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viernes, 23 de marzo de 2012

V Domingo de Cuaresma (Jn 12,20-33) - Ciclo B: RUTINIZACIÓN DEL MENSAJE



“Quisiéramos ver a Jesús”. Y ¿quién no?, comentará alguno. En efecto, unos griegos, convertidos al judaísmo, que habían acudido en peregrinación a Jerusalén por Pascua, se acercan a dos de los apóstoles, Felipe y Andrés, para que hagan de intermediarios con el fin de llegar hasta Jesús. Este “queremos ver” no se reduce a verle simplemente. Ellos buscan algo más: conectar con él, hablar con él. El ser humano es insaciable en cuanto al ver,: quiere ver todo y a todos. En esta tendencia se apoya el éxito de la televisión y del turismo y de otras manifestaciones más discutibles como el cotilleo en los barrios y en los portales.

¿Existe la misma afición, el mismo interés por ver a Jesús?. La respuesta es compleja. ¿Nosotros le queremos ver?. La segunda pregunta sería ¿para qué y por qué?. ¿Por curiosidad?. ¿Para comprobar si es guapo o no?. O ¿para hablar con él de cuestiones importantes, para expresar las dudas que abrigamos?. Tal vez nos atreveríamos a echarle en cara algunas cosas con las cuales no estamos de acuerdo, quizá para hacerle algunas peticiones urgentes. No cabe duda que actualmente hay hombres y mujeres cuyo deseo más profundo es ver, conocer a Jesús, para descansar en él, para acertar en la orientación que damos a nuestra vida.

Pero resulta que al Jesús histórico, que recorría los pueblos de Palestina, al Jesús del que nos habla el evangelio de este domingo, ya no le vemos. Se ausentó definitivamente. Al despedirse, en el momento de subir a los cielos unos ángeles les dijeron a los apóstoles: que ese Jesús volvería al final de los tiempos. Mientras tanto, además de la eucaristía, nos ha dejado unos embajadores o representantes. Y son los débiles. En el juicio final nos dirá: “lo que hicisteis a estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicisteis”. Así que el pobre es más que representante, Jesús se identifica con él.
Para nosotros son interesantes los dos apóstoles: Felipe y Andrés, a quienes recurren aquellos peregrinos para que les faciliten una entrevista con Jesús. Los cristianos, consciente o inconscientemente, lo queramos o no, somos intermediarios ante las personas más o menos inquietas religiosamente. De hecho, nosotros, como cristianos, estamos dando una respuesta a los que nos rodean de cómo es Jesús.. La pregunta es si estamos dando respuestas del siglo XIX, respuestas doctrinales, a preguntas del siglo XXI y a preguntas vitales. Ciertamente nos equivocamos si damos respuestas de libro, teóricas. Las respuestas que valen tienen que ser vitales, basadas en el comportamiento. Hay cristianos que filtran una imagen rechazable de Jesús, mientras que otros ofrecen un perfil, una estampa atractiva y convincente.
No sé el porcentaje, pero para un número indeterminado de cristianos es posible que la figura de Jesús haya perdido frescura, atractivo. Hemos caído en lo que se llama “rutinización del mensaje”. Desde pequeños hemos oído una y otra vez cosas referentes a Jesús y ya nada nos llama la atención, nada nos impresiona. Curiosamente las dos mejores películas sobre Jesús son obra de dos directores agnósticos: una de ellas la de “Jesucristo Superstar”.

El evangelio de hoy nos sitúa en los últimos días de la vida de Jesús (no olvidemos que el próximo domingo iniciamos la Semana Santa). El ambiente en Jerusalén rezumaba tensión, nerviosismo. Por eso Jesús contesta a los dos enviados o emisarios: “Ha llegado mi hora”. No sé si todos tenemos en la vida “la hora” o nuestra hora. Pero sí hay momentos decisivos en los que nos jugamos mucho. “La hora” de Jesús se centra en la muerte y en la resurrección. Estos dos acontecimientos constituyen el núcleo de su vida. Para ilustrar este momento especial se sirve de una parábola brevísima: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Todo lo que tiene de breve lo tiene de expresiva. Se trata de una de una paradoja, es decir, de una aparente contradicción. Sucede que para tener una vida fructífera, fecunda hay que morir. Esto ocurre con el grano de trigo. “Aparente contradicción”, porque parece que cuanto más halaguemos, deleitemos al yo más felices seremos. Y no es así. Hace algunas semanas o meses se llevó a cabo un estudio de las profesiones. La pregunta era en cuál de ellas se encontraba mayor número de miembros felices. Salieron triunfadoras no aquellas en las que se ganaba más, sino aquellas cuyos miembros se dedican a los demás.

La hora de Jesús fue su muerte y su resurrección. La nuestra tal vez sea la misma o tal vez sea algún momento de nuestra vida ya vivido o que está por venir.