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sábado, 13 de abril de 2013

LA CONFIRMACIÓN DE PEDRO COMO PASTOR DE LA COMUNIDAD

III Domingo de Pascua (Jn 21,1-19) - Ciclo C

Se trata del capítulo 21, el último del cuarto evangelio, del que se han omitido los cinco últimos versículos, que son la conclusión. Sabemos que este capítulo es un añadido a todo lo anterior, pero que el añadido es tan antiguo como el resto del evangelio y que está escrito en el mismo entorno en que se escribió el resto del evangelio.

El texto presenta varios temas de interés. Ante todo, nos encontramos con la "tradición de Galilea". Ni Marcos ni Lucas hablan de apariciones en Galilea. Mateo y Juan sí, aunque en lugares completamente diferentes y con contenidos que no se parecen en nada.


Esta tradición de Galilea parece ser muy creíble, especialmente porque está al margen de la tradición "oficial" (la contradice de algún modo), que es la que presenta Lucas, en la que la iglesia nace, como no podía ser menos, en Jerusalén. De la misma manera, la tradición oficial coincide mal con el relato más antiguo acerca de la resurrección, el que se contiene en 1 Corintios 15:

"...yo os transmití lo que había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, que se apareció a Cefas y después a los doce; después se apareció a más de quinientos hermanos de una sola vez, de los cuales la mayoría viven todavía, algunos han muerto; después se apareció a Santiago y después a todos los apóstoles; por último se me apareció a mí...."

Esta divergencia de tradiciones nos recuerda la imposibilidad de reconstruir cronológicamente los hechos, y la necesidad de comprender los textos de la resurrección como relatos de fe, no como crónicas histórico/periodísticas de sucesos.

En el relato de Juan que hoy leemos nos encontramos ante todo con el repetido signo de la pesca milagrosa unido con la vocación personal de Pedro. Exactamente lo mismo que relata el evangelio de Lucas (5,6-11) al narrar la vocación de los primeros discípulos. Pedro y Juan gozan de un protagonismo especial en Hechos, predican juntos, curan juntos... Si este texto se escribe en el entorno de las comunidades joanneas parece claro que tiene la intención de recordar a esas comunidades (¡tan joanneas!) la importancia de Pedro.

Es fuertemente llamativo el paralelismo de este texto con los textos de las negaciones de Pedro. Tres negaciones <> tres preguntas de Jesús. "Aunque todos, yo no" <> "¿me amas más que estos?" Y es la humilde respuesta de Pedro "tú sabes que te quiero", la que es aceptada por Jesús.

Convertirse a Jesús, como Pedro, es algo tan fundamental como la relación entre la elección de Jesús y la condición de pecador. Un eje básico, una clave de nuestra fe.

La primera y más grave acusación contra Jesús fue: "Éste acepta a los pecadores y come con ellos". Y la conclusión fue que no era profeta, no era de Dios.

Los acusadores eran fariseos y su acusación nace de un profundo error teológico y antropológico. Para ellos, Dios acoge a los justos y rechaza a los pecadores. Para ellos, ellos mismos eran justos. Por eso, no necesitaban de Dios más como reconocedor de sus virtudes. Y por eso no necesitaban de Jesús. Los sanos no necesitan médico. Esta línea culmina en el episodio de la adúltera, en que Jesús muestra que todos son pecadores.

Por todo esto, la meta de los fariseos es la justicia y el cumplimiento de la ley. La meta de Jesús es la compasión y la liberación del pecado. Por eso no se pueden convertir, rechazan el Espíritu.

El primer contacto de Pedro con Jesús muestra esa misma mentalidad. En la barca, tras la pesca milagrosa, Pedro exclama: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador". Y esta mentalidad pervive en el cenáculo: "Aunque todos te nieguen, yo no". Mentalidad farisaica pura: Dios lejos de los pecadores y yo soy mejor que otros.

Entonces viene la prueba de la fe. Pedro es fanfarrón y demasiado seguro de sí, y niega a Jesús, le traiciona. ¿Dónde habrá quedado la promesa de Jesús de construir su iglesia sobre esa ROCA? La aparición de Tiberíades pone las cosas exactamente en su sitio. Los pecados de Pedro no cambian el corazón de Jesús. Pedro es el pecador confirmado: seguirá siendo pecador en el libro de los hechos y se comportará de forma ambigua en varias ocasiones; será increpado por Pablo por su conducta ... no importa nada de eso. Los pecados de Pedro están cubiertos por otra frase que es la clave: "Señor, tú sabes que te quiero".

Los dos personajes que son constituidos primeros testigos de la resurrección son María Magdalena y Pedro. Y de los dos consta que son pecadores y que se han distinguido en su amor a Jesús. En ellos, muy especialmente en Pedro, sus pecados son más fuertes incluso que su amor. Pero ante Jesús, su amor es más importante que sus pecados.

Todo esto nos hace situarnos en una posición correcta ante Dios. Pecadores queridos por Dios, elegidos por Dios, que cuenta con nosotros como somos para una misión tan grande como hacer presente en el mundo el mismo Espíritu de Jesús. Un espíritu de entrega, de exigencia, de servicio y de perdón, que cuenta con los pecados y los arrolla por la fuerza del amor.

La virtud de Pedro, aquella que le hace ser elegido y confirmado como pastor de la iglesia es su adhesión incondicional a Jesús. Ésta le confirmará, ésta le hará poner toda la vida al servicio de la iglesia, ésta le hará sentirse honrado y feliz cuando es perseguido, le llevará a aceptar humildemente las reprimendas de Pablo, hasta la meta: dar su vida por Jesús crucificado en la persecución de Nerón. Pedro, el pecador.