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miércoles, 23 de marzo de 2011

Homilías y Recursos para la Homilías: III Domingo de Cuaresma (Juan 4,5-42) - Ciclo A


Publicado por Agustinos España

"DAME DE ESE AGUA"

En el tercer domingo del Tiempo de Cuaresma, las lecturas de la misa de hoy nos hablan de la vida divina que la Dios dona a los que creen en El. Esta vida está representada por el agua viva, que es Jesucristo.
El tema del agua, elemento imprescindible para la vida y símbolo del bautismo, recorre toda la liturgia
En la primera lectura, Dios hace brotar agua de la roca para que beba el pueblo sediento en el desierto. A partir de allí, el Señor es llamado en el Antiguo Testamento Roca, como lo vemos en el Salmo que dice: Vengan, cantemos con júbilo al Señor. Aclamemos la Roca que nos salva!.
El agua viva que en los cristianos bautizados se convierte en un manantial que brota hasta la vida eterna, es Jesucristo, don gratuito del amor de Dios. Este amor gratuito nos lo recuerda San Pablo en la segunda lectura “el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones”.
El Evangelio nos presenta la escena del encuentro del Señor con la samaritana. Los judíos odiaban a los samaritanos. Por otra parte, en ese tiempo era muy mal visto entablar conversación con una mujer en un lugar público. Jesús, sin embargo, supera los prejuicios de raza y las conveniencias sociales y empieza a conversar con la samaritana. En la persona de esta mujer el Señor acoge a la gente común de Palestina. Es verdad que no era judía, sino samaritana, es decir, que era de una provincia diferente, con una religión rival de la de los judíos. Pero tanto samaritanos como judíos creían en las promesas de Dios y esperaban un Salvador.
Cuando se entabla el dialogo con el Señor, la primera inquietud que muestra la samaritana es la de calmar su sed. Los antepasados del pueblo judío andaban errantes con sus rebaños de una fuente a otra. Los más famosos (como Jacob) habían cavado pozos, en torno a los cuales el desierto empezaba a revivir.
Así somos los hombres: buscamos por todas partes algo para calmar la sed y estamos condenados a no encontrar más que aguas dormidas o estanques agrietados, como lo dice el libro del Génesis. Jesús, en cambio, trae el agua viva, que es el don de Dios, a sus hijos e hijas y que significa el Espíritu Santo (7,37).
Cuando hay agua en el desierto, aunque no aflore en la superficie, se nota por la vegetación más tupida. Lo mismo pasa con nosotros: nuestros actos se hacen mejores, nuestras decisiones más libres, nuestros pensamientos más ordenados hacia lo esencial. Pero no se ve el agua viva de la que proceden estos frutos; ésa es la vida eterna contra la cual la muerte no puede nada.
La mujer samaritana tenía una segunda inquietud: conocer ¿Dónde está la verdad? Jesús le dice: Has tenido cinco maridos... En esto expresa el destino común de la gran mayoría de la humanidad, que ha vivido sirviendo a muchos dueños o maridos y, finalmente, no tienen a quien poder reconocer por su Señor.
Visto desde un ángulo diferente, este encuentro en el pozo de Jacob es la historia de nuestro propio encuentro con Jesús; los caminos por los que Jesús lleva a esa mujer a reconocerlo y a amarlo son los caminos por los que lleva a cabo nuestra conversión paso a paso. Al final la mujer se hace discípula de Jesús, y por su propia experiencia se hace también su apóstol (39). El conocimiento de Jesús es la fuente del apostolado. Evangelizar es compartir nuestra experiencia con otros.
Vamos a pedir hoy al Señor, en este tiempo de Cuaresma, que es tiempo de conversión interior, que nos dispongamos a recibir el Agua Viva que Jesús nos ofrece, como lo hizo con la samaritana, sin reparar en su vida anterior. Da tu agua viva, Señor, a todos los sedientos de verdad, para que su sed quede eternamente saciada.


RECURSOS PARA LA HOMILÍA


1. El libro del Éxodo nos anuncia el agua viva por contraste. Rafidim, en plena estepa del Sinaí, es un sequedal donde no hay ni pizca de agua, y como el agua es elemento de primera necesidad, es natural que el pueblo de Israel, después de su liberación de Egipto y devorado por la sed, acuda a Moisés protestando, como casi siempre, por las carencias del desierto: "¿Nos has hecho salir de Egipto para matarnos de sed?" Éxodo 17,3. Los hombres normalmente queremos ver satisfechas nuestras necesidades en cuanto aparecen. Aquella necesidad era de “primera”, pero la confianza en el Señor debe prevalecer sobre ella. Vemos lo de la tierra como prioritario y único. El Señor y sus planes quedan lejos, y nos dejamos ganar por la inmediatez. Basta hacer un recuento de nuestras vicisitudes vitales para que nos demos cuenta de que a todas ha subvenido el Señor, no siempre a nuestro gusto, pero siempre ajustado a su línea programática, que nosotros desconocemos y por eso nos rebelamos, a menos que estemos superdotados de fe y de espíritu de sacrificio. Aquellos caminos sinuosos que considerábamos absurdos e injustos, tenían sentido y, aunque aún no los sepamos descifrar, no habrán quedado al margen de la providencia de Dios. Tienen sed los israelitas en el desierto y es natural. Tienen sed de trascendencia sobrenatural, ellos y todos los hombres, que sólo Dios puede saciar, porque El nos ha hecho para El. Preguntaba el pueblo: "Está o no está con nosotros el Señor?". Llegó Moisés, y ante la expectación de todo el pueblo, golpeó la roca, y brotó un chorro grande de agua. Y San Pablo dice "y la roca era Cristo" (1 Cor 10,4). El agua de la roca era la respuesta al pueblo que dudaba desconfiado y POR eso preguntaba por la presencia de Dios en el desierto con ellos: El chorro generoso de agua era la respuesta a su interrogación: Sí que está, y sigue estando y estará Dios con el pueblo, saciando su sed, de una manera total e integral, individual y social. Jesús es la fuente de agua viva, que va a ofrecer a la samaritana.

2. "He sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15,24). Galilea es evangelizada. Lo es también Judea. ¿Qué pasa con Samaría? ¿No recibirá la Buena Noticia?. Sabemos que una vez quisieron apedrear a Jesús y a sus discípulos, por lo que Juan y Santiago pidieron a Jesús que hiciera bajar fuego del cielo (Lc 9,54). Nos es conocido que por cismáticos, siendo parte de Israel, odian ferozmente a los judíos. ¿No habrá manera de que puedan recibir el influjo de la Palabra de Jesús?. Para Galilea y Judea Jesús ha elegido hombres. Para Samaría va a elegir a una mujer. Por tanto, Jesús en la samaritana no va a convertir a una pecadora, va a elegir una evangelizadora. Jesús va de Judea a Galilea. Pudo haber hecho el viaje por el valle del Jordán, aunque esta ruta, sobre todo en mayo, era más incómoda por el calor sofocante y agotador de la orilla del río, que discurre bajo el nivel del mar. Por eso, como la mayoría de los que hacían este recorrido, Jesús con su grupo, se decidió por la montaña, y porque esperaba manifestarse a una persona, que sería la semilla de la predicación para toda una comarca, de otro modo inaccesible.

3. Nos conviene, ante la nueva evangelización, observar el procedimiento de Jesús en el trato con las personas y en su apertura a la buena noticia. ¿Cómo va a abordar a esa persona? Jesús está cansado por la fatiga del camino y se ha sentado junto al pozo de Jacob, no sólo pozo, sino manantial, en Siquem (Nablus), cerca de la tumba de José, por donde Abraham hizo su entrada en la tierra prometida, en la región palestinense de Samaría. Es mediodía y llega una mujer a sacar agua. Los judíos son enemigos de los samaritanos. Se detestan brutalmente. Pero Jesús, no sólo no es enemigo de nadie, sino que está sediento del amor de todos. “Que soy Dios y no hombre, enemigo a la puerta”. Jesús abre el diálogo. Comienza humillándose. ¡Que me pida él a mí!. Yo me mantego en mi sitio! ¡Que me busquen ellos!. Sin embargo, pedir algo, es un resorte psicológico para simpatizar con cualquiera y romper la barrera de la distancia: "Mujer, dame de beber". Hoy diríamos: “dame fuego”. La mujer se extraña y lo manifiesta: "¿Como siendo judío?"... -"Si tú conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tu y él te daría agua viva". La samaritana entiende las palabras en sentido literal, ¡cómo va a entenderlas!. Jesús, que es maestro en el arte de subir de lo terreno a lo celestial, ofrece un agua de otra naturaleza, trascendente. Agua que puede satisfacer las necesidades más profundas del corazón humano.

4. "Señor, dame esa agua". Sólo quien ha experimentado la sed del desierto, como los israelitas en Rafidim, está capacitado para entender el valor del agua, que se convierte en el símbolo de lo único que puede satisfacer profunda y plenamente al hombre. Sólo quien ha experimentado la sed ardiente de Dios, sabe valorar el precio del Agua Viva de la gracia.

5. Un fariseo ni siquiera hubiera dirigido la palabra a una mujer, ni menos la hubiera estado esperando, ni hubiera recorrido tan largo camino, hasta cansarse, pues ni los rabinos ni ningún hombre podía hablar en la calle con una mujer. El escándalo pues, estaba servido. Como sucede a menudo, en un primer encuentro después de haber hablado de cosas triviales e intrascendentes, aflora el problema verdadero. No perdamos de vista que esta mujer es elegida para evangelizar aquella comarca. Por otra parte, conviene saber que Cristo no podía acceder a Samaría, como lo hacía. sin dificultad en las sinagogas de Galilea y en Judea, y en Jerusalén en el templo. De ahí que tenga que hacer su catequesis a campo libre, junto a un pozo. Está en Israel y ha sido enviado a predicar en Israel. Samaría es una región cismática. Tienen su templo, rival del de Jerusalén, en el monte Garizim, y de los libros revelados, sólo aceptan el Pentateuco. ¿Dónde predicará Cristo? A la intemperie. Se pone de manifiesto el sentido de adaptación de Jesús para cumplir “la obra” que le ha encomendado el Padre. ¿Quién proclamará la buena noticia en Samaría? Los judíos son mal recibidos. Se lo encargará a una mujer samaritana Pero no se puede recibir tal encargo sin haber sido antes curada. La samaritana tiene un problema personal, que le preocupa poco, dado el ambiente social sincretista del país en el que vive. Por eso Jesús le va a ofrecer la vida, sin que ella ni se arrepienta, ni él le ofrezca el perdón, como hará con la adúltera. En Judea se tiene una conciencia más estricta que en Samaría. Sobre todo los que la acusaban y acosaban. ¡Cuántas mujeres viven aquí tan campantes en situación semejante o peor que la samaritana! "Bien dices: no tengo marido; porque cinco tuviste, y el que ahora tienes no es tu marido". El sexto marido no es obstáculo para que Jesús le ofrezca la vida y ella pueda recibir esa agua. Jesús le va a dar el agua de su revelación de Mesías, aún sin romper con ese marido. ¿Acaso le preguntó a Simón Pedro, o a Andrés o a los otros apóstoles por su vida privada? La va a evangelizar y la dejará con su responsabilidad y su conciencia, al igual que al recaudador y a Zaqueo. La buena noticia es por sí misma vivificante y exigente. Anunciada por Cristo, debió de ser irresistible, atrayente, positiva, luminosa y deslumbrante, con sabor a Dios y a felicidad. La felicidad que ella andaba buscando inútilmente. Entonces, ¿por qué Jesús le desvela su situación personal? Para darle a la mujer una prueba de que él no es uno de tantos, para que acepte el evangelio. De hecho ella decidirá que es un profeta, porque “me ha dicho todo lo que he hecho”: "Anda, trae a tu marido". "No tengo marido".

6. Ni un reproche, ni las preguntas de dónde y de cuándo y cuántas veces. Nada de hurgar la herida, que es ignorancia y un poco de rencor o una especie de resentimiento. Se remonta y en vez de ponderarle el mal que ella ha hecho le habla de la riqueza que él le quiere dar. Basta que la desee. El que ha visto a Dios, o sabe ver y decir a qué sabe Dios, no necesita magnificar el pecado, que es contraproducente e indica falta de sensibilidad y delicadeza. ¡Bastante humillado está ya el pecador! Así obra Jesús también con la adúltera, con Zaqueo, con Leví el publicano y con el hijo pródigo. Su padre no le pregunta: ¿De dónde vienes? ¿Dónde has gastado el dinero? Jesús mira al pecador para que se entregue. "Mirar Dios es amar" (San Juan de la Cruz). Lo otro es mirarse a sí. A Dios no le duele el mal que le hacemos al pecar, sino el que nos hacemos nosotros por ignorancia: "Perdónalos, no saben lo que hacen". Nos quiere felices y ve que nos hacemos desgraciados cuando nos alejamos.

7. Ella intenta escabullirse con preguntas curiosas que desvíen la conversación, echa balones fuera. Es igual, ya está cazada. Y, como ha hecho oración: "dame esa agua", aunque ha sido de manera interesada, "para no tener que venir aquí a sacarla", Jesús que ha dicho: "Pedid y recibiréis", se la da, y se revela, por primera vez, como Mesías: "Yo soy el Mesías: el que habla contigo". La samaritana al contacto con Jesús, ha ido descubriendo gradualmente primero a un judío, después a un señor. Si se le notaba la clase de lejos y al instante, ¿qué sería de cerca y oyéndole hablar, y, sobre todo una mujer, que tienen una intuición singular?. Reconoce también en él a un profeta. Por fin, al Mesías. Y los samaritanos, han terminado conociendo: "al Salvador del mundo" Juan 4,5. Es la única vez que en el Evangelio se le llama así.

8. Cuando se tiene un conflicto interior, queda bloqueada la Palabra. La samaritana comienza a entender. Los cinco maridos que ha tenido no han llenado su sed de infinito. Cada uno de ellos comenzó gustándole y terminó encontrándole fallos y aburriéndole, hastiándole. Ahora vive con el sexto. ¿Cuánto le durará? Durante la decadencia del Imperio romano, había llegado la corrupción a tal extremo, que las matronas no contaban los años por los cónsules, sino por sus maridos sucesivos. En nuestra sociedad los divorcios han dejado de ser mal vistos. ¿Están satisfechos? El epicureísmo de antes de Cristo, el hedonismo, el materialismo, domina entre gran parte de nuestros conciudadanos. Comenzamos a zapear en la televisión y en todas las cadenas nos sirven lo mismo, pues por lo visto hay demanda, porque la publicidad mide el índice de audiencia. Como si los 2000 años de cristianismo se hubieran esfumado.

9. "Señor, veo que tú eres un profeta". El profeta ha desnudado su vida. Ella se siente desnuda, como Eva en el paraíso, experimenta su debilidad, se siente criatura. Comienza a darse cuenta de sus pecados. Ante Jesús ya no valen las caretas. Todos andamos por el mundo disfrazados e infelices por dentro. Ante Dios no valen ni palabras, ni excusas, ni disimulos. Sólo cuenta la verdad ante él y la humildad y la confianza en su misericordia. La confesión nos humilla y por eso la dejamos, y cada día somos más infelices, aunque tengamos todos los cargos, honores y prestigio que hayamos buscado o cultivado. Los ataques a la Religión y concretamente al cristianismo, son como una protesta interior de no querer ver en espejo nuestra pobreza, miseria y debilidad. Y, como niños, rompemos el espejo. Si conociéramos el Don de Dios y quién es el que nos está pidiendo de beber y ofreciéndonos agua viva, caeríamos en sus brazos como pequeños desamparados y pobres.

9. A nosotros, y a todos, como a la samaritana, Cristo nos dice que el que bebe de esa agua vuelve a tener sed. ¿Qué remedio, pues? "El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: porque esa agua se le convertirá dentro de él en un manantial que salta dando una vida sin término". La mujer, evangelizada por Jesús, comienza a pedir: "Señor, dame de esa agua para que no tenga que venir a sacarla de aquí". Quiere traducir las palabras de Jesús en eficacia material. Como pidieron los judíos cuando multiplicó los panes: "Danos siempre de este pan".

10. Cuando se escucha la palabra pensando en su utilidad, no se aprecia el don de la Palabra y sus exigencias, sino que se vive para poder hablar o para conseguir salir airosos en nuestro cometido; se intenta hacer que todo converja en el éxito apostólico y ascético, pastoral y personal: se cifra el objetivo en adquirir claridad de ideas, que nos broten intuiciones nuevas, ideas originales para sí y para los demás, pero afecta poco o nada nuestra vida, no se obra nuestra conversión, que es el objetivo principal a estas alturas de la Cuaresma.

11. "Dame de esa agua". A Santa Teresa le encantaba esta oración y tenía pintada en su celda la escena de la samaritana. Para ella esa agua viva era la contemplación infusa, el don de Dios, todos los bienes mesiánicos, la paz, la alegría, la plenitud.

12. Pero conviene no polarizar el mensaje de esta lectura en el personaje de la Samaritana, tan insinuante y atractiva, en perjuicio de otras dimensiones de la perícopa. Pretende toda ella valorizar el Don de Dios, simbolizado en el agua, que es Cristo, su amistad, su seguimiento, nuestra divinización y plenitud. Es la perla preciosa el tesoro escondido en el campo (Mt 13,44). El que lo encuentra se hace rico. Es lo mejor que le puede pasar. El testimonio de la mujer samaritana fue convincente. Hablaba de su propia vida y contagiaba la sed que el Maestro le había puesto en el corazón. La había sembrado Cristo, y la cosecharán después los discípulos, cuando ya resucitado y subido al cielo, tengan que venir, anunciada a Jerusalén la cosecha por el diácono Felipe, Pedro y Juan (He 8,14) para imponerles las manos y confirmarlos. “Vosotros recogéis lo que otros han sembrado”. “Uno es el que siembra y otro el que recoge”. La seguridad de la cosecha es estímulo para seguir sembrando, aunque no la veamos, ni la cosechemos nosotros. El encuentro vivo con Cristo, como el de la samaritana, es el que hace al cristiano convincente y persuasivo, y ese encuentro sólo lo conseguiremos en la oración. Sin oración, los sembradores siembran granos vacíos, sin germen de vida, consiguientemente estériles. “Qué piensas tú que es predicar? ¿Estar hablando una hora de Dios? No. Que venga a ti un demonio y salga hecho un ángel”, escribió San Juan de Ávila.

13. Hagamos nuestro acto de fe como los samaritanos, y prometamos con el salmo, que enlaza la primera con la tercera lectura: "Escucharemos tu voz, Señor. Demos vítores a la Roca que nos salva; démosle gracias al son de instrumentos. Que somos su pueblo y el rebaño que él guía. No endurezcamos el corazón, como nuestros padres en Masá y Meribá" Salmo 94. Ablandemos el corazón roto por la contrición, rechazando las tentaciones actuales de nuestro actual desierto, contra la actitud de nuestros padres en el suyo, donde rechazaron a Dios y rompieron su Alianza, para recibir con fruto la sagrada eucaristía, Agua Viva, Sacramento Nupcial de la Nueva Alianza en la Sangre de Cristo, Viviente y gloriosa.

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