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domingo, 11 de agosto de 2013

Vende lo que tienes… ¿Quién, cuándo, cómo?



Domingo 19. Tiempo Ordinario. Ciclo C. Lc 12, 32-48. Ni en verano descansa la Biblia, que hoy nos dice una palabra fuerte, como a la gente de la foto: Anda, vende lo que tienes (¡sí, incluso el carro!) y dáselo a los pobres, luego hablamos... Pero ¿a quién se lo dice, cómo y cuando...?

-- Lo primero es quién: ¿Deberá vender Francisco el IOR y el mismo Vaticano, Rouco su Almudena, Damasceno su gran Aparecida, yo mi hacienda o renta, tú todo lo que tienes?

-- Lo segundo es cuándo: ¿Empezamos hoy mismo, o será bueno esperar hasta mañana, calculando precios e intereses? ¿Por qué la Iglesia en su conjunto no ha cumplido este evangelio, buscando para ello rebajas, interpretaciones espiritualistas, subterfugios de diverso tipo?

-- Lo tercero es: ¿A quién, cómo y para qué? Yo puedo vender para dar a los pobres (superando así un tipo de egoísmo), pero los que compran serán normalmente unos "buitres" económicos, que se aprovecharán de mi venta por lo bajo y seguirán amontonando y así (de un modo indirecto) yo mismo contribuiré a que el mundo sea más injusto….


-- Apostilla 1: ¿Estuvo en su sano juicio Jesús cuando dijo cosas como estas? ¿No sería un simple idealista, alejado del mundo, un hombre a quien se debe admirar pero no hacer lo que dice? Por otra parte, además, podríamos pensar que él hablaba sólo de una "riqueza y pobreza espiritual, de corazón", no de bienes materiales.

Apostilla 2.¿Pero es verdad que a Jesús le interesaba la economía? ¿No deben tomarse esas cosas como pura alegoría. Además, parece que la Iglesia ha dejado de seguir a Jesús en este campo

Sea como fuere, el tema es fuerte y merece comentarse. En la imagen "convencional" de portada, Jesús quiere convencer al chico del carro, para que lo venda y regale el producto de la venta a los dos niños del fondo. La chica del asiento mira incrédula: No quiere que convenzan de nada a su "chico". ¿Logrará algo Jesús? ¿Logrará algo con nosotros? Los pobres del fondo de la imagen parecen invisibles, pero está allí. Buen fin de semana a todos.

Introducción

Éstas y otras cien preguntas quedan pendientes ante el evangelio del domingo, con su doctrina radical, con su exigencia de ruptura y de superación de una sociedad que se funda en el “tener”, para que podamos pasar a la cultura del vender para dar y compartir (para que en el futuro no se pueda ya vender nada, pues todo se comparte).

Puede ser difícil concretar algunos flecos del texto, pero el tema de fondo es muy claro. Hoy (año 2013), en los límites de este mundo viejo que se está agotando (y nos está matando), tenemos que aprender a “vender para dar”, superando un modelo de vida dominado por el miedo y la violencia (ladrones de un lado o del otro), para crear una cultura del don y del gozo compartido; de lo contrario acabaremos matándonos todos (o dejaremos el mundo en manos de compradores compulsivos, que al fin nos comprarán a nosotros mismos, vendiéndonos quizá en rebajas de muerte.

Éste no es un texto “espiritualista” que habla de cielos lejanos, sino un mensaje concreto que debe aplicarse no sólo a la gran economía y la política, sino a la misma vida de la Iglesia. Dice hoy la prensa que Francisco ha “derrocado” al Arzobispo de Yaundé (Camerún) por enriquecerse él mismo a costa de la iglesia. ¿Qué hubiera pasado si en vez de enriquecerse él mismo se hubiera enriquecido la diócesis, a costa de los pobres?
tesoro
¿Puede haber un Papa y una curia pobre con un Vaticano rico, con "buen" banco incluido? ¿Puedo yo ser buen "cristiano" siendo rico, un "buen" rico? ¿No sería mejor afirmar que este evangelio es una glosa posterior, propia de extremistas irreales, que siempre los hay?

Éstos y otros muchos temas quedan abiertos a la luz del evangelio de hoy, en el centro de la vida y del futuro del mundo y de la iglesia. Es un evangelio puro, de fe radical, de gozoso y fuerte compromiso: Vender los tesoros materiales de la Iglesia y de sus “fieles” (incluso el IOR), para que surja un nuevo corazón, compartiéndolo todos.

Texto

((Es largo y consta de varias unidades, que aquí no puedo comentar. Me limito a dos versículos centrales de la primera parte)):

Vended vuestros bienes y dadlos en limosna;
haceos unos bolsos que no se vuelvan viejos,
un tesoro en el cielo que nunca se agote,
donde no puedan acercarse los ladrones,
ni pueda roerlos la polilla.
Porque allí donde está vuestro tesoro
allí estará también vuestro corazón (Lc 12, 33-34).

Ubicar el texto. El cielo está aquí

Este pasaje (¡vender todo y buscar un tesoro para el cielo!) ha sido transmitido también y de forma quizá antigua y completa por Mt 6, 19-21. No se trata de atesorar para “el más allá” (para un tipo de Banco de Pedro en el cielo, tras la muerte), sino de atesorar ya aquí, creando así un tesoro de Reino.

Quiero destacarlo mejor. El “cielo” donde Jesús quiere que atesoremos no está sólo tras la muerte, sino que empieza siendo la comunidad concreta de los hombres y mujeres de este mundo, donde él anuncia y comienza a extender su reino. Frente a los que amontonan aquí al modo capitalista)… habla Jesús de aquellos que “amontonan también aquí”, pero de una forma humana, vendiendo y dando lo que son y tienen al servicio de los pobres. Esto es para el Jesús de Lucas (y de Mateo, de la comunidad del Q y de Marcos) algo tan evidente que no necesita comentario. Se trata de “vender para dar” (no para ganar de un modo egoísta); se trata de ponerlo todo al servicio de todos, desde los más pobres.

Ubicarlo mejor: Donde está tu tesoro está tu corazón

Ésta es la palabra clave: “Allí donde está vuestro tesoro estará también vuestro corazón”. El primer tesoro de los judíos había sido la tierra, como madre que alimenta, como cuerpo común que no se compra y vende, sino que se comparte, pues es propio de todos. Pero, en aquel momento (año 28-30 d. C.) los más ricos de Israel y Roma se estaban apoderando de todas las propiedades, convirtiendo la tierra de Dios (de todos) en mercado al servicio del Imperio lejano y de los terratenientes y administradores indígenas (cortesanos de Herodes Antipas).

Ante esa situación, Jesús fue un revolucionario campesino (=desde el campo), pero no con violencia armada (no fue líder bandolero o militar), sino de forma profética, mucho más intensa. Fue el líder radical, desde los más pobres (no almacenando riqueza, sino invirtiendo en comunión de todos). No quiso transformar la economía desde arriba, controlando los mercados imperiales, ni siquiera en Galilea. Tampoco quiso empezar organizando de un modo directo unos modelos de trabajo y propiedad (en la línea de las federaciones agrícolas del principio de Israel), sino que hizo algo anterior y más profundo: Empezó ofreciendo dignidad y fraternidad a los campesinos expulsados de su tierra.

Ciertamente, no se opuso a un cambio externo, es más, posiblemente pensó que era necesario, pero no empezó por eso: no intentó (ni pudo) realizar su proyecto de un modo militar o político, cambiando así todo en lo externo para que todo siguiera lo mismo. Al contrario, él quiso enriquecer y trasformar la vida de los galileos desde su misma humanidad, desde los pobres, cambiando su forma de pensar y sentir, de querer y de amarse (¡enriqueciendo su corazón!), para que pudieran compartir la tierra, en amor y respeto mutuo, desde Dios. Quiso crear un corazón nuevo.

Un movimiento desde los marginados

Así inició su movimiento a partir de los marginados del nuevo (des-)orden económico, con los empobrecidos por la estructura de poder de las ciudades que imponían su dominio (ley comercial y social) sobre los pobres del campo. Sin ese descubrimiento de los expulsados y negados del orden económico, a quienes él vio como hijos privilegiados de Dios, Jesús no podía hablar de Reino. Desde ellos empezó su proyecto de paz, su revolución económica. Con ellos se indignó y buscó la forma de iniciar el Reino.

En esa línea podemos presentarle como inventor de humanidad, el mayor de los descubridores sociales de la historia, el primero de todos los indignados y de los promotores de un tipo de “huelga” general, en línea de rechazo del orden establecido (¡venderlo todo y darlo…!), para iniciar así un proyecto nuevo de humanidad compartida.

Jesús no condenó a los propietarios (no quiso matarles), pero no inició básicamente con ellos su proyecto de Reino, a no ser que lo vendieran y lo dieran todo… De esa forma se puso en marcha, con los itinerantes pobres (que no tenían nada, ningún capital económico) y con aquellos propietarios ricos que lo habían dado todo…, para iniciar así una marcha de nueva humanidad, sin bancos ni tesoros materiales, con mucha humanidad.

Los dos tesoros
banco
Jesús se enfrento de esa manera con un tipo de hombres que querían conseguirlo todo (comprar todas las tierras, amontonar todos los poderes y los bienes del mundo), para tener así un tesoro en la tierra (un gran banco) y así administrarlo al servicio de sus propios intereses, es decir, de su “capital”. Eran tiempos de “nueva economía”: los capitales se estaban juntando en unas pocas manos, las tierras estaban pasando a unos pocos propietarios… Había que atesorar, para producir, para tener seguridades, para garantizar así el futuro…

Mientras tanto, los pobres estaban perdiendo su dignidad, además de sus tierras, para convertirse en puros proletarios pasivos de una economía mercantil al servicio del “tesoro”, es decir, del dinero central. Pues bien, Jesús pide a los suyos que inviertan ese esquema, que busquen una nueva economía, como indica con toda precisión el texto citado de Lucas (que corresponde al de Mt 6, 20-21, que ahora retomo (cf. también Mc 10, 21):

1. Frases negativas (falso tesoro: injusticia y violencia)

a. No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra,
b. donde la polilla y el orín corrompen,
c. y donde los ladrones excavan y roban.

2. Frases positivas (buen tesoro: justicia, comunión)

a. Más bien, acumulad para vosotros tesoros en el cielo,
b. donde ni la polilla ni el orín corrompen,
c. y donde los ladrones no excavan ni roban.

3. Conclusión

Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.

Breve comentario.Frases negativas

Hay un “tesoro de la tierra” que consiste en amontonar de un modo exclusivista, al servicio de algunos (del puro capital). Ese “tesoro” está sometido a los principios de la corrupción física (todo lo que hay en el mundo termina, todo acaba comido por le polilla y el orín). Ese tesoro suscita siempre la violencia: Donde hay unos que amontonan riquezas excitan siempre el deseo de “ladrones”.

Jesús no dice nada sobre la “razón” de esos “ladrones”, si son justos o injustos… Sólo dice que allí donde se amontonan “tesoros” (escondidos en bancos o en casas de lujo, o en pozos bajo tierra), ellos suscitan el deseo de “ladrones”. Evidentemente, los dueños de tesoros buscarán policías o soldados para defenderlos, pero será inútil; vendrán siempre nuevos ladrones, habrá una guerra infinita. Esa es para Jesús la “ley” de la riqueza de este mundo, que suscita violencia y contra-violencia sin fin, en este año 2013, cuando estamos casi al borde del colapso.

Frases positivas.

Es evidente que Jesús no está hablando de cosas del “cielo espiritual”, sino de este mundo, es decir, de una forma nueva de tener y compartir. Como vengo diciendo, “atesorar tesoros para el cielo” no es quemarlos o venderlos sin más, sino compartirlos con los pobres, de manera que los bienes del mundo se convierten en signo y realidad de comunión. Atesorar para el cielo significa “ganar amigos” con el dinero de este mundo (cf. Lc 16, 9).

Los bienes compartidos son un tesoro de vida, un tesoro de humanidad (no de oro, ni petróleo, no de capital ni de armas), un tesoro que no se pudre con el orín, ni se consume con la polilla, siendo algo que no pueden robar los ladrones. Allí donde todo se regala nadie puede venir a robarlo. En esta línea, en el fondo, para Jesús, los capitalistas que atesoran y los ladrones que quieren robar son dos formas de lo mismo.

Hoy diríamos que capitalistas y terroristas son dos formas de la misma realidad, dos maneras de resolver (sin resolver) el problemas de la riqueza.

La aplicación resulta clara: Pues donde está tu tesoro está tu corazón

Se trata de cambiar el corazón, la forma de tener los tesoros (al convertirlos en don, puro regalo), para que los hombres y mujeres puedan amarse, puedan ser corazón.

‒ En un caso, el corazón está en los bienes egoístas…, defendidos siempre con miedo de ladrones; en ese caso no se puede hablar de corazón, porque en su lugar solo hay dinero, dinero (tenido o deseado…).
‒ En otro caso está en los bienes compartidos, en el amor mutuo de los hermanos… Con este proyecto, iniciado desde los más pobres, comenzó Jesús su camino de reino, su camino de corazón. En ese camino seguimos (debemos seguir) nosotros, según el Evangelio.

Propuesta, un cambio universal

Según Jesús, la situación económica actual (año 2013) debe cambiar, a fin de que el capital y el trabajo estén al servicio del hombre, y se conviertan en signo de gracia (un don, un regalo), de manera que y así pueda surgir, por primera vez, un tipo de abundancia universal, gozosa, un tesoro compartido. Ese cambio no es fácil. Hasta ahora, en los últimos milenios y de un modo especial en los dos últimos siglos, la economía dominante ha estado marcada por el dominio del capital y el mercado, que han impuesto su dictado desde arriba sobre el conjunto de los hombres y la misma tierra, al servicio del sistema.

Del único mundo (one world), que nos precedía y engendraba, con sus signos divinos, como madre providente, hemos pasado al único mercado (one market), que nosotros mismos instauramos, como dioses pequeños, dispuestos a comprarlo y a venderlo todo, amontonando así nuestro tesoro, sometido al orín, a la polilla, a los ladrones.

Pues bien, para superar esta situación y para evitar el colapso de nuestro modelo económico (sometido al riesgo del orín-polilla y de los crecientes capitalistas/ladrones), debemos realizar una profunda inversión (cambio de rumbo), de manera que el capital se ponga al servicio de los hombres, no en línea de compra/venta, sino de regalo (vender para dar) y de comunicación personal, de manera que todos puedan participar con libertad de los tesoros de la tierra. Sólo así podrá surgir una nueva economía mundial, que no esté al servicio del Imperio (capital, mercado), sino de todos los hombres y pueblos, empezando por los pobres.

Utopía, un tesoro de corazón

Será una economía de caminos múltiples, que ha de actuar como espacio de encuentros abiertos a todos, como una red donde todos puedan introducirse, cada uno con sus peculiaridades y sus aportaciones. Debemos pasar de una estructura piramidal y jerárquica del capital, que se impone su dictado único, a una visión multipolar del trabajo (de la producción) y del mercado (de la distribución), donde cada uno pueda recibir lo que necesita y ofrecer lo que pueda, en actitud de concordia universal (cf. Hech 2, 44-45). Sólo allí donde todo se regala puede compartirse todo.

Este cambio sólo puede hacerse desde abajo, no desde el capital (pues capital y mercado, en su forma actual, tienden a dominarlo todo). En contra del capital/mercado actual ha de surgir un modelo de trabajos e intercambios múltiples, unidos entre sí, creando interconexiones gratuitas, al servicio de todos, de manera que, conforme a su variante etimológica, el mercado no será institución de compra/venta, sino espacio de comunicación gratuita (sería merced, mercy).

El modelo actual de mercado pone en riesgo la vida de los hombres y mujeres, sometiendo a su dictado a todos los pueblos y personas. En contra de eso, un modelo de centros múltiples, guiado por el gozo de la producción y la comunicación abierta (gratuita), hará posible el surgimiento de una sociedad de interacciones múltiples. Para ello debe cambiar este sistema y eso sólo puede hacerse subiendo nivel, en el plano del venderlo y regalarlo todo, para que después nada se pueda ya comprar ni vender, porque todo debe compartirse.

Eso es lo que nos pide Jesús este domingo: “no atesoréis como antes…” (este tipo de atesoramiento desde el capital está destruyendo la humanidad)…, “atesorad de otra forma, dando todo”. Así debe proclamar la Iglesia que, hasta ahora, en los últimos siglos, ha estado casi siempre al servicio de una economía clasista (de la vieja nobleza y/o de la nueva burguesía) o de un capitalismo anticristiano. Largo camino deja abierto este evangelio.