Por Jorge Humberto Peláez, S.J.
Profeta Isaías 56, 1. 6-7 / Carta de San Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32
Mateo 15, 21-28
Mateo 15, 21-28
* El mensaje teológico de este domingo gira alrededor de la universalidad de la salvación: la vida divina se ofrece a todos los pueblos sin excepción. Este mensaje se desarrolla en dos momentos: en el anuncio del profeta Isaías y en la fe a toda prueba que confiesa la mujer cananea.* Veamos qué anuncia el profeta Isaías:
- “Yo conduciré hasta mi monte santo, para llenarlos de alegría en mi casa de oración, a los extranjeros que se adhieran a mí, para servirme por amor y con el deseo de ser mis servidores […] Aceptaré con agrado en mi altar sus holocaustos y sus sacrificios”
- Esta apertura que manifiesta el profeta Isaías no debió gustar a sus contemporáneos pues en ese momento de la historia de la salvación, la Alianza se vivía como una relación exclusiva entre Yahvé y el pueblo de Israel. Las palabras de Isaías se anticipan a la Alianza que será sellada por Cristo en la cruz, alianza nueva y eterna que desborda las fronteras de los pueblos.
* ¿Cómo se realizó la acción evangelizadora de Jesús?
- En repetidas ocasiones afirma que ha venido para salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Así pues, el pueblo heredero de la promesa es el objetivo prioritario de su anuncio de salvación.
- Sin embargo, en la medida en que los fariseos van endureciendo su rechazo, Jesús fue lanzando mensajes cada vez más explícitos acerca de los nuevos invitados al banquete mesiánico.
- Jesús reconoció la fe del centurión romano y de la mujer cananea, que es el personaje central del evangelio de hoy.
- Después de la resurrección Jesús envía a sus discípulos a anunciar la buena noticia a todos los pueblos. Se trata, pues, de una apertura gradual.
* Nos sorprende la actitud de Jesús ante las súplicas insistentes de esta mujer:
- En un primer momento, muestra indiferencia y permanece callado ante la angustia de la mujer.
- Luego, ante la intervención de los discípulos que solicitan que la atienda, él les dice: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”
- Luego, en una expresión mucho más dura, dice a la mujer que está de rodillas ante él: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”
* Cualquiera de nosotros hubiera desistido con rabia ante la actitud negativa de Jesús. Sin embargo, ella resistió estos tres intentos fallidos, y al cuarto intento se salió con la suya. Jesús la había puesto a prueba y ella la superó.
* Hay dos rasgos en la mujer cananea que vale la pena destacar: la solidez de su fe y la constancia en la oración:
- La fe de esta mujer está centrada en una total confianza en Jesús, a quien reconoce como Mesías; fe que sale al encuentro del Señor, fe que busca liberar a su hija de las fuerzas oscuras que la dominaban.
- La fe de esta mujer extranjera está proclamando que la pertenencia al nuevo Pueblo de Dios no se basa en la sangre ni en la identidad biológica y cultural con una comunidad particular, sino que la única condición es la fe en Cristo salvador. No hay más requisitos.
- Los paganos convertidos al Cristianismo son llamados a ocupar las sillas que abandonaron los primeros invitados, los descendientes de Abrahán, Isaac y Jacob.
- La oración de la mujer cananea responde a los rasgos que Jesús propuso a sus seguidores cuando éstos le pidieron que les enseñara a orar: es una oración confiada, que manifiesta con sencillez las necesidades propias y que persevera a pesar de todas las dificultades.
- Ella abre su corazón a la acción salvadora de Jesús con peticiones desagarradoras: “¡Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David!”, “¡Señor, ayúdame!”, “Así es, Señor, pero los perros también comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”
* Es hora de terminar nuestra meditación dominical. A través de los textos de Isaías y Mateo hemos visto que el mensaje de salvación es una oferta abierta a todos. No miremos como creyentes de segunda categoría a personas que viven situaciones personales complicadas. No somos jueces de nadie. No podemos discriminar a nadie. No imitemos a los fariseos que quisieron cerrar las puertas de la sinagoga a determinados colectivos sociales. Y pidámosle al buen Dios que fortalezca nuestra fe y que esa fe alimente nuestra oración confiada al Señor que todo lo puede, a imitación de la mujer cananea.




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