NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

martes, 30 de septiembre de 2008

Seguimiento a Cristo: Evangelio Misionero del Día: Miercoles 01 de Octubre de 2008

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 57-62

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios».

Compartiendo la Palabra

EL CRISTIANO SIN TRAMPAS
Por Miguel Esteban Hesayne, obispo

Si la vocación cristiana es la libertad como revela S.Pablo en carta a los Gálatas, ¿por qué tantos cristianos no gozan la libertad? Si el cristiano está llamado a vivir una plenitud humana ¿por qué hay tantos cristianos insatisfechos? Si la meta de la vida cristiana es la madurez humana ¿por qué hay tantos y tantos cristianos inmaduros? Sencillamente porque consciente o inconscientemente, le hacen trampa al Evangelio. Es cierto, en el Evangelio cada ser humano encuentra la verdad de su existencia; la verdad objetiva, es decir, en el plano del camino a recorrer. Es preciso que cada persona que intente ser cristiana ha de transitar en su existencia concreta por los andariveles que le marca Jesús en su Evangelio. No importa sólo tener Fe Cristiana a nivel de conocimiento teológico. Es preciso la vivencia cristiana de la FE.
Jesús enseñaba para formar discípulos en vistas a enviarlos como testigos. El testigo fiel es el que declara lo que de alguna manera ha vivido. Los formó durante tres años de denso trato personal y luego los convoca para enviarlos como testigos. Su seguidor ha de ser el discípulo que vive lo que ha aprendido y anuncia lo que vive. 1 Lamentablemente la Fe Cristiana se ha reducido a un cúmulo de conocimientos dogmáticos… Pésima catequesis escolar y hasta universitaria o para cumplir con el rito de la “Primera Comunión” o el “casamiento por la Iglesia” ¿Por qué extrañarnos del hecho de la usurpación fácil y hasta utilitaria, no pocas veces, del nombre de cristiano? Prácticamente se lo ha reducido a una etiqueta que se entrega para identificar a los participantes de alguna asamblea o convención. Es el cristianismo al paso... de ocasión. Hemos de repetir sin cansarnos que el ser cristiano va indeciblemente mucho más allá de unos gestos religiosos, más allá de “cosas que hacer”. Es una manera de ser Es embarcarse en una forma de vida. Definirse en cristiano es elegir el tipo de persona que uno quiere ser. Es pasar la línea de los audaces y entregados a la causa de Alguien, a la causa de Jesús y no es “algo” tan “facilón” como perfectamente ineficaz. Ser cristiano es algo tan impresionantemente serio como vitalmente gozoso. Es vivir en forma acuciante. Convertirse a Jesús, en su Evangelio no es cambiar cosas sino cambiarse uno mismo; no es dar cosas, sino darse uno mismo. Vivir la Fe Cristiana con las condiciones exigidas por Jesús no es un medio para vivir la plenitud humana sino que es ya la vida en plenitud. A este propósito aconsejo leer en reflexión orante Lucas 9, 57-62 para encontrar a Jesús radical en sus exigencias. A tiempo seguido leer orando Juan 15, 1-16 y se encontrará al mismo Jesús, facilitando la aventura cristiana en la alegría de llevar a cabo una obra divina en quien acepte seguirlo. Hoy también en la Iglesia hemos de estar atentos para no caer en corrupción dando el nombre de cristiano al que “juega a ser cristiano” y no se juega por Jesús y su Evangelio. El primero es como el quinielista que invierte un poco de lo que le sobra, esperando un golpe de suerte. El segundo -el que entra en el discipulado para vivir todo lo humano en clave de Fe Cristiana, transformarse en Evangelio viviente, en testigo. Es como el labrador que invierte el tiempo de su vida sembrando el grano en espera de una cosecha, fruto de su arduo trabajo. Este es el que siembra en su corazón el Evangelio de Jesús, con la esperanza puesta en el soplo vivificante del Espíritu que alegra y recrea. La opción cristiana no es para los perfectos. Es para quienes quieran lograr la perfección cristiana, alcanzar un nuevo modo de ser humano animados por el mismísimo Espíritu de Jesús Resucitado. Es lograrse plenamente en humanidad viviendo los valores del Reino que Jesús anunció. Es un ir transfigurándose según los criterios – sentimientos - actitudes de Jesucristo. Es la santidad cristiana ofrecida por Jesús a sus seguidores: cristianas y cristianos sin trampas…

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

1º de Octubre: Día de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las Misiones

Publicado por Infancia Misionera


Historia

Dios ha querido que la ley misteriosa de la solidaridad presida la economía del orden natural y sobrenatural.

Cuando aclamamos a Santa Teresa del Niño Jesús, como Patrona de las Misiones, no sólo admiramos la sabiduría, el poder y la bondad de Dios, que ha convertido a una joven y débil religiosa en modelo maravilloso de celo misionero. También reconocemos el influjo que ha ejercido en su ascensión hacia la santidad la familia, en cuyo seno vivió hasta los 15 años, y el convento carmelitano a cuyo amparo se acogió hasta entregar su alma a Dios.

Una familia misionera. El 13 de julio 1858 se unieron con el vínculo sacramental del matrimonio, en la iglesia de Nuestra Señora de Alenson, Luis Martín y Celia Guerin. Ambos comprendieron desde el principio que el nuevo estado que habían abrazado era para ellos el medio más apropiado para alcanzar la santidad.

"El Señor me hizo nacer, dirá de sí santa Teresa del Niño Jesús, en una tierra santa y como impregnada de un perfume celestial".

"Dios, añadirá en una carta a uno de sus "hermanos" misioneros, me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra."

Fe viva, espíritu de oración, anhelo de santidad, amor al prójimo...; virtudes son éstas que Teresa no tuvo que aprenderlas en los libros de ascética, ni en las vidas de los santos. Le bastó contemplarlas en sus padres y copiarlas luego de modelos tan eminentes.

Es emocionante, a este respecto, el testimonio de su última hija, Teresa del Niño Jesús: "Ellos pidieron al Señor que les diese muchos hijos y que los tomara para sí. Fue escuchado este deseo. Cuatro angelitos volaron para el Cielo y las cinco hijas, que quedaron en la arena, escogieron a Jesús por esposo. Mi padre, con un ánimo heroico, como un nuevo Abrahán, subió tres veces la montaña del Carmelo, para inmolar a Dios lo que tenía de más querido. Primero fueron sus dos hijas mayores... Después, la tercera de sus hijas ingresó en el convento de la Visitación. Al escogido de Dios no le quedaban más que dos hijas: la una de 18 años, la otra de 14. Esta, Teresita, le pidió volar al Carmelo, lo cual obtuvo sin dificultad de su buen padre. Cuando la hubo conducido al convento, dijo a la única hija que le quedaba: "Si quieres seguir el ejemplo de tu hermana, consiento en ello, no te preocupes por mí".

Al anunciar a sus amigos la entrada de su queridísima benjamina en el Carmelo de Lisieux, les añadió: Dios sólo puede exigir un sacrificio como éste... Mas no me compadezcáis, porque mi corazón rebosa de alegría. Todos los años, los esposos retiraban del fruto de su trabajo una buena suma y la destinaban en favor de la Obra de la Propagación de la Fe".

Estimulada por estos ejemplos, pudo Teresa afirmar: "Si hubiera sido libre para disponer de mis bienes, me hubiera arruinado ciertamente; porque no podía ver una persona en la miseria sin darle enseguida cuanto necesitaba".

Recuerda Teresa que a sus 8 años "sacaba de mi hucha algunas limosnas, para entregarlas en determinadas fiestas solemnes a la Obra de la Propagación de la Fe". No es extraño que con esta educación caritativa y misionera se despertara pronto en su corazón un vivo deseo de salvar almas.

A los 14 años obtenía con sus oraciones, de la misericordia de Dios, la conversión de un gran delincuente, por nombre Pranzini; quien., antes de ser ajusticiado, "besó por tres veces el Crucifijo que le ofrecía el sacerdote".

Pero Teresa no se contentaba con prodigar su ayuda espiritual y material a los necesitados; deseaba hacer mucho más.

Cuenta su hermana Celina, que a los 14 años pensó hacerse religiosa de las Misiones Extranjeras de París. "Cuando un día leyendo los Anales Misioneros de la Propagación de la Fe, interrumpe de pronto su lectura y exclama: ¡Qué violento deseo siento de ser misionera! ¿Qué sucedería si lo reavivase aún más con la visión directa de este apostolado? Me haré carmelita. Esta conclusión, que a primera vista parece desconcertante, queda explicada con la frase que pone punto final a esta anécdota: Me explicó luego el porqué de esta determinación: Era para sufrir más y con esto salvar más almas".

Resultado lógico de esta educación profundamente cristiana y apostólica, iluminada por una gracia interior, a la que fue fiel toda su vida.

Al entrar en el Carmelo a los 15 años, será plenamente consciente de que lo hace "para salvar las almas y especialmente para orar por los sacerdotes".

Un Carmelo misionero. Trece años antes de nacer Teresa del Niño Jesús, el convento de Lisieux había fundado un Carmelo en Indochina, en la ciudad de Saigón.

Su fundación es una confirmación más, harto elocuente, del dogma de la Comunión de los santos.

A mediados del siglo XIX, hallábase en la cárcel de Hué, por segunda vez y condenado a muerte, Mons. Domingo Lefebvre, celosísimo Vicario Apostólico de Indochina. Las constantes y sangrientas persecuciones contra los Misioneros del Annam, le habían convencido al piadoso prelado de la necesidad de contar, dentro de este país, con un monasterio contemplativo, con un grupo de almas orantes, que se inmolasen totalmente por aquella Misión. Pero ¿dónde encontrar esas almas escogidas?

Encadenado estaba en un lóbrego calabozo, cuando súbitamente se le aparece un día Santa Teresa de Jesús, de la que era muy devoto, y le da este mensaje lleno de esperanza: "Establece un carmelo en el Annam: Dios será grandemente glorificado."

A los pocos días recibe en la cárcel la noticia de que una prima suya ha profesado en el convento de Lisieux con el nombre de sor Filomena de la Inmaculada Concepción.

Liberado providencialmente de la condena a muerte y de la prisión, tiempo le faltó a Mons. Lifebvre para escribir a la Priora de Lisieux y pedirle le enviase algunas religiosas de su convento, a fin de fundar un carmelo en su inmensa y desgraciada Misión.

La priora de Lisieux, la Madre Genoveva de Santa Teresa, una "santa auténtica" (de la cual Sor Teresa del Niño Jesús enjugará con un pañuelo la última lágrima en su agonía, guardándolo como una reliquia y llevándolo siempre consigo), contesta inmediatamente a Mons. Lefebvre acogiendo dedicadamente su petición.

El 1 de julio de 1861, parten de Lisieux 3 religiosas carmelitas rumbo a Indochina. En el camino se le añadirá otra cuarta. Como priora marcha sor Filomena de la Inmaculada Concepción.

El 15 de octubre de este mismo año, se inaugura el primer Carmelo del Oriente en la ciudad de Saigón. El Señor ha bendecido a manos llenas este convento teresiano. De él han brotado, en poco más de cien años, 40 monasterios más.

La vocación misionera de santa Teresa del Niño Jesús encontrará en Lisieux profundos y constantes estímulos y se transformará pronto en intensa pasión misionera, que constituirá un típico elemento de toda su vida espiritual e influirá profundamente en su fisonomía interior.

Pregonera de una Misión universal. Adelantándose en muchos años al Concilio Vaticano II, penetrará profundamente Teresa en la Misión universal de la Iglesia, que brota irreprimiblemente del hontanar divino del amor. Y de esa misión universal quiere hacerse la pregonara.

Hay textos maravillosos en los que dejó la impronta imborrable de su alma profundamente eclesial:

- "El celo de una carmelita debe abarcar el mundo".

- "Quiero ser hija de la Iglesia, como nuestra madre santa Teresa, y rogar por todas las intenciones del Vicario de Cristo, sabiendo que esas intenciones abrazan al mundo entero. Este es el fin principal de mi vida".

- "Quisiera iluminar las almas como los profetas y los doctores, quisiera recorrer la tierra predicando vuestro nombre y plantando, amado mío, en tierra infiel vuestra gloriosa Cruz. Mas no me bastaría una sola Misión, pues desearía poder anunciar a un tiempo vuestro evangelio en todas las partes del mundo, hasta en las más lejanas islas. Quisiera ser Misionera no sólo durante algunos años, sino haber sido desde la creación del mundo y continuar siéndolo hasta la consumación de los siglos".

Por las frecuentes citas que hace sor Teresa del Niño Jesús de la doctrina de san Juan de la Cruz, se echa de ver que le causó indeleble impresión en su alma aquel profundo principio enunciado por aquél, en su explicación a la estrofa XXIX, de su Cántico espiritual y que ella resume así: "El más pequeño movimiento de puro amor, es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas".

- "La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble, de todos los órganos; comprendí que tenía un corazón, y que este corazón estaba abrasado de amor; comprendí que el amor es el que imprime movimiento a todos los miembros; que si el amor llegase a apagarse, ya no anunciarían los Apóstoles el evangelio, y rehusarían los mártires el derramar su sangre. Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que lo abarca todo, todos los tiempos y lugares, que es eterno. Y exclamé en un transporte de alegría delirante: ¡Oh Jesús, amor mío, al fin he hallado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor! Sí, hallé el lugar que me corresponde en el seno de la Iglesia, lugar, ¡oh, Dios mío!, que me habéis dado vos mismo: en el corazón de mi madre la Iglesia seré yo el amor... Así lo seré todo, así se realizarán mis anhelos."

Eficacia de la prensa misionera. Este constante, ardiente y profundo espíritu misionero, que orientó toda su vida religiosa, era alimentado por una frecuente lectura de las vidas de ilustres Misioneros y de algunas revistas de Misiones, como los Anales de la Propagación de la Fe, tan conocidos por ella desde su más tierna infancia; con un contacto epistolar con sus dos "hermanos" misioneros y con las relaciones establecidas entre su Comunidad y los Carmelos de Saigón y Hanoi, en los que había religiosas que habían profesado en Lisieux.

La hermana mayor de Teresa, son María del Sagrado Corazón, afirma de ella: "Leía con avidez las vidas de los Misioneros, porque en ellos encontraba la expresión de sus mismos deseos".

Por su parte, escribe Teresa al Padre Roulland: "He leído, después de vuestra partida, la vida de varios de vuestros Misioneros (de las Misiones Extranjeras de París). Leí entre otras la de Teófano Venard, que me interesó y emocionó sobre manera".

Esta lectura marca el punto de partida de su gran devoción por el joven mártir del Tonkín, o por mejor decir de una amistad o afinidad celestial. Párrafos enteros de las cartas de este apóstol serán copiadas por Teresa. "Reflejan, escribe ésta, mis propios pensamientos, mi alma se parece a la suya".

Apostolado de la oración y del sacrificio. Todo ello explica la constante presencia del tema misionero en sus oraciones y en sus sacrificios...

"Estoy convencida de la inutilidad de los remedios que tomo para curarme. Pero me las he arreglado con Dios para que se aprovechen de ello los pobres Misioneros, que ni tienen tiempo ni medios para curarse. Pido a Dios que los cuidados que a mí me prodiguen les curen a ellos."

Caminaba un día a duras penas por el jardín de su convento, cuando una religiosa, viéndola, jadeante, la invitó a sentarse.

"¿Sábelo que me da fuerzas? -contestó Teresa-, pues ando para un Misionero. Pienso que allí, muy lejos, puede haber alguno casi al cabo de sus fuerzas en sus excursiones apostólicas, y para disminuir sus fatigas, ofrezco las mías a Dios."

Atracción de un carmelo misionero. Esta preocupación la impulsó no sólo a la ofrenda diaria de sus oraciones, de sus sacrificios y dolores por los Misioneros, sino a desear partir ella misma como Misionera contemplativo al carmelo de Hanoi, fundado por el de Saigón, dos años antes de su muerte.

El Carmelo de Hanoi lo había solicitado con insistencia sor Teresa del Niño Jesús; y deseando obtener esta gracia comenzó una novena al venerable Teófano Venard.

"Usted misma, escribe en su autografía dirigida a la nueva Priora, M. Gonzaga- solicitó en su juventud marchar a Saigón... Los deseos de las madres suelen encontrar eco fiel en el alma de los hijos. Por eso permítame confiarle que he deseado y deseo todavía, si la Santísima Virgen me cura, dejar por una tierra extranjera el oasis delicioso en el que vivo aquí feliz, bajo su mirada maternal".

"Desearía ser enviada al Carmelo de Hanoi para sufrir mucho por Dios. Si me curo quisiera ir allí, para vivir enteramente sola, sin alegría y consuelo alguno en la tierra. Ya sé que Dios no necesita de nuestras obras, y aun estoy segura de que allí no prestaría yo servicio alguno; pero sufriría y amaría. Esto es lo que cuenta a los ojos de Dios".

Misionera desde el cielo. Previendo que su inmolación por la Iglesia misionera tiene contados sus días, pues no puede prolongarse más allá de su muerte, aspira a seguir siendo Misionera desde el cielo. Este pensamiento no le abandonará ya.

"Con gozo -escribe al Padre Roulland- le anuncio mi próximo ingreso en el cielo. Lo que me atrae a la patria celeste es la esperanza de amar finalmente a Dios de la manera que tanto he deseado y el pensamiento de que podré hacerlo amar de una muchedumbre de almas, que lo glorificarán eternamente".

"Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra", dirá pocos días antes de expirar. Esta profético frase se grabará sobre su tumba de Lisieux.

Pronto una lluvia de rosas comienza a descender de lo alto sobre los que la invocan y en especial sobre los Misioneros a los que tanto amó en vida y con cuyo apostolado mantuvo estrechos contactos.

Patrona de las Misiones como san Francisco Javier. El año 1925, el Papa Pío XI nombraba a Teresa del Niño Jesús Patrona de la Obra de San Pedro Apóstol para el Clero Indígena.

"Alimentamos la esperanza cierta -declaraba el santo Padre- de que por intercesión de esta santa protectora afluyan como de una fuente inexhausto, hacia esta pía asociación, innumerables gracias divinas. Y puesto que por múltiples razones, la formación de un clero nativo presenta grandes dificultades, no dudamos que, a través de esta poderosa mediadora ante Dios, los obstáculos serán felizmente vencidos y los jóvenes indígenas, llamados a la heredad del Señor, no tardarán en experimentar el pronto auxilio de tan gran protectora."

Por voluntad del mismo santo Padre Pío XI, la Sagrada Congregación de Ritos, por un decreto del 14 de diciembre de 1927, declara a santa Teresa del Niño Jesús, Patrona principal de todas las Misiones y de todos los Misioneros y Misioneras del mundo, al igual que san Francisco Javier, "por razón del grandísimo ardor y celo que la consumía por dilatar la fe".

El mismo Papa Pío XI, en la encíclica Rerum Ecclesiae, hacía de ella el siguiente elogio: "Aun viviendo en el claustro, tomó tan de veras a su cargo el ser colaboradora de los Misioneros, que, como en un derecho de adopción, ofreció por ellos a su divino esposo Jesús, sus oraciones, las penitencias voluntarias y de regla, y sobre todo, los agudos dolores que le ocasionaba su penosa enfermedad."

Fue el clamor unánime de los Obispos y sacerdotes Misioneros que reconocieron sensiblemente la protección de la santa sobre sus empresas apostólicas, lo que movió al Papa a proclamarla como Patrona Misionera Universal. Justo era que la Iglesia sancionara con esta solemne proclamación ritual, los vínculos estrechísimos que con el apostolado misionero había mantenido la santa durante su vida, y quiso seguir manteniendo después de su muerte.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos

Publicado por Servicios Koinonia

Is 5,1-7: La viña sólo le dio racimos amargos
Salmo responsorial 79: La viña del Señor es la casa de Israel.
Flp 4,6-9: Nada les preocupe
Mt 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores


Algunos seguimos aferrados a un «servicio de la palabra» más apto para generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y la problemática de la gente... La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día...

Podemos mirar a los profetas, que nos pueden orientarnos en esta tarea. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder y, simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Jesús se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos « de buena voluntad», o sea, que tuvieran como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. El Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gratuidad, Amor». Por eso, no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo lo propuso como un ideal, sino que lo realizó en la práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf. Lc 15,32).

La denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11, 26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 99 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «La viña del Señor». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500099
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap99b.mp3

Para la revisión de vida

- La canción de la viña es un «canto de amor», un pequeño relato poético sobre las relaciones de amor de Dios con su pueblo. Puedo aplicármelo a mí mismo. He recibido los cuidados amorosos del divino agricultor, y éste espera ansiosamente mis frutos... ¿Qué clase de frutos son?
¿Pienso alguna vez en mis relaciones con Dios como relaciones de amor, aventura de amor entre yo y Dios?

Para la reunión de grupo

- Lo que se esperó de la viña –dice la explicación de la canción de la viña incluida en el texto- fue «derecho y justicia». Es un binomio (¿o un pleonasmo?) muy conocido bíblicamente, y muy utilizado por los profetas concretamente. Hacer un recorrido rápido, de memoria, por otros textos bíblicos del Antiguo Testamento que entre todos los miembros del grupo recordemos, que se remiten también a la «justicia y el derecho».
- Algunos preferirían «amor y piedad» a «justicia y derecho», o al menos dirían que hay que entender que el amor y la piedad es la primera respuesta que Dios pide de nosotros, mientras que el derecho y la justicia son simplemente una consecuencia... y que así hay que entender (corrigiendo) el texto del profeta, que simplemente ha dado por supuesto lo primero y se ha referido a lo segundo. ¿Estamos de acuerdo? ¿Por qué?
- «Estén atentos a todo lo que vean de verdadero, de noble, de justo, de limpio… y pónganlo en práctica» (Fil 4, 8-9). ¿Se puede decir que las fuentes de la moral cristiana son amplias, que el cristiano puede encontrar luz por muchas partes… o hay que mantener que nuestra ética y nuestra moral están exclusivamente fijadas en el Evangelio y en la doctrina de la Iglesia…?

Para la oración de los fieles

- Por todo el Pueblo de Dios, para que sea viña agradecida que dé los frutos de «justicia y derecho» que Dios espera de nosotros. Oremos.
- Por todos los creyentes de las diferentes religiones, para que superen los fanatismos y vivan su fe como una forma de servicio a la Humanidad entera. Oremos.
- Por los pobres, los enfermos, los que están solos, los que no encuentran sentido a la vida..., para que encuentren en nosotros la ayuda eficaz que necesitan. Oremos.
- Por los dirigentes religiosos, para que vivan su mayor responsabilidad como mayor servicio a todos en general, y a sus fieles en particular. Oremos.
- Por todas las víctimas de las diferentes formas de intransigencia, para que encuentren junto a Dios la paz que no pudieron encontrar entre las personas. Oremos.
- Por cada uno de nosotros, para que hagamos realidad todos los buenos deseos que llevamos en nuestro corazón. Oremos.

Oración comunitaria

Dios, Padre nuestro, que desde el comienzo de los tiempos nos has manifestado tu amor y que día a día cuidas de todos y cada uno de nosotros como un viñador amoroso; guía nuestros pasos para que sepamos serte agradecidos, y haz que nuestra gratitud no sea sólo de palabra, sino con obras de «derecho y justicia», en favor de todos, y especialmente de los privados de sus derechos. Por Jesucristo.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: NO DEFRAUDAR A DIOS

Mateo 21, 33 – 43
por José Antonio Pagola
Publicado por El libro de Arena

La parábola de los «viñadores homicidas» es tan dura que a los cristianos nos cuesta pensar que esta advertencia profética, dirigida por Jesús a los dirigentes religiosos de su tiempo, tenga algo que ver con nosotros.
El relato habla de unos labradores encargados por un señor para trabajar su viña. Llegado el tiempo de la vendimia, sucede algo sorprendente e inesperado. Los labradores se niegan a entregar la cosecha. El señor no recogerá los frutos que tanto espera.
Su osadía es increíble. Uno tras otro, van matando a los criados que el señor les envía para recoger los frutos. Más aún. Cuando les envía a su propio hijo, lo echan «fuera de la viña» y lo matan para quedarse como únicos dueños de todo.
¿Qué puede hacer ese señor de la viña con esos labradores? Los dirigentes religiosos, que escuchan nerviosos la parábola, sacan una conclusión terrible: los hará morir y traspasará la viña a otros labradores «que le entreguen los frutos a su tiempo». Ellos mismos se están condenando. Jesús se lo dice a la cara: «Por eso, os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
En la «viña de Dios» no hay sitio para quienes no aportan frutos. En el proyecto del reino de Dios, que Jesús anuncia y promueve, no pueden seguir ocupando un lugar «labradores» indignos que no reconozcan el señorío de su Hijo, porque se sienten propietarios, señores y amos del pueblo de Dios. Han de ser sustituidos por «un pueblo que produzca frutos».
A veces pensamos que esta parábola tan amenazadora vale para antes de Cristo, para el pueblo del Antiguo Testamento, pero no para nosotros que somos el pueblo de la Nueva Alianza y tenemos ya la garantía de que Cristo estará siempre con nosotros.
Es un error. La parábola está hablando también de nosotros. Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. También ahora Dios quiere que los trabajadores indignos de su viña sean sustituidos por un pueblo que produzca frutos dignos del reino de Dios.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: EL INCOMPRENSIBLE RESPETO DE DIOS A LA LIBERTAD HUMANA

1.- Esta parábola siempre me trae a la memoria aquella otra en que yo diría que el Señor funda el Sindicato de Payasos de Circo. Y quizás en la de hoy se nombra a si mismo nombra secretario general de ese sindicato. En aquella ocasión el Señor nos decía que diéramos la túnica al que nos quita la capa, prestáramos al quien nos tima, amáramos al que nos odia y pusiéramos la otra mejilla al que nos abofetea. Total que nos quiere tontos de Circo.

Pero hoy nos dice que como nos dijo sed perfectos como lo es vuestro Padre del Cielo, que seamos payasos en lo humano como lo es nuestro Padre del Cielo. Porque ya me diréis que hombre sabio y prudente enviaría a los viñadores repetidas veces a sus criados, sabiendo que los iban a maltratar, y cuando ya no le queda nadie que enviar, envía a su propio hijo pensando que lo respetarán y, naturalmente, lo matan.

Y esta parábola es la pura historia de Dios con el pueblo de Israel, porque es mucha verdad que mataron a los profetas enviados por Dios: asesinados murieron Amós, Miqueas, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Zacarías. Y también es pura historia real que, al fin, Dios envió a su Hijo y también murió asesinado y el Padre Dios lo sabía.

2.- Esta parábola es la historia del incomprensible respeto de Dios a la libertad humana, respeto que nosotros no entendemos cuando le echamos en cara que se esté mano sobre mano dejando triunfar a los malos de este mundo.

Y es que Dios no quiere hijos a la fuerza, no quiere convertidos con látigo. No le gustan lavados de cerebro. Todo el que le siga tiene que decir un sí de corazón, porque solo del corazón sale lo bueno y lo malo del hombre. Al corazón no se le estruja un tubo de pasta de dientes para sacarle un sí forzado.

3.- No entendemos que Dios pierda su dignidad dejando que los hombres hagan lo que quieran con su Hijo hasta llevarlo a la cruz, como pierde su dignidad el Padre del Hijo Pródigo corriendo a su encuentro, porque nosotros lo hubiéramos esperado muy dignamente, sentados esperando que se pusiera de rodillas y nos pidiera perdón.

No entendemos a Dios porque no sabemos amar, amar sin esperar nada, amor por el otro, el amor más cercano al verdadero amor es el de las madres que con gusto darían sus vidas por salvar las de sus hijos.

Nunca podremos entender que el Padre Dios haya unido a la misma muerte de su propio Hijo la salvación de aquellos mismos que lo mataron. Y es que Dios no cabe revancha, no cabe rencor, ni venganza, ni odio.

4.- Sin embargo la parábola acaba con un gesto de venganza: se le quita la viña y se les da a otros. ¿Es Dios el que quita la viña o el hombre el que la pierde? Como no es Dios el que condena al hombre, es el hombre el que se condena a si mismo, poniéndose voluntariamente de espaldas a Dios para siempre.

Nos puede ocurrir a nosotros. De hecho nos está ocurriendo a los de la católica España. ¿Se está convirtiendo España en un erial sin el jugo de la fe? El norte de África fue una de las cristiandades más florecientes en tiempos de San Agustín, pero sus dueños perdieron la viña. ¿Tenemos nosotros más seguridad que ellos? La elección es nuestra, no esperemos que Dios nos fuerce, nunca lo hará. ¿Llegaremos a entender a nuestro Dios? ¿O nuestra humana sabiduría seguirá tildando de payasa y estúpida a la infinita sabiduría de Dios?

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: ¿LO INTENTAMOS DE NUEVO?

Mateo 21, 33-43

Nuevo curso y, por lo tanto, en muchas parroquias, colegios e instituciones eclesiales, motivos para la esperanza y para seguir ahondando en nuestras raíces y vida cristiana.


1.- Enviaremos, una y otra vez sin descanso, mensajes que inciten a la vida, a la conversión, al respeto y a la alegría. No lo haremos movidos por simple altruismo o valores efímeros: lo realizaremos en nombre de Aquel que tanto nos quiere y tanto nos ama: Dios. Lo celebraremos entonando cánticos de alabanza, domingo tras domingo o, lo meditaremos, desde esa Palabra que nos invita, en este Año Jubilar Paulino, a poner en danza, en movimiento, en práctica lo que hemos aprendido, recibido y oído.

¿Que algunos intentarán matar esta esperanza? ¡No importa! Dios seguirá, desde su opción por el hombre, empeñado en enviarnos a su Hijo que, en el altar, se ofrece por nuestra salvación. Nunca nos faltará la iniciativa de Dios. Nunca, aunque nos pueda parecer lo contrario, dejará de llover desde el cielo gotas de Gracia que nos hagan producir, no los frutos corruptos que el mundo impone, gesta, ambiciona o desea, sino aquellos que Dios espera de una vida cristiana viva y no arrasada.

2.- El Señor, en su nombre, nos envía a su viña, no para recoger frutos pero sí, entre otras cosas, para sembrar; para intentarlo de nuevo. Unos, como catequistas –y a pesar de muchas dificultades- daremos, desde la palabra y con el testimonio, razón de nuestra fe. La viña del Señor serán esos niños y jóvenes que queremos den frutos con el color y el gusto del cristianismo

Otros, como sacerdotes, animaremos a nuestras comunidades. Rezaremos y celebraremos con ellas la presencia real y misteriosa de Cristo en la Eucaristía. En su nombre, una y otra vez, llamaremos a la conversión personal y comunitaria por el Sacramento de la Penitencia, etc.

Otros más, como religiosos/as, seguiréis echando las redes en lo aparentemente vacío y duro. Vuestra vida consagrada, una vez más, será exponente de vuestra misión y de vuestra confianza en Dios.

Sí, amigos; ¡hay que intentarlo de nuevo! Nadie puede matar el tesoro de la fe que llevamos en vasijas de barro. Nada puede detenernos en el afán de manifestar, por activa y por pasiva, que Jesucristo sigue siendo la mejor herencia, el gran amigo, la piedra sobra la cual podemos construir un mundo, una familia, unas relaciones basadas en el amor, en el perdón o en la fraternidad. ¿Que es utopía? ¿Que son bonitas frases sin final feliz? Hemos de intentarlo.

3.- Como criados del Señor nos queda el consuelo de que El nos dará la fuerza para enfrentarnos a los sinsabores y dinamitar los corazones gélidos. Como criados, intrépidos y constantes, seguiremos esperando y luchando contra toda desesperanza. No veremos los frutos pero, el Señor, nos dice que hay que seguir trabajando, rezando, creando, imaginando para que su viña, lejos de morir, reverdezca por sus cuatro costados.

Como hijos suyos, preferidos, amados e injertados por el Bautismo a la suerte de Cristo, daremos lo mejor de nosotros mismos. No nos importan las resistencias, las incomprensiones, las zancadillas. Entre otras cosas porque, cuando uno mira a la cruz, sabe que Aquel que está colgado en ella, lo pasó muchísimo peor que nosotros en su desvelo por anunciar ese Reino de Dios.

Amigos; intentémoslo de nuevo. Vayamos a la viña del Señor. No nos perdamos la Eucaristía dominical. Acerquémonos a una buena confesión. Ejercitemos el bien. Cojamos gusto por la oración personal y busquemos una iglesia abierta en la cual estar a solas con el que tanto nos ama.

Dios espera mucho de nosotros ¿Nos damos cuenta de ello? ¡Cuánto y bueno debe de existir en nuestro interior cuando, Dios, sale una y otra vez, a nuestro encuentro!

4.- ¡MÁNDAME, SEÑOR!

A tu viña, que es tu pueblo,
donde, las yemas de sus sarmientos
sean la paz y el amor que Tú nos traes

A tu viña, que son los hombres, Señor
y los frutos de sus palabras
sean la verdad y la sinceridad

A tu viña, que son las mujeres, Señor
y la consecuencia de sus actitudes
sean la esperanza y la confianza en Ti

A tu viña, que son los jóvenes, Señor
y, así, sus ideales y sueños
no sean obstáculo
para que te acojan, esperen y crean en Ti.

A tu viña, que son los niños, Señor
para que, cuando buscan y crecen
sonríen y juegan
duermen o se entretienen
aprendan amarte y rezarte con todo su corazón

A tu viña, que son los ancianos, Señor
y, los frutos de su experiencia,
sean una acción de gracias:
por lo mucho que les has dado
por la fuerza que, en la prueba, les ofreciste
por la sabiduría que, en su existencia,
hiciste nacer en sus decisiones y trabajos.

¡MANDAME, SEÑOR!

A tu viña, aunque me sienta sólo
A tu viña, aun a riesgo de ser apedreado
A tu viña, a pesar de no ser comprendido
A tu viña, aunque no me acompañe el éxito
A tu viña, aunque sea rechazado

¡MANDAME, SEÑOR!

Porque, entre otras cosas y muchas más,
sé que Tú me acompañas y vienes conmigo

Amén

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Miguel Arcangel 3. Miguel es Cristo y eres tú. Un ángel psicopompo

Publicado por El Blog de X. Pikaza


San Miguel no es sólo un ángel judío, sino que ha entrado en la tradición cristiana, desde tiempo antiguo, ya en el Nuevo Testamento. Es sin duda el ángel más importante de la iconografía cristiana. Aparece como patrono de miles de pueblos, figura venerada en mil santuarios, desde el Monte Gargano, Italia, hasta Aralar, Navarra, desde Mont Saint Michel, Normandía, hasta cien localidades de Rusia o América Latina. Es el ángel que aparece en gran parte de los pórticos de las catedrales, con la espada de Dios o la balanza del juicio. Es el ángel victoriosa, signo de Cristo (es el mismo Cristo), signo de aquellos que siguen a Cristo. Por eso, a los cristianos se les dice: ¡tú eres Miguel!

1. El ángel de la guerra de Dios y la mujer celeste (Ap 12, 1-6).

En muchas representaciones medievales del juicio, a los lados del Gran Cristo que viene (→ parusía), aparecen el ángel Miguel y la Mujer del cielo (María), como garantes y testigos de la victoria de Dios. El tema está vinculado al libo del Apocalipsis, que retoma, en línea cristiana, la visión anterior de Daniel:

(a. Primera escena) Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona e doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba en la angustia y tortura de su parto. Entonces apareció en el cielo otra señal: un enorme Dragón de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra….Se trabó entonces en el cielo una batalla:

(a. Segunda ) Miguel y sus ángeles entablaron combate contra el Dragón. Y el Dragón y sus ángeles lucharon encarnizadamente, pero fueron derrotados y los arrojaron del cielo para siempre. Y el gran Dragón, que es la antigua serpiente, que tiene por nombre Diablo y Satanás y anda seduciendo a todo el mundo, fue precipitado a la tierra junto con sus ángeles.

(c. Canción) Y en el cielo se oyó una voz potente que decía: «Ahora se ha realizado la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo! Porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios

Y ellos lo han vencido por causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, porque no amaron sus vidas hasta la muerte.Por esto, alegraos, oh cielos, y los que habitáis en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros y tiene grande ira, sabiendo que le queda poco tiempo»(Ap 12, 1-3. 7-12).

a. Mujer y Dragón. Primera escena (Ap 12, 1-3).

En el horizonte del cielo, como surgiendo del templo abierto de Dios, aparece una mujer: la verdad del templo, signo celeste y terrestre de Dios (arca y pueblo de la alianza) es una Mujer, según la imagen repetida en los profetas (Os, Is y Jer). Más allá del espacio israelita (cf. Eva de Gen 2-3) ella evoca el mito de la mujer originaria o diosa. Donde esperábamos el fin (escatología, última trompeta) emerge el principio (protología, madre originaria).

Donde acaban los caminos de violencia del varón empieza la mujer, como si la historia. La otra señal es el dragón rojo, que en el conjunto aparece como enemigo de la humanidad, Serpiente Tannín, monstruo de las aguas, hidra de siete cabezas, que Yahvé derrotó para fundar la historia buena (cf. Is 27, 1; Sal 74, 13; 91, 13; Job 7, 12; 26, 13). Ese dragón es símbolo del enemigo mitológico de Dios en muchos pueblos.

Forman una pareja simbólica primordial, en muchos mitos. Suele hablarse de una mujer buena, perseguida por un Dragón perverso, pero liberada por un héroe que la protege para casarse con ella. Es muy posible que ese mito esté en el fondo de nuestro texto, como indica su fin feliz (al fin se casan mujer y salvador); pero aquí ese salvador es el mismo hijo de la mujer, es el mismo Cristo, que derrotará al Dragón,

b. Dragón y Miguel. Segunda escena Batalla sobre el cielo (Ap 12, 7-12).

De pronto, sin aviso previo, volvemos al escenario superior, para descubrir los hechos en otra perspectiva. El lugar permanece, cambian los actores: donde antes se enfrentaban Mujer y Dragón luchan ahora, en guerra formal dos ejércitos de ángeles buenos y perversos. El Dragón ha expulsado a la mujer y puede suponer que ha quedado solo, triunfante sobre el cielo de la altura cósmica (no ante el Trono de Dios, donde subió el Hijo en 12, 5). En el cielo cósmico habita el Dragón, ocupando el lugar intermedio entre Dios y los humanos. Parece seguro pero, de pronto, aparece allí Miguel, Príncipe de Dios y protector del pueblo de la alianza (cf. Dan 10, 13.21), y lucha contra el Dragón, como estaba anunciado: «entonces se levantará Miguel» (Dan 12, 1). Esta escena se entiende en dos perspectivas:

1) Miguel es Dios. Éste es el sentido de la narración, donde se cuenta de forma velada la lucha de Miguel contra los ángeles perversos, con la victoria de Dios. «Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón. Y el dragón y sus ángeles pelearon, pero no prevalecieron, ni fue hallado más el lugar de ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón» (Ap 12, 7-9) Miguel es aquí el signo de Dios, su presencia victoriosa. Ésta es la lectura judía, la lectura universal del tema del Dios victorioso. Con el ángel Miguel y Satán como protagonistas. Este Miguel que es la “victoria de Dios” sigue siendo uno de los signos clásicos de la iconografía y de la piedad cristiana, entendida en clave angélica.

2) Miguel es Cristo, los cristianos son Miguel. En otro nivel, la canción que sigue dice que el vencedor es Cristo, Cordero de Dios y con él los cristianos . «Y ellos lo han vencido por causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, porque no amaron sus vidas hasta la muerte» (Ap 12, 11). Pasamos así el lenguaje angélico al lenguaje cristológico o, quizá mejor, cristiano. El ángel vencedor, el auténtico Miguel, es Cristo, que no ganado la batalla de Dios con una espada, sino con su propio amor (con su sangre), como puso de relieve hace tiempo un libro clave de exégesis bíblica (G. Aulen, Christus Victor, London 1931). El ángel auténtico de Dios es Cristo, su mismo Hijo encarnado, vencedor definitivo sobre el mal y la muerte.

c) Canción. Los vencedores son los cristianos.

Miguel son los cristianos, testigos y seguidores de Cristo. Por otra parte, el mismo texto dice que al Diablo/Satán le han vencido los mismos creyentes, por la sangre del Cordero (el Cristo vencedor Amante) “y por el testimonio de su Palabra, pues no amaron la vida de Dios por encima de la muerte”, es decir, fueron capaces de dar la vida por fidelidad al evangelio y a los demás. Por eso, se sigue combatiendo la “guerra de Miguel”, que es la guerra de aquellos que aman a los demás renunciando a la victoria externa (es decir, a la violencia de las armas), para crear sobre el mundo un orden de amor.
Ésta es la guerra final, no una guerra de galaxias, como alguno podría imaginar, ni tampoco de puros espíritus celestes por encima de la historia. Es la guerra y victoria de Jesús, que da la vida por los hombres y que les capacita también para darse la vida, en amor, por encima de la muerte. Por eso, él ángel Miguel lleva en la manos la Cruz de Jesús (como en las representaciones del Monte Aralar, en Navarra). Miguel aparece así como “crucífero”, portador de Cristo, al ángel de Dios (el vencedor de Dios). Llevando en sus manos a Cristo, Miguel lleva también a los cristianos, es decir, a todos los que viven y aman como Cristo. Ellos son ángeles de Dios, portadores de su vida, unos para los otros, como sabe todo el libro del Apocalipsis.

2. Conclusión, ángel defensor (ángel de la guarda) de la Iglesia

Teniendo esto en cuenta, a modo de conclusión, recordaremos que, a partir de la Edad Media, la Iglesia cristiana de Oriente y Occidente ha tomado a Miguel como protector, en la lucha contra los enemigos interiores y exteriores. Así aparece como defensor de la fe y de la vida de los cristianos en santuarios famosos como el de San Miguel de Aralar (Navarra), el de Mont Saint Michel (Normandia) o el de San Michele sul Gargano (Apulia).

En esa línea se sitúa la oración que el Papa León XIII mandó que rezaran todos los sacerdotes al final de la misa, el año 1996:

«San Miguel arcángel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra las acechanzas del demonio, que Dios manifieste su poder sobre él es nuestra humilde súplica; y tú Príncipe de la milicia celestial, con la fuerza que Dios te ha conferido, arroja al Infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos, que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén».

Se dice que el Papa tuvo una visión horrible. Se vio rodeado de enemigos. Pero sobre todos ellos emergía Miguel, el ángel defensor (ángel de la guarda) de la Iglesia, a la quiso poner bajo su protección.

De nuevo a Jesús, el ángel verdadero

La liturgia posterior al Vaticano II ha dejado de rezar la oración de León XII, siguiendo aquella otra tradición antigua de la Iglesia que (como hemos visto) identifica a Jesús con el ángel Ángel Miguel. Lo que se atribuía a Miguel, que lucha a favor de los fieles (judíos y cristianos), lo ha realizado Jesús. En esa línea se ha elaborado una cristología angélica, en la que se acaba descubriendo que el ángel verdadero es Jesús, el que ha venido a sostenernos en la lucha, ofreciéndonos su amor. El que lucha contra el Diablo en Aralar o Gargano, en Mont Saint Michel es Jesús, son los cristianos, son los hombres y mujeres que aman, se aman entre si.

2 Apéndice de Judas. Miguel, ángel psicopompo.

Una de las funciones más importantes de Miguel en la tradición cristiana ha sido la de pesar y dirigir las almas, en el camino que lleva a la salvación. Es un ángel poderoso, como pondrá de relieve el judaísmo posterior, cuando le presente como genio de las aguas inferiores y del aire, señor de los reptiles y guía del planeta saturno (cf. Sefer Raziel). Pero su dominio más alto es el que aparece vinculado al juicio de los muertos, como ha puesto de relieve, de manera ocasional, la carta de Judas, en contra del “libertinaje” de algunos falsos cristianos, que se creen dotados de poderes superiores, de manera que “manchan la carne, rechazan toda autoridad y maldicen de las potestades superiores” (Judas 1, 8).

En ese sentido, algunos exegetas le han llamado el “ángel psicopompo”, director y guía de las almas en el camino final de la salvación. Los “falsos cristianos” a los que Judas critica pertenecen, sin duda, a un tipo de gnosis, por la que sus fieles se identifica con el mismo Dios, creyéndose divinos y sintiéndose con autoridad sobre los ministros de la Iglesia y sobre los mismos ángeles del cielo, capaces de imponer su juicio sobre todo lo que existe (por ejemplo, en el campo sexual). Pues bien, como ejemplo como ello pone Judas a Miguel, ministro de Dios para el juicio:

«Pero ni aun el arcángel Miguel, cuando contendía disputando con el diablo sobre el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar un juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda» (Judas 1, 9)

Parece que el texto reproduce una escena conocida de un libro apócrifo (Asunción de Moisés), en el que Miguel y Satán disputan sobre el cuerpo de Moisés. Es evidente que Satán quiere la condena de Moisés, es decir, la destrucción de la vida de los fieles y del pueblo de Israel en su conjunto (de la humanidad). Miguel, en cambio, protege a Moisés y los amigos de Dios, impidiendo que Satán los destruya en el momento del juicio. Con la escenografía cristiana medieval podemos suponer que Daniel está con la balanza, pesando el alma de los justos o con la espada, luchando contra Satán, para que no pueda apoderarse de Moisés difunto.

Desde ese fondo podemos precisar ya el sentido del pasaje en la carta de Judas. Hay gnósticos (herejes) que se ríen de todo eso, que se creen ya salvados, que desprecian los signos de Miguel y el Diablo; ellos están por encima de todo eso. Pues bien, en nombre de la tradición cristiana, bien enraizada en la exigencia de moralidad de Israel (en la imaginería apocalíptica del juicio), Judas les amonesta, poniendo como ejemplo a Miguel, fiel a Dios y respetuoso. Ni siquiera Miguel se quiere poner en el lugar de Dios y pronunciar el juicio contra el Diablo, sino que lo deja en manos de Dios (¡El Señor te reprenda!), mientras sigue ayudando a Moisés y a los justos que mueren en la gran batalla escatológica del juicio.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: Estos son los valores evangélicos

Mateo 21, 33-43

Amigos y hermanos en el Señor:

El libro del profeta Isaías nos ha narrado la odisea del Señor y de su viña. La viña del Señor del universo era, en aquel entonces, el pueblo de Israel; es ahora la Iglesia de Jesús. Los hombres de Judá eran las cepas preferidas que el Señor había plantado en su viña; son ahora los bautizados, los confirmados y admitidos a la mesa del Señor, que constituyen el nuevo pueblo de Dios. El Señor entrecavó su viña amada, la descantó, y plantó buenas cepas. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Esperaba de su pueblo justicia y bondad, y no encuentra en él más que injusticia: escucha por doquier el clamor de los oprimidos.

La nueva viña del Señor –pueblo de bautizados- en vez de reproducir con fidelidad los valores evangélicos, se ha dedicado a comer y a beber, a hacer acopio de bienes materiales y a confiar en las obras de sus manos. Sigue el profeta Isaías: Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos.

El Evangelio presenta hoy la parábola de los viñadores. Su deber era el de cultivar la viña. Eran los que recibían el encargo de dirigir y cultivar el pueblo de Dios. Jesús dirigía esta parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo. El amo les exige la parte correspondiente del fruto que ellos se niegan a dar; por el contrario, intentan apropiarse de la viña y matan al heredero.

En el nuevo pueblo de Dios sirven los mismos presupuestos. Los viñadores reciben el encargo de cultivar la viña y hacer que produzca fruto. Han de ser servidores y, en modo alguno, usufructuarios y, menos todavía, propietarios. No pueden justificarse con dejar la viña tal como la encontraron, sino que han de cavarla, podarla, abonarla y sulfatarla para que fructifique. En caso contrario, puede ocurrir aquello que dijo Jesús: Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. La viña, por su parte, tiene el deber de responder a los cuidados de los viñadores, no fuera caso que una tierra estéril se resistiera contumazmente a todo cuidado de los viñadores y se tuviera que abandonar por imposible, para trasladar los esfuerzos a una tierra fértil.

San Pablo a los filipenses propone un resumen de los frutos que la viña debe ofrecer al Señor: Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Estos son los valores evangélicos, los frutos que el Señor espera de su viña, para que sea florida y hermosa, fructifica y sabrosa, fascinante y encantadora a los ojos del amo, de los viñadores y de sí misma.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: PISTAS HOMILÍA DOMINICAL: “¿Qué hará con estos viñadores?”

Profeta Isaías 5, 1-7 // Carta de San Pablo a los Filipenses 4, 6-9 // Mateo 21, 33-43


* La liturgia de hoy gira alrededor de la imagen de la viña. Recordemos que las uvas y el vino eran y siguen siendo elementos cargados de significación para las culturas que florecieron alrededor del Mediterráneo.

* La primera lectura, tomada del profeta Isaías, describe el plan de Dios sobre el pueblo de Israel utilizando hermosas imágenes del mundo de la agricultura: Dios escogió la mejor semilla, la plantó en una tierra de excelente calidad, la cercó, la abonó y le prodigó todos los cuidados; por eso esperaba una cosecha magnífica. Pero no fue así pues cosechó frutos amargos.

* A través de este lenguaje simbólico, el profeta Isaías denuncia el comportamiento negativo del pueblo elegido que no estuvo a la altura de los dones recibidos de Dios.

* En este orden de ideas, podemos afirmar que la parábola de la viña, que propone a nuestra consideración el evangelista Mateo, es una síntesis de la historia de la salvación desde la alianza del monte Sinaí hasta la fundación de la Iglesia por Jesús.

* Los invito a que recorramos atentamente el texto de la parábola para identificar los elementos más interesantes.

* Empecemos por la descripción de la viña que hace el evangelista. ¿Qué encontramos allí? Es fácil interpretar el lenguaje simbólico: el propietario es Dios, la viña es Israel, los viñadores son los dirigentes de la comunidad, los siervos enviados por el propietario son los profetas.

* Recordemos que Dios envió a los profetas para que orientaran a la comunidad en momentos particularmente difíciles de la historia de Israel:

- Ahora bien, tenemos que reconocer que las relaciones entre los profetas y la comunidad fueron complicadas porque habían sido enviados para denunciar comportamientos que estaban en abierta oposición con la voluntad de Dios. Fueron enviados para decir cosas desagradables.

- Estas denuncias les acarrearon persecuciones que condujeron a los profetas a la cárcel, al exilio y aun a la muerte violenta. Seis de ellos terminaron sus vidas con derramamiento de sangre: Amós, Miqueas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Zacarías.

- Según el texto de la parábola, el dueño de la viña envió tres delegaciones: las dos primeras estaban integradas por sus empleados, y la tercera fue encabezada por su hijo. Al reflexionar sobre estas tres delegaciones, nos llama la atención, en primer lugar, la insistencia del dueño; y también sorprende la agresividad creciente con que fueron recibidos los enviados.

- La presencia del hijo del propietario constituye el último y supremo gesto frente a los administradores.

* La parábola, después de describirnos la violencia ejercida contra estas tres delegaciones, plantea una pregunta llena de suspenso: “¿Qué hará con estos viñadores?”. Los verbos utilizados por el evangelista están en futuro: “¿qué hará?”, “dará muerte terrible”, “arrendará el viñedo”.

* La primera respuesta - “dará muerte terrible a estos desalmados” – es una consecuencia natural y aceptada por una sociedad que había sido educada dentro de la lógica del “ojo por ojo y diente por diente”.

* La segunda respuesta – “arrendará el viñedo a otros viñadores” – toma por sorpresa al auditorio, pues el pueblo de Israel tenía una acendrada conciencia de ser el pueblo elegido, propietario de la alianza y de la promesa. Para este pueblo era impensable que su lugar fuera ocupado por otros pueblos.

* Por eso es muy interesante interpretar esta parábola como un juicio realizado por Dios a través de un lenguaje cargado de símbolos:

- ¿Quiénes están en el banquillo de los acusados? Los acusados son los dirigentes religiosos y políticos de Israel, que no buscaban con docilidad la voluntad de Dios, sino que quisieron manipular la religión para ponerla al servicio de sus intereses.

- ¿Cuáles son los cargos o acusaciones? Haber actuado como si la viña fuera propiedad personal, olvidándose de dar cuentas a Dios por su administración. Se comportan como un ladrón que se apropia de los bienes de Dios y los usa para su beneficio.

- ¿Cuál es la sentencia? Consiste en ser sustituidos por otros labradores. Dios, propietario de la viña, invita a todas las personas de buena voluntad para que se vinculen a su plan de salvación. La oferta de gracia supera los límites de un pueblo y se hace universal.

* Es hora de terminar nuestra meditación dominical sobre la parábola de los viñadores homicidas. Al regresar a nuestros hogares preguntémonos por los frutos que estamos dando. Hemos sido abrumados por la generosidad de Dios. ¿Cómo estamos respondiendo a tantas gracias y oportunidades? ¿Qué estamos retornando a la comunidad? Con espíritu crítico revisemos si estamos dando amargos frutos de egoísmo, injusticia y resentimiento.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

Liturgia y Lecturas del Día: Miercoles 01 de Octubre de 2008

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, VIRGEN Y DOCTORA DE LA IGLESIA
(MEMORIA OBLIGATORIA)

MISA: “Aleluya”, sin “Gloria” ni “Credo” / Oraciones propias [722] / Prefacio de santas Vírgenes y Religiosos [492] / Leccionario IV: Jb 9, 1-12. 14-16; Sal 87, 10bc-11. 12-13. 14-15 [763]; Lc 9, 57-62 [469].

LITURGIA DE LAS HORAS: Tomo IV / Los salmos y sus antífonas se toman del “Miércoles II” del Salterio [871] / La 2ª lectura del Oficio, himnos para Laudes y Vísperas, las antífonas para el cántico evangélico y la oración conclusiva son propios [1415] / La 1ª lectura del Oficio (“Año II”) del miércoles XXVI del T. Ordinario [311] / Todo lo demás del Común de vírgenes [1715] o del “Miércoles II” del Salterio [870] / COMPLETAS: “Miércoles” [1221].

LECTURAS

Lectura del libro de Job 9, 1-12. 14-16

Job respondió a sus amigos, diciendo:
¿Cómo un mortal podría tener razón contra Dios?
Si alguien quisiera disputar con él,
no podría responderle ni una vez entre mil.
Su corazón es sabio, su fuerza invencible:
¿quién le hizo frente y se puso a salvo?
Él arranca las montañas sin que ellas lo sepan
y las da vuelta con su furor.
Él remueve la tierra de su sitio
y se estremecen sus columnas.
Él manda al sol que deje de brillar
y pone un sello sobre las estrellas.
Él solo extiende los cielos
y camina sobre las crestas del mar.
Él crea la Osa Mayor y el Orión,
las Pléyades y las Constelaciones del sur.
Él hace cosas grandes e inescrutables,
maravillas que no se pueden enumerar.
Él pasa junto a mí, y yo no lo veo;
sigue de largo, y no lo percibo.
Si arrebata una presa, ¿quién se lo impedirá
o quién le preguntará qué es lo que hace?
¡Cuánto menos podría replicarle yo
y aducir mis argumentos frente a él!
Aún teniendo razón, no podría responder
y debería implorar al que me acusa.
Aunque lo llamara y él me respondiera,
no creo que llegue a escucharme.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 87, 10b-15

R. ¡Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor!

Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.
¿Acaso haces prodigios por los muertos,
o se alzan los difuntos para darte gracias? R.

¿Se proclama tu amor en el sepulcro,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido? R.

Yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:
¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro? R.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 57-62

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Y dijo a otro: «Sígueme». Él respondió: «Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios».

Palabra del Señor.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: LA ENSEÑANZA DEL RESPETO A LA VIDA HUMANA

1.- Es obvio que el tiempo pasa y lo hace deprisa –o, al menos, eso es lo que nos parece. El verano ya parece muy lejano en este primer domingo de octubre. El curso escolar y universitario se ha iniciado. Y litúrgicamente nos vamos acercando –como se ha dicho en la monición de entrada—al Adviento y al llegar a él habremos terminado todo un ciclo, el A. Y en estos domingos finales, San Mateo nos va narrando los últimos e intensos combates dialécticos de Jesús de Nazaret contra los jefes de la religión oficial judía. Ya el domingo pasado decía a sumos sacerdotes, escribas y fariseos que decían que sí, que servirían al Señor, pero luego no lo hicieron. Mostraba Jesús su hipocresía. Hoy, con la parábola de los viñadores asesinos, Jesús anticipa proféticamente su muerte. Y, en efecto, los jefes del pueblo iban a matar a Jesús como antes lo hicieron con otros enviados de Dios, con los profetas.

Es obvio, por un lado, que ya los dirigentes del templo habían manifestado su deseo de hacer desaparecer a Jesús. Pero no se atrevían ni hacerlo, ni a proponerlo públicamente, por temor al pueblo. Jesús quiere anticiparse a sus pensamientos y les describe una parábola en la que los arrendatarios de una viña de convierten en asesinos por codicia y, tras maltratar, a los primeros enviados que el Dueño les enviaba para cobrar las rentas pactadas, deciden matar al heredero que va, también, a exigir la entrega de lo pactado con la esperanza de que lo respetarán. Pero esa codicia les lleva a la sinrazón de que si mataban al legítimo heredero, ellos heredarían la propiedad. Una vez más esos miembros prominentes de la alta sociedad sacerdotal y jurídica judía iban a reconocerse a sí mismos en el relato que les muestra Jesús. Quien sabe si algunos de ellos, no habrían hablado poco antes, --minutos antes de la escena que nos narra el evangelio-- de buscar el final del Maestro de Galilea. No sería extraño.

2.- Jesús, por su parte, no relata esa parábola para demostrar sus dotes de profeta, su capacidad de anticipación sobre el tiempo y el espacio. No, claro que no. Jesús de Nazaret busca –y lo hará hasta sus últimos momentos—provocar en sus antagonistas la reflexión y el arrepentimiento. Y sabemos –lo expresábamos también el domingo pasado—que algunos de los sacerdotes y senadores creyeron en Él, aunque no se manifestaron favorables, por temor a la corriente oficial. Ya poníamos el ejemplo de Nicodemo. Pero iba ser inútil. La soberbia y dureza de corazón de los adversarios de Jesús sólo tomarían sus palabras como una afrente, como un insulto, como una falta de respeto a sus personas y a lo que ellos representaban.

Ésta vez el Maestro termina con unas palabras que, sin duda, preocuparon a sus adversarios. Habla de que se les va a quitar el Reino de Dios y se lo “dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Los representantes de la religión oficial judía vivían limitados en su poder por el invasor romano. Y también temerosos de que el poder del César les quitara y les sustituyera por otros. Pilato –el gobernador—había utilizado sacrílegamente el altar del Templo. Y las exigencias de las fuerzas de ocupación eran cada vez más altas. Se temían que pudieran ser desalojados de sus privilegios, por eso esa frase final tuvo que irritarlos aún más. La realidad es que las profecías de Jesús sobre el final dramático del Templo y de Jerusalén iban a resultar ciertas. Cuarenta años después Jerusalén sería arrasada por los romanos y se iniciaría la diáspora total. Nunca más el templo volvería a funcionar, ni nunca más su sistema de gobierno y de castas privilegiadas estaría presente.

3.- La cuestión es saber cómo pueden ser útiles --hoy-- para nosotros estos episodios finales de la lucha de Jesús para predicar el Reino de Dios a sus contemporáneos. Sinceramente, creo que tienen muchos lados de atención, meditación y aprovechamiento. A mi juicio la mejor enseñanza es que nunca jamás nuestra Iglesia se aproxime lo más mínimo a lo que era el judaísmo oficial de los tiempos de Cristo. Imperaba la hipocresía, la mentira, el abuso de poder y el desprecio por los más pobres, por los más desposeídos. Sin duda, fueron capaces de matar al Hijo de Dios para no perder su poder. Y si, ciertamente, ellos no tuvieron la seguridad absoluta de que ese prodigio enorme de que Dios se había hecho hombre, la realidad es que Jesús como sólo hombre portaba verdad y amor en todos los aspectos. Y, al menos, lo deberían haber respetado por eso y, asimismo, haber entendido que sus advertencias eran necesarias para volver a Dios, al auténtico Dios, no a ese otro “dios” que ellos se habían inventado para que concordara con su forma malvada de vida y de religión. Y volviendo a nosotros, la cuestión del fariseísmo es una amenaza permanente para las personas que trabajan por y para la Iglesia de Dios. Por eso la parábola ha de enseñarnos.

Está igualmente incluida en la enseñanza de la parábola, el respeto a la vida humana y se muestra en ella, el atentado para robar, para sacar beneficio económico. ¿No está esto presente en nuestro mundo? No son las guerras –y el terrorismo—una fórmula de muerte para conseguir poder político y económico. Y, asimismo, ¿algunas maniobras de los poderes económicos no traen la miseria y la muerte a muchas gentes, a muchos pueblos, a no pocas naciones? Y es que hemos de pagar las rentas con las que nos hemos comprometido y, también, sentir el agradecimiento por quien nos ayuda a trabajar y a vivir honradamente de nuestro trabajo. Por otro lado, la cercanía del “tiempo final” que nos van narrando los evangelios de estos domingos, han de ser, asimismo, una alerta para nosotros. Ese tiempo que se acaba nos debe llevar a la conversión más profunda, a plantearnos si nuestra vida está siendo aprovechada en el servicio a Dios y a los hermanos.

4.- Como bien sabéis siempre la primera lectura guarda perfecta relación con el evangelio. Hoy hemos escuchado al profeta Isaías. Es un párrafo de una belleza singular que narra como el Señor Dios trabajó como amor para preparar una viña que no era otra cosa que la Casa de Israel. Pero ese pueblo se equivocó y no obtuvo el fruto que correspondía. Dios se lamenta de tal maldad que, sin duda, concuerda también con el momento que le quedó vivir a Jesús. Realmente, la historia del Antiguo Testamento –a pesar de su supuesta dureza argumental en muchas ocasiones—no es otra cosa que el camino constante de un Dios Padre que busca que su Pueblo-Hijo se convierta y vuelva al redil de su amor. Pero parece que no lo consiguió y, obviamente, tuvo que venir otro pueblo y obtener los frutos buenos. La reflexión sobre la posibilidad de que tampoco seamos un pueblo que demos frutos es casi inevitable, aunque la cercanía de Jesús a nuestro lado hasta la consumación de los tiempos, nos hace ver que seguiremos fieles, no por nuestros méritos sino por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo.

Y de esta posibilidad, sin duda, nos habla San Pablo. Si somos fieles “el Dios de la paz estará con nosotros”. Y no deberemos temer a que florezcan nuestros instintos asesinos y nuestra codicia sin límite. Aunque a veces todo parezca que está peor y que la maldad es la que pervive frente a la bondad. No hemos de tener un planteamiento pesimista, porque Dios Hijo vino al mundo para salvarnos. El fragmento de la carta a los filipenses de hoy es como un bálsamo de verdad, de esperanza, de alegría. Sinceramente, lo único que tenemos que hacer es seguir a Cristo Jesús en toda hora, obviando u olvidando los siniestros cantos de sirena que el mal establecido nos lanza. Hay temas para meditar esta semana. Hagámoslo. No dejemos pasar el tiempo inútilmente.

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

lunes, 29 de septiembre de 2008

Los Samaritanos: Evangelio Misionero del Día: Martes 30 de setiembre de 2008

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 51-56

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de Él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?» Pero Él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.

Compartiendo la Palabra

Despreciados y valorizados
Por Pedro Garcia cmf

Dentro de la Biblia los samaritanos constituyen una etnia, un grupo del todo especial. Descendientes de aquellos colonos que instalaron los asirios hacía setecientos años, eran unos judíos bastardos, y entre judíos y samaritanos se daba un odio mortal. El Eclesiástico es mordaz, cuando dice de los samaritanos con desprecio visceral: “...nación que mi alma detesta, pues ni siquiera es nación: el pueblo estúpido que habita en Siquem” (Eclesiástico 50,25-26).
Cuando venga Jesús, ¿qué va a hacer con esta gente samaritana?...
Porque, ¡hay que ver cómo se le portaron un día al Señor! Se dirigía con los doce desde Galilea a Jerusalén, y tomaron el camino que atravesaba la Samaría. Para asegurarse hospedaje por la noche, mandó a dos discípulos por delante y regresaron con un chasco: -¡No nos quieren recibir, porque vamos a Jerusalén!... Santiago y Juan, los dos hijos del Zebedeo, simpáticos pero de sangre muy caliente, no aguantan semejante desprecio, y piden a Jesús: -
Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo que los consuma?... Jesús, sin embargo, les propina una severa lección: -¡Cuidado! No sabéis de qué espíritu estáis animados. Yo no he venido a perder a los hombres, sino a salvarlos (Lucas 9,51-56)
Aquí aparece a plena luz el pensamiento de Jesús. Para Él no hay razas ni pueblos que queden excluidos de la salvación, y todos, por lo mismo, son llamados y son valorados por el Redentor.
Para entonces, Jesús había tenido una buena experiencia con los samaritanos. Casi en los inicios de su ministerio, al dirigirse a Galilea se detiene junto al pozo de Jacob, en las cercanías de Siquem, donde se desarrolla uno de los hechos más bellos y conmovedores de todo el Evangelio.
Era el mediodía, y llega Jesús acalorado del camino. Manda a los discípulos a comprar algo en la aldea vecina para comer, se sienta sobre el brocal del pozo, y ve venir una mujer elegante, orgullosa, coqueta, que, nada más ve al forastero, se dice para sus adentros: -¡Psi! Un judío..., y no se digna mirarle la cara ni dirigirle un saludo. Jesús, insinuante:
-Mujer, dame de beber. Y ella: -¿Yo darte de beber a ti? ¿Una samaritana a un judío?...
Ya tenemos el cuadro de los samaritanos contra los judíos. Pero el judío Jesús no es como los demás judíos, enemigos de los samaritanos, sino todo lo contrario. Los ama, y ahora va a conseguir con su amor la primera conquista.
Nos sabemos de memoria aquel diálogo sublime:
- Quien bebe de esta agua, tendrá otra vez sed. Pero el que bebe del agua que yo le daré, no tendrá ya más sed. Y la mujer se entusiasma: -¡Dame, dame de esa agua tuya para que yo no tenga que volver más aquí!... Jesús le quiere aclarar sus amores: -Mujer, tráeme a tu marido. Y ella no se atreve a traer al sexto hombre que había caído en sus redes... -Veo que tú eres un profeta. A lo que Jesús responde, manifestándole su propia identidad: -Ese Cristo que esperáis, soy yo...
La mujer corre al pueblo y les comunica a todos su encuentro con el personaje misterioso. Los contagia con su entusiasmo, obligan entre todos a Jesús a quedarse con ellos, y por dos días permanece el Maestro allí, bien querido por los repulsivos samaritanos. Jesús, en vez de mirarlos con desprecio, los ha valorado y se los ha hecho suyos... (Juan 4)
Cuando el Señor exponga lo que es el gran precepto de la caridad, recurrirá a una parábola inolvidable y genial, inmortalizada por nosotros con el nombre de “El Buen Samaritano” (Lucas 10,25-37).
-¿Y quién es mi prójimo?, le pregunta tentador el doctor de la ley.
Jesús: -¿Eso me preguntas?... Mira lo que le pasó a aquel pobre hombre que, caído en medio de los salteadores, lo muelen a palos, lo dejan medio muerto, y queda allí, abandonado de todos. El sacerdote del templo y el levita lo ven, dan media vuelta, no le hacen caso y allí lo dejan para que se muera.
Mientras que el samaritano lo ve, se compadece, lo cura, lo lleva hasta la hospedería, y paga todos los gastos de la curación del judío maltrecho. ¿Quién te parece que actuó como verdadero prójimo del herido?...
El astuto doctor no se atreve ni a decir “El samaritano”, y contesta evasivo:
- Aquel que usó de misericordia con el moribundo.
¿Y qué decir de aquellos diez leprosos curados por el Señor? Nueve se van corriendo y gritando como locos, sin poder contener su alegría, olvidados todos de su bienhechor. Sólo uno regresa a dar las gracias a Jesús, que comenta conmovido y algo triste: -¿No han sido diez los curados? ¿Y nadie ha vuelto a agradecer a Dios el beneficio sino este extranjero samaritano?... (Lucas 17,11- 19)
El Evangelio contiene un mensaje perenne. ¿Nos amamos de veras los pueblos, los unos a los otros? ¿No existen entre muchas naciones rivalidades profundas, que se traducen en desconfianza, aversión y hasta odio entre los ciudadanos de unas contra los de las otras? ¿No ocurre lo mismo a nivel más reducido, como de ciudad contra ciudad, de pueblo pequeño contra otro pueblo?...
Todas esas enemistades desembocan muchas veces en desprecio, lucha y hasta muerte, y nos hallamos así en lo más opuesto al Evangelio, el cual no reconoce privilegios de unos sobre otros, sino que exige comprensión, amor, ayuda y colaboración mutua para conseguir la promoción y el bienestar de todos. ¿Pensamos, por ejemplo, en los emigrantes que se establecen entre nosotros?...
Con organizaciones mundiales como las Naciones Unidas, buscamos laudablemente el respeto entre todos los pueblos. Pero nunca hallaremos medio más poderoso para respetarnos y amarnos que la aplicación de la enseñanza, el ejemplo y la dirección trazados por Jesucristo. Porque, ¿a que nadie sabe hacerlo mejor que Jesucristo con los samaritanos?...

SEGUIR LEYENDO LA NOTA

30 de Setiembre: DÍA DE SAN JERÓNIMO, DOCTOR DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS



LOS CUATRO PADRES LATINOS

Entre los Padres de Occidente, San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio Magno, Jerónimo es el «príncipe de los traductores» de la Biblia y el más ilustre exégeta. Nace en Estridón, provincia romana de Dalmacia en el seno de una familia cristiana. Sus padres le enviaron a Roma para que adquiriera una formación superior, donde tuvo como profesor al célebre gramático Donato, que le aficionó a Virgilio, Horacio, Quintiliano, Séneca, y a los historiadores, aunque su verdadero maestro y modelo fue Cicerón, de quien imitó su estilo elocuente y cincelado. En Roma, durante los años 359-367, llevó una vida frívola y disipada, que le produjo turbaciones de conciencia y tentaciones que él combatió con ásperas penitencias y con su entrega al estudio de la Sagrada Escritura. En Roma, ya mayor, recibió el Bautismo, junto con su compañero de estudios, Bonosa. Se fue a Tréveris, en la Galia, actualmente República Federal de Alemania. En esta época, experimentó una primera conversión: empezó a interesarse por los escritos de Teología. Dedicó sus ratos libres a copiar obras de Hilario de Poltiers ; e intensificó su vida de piedad.

UN SUEÑO ONIRICO

Tuvo un sueño, que, cuando se escondió ene el desierto de Calquis, descubrió a su hija espiritual, Eustoquio, en una carta sobre la virginidad. Le cuenta que enfermo grave, en el delirio de su fiebre soñó que se vio ante el trono de Jesucristo para ser juzgado. Cuando se le preguntó quién era, dijo que un cristiano. -"¡Mientes!", le replicaron. "Tú eres un ciceroniano, puesto que donde tienes tu tesoro está también tu corazón". Aquella experiencia produjo un profundo efecto en su espíritu y se retiró a las salvajes soledades de Calquis, un yermo inhóspito al sureste de Antioquía, donde pasó cuatro años en diálogo con su alma. Allí soportó grandes sufrimientos por sus enfermedades, pero sobre todo, por las terribles tentaciones carnales."En el rincón remoto de un árido y salvaje desierto", escribió a Santa Eustoquio, "quemado por el calor de un sol tan despiadado que asusta incluso a los monjes que viven allí, me parecía encontrarme en medio de los deleites y las muchedumbres de Roma ...

POR TEMOR AL INFIERNO

En aquel exilio y prisión a los que, por temor al infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas. Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta antes de morir, la pasión estaba viva. A solas con aquel enemigo, me arrojé a los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne con los ayunos durante semanas enteras. No me avergüenzo al revelar mis tentaciones. Con mucha frecuencia velaba del ocaso al alba entre llantos y golpes en el pecho, hasta que volvía la calma". De esta manera pone Dios a prueba a sus siervos, de vez en cuando; pero sin duda que la existencia diaria de San Jerónimo en el desierto, era regular, monótona y tranquila. Con el fin de contener y prevenir las rebeliones de la carne, agregó a sus mortificaciones corporales el trabajo del estudio constante y absorbente, con el que esperaba frenar su imaginación desatada. Se propuso aprender el hebreo. "Cuando mi alma ardía con los malos pensamientos", dijo en una carta al monje Rústico, "como último recurso, me hice alumno de un monje que había sido judío, para que me enseñara el hebreo. Así, de las reglas de Quintiliano, la florida elocuencia de Cicerón, y la dulce suavidad de Plinio, pasé a esta lengua siseante de palabras entrecortadas. ¡Cuánto trabajo me costó aprenderla y cuántas dificultades tuve que vencer! ¡Cuántas veces dejé el estudio, desesperado y cuántas lo reanudé! Sólo yo que soporté la carga puedo ser testigo, yo y también los que vivían junto a mí. Y ahora doy gracias al Señor que me permite recoger los dulces frutos de la semilla que sembré durante aquellos amargos estudios". No obstante su tenaz aprendizaje del hebreo, de tanto en tanto releía a los clásicos paganos.

VIDA AGITADA

Volvió, hacia el año 370, a su patria. Pero no se encontraba a gusto allí. Se fue a Aquilea, y en torno a su Obispo Valeriano, con sus antiguos compañeros, formó un cenáculo de ascetas que imitaban a los eremitas de Oriente, contaban historias edificantes y conversaban sobre la Sagrada Escritura. Aquellas convivencias, por el carácter polémico de Jerónimo, desembocaron en controversias y al final, terminaron disolviéndose. Luego, acompañado de Rufino, su entrañable amigo de entonces, y luego, a consecuencia de la controversia origenista, su enemigo de última hora, hace su primer viaje a Oriente. Acompañaron a Evagrio de Antioquía, traductor de San Atanasio, que volvía a su patria. Hacia el otoño del año 374, llegó a Antioquía de Siria. Aquí recibió clases de Sagrada Escritura de Apolinar de Laodicea. Hacia el año 375, abandonó Antioquía y se internó en el desierto de Calcquis. Aquí, se dedicó seriamente al estudio del hebreo, bajo el magisterio de un monje judío converso.

POLEMISTA NATO

Las discusiones teológicas entre los monjes, le forzaron a regresar a Antioquía, donde fue ordenado de presbítero por Paulino, Obispo de Antioquía. Poco después, hacia el año 382, después de la celebración del II Concilio Ecuménico (I de Constantinopla, año 381), Paulino, junto con Jerónimo, se dirigió a Roma. Asistió como observador a los debates del Concilio; y allí conoció a Gregorio Nacianceno, a quien llamó su «maestro», que le abrió la inteligencia de la Sagrada Escritura. También pudo conocer a Gregorio de Nysa, a Anfiloquio de Icona y a otros Padres Conciliares.

AÑORA SABER LA BIBLIA

Lo que Santa Teresita de Lisieux deseaba siglos más tarde, para interpretar bien la Biblia estudiar griego y hebreo, pero sobre todo arameo, que era la lengua materna de Jesús, lo anheló y consiguió San Jerónimo por su esfuerzo colosal. El quería instruirse en la interpretación correcta de la Sagrada Escritura, para hacer avanzar la teología, y alcanzar un sólo conocimiento de exégesis bíblica y de los idiomas originales en los que fue escrito el texto sagrado. Él, como lo diría hacia el fin de su vida, quería consagrarse plenamente a explicar la Escritura y hacer conocer a los que hablaban su latín, la ciencia de los hebreos y de los griegos. Durante su nueva estancia en Roma, ganó la confianza del Papa San Dámaso, que le hizo su Secretario y comenzó su labor de corrector y traductor al latín de la Sagrada Escritura. El Papa le encargó que hiciese una revisión de la traducción Latina de los Evangelios. Así comenzó la versión Latina de la Biblia llamada la «Vulgata», porque la escribió en la lengua del pueblo.

CENACULO DE MUJERES

En Roma San Jerónimo, dirigió espiritualmente a un grupo de mujeres, de la aristocracia romana, entre ellas las viudas Marcela y Paula, ésta, madre de la joven Eustoquio a quien Jerónimo dirigió una de sus más famosas cartas, sobre el tema de la virginidad. Las inició en el estudio y meditación de la Sagrada Escritura y las dirigió por los caminos de la perfección evangélica, en los ayunos, en los cánticos de los Salmos, en las obras de caridad, en el abandono de las vanidades del mundo. El centro de este movimiento de espiritualidad femenina se hallaba en un palacio del Aventino, en donde residía Marcela con su hija Asella. El santo doctor llevó a este círculo de mujeres romanas las prácticas ascéticas de los monjes de Oriente. Les dirigió cartas de doctrina espiritual que fueron publicadas.

HOSTILIDAD DEL CLERO ROMANO

Esta actividad de dirección espiritual de mujeres le valió críticas de parte del clero romano, llegando, incluso, a la difamación y a la calumnia. Es lo normal en todos tiempos, motivado por la malevolencia y los celos. En diciembre del 384, después de la muerte del Papa San Dámaso fue elegido Papa Siricio; el ambiente, en la Curia romana, se le vuelve hostil y esta nueva situación facilitó su salida de Roma, amargado e irritado. Durante su estancia en Roma, revisó y corrigió, también el salterio latino, teniendo como base la versión de los Setenta que él llama «Koiné». El mismo reconoció que esta revisión fue «apresurada».

DEFENSOR DE LA VIRGINIDAD DE MARIA

También escribió el «De perpetua virginitate beatae Mariae», contra Helvidio, seglar romano, que sostenía que la Virgen María había tenido otros hijos de su esposo San José, después del nacimiento de Jesús, apoyándose en algunos textos mal interpretados de Mateo y de Lucas y en el testimonio de algunos escritores eclesiásticos, y trataba de equiparar el matrimonio a la virginidad. San Jerónimo aparece ya, en esta publicación, no sólo como el gran defensor de la virginidad de María, sino, también como el doctor de la virginidad, que luego confirmaría en sus libros, escritos en Belén, contra el monje Joviniano que discutía el valor de la virginidad y de la ascética cristiana, y propugnaba otros errores teológicos.

EL FUNDADOR

Al salir de Roma, dos de la mujeres dirigidas por él, Paula y Eustoquio, se reunieron con él en Reggio Calabria para seguir el viaje juntos hasta Chipre, en donde se encontraba su amigo Epifanio, y luego a Antioquía. En esta ciudad encontraron a un antiguo conocido, Paulino, quien con su cariñosa hospitalidad les retuvo un poco de tiempo.

Luego emprendieron una peregrinación por los Santos Lugares, por la calzada romana hasta Palestina, bordeando el litoral de Siria y Fenicia. En Alejandría, cuyo Patriarca era el joven Obispo Teófilo, entró en contacto con Dídimo el Ciego, extraordinariamente erudito y profundo conocedor de Orígenes, quien le inició en el conocimiento de este gran exégeta y teólogo oriental. Hicieron también un recorrido por Egipto, para conocer a los heroicos monjes y eremitas del desierto, a los dos lados del Nilo.

Por fin, se instalaron en Belén, donde constituyeron dos comunidades, masculina y femenina. La construcción definitiva de los edificios para albergar a las dos comunidades y para una hospedería de peregrinos se pudo realizar gracias a la ayuda económica de Paula. Esta instalación, en Belén, favoreció la intensa actividad intelectual de San Jerónimo. En este tiempo, se dedicó, preferentemente, al Antiguo Testamento.

CORRESPONDENCIA CON SAN AGUSTIN

En 397, el joven Obispo africano, Agustín de Hipona, inició su correspondencia con San Jerónimo, manifestando aquél algunas reservas a la labor de traductor bíblico de Jerónimo. Estas diferencias de criterio no impidieron que, posteriormente, unieran sus fuerzas contra la herejía de Pelagio.

EL TRADUCTOR DE LA BIBLIA

La labor más importante de San Jerónimo como traductor de la Biblia la realizó durante su estancia en Belén, centrada, fundamentalmente, en el Antiguo Testamento. Gracias a la generosidad de su dirigida Paula, pudo disponer de un equipo de copistas que facilitaron su labor intelectual, desde su retiro bethelemita. A este trabajo dedicó alrededor de 15 años.

Volvió a corregir el Salterio, teniendo delante el texto griego hexaplar de Orígenes, trabajo que realizó en Cesarea, donde se conservaba el texto de Orígenes, pero fue en Belén en donde lo publicó.

Esta versión del Salterio, se llamó «Salterio Galicano» porque fue recibida en las Galias en la época de los Reyes Carolingios.

El año 390, inició su tarea hercúlea de traducir del hebreo los libros del Antiguo Testamento. Tradujo los dos libros de Samuel y los dos de los Reyes y el libro de Tobías del arameo, en un sólo día. Tradujo los libros de los Profetas, y las partes Deuterocanónicas del Libro de Daniel. Terminó la traducción del libro de Job los libros de Esdras y Nehemías, y la traducción directa del Salterio hebraico, aunque este Salterio nunca fue utilizado por la Iglesia en las funciones litúrgicas.

Y los libros 1-2 de Paralipómenos y los Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Se empeñó en la traducción del Pentateuco y los libros de Josué, Jueces, Rut y Ester. El libro de Judit lo tradujo del arameo, en una noche. Los Deuterocanónicos de Baruc, Eclesiástico, Sabiduría y 1-2 Macabeos no los tradujo, porque no estaban incluidos en el canon hebreo. Se puede afirmar, por tanto, que San Jerónimo es el traductor del texto de la Vulgata, por lo que se refiere a una gran parte del Antiguo Testamento, y también, del Nuevo Testamento. Su erudición supera la de los demás padres latinos y escribió con una orientación hacia la Escritura mayor que San Ambrosio. El primer lugar entre sus obras lo ocupan sus trabajos de revisión de la traducción latina de la Biblia, que le había encargado en Roma el papa español, Dámaso.

En un primer momento, Jerónimo revisó los cuatro evangelios y, al parecer, los otros libros del Nuevo Testamento, con el deseo de cambiar lo menos posible de la versión latina tradicional; después revisó también los salmos. Luego, cuando llegó a Belén, comenzó una revisión del Antiguo Testamento, basada en la versión al griego de los Setenta , consultando las Exaplas de Orígenes y el texto hebreo que se usaba entonces en las sinagogas. Estos trabajos le fueron robados, excepto el libro de Job y los salmos que, por haberse difundido principalmente en la Galia se conocieron con el nombre de salterio galicano, y son los que figuran en la Vulgata.

Cuando hacía esta revisión decidió que sería mejor hacer una traducción enteramente nueva y directa desde la lengua original, hebreo o arameo, een vez de basarse en la versión de los Setenta; pues si al principio, siguiendo una opinión que era relativamente corriente, había considerado que la propia traducción como tal era inspirada, había ido cambiando de parecer. Este trabajo, que duró hasta el 406, excluía algunos de los libros deuterocanónicos. Su traducción, importantísima, buscaba más la comprensión del lector que una estricta literalidad, y en general resultaba muy esmerada.

Su revisión del Nuevo Testamento es substancialmente buena, aunque demasiado ligera. En el Antiguo Testamento, lo más conseguido son los libros históricos que hizo al principio; la traducción del Pentateuco y de Josué, hecha hacia el final, es menos cuidada. El texto griego consultado a través de las Exaplas de Orígenes influyó, sobre todo, en su revisión de los profetas; también la antigua versión latina tuvo alguna influencia. Parece que el texto hebreo sobre el que trabajó Jerónimo no era muy distinto del que ha llegado hasta nosotros.

RESISTENCIA A LA VERSION NUEVA

La traducción de San Jerónimo tardó en imponerse, pues chocaba a los que estaban acostumbrados a oír la versión tradicional. Hacia el año 600, en tiempos de Gregorio Magno, ambas versiones se utilizaban por un igual, y hacia los siglos viii-ix, la de Jerónimo se había impuesto definitivamente; el nombre de versión Vulgata, la versión divulgada por excelencia, se hace ya corriente en el silo xiii. Los comentarios de Jerónimo a la Sagrada Escritura son numerosos, pero algo apresurados y no muy profundos. Tiene varios tratados sobre diversos libros del Viejo Testamento, los Salmos, el Eclesiastés, los Profetas y del Nuevo, San Mateo, varias cartas de San Pablo, y unas 95 homilías, la mayoría sobre los salmos.

RECONOCIMIENTO DEL CONCILIO DE TRENTO

El Concilio de Trento, en la sesión IV (8 Abril 1546) declaró solemnemente la «autenticidad» de la Vulgata, aunque ordenó, que se hiciese una edición revisada del texto. Hoy es aceptado por todos que este Decreto del Concilio era de «carácter disciplinar», pero con fundamento dogmático, ya que la Iglesia asistida por el Espíritu Santo, en su Magisterio, no podía equivocarse en la utilización, durante tantos siglos, de una fuente de Revelación que contuviera errores dogmáticos.

LA DIVINO AFFLANTE SPIRITU

El Papa Pío Xll, en la Encíclica «Divino Afflante Spiritu» (1943); el Concilio Vaticano II reconociendo el honor debido a la «Vulgata», recomiendaque se hagan traducciones aptas y fieles de los textos primitivos de varios lugares, como ya se había empezado a realizar en los años anteriores al Concilio (Const. sobre la «Divina Revelación», n.° 22).

OTROS ESCRITOS

Pero la labor intelectual y doctrinal de San Jerónimo no se agotó en las traducciones de los libros de la Escritura. Además de otras obras de carácter ascético, histórico, hagiográfico o doctrinal, hizo comentarios bíblicos, por escrito o en forma de homilías o sermones, aparte de su riquísimo y profundo epistolario. En algunas de sus cartas se contienen «trabajos monográficos» breves sobre cuestiones bíblicas (así, en su Carta del año 397, escrita en Belén y dirigida a la virgen Principia, desarrolla un comentario al Salmo 44; en su carta escrita a San Paulino de Nola, también desde Belén, presenta, sucintamente, las características principales de los Libros Santos; en su carta a Evangelo, presbítero, escrita en la primavera del año 398, diserta sobre la persona de Melquisedec.

El Evangelio de San Marcos, pertenece al género homilético. La traducción castellana se basa en el texto crítico preparado por el monje benedictino G. Morin, que ha realizado una excelente labor de reconstrucción del texto original del Santo Doctor.

Se trata de una serie de 10 homilías, algunas muy breves, en las que el predicador desarrolla sólo algunos versículos. En ellas brilla la enorme erudición, sagrada y profana, así como el conocimiento de las costumbres y del ambiente palestino de San Jerónimo.

Como exige el género homilético, predominan las exhortaciones de carácter moral, aunque, tampoco faltan referencia a errores heréticos y las advertencias sobre las artimañas del Demonio contra la Iglesia y los fieles.

Es característica de San Jerónimo sus comentarios a los nombres judíos, y a las designaciones de la geografía palestinense, que él estudió a fondo en sus libros «Onomastica»: «Liber locorum», «Liber nominum», y a los cuales alude espontáneamente en sus homilías y disertaciones. En otros escritos dogmáticos y polémicos aborda temas clásicos como la virginidad, y combate en ellos los errores de Orígenes y de Pelagio. Escribió también una continuación a la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.

Sus cartas, de las cuales se conservan unas 120, resultan de gran interés para la historia. Fueron escritas con vistas a ser publicadas y, sin que falten las personales y familiares, alguna de ellas es casi un verdadero tratado.

MUERE SANTA PAULA

En 404, San Jerónimo vio morir a su inseparable amiga Santa Paula y, pocos años después, cuando Roma fue saqueada por Alarico, gran número de romanos huyeron y se refugiaron en el oriente. En aquella ocasión, San Jerónimo les escribió: ¿Quién hubiese pensado que las hijas de esa poderosa ciudad tendrían que vagar un día, como siervas o como esclavas, por las costas de Egipto y del Africa? ¿Quién se imaginaba que Belén iba a recibir a diario a nobles romanas, damas distinguidas, criadas en la abundancia y reducidas a la miseria? No a todas puedo ayudarlas, pero con todas me lamento y lloro y, completamente entregado a los deberes que la caridad me impone para con ellas, he dejado a un lado mis comentarios sobre Ezequiel y casi todos mis estudios. Porque ahora es necesario traducir las palabras de la Escritura en hechos y, en vez de pronunciar frases santas, debemos actuarlas"

MUERE SAN EUSTOQUIO Y LE SIGUE SAN JERONIMO, TRADUCTOR, MONJE Y FUNDADOR

Pocos días más tarde de morir Santa Eustoquio, San Jerónimo la siguió a la tumba. El 30 de septiembre del año 420, cuando su cuerpo extenuado por el trabajo y la penitencia, agotadas la vista y la voz, parecía una sombra, pasó a la Vida eterna. Fue sepultado en la iglesia de la Natividad, cerca de la tumba de Paula y Eustoquio, pero mucho tiempo después, sus restos fueron trasladados al sitio donde reposan ahora, en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma.

LA FANTASIA DE LA PINTURA Y LA LEYENDA

La literatura y la pintura han rodeado de fantasía y de leyenda sus últimos momentos. El Padre Sigüenza, en su conocida biografía del Santo y el pintor Domenichino, en su famoso cuadro, han dado libre rienda a su fantasía en la descripción y pintura de su muerte. Pero, con independencia de la leyenda, la persona de San Jerónimo emerge como uno de los grandes Padres de Occidente, con su colosal e impresionante cultura, sagrada y profana, su inmensa erudición, su capacidad de políglota, su tenacidad y entrega al estudio y al trabajo, su devoción a las Sagradas Escrituras, su espíritu ascético y contemplativo, su inquebrantable ansia de verdad, su defensa de la virginidad, y su amor a la Iglesia y a Jesucristo, que le santificó, a pesar de su temperamento sensual, colérico y polemista, y que ha hecho de él el máximo «Doctor de las Sagradas Escrituras».

SEGUIR LEYENDO LA NOTA