Publicado por CIPECAR
Lecturas: Génesis 18,20-32; Salmo 137, 1-8; Colosenses 2,12-14
Evangelio: Lucas 11,1-13
Lecturas: Génesis 18,20-32; Salmo 137, 1-8; Colosenses 2,12-14
Evangelio: Lucas 11,1-13

Señor, enséñanos a orar
Jesús, de camino, hace un alto para orar. Se desorientaría sin estos encuentros prolongados con el Padre. Los discípulos lo ven y se preguntan cosas. Intuyen que algo o mucho tiene que ver su oración con su estilo de vida. Uno de ellos le pide: Señor, enséñanos a orar.
Y Jesús, en un clima de confianza, donde se comparte lo más íntimo, les muestra su corazón. “Cuando oréis decid: Padre”. No podía decirles otra cosa, porque orar es estar con el Padre que tanto nos ama. Jesús presenta al Padre como un amigo que anima al amigo, como un amigo a quien se le puede llamar e importunar a deshora. El Padre siempre tiene preparado el pan para sus amigos. Aunque estén dormidos se lo da.
Por eso Jesús les enseña que pidan con confianza y perseverancia, porque Dios no tiene nunca la puerta cerrada, ni el teléfono desconectado. Tiene siempre el oído abierto para dar lo mejor, el Espíritu Santo, a los que se lo pidan.
Orar también en verano:
Haz un alto en tu jornada para orar. En el silencio y soledad se te recrea la vida.
Trata con el Padre, como con el Amigo o el Amado entrañable del alma.
Pide que el Reino (amor) llegue a todos los rincones, que la comunidad encuentre lo que necesita (pan, perdón, ayuda) para continuar el camino.
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