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jueves, 24 de julio de 2008

XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A: COMENTARIO BÍBLICO Y PAUTAS HOMILÉTICAS

Publicado por Dominicos.org

La Sabiduría del Evangelio

Introducción:

Los seres humanos, en nuestro cotidiano vivir, nos sentimos inmersos entre unas cosas esenciales y otras de relativo interés. De ahí la necesidad de tener prioridades en nuestra vida, de privilegiar lo esencial. Con frecuencia, nos dejamos seducir por espejismos y podemos tener una escala de valores invertida. La praxis del discernimiento y la búsqueda de la sabiduría que procede de Dios, pueden ayudarnos a encontrar los tesoros que el Señor nos regala gratuitamente.

Las parábolas del evangelio de este domingo (el tesoro y la perla) interpelan directamente a la persona como individuo, no hablan, como otras, a las masas o se entretienen en explicaciones sobre el Reino. Pero, en ambas, el individuo vende todo lo que tiene para adquirir el tesoro. Eso sí, aunque se habla de renuncia y radicalidad, el acento, la nota esencial, se pone en el valor supremo del Reino de Dios.

Privilegiar el Reino de Dios, exige relativizar otras cosas, renunciar a todo aquello que no favorezca ese tesoro encontrado. Y como es una respuesta a la gracia, lo haremos con mucha alegría, porque, a fin de cuentas, hemos encontrado lo que da sentido y plenitud a nuestras vidas.


Comentario bíblico

* Iª Lectura: 1Reyes(3, 5.7-12): Sólo se es grande por la sabiduría

I.1. Dicen los especialistas que este c. 3 de 1º de los Reyes es un texto auténticamente "deuteronomista" que refleja el pensamiento y la teología de esa escuela que habría de encargarse de redactar y poner los fundamentos "espirituales" de la historia pura y dura -y a veces perversa-,del pueblo de Israel, de sus reyes y magistrados. Una escuela llena de sabiduría y de carisma profético. Esta oración de Salomón en Gabaón, como un sueño, bien puede ser el modelo teológico de la "reforma" que buscó dicha escuela que se amparaba en el libro del Deuteronomio.

I.2. La petición del Salomón del v. 9 es verdaderamente estimulante: "un corazón que escuche" (leb shomea), como escuchan los sabios a Dios, para hacer justicia al pueblo. Recién elegido rey de Judá e Israel, los deuteronomistas han sabido plasmar en la figura de Salomón lo que entonces necesitaba el pueblo y el reino. Después de las guerras y batallas de David, era necesaria un "etapa de sabiduría" para atender al pueblo mismo, a los pequeños, a los huérfanos y a las viudas. Porque un verdadero rey tiene su poder en esta sabiduría, que muchos reyes y magistrados han despreciado.

I.3. Un corazón que escuche, es decir, sabio, para poder discernir entre lo malo y lo bueno. El sabio, sin duda, es como el profeta que está abierto a la voz de Dios y a su voluntad. No es profeta el que anuncia el futuro como un adivino que echa las cartas, sino quien sabe escuchar la voz o los silencios de Dios para entregarlo todo después a los hombres. La escuela de la sabiduría es, como muy bien lo expresa nuestro texto, un "corazón escuchante", que quiere aprender a impartir justicia y a conceder lo necesario a los que han sido desposeídos de casi todo.


* IIª Lectura: Romanos (8,28-30): El designio de salvación divino para el hombre nuevo

II.1. El texto de la "predestinación", como se conoce esta pequeña perícopa del c. 8 de la carta a los Romanos se presta a muchas lecturas y de hecho así ha sucedido a lo largo de la interpretación de esta carta paulina. Es un texto que parece estar imbuido de un carácter bautismal para comentar el sentido de la elección que Dios hace de aquellos que le aman. Quiere decir que probablemente se comentaba algo así a los bautizados que habían optado por ser cristianos, es decir, semejantes al Hijo, a Cristo.

II.2. Pero ¿verdaderamente estamos predestinados unos y otros a la salvación o a la condenación? No olvidemos que en el texto se está hablando única y exclusivamente del "designio"(próthesis) de Dios; pero Dios no tiene para la humanidad más que un proyecto de salvación que ha revelado en su Hijo Jesucristo. Porque Cristo no ha venido a otra cosa que a salvar a los hombres. En el mismo texto esto se expresa magistralmente en el sentido de que nos ha predestinado a "ser semejantes a la imagen de su Hijo", que no es otra cosa que la "glorificación" (edóxasen). Esto significa que Dios tiene sobre toda la humanidad el designio de lo que ha realizado ya en su Hijo: la resurrección, la vida nueva, que se expresa mediante ese término de la "glorificación".

II.3. El uso de la forma verbal(proôrisein) indica que se trata del inalterable plan de salvación trazado por Dios en favor de sus criaturas, gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesús nuestro Salvador. El destino o la suerte de cada uno o de los nuestros (el fatum para los romanos; para los griegos están los vocablos moira y eimarmene) no es lo que está contemplado aquí directamente, aunque no podemos olvidar que para construir este hermoso capítulo, Pablo ha debido estar en esa sintonía inculturada. Pero lo que nuestro texto expresa es el plan salvador de Dios, en el que no quedan las cosas al azar, ni siquiera a un libre albedrío barato. Lo que se quiere afirmar rotundamente es que Dios tiene un designio de glorificación del que nadie podría apartarlo («nadie podrán apartarnos del amor de Dios», dirá al final Rom 8,39).


* Evangelio: Mateo (13,44-52): El tesoro de la sabiduría del Reino

III.1. El texto evangélico de hoy es el final del c.13 de Mateo, el capítulo de las parábolas por antonomasia, en que una y otra vez se compara el "Reino de los cielos" con las cosas de este mundo, de la tierra, del campo, de la cizaña. En este caso, nos hemos de fijar en el tesoro del campo y la perla (vv. 44-46). Son como dos parábolas en una, aunque pudieran ser independientes en su momento. Las dos parábolas, tras una introducción idéntica, narran el descubrimiento de algo tan valioso que los protagonistas (un hombre cualquiera y un comerciante) no dudan ni un instante en vender todo lo que tienen para adquirirlo; lo hallado es tan extraordinario que están dispuestos a desprenderse de cuanto poseen con tal de apropiárselo. No todos los días tiene uno la suerte de descubrir un tesoro o una perla de inmenso valor. Cualquier hombre sería feliz con un descubrimiento semejante. Por eso, haría todo lo posible por obtenerlo, aunque para ello tuviera que pagar un alto precio. En las dos parábolas, los bienes que poseen los protagonistas del relato, pocos o muchos, son suficientes para que con su totalidad puedan adquirir lo que han encontrado. En ambos casos, el acento recae sobre el descubrimiento y sobre la decisión que toman los dos protagonistas.

III.2. Efectivamente, la decisión que toman parece desproporcionada o, al menos, arriesgada. Pero hemos de considerar que tienen una seguridad en esa decisión que les lleva hasta ese destino. ¿Es sabiduría o coraje (parresía)? Las dos cosas. Los elementos secundarios de las narraciones -si entendemos que son dos-, no dejan de tener sentido, aunque ya sabemos que en la interpretación de los parábolas no debemos exagerar o alegorizar cada una de las cosas que aparecen. Bien es verdad que en la primera hay un elemento sorpresa, porque es como el hombre que está en el campo, muy probablemente contratado, y encuentra el tesoro por casualidad. En el caso del mercader que recorre los bazares, sin duda, que siempre espera encontrar algo extraordinario y por eso porfía.

III.3. Como en los dos casos la comparación es con el “reino de los cielos” (bien en el caso del tesoro, bien en el caso del mercader) entonces el sentido no puede ser otro que este: cuando uno encuentra el Reino de Dios, bien porque ha tenido la suerte inesperada de encontrarse un tesoro o bien porque lo iba buscando habiendo oído hablar de él, entonces todo está en poner en marcha la sabiduría y el coraje de que uno es capaz, los cinco sentidos, arriesgarlo todo, entregar todo lo que uno tiene, por ello.
III.4. ¿Es que el reino de Dios es un tesoro? Naturalmente que sí. Porque es el acontecimiento de un tiempo nuevo de gracia y salvación, de felicidad y amor que Jesús ha predicado y que ha convertido en causa de su vida y de su entrega. Por eso lo importante de estas dos parábolas es la decisión que toman ambos protagonistas y más todavía la alegría de esta decisión en el caso de tesoro en el campo (extraña que el mercader de perlas no tenga esta reacción primera, aunque sea la misma decisión). No he encontrado mejor conclusión que esta: «El Reino aparece así como un don al alcance de todos, de los afortunados y de los inquietos, de los que sin buscarlo se lo encuentran por casualidad y de los que lo descubren al final de una búsqueda. Para responder adecuadamente a ese don, aceptándolo y haciéndolo suyo, el ser humano ha de estar convencido de que el Reino es lo más valioso que se le puede ofrecer y, en consecuencia, ha de estar dispuesto a anteponerlo a cualquier otro bien» (cf. F. Camacho Acosta, Las parábolas del tesoro y la perla, Isidorianum, 2002).

Fray Miguel de Burgos, O.P.

Pautas para la homilía:


* Acoger y priorizar el Reino de Dios

Cada día vivimos enfrentados a una serie de pseudos valores a los cuales podemos sucumbir porque, de alguna manera, ofertan una especie de paraíso o reino anticipado. La globalización con sus valores invertidos, la sociedad de consumo con tantas ofertas seductoras, la trama social que tanto incita al tener sobre el ser…Frente a ese horizonte de relativos tesoros está la novedad de un tesoro único y absoluto: el tesoro del Reino de Dios. Una vez encontrado por pura gracia, debemos acogerlo, cuidarlo y ponerlo como norte de nuestras vidas. ¿Cuáles son mis prioridades?


* Sabiduría para negociar

Si el tesoro encontrado es de gran valor, hay que saber negociar con él. Podemos venderlo a cualquier precio o, por el contrario, si lo consideramos en su justa medida tal vez deseemos quedarnos con él. El mercader de perlas invierte todo lo que tiene porque sabe se trata de un buen negocio. Nuestro compromiso con el Reino exige el despojo de cuanto poseemos, no a regañadientes, sino una determinación alegre y gozosa. Hay demasiada desproporción entre los tesoros de este mundo y el tesoro del Reino. De ahí la radicalidad de venderlo todo, la necesidad de coraje para desprenderse de tantas cosas superficiales que nos arropan. De dar un paso hacia lo esencial. Para ello se requiere de “un corazón sabio e inteligente” (1 Re 3,12) ¿Qué estamos dispuestos a vender para poseer el tesoro del Reino?


* La alegría como reacción de la gracia

La sorpresa, la alegría y el dinamismo, son notas peculiares de las parábolas de este domingo. ¿Quién no se sorprende y alegra ante el hallazgo de algo que considera valioso? La alegría es propia de las personas que han entrado en la dinámica del Reino. Lo lamentable es cuando nuestro despiste nos aleja de ese tesoro y no podemos disfrutar del gozo que él nos regala. También puede suceder que lo encontremos y nos falte coraje para conseguirlo al precio de todo cuanto poseemos y ponerlo como el primer valor de nuestra vida. En todo caso, la alegría es una expresión peculiar que proporciona la vivencia y el compromiso con los valores del Reino. ¿Cómo es mi vida, tristona o más bien alegre? ¿Cuál es la causa de mi alegría o de mi tristeza?


* Coherencia de vida

Explicadas las parábolas, Jesús pregunta a sus seguidores: “¿Entendéis bien todo esto?” (Mt 13,51) Pregunta que nos sigue haciendo hoy a nosotros. ¿Qué le respondemos cada uno? Ante la respuesta afirmativa de sus discípulos, Jesús hace el elogio de la persona coherente entre lo que dice y hace. El texto es una invitación a vivir en la escucha del Espíritu y, desde ahí, hacer un proyecto de vida que tenga como centro los valores que el Reino nos revela, fundamentalmente el Amor. ¿Cómo está nuestra coherencia? ¿Nuestras obras ratifican nuestras palabras?


* Jesús paradigma del Reino

Para Jesús el Reino de Dios es un estilo de vida. Lo podemos ver en cada una de sus acciones: en su compasión con los pobres y pecadores, cuando sana a los enfermos, en su amor sin fronteras…No se queda en sabios discursos ni en vanas apariencias, apela a las obras, a la realidad existencial que clama por una vida plena. El Reino de Dios no puede dejar al margen la realidad. San Pablo nos invita hoy a ser iconos vivos de Jesús, pues Él es el mejor icono del Reino. En nuestro cotidiano vivir ¿con qué gestos concretos hacemos presentes los valores del Reino? ¿Somos iconos vivos de Jesús?

María Teresa Sancho
Dominica Misionera de la Sagrada Familia

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