Publicado por Pastoral Vocacional
1. Comentario vocacional
En este cuarto domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. Sin embargo, la Palabra de Dios que hoy se proclama tiene ya en sí varios elementos vocacionales que descubriremos partiendo del “yo soy” que por dos veces Jesús nos dice: “yo soy el buen Pastor”. Esta afirmación de Jesús mismo constituye una revelación de su identidad que nos ofrece sí una orientación para nuestra vida.Pero, no conviene perder de vista el contexto, un contexto de discusión de Jesús con los fariseos después de la curación del ciego de nacimiento. En medio de esa discusión aparece un contraste que se convierte en una denuncia. Los líderes judíos no son para el rebaño de Israel los buenos pastores que se necesitan. Ellos no tienen ningún interés por las ovejas. Son en definitiva, unos asalariados. Por el contrario, Jesús se presenta como el buen Pastor, que arriesga su vida por las ovejas.
La primera llamada de atención que recibimos al leer el texto es preguntarnos a qué pastor pertenecemos y seguimos. Quizás, si somos honestos con nosotros mismos, veamos que jugamos a pertenecer a dos rebaños. Cuando nos interesa seguimos a Jesús, pero otras muchas veces nos dejamos guiar e, incluso, desorientar por asalariados, que nos abandonan ante el primer peligro. ¿A quién sigo yo? ¿A quien confío mi vida?
Desgraciadamente seremos aún ciegos y permaneceremos en nuestra ceguera si somos incapaces de valorar a Jesús como el buen Pastor que se arriesga por sus ovejas. Este es un dato fundamental. Si una oveja está en peligro, si un lobo ataca, este pastor, Jesús, se olvida de sí mismo y no busca primero ponerse a salvo. Al contrario, sólo piensa en sus ovejas, y por ellas hace lo imposible. Esto es ya un anuncio y anticipo de su muerte. Conjuguemos ese ejemplo de la vida en primera persona: el buen Pastor se arriesga por mí y para salvarme. ¿Por qué? Por amor. ¿Para qué? Para que yo viva como hijo querido y amado del Padre. ¿No es algo maravilloso este misterio?
De ahí nace el grito de gozo de la segunda lectura: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!”. Somos amados, y por ello, protegidos y salvados. El asalariado no nos ama sino que se sirve de nosotros, nos utiliza, nos oprime. Es cierto que este amor es algo que no merecemos. Es además un amor que fundamenta nuestra esperanza cristiana en medio del mundo. Es, en definitiva, un amor que supera todas las expectativas que podamos tener en nuestra vida.
Pero Jesús es un pastor que conoce bien su misión: “tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer…”. Su misión es llegar a ser el Pastor de todas las ovejas, porque es el único pastor que las ama verdaderamente. Este gesto de Jesús es un recuerdo importante para la Iglesia. Nos recuerda su misión siempre universal, aunque respetando la libertad de los hombres.
Contemplando a Jesús Buen Pastor llegamos a comprender también nuestra vocación: reproducir su ministerio, su manera de relacionarse con las ovejas. Si él arriesga su vida por ellas, nosotros estamos llamados a hacer lo mismo, cada uno desde su propia vocación y lugar en la Iglesia. Arriesgarnos para que los otros tengan vida, la vida que da el Buen Pastor. No podemos ahorrarnos ni una gota de sangre porque somos creados para dar.
Quizás tengamos miedo de vivir esta vocación. Sin embargo Benedicto XVI nos invita en su mensaje de este año a la confianza en la iniciativa divina y la respuesta humana. Para profundizar en esta idea, sirva este texto extraído de su mensaje: “¿Quién puede considerarse digno de acceder al ministerio sacerdotal? ¿Quién puede abrazar la vida consagrada contando sólo con sus fuerzas humanas? Una vez más conviene recordar que la respuesta del hombre a la llamada divina, cuando se tiene conciencia de que es Dios quien toma la iniciativa y a Él le corresponde llevar a término su proyecto de salvación, nunca se parece al cálculo miedoso del siervo perezoso que por temor esconde el talento recibido en la tierra (cf. Mt 25, 14-30), sino que se manifiesta en una rápida adhesión a la invitación del Señor, como hizo Pedro, que no dudó en echar nuevamente las redes pese a haber estado toda la noche faenando sin pescar nada, confiando en su palabra (cf. Lc 5, 5)”.
2. Pistas para la homilía
-La afirmación fundamental que es origen y base de todo no es otra que “Yo soy el buen Pastor”. Con ella Jesús se presenta como una alternativa a los responsables judíos que más bien eran unos asalariados. El problema es que a veces nos dejamos guiar o desorientar por asalariados.
-Jesús es el buen Pastor que arriesga su vida por sus ovejas, por cada uno de nosotros, para defendernos de los ataques. El da su vida voluntariamente y por amor. El fruto de su entrega es que nos hace hijos amados del Padre, una gracia que sobrepasa nuestras expectativas.
-Pero Jesús no se preocupa sólo de las ovejas que tiene en su redil. Su misión, que es también la de la Iglesia, tiene una vocación universal.
-Nosotros estamos llamados, en este domingo de oración por las vocaciones, a seguir el modelo de Jesús Pastor, es decir, a entregar nuestra vida, a desgastarla hasta el final. El Papa nos invita, en este sentido, a dar una respuesta llena de confianza.
3. Preguntas para la reflexión personal y en grupo
-¿En qué sentido te dejas guiar por Jesús el buen Pastor?
-¿En qué aspectos de tu vida prefieres dejarte guiar por “asalariados”?
-¿Qué significa en tu espiritualidad que Jesús arriesga y da su vida por ti? ¿Te sientes verdaderamente amado por el Padre?
-¿Cómo buscas tú que las ovejas alejadas se puedan acercar al redil de Jesús?
-¿Cómo puedes ser “buen Pastor” hacia los demás al ejemplo de Jesús?
4. Un poco de poesía
LO QUE QUIERO SER
Quiero ser pastor
que vele por los suyos;
árbol frondoso
que dé sombra
al cansado;
fuente donde
beba el sediento.
Quiero ser canción
que inunde los silencios;
libro que descubra
horizontes remotos;
poema que deshiele
un corazón frío;
papel donde se pueda
escribir una historia.
Quiero ser risa en los
espacios tristes,
y semilla que prende
en el terreno yermo.
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…
Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito, carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor…
eso quiero ser.
(José M. Olaizola)




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