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sábado, 7 de abril de 2012

Domingo de Pascua de Resurrección (Jn 20, 1-9): VESTÍOS DEL HOMBRE NUEVO



Se encontraba en el jardín del monasterio un maestro zen con tres alumnos suyos: Hyakujo, Nansen y Chizu. En el cielo lucía bella la luna llena. Los cuatro contemplaban aquella maravilla y, tras un rato de silencio, manifestaron sus pensamientos.

Hyakujo comentó: “Esta es una noche ideal para organizar una ceremonia religiosa”.

Nansen dijo: “Esta es una noche perfecta para concentrarse en la meditación”.

Chizu declaró: “Esta es la mejor noche para contemplar la luna”. Tenía razón el último discípulo: la mejor noche para contemplar la luna, que estaba allá arriba invitando a admirarla.

De manera semejante podemos concluir que la semana santa y, en especial, la Vigilia Pascual de anoche y hoy, domingo de Pascua, domingo de resurrección, son para contemplar a Jesús, para conocer a Jesús. No, para fijarnos en otras cosas, en otros detalles como organizar una procesión o una representación de la pasión, que nos pueden distraer de lo más fundamental e interesante.

En el relato que comentamos lo obvio era “contemplar la luna” y en el momento nuestro “contemplar a Jesús”. Y a un Jesús triunfante, resucitado, vivo. No es que olvidemos o prescindamos del itinerario recorrido por Jesús a lo largo de estas últimas semanas. Ya le dedicamos su tiempo. Hoy contemplamos a Jesús, luz del mundo, representado en el cirio pascual de la vigilia pascual de anoche. Cómo encendimos nuestras pequeñas velas en la llama del cirio y cómo logramos iluminar la iglesia solo con las velas.

Hoy nos imaginamos a las piadosas mujeres que estaban preocupadas porque no sabían quién les iba a retirar la piedra que cerraba el sepulcro. María Magdalena, al llegar al lugar “vio la losa quitada”. Podemos aplicar la imagen de que nuestra sociedad actualmente sufre bajo el peso de una losa amasada con la situación económica o con el pesimismo reinante o con la falta de unos valores que los juzgamos necesarios y, sin embargo, no están de moda. Es preciso, quitar, retirar esa losa para ser libres, para poder volar, para que eliminemos la levadura vieja de la corrupción y de la maldad con el fin de ser criaturas nuevas.

Una pregunta destaca en este domingo: ¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?. Ha resucitado”. Nos cuesta aceptar este verbo “resucitar”. Percibimos con toda crudeza la presencia de la muerte, mientras que sentimos de forma mucho más débil la realidad de la resurrección. Sin embargo, nosotros no somos cristianos porque creemos en la cruz, en la muerte, en el pecado, sino porque creemos en la liberación, en la resurrección.

A nosotros se dirige el apóstol Pablo:”Los que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”. “Despojaos de la ira y de las groserías; vestíos del hombre nuevo”.

El que María Magdalena viera “quitada la piedra del sepulcro” evoca que todas las losas, que nos aplastan pueden ser retiradas. Los cristianos –no sé por qué razones- sintonizamos mejor con el Cristo sufriente que con el Cristo victorioso, resucitado. A los mensajes pascuales: “no temáis”, “alegraos”, “Id y anunciad”, “aspirad a los bienes de arriba, renovaos … les prestamos menos credibilidad.

La historia, que cuenta Aggrey sobre el águila y la gallina, enseña que muchos de nosotros podemos pensar, vivir como gallinas. Pero nosotros somos águilas. Abramos las alas y volemos. Esto mismo nos recuerdan las flores, la luz, el agua bautismal, el canto vibrante del Aleluya, tan abundantes en estas fechas.

“Es hora de asomarse al infinito,

de anunciar y cantar, trabajar y proclamar

que es posible un mundo nuevo y distinto. (…).

“Es hora de la Pascua, de la Resurrección

de brindar por la vida que el Señor sigue trayendo.

(…) “Es hora de esbozar una sonrisa

y ensanchar el corazón

para hacerlo más sensible, más fraterno”.

Volviendo al principio es hora de contemplar a Jesús y a Jesús victorioso, resucitado.