algo que, en un principio, le había costado aceptar. En consonancia con ese cambio, aquí aparece ya Pedro tomando la iniciativa.

Son en total siete los discípulos que van a la misión. De ese modo –siete es el número de la totalidad: 3+4, Dios + el cosmos-, se hace ver que la misión incumbe a la iglesia entera.

Toda la noche –en el cuarto evangelio, este término denota oscuridad interior- han estado trabajando, pero solo cuando toman consciencia de la presencia de Jesús, el trabajo da fruto. Esa toma de consciencia no hay que leerla en un sentido mágico –alguien, desde fuera, opera un milagro-, sino como una consciencia interior que nos hace anclarnos en nuestra verdadera identidad.

Al hacer así, venimos a descubrir que somos solo cauce, puente, canal, a través del cual la Vida, gratuita, fluye. Y es entonces cuando se opera el milagro, en todas las dimensiones de nuestra existencia. Hasta que no nos percibimos como canal, nuestro propio ego –con el que nos mantenemos identificados- constituye un bloqueo que tapona la Vida.

El resultado son 153 peces: probablemente, se trate de una alusión al mundo entero (ese era el número de naciones que, según ellos, poblaban la tierra). Todos, sin excepción, estamos en la gran Red de la Vida.

Y la eucaristía: el símbolo del pez fue uno de los primeros –junto con el de la imagen del pastor, y mucho antes que con la cruz- con que los discípulos representaron a Jesús. El motivo es sencillo. En griego, "pez" se dice ιχθyσ (ijthýs), con cuyas letras los cristianos formaron este acrónimo:

Ι = Iesous = Jesús

χ = Xristós = Cristo

Θ = Theou = de Dios

Ύ = Uios = Hijo

Σ = Soter = Salvador

"Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador".

Con esa imagen, profesaban su fe. Y se ayudaban a vivir en la presencia de aquel que les remitía a su propia Presencia.


Enrique Martínez Lozano
www.enriquemartinezlozano.com