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lunes, 16 de febrero de 2009

Evangelio Misionero del Día: Martes 17 de Febrero de 2009

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 8, 13-21

Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del lago.
Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes». Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»
Ellos le respondieron: «Doce».
«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»
Ellos le respondieron: «Siete».
Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?»


Compartiendo la Palabra
Por Manuel Tamargo, cmf

Supongo que Jesucristo, como hombre que era, pasaría sus momentos de desesperación. Los discípulos no se enteran, no acaban de darse cuenta de por dónde van las cosas. No es difícil que el Maestro pensara más de una vez en abandonar y volverse tranquilamente a su pueblo.

Por otra parte, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces había sido tan espectacular que se entiende que los apóstoles estuvieran polarizados por él, sin capacidad para hablar de otra cosa, sin posibilidad de levantar la vista o el pensamiento.

Dicen que los buenos jugadores de ajedrez, después de un buen rato de concentración sobre el tablero levantan la cabeza y miran al techo durante unos segundos para despejar la mente y retomar el esfuerzo.

Los discípulos de Jesús, evidentemente, no jugaban al ajedrez, pero tampoco sabían “levantar la vista” a tiempo.

Nosotros estamos metidos de lleno en nuestra partida de ajedrez (algunos parece que juegan “simultáneas”) y eso nos tiene absorbidos. Lo cual, en principio, no es malo. El que nos ocupemos del trabajo, de la familia, de los amigos o de las prácticas de piedad y hasta de la colaboración como voluntarios con una ONG es estupendo. Pero conviene que levantemos la vista de vez en cuando y miremos al techo para encontrar el sentido a todo lo que hacemos y reconducir las intenciones.

Jesús habla a sus discípulos de la levadura de los fariseos y advierte contra ella. ¿De qué nos podría advertir a nosotros? ¿Del activismo? ¿De la competitividad? ¿Del narcisismo? ¿Del miedo a parar de vez en cuando y mirar hacia dentro de uno mismo? ¿Del tiempo que hace que no llamamos o visitamos a esos familiares? ¿De la oración inexistente o hecha de cualquier manera?...

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