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miércoles, 20 de febrero de 2008

Domingo III de Cuaresma: El Evangelio de la Samaritana


CUARESMA – DOMINGO III A

Humberto Peláez S.J.
jpelaez@puj.edu.co
o Éxodo 17, 3-7o Romanos 5, 1-2. 5-8o Juan 4, 5-42El evangelio de hoy nos trae un texto que nos es muy familiar: se trata del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. El evangelista hace una rápida ambientación: es mediodía; los rayos del sol calientan sin compasión; Jesús está cansado por la caminada que ha hecho; y llega a este oasis, lleno de frescura y de evocaciones históricas, pues allí estaba el manantial del patriarca Jacob.�� El relato de Juan está muy bien construido desde el punto de vista literario: empieza por identificar a los personajes principales y secundarios, luego se teje un diálogo alrededor del agua fresca del pozo, van surgiendo preguntas y respuestas, y poco a poco se va explicitando el significado trascendente del agua, hasta que la samaritana capta toda la riqueza de la presencia y de la palabra de Jesús.

�� Los invito a explorar, paso por paso, los diversos elementos de este relato.
�� Empecemos por los protagonistas del encuentro:
o Hay dos protagonistas principales, que son Jesús y la samaritana.
o Y hay dos protagonistas secundarios, que son dos colectivos: el grupo de los discípulos de Jesús, y el grupo de los paisanos de la mujer.
o Vale la pena detenernos a analizar la “hoja de vida” de esta mujer, pues hay en ella elementos muy particulares.
o Lo primero que llama la atención es que se trata de una “samaritana”. Los samaritanos constituían una pequeña comunidad que no era bien vista por los judíos pues, aunque compartían la fe en un único Dios, eran una especie de secta o disidencia, que se habían atrevido a levantar un templo en la cima del monte Gerizim, que pretendía competir con el Templo de Jerusalén; además los samaritanos sólo reconocían los primeros cinco libros de la Biblia – el llamado “Pentateuco” – y negaban los demás textos del Antiguo Testamento.
o Además de su pertenencia al grupo de los samaritanos, esta mujer tenía otro “pero” que la descalificaba a los ojos de los judíos; su historia personal era complicada pues había tenido cinco maridos y ahora vivía con un sexto compañero (situación bastante frecuente entre los miembros de la farándula). El evangelio no nos cuenta qué había pasado con los anteriores maridos...
�� Jesús, que conocía el corazón de sus interlocutores, sabía muy bien con quién se acababa de encontrar junto al pozo. Él no se dejó condicionar por los prejuicios sociales: un judío no debía hablar con un samaritano; no se veía bien que conversara con una mujer que estaba sola y muchísimo menos con una mujer con semejante “currículum vitae”.
�� Jesús no discrimina. Jesús no juzga a las personas. Acoge con amabilidad a todos aquellos que están dispuestos a escucharlo.
�� Llama la atención la habilidad y pedagogía con que conduce el diálogo:
o La conversación se inicia por el tema obvio, estando junto a un pozo de agua fresca con una temperatura de más de 30°: “Dame de beber”
o Esta petición tan simple plantea de inmediato el conflicto político y religioso que dividía a las dos comunidades: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”
o Jesús evita hábilmente tema tan sensible y, conociendo la sicología femenina, pica su curiosidad: “si supieras quién es el que te pide de beber...”
o A partir de este momento el diálogo se hace más intenso y poco a poco va descubriendo el significado trascendente y espiritual del agua: “el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor que salta hasta la vida eterna”
o A través de esta interacción con Jesús va madurando la fe de esta mujer hasta que Jesús ve que ha llegado el momento de manifestarle su verdadera identidad: “Yo soy el Mesías, el que está hablando contigo”
o Ella abre su mente y su corazón al anuncio salvador y comparte con sus paisanos este maravilloso descubrimiento.
�� ¿Qué nos enseña este relato?
o Jesús no se dejó condicionar por los prejuicios sociales y morales de su época. Más aún, vino para anunciar la salvación a los que tenían más necesidad de ella.
o Jesús no juzgó a la mujer ni le echó en cara su agitada vida sentimental, sino que le señaló un camino de superación y crecimiento.
o Jesús, a través de un diálogo inteligente y pedagógico, fue acompañando a su interlocutora de manera que pudiera descubrir la salvación que le ofrecía.
o La imagen del agua es muy sugestiva: siempre estamos buscando la felicidad, pero ésta se nos escapa. La sed de felicidad no puede ser satisfecha con las cosas materiales. Hay personas que buscan la felicidad en el consumismo; son compradores compulsivos. Otras personas se entregan ciegamente a una vida sexual sin compromiso ni estabilidad. Muchas personas jóvenes buscan la felicidad en el paraíso químico de las drogas psicoactivas. Después de satisfacer momentáneamente la pulsión consumista o su libido o su dependencia, se sienten más vacías, más insatisfechas, más infelices...
�� Meditemos las palabras de Jesús este domingo: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”. Acerquémonos a Jesús, en quien podremos satisfacer nuestra sed de infinito, confiados en el que él nos acogerá sin prejuicios como lo hizo con la mujer samaritana.