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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Oración por la noche de fin de año: GRACIAS, AYUDA, PERDÓN


En estos últimos momentos del año que hoy termina,
heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento
para decirte GRACIAS,
para solicitarte: AYUDA,
para implorarte: PERDÓN.

GRACIAS,
Señor por la paz, por la alegría,
por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado,
por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron.
Por esa mano oportuna que me levanté,
por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron,
por esos oídos que me escucharon,
por ese corazón que amistad, cariño y amor me dieron.
Gracias, Señor por el éxito que me estimuló,
por la salud que me sostuvo,
por la comodidad y diversión que me descansaron.
Gracias, señor... me cuesta decírtelo...
por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión,
por el insulto, por el engaño, por la injusticia,
por la soledad, por el fallecimiento del ser querido.
Tu lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo;
quizá estuve al punto de la desesperación,
pero ahora me doy cuenta
que todo esto me acercó más a Ti.
¡Tú sabes lo que hiciste!
Gracias, Señor, sobre todo por la fe
que me has dado en Ti y en los hombres.
Por esa fe que se tambaleó
pero que Tú nunca dejaste de fortalecer
cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo
me hizo caminar en el sendero de la verdad
a pesar de la obscuridad.

AYUDA
Te he venido también a implorar
para el año que muy pronto va a comenzar.
Lo que el futuro me deparará, lo desconozco Señor.
Vivir en la incertidumbre, en la duda,
no me gusta, me molesta, me hace sufrir.
Pero sé que Tú siempre me ayudarás.
Yo te puedo dar la espalda. Soy libre.
Tú nunca me la darás. Eres fiel.
Yo sé que me tenderás la mano.
Tu sabes que yo no siempre la tomaré.
Por eso, hoy te pido que me ayudes a ayudarte,
que llenes mi vida de esperanza y generosidad.
No abandones la obra de tus manos. Señor.

PERDÓN
No podría retirarme sin pronunciar
esa palabra que tantas veces,
te debí de haber dicho,
pero que por negligencia y orgullo he callado,
perdón, Señor, por mis negligencias,
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad,
por mi necedad y capricho,
por mi silencio y mi excesiva locuacidad.
Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos,
por mi falta de alegría y entusiasmo,
por mi falta de fe y confianza en Ti,
por mi cobardía y mi temor en mi compromiso.
Perdón, porque me han perdonado
y no he sabido perdonar.
Perdón por mi hipocresía y mi doblez,
por esa apariencia que con tanto esmero cuido
pero que en el fondo no es más que engaño a mi mismo.
Perdón por esos labios que no sonrieron,
por esa palabra que callé,
por esa mano que no tendí,
por esa mirada que desvié,
por esos oídos que no presté,
por esa verdad que omití,
por ese corazón que no amó
... por ese Yo que se prefirió.

Señor, no te he dicho todo.
Llena con tu amor mi silencio y cobardía.
GRACIAS por todos los que no te dan gracias.
AYUDA a todos los que imploran tu ayuda.
PERDÓN por todos los que no imploran perdón.
Me has escuchado... ahora, Señor, te escucho...
Amen.

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Evangelio Misionero del Día: Jueves 01 de Enero de 2009

Por CAMINO MISIONERO
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¡Bonita manera de empezar el año! ¡Bonita de verdad! Con una fiesta de María, y, precisamente, mirando a María en la mayor de sus grandezas, en la máxima grandeza a que ha podido ser elevada una mujer: en su Divina Maternidad. María, lo confesamos desde el primer momento, es ¡LA MADRE DE DIOS!
Al darnos María a Jesucristo, nos da con su Hijo LA PAZ. Porque la paz, en el sentido bíblico, es la suma de todos los bienes que iba a traer el Mesías al mundo. La paz con Dios, porque el Cristo nos traería la reconciliación con el Dios ofendido, y la paz entre los hombres, como una derivación de la paz de los hombres con Dios.
Por eso la Iglesia invita al mundo en este día a celebrar también la Jornada de la Paz, porque con el amor de Cristo entre nosotros, ya no tiene que haber más caínes que maten a un inocente Abel...
Así, el año que comenzamos se nos presenta radiante de esperanzas. Por eso decimos a todos nuestros radioyentes:
¡Feliz Año Nuevo! Feliz de verdad para todos...
¡Feliz Año Nuevo! Feliz de veras en la paz de sus hogares y en la paz de nuestros pueblos...
¡Feliz Año Nuevo! Feliz de veras con todos los dones de la Redención, traída por Jesucristo, que nos viene y se nos da por María, su Madre y Madre nuestra, que desde el primer día nos toma bajo su protección amorosa...
Hay muchas maneras de celebrar la llegada del Año Nuevo. Cada pueblo y cada civilización tienen sus formas peculiares. Todas dignas cuando son honestas. Algunas, de todos modos, son o tontas o malas incluso.
¿Tragar a toda prisa doce granos de uva mientras suenan las doce campanadas de media noche?... Es demasiado simple, aunque se puede tomar como una humorada inocente...
¿Comiendo hasta más no poder, bebiendo hasta la embriaguez, bailando hasta la locura?... Es demasiado profano. Esto no dice nada con la dignidad cristiana.
¿Unidos en fiesta social amena, compartiendo la amistad, con diversión limpia, disfrutando a placer el amor de la familia, y sellado todo con un beso cariñoso que vale por muchos millones?... ¡Esto, sí! ¡Y ojalá sea ésta nuestra entrada en el Año Nuevo!
Porque, además, quienes así sabemos celebrar el Año Nuevo no olvidamos el poner en medio a Dios.
A Dios y a su Hijo que nos ha nacido Niño en Belén.
Y con Jesucristo, a su Madre María, que, como Madre que es, no echa a perder nunca las fiestas de sus hijos, sino que las envuelve todas con el calor de su Corazón amante...
Esta manera que tiene la Iglesia de celebrar el Año Nuevo, es decir, celebrando una fiesta tan especial de María, como es la de su Divina Maternidad, es de una pedagogía cristiana sumamente sabia.
Si miramos las lecturas de la Misa de hoy, vemos que la celebración de todo el misterio se centra en Jesucristo, al lado del cual está su Madre casi en la penumbra. María lo llena todo, pero se mantiene en una discreción muy suya.
Empieza la Iglesia por saludar a María y le dice: Tú has dado a luz al Rey que gobierna el cielo y la tierra por los siglos eternos... María inicia su andadura trayéndonos a Jesús el Salvador.
En la Oración, la Iglesia le pide a Dios que nos conceda experimentar la intercesión de María, porque por medio de ella hemos recibido al autor de la Vida, Cristo el Hijo de Dios... Todo el poder intercesor de la Virgen viene de Jesucristo el Hijo e Hijo de María...
La lectura de Pablo nos hace ver cómo la liberación y la salvación, llevadas a cabo por Cristo, se deben a que pudo tomar la naturaleza humana que, como madre, le prestó generosa una mujer, María...
El Evangelio nos presenta a los pastores que ven y reciben al Jesús recién nacido, y lo reciben necesariamente de brazos de su Madre, la cual observa atentamente todo lo que ocurre. Ella es consciente de que es la portadora y la dadora de Jesús...
Circuncidan al Niño, y María está presente. No dice nada. Pero cumple lo que le había encargado el Angel: ¿El nombre con que llamarás al Niño? ¡Jesús! ¡El Salvador!... La salvación que trae y realiza Jesucristo nos ha venido al mundo por medio de María...
En el Prefacio se cuida muy bien la Iglesia de cargar todo el acento sobre Jesucristo: Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos en la Maternidad de la Virgen María, porque ha irradiado sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor... Diríamos que desaparecen la estrella de la mañana y la aurora apenas hace su presencia el sol...
Y en la última oración, nos dice que en el Cielo gustaremos la gloria sin fin con la Virgen María como Madre de Cristo y de la Iglesia... Hasta en el Cielo, no hará otra cosa María que llevarnos a toda la Iglesia glorificada hacia Jesús, a su Hijo adorado...
¡Qué lección tan soberana! Desde el principio del Año, al encomendarnos a María, ya sabemos lo que Ella va a hacer con nosotros: ¡llevarnos a Jesús! María nos lleva a Jesús para que Jesús nos lleve al Padre...
¡Señor Jesucristo!
Al adorarte a ti, único Dios verdadero con el Padre y el Espíritu Santo, no podemos menos de mirar a María, la mujer privilegiada y bendita que te has escogido como Madre. ¿Verdad que nos vas a conceder un año muy feliz, y lleno de paz, precisamente porque, enseñados por tu Palabra y por tu Iglesia, lo ponemos nosotros bajo la protección de María?...

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Otra Mirada: ¡Moléstame, Señor Jesús!

Por Pablo Veiga, SJ
Publicado por Pastoral SJ

Pues la verdad, así de primeras… mirada “al mundo”… me suena un poco ¿solemne?, ¿pretencioso? Además me da un poco de palo por aquello de sentirme medio “extraterrestre”. No, perdona pero no tengo tanta perspectiva. Me coges demasiado metido en medio de este mundo.
De hecho me parece que estoy demasiado cerca (curioso, ayer leí en algún sitio que “cada individuo lleva dentro de sí a los demás”). Estoy tan pegado que a veces no veo casi nada. Y no porque me falte “zoom” -ya me encargo yo de tener mis pequeños refugios y defensas frente a “demasiada proximidad”-. No, no es problema de enfoque.

Más bien, a veces no veo casi nada porque me acostumbro. Las cosas “me pasan” desapercibidas; se mueven, ocurren, pero ni me entero.

Hace tres semanas, estaba paseando por Harvard Square. Uno de esos ratos “tranquilos” que uno saca de vez en cuando para reencontrarse. Hacía frío, pero brillaba el sol sobre el rostro. Gente, coches, bullicio… Vi un transeúnte envuelto en un atuendo mugriento oscuro. Los pies se me aceleraron, los ojos miraron para otro lado, un calor me subió por dentro y me vinieron como unos sudores a la vez que la conciencia me pellizcaba con un “podías-preguntarle-si-quiere-un-café-caliente”.

A la memoria me vinieron embarazosos recuerdos de algún aborto de conversación con “bostonianos” de pura cepa –la culpa de tal inviabilidad la repartimos mitad para mi inglés y mitad para su acento-. Afortunadamente, cuando todo esto, ya había pasado de largo unos cien metros. Mis pies ya no pararon. Mi conciencia se enredó en una medio oración culposa, derrotada de nuevo, con cierta idea de que el Adviento llega y -quizá con él-, la gracia de ser un poco más ¿valiente? la próxima vez. El sol seguía brillando como sin darse cuenta del aire frío que venía del paseo del río.

Era sábado. Preparando la homilía del día siguiente, el salmo decía “El Señor es mi pastor, nada me falta”. No lo pude rezar. No era verdad. Claro que me faltaba algo. Me faltaba aquel hombre del atuendo mugriento. “Cada individuo lleva dentro de sí a los demás”. Sí. A veces los llevamos dentro como ausencias.

Navidad, encarnación. Dios abraza nuestra carne ¿cobarde?, nuestros pies huidizos, nuestros ojos esquivos, nuestra conciencia torturadora, nuestra memoria indulgente. Viene, pero Él no ocupó esta ausencia de aquel hombre dentro de mí. No sé si puede. Quizá no quiera, por respeto. Este hueco es de aquel hombre. Afortunadamente, el Señor no sólo viene y abraza, en general. A veces también me molesta. Así me acostumbro menos. Hay ausencias que me ayudan a enfocar.

El Señor es mi pastor, aunque me falte algo. Navidad, sí, también con ausencias.

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PAZ EN LA TIERRA


Comenzamos hoy un año nuevo. Un año todavía intacto, pero que viene ya marcado por las luchas, los trabajos, sufrimientos y gozos vividos hasta el día mismo de ayer.

Todos comenzamos un año nuevo, pero todos de manera distinta. Algunos con la incertidumbre quizás de perder su puesto de trabajo. Otros con el gozo de esperar un nuevo hijo. Alguien con la angustia de entrar en el último año de su vida. Otro con la ilusión de crear un nuevo hogar.

Cada uno con sus propios problemas. Sin embargo, a los creyentes se nos invita hoy a que, olvidando nuestras preocupaciones individuales, iniciemos el nuevo año con la mirada puesta en un objetivo urgente para la humanidad: la paz.

Hemos despedido un año sembrado de violencias, agresividad, muertes y sangre. Y comenzamos otro que no nos ofrece un horizonte mejor.

Oímos hablar de violencias injustas y de violencias legítimas. Distinguimos entre una violencia opresora y otra represora. Pero el caso es que poco a poco va consolidándose entre nosotros la convicción de que si se quiere realmente lograr algo, es necesario utilizar "una dosis suficiente de violencia».

Sin embargo, esta idea no es sólo monstruosa sino falsa. La violencia es útil para lograr ciertos objetivos inmediatos y parciales, pero nunca para crear una sociedad más reconciliada, dialogante y fraterna.

Ni de la punta de las metralletas terroristas ni de los gritos de los torturados puede salir una sociedad más humana. La paz y la justicia hay que construirlas por otros medios.

Ha llegado quizás la hora de que todos nos empeñemos en crear una nueva conciencia colectiva de luchar por la «no-violencia» activa. No podemos dejar nuestro futuro en manos del más violento.

Es urgente andar otros caminos. «La no-violencia es una última tentativa del espíritu y de la libertad, más allá de la cual sólo hay unas fuerzas impersonales que se enfrentan, sin otra posibilidad que la victoria de la más implacable».

El respeto a la vida del hermano es algo esencial a lo que un creyente no puede renunciar. Desde el momento en que Dios se ha hecho hombre, ningún hombre puede ser un sujeto sacrificable.

Sin duda, es poco lo que cada uno de nosotros podemos hacer. Pero todos podemos colaborar en la creación de una nueva conciencia y de un nuevo estilo de vida, que actúe como punta de lanza que abra a esta sociedad tan violenta hacia un futuro de mayor fraternidad.

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La Iglesia se apresta a celebrar la Jornada Mundial de la Paz con el inicio del 2009

ESTE JUEVES 1° DE ENERO
Publicado por Valores Religiosos

La tradición la inició Pablo VI en 1968, para que los cristianos expresen su descontento con las guerras, las injusticias y la violencia. La Comunidad de San Egidio invitó a una manifestación en Buenos Aires. Otras 350 ciudades harán lo mismo.

El 1° de enero de 2009 se celebrará la Jornada Mundial de la Paz, tradición iniciada por el papa Pablo VI en 1968, en los tiempos de la guerra en Vietnam, para decir al mundo que los cristianos están en contra de la guerra, siempre y en cualquier circunstancia.

En el Mensaje del 1 de enero de este año, titulado "Combatir la pobreza, construir la paz", el papa Benedicto XVI escribe: "Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social (…). Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres»".

La Comunidad de Sant'Egidio, en ocasión de la Jornada del 1 de enero, junto a otras Asociaciones, Movimientos y Comunidades, quiere hacer llegar su sostén a las palabras del Papa y a su pedido por la paz en el mundo, aun tan dividido y marcado por guerras, injusticias, pobreza y violencias.

Por sexto año consecutivo Sant'Egidio quiere recordar a todas las tierras que esperan el fin de la guerra, fuente de sufrimiento para muchos pueblos y "madre" de todas las pobrezas, y el fin del terrorismo, con manifestaciones, momentos de encuentro y de oración en más de 350 ciudades del mundo, incluida Roma.

En Buenos Aires ante la ola de violencia que afecta sobre todo a las zonas más pobres y marginales de nuestra ciudad, la Comunidad de Sant'Egidio invita a una manifestación por la paz: "La lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano".

El encuentro será este jueves 1° de enero, a las 17.30hs, en "Escuela de la Paz": Juan Madera y Santo Domingo, en Barracas, Capital Federal.

Fuente: Comunidad de San Egidio

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El mensaje completo de Benedicto XVI: Combatir la pobreza, construir la paz


1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. «Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial»[1].

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado «subdesarrollo moral»[2] y, por otra, en las consecuencias negativas del «superdesarrollo»[3]. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como «pobres», el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana»[4], se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos [5] y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.

6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)»[6].

Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz»[7]. Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana[8]. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global[9], tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común»[10], cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»[11], continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera[12].

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil[13].

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia»[14] y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Conclusión

14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de «abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido». «Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos»[15]. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales[16]. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres»[17], a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde», escribía León XIII en 1891, añadiendo: «Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo»[18]. Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo[19], sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: «Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando «sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad»[20]. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual «combatir la pobreza es construir la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP. XVI



[1] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.

[2] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.

[3] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.

[4] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.

[5] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 37; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 25.

[6] Carta al Cardenal Renato Rafael Martino con ocasión del Seminario Internacional organizado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre el tema ‘‘Desarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme integral''(10 abril 2008): L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (18 abril 2008), p. 3.

[7] Carta enc. Populorum progressio, 87.

[8] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

[9] Juan Pablo II, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos (27 abril 2002), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (10 mayo 2002), p. 10.

[10] Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales (27 abril 2001), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (11 mayo 2001), p. 4.

[11] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

[12] Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 368.

[13] Cf. ibíd., 356.

[14] Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores (2 mayo 2000), n. 3: L'Osservatore Romano, ed. en lengua española (5 mayo 2000), p. 7.

[15] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 28.

[16] Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 3.

[17] Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42; Cf. Id. Carta enc. Centesimus annus, 57.

[18] León XIII, Carta enc. Rerum novarum, 41.

[19] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

[20] Ibíd.

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31 de Diciembre


La palabra con la que comienza cada una de las lecturas de hoy iluminan este último día del año 2008.

En la primera lectura: Hijos míos, es la última hora (1 Jn 2, 18).
En el Evangelio: En el principio ya existía la Palabra (Jn 1, 1)

El contraste de final y principio me lleva a considerar el principio y el fin de todo.

De Dios venimos y a Dios vamos.
Si tomo las alas de la aurora, (al Oriente)
si voy a parar a lo último del mar, (al Occidente)
allí estás Tú. (Sal 139, 9).

Todo se ha hecho por Cristo y para Cristo
Cristo es el alfa y la omega.
Cristo es el origen y la meta.

Al principio el Espíritu se cernía sobre las aguas.
Al final el Espíritu y la esposa dicen: Ven, Señor.
Hemos sido creados por amor,
seremos examinados del amor.

En Dios vivimos, nos movemos y existimos.

Como un eje transversal se nos ofrece el secreto de la esperanza cristiana. Todo ha salido de las manos de Dios y todo vuelve a Dios. Somos abrazados por Dios y habitados por Él. Dios nos envuelve y nos remece.

Dios hizo un vacío para que cupiera nuestra realidad. Estamos inmersos en la presencia divina, principio y fon, origen y meta. Desde el principio al fin, la vida del creyente transcurre en la presencia de Dios.

Desde la aurora hasta el ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El salmista canta: “Oh Dios, Tú eres mi Dios, por ti madrugo”. Y con la Iglesia, al final de cada día, rezamos: A tus manos encomiendo mi espíritu.

En esta octava de Navidad, todos los días hemos cantado: “Noche y día, bendecid al Señor”. “Luz y tinieblas, bendecid al Señor”.

La Iglesia comienza sus oraciones “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y las termina: “Por Cristo, nuestro Señor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos”.

El año comienza con la primera bendición: “Que Dios te bendiga y te guarde. Haga brillar su rostro sobre ti, y te conceda su favor. Vuelva su mirada hacia ti y te de la paz”. Y cada día, al terminar la jornada, rezamos: “Que El Señor nos bendiga y nos guarde, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna”.

El tiempo, para el que cree, es un tránsito en la presencia divina, un hoy en Dios. De ahí que todo sea para mayor gloria de Dios. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

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Hijo de Dios, nacido de mujer (Gal 4,4). Una Teología de la Navidad

Publicado por El Blog de X. Pikaza

En el centro de la liturgia de mañana (1 de Enero del 2009: Santa María,Madre de Dios) está el pasaje donde Pablo anuncia la llegada del Hijo de Dios (Gal 4,4), diciendo que en la plenitud de los tiempos Dios envío a su Hijo, nacido de mujer (genomenon ek gynaikos). Es evidente que en un primer nivel Pablo afirma lo más obvio: Jesús ha: nacido de mujer, y eso significa que el que nace es un ser humano, como sabe bien el judaísmo (cf Job 14,1; 15,14; 25,4) y quizá el mismo NT (cf Mt 11,11; Lc 7,28) al hablar de "hijo de mujer". Pues bien, ése que nace de mujer es Hijo de Dios. Aquí está el núcleo teológico del misterio de la Navidad y sobre ese centro quiero ofrecer hoy una meditación teológica, una teología de la Navidad, según san Pablo, ampliando en otro nivel lo que ayer dije con la ayuda de AX, en un plano confesional (para bien entender lo que digo sería necesario volver a Gen 3, donde se habla de la mujer que lucha contra la serpiente; aquí supongo conocido el tema, no lo desarrollo) . En esa línea, hoy he querido dedicar a todos mis lectores una página de teología estricta, un poco larga, no para que todos la lean, sino para que pueden descubrir que hay temas que exigen cierta dedicación filológica e histórica. Dios no está sólo entre los libros; él está más bien en los pesebres y cortizos, en las barricadas y hospitales, en los suburbios de la vida. Pero también podemos encontrar su rastro entre los libros de autores como Pablo. A quienes siguen ese rastro dedico esta reflexión teológica de fin de año. Buen día 31 de Diciembre 2008o y gracias por haberme acompañado a lo largo del año, con casi un millón de lectores.

Texto: Gálatas 4, 4-6

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo
a - nacido de mujer,
b - nacido bajo la ley 4,5
b'- para rescatar a los que estaban bajo la ley
a'- para que alcanzáramos la filiación
Y la prueba de que sois hijos, es que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, gritando:¡Abbá, oh Padre!- por lo tanto ya no eres siervo sino hijo
- y si eres hijo heredero, de parte de Dios.

Bibliografía básica

Aparece en las notas finales. Entre los comentarios a Gal 4,4 cf E.W.Burton, Galatians, ICC, Edinburgh 1980, 216-219; H. Schlier, Gálatas, Sígueme, Salamanca 1975, 226-229; P. Bonnard, Galates, CNT IX, Neuchâtel 1972, 85-86. Visión ecuménica en R.E. Brown (ed), María en el NT, Sígueme, Salamanca 1986, 50-53. Los textos del NT alude a Juan Bautista a quien se presenta como el mayor entre los nacidos de mujeres en plural); es evidente que aquí se ha evitado la referencia a la mujer concreta, a la que está en el fondo de Gal 4,4. Pienso que el tema antropológico y teológico del ser humano como nacido de mujer (o de las mujeres) necesita un estudio más detallado que el que aquí puedo dedicarle. Cf. además de un modo especial A. Vanhoye, La Mère du Fils de Dieu selon Gal 4,4, Marianum 40 (1978) 237-247; J.N.Aletti, Une Lecture de Ga 4,4-6: Marie et la plénitude du temps, Marianum 50 (1988) 408-421; A. Serra, Gal 4,4: una mariologia in germe, Theotokos 1 (1993) 7-25. Para el trasfondo teológico: Cf H.E. Tödt, Der Menschenshon in der synoptischen Überlieferung, Gütersloh 1963; F.Hahn, Christologische Hoheitstitel, FRLANT 83, Göttingen 1966. He planteado con cierta detención el tema en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Sígueme, Salamanca 1984, 103-127.

Cristología de Pablo. El doble nacimiento de Jesús.

Vengamos a Gal 4,1-7 Pablo está evocando todo el misterio cristiano desde una perspectiva de nacimiento liberador del Hijo de Dios. Todas las frases, todos los términos han sido cuidadosamente escogidos para indicar la novedad cristiana, abriendo dentro de la tradición del judaísmo un nuevo y fuerte contenido simbólico. Aquí no se dice lo que pasa siempre, lo que sucede al ser humano en cuanto naci¬do de mujer (en general) sino lo que acontece cuando nace el Hijo de Dios, a quien se define en particular como nacido de mujer. Ya tenemos de nuevo los personajes del famoso triángulo de Gen 3,15 y 4,1: Dios, la mujer, el hijo (o descendencia). Así se abre una nueva perspectiva simbólica que debemos estudiar con cuidado.

a. La tradición sinóptica y juanea ha presentado a Jesús como hijo del hombre, en termi¬nología muy significativa (1) que, teniendo un sentido genérico (significa simplemente un ser humano) conserva sin embargo la referencia al origen. Jesús es hijo (huios), alguien que nace; no proviene de sí mismo, ha recibido todo lo que tiene.

b. Pues bien, es hijo de lo humano, es decir, del anthropos y no varón (del Adán masculino). Pablo no recoge de manera directa esa tradición, pero utiliza para hablar de Jesús una serie de símbolos que debe¬mos precisar con cuidado. Lo primero que hay que distinguir es el doble nacimiento.

1. Por un lado, Jesús aparece como Hijo de Dios y Señor en la pascua, de tal manera que su nacimiento divino (mesiánico) se identifica con su resurrección (cf 1Tes 1,10; Rom 4,25; 10,9; Flp 2,20-11). En esta línea parece que la vida histórica de Jesús ha sido poco importante; su primer nacimiento ha sido normal (igual que el de todos los humanos); lo que importa y salva es su renacimiento pascual.

2. Pues bien, el mismo Pablo, situándose en otra perspectiva, ha interpretado aquel nacimiento histórico de Jesús (su venida a la historia) como un acontecimiento salvador, situándose así en una línea teológica que ha sido más elaborada por Juan, según parece.

Jesús, hijo de Adán, de David, de Abraham

Aquí nos situamos en esta segunda perspectiva, ofreciendo un primer análisis de tradi¬ciones. Entramos en un campo difícil de estructure u organizar, de tal manera que nuestro planteamiento será sólo inicial (y quizá sólo aproximativo). Pero juzgamos que es necesario para entender el lugar que puede ocupar una mariología dentro del esquema general de Pablo (y del conjunto de la teología cristiana).

- Pablo no presenta a Jesús sólo como hijo o descendiente sino también como anti-tipo de Adán. Por eso, frente al primer ser humano que es principio de muerte ha presentado al segundo que es fuente de vida (1Cor 15,22); frente al primer Adán que pertenece a la tierra (Adam de la 'Adamah o tierra roja) está el se¬gundo/último Adán que es Cristo, como Espíritu vivificante, como nueva realidad que proviene de los cielos (1Cor 15,44-48). Jesús no es descendiente del Adán antiguo, no proviene de su genealogía de muerte. En esta perspectiva es claro que Pablo no puede llamar a Jesús hijo del hombre (hijo de Adán), pues de esa forma le haría esclavo del pecado y de la muerte. Cristo es el Adán segundo/último que viene de Dios para superan el camino antiguo de la humanidad (cf Rom 5). Pues bien, al decir que este Jesús, último Adán, es pneuma dsôopoioun o vivificante (1 Cor 15,45), Pablo está asumiendo una terminología que Gen 3,20 atribuía a la mujer en cuanto Eva, Jawah o donadora de vida. Los LXX le llaman la dsoê (vida), madre de todos los ¬dsôntôn (vivientes). Frente al viejo Adán de muerte (que simboliza y contiene la humanidad caída), surge el último Adán que es Jesús, asumiendo y cumpliendo en su vida los rasgos vivificadores de la E¬va/Madre del principio. Aquí se ha esbozado una línea de interpretación cristológica de tipo materno/femenino que la teología ha desarrollado poco, que yo sepa: frente y contra el antiguo Adán de muerte ha surgido en Cristo el verdadero Adán de vida que ofrece elementos muy cercanos a la Eva/ma¬dre (vida-vificadora) del principio de la historia humana (2) .

- Dentro de la perspectiva nacional israelita, Pablo ha presentado a Jesús como hijo de David según la carne (Rom 1,3). Esa fórmula, de nuevo con la terminología de semilla/descendencia/esperma (zara, sperma)) nos sitúa en el centro de la esperanza mesiánica de los judíos. Veremos después que A¬brahán es padre de Jesús kata pneuma, es decir, en plano de fe, en perspectiva de apertura universal. David,en cambio, sólo ha sido padre sólo en un nivel de historia, de humanidad que pasa, es decir kata sarka (según la carne) Sólo quien supera el plano davídico, de mesianismo nacional, y descubre la acción de Dios en la pascua entiende el verdadero nacimiento de Jesús que es Hijo de Dios por la resurrección (3) .

- Pablo ha presentado y definido en cambio a Jesús como hijo de Abrahán, en perspectiva de espíritu y no de carne, precisamente en el contexto donde prepara los símbolos fundantes de Gal 4,4. Este es en el centro de la disyuntiva que enfrenta a la ley (judaísmo nacional, cumplimiento de los ritos ali¬menticios y sociales) con la promesa, entendida aquí como libertad frente a la ley. Esa promesa está simbolizada en Abrahán y su descendencia o esperma. Pues bien, para Pablo, ese esperma o semilla, ha de entenderse en singular y se refiere al Cristo (Gal 3,16) (4)

El esperma de Jesús

Hemos aludido ya al motivo del esperma o semilla vital de Abrahán en contraposición al esperma o descendencia de Eva, la madre (cf Gen 3,1 y Gen 12,7). Ahora vemos que para Pablo Jesús es Hijo de Abrahán; pero todo su argumento se dirige a mostrar que es hijo por la fe y no por las obras, es hijo según el espíritu (kata pneuma) y no por descendencia puramente carnal o ley del mundo, conforme a la ley de los judíos que se cierra en las normas de su pueblo (Gal 4,29). La filiación de Abrahán sitúa a Jesús en un plano de surgimiento de fe, desbordan¬do el nivel de genealogía nacional. Así podemos afirmar que Abrahán pertenece a la historia israelita lo mismo que David (es padre del pueblo), pero su figura no queda limitada al plano de la carne (es decir, al nivel de la herencia nacional); por eso puede presentarse como verda¬dero padre de Jesús, en una línea abierta a la mariología (5) .

Podemos resumir los motivos. Sabemos por un lado que Jesús no es hijo de Adán sino su antagonista (segundo o último Adán); eso significa que en un sentido estricto Jesús no nace del camino de la humanidad pervertida, condenada a la muerte; no brota de la semilla del varón dominador que actúa en línea de carne (de violencia). Por eso, al decir que es hijo de David hay que añadir según la carne, es decir, en plano de este mundo viejo. Eso significa que no está "determinado" por el mesianismo davídico, que pertenece el mundo de antiguo de violencia de la historia (6) .
Jesús, en cambio, es verdadero hijo de Abrahán: brota en ámbito de fe, por gracia de Dios, es decir, según el Espíritu, en la línea de eso que Rom 1,3-4 ha presentado como centro del misterio pascual. Eso significa que el nacimiento mesiánico (salvador) de Jesús ha de entenderse en plano de resurrección. Solamente allí donde podemos aplicar al nacimiento humano de Jesús los principios de la pascua (la gratuidad y la fe, el don de Dios que supera los límites de egoísmo nacionalista de la carne) puede elaborarse de una mariología.


Gal 4,4: nacido de mujer, nacido del Espíritu.

Llegamos así al tema de fondo de Gal 4,4: ¿en qué plano ha de entenderse la mujer que da a luz a Jesús? Si pertenece al ámbito de la carne (al viejo Adán o al rey David del mesia¬nismo nacional judío de Rom 1,3-4), la madre de Jesús sería sólo una figura más dentro del mundo de muerte: una madre como otras, en línea de egoísmo, de violencia y muerte.
La madre de Jesús sólo puede ser significativa para el cristianismo si es que ella sobre¬pasa ese nivel de carne y nos sitúa en el plano de la vida (dsoe, pneuma) es decir, en el ámbito o plano de gracia (de Espíritu) que Jesús ha venido a suscitar con su pascua. En otras palabras, se trata de saber si la intervención de María en el envío y nacimiento de Jesús como hijo de Dios (formulado de manera clásica en Gal 4,4) pertenece al misterio de la salvación, formando así parte de la acción escatológica del Espíritu de Dios. La respuesta no es fácil, los investigadores se dividen, de tal forma tienden a interpretar los viejos relatos a la luz del transfundo social, eclesial y teológico en que se hallan si¬tuados (7) .

El tema es difícil de resolver y no pretendo hallar soluciones definitivas, pero pienso que el texto fundante de Gen 2-4, asumido por igual por católicos, ortodoxos y protestantes, nos ayuda a situar mejor la problemática. En esta perspectiva el texto cobra una densidad especial. Aquí sólo puedo estudiarlo de una forma introductoria (9) .

Nuevamente el texto

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo
a - nacido de mujer,
b - nacido bajo la ley
b'- para rescatar a los que estaban bajo la ley
a'- para que alcanzáramos la filiación

Y la prueba de que sois hijos, es que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo
en vuestros corazones, gritando:¡Abbá, oh Padre!
por lo tanto ya no eres siervo sino hijo
- y si eres hijo heredero, de parte de Dios.

Hemos seguido una de las formas posibles de estructurar el texto. Ella destaca el tema de la filiación, central en Pablo. Los creyentes ya no somos hijos simplemente por la pascua (por la muerte victoriosa de Jesús) sino también por su origen y nacimiento: Dios mismo le ha enviado, desde el misterio de su eternidad, como Hijo querido, para que así podamos conver¬tirnos en hijos, superando el tiempo largo de la servidumbre, entendida en ese contexto como tiempo de opresión bajo la ley, bajo las fuerzas de este mundo .

Dios es Padre

Este es el misterio central que expone el texto: Dios se define y manifiesta como Padre por medio de su Hijo. Dios no ha empezado a ser Padre en el Cristo de la historia, lo es desde siempre en el Hijo; no se convierte en algo que antes no fuera sino que desarrolla y expresa loque era (es) desde siempre, en su verdad original divina. Antes no había podido manifestar¬se, pues éramos pequeños, como niños incapaces de vivir en libertad; por eso nos había dejado bajo el poder de administradores y tutores (leyes judías, principios sociales y cósmicos que rigen este mundo: 4,1-3). Sólo cuando hemos crecido, haciéndonos mayores, Dios se ha podido mostrar en su verdad, como Padre verdadero, por medio de su Hijo (10) .
Este Hijo forma parte del misterio de Dios (es suyo, huion autou). Eso significa que desbor¬da los principios genealógicos del mundo. Todo lo que había nacido hasta ahora pertenecía al kosmos, se encontraba sometido bajo los poderes de una ley que domina al ser humano por la fuerza, en actitud de imposición violenta. Pues bien, al llegar el momento culminante, Dios hace que surja su verdad, su Hijo.
Este Hijo nace bajo la ley, para liberar a los que estaban sometidos a la ley, como indica el mismo esquema quiástico propuesto en la traducción (b y b'). No hay dificultad en admitirlo: Pablo sabe que Jesús ha nacido bajo la ley y que la misma ley de Israel le ha mata¬do, haciéndole un maldito (3,13; cf 2,19-20). De esta forma introduce en contexto de envío y nacimiento toda la teología pascual de la entrega y muerte redentora (11) .

Nacido de Mujer

Más difícil es el sentido de los otros dos miembros del quiasmo (a y a'): nacido de mujer, para alcanzar la filiación. En el fondo se desvela Dios que actúa como Padre y envía a su Hijo; en el centro está una mujer; en la meta estamos los hombres que alcanzamos la filiación, es decir, un nuevo tipo de existencia liberada. El texto puede recibir dos lecturas fundamentales, que quiero empezar señalando en forma sintética:

- Se puede entender a la mujer en plano de ley, identificando en ese aspecto la normativa nacional judía con un tipo de sometimiento femenino. Es evidente que la mujer se encuentra en Israel regulada por la ley, tanto en plano social como sacral (especialmente en lo relativo al parto y menstruación: cf Lev 12, 1-8; 15, 19-33). Todo el Orden tercero de la Misná, estará centrado en la pureza o impureza legal de las mujeres (Nashim). Es claro que Jesús, nacido de mujer, ha tenido que nacer bajo la ley, según el judaísmo. En esta línea se podría continuar diciendo: si naciendo bajo la ley ha rescatado a los humanos de la ley (b y b'), naciendo de mujer nos habría tenido que liberar de la "filiación femeni¬na" (del plano de nacimiento carnal), ofreciéndonos así la filiación divina. De esta manera se contra¬pondrían el nacido de mujer (plano de carne, campo de pecado) y la apertura a la filiación divina. La madre de Jesús pertenecería según eso al viejo nivel judío de la ley y del pecado. No se podría hablar de María y el Espíritu Santo; no habría mariología.
- Pero también se puede (y debe) suponer que el nacido de mujer pertenece al camino (por lo menos al principio del camino) de la nueva filiación divina que Jesús ha venido a ofrecernos. Es claro que la mujer qe le engendra no es salvadora por sí misma; su gestación y alumbramiento no pueden enten¬derse como pascua, es decir, como paso definitivo del nivel de sometimiento de la ley (esclavitud y carne) al plano del Espíritu (de la gracia universal, de la nueva filiación). Pero mirada en el contexto más extenso del mesianismo de Jesús, el gesto de su madre (su gestación y maternidad) pertenecen al camino salvador.

En esta segunda perspectiva, al afirmar que el Hijo de Dos ha nacido de mujer se está indicando que asume y lleva a su culmen el camino de salvación iniciado en lo que suele llamarse el protoevangelio (Gen 3,15.20). Esto nos obliga a recordar y reelaborar lo ya indi¬cado al tratar de Gen 3,15, mirándolo como punto de partida de la comprensión de nuestro texto (12) .

La mujer de la que nace el Hijo de Dios

De esta forma elaboramos una exégesis de tipo simbólico, atenta a las alusiones más que a las afirmaciones explícitas. Quizá debamos afirmar que Pablo, al presentar de esta manera el nacimiento salvador de Jesús, abre una línea de interpretación espiritual que él mismo no ha desarrollado después, pero que han recorrido sus sucesores dentro de la iglesia. Estos son, a mi juicio, los elementos fundamentales del pasaje:

- La mujer de Gal 4,4 ha de verse desde la mujer original de Gen 2-3. Es claro que ella está bajo la "condena" del pecado: no ha podido alcanzar la vida divina del paraiso; es mujer limitada y no diosa; es madre mortal y no figura eterna. Pero en su misma limitación ella es capaz de ponerse al servicio de la vida, luchando contra la serpiente. Pablo no dice el nombre de esta mujer, pero es evidente que para la tradición cristiana ella es María, la madre de Jesús.
- Esta mujer engendra desde Dios, tal como habíamos podido descubrir al ocuparnos de Eva en Gen 4,1. Pero el Hijo que ella alumbra de parte de Dios ya no es Caín, el envidioso asesino sino el Anti¬caín, el Hijo verdadero de Dios, el hombre que muere (no mata) dando la vida por sus hermanos. En algún sentido debemos afirmar que toda madre verdadera engendra desde Dios; hay en ella un princi¬pio de vida que desborda el camino de violencia (de sacrificio y lucha mutua) que han ido suscitando los varones. Esto lo sabe Gen 24; esto lo presupone de forma ejemplar Gal 4,4 en el momento culmi¬nante de los tiempos.
- Aquí no hay lugar para varones, en el sentido religioso del término. La ley la habían hecho ellos , poniendo la existencia de todos los humanos bajo el dictado de la violencia. Pero antes que la ley está la gracia, la promesa de existencia, simbolizada precisamente en la mujer, la Eva verdadera y dadora de vida, que es la madre de Jesús. La ley del varón es ley de carne, es la imposición de la estructura israelita, fijada en principios de dominio servil, en leyes sacrales que no pueden cambiar al ser huma¬no. Pues bien, por encima de esas leyes, al comienzo de un camino que se hallaba también simboliza¬do por el esperma de A¬brahán (signo de fe, palabra de promesa y paternidad que desborda el plano de la carne) encontramos la promesa de la madre verdadera, esbozada de algún modo en Gen 3,¬ 15.20.

Situada de esta forma, en el origen y centro de todos los caminos de la historia, la madre de Jesús expresa aquello que el viejo texto ha esbozado al trazar la figura de la mujer original, más allá de David y de sus hijos según la carne (los herederos del mesianismo nacio¬nal). Ella emerge precisamente allí donde había venido a desplegarse la figura de Abrahán y su promesa de vida que surge de la fe (cf Gen 12 ss). Pues bien, más allá de ese Abrahán, en el comienzo de la verdadera historia humana, Gal 4,4 nos lleva hasta el mismo lugar en el que viene a mostrarse la mujer y madre de Gen 2-4 (13) .

En referencia al Pecado de la humanidad

Esta interpretación del texto nos obliga a releer en clave cristológica el tema del pecado original. Sabemos bien que Gen 2-4 (y de un modo más extenso todo Gen 1-11) es un texto abierto: un anuncio y compendio, un espejo en el que puede y debe mirarse (leerse e interpre¬tarse) todo el conjunto de la Biblia. Lógicamente, los judíos no han visto aquí pecado original en el sentido estricto sino sólo una expresión simbólica de aquello que siempre sucede, como una especie de compendio de nuestra realidad e historia humana. Los cristianos, en cambio, hemos descubierto en esos textos antiguos el reverso y espejo de aquello que ha venido a culminar y resolverse en Cristo. Sólo así podemos hablar plenamente de pecado y gracia:

- Decimos que hay pecado original entendido en el sentido fuerte de deseo de divinización (que se expresa por medio de Eva cuando quiere saberlo/poseerlo todo, poseyendo así la vida) y en el deseo de violencia (que aparece en el camino de imposición y lucha, de sacralización y muerte que descubri¬mos en Adán y de un modo especial en Caín). Este pecado original culmina en la muerte del Cristo: matando al Hijo de Dios los hombres ratifican el pecado, llevándolo hasta su última expresión, ha¬ciéndolo ya definitivo. Este es el pecado: ha venido la gracia de Dios y los hombres la han negado; ha ofrecido Dios la vida en Jesús y los hombres han preferido su muerte. Ahora y sólo ahora culmina (se vuelve realidad completa) el camino que había comenzado en la historia de Adán/Eva (14) .

- En un determinado sentido, ese pecado original lo hemos cometido todos, vinculados como estamos en una misma humanidad violenta, simbolizada por Adán y Caín. Todos nosotros hemos participado en el homicidio central de Jesús, de tal forma que en el día de la gran celebración (Vigilia pascual) debemos descubrirnos pecadores. Hemos descargado en Jesús nuestro egoismo, le hemos asesinado, asesinando con él a todos los inocentes de la historia, convertidos en chivos emisarios de la maldad humana. Pues bien, ese Jesús inocente no nos condena, no nos rechaza sino que ofrece su perdón (la salvación de Dios) a todos aquellos que le han matado. Así aparece como el Hijo de Dios Padre (15) .

- Pero en ese mundo que ha matado a Jesús no todo es muerte; en el camino que lleva al Calvario no todo es pecado. En el fondo de esa muerte se revela el don más alto de la vida, la gracia creadora, en forma de promesa de salvación o, mejor dicho, de salvación ya realizada por medio de la resurrección de Jesús . Este es el camino de la fe, simbolizada por A¬brahán. Este es el camino de la donación materna de vida, simbolizada y expresada por la mujer de Gen 3,15.20 (por la madre de Jesús en Gal 4,4).

En un determinado plano, todos nosotros (incluida la madre de Jesús) nos hallamos representados por el Adán de muerte a que se alude en Rom 5 y 1Cor 15. En ese aspecto, somos pecadores, como saben bien san Pablo. Pero en otro aspecto debemos afirmar que llevamos dentro un "germen de vida", un principio femenino o materno de existencia no violenta que está representado por la mujer de Gen 3 y por la madre de Gal 4,4.

Las dos evas

Dios no ha encontrado en el mundo pura muerte, no planea sobre un valle de asesinos violentos y cadáveres irrecuperables. El Dios de Gen 3 y Gal 3-4 quiere y puede dialogar con los humanos. Por eso ha venido a expresarse en la fe de Abrahán, en la entrega materna de la madre de Jesús. En esta línea podemos distinguir dos tipos de mujeres, bien marcadas dentro de la misma teología de Pablo:

-Está por una parte la Eva egoísta y engañada de 2 Cor 11,3: es la mujer pervertida por la serpiente, destruida por el deseo de poseerlo todo por sí misma, rompiendo los límites de su finitud, en una espe¬cie de lucha contra Dios. Esta es la mujer que quiere divinizarse y al hacerlo se pervierte, destruyendo la vida que el mismo Dios le ha confiado. Allí donde se destaca esta figura femenina pervertida, llevando hasta el límite su pecado, venimos a caer en una especie de gnosis antifeminista. Esta es la postura de muchos gnosticismos y maniqueismos posteriores (16) .
- Pero hay en Pablo otra figura de mujer, otra visión de Eva: es la madre de Jesùs, aquella que ha puesto su vida al servicio de la revelación del Hijo de Dios, es decir, al servicio del nacimiento del Mesías. Estrictamente hablando, en esta mujer se encuentra ya superado (o en camino de superación) el pecado original; no participa del gesto de aquellos que matan a Jesús sino al contrario: es la primera de aquellos que le dan la vida.

La mujer buena, la mujer mala

Lógicamente, la tradición cristiana posterior ha desarrollado estas dos visiones de la mujer original en simbología que ahora no podemos desarrollar, separándolas quizá de un modo excesivo: idealizando por un lado a la madre buena de Jesús, satanizando por otro a la mujer engañada (y engañadora). No podemos estudiar aquí esa historia. Pero es evidente que en el fondo de Gal 4,4 ha quedado expresado para siempre el gran signo de la mujer madre creadora que pone su existencia al servicio de la manifestación o vida de Dios para los hom¬bres. Esta mujer encuentra su máxima expresión en la madre de Jesús.
Simbólicamente, María pertenece al grupo de los que luchan contra la serpiente, confor¬me a la simbología de Gen 3,15. Dialoga con Dios en gesto positivo (contrario al de Gen 3,1-6). No quiere poseer la vida en un sentido egoísta (comiendo del árbol del conocimiento) sino en gesto de fidelidad radical. Al servicio de la vida de Dios y del conjunto de la humanidad (y no de su deseo egoísta) ha desplegado la existencia, en camino que (conforme a la tradición cristiana: cf Jn 19,25-27 y Hech 1,13-14) ha culminado dentro de la iglesia. Sólo en la totali¬dad de ese camino ella aparece como madre de Jesús kata pneuma, es decir, como persona en la que actúa el Espíritu de Dios al servicio de la gracia y salvación universales.
En esta perspectiva debemos afirmar que ella es la virgen por antonomasia. La otra Eva (la de 2Cor 11,2) aparece como seducida, es adúltera y engaña a todos los que dicen amarla. Por el contrario, la madre de Jesús, signo y compendio de la iglesia, es la virgen santa que Pablo presenta ante Dios. Es Virgen (parthenos) en el sentido radical de la palabra: no se ha entregado a otros amores, ha guardado fidelidad al Dios de la vida y de una forma autóno¬ma, en libertad completa y decidida, como dueña de sí misma, persona realizada, se ha puesto a su servicio, para hacer que el Mesías pueda revelarse y realizar su obra sobre el mundo (17) .

Notas

(1) F.Hahn, Christologische Hoheitstitel, FRLANT 83, Göttingen 1966. He planteado con cierta detención el tema en Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Sígueme, Salamanca 1984, 103-127.

(2) La bibliografía sobre el sentido de Adán y Cristo en Pablo resulta inagotable. Sirva como referencia E.Brandenburger, Adam und Christus. Exegetisch-religionsgeschichtliche Untersuchung zu Röm 5,1-21 (1Cor 15), WMANT 7, Neukirchen/Vluyn 1962

(3) Sobre el sentido de Jesús como hijo de David cf G.Ruggieri, Il Figlio di Dio davidico. Studio sulla storia delle tradizioni contenute in Rom 1, 3-4, AnGreg 166, Roma 1968. Análisis de las tradiciones en S. Vidal, La resurrección de Jesús en las cartas de Pablo, Sígueme, Salamanca 1982, 205-240.

(4) E.P.Sanders, Paul and Palestinian Judaism, SCM, London 1981 ha estudiado con cierta detención la novedad cristiana de Pablo, en línea de superación del esquema legal (social) israelita. Su libro ha suscitado una fecunda controversia en la que, a mi juicio, deberían haberse destacado más los elementos cristológicos.

(5) Esta filiación abrahámica de Jesús, tiene gran importancia en perspectiva mariológica. Abrahán cumple en Gal 3-4 (y Rom 4) la misma función estructural y teológica de María en Lc 1,26-38 (y Mt 1,18-25): la madre de Jesús rompe el nivel de la genealogía de la carne, entendida en plano israelita, para elevarnos de nivel y ponernos en el lugar donde el ser humano empieza a ser padre (madre) en nivel de fe. Cf B. Byrne, 'Sons of God'- 'Seed of Abraham', AnBib 83, Roma 1979.

(6) R. Girard ha destacado la "ruptura genealógica" de Jesús, desde una perspectiva antropológica (de superación de la violencia) cf El misterio de de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982, 252-256 como en 'Quand ces choses commenceront...', Arléa, Paris 1994, 137-156.

(7) El trabajos precedente (de 1981) ha ofrecido un esquema básico de las lecturas católicas, protestantes y ortodoxas (parte 4). Pienso que aún conserva su labor. El libro más significativo de los años posteriores, en perspectiva de diálogo con el protestantismo, es el de R.E. Brown (ed.), María en el NT, Sígueme, Salamanca 1986, 43-58. También son importantes: R.Bertalot, Protestantes, NDM 1662-1667; G.Gharib, Oriente cristiano,NDM 1498-1513; S.C.Napiórkowski, Ecumenismo, NDM 644-653; S.Benko, Los evangélicos, los católicos y la Virgen María, Casa Bautista, El Paso 1981; Varios, María en las Iglesias II: En la ortodoxia, EphMar 44 (1994) 181-353; Id., María en las Iglesias III: En las reformadas, EphMar 44 (1994) 365-551.

(8) He ofrecido una lectura sistemática del texto, dentro de una visión general de la teología del NT, en María: de la historia al símbolo en el NT, EphMar 45 (1995). Por la importancia que ha tenido en la teología protestante sería deseable que se estudiara con detención la lectura luterana de Gal 4,4, conforme al modelo establecido por E.Tourón del Pie en El Magnificat de Lutero, EphMar 44 (1994) 371-392

(9) Sobre el tema de la libertad en Gal cf F.Pastor, La libertad de la ley en la carta a los Gálatas, San Jerónimo, Valencia 1977; Liberación y libertad, Madrid 1982.

(10) Sobre la relación entre Padre e Hijo en Pablo siguen siendo clásicos: L.Cerfaux, Jesucristo en San Pablo, DDB, Bilbao 1955, 312-446; A.Feuillet, Christologie paulinienne et tradition biblique, DDB, Paris 1972; K. Romaniuk, L'Amour du Pèe et du Fils dans la Sotériologie de Saint Paul, AnBib 15a, Roma 1974.

(11) Sobre la liberación de la ley, con la ruptura que ello implica en la visión del judaismo, cf W.D.Davies, Pal and Rabbinic Judaism, SPCK, London 1970. Desde un punto de vista sociológico: F.Watson, Paul, Judaism and the Gentiles, Cambridge UP 1989. Desde una perspectiva judía, esa liberación ha de entenderse como verdadera apostasía e infidelidd, conforme ha mostrado apasionadamente A.F.Segal, Paul, the Convert. The Apostolate and Apostasy of Saul the Pharisee, Yale UP, New Haven and London, 1990.

(12) En el principio de la mariología cristiana está el esfuerzo por leer y entender la colaboración de María en el nacimiento de Jesús desde el transfondo del Génesis (o de todo el AT). Así lo han visto, de maneras en parte convergentes: A.Feuillet, Jésus et sa Mère, Gabalda, Paris 1974, 199-262; I. de la Potterie, Maria nel mistero dell'alleanza, Marietti, Genova 1988, 17-32. Visión contraria, desde perspectiva protestante, en H.Räisänen, Die Mutter Jesu im NT, AASF 158, Helsinki 1969, 17-25.

(13) Toda la reinterpretación cristiana de la Biblia Hebrea está fundada en una vuelta al sentido original, al principio de la historia: más allá de la ley de Moisés se encuentra Abrahán; más allá de Abrahán esta Eva, la mujer originaria.

(14) He desarrollado extensamente esta visión del pecado, analizando de forma estructurada y unitaria los textos de Gen 2-3 y de la muerte de Jesús, en Antropología Bíblica. Del árbol del juicio al sepulcro de pascua, Sígueme, Salamanca 1993. Allí remito a quien quiera estudiar con más detenimiento el tema.

(15) Reinterpreto así, en un contexto nuevo, algunos de los temas que ha desarrollado R.Girard en El chivo emisario, Anagrama, Barcelona 1986.

(16) Sobre la antropología gnóstica cf K. Rudolph, Gnosis, Clark, Edinburgh 1983, 53-275. Ha destacado la importancia de la visión maniquea de la mujer (y del amor) en la historia occidental D. de Rougemont, El amor y Occidente, Kairós, Barcelona 1992.

(17) Sobre 2Cor 11,2 cf V.P.Furnish, II Corinthians, AB 32a, Doubleday, New York 1982, 483-502; K.Prümm, Diakonia Pneumatos I, Herder, Roma 1967, 593-615.

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La soledad de Gaza

Publicado por El País

Cuando para acceder a Gaza por el paso de Erez, el visitante autorizado se ve obligado a introducirse en las diabólicas máquinas israelíes inquisidoras del cuerpo humano, unas máquinas no vistas antes en ningún otro sitio, que le zarandean y escudriñan sus entrañas, comprende que se dispone a entrar en uno de los lugares más solitarios del planeta. Atravesados puertas y corredores, un inquietante kilómetro, largo, a pie, de tierra de nadie, de cascotes y escombros, hace que el extranjero mude la impresión de la artificiosa frontera física en la certeza psicológica de hallarse ante un nuevo capítulo, uno de los más insólitos, de las aberraciones de la historia reciente.

Un muro de hormigón armado, de nueve metros de alto, separa la franja de Gaza de Israel. Es un muro hermano del de Cisjordania, aunque primogénito, pero que no ha tenido la misma repercusión jurídica y mediática. Un muro que encierra la mayor densidad de población por kilómetro cuadrado del mundo. Gaza, que ha sido descrita en ocasiones como una gran prisión al aire libre, está condenada a la soledad de todas las prisiones.

Esta dramática realidad responde a una deliberada y planificada política israelí. Nada es casual en Gaza. Detrás de lo que ven los ojos hay una firme voluntad israelí de acoso militar, institucional y jurídico. ¿Qué fue antes: Hamás o la gallina? La gallina. Veamos por qué.

En octubre de 2004, el Parlamento de Israel aprobó "el plan de desconexión de Gaza", que en agosto del año siguiente llevó a cabo unilateralmente. Pretendía poner fin a un problema demográfico insoslayable para la empresa israelí de colonización del territorio: la imposibilidad militar y económica de sostener a una población de 9.000 colonos en un enclave con un millón y medio de palestinos. Faltaban todavía varios meses para el triunfo de Hamás en las elecciones legislativas palestinas de enero de 2006, pero el pronóstico era meridiano y allanaba el camino a la estigmatización colectiva. Cuando en junio de 2007 los islamistas dieron un golpe de mano en Gaza y truncaron el Gobierno de ficticia unidad nacional de la Autoridad Nacional Palestina, la comunidad internacional se aprestó a endurecer su actitud hacia Hamás como organización terrorista. Poco importa que su triunfo en las urnas hubiera contado con la escrupulosa supervisión de observadores internacionales, incluidos algunos diputados españoles. La condena hallaba refrendo y con ella se consumaba la desconexión. Gaza quedaba aislada del mundo: del Israel ocupante, de la madre Palestina y del socorro y la benevolencia internacionales.

El paso siguiente por parte de Israel fue la declaración de Gaza como "entidad hostil" el 19 de septiembre de 2007, que le ha servido para desentenderse interna-cionalmente de las obligaciones que, como potencia ocupante, tiene. La población sufre con ello la paradoja jurídica de estar a la vez bajo ocupación y bajo bloqueo. Las operaciones militares israelíes, que el Gobierno de Israel tan pronto llama de castigo como ofensivas, se han sucedido desde entonces, trufadas de treguas que en absoluto han aliviado el imparable deterioro de la situación de la población. El bloqueo al tránsito de personas y bienes de primera necesidad por tierra, mar y aire, castiga en primera instancia al 62% de la población, que depende directamente del reparto de alimentos y de los servicios básicos a cargo de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados palestinos. La Organización Internacional del Trabajo, en su memoria de 2007, habla de una "economía de estado de sitio", y en la de 2008 constata que el aislamiento casi total de Gaza la ha llevado al borde de la crisis humanitaria. El resultado es lo que Issam Younis, de Al Mezan Center for Human Rights, denomina la "subdesarrollización de Gaza": descalabro de los índices de empleo y del PIB, descomposición del sector público, desaparición de la economía productiva, regresión en los derechos de los trabajadores, debilitamiento institucional y deterioro del tejido social. La mera supervivencia se impone a otras prioridades individuales y colectivas a costa de logros históricos de la sociedad palestina, como el pluralismo, la participación de las mujeres en la vida pública, la vitalidad de la cultura de base o los elevados índices de educación universitaria.

A Hamás le dieron su triunfo electoral la parálisis política y el derrumbe económico que culminaron en la Segunda Intifada (2000-2005). Pero sus réditos en Gaza los alimenta a diario la política israelí, con la aquiescencia de Estados Unidos y la estolidez de la Unión Europea, involucrada en inmensas inversiones económicas en los Territorios Ocupados pero sin compromiso político equiparable. Este múltiple concurso ha convertido a Hamás en el protagonista de la historia actual de Palestina. Y lo ha hecho hasta el punto de que la principal crítica de algunos líderes históricos de la OLP a su triunfo haya sido su afán por reescribir la historia de la resistencia palestina, como si ésta hubiera empezado en 1987, cuando coincidiendo con la Primera Intifada se fundó Hamás. Porque los partidos y actores no islamistas minimizan la importancia de la religiosización del espacio público, mientras crece su temor a que, una vez más, los hechos consumados adquieran naturaleza jurídica y Gaza se vea amputada del devenir de los Territorios Ocupados, que en el discurso israelí han quedado reducidos a la demediada Cisjordania.

La interiorización del aislamiento y la rutinización del bloqueo no hacen sino asentar la frustración entre los gazauíes. El clientelismo, conocido popularmente en Palestina como "cultura de la jaima", se alimenta de este ambiente falto de expectativas y experiencias nuevas. Las iniciativas ciudadanas peligran (son modélicos los Comités de Salud Mental, pioneros en el tratamiento de la violencia de género y que han desarrollado una categoría propia de empoderamiento civil) y flaquea la actuación de las ONGs y las agencias de ayuda humanitaria, que se sienten impelidas a tomar partido entre los actores políticos, con el consiguiente deterioro de su actividad y de la imagen general de la cooperación.

Pese a todo, la sociedad de Gaza ha desarrollado fórmulas de relación con el exterior, procederes abiertos y descentralizados que se sirven de las redes de intercambio que propicia la globalización tecnológica. Sorprende en Gaza la vitalista actividad de organizaciones independientes en materia de derechos humanos, salud o cultura, con modélicos sistemas de toma de decisiones colegiada, elaboración de un discurso crítico y autocrítico, financiación y sustentos locales y colaboración en red con otros centros palestinos e internacionales. Estos gazauíes, una mayoría, insisten en la importancia simbólica y psicológica de romper el aislamiento, en el valor de los gestos e intercambios que desde Europa abren una grieta en el cerco. Son iniciativas que no deben morir, porque garantizan, entre otras cosas, un futuro lejos de Hamás, si es esto lo que Europa desea.

Gaza materializa el proyecto israelí para Palestina: dividir y fragmentar el territorio, dividir y fragmentar a su población, y crear nuevos guetos identitarios que propicien la disolución de la unidad histórica, social, cultural y política de Palestina. La estrategia es vieja y conocida, pues proviene de la Nakba misma. Según el historiador israelí Amnon Raz-Krakotzkin, dos son sus armas principales: negar toda responsabilidad histórica e inculpar a las víctimas de su suerte.

Luz Gómez García es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

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EL MISTERIO DE LA MADRE DE JESÚS

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Parroquia de la Granja Suarez

VIRGEN DE PEKIN

1ª Lect.: Num6, 22-27; Sl 66; Gal 4, 4-7;Evangelios: Luc. 1, 16-21 DEL EVANGELIO DE LUCAS Fueron corriendo los pastores y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlos, entendieron bien lo que les ha-bían dicho de ese niño. Lo que decían los pastores causaba admiración a todos los oyentes y María guardaba todas esas cosas, dándoles vueltas en su in-terior. Los pastores se volvieron dando gloria a Dios par lo que habían visto y oído, tal como se lo habían dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le impusieron el nombre de Jesús, como lo había dicho el ángel antes de que hubiera sido concebido.

La Madre de Jesús La Iglesia celebra en este día la octava de la Navidad. A los ocho días suele celebrar la liturgia la octava de todas las grandes solemnidades, sobre todo Pascua, Pentecostés, Navidad y Epifanía. A la octava se le imprime un cierto matiz que le caracteriza y en es-te caso es “una mirada a la Navidad desde la perspectiva de la Ma-dre”. Es la “Solemnidad de Santa María, Madre de Dios”.

En la Historia de la Iglesia se han ido seleccionando ciertas fórmulas con las que expresar unas ideas que se han considerado esenciales dentro de la fe cristiana. Se les ha llamado “dogmas”. En su momento se pensó que en los debates de los concilios se encon-trarían las palabras precisas que se ajustarían a los misterios de salvación; pensaban que así no caerían en las opiniones torcidas que adulteran el mensaje evangélico.

Por ejemplo, ya en la Iglesia primitiva hubo quienes redujeron “la vida cristiana” a “doctrina” y anularon la humanidad de Jesús, hasta el punto de afirmar que su cuerpo era una apariencia, no una realidad, pues esto sería indigno de un ser divino como él.

Como la mayoría de las discusiones primeras giraron en torno a la persona de Jesús, se pensó que la maternidad de María serviría especialmente para discernir quién estaba y quién no en la fe ver-dadera. En la primera mitad del s. V, pensaron los padres del Con-cilio de Éfeso que decir que María era la Madre de Dios era afirmar que Jesús hombre es una sola persona con el Verbo de Dios, se-gunda Persona de la Sma. Trinidad. Pero esta fórmula no hizo a nadie mejor cristiano, sino todo lo contrario, pues se levantó un gran odio, que se manifestó en insultos, acciones violentas, sangre y cismas. Incluso a la larga, la gente sencilla ha recibido mucha confusión de eso de que Dios tenga madre y las explicaciones teo-lógicas están por encima del nivel mental de los sencillos, que son el objeto del evangelio, por lo que la mayoría, o se mofa del dogma o da culto a una especie de diosa madre, muy en consonancia con el negocio de exvotos, recuerdos de santuarios y otros amuletos. Re-cordemos que Pablo también tuvo en la misma ciudad de Éfeso una importante persecución a cuenta del santuario de Diana, la diosa patrona de la ciudad pagana y que la promocionaron en gran me-dida los plateros que fabricaban estatuillas. Como vemos, la histo-ria se repite, ahora con nombres (no con contenidos) cristianos.

Sin complicarnos con nomenclaturas que podemos no enten-der, podemos celebrar en esta octava de la Navidad la fiesta de Ma-ría, Madre de Jesús. Un ser humano, como nosotros, nos ha naci-do, y lo ha dado a luz otro ser humano como nosotros, una mujer que sabe lo que es la marginación de la pobreza, la marginación de su sexo y la marginación de las lenguas que se ocupan de la vida de los demás. Es un buen día para repasar algunas aberraciones más o menos de bulto, que giran en torno a la devoción a la Madre del Señor: Sin ir más lejos: los llamados Reyes Católicos tomaron Málaga. Una acción guerrera que no tiene nada que ver con una conducta cristiana. Como la ciudad musulmana opuso resistencia, fueron destruidas sus mezquitas y otros monumentos. Y se puso la ciudad bajo el patrocinio de Ntra. Sra. de la Victoria. No eludamos la realidad. No es la victoria sobre el pecado; es sobre una ciudad to-mada y humillada. María, la Madre de Jesús, no tiene nada que ver con semejantes sucesos. Por otra parte, Dios está siempre más cer-ca de los derrotados que de los vencedores. Aunque sólo fuese por afinidad con Jesús. Un santuario (lugar donde se colocan o coleccionan cosas san-tas, sobre todo, ídolos o imágenes) es lo más parecido a un templo pagano. No faltan exvotos y ofrendas, compra de objetería religio-sa, ceremoniales y fiestas, con procesiones de la imagen llenas de fervor fanático.

Unos rezos semejantes a mantras (repetición de las mismas pa-labras), pero que más que sílabas para pacificar son fórmulas de número fijo para obtener una eficacia. Si no es así, no vale. No podemos ser insensibles a nada de esto, porque está en juego nuestro ser de cristianos. La jerarquía lamentablemente fomenta estas cosas con la excusa de que es religiosidad popular; pero en realidad es que se desea clientela y que no van mal los ingresos económicos obtenidos por estos medios y la cantidad de personal que “no se nos va”.

¡Año Nuevo! El calendario nos facilita ese tránsito de los días, meses años, como trozos en los que fragmentamos nuestra vida. Vamos arran-cando hojas de meses ya vividos y se nos pone por delante una nueva oportunidad, porque el tiempo no es otra cosa que la opor-tunidad del ser humano. Hoy no es una simple hoja la que arran-camos. Hoy variamos de calendario. ¡Cuánta gente estará diciendo desde el fondo de su angustia: “¡Oh Dios, que pase esta página!” Como Jesús en el Huerto: “¡Padre, que pase este trago…!” Las per-sonas que dirigen los destinos de la economía prometen unos años de crisis. Naturalmente no es crisis que afecte a su nivel de vida. En la medida que no afecta estamos en comunión con los pobres de la tierra.

¡Os doy una buena noticia que es para vosotros y para todo el pueblo! Han sido liberados David y Ku, ambos nigerianos. Se les sacó de la cama una noche. Tuvieron que ir con la policía. Se pu-blicó en todos los medios informativos que se había hecho una redada de una mafia nigeriana a la que se le aplicaba no sé cuán-tos cargos. A los siete meses han sido puestos en libertad como inocentes. David llevaba casado unos días. Ku, un año. David te-nía trabajo. Ahora, naturalmente, no. El otro día tuvimos el privi-legio de comer con ellos en casa. ¡Bendigamos al Señor!

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