NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

miércoles, 13 de mayo de 2009

El Papa y el Preservativo. ¿Hace bien la Iglesia al prohibirlo?

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Hace unos días, el director de la revista RS21 (http://www.21rs.es/index.php) me pidió una opinión sobre el tema del Papa y el Preservativo, en la sección dedicada a los debates. Mi opinión sale, pues, al lado de otra donde se dice lo contrario, para que los lectores puedan situarse mejor ante el tema. Quien quiera ver las dos caras de la moneda podrá ir a la revista. El motivo era una referencia del Papa en su último viaje a África y la discusión mediática posterior, que ha llegado hasta las Cortes Españolas. No entro en el debate mediático en cuanto tal. Sólo ofrezco una opinión, desde mi respeto inmenso a la visión del Papa, que fue la de Pablo VI, que no comparto, pero que valoro mucho por su claridad y por la valentía que muestra, ante uno de los temas nuevos de la modernidad.

Un tema moderno. Pablo VI

Éste es un tema moderno y la Iglesia ha necesitado un tiempo para pensarlo, pues ella no tenía una respuesta fijada por la tradición: ni la Biblia ni los concilios, ni los moralistas clásicos decían nada a este respecto. Por eso es normal que la primera respuesta fuera la prudencia que mostró Pablo VI, el año 1968, en la Humanae Vitae (Sobre la vida humana).

Juan XXIII había creado una comisión para estudiar el tema y una parte considerable de ella (sobre todo los médicos y expertos laicos) quería dejar el tema abierto, para que los mismos cristianos decidieran en conciencia. Pero Pablo VI tuvo miedo y no quiso aceptar ese consejo, afirmando, con vacilaciones, que todos los métodos anticonceptivos que no fueran naturales (el recurso a los períodos infecundos), eran contrarios a la moral católica rechazando así el uso de anticonceptivos artificiales (químicos). El texto clave decía así:

«En realidad, entre ambos casos existe una diferencia esencial: en el primero los cónyuges se sirven legítimamente de una disposición natural; en el segundo impiden el desarrollo de los procesos naturales» (núm. 17).

Fueron ya entonces muchos los teólogos, moralistas y pastores que no vieron ni aceptaron esa distinción entre procesos naturales y no-naturales; pensaron y piensan que el papa no apelaba al evangelio, sino a un tipo de visión antigua de la naturaleza (sobre todo en su forma de entender a de la mujer). No quiero dar aquí nombres de los que se opusieran a la "doctrina" de Pablo VI, pero los interesados podrán encontrarlo con cierta facilidad. Entre los que se oponían estaban los más "ilustres" teólogos de España (que no eran sin más "progresistas")

Desde entonces, el número de los que rechazan el argumento de Pablo VI ha crecido de manera que se puede hablar de una mayoría silenciosa que no acepta, por razones evangélicas, el argumento y las conclusiones del Papa. Ésta es, por tanto, una doctrina que no “recibida” por el conjunto de la Iglesia y, como se sabe, sin “receptio” (recepción) no se puede hablar de una verdad consolidada.

Replantear el tema, respetando el Magisterio

Pienso que, pasado ya un tiempo prudencial (41 años), la Iglesia debe afirmar ya que aquella propuesta ha de entenderse hoy de otra manera:

Según el evangelio, el amor personal no se “somete” a la naturaleza, sino que la eleva. Por eso, los nuevos conocimientos biológicos han de servir para que el amor sea más personal, más gratuito, más creador; en ese contexto, en conciencia, los cristianos pueden e incluso deben utilizar en ciertos casos el preservativo.

No se trata de que la iglesia “permita” el uso de preservativos u otros medios equivalente (no hablamos aquí del aborto, que es otra cosa), sino de que afirme la libertad creadora del amor y de los amantes cristianos. El tema no es preservativo sí o no, sino el amor intenso y libre, emocionado y respetuoso al servicio del fortalecimiento del don de la vida y de la comunicación personal.

Estamos ante un cambio de paradigma evangélico y humano, pasando de una ética sexual objetiva, definida desde fuera, por los condicionamientos biológicos, a una visión personal del sexo y del diálogo entre hombres y mujeres. Las relaciones sexuales son un momento privilegiado de la creatividad y de la comunicación humana. Por eso no puede regularse desde fuera, a través de unas normas “objetivas”, pues los mismos “amantes” han de ser creadores de sí mismos. Por eso debemos hablar de una fecundidad sexual que está al servicio de la madurez y del gozo compartido, que son los fines de la creación de Dios.

La sexualidad ha de ser un despliegue de amor personal, un lenguaje, un medio de comunicación, una forma de donación de vida, una escuela de humanidad. Sólo entonces, cuando la propia pareja de amantes/esposos lo decidan, esa sexualidad puede ponerse al servicio del surgimiento de una nueva vida.

Hasta la llegada de los seres humanos, el potencial del sexo dominaba a los vivientes, de manera que los individuos animales eran función de un despliegue impersonal de vida. Por el contrario, con la llegada del hombre, la sexualidad se ha convertido en lugar de creatividad y maduración personal. Eso significa que son ellos, los hombres y mujeres como personas, los que pueden y deben “crear” su identidad a través de un sexo entendido como forma privilegiada de comunicación personal y de una creación de nueva vida.

En esa línea, el preservativo (u otro medio para impedir la procreación directa) puede y debe tener un valor personal y personalizante, siempre que se utilice al servicio del amor más fuerte (o de la salud, como en el caso del riesgo de SIDA, como ha destacado el Cardenal Martini).

Al decir esto, no queremos cambiar la doctrina tradicional de la iglesia, sino situarla en un nuevo contexto cultural y evangélico. No se trata de prohibir el preservativo, sino de decir a los hombres y mujeres que se amen en libertad y ternura, en gozo y donación de vida generosa, porque ellos son así un signo y despliegue de la Vida que es Dios.

Tampoco se trata de negar el Magisterio, sino de decir que se trata de un Magisterio en Camino y que ha llegado la hora de dejar ese tema abierto, en línea de amor, en línea de Evangelio.

Pienso, por tanto, que ha llegado el momento de que la Iglesia reformule la doctrina de la Humanae Vitae, reconociendo que ha terminado ya el tiempo de la prohibición del preservativo, para que sean los propios amantes/esposos los que decidan si deben utilizarlo o no, al servicio de la Vida.

No hay comentarios: