Benedicto XVI recibió el pasado día 18, en el palacio apostólico de Castelgandolfo, a 3.000 miembros de la FamiliaFranciscana que han participado en Asís en el “Capítulo de las esteras”, para conmemorar el origen de la orden franciscana y el octavo centenario de la aprobación de la “proto-regla” de San Francisco por el Papa Inocencio III.
La docena de frailes que siguió a Francisco de Asís, dijo el Papa, ha pasado a ser a lo largo de los siglos “una multitud diseminada en todos loslugares del mundo. (…) Como pastor de toda la Iglesia quiero agradecerosel don precioso que sois para el pueblo cristiano. Del arroyo que brotó enlas faldas del Monte Subasio se ha formado un gran río que ha ofrecido unaaportación notable a la difusión universal del Evangelio”. Francisco, prosiguió el pontífice, “experimentó la potencia de la gracia divina y se sintió muerto y resucitado. Todas sus riquezas anteriores, cualquier motivo de orgullo y seguridad, todo pasa a ser una “pérdida” apartir del momento del encuentro con Jesús crucificado y resucitado. Dejar todo se vuelve casi necesario para expresar la abundancia del don recibido”. Benedicto XVI, resumiendo el motivo de su encuentro con la Familia Franciscana: “El Evangelio como regla de vida”, subrayó que San Francisco “se comprendió a sí mismo enteramente a la luz del Evangelio. Ese es suatractivo y su perenne actualidad. (…) El Pobrecillo se transformó en evangelio viviente capaz de llevar a Cristo a hombres y mujeres de todas las épocas, sobre todo los jóvenes que prefieren lo radical a las medias tintas.El obispo de Asís, Guido, y después el Papa Inocencio III, reconocieron en el propósito de Francisco y de sus compañeros la autenticidad evangélica e impulsaron su decisión con la perspectiva del bien de la Iglesia”. Sin embargo, observó el Santo Padre, “Francisco habría podido también noir a ver al Papa. En su época se formaban muchos grupos y movimientosreligiosos entre los cuales algunos se contraponían a la Iglesia comoinstitución o, por lo menos, no buscaban su aprobación. Seguramente unaactitud polémica hacia la jerarquía habría dado a Francisco no pocosseguidores. En cambio, el pensó enseguida en poner su camino y el de susseguidores en las manos del obispo de Roma, el sucesor de Pedro. Esto revelasu auténtico espíritu eclesial. El pequeño “nosotros” que empezó con susprimeros frailes lo concibió desde el principio dentro del gran “nosotros”de la Iglesia una y universal”. “Fue esto lo que el Papa apreció y reconoció, porque él también habríapodido no aprobar el proyecto de vida de Francisco. Más aún, podemosimaginar que entre los colaboradores de Inocencio III algunos se lo hayanaconsejado, quizá temiendo que aquel grupo de frailes fuera semejante aotras agregaciones heréticas y pauperistas de la época. En cambio el romanopontífice, bien informado por el obispo de Asís y por el cardenal Giovannidi San Paolo supo discernir la iniciativa del Espíritu Santo y acogió,bendijo y alentó a la naciente comunidad de los “frailes menores”. “¡Han pasado ocho siglos y hoy habéis querido renovar el gesto de vuestrofundador!”, exclamó el Papa. “Todos vosotros sois hijos y herederos deaquellos orígenes. (…) Como Francisco y Clara de Asís (…) volved aempezar siempre desde Cristo (…) para ver su rostro en los hermanos quesufren y llevar a todos su paz. Sed testigos de la belleza de Dios, queFrancisco cantó contemplando las maravillas de la creación”. “¡Id y seguid “arreglando la casa” del Señor Jesucristo, su Iglesia!”, lesexhortó Benedicto XVI recordando que el terremoto de los Abruzos hadestruido muchas iglesias, aunque “hay otra “ruina” que es mucho más grave:la de las personas y las comunidades”. “Como Francisco, comenzad siempre por vosotros mismos -concluyó-. (…) Sisois capaces de renovaros en el espíritu del Evangelio, seguiréis ayudando alos pastores de la Iglesia a embellecer cada vez más su rostro de esposa deCristo. Esto es lo que el Papa, hoy como en vuestros orígenes, espera devosotros”.
La docena de frailes que siguió a Francisco de Asís, dijo el Papa, ha pasado a ser a lo largo de los siglos “una multitud diseminada en todos loslugares del mundo. (…) Como pastor de toda la Iglesia quiero agradecerosel don precioso que sois para el pueblo cristiano. Del arroyo que brotó enlas faldas del Monte Subasio se ha formado un gran río que ha ofrecido unaaportación notable a la difusión universal del Evangelio”. Francisco, prosiguió el pontífice, “experimentó la potencia de la gracia divina y se sintió muerto y resucitado. Todas sus riquezas anteriores, cualquier motivo de orgullo y seguridad, todo pasa a ser una “pérdida” apartir del momento del encuentro con Jesús crucificado y resucitado. Dejar todo se vuelve casi necesario para expresar la abundancia del don recibido”. Benedicto XVI, resumiendo el motivo de su encuentro con la Familia Franciscana: “El Evangelio como regla de vida”, subrayó que San Francisco “se comprendió a sí mismo enteramente a la luz del Evangelio. Ese es suatractivo y su perenne actualidad. (…) El Pobrecillo se transformó en evangelio viviente capaz de llevar a Cristo a hombres y mujeres de todas las épocas, sobre todo los jóvenes que prefieren lo radical a las medias tintas.El obispo de Asís, Guido, y después el Papa Inocencio III, reconocieron en el propósito de Francisco y de sus compañeros la autenticidad evangélica e impulsaron su decisión con la perspectiva del bien de la Iglesia”. Sin embargo, observó el Santo Padre, “Francisco habría podido también noir a ver al Papa. En su época se formaban muchos grupos y movimientosreligiosos entre los cuales algunos se contraponían a la Iglesia comoinstitución o, por lo menos, no buscaban su aprobación. Seguramente unaactitud polémica hacia la jerarquía habría dado a Francisco no pocosseguidores. En cambio, el pensó enseguida en poner su camino y el de susseguidores en las manos del obispo de Roma, el sucesor de Pedro. Esto revelasu auténtico espíritu eclesial. El pequeño “nosotros” que empezó con susprimeros frailes lo concibió desde el principio dentro del gran “nosotros”de la Iglesia una y universal”. “Fue esto lo que el Papa apreció y reconoció, porque él también habríapodido no aprobar el proyecto de vida de Francisco. Más aún, podemosimaginar que entre los colaboradores de Inocencio III algunos se lo hayanaconsejado, quizá temiendo que aquel grupo de frailes fuera semejante aotras agregaciones heréticas y pauperistas de la época. En cambio el romanopontífice, bien informado por el obispo de Asís y por el cardenal Giovannidi San Paolo supo discernir la iniciativa del Espíritu Santo y acogió,bendijo y alentó a la naciente comunidad de los “frailes menores”. “¡Han pasado ocho siglos y hoy habéis querido renovar el gesto de vuestrofundador!”, exclamó el Papa. “Todos vosotros sois hijos y herederos deaquellos orígenes. (…) Como Francisco y Clara de Asís (…) volved aempezar siempre desde Cristo (…) para ver su rostro en los hermanos quesufren y llevar a todos su paz. Sed testigos de la belleza de Dios, queFrancisco cantó contemplando las maravillas de la creación”. “¡Id y seguid “arreglando la casa” del Señor Jesucristo, su Iglesia!”, lesexhortó Benedicto XVI recordando que el terremoto de los Abruzos hadestruido muchas iglesias, aunque “hay otra “ruina” que es mucho más grave:la de las personas y las comunidades”. “Como Francisco, comenzad siempre por vosotros mismos -concluyó-. (…) Sisois capaces de renovaros en el espíritu del Evangelio, seguiréis ayudando alos pastores de la Iglesia a embellecer cada vez más su rostro de esposa deCristo. Esto es lo que el Papa, hoy como en vuestros orígenes, espera devosotros”.





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