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domingo, 30 de noviembre de 2008

Las mujeres y San Pablo


Por Barbara E. Reid*
Publicado por Mirada Global

Chicago / Religión – Cuando los cristianos buscan en las cartas de Pablo una guía para responder las interrogantes contemporáneas sobre los roles de la mujer en la iglesia y la sociedad, encuentran mensajes contradictorios. En algunos textos Pablo aparece como a favor de la igualdad; en otros subordina la mujer al hombre e insiste que se mantengan calladas. ¿Cómo debemos interpretarlo?

¿IGUALDAD?

Desde el principio es importante recordar que Pablo no era un teólogo sistemático. Él nunca formuló una "teología de la mujer" coherente. Más bien sus cartas son de naturaleza pastoral, dirigidas a las necesidades e interrogantes específicas de comunidades específicas. Además, Pablo fue un hombre de su tiempo, moldeado por las actitudes patriarcales de las culturas greco-romana y judía hacia las mujeres. No podemos pretender que pensara de la misma manera como lo hacemos nosotros.

Habiendo dicho esto, la frase "ya no hay más hombre y mujer" de Gal 3:28 a menudo se esgrime como una bandera en contra de la igualdad de la mujer. Pero mientras la inspiración del Espíritu puede sin duda llevarnos hoy en día en esa dirección, sería anacrónico pensar que Pablo le daba a esa frase el sentido de una declaración de la igualdad de la mujer en las esferas social y política. Gal 3:28 es la fórmula bautismal que Pablo insertó en su carta para ayudar a enfatizar que la relación correcta con Dios no depende de los trabajos de la Ley; toda distinción, incluyendo aquellas basadas en etnia, raza, estatus social y género, se superan a través del bautismo en Cristo. Entonces, probablemente Pablo está hablando a nivel teológico. De hecho, es dudoso pensar que Pablo creyera que esta igualdad en Cristo debiera manifestarse en las estructuras sociales de su tiempo, tal como lo expresa en 1 Corintios, "porque la apariencia de este mundo se pasa" (7:31).

La mejor prueba de la sensibilidad igualitaria de Pablo radical en la manera cómo habla sobre diferentes mujeres cristianas. Pablo no era ningún llanero solitario en su ministerio apostólico, y muchos de sus compañeros de labores eran mujeres. Mirando pasajes de las cartas de Pablo y en las Actas de los Apóstoles donde se mencionan mujeres, uno encuentra un gran sentido de poder compartido y muchos ejemplos de mujeres a las que se les ha dado autoridad.

Febe, diaconisa de Cencreas. El último capítulo de la Carta de Pablo a los Romanos es una carta de recomendación para Febe, quien es diaconisa (diakonos) de la Iglesia de Cencreas (Rom 16:1). Romanos es de finales de los 50s, una época en la cual aún no se habían definido las labores, los títulos o los ritos de ordenación para los ministros cristianos. El término diakonos se traduce mejor como "ministro" o "servidor". En los Evangelios, Jesús habla de su misión de esta manera, diciendo que él ha venido "no a que me sirvan, sino que a servir (Mc 10:45). También en el Evangelio de Lucas, Jesús define al líder como "uno que sirve" (22:26-27). En Hechos 6, encontramos que se hace una distinción entre dos tipos de diakonia: ministerio de la mesa (6:2) y ministerio de la palabra (6:4).

La diakonia también puede conllevar un ministerio "financiero". María Magdalena, Joana, Susana y las otras discípulas galileas "proveían para" Jesús y los otros discípulos de sus propios recursos económicos (Lc 8:3). La ayuda que reúne Pablo para la iglesia en Jerusalén también se le llama diakonia (Hechos 11:29; 12:25), y a menudo Pablo se refiere a sí mismo como diakonos (por ejemplo 2, Cor 3:5; 2 Cor 6:4).

Por lo tanto, el ministerio de Febe podría haber incluido cualquiera o todos los tipos de servicio descritos anteriormente. Pero Pablo va más allá, diciendo que Febe se ha transformado en una "líder" de muchos, incluyéndose a sí mismo (Rom 16:2). En muchas traducciones se pierde este sentido, dándole a la palabra griega prostatis el significado de "ayuda" (Versión Estándar Revisada), "buen amigo" (New English Bible) o una "gran ayuda" (New International Version). La NRSV y la New American Bible lo tradujeron más acertadamente como "benefactor". Como benefactora o patrona, Febe habría entregado su casa para el culto de la comunidad y lo más probable es que hubiera presidido las celebraciones eucarísticas. Y ella habría supervisado y entregado los fondos para todos sus variados ministerios.

Priscila, Ninfas, María y Lidia: encabezando iglesias domésticas. Otra líder de una iglesia doméstica a quien se nombra frecuentemente es a Priscila, junto con Aquila, su marido. Pablo los llama sus "compañeros de trabajo" (Rom 16:3), un término que también usa para otras cuatro mujeres que "tanto han trabajado en el Señor": María (Rom 16:6), Trifena, Trifosa y Persis (Rom 16:12). Pablo manifiesta especial gratitud hacia Priscila y Aquila, quienes "arriesgaron la vida para salvar la mía", dice en Rom 16:4. En dos oportunidades Pablo habla de "la iglesia que se reúne en casa de ellos" (Rom 16:5; Cor 16:19; ver también 2 Tm 4:19). En Hechos están descritos ayudando a Pablo a fundar la iglesia de Efeso y enseñando a Apollos, un elocuente predicador de Alejandría, a quien ellos "explicaron con mayor precisión el camino de Dios" (Hechos 18:26).

Es bien impresionante que en cuatro de las seis oportunidades en que Priscila es nombrada en Hechos y en las cartas Paulinas, su nombre precede al de su marido. En la cultura greco-romana era costumbre, al referirse a marido y mujer, que el nombre del marido vaya primero. El orden invertido de Pablo y Lucas revela el alto aprecio que tenían por ella.

También destacan otras líderes femeninas de iglesias domésticas en el Nuevo Testamento, incluyendo a Ninfas (Col 4:15) y María, la madre de Juan Marcos, en Jerusalén (Hechos 12:12). Lucas también habla de Lidia, una comerciante en telas de púrpura, que fue bautizada con su familia por Pablo (Hechos 16:11-15). Cuando Pablo es liberado de la prisión, es a casa de Lidia adonde acude, porque la comunidad de Filipos ha encontrado allí un hogar (16:40).

Otras mujeres mencionadas por Pablo. Otras dos mujeres ministros a quienes Pablo nombra son Evodia y Síntique, compañeras de trabajo en Filipos, quienes han "luchado junto" a Pablo "en la obra del Evangelio" (Fil 4:3) El verbo synathleo implica una "lucha" en la cual todos los músculos se tensan, como en una competencia atlética. Y en Rom 16:7, Pablo envía saludos a "Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de cárcel". Continúa Pablo, "ellos destacan entre los apóstoles, y estuvieron en Cristo antes que yo". A algunos les parece sorprendente que llame apóstol a una mujer, creyendo que sólo lo fueron los Doce. En las cartas paulinas muchos otros ostentan este título, incluyendo a Pablo mismo (Rom 1:1; 1 Cor 9:1-27, etc.), Apolo (1 Cor 4:9), Barnabé (1 Cor 9:5-6; ver tb. Hechos 14:4, 14), Epafrodito (Fil 2:25), Silvano y Timoteo (1 Tes 1:1 con 2:7).

¿MACHISTA?

"Las mujeres debieran guardar silencio". Junto con estos textos que ilustran la gran estima de Pablo por sus compañeras de trabajo, hay un número de textos paulinos que aparecen restringir a las mujeres. Así, en 1 Cor 14:34-36 encontramos la frase: "guarden las mujeres silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar. Que estén sumisas, como lo establece la ley. Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos. Porque no está bien visto que una mujer hable en la iglesia. ¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido?"

Este pasaje es especialmente desconcertante a la luz de las instrucciones de Pablo a las mujeres profetas de Corinto en el capítulo 11 de esta misma carta (vs. 2-16). Aquí Pablo dice que cualquier mujer que reza o hace profecías con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza (v. 5). El debate sobre si aquí Pablo está hablando sobre velos o estilos de peinado, pero está claro que el problema no radica en que las mujeres están hablando en la iglesia.

¿Por qué entonces Pablo las silencia en el capítulo 14? Algunos estudiosos creen que 14: 34-36 es un agregado que no fue escrito por Pablo sino que insertado por un copista posterior. Otros proponen que leamos estos versículos no como instrucciones de Pablo, sino como un diálogo entre Pablo y los hombres de Corinto. Los versículos 34-35 serían la voz de los hombres de Corinto, insistiendo en silenciar a las mujeres, y el versículo 36 sería la respuesta de Pablo, a saber: "¿Creen acaso ustedes que son los únicos que tienen una palabra que compartir?" Hay varias otras instancias en esta carta donde aparentemente se produce un diálogo tal entre Pablo y los corintos (1 Cor 7:1; 8:1). Otra solución es que en los dos capítulos se habla de diferentes tipos de diálogos. En el capítulo 11 las mujeres están haciendo profecías con discursos inspirados. En el capítulo 14 las mujeres pueden haber estado haciendo preguntas o dando interpretaciones teológicas diferentes a las de sus maridos, algo que habría sido considerado deshonroso o mal visto en una cultura patriarcal. Pero a la luz de lo que hemos visto de Pablo –su aceptación de que las mujeres sean profesoras, patronas, líderes de iglesia y profetisas- esta última interpretación no parece muy probable.

"Esposas, sométanse a sus esposos". Encontramos otro pasaje problemático en Col 3: 18-19, donde a las mujeres se les advierte que deben someterse a sus esposos "como conviene al Señor". Los siguientes versículos exponen como los niños también deben obedecer a sus padres, y los esclavos a sus dueños (Col 3:20 – 4:1). Una instrucción similar encontramos en Efesios 5:21-33, donde se ahonda más en la relación marido-mujer.

De hecho, estas instrucciones no son originales de Pablo. Códigos domésticos como estos estaban en uso desde los tiempos de Aristóteles, quien delineó la forma correcta de llevar una casa griega en términos del Pater Familias como el que gobierna, y a quien las mujeres, los niños y los esclavos estaban subordinados. En Colosenses y Efesios se hace un esfuerzo para infundir valores y motivación cristianos en la estructura socio-política que funcionaba en el mundo greco-romano.

Además, la mayoría de los estudiosos de la Biblia concuerdan en que Efesios no fue escrito por Pablo en persona, pero por un líder posterior que asume su manto de autoridad. Muchos creen lo mismo de Colosenses. Y es notable que tal insistencia en la subordinación de la mujer no se encuentre en ninguna de las cartas paulinas auténticas. Más bien encontramos dichos que apuntan hacia la igualdad y reciprocidad, tales como: "En el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; pero todo proviene de Dios". (1 Cor 11:11-12); también en 1 Cor 7:4: "La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa".

Sin embargo, en estas cartas tardías escritas a nombre de Pablo vemos un esfuerzo concertado para restringir el liderazgo de las mujeres. Al leer estas cartas es bueno recordar que ellas representan sólo una entre muchas voces de la iglesia temprana. Así todo, sería interesante saber las respuestas de las mujeres líderes cuando escucharon la lectura de estos textos. Mujeres como Febe, Junia y Priscila podrían darles a los cristianos de hoy pistas sobre cómo resistir los esfuerzos patriarcales.

PABLO: PARTERO Y MADRE

En varias ocasiones, Pablo usa la imagen maternal para hablar de su misión. Se compara con una madre que amamanta y cuida a sus hijos (1 Tes 2:7) y se describe a sí mismo dando leche a los niños hasta que pueden asimilar comida sólida (1 Cor 3:1-2). En varias ocasiones habla de dolores de parto (1 Tes 5:3; Gal 4:19; Rom 8:22). Al usar estas metáforas, Pablo valida la experiencia de las mujeres creyentes y hace que su mensaje les resulte más atractivo. Su uso también sugiere que Pablo se dejó influenciar por sus compañeras de trabajo, escuchó sus experiencias y su lenguaje y aprendió de ellas expresiones exclusivamente femeninas de la labor de Dios entre ellas. También en este aspecto Pablo ofrece un buen modelo para la colaboración en el ministerio de nuestros días.
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Barbara E. Reid, O.P. Profesora de estudios del Nuevo Testamento en la Catholic Theological Union de Chicago, Illinois.