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sábado, 18 de febrero de 2012

Comentarios Biblícos y Pautas para la Homilia: VII Domingo del T.O - Ciclo B (Mc 2,1-12)


Publicado por Dominicos.org

"Mirad que realizo algo nuevo, no penséis en lo antiguo".

La liturgia de este domingo, VII del tiempo ordinario está centrada en el perdón de los pecados y la liberación integral del hombre, alma y cuerpo. Es la novedad que realiza el Señor y anuncia Isaias en la primera lectura: ¿No lo notáis?, mirad que realizo algo nuevo, no penséis en lo antiguo. Isaías nos presenta un Dios que es Padre y por eso nos ama y perdona las infidelidades de su pueblo… Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.

Esta Novedad se hace evidente para nosotros en Jesús de Nazaret. Marcos lo expresa muy vivamente en estos primeros capítulos de su evangelio. Jesús anunciaba el Reino de Dios, que ya ha comenzado, la buena nueva. Los signos de este Reino se hacen presentes en sus milagros que buscan la liberación de la persona, porque Él no pasa indiferente ante el dolor o el sufrimiento humano. Es una liberación porque no solo cura las dolencias físicas, sino aquellas otras más profundas. El relato del paralítico que hoy comentamos, expresa muy bien esa preocupación por la salud integral, física, psicológica y espiritual del hombre.

Esta es la novedad del amor del Padre, presente en Jesús, que sale al encuentro del ser humano para sacarle de su postración.

Fr. Jesús Mª Gallego Díez O.P.
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

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Comentarios Bíblicos

Primera Lectura: (Isaías 43,1.8-19.21-22.24b-25)

Marco: El contexto es la parte dedicada a contemplar y exponer la liberación y retorno a Jerusalén finalizado el exilio de Babilonia (Is 40-48). El proyecto de liberación se llevará a cabo por obra del rey persa Ciro al que, curiosamente, se le califica el Ungido del Señor, es decir, el instrumento elegido por Dios para liberar a su pueblo.

Reflexiones

1) ¡Todo está dispuesto para que Dios realice un nuevo éxodo!

Mirad que realizo algo nuevo... El profeta-poeta tiene presente la epopeya del éxodo de Egipto ya que una de las intenciones del autor es presentar la liberación del exilio mirando como modelo aquel acontecimiento y ofreciendo una nueva interpretación de la acción de Dios. Esta obra nueva que Dios se dispone a realizar no será inferior, en lo que se refiere a la intervención del poder salvador de Dios, a la antigua. En la descripción de la nueva gesta salvadora y liberadora que prepara para su pueblo y que ya está a punto de realizarse, se dirige la mirada a los portentos realizados en el éxodo. Israel es el pueblo formado especialmente por Dios (Dt. 32,7ss). Y la finalidad era proclamar su alianza. El proyecto salvador de Dios se mantiene siempre en vigor. Dios sigue siendo fiel a su palabra. Hoy como ayer es necesario anunciar que el proyecto de Dios es un sí mantenido por su parte. Los hombres de hoy necesitan motivos de esperanza y confianza en un Dios providente y atento a las necesidades de los hombres.

Segunda Lectura: (2Corintios 1,18-22)

Marco: 2 Corintios es un conjunto formado por, al menos, cuatro cartas paulinas escritas todas en diferentes fechas pero relacionadas con la misma situación histórica y con un tema central que aparece en todas: la defensa de la legitimidad de su apostolado puesto en duda por algunos corintios y que le provocaron amargos y continuados sinsabores.

Reflexiones

1.) ¡Pablo recurre al testimonio del mismo Dios!

¡Dios me es testigo! Asombroso comienzo que indica y revela el estado de ánimo de Pablo y la situación real de la comunidad que ha llegado a dudar muy seriamente de la legitimidad de su apostolado. Esta exclamación entendida en el marco de la historia de la salvación quiere expresar la firmeza, la seguridad, la gravedad y la fuerza del recurso a que acude Pablo. Invocar a Dios como testigo (y no un hombre) eleva la pretensión de Pablo al último rango. El Deuteronomio recoge la afirmación de que el testimonio de dos o tres testigos resuelve todo litigio. Pero Pablo recurre al testimonio del propio Dios. Este pensamiento ha sido desarrollado ampliamente por la escuela joánica pero puesto en labios de Jesús. Esta referencia a Dios mismo como testigo es poco frecuente en la literatura del Nuevo Testamento. Quizá por ello llame más la atención y quiera advertir a los lectores de la gravedad de la situación. Pablo ha expresado en otras ocasiones que él no ha recibido el encargo apostólico de hombres sino de Jesucristo y de Dios mismo (G1 1,1 lss; 2,8). El origen de su vocación apostólica está en Dios mismo. Y a Él recurre cuando esta autoridad es puesta en duda. Los primeros perjudicados por esta duda y rechazo son los propios corintios, porque ello significaría que su entrada en la fe se fundamentaba en cimientos muy efímeros y endebles, por eso la defensa de su dignidad de apóstol no es una cuestión de prestigio personal de Pablo, sino un asunto que alcanza a la salvación de los corintios. Son ellos los más importantes actores de este drama y los más afectados por los mismos.

Evangelio: (Marcos 2,1-12)

Marco: El contexto es el camino del Mesías que intenta manifestarse al mundo. El contexto próximo es que Jesús se encuentra de nuevo en Cafarnaún y manifiesta una autoridad que exaspera a los adversarios (2,1-3,6). Sus obras de poder no suscitaron sólo asombro y admiración, sino también, al menos en algunos de sus oyentes, la repulsa y la obstinación.

Reflexiones

1. ¡Pedían la curación y se les ofreció el perdón!

Él les proponía la Palabra... Hijo, tus pecados quedan perdonados. La vuelta de Jesús se entiende después de alguna correría apostólica en los alrededores. Marcos esquematiza al máximo para que podamos seguir mejor el hilo de su relato. Él tiene la mirada puesta en la manifestación de Jesús y el resultado que la misma produce en sus oyentes e interlocutores. De nuevo Marcos insiste en la casa. Es para él un recurso literario para ubicar su relato. Para proclamar la Palabra pues para esto ha sido enviado. Es necesario observar que para los evangelistas lo más importante en la tarea de Jesús es la evangelización, la oferta al hombre de la Palabra de Dios de la que es portador. Nos lo recordaron cuando narraron las tentaciones de Jesús. Heredero de la mejor tradición deuteronomista, Jesús sigue el mismo proceder: el hombre vive por la Palabra de Dios. En consecuencia, Jesús ocupa la mayor parte de su tiempo en anunciar la Palabra salvadora y liberadora. Y de nuevo Marcos omite una referencia más explícita al contenido de esa Palabra anunciada. Forma parte de su estilo y de su forma de componer. En primer lugar, es necesario observar los detalles narrativos. Esta escena supone un buen conocimiento de la forma de construir las viviendas en tiempos de Jesús. Se aprovechaba la bajada de una colina para construir la casa de forma que estuviera recostada en la misma. De este modo una parte de la casa la constituía el muro excavado en la misma colina. Así se entiende mejor cómo pudieron subir hasta el tejado con el enfermo en su camilla y el gesto de descenderlo hasta colocarlo en presencia de Jesús. Marcos describe los acontecimientos con viveza singular y es necesario valorarlo para entender mejor lo que quiere transmitir. A Marcos le gusta, lo que podríamos llamar; la teología narrativa, es decir, expresar y proponer lo que piensa de Jesús y su misión a través de acontecimientos, narraciones y relatos. También los otros evangelistas lo hacen, pero no de la forma tan intensa y cuidada como lo hace Marcos. En el relato mismo, Marcos inyecta la fuerza y vigor de su pensamiento.

Un elemento esencial aparece ahora y que está presente en todas las obras maravillosas de Jesús: la fe. Los relatos de milagros van siempre acompañados de una referencia expresa a la fe de los que lo solicitan. Los milagros de Jesús no son obras de magia (por cierto muy extendida en su tiempo, tanto en el mundo judío como, sobre todo, en el mundo griego). Los milagros de Jesús son un encuentro entre Dios y el hombre por medio de su Enviado. Dios manifiesta su poder a través de Jesús, pero es necesario que el hombre se abra a esta acción de Dios mediante una apertura personal a Él por medio de la fe. La fe es entendida de un modo muy dinámico por los autores del Nuevo Testamento: la apertura del hombre Dios, la adhesión sincera a ese Dios y la seguridad en un Dios que actúa con amor para la salvación. La salvación es así un encuentro personal entre Dios y el hombre en su totalidad personal y no sólo la adhesión de su inteligencia que, por cierto, la incluye y de modo muy especial. La fe es lo que importa ante un milagro, dice Marcos una y otra vez. Los portadores buscaban la curación del paralítico. Pero cual no sería su asombro cuando oyen decir a Jesús: Hijo, tus pecados quedan perdonados. ¿Es la parálisis un fruto y resultado de un pecado anterior cometido por el que la sufre? ¿Sigue estableciendo Jesús una ecuación y relación estrecha de causa a efecto entre el pecado y la enfermedad? ¿Cómo entender esta forma de intervenir Jesús? El narrador quiere que el lector vaya más lejos de la misma curación que, al fin, se va a producir. Es necesario abrir bien la mente y el corazón para alcanzar todo el sentido de la escena. La enfermedad no es fruto de un pecado, ciertamente, pero el pecado es mucho más serio que la enfermedad. La esclavitud moral del hombre es más profunda, amplia y grave que la esclavitud del cuerpo atenazado por la parálisis.

2.) ¡Los letrados y los piadosos fariseos acusan a Jesús de blasfemo!

Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? Los letrados razonan con su lógica: sólo Dios puede perdonar los pecados; este hombre se atreve a perdonar pecados por propia autoridad; este hombre se ha arrogado un derecho exclusivo de Dios; por tanto, este hombre es un blasfemo. Y ya se sabe el destino, pronto o tarde, de los blasfemos: la muerte por lapidación y consiguiente suspensión del cadáver. El dramatismo de la escena es sobrecogedor gracias al arte narrativo de Marcos que nos hace ver con nuestros propios ojos los detalles de todos: de Jesús, de los letrados, de los transportadores, del paralítico y de los asistentes. La curación corporal es un signo visible de otra curación. La intervención de Dios a través de Jesús en el cuerpo del paralítico tiene como finalidad conducir a los presentes a otra forma más urgente de liberación y curación. Los milagros están al servicio de la salvación y del proyecto de Dios. No son caprichos de Jesús, si se puede hablar así sin faltar al respeto debido al Maestro. Son urgencias que invitan a entrar en otro mundo. Y es ese mundo el que interesa a Jesús: Dios prometió y ahora realiza la liberación total del hombre. Y ésta pasa necesariamente por el perdón de los pecados que son la raíz de todas sus esclavitudes. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios porque nunca habían visto una cosa igual. Esta es precisamente la novedad del Evangelio de Jesús: establecer una relación nueva del hombre con Dios; restablecer el primer proyecto de Dios que era de vida y de comunión roto por el pecado. Jesús ha venido a restañar las graves heridas producidas en el corazón del hombre por su rebeldía contra Dios. La sombra de la cruz sigue planeando en todos los relatos y enseñanzas de Marcos. Y esto no es una blasfemia, esto es la manifestación más realista y convincente, por su plasticidad, del proyecto amoroso del Dios indulgente y abierto a la reconciliación con el hombre.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)


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Pautas para la Homilía

Como en los domingos anteriores, el evangelio de Marcos sigue presentándonos la función salvadora de Jesús: la llamada a la conversión que siempre va unida a la acción sanadora porque para él era la autentica liberación de los males, tanto físicos como morales, que aquejaban a los hombres y mujeres a los que se dirigía.

El evangelio de hoy es muy rico en detalles significativos, todos ellos tienen una intencionalidad muy clara, poniendo de relieve la novedad mesiánica que rompe esquemas del pasado y libera al hombre de opresiones, miedos y prejuicios.

Jesús les proponía la palabra en casa.

Es una novedad, ya no es en un lugar sagrado como el Templo o la Sinagoga, es un ámbito nuevo no ligado al poder o a la autoridad de la clase dirigente. Después, a lo largo de su vida ministerial, le veremos a Jesús enseñando y curando en sitios diversos, más allá de lo convencional y nos dirá que no solo el Templo es sagrado, sino la comunidad de los hermanos que se reúnen en su nombre, y sobre todo los pobres, los necesitados de ayuda son lugares donde está Dios y donde le podremos encontrar.

Llegaron cuatro hombres trayéndole un paralítico…. Viendo la fe que tenían…

Le traen un paralítico, es decir un hombre, invalido, hundido en la pasividad que tiene que ser llevado a la pequeña casa por cuatro amigos de una forma muy laboriosa. Jesús ve su fe, se da cuenta del esfuerzo que han realizado y, sin que hablen, sin que le pidan nada, llama hijo al paralítico, le perdona sus pecados. La fe para Jesús a lo largo del evangelio siempre tiene un componente afectivo, no es un asentimiento puramente racional, es ante todo la confianza y la seguridad en un Dios que ama y comprende a sus hijos.

Por eso esta escena de la curación del paralítico nos enseña el poder de la fe y cómo hemos de situarnos en nuestras relaciones con Dios, y más en concreto como debe ser lo que llamamos la oración de petición. En general nosotros la centramos en exponer, con muchas palabras, nuestros deseos, esperando soluciones muy elaboradas por nosotros mismos ante situaciones concretas. Pero solemos olvidar que debemos tratar a Dios como a un Padre a quien exponemos nuestra angustia y preocupaciones, a veces sin palabras, y no le tenemos que decir nada nuevo sino estar ahí en silencio, porque ya de antemano conoce nuestras necesidades y sale a nuestro encuentro. Así era la fe de aquellos hombres.

Hijo, tus pecados te son perdonados

La intencionalidad de Jesús al decir “tus pecados te son perdonados”, es muy clara En la figura del paralítico nos ha querido mostrar, una vez más, el mensaje de liberación mesiánico. Al perdonar los pecados va más allá del hecho concreto de la curación de una enfermedad puntual, busca la curación que podíamos llamar integral de la persona y asegura al paralítico que Dios le perdona sus pecados. Las enfermedades de este tipo eran una maldición de Dios, un castigo por el pecado suyo o familiar. La consecuencia para el enfermo era el estigma social, el sentirse diferente, que conducía a la culpa y la angustia paralizante. Todo esto, y mucho más, estaría presentes en la mente de Jesús al curarle y devolverle la paz interior, la dignidad perdida, la liberación de prejuicios y culpas. Con el perdón de sus pecados este hombre encontró a Dios y se ha encontrado a sí mismo.

¿Quien puede perdonar los pecados sino Dios?

Jesús, el profeta nuevo que aparece en Galilea, se presenta como el Hijo del hombre que habla en nombre de Dios y perdona los pecados. Esto alarma y escandaliza a los letrados, que pasaban por ser gente sensata, vigilantes de la conducta ajena con la disculpa de defender la ley, pero desconocedores del amor de Dios, que también estaba en las Escrituras. Su religiosidad se centraba en el cumplimiento estricto de la ley y la norma. Para ellos el perdón era fruto del esfuerzo humano y no de la gratuidad que viene de un Padre que es amor. Esto no cuadraba con sus ideas, por eso acaban diciendo: “Este blasfema, ¿quien puede perdonar los pecados fuera de Dios?”

Jesús se da cuenta de sus pensamientos, pero no viene a discutir, ni a condenar a nadie. Sabe que existe el pecado y la culpa, pero le interesa mostrar la novedad de la compasión del Padre, siempre dispuesto al perdón. Por eso les dice: ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar los pecados… Entonces le dijo al paralítico:

Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa...

El paralítico se levantó. Es una persona nueva que encuentra un camino nuevo a seguir, se ha liberado de lo antiguo, de la culpa, de sus miedos sociales y recelos, que le condenaban a la pasividad, ya no es el que no espera nada de los demás ni de “sí mismo” Ha recuperado su autoestima, se ha sentido amado por un profeta, que no sabe quien es, pero que le llama hijo y le habla en nombre de Dios. En resumen, ha encontrado la confianza en sí mismo y en un Padre que al ofrecerle el perdón liberándole de sus taras le invita a caminar y asumir sus responsabilidades.

Se quedan atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto nada igual.

Ante esta frase final del relato evangélico, los cristianos de hoy, con la fe más adulta que los paisanos de Jesús, no podemos permanecer en un estado de asombro, ni quedar atónitos ante sus milagros, hemos de avanzar un poco más, con el dinamismo que nos exige la fe, para ponernos al servicio del Reino.

Fr. Jesús Mª Gallego Díez O.P.
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)