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sábado, 5 de mayo de 2012

Dom 6 IV 12. Viña es Jesús, Viña su Iglesia. Los "trabajadores" cristianos



Domingo 5 de Pascua. Jn 15, 1-8. El domingo pasado fue día pascual del Buen Pastor; hoy es día de la Viña verdadera de (que es) Jesús, el Cristo Universal del vino, que llena el universo… Sarmientos suyos somos todos los creyentes, sarmientos que reciben la savia de la viña que recorre y llena ramas y ramitas, racimos y uvas, y hasta las mismas hojas.

-- Viña es Jesús, en su sentido intenso (como Cristo universal)
-- Viña es la Iglesia de Jesús, comunidad de personas vinculadas por la misma savia de la "vid de Dios", extendida a todos los hombres
-- Trabajadores de la viña, al servicio del "vino de Dios", son los cristianos, y en especial los ministros de la Iglesia.

La alegoría de la viña de Dios se encuentra extendida también por otros pueblos, a lo largo y a lo ancho de la cuenca del Mediterráneo, como imagen de la vida universal, unida desde Dios que es el Árbol/Viña (incluso en el gran mito de Dionisio). Jesús comparó el Reino de Dios con una viña (cf. Mc 12, 3-ss). Lógicamente, el evangelio de Juan le Presenta como Vid/Viña de Dios.

El domingo del Pastor pude reflexionar sobre los pastores en la Iglesia, evocando su tarea, en una línea de “economía” o administración de la casa de Dios. Hablé entonces de imágenes bellas, poderosas, que no deben entenderse al pie de la letra, pues dejarían de ser lo que son, convertirse en conceptos secos (como secos sarmientos), en organizaciones muertas.

Retomando aquella línea, hoy quiero recrear y ampliar algunas de aquellas imágenes, que se aplican a los dones y/o ministerios en la Iglesia, poniendo en el centro la del Cristo Viñador (sembrador, pastor, pescador, hortelano, arquitecto…) para indicar después el sentido actual de la imagen de la Viña.

Empiezo pues con once imágenes fuertes de los oficios y ministerios de Jesús y los cristianos, imágenes que se aplican en principio a todos los creyentes, pero que pueden (y deben) extenderse de un modo especial a los ministros “ordenados” de la Iglesia. De los ministerios sigo pues hablando, con imágenes de evangelio, para evocar después, ya brevemente, la alegoría del evangelio de hoy, que es el evangelio de la Viña de Jesús. A todos, buen domingo, con el Cristo Viña, Cristo Vino de la vida.

1. INTRODUCCIÓN.
IMÁGENES DE CRISTO Y DE LOS MINISTERIOS ECLESIALES…

Quien no quiera seguir leyendo lo que digo, tome un libro de buena cristología y estudie de manera más académica las imágenes de los diversos oficios de la iglesia. Yo he querido evocar sólo algunos, sin entrar en 1 Cor 12-14 donde aparecen otras:

1. PASTOR… (Jn 9). Zeus era también pastor de pueblos, pero en otra línea, y también Agamenón... Jesús ha sido “pastor” de ovejas perdidas y amigos cercanos. Se dice de él que ha reunido a las ovejas, las guía y las conoce por los valles fuertes de la vida. Al lado de Jesús son pastores aquellos que guían a otros en la Iglesia, en especial a los que tienen el encargo de los ministeriales oficiales.
Buena es esta imagen, pero a condición de que recordemos que los hombres no son ovejas pasivas, sino personas, que colaboran… La pastoral cristiana es el arte y tarea de acoger, dirigir y animar a los creyentes en el camino del Reino. Pastores pueden llamarse, simbólicamente, aquellos que guían y animan a los otros. Pero, en contra de lo que sucede en este mundo, no son las ovejas para los pastores, sino los pastores para las ovejas, por las que han de dar la vida.

2. SEMBRADOR, AGRICULTOR DE CEREALES… En Mc 4, 3-9 y par, Jesús mismo se presenta sembrador de buen trigo sobre el campo… De esa forma siembra la “palabra” (se siembra a sí mismo, que es el Logos, la Palabra), en todas las clases de tierra del mundo, para que los hombres puedan acogerla en su campo y hacer que fructifique. No es un simple “mayeuta”, encargado de “sacar a luz” lo que ya se encuentra dentro de los hombres, es un sembrador…
También son sembradores de la Palabra son los ministros en la Iglesia (y todos los cristianos que dan testimonio de Jesús, lo catequistas, los maestros de la ve). Al sembrar la Palabra que es Cristo, los cristianos sembradores deben sembrarse a sí mismo en el surco de la tierra del mundo, muriendo como muere el grado de trigo, para que fructifique la planta, para que produzca trigo. Siembra de Cristo en el mundo es la Iglesia; por eso, allí donde algunos retienen la palabra y no la siembran se vuelven traidores a Cristo.

3. HORTELANO Y PLANTADOR… Así aparece Jesús en varias parábolas, plantando el Reino de Dios, que es como un grano de mostaza, que parece invisible y que, sin embargo, crece y llena el mundo (de manera que incluso las aves de todos los pueblos se posan en sus ramas). El buen hortelano no siembra y queda luego esperando, hasta que la tierra produzca por sí misma la planta, como supone una parábola de Mc 4 (de manera automática germina la semilla…).
El buen hortelano sigue regando su campo, cuida de las plantas y las mima, las protege de la helada y la fecunda con el agua. Hortelanos somos los cristianos, y en especial los ministros de la Iglesia; cuidamos el huerto del amor de Dios, que es el amor de los hombres, huerto que se abre para todos, no como el de Celestina, en Salamanca donde vivo, que era sólo para algunos amantes especiales, siempre en riesgo de perder la vida.

4. VIÑADOR ES JESÚS (IGUAL QUE SU PADRE) Y ÉL MISMO ES LA VIÑA… con los racimos, la uva… Viñador es Jesús y ha querido que su viña se extienda a todas las naciones, no por imperio de ley, ni por imposición, sino por derroche de vida abundante. Esta imagen de la viña de Israel, que aparece en algunos de los mosaicos judíos más antiguos, acompaña a los cristianos a lo largo de la historia…
Es una imagen que debe adaptarse a las diversas culturas (no vale en Laponia lo mismo que en Oporto, junto al Duero…), pero es una de las más importantes de la historia cristiana. Expertos en el vino de la vida (de la Viña) han de ser todos los cristianos, y en especial los ministros de la iglesia, que suelen llamarse pastores (hacen pastoral), pero podrían llamarse de igual forma viñadores y viticultores (vinateros), al servicio del buen vino de la vida.

5. PESCADOR Y PESCADORES… Como dice Mc 1, 15-20, Jesús miro a los pescadores de la orilla del lago y les hizo “pescadores del Reino de Dios”, bajo su dirección de Gran Pescador de la Nave de Dios, que ha venido a la tierra/mar del mundo a sacar todos los peces de la gran tiniebla (mar/abismo) para sacarlos a la orilla, a fin de que vivan todos ellos… El papa y los obispos se toman a veces como pescadores especiales y lo son (sin cumplen la tarea de Jesús, remangados y mojados en la gran faena…). Pero con ella somos pescadores todos los cristianos…
Los cristianos queremos “pescar” a los hombres y mujeres del mundo, pero no para matarles, sino para que vivan mejor, fuera del agua que de un mar que es signo de muerte, a la luz del sol, a pleno día… (No como el pescador de Habacuc que destruía con su anzuelo y su red, y mataba a todos los pueblos). Pastores se llaman los ministros de la Iglesia, pero de igual forma deberían llamarse pescadores, comprometidos a buscar los peces en todos los mares del mundo.

6. COMERCIANTE EN PERLAS FINAS… Fue Jesús comerciante experto en tesoros y perlas y anduvo sobre todos los mercados del mundo comprando las mejores perlas (que somos cada uno de nosotros). Nos compró con su vida, nos pagó con su amor… para que fuéramos brillantes, tesoro de Dios, desenterrado… Así también los seguidores de Jesús y en especial los ministros oficiales de la Iglesia han de ser comerciantes al servicio del gran tesoro, para que la perla de la humanidad (muchas veces perdida, escondida…) pueda brillas.
Los cristianos, y en especial los ministros de la Iglesia, no son comerciantes de dinero (financieros de una humanidad amenazada por el descontrol económico), sino expertos en un comercio que parece ruinoso a los ojos del mundo (no está para ganar o almacenar), pero que es el más brillante de todos: Lograr que la vida de los hombres sea perla de hermosura. Reconocer la perla de la vida y cultivarla, esa es la tarea de los servidores de Jesús.

7. ARQUITECTO FUE TAMBIÉN JESÚS, EL GRAN MASÓN… Así quiso edificar la ciudad de Dios, sobre la montaña, para que todos la vieran… (Mt 5). San Pablo, que era de ciudad, no de campo (no supo hablar de pastores, sembradores, pescadores… o lo hizo de manera burda), suplo emplear esta imagen del arqui-tecto, presentándose como gran Albañil o Masón, constructor de la Casa de Dios, que es la verdadera comunidad, la Iglesia…
Por su parte, Jesús dijo que podía destruir de repente el viejo templo material y construir el Tres Días el Templo de la comunidad, como gran Arquitecto… Marcos 6, 4 le llama el “tekton”, es decir, el albañil o carpintero, sabiendo que él es, al mismo tiempo, la piedra desechada por los arquitectos de este mundo, pero convertida por Dios en Piedra Angular del edificio de la Iglesia (Mc 12)… Arquitectos son todos los cristianos, constructores de la casa, como sabía el gran profeta Hermas (también pastor), empeñado en construir la ciudad de las Doncellas de Dios, en la vieja Roma (Papías ha sido el mejor de los teólogos de Roma, hasta el día de hoy). Albañiles, carpinteros, masones de la nueva humanidad del Reino (y piedras de su edificio) han de ser sus seguidores, creando sobre el mundo el Gran Tempo de la nueva humanidad reconciliada, esperanzada, abierta a la pascua.

8. AMIGO ES JESÚS, AMANTE, ESPOSO… Amigo universal quiso ser, y así se presentó de una forma velada como Novio de las Bodas (Mc 2, 15…) y como Padrino Universal de las Bodas de Caná, amante de todos, amigo de los novios… Servicio de amor (de novio, amante…) es el servicio de los ministros de Jesús, hombre y mujeres, en un mundo que corre el riesgo de perder su amor primero y convertirse en campo yermo de envidias…
Así se presenta Jesús en Jn 15, 15: No os llamo siervos sino amigos, porque el siervo no sabe lo que piensa su Señor, yo en cambio os he manifestado todo… Amigo del alma es Jesús, aquel que ama diciendo (regalando) su vida, hasta morir desnudo por todos en la cruz. Jesús fundó una especie de club de “poetas” (es decir, de profetas, de expertos en parábola…), pero poetas del amor, en gesto de apertura a todos los hombres y mujeres del mundo, en poesía de amor y de amistad, de matrimonio… Expertos en crear, evocar, promover vínculos de amor han de ser los cristianos, seguidores de Jesús…, en especial, sus obispos, es decir, los animadores del amor comunitario.

9. SERVIDOR Y HOSPEDERO FUE JESÚS… y así aparece una y otra vez sirviendo a sus amigos y discípulos…, especialmente en el Banquete de la Cena. Fue un hombre que supo preparar el banquete, organizarlo y ofrecerlo para todos, enviando a sus servidores por calles, campos y caminos, para que todos los hombres y mujeres del mundo pudieran participar en la gran fiesta de la vida. Servidores, hospederos, banqueteros han ser los cristianos, y en especial los ministros de la Iglesia, preparados para multiplicar los panes y los peces (comida compartida), para bendecir a Dios comiendo juntos…
Jesús se llamó siervo (diácono), y diáconos o siervos han de ser sus seguidores… No les quiso expertos en mandos (en direcciones de poderes…), sino capaces de servir, de dar la vida, en amor cercano. Fue el suyo un servicio a la vida concreta, un servicio en las necesidades y, en especial, un trabajo de cocina y mesa… Para que todos los hombres y mujeres del mundo puedan tener un lugar en la Mesa del Reino, ya en este mundo, ha querido Jesús su Iglesia; expertos en servicios de mesa, de comida para todos, han de ser sus seguidores, y en especial obispos y presbíteros.

10. TESTIGO Y GUÍA DE ORACIÓN FUE JESÚS, y así enseñó a sus discípulos y amigos a orar, poniéndose ante el Padre desde el centro de la vida. Por él hemos aprendido a orar, con él podemos hacerlo…Todos los cristianos han de se maestros de oración, ofreciendo el testimonio de su plegaria a demás creyentes en la Iglesia y, de un modo más extenso, a todos los hombres… De un modo especial han de se maestros de oración los que se llaman sus ministros en la Iglesia…
Éste es el testimonio quizá más urgente de la Iglesia… Tenemos pastores que saben organizar incluso los dineros…, pero faltan quizá en la Iglesia testigos de oración como fue Jesús, hombres y mujeres que digan (y enseñan a decir: Padre Nuestro…). Otras enseñanzas ya se saben en el mundo; muchos hablan (y algunos bien) de economía, otros de política… Nosotros los cristianos podremos enseñar a orar.

11. MAESTRO DE LA VIDA, ESO FUE JESUS… Un maestro que enseña simplemente a vivir, compartiendo la vida, en entrega personal y bienaventuranza, en la alegría del Reino que llegue. Compañeros y maestros de la vida hemos de ser los cristianos en la larga travesía de la Iglesia… Enseñar a vivir, ese es el tema… Enseñar a vivir de un modo pleno, desde el nacimiento hasta la muerte, ese ha sido el oficio de Jesús: Para que tengan vida, y vida en abundancia… Pero vida plena, de cuerpo y alma, de corazón y entendimiento, de amistad, trabajo y esperanza…
Sepultureros de un Dios de muerte parecen a veces los ministros de cierta Iglesia (así los llamó Nietzsche en una página prodigiosa de hondura y mala idea…). Servidores y testigos de la vida han de ser todos los cristianos, y en especial aquellos que se han “graduado” en cristianismo, que son los ministros principales…

He apuntado estos once motivos, y podría desarrollarlos con cierta extensión, buscando también otros (por lo menos doce), si me ayudan los lectores y comentaristas del blog. Ellos nos ayudan a “entender” los oficios de Jesús, gran Carpintero del Reino, expandidos y actualizados en la iglesia, a través de todos los creyentes, y de un modo especial por los ministros de las comunidades.

Contantemente he recordado los versos de Machado, en Nuevas Canciones… que pueden entenderse como una hermosa evocación de Cristo y de la vida de los cristianos. Para quien no los tenga delante repito algunos versos:

Molinero es mi amante,
tiene un molino…
Por las tierras de Soria
va mi pastor (pastor es mi amante….)…
Colmenero es mi amante
y, en su abejar…
Lleñador es mi amante
de pinos verdes…
Hortelano es mi amante,
tiene su huerto…

También podría recordar los versos centrales del Credo de la Misa Campesina, llenos de sabor de vida, que se dirigen a Jesús, al Dios de Jesús, diciendo:

Creo en vos
Arquitecto, ingeniero
Artesano, carpintero
Albañil y armador.

Creo en vos
Constructor de pensamiento
De la música y el viento
De la paz y del amor

Yo creo en vos
Cristo obrero
Luz de luz y verdadero
Unigénito de Dios

2. YO SOY LA VIÑA, VOSOTROS LOS SARMIENTOS (JN 15, 1-8).

Con las evocaciones anteriores volvemos al texto, que aparece como condensación de toda la Historia Sagrada… “Viñador es mi amante” podría haber dicho Machado. Viñador es Jesús, racimo y vino, alegría y presencia de vida para todos aquellos que le aceptan. Así dice el texto:

[1. Vid del Padre]

– Yo soy la Vid verdadera, y mi Padre el viñador.
Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta,
y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé fruto más pleno.
Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.

[2. Vid con frutos]
– Permaneced en mí, como yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid;
así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

[3. Vid, sarmientos]
– Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.
quien permanece en mí y yo en él, da mucho fruto; pues sin mí no podéis hacer nada.
Quien no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca...
– Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.... Jn 15, 1-8)

He dividido el texto de forma algo convencional para destacar su aspecto histórico, cristológico y eucarístico. Esta es una alegoría histórica, que presenta a Jesús como Vid verdadera, cumplimiento de la esperanza israelita: templo de Dios, fuente de vino, árbol de vida verdadera. Por eso, he comenzado diciendo que la viña pertenece al Padre (Apartado 1º), verdadero Viñador: por fin ha plantado una Viña que logra dar fruto por siempre (cf. Is 5, 1-2; Mc 12, 1).

Esta es una alegoría cristológica: sólo Jesús es la Vid que florece, madura y da vino abundante sobre el mundo (cf. Apartado 2º: Vid con frutos). La palabra central del pasaje hablar de unirse a Jesús, permanecer en él, como un sarmiento que recibe de la viña buena sabia de vida, vino que alegra a dioses y humanos. Jesús aparece así como árbol abundante, sagrado, del que mana la fiesta de vida para todos los que quieran beberla agradecidos.

El texto alcanza su culmen en forma eucarística (cf. Apartado 3º: Vid, sarmientos). Central es la vid, pero en ella resultan esenciales los sarmientos, es decir, los cristianos que aceptan y beben el vino del Cristo, convirtiéndose con él en verdadera eucaristía. Ciertamente, los sarmientos nada pueden sin la Vid, no tienen savia para vino. Pero la Vid tampoco puede extenderse jubilosa por la tierra, dando frutos de abundancia sin sarmientos. Desde este fondo se comprende la palabra del Cristo eucarístico de Juan cuando proclama: “quien cree en mí hará las obras que yo hago, y las hará incluso mayores, pues yo voy hacia el Padre” (Jn 14, 12).

Hizo Jesús mucho cuando estaba sobre el mundo; pero ahora, desde el Padre, a través de sus discípulos, realiza aún gestos superiores. La eucaristía es obra mesiánica del Cristo, que ofrece su vida a todos los humanos, siendo, a la vez, obra eclesial de los discípulos, que expanden vida y obra de Jesús entre los hombres y mujeres de la tierra.
El texto empezaba diciendo que la Viña es del Padre. Lógicamente, termina invitando a los creyentes a orar al Padre, con la certeza de que Él les asegura y concede mucho fruto, siempre que se mantengan unidos al Cristo, siendo ellos mismos parte de su Vida, Eucaristía expandida por la tierra. Entendida así, la eucaristía aparece como centro de la experiencia cristiana, allí donde la vida se vuelve plegaria y la plegaria espacio de comunicación personal gozosa, comprometida.

Han discutido largamente exegetas y teólogos el carácter existencial y eucarístico del Cuarto Evangelio. Pienso que ambos rasgos no se oponen. Juan ha escrito un evangelio de experiencia interior, centrado en el encuentro de los fieles con el Cristo, en gozo emocionado, en fidelidad creyente, como si ya todo hubiera culminado. Pero, al mismo tiempo, su libro es un escrito sacramental: una guía para la celebración comunitaria del misterio, dentro de una iglesia que ha corrido el riesgo de cerrarse en su más honda riqueza, pero que después la ha expandido, ofreciéndola por gracia de Dios a todas las comunidades de cristianos expandidos por el mundo, hasta el día de hoy.