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jueves, 28 de febrero de 2008

Domingo IV de Cuaresma: El Domingo de la Alegría


Autor: Camino Misionero








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Hoy volvemos a encontrarnos contigo, Señor de la Vida. Justamente en este domingo tan particular, donde los hermanos que tienen la ocupación de organizar la vida en la Iglesia, hicieron como un alto, en el andar cuaresmal, de tantas súplicas, limosnas y reproches, para comenzar a ver mas allá, ya no para atrás, sino para situarnos delante de ti, como el Rey, que mandas en nuestras vidas y en todo el universo.

Debo sincerarme Señor, que cuando leía que este domingo es el de la Alegría, lo primero que se me vino a la cabeza, fue una idea pesimista y bastante recortada de la realidad. La pregunta que me formulé fue: ¿Hay motivos para alegrarse hoy en día? Inmediatamente a mi cabeza vinieron muchas imágenes feas de la cotidianeidad, y también algunas situaciones, que con mis solas fuerzas no puedo resolver. De golpe, el abatimiento se apoderó de mí, sin mediar intersección alguna en mi estado de ánimo.

Al comenzar esta cuaresma, la primera pregunta que me hacía, fue: ¿soy feliz? Y muy bien todavía no la tengo resuelta del todo.

Y hoy, tu liturgia y tú Iglesia me vuelven a interpelar en ese sentido. ¿Cuáles son mis verdaderas motivaciones diarias? ¿Que es lo que me tiene enamorado, como diría Arrupe?

A decir verdad, tengo como una especie de sensaciones y vivencias encontradas. Por un lado este ponerme la mochila para transitar el camino de cuaresma, nos ha renovado la esperanza y también, nos refrescó un poco, el insondable misterio de tu Amor en este mundo. Si. Porque siempre es bueno recordar. No vivir de recuerdos. Sino más bien, el actualizar lo pasado en tu Eterno presente, para que nos sirva de remanso en nuestra larga peregrinación hacia la Casa de Tu Padre. Eso fortalece y anima. Es como un aventón para comenzar el día y las muchas cargas de cruces que nos toca levantar. Pero también está ese saborcito semiamargo de intentar caminar detrás de tus huellas. El vivir y sentir tus padecimientos a través de tu entrega, es como que duele un poco en lo más íntimo de nuestro corazón. Tanto esfuerzo y tanto sacrificio de tu parte, para que nosotros de un plumazo borremos todo o simplemente nos hagamos los distraídos, como diciendo que en este lugar no ha pasado nada. Jesús, así son las cosas…

Pero acá si ha pasado algo. Es mejor dicho, alguien. Y ese fuiste, eres y serás Tú.

Y con la ayuda del Evangelio que evocamos hoy, nos damos cuenta, que tus pasos por este mundo, nunca pasaron desapercibidos. Tu sola presencia, cambia todo. Radicalmente.

Depende de nosotros, en que consista el cambio. Para bien o para mal. Y ese es el misterio infranqueable de nuestra libertad. Nosotros decidimos que hacer contigo. Señor, hasta me parece exagerado y blasfemo lo que te estoy diciendo, pero es verdad. O te aceptamos. O te rechazamos. O nos adherimos a Ti. O te juzgamos como un preso.

Quisiera hablarte en mi nombre, pero también en el de muchísimos hermanos de este mundo: nosotros de corazón, queremos que nos sanes de nuestras heridas del alma. Quizás también de alguna dolencia particular.

Nuestra alma necesita salir del rincón oscuro que nuestra modernidad le ha asignado. Queremos ser personas espirituales. Sanas y alegres. No santurrones y mojigatos. Sino, trabajadores honestos de tus campos, que cada día emprendan la jornada, con la conciencia de que la Tierra y los Frutos, nunca van a ser nuestros, pero que tu inmenso Amor, los compartirá con todos en forma equitativa y justa. Los cambios estructurales, sociales, políticos, religiosos, etc., solo tienen asidero en el gran Médico que eres para toda la humanidad. Porque de nada vale, fantasear con que las cosas cambiaran mágicamente, sin esfuerzo alguno, si al momento, nos topamos con la triste realidad, que fuimos nosotros los que estropeamos muchas cosas, y que sin tu ayuda, nada podremos hacer.

Ésa es la Alegría que todos buscamos. Tu Presencia. Tu Presencia que nos dice que la hora ha llegado, que ya no podemos reservarnos más. Que estamos a unos metros de emprender la dolorosa Pasión que redimirá definitivamente a este mundo, con tu vuelta al Padre.

Este es el momento. Desde nuestros lugares de lucha diaria. Sea en el trabajo. En el hogar. En los barrios. En las reuniones de amigos. En la parroquia. En el apostolado. En la misión. En donde fuere que Jesús hoy nos alcanza. Y solo hay dos caminos: nos dejamos sanar o nos resistimos desde nuestras bestialidades humanas.

Hoy Jesús, nuevamente nos das otra pequeña pista sobre el Reino que viniste a proclamar. Allí no hay sufrimiento, ni imperfecciones. Ni tampoco se hecha en cara por tal o cual padecer. Allí se actúa. Amorosamente. Compartiendo lo que es don y talento, con aquel que menos tiene. Allí se estira la mano, respondiendo a aquel que clama ayuda. Allí, en el Reino, no hay estructuras ni status, que estén por sobre el bienestar del prójimo.

¡Gracias Jesús! Por entregarnos esta luz acerca del Reino. Porque nos muestras como debe ser este mundo para aquellos que aspiramos a entrar al Reino, aunque más no sea por una pequeña ventanita.

Tu Vida es la luz que necesita nuestra vida. Tus pasos son los candiles que alumbran delante de nuestro caminar. Tu Ejemplo es el vivo arco iris que los ojos de nuestras almas desean contemplar.

¡Gracias! Por ayudarnos a volver a ver las cosas como son. Como Tú quieres que sean. ¡Gracias! Por haber pasado delante nuestro y haberte conmovido con nuestras miserias, y haberte dado el tiempo para sanarnos definitivamente

Te pedimos en este día, en el que tenemos muchas cosas para agradecer, y por lo tanto alegrarnos, que luego de que nos sintamos sanados por Tu Espíritu, sepamos dar a conocer y testimoniar verazmente al mundo, lo que Tú produciste en nuestras vidas.

Te imploramos por todos los ciegos del mundo que claman a Ti, para que le obres el milagro que necesitan, para que sean escuchados y podamos ser nosotros, simples herramientas que de algo sirvan a tal fin.

Te pedimos por último, por todos los doctores de la ley que hay en este mundo (y que muchas veces también lo somos nosotros) para que recuperen la sensibilidad de reconocer Tu Gracia en plena acción y puedan sobre la marcha, rectificar muchas proposiciones erradas, que a su vez, heredaron indefinidamente.

Señor Jesús, en este domingo, te decimos AQUÍ ESTAMOS. Estamos felices de conocerte y reconocerte. Queremos compartir tu Vida, y somos concientes que para ello, debemos caminar irreductiblemente hacia la Cruz. Lo hacemos contentos, porque creemos en Ti y esperamos gozosos que se cumplan tus palabras. Amén.


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Domingo IV de Cuaresma: Laetare



El IV domingo, llamado Laetare (del introito), y de la "rosa de oro" (de la bendición de la misma), es de los más celebrados del año litúrgico. Por coincidir en la mitad de Cuaresma y suponer la Iglesia que los cristianos han vivido hasta aquí embargados, como ella, de una santa tristeza, la liturgia de este domingo se propone renovar en los ayunadores cuaresmales la alegría y la esperanza que todavía han menester hasta llegar al triunfo pascual.

A ese fin, además de elegir textos muy hermosos y muy adecuados para infundir alientos, permite en el templo las flores de adorno, el uso del órgano y hasta de ornamentos de color rosa; todo lo cual causa la impresión de ser éste un día de asueto litúrgico, podríamos decir, y de respiro espiritual. La Iglesia se alegra hoy intensamente, pero con moderación todavía, como quien está dispuesta a reanudar en seguida las penitencias y las meditaciones dolorosas.

El rito característico de este domingo es la bendición de la rosa de oro, que efectúa en Roma el mismo soberano Pontífice. Data de hacia el siglo X, y viene a ser como un anuncio poético de la proximidad de la Pascua florida.

Antiguamente la ceremonia se celebraba en el palacio de Letrán, residencia habitual de los Papas, desde donde el Pontífice, montado a caballo y con la tiara, y acompañado por el Sacro Colegio y el público de la ciudad, llevaba la rosa bendita a la iglesia "estacional", que lo era Santa Cruz de Jerusalén.
Hoy se hace todo en el Vaticano, por lo que la ceremonia no suscita ya tanto el entusiasmo popular, si bien su eco resuena en todo el mundo, merced a las informaciones de los diarios.
Además de bendecirla, el Papa unge la rosa de oro con el Santo Crisma y la espolvorea con polvos olorosos, conforme al uso tradicional. Al fin la regala a algún alto personaje del mundo católico, a alguna ciudad, etcétera, a quien quiere honrar; y por eso "dícese que su bendición sustituyó a la de las llaves de oro y plata, con limaduras de la cadena de San Pedro, que los soberanos Pontífices enviaban antiguamente a los príncipes cristianos, en pago de haberle proporcionado ellos reliquias de los apóstoles" .
Místicamente, representa esta rosa a Jesucristo resucitado, como lo explican los varios discursos pronunciados por los Papas en la ceremonia . El origen de la ceremonia quizá derive de la fiesta bizantina de la media cuaresma, aunque también puede ser que provenga de que antiguamente se solemnizaba en Roma el principio del ayuno preparatorio para Pascua, que abarcaba entonces 3 semanas .

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Domingo IV de Cuaresma





Autor: Padre Jorge Humberto Peláez S.J.





* Lecturas:
- 1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13ª
- Efesios 5, 8-14
- Juan 9, 1-41

* El evangelio de hoy propone a nuestra consideración el relato de la curación del ciego de nacimiento.

* Los invito a concentrar nuestra reflexión en cuatro aspectos: empezaremos por el contexto en el cual se realiza la acción milagrosa de Jesús, luego diremos una palabra sobre el binomio enfermedad – pecado, analizaremos el comportamiento de los fariseos y terminaremos con el proceso de fe que vive el ciego que fue curado de su enfermedad.

* Empecemos, pues, por el primer punto de nuestra meditación, el contexto:

- El evangelista San Juan se refiere con frecuencia al símbolo de la luz; en repetidas ocasiones afirma que Jesús es luz del mundo.
- Además, en varios lugares del evangelio se refiere a la lucha entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, entre la gracia y el pecado.
- El evangelista juega con el binomio luz – oscuridad: el ciego de nacimiento, a pesar de haber estado privado de la luz física, pudo percibir la luz de la palabra de Cristo; los fariseos, a pesar de tener ojos, estaban ciegos para la verdad que les anunciaba Jesús.
- Es importante recordar que todos los milagros de Jesús tienen un significado espiritual. No los hace para ganar popularidad o para recibir aplausos o para subir en las encuestas de opinión. Los milagros de Jesús están dirigidos al corazón de sus contemporáneos para sensibilizarlos a su mensaje de salvación.

* Demos un paso adelante y exploremos la relación entre enfermedad y pecado:

- Sus discípulos le preguntan: “Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres o por su propio pecado? Jesús les contestó: ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue más bien para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer”
- Esta pregunta de los discípulos refleja una creencia muy generalizada según la cual algunas enfermedades son castigo de Dios por pecados particularmente graves.
- Durante siglos, se afirmó ésto sobre la lepra. En el mundo actual, algunos interpretan el VIH/SIDA como un castigo de Dios a comportamientos sexuales inapropiados.
- Esta conexión entre enfermedad y castigo por los pecados cometidos es equivocada. Es el resultado una religiosidad mal entendida que le atribuye a Dios sentimientos de venganza.
- Es inaceptable una explicación religiosa de las enfermedades; debemos buscar explicaciones científicas. La ciencia que estudia cómo se transmiten las enfermedades, así como los factores de riesgo, se llama epidemiología.
- Las enfermedades son un hecho biológico y no un fenómeno religioso. Una cosa muy distinta es que las enfermedades sean ocasión para reflexionar sobre nuestro comportamiento y para modificar aquellas conductas destructivas y deshumanizantes que no están de acuerdo con el plan de Dios. Un ejemplo es San Ignacio de Loyola, quien durante su larga convalecencia meditó sobre su vida e hizo un giro de 180°.

* Después de haber hecho claridad sobre esta equivocada relación entre la enfermedad y el pecado, los invito a que sigamos adelante en nuestra meditación y analicemos el comportamiento de los fariseos:

- La relación entre Jesús y los fariseos se había ido deteriorando; era creciente la tensión entre ellos. Los fariseos percibían a Jesús como una amenaza porque se daban cuenta de la acogida que tenía entre las multitudes.
- Fue tan grande la conmoción que produjo la curación del ciego de nacimiento, que la noticia llegó a oídos de los fariseos, quienes entrevistaron al hombre que había sido curado.
- ¿Qué pretendían obtener con esta entrevista? No les interesaba conocer, de manera objetiva, lo que había pasado, sino que querían llenarse de argumentos para acabar con Jesús, pues éste había hecho el milagro el sábado, día de descanso en que estaba prohibido realizar cualquier actividad.
- A los fariseos les tenía sin cuidado la magnitud del drama humano de este hombre que había estado ciego durante toda su vida. Para ellos la prohibición de realizar actividades en sábado era absoluta. Lo humano no contaba para nada.
- En medio de la discusión se formaron dos bandos: unos decían que quien había realizado esa acción no podía obrar en nombre de Dios porque no había respetado el sábado; otros contra argumentaban diciendo que cómo podía hacer estas señales si era un pecador.
- En medio de la discusión, se dirigieron al que había sido curado y le preguntaron: “Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices de él? Él respondió: yo digo que es un profeta”
- Al escuchar esta clara afirmación montaron en cólera pues no podían aceptar que un hombre ignorante les enseñara a ellos, que se sentían dueños de la verdad.

* Llegamos así al último punto de nuestra meditación, el proceso de fe vivido por este buen hombre:

- El punto de partida del camino espiritual que recorre es la experiencia vivida. Cuando le preguntan qué ha sucedido, él relata los hechos con objetividad y precisión: “Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo untó en los ojos, y me dijo: Ve al estanque de Siloé, y lávate. Yo fui, y en cuanto me lavé, pude ver”
- Narra con sencillez los hechos vividos; en este momento de su proceso espiritual, Jesús es un hombre; este juicio sobre Jesús se irá modificando poco a poco.
- Poco después es interrogado por los fariseos: “Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices de él? Él contestó: yo digo que es un profeta”
- Ha reflexionado sobre la experiencia vivida y da un paso interpretativo; descubre que Jesús es más que un simple hombre, es un profeta. Su proceso espiritual de descubrimiento de Cristo va avanzando.
- En este camino de la fe hay un tercer momento. Se encuentran Jesús y el ciego, y Jesús le dice: “¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él le dijo: Señor, dime quién es para que yo crea en él” Esta manifestación de total disponibilidad y apertura a la trascendencia muestra que el terreno ya está listo para acoger la semilla de la revelación.
- Así llegamos al clímax de este viaje interior que le ha permitido madurar en la fe. Ante la revelación que le hace Jesús, el hombre se puso de rodillas y exclamó: creo, Señor.

* Es hora de concluir nuestra meditación dominical:

- Hemos podido contrastar el fanatismo apasionado de los fariseos y la apertura del ciego de nacimiento a la acción de Dios en su vida.
- Pidámosle al buen Dios que nos abramos a su acción en nosotros y que lo reconozcamos como nuestro Señor y Salvador.

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Domingo IV de Cuaresma

SERVICIOS KOINONIA

Semana del 2 al 8 de Marzo de 2008 – Ciclo A
Domingo 4º de Cuaresma

Domingo 2 de marzo de 2008 - 4º de Cuaresma

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quien procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamo ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el ungido, el Mesías (como se dice en hebreo), el Cristo (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasana de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero drama teológico, simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de una narración cuasiperiodística de unos hechos históricos, o de un relato que nos describa ingenuamente cómo sucedieron las cosas. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su Evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la expresión indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos indiscutibles, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, sin abusar de que se tiene la palabra en un ámbito sagrado donde por respeto nadie contradecirá, y por eso se puede decir cualquier cosa, que «todo vale» en ese ambiente.

En el drama teológico que hoy leemos de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego que no veía. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos se empeñaban en guardar de manera tan escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que el pobre ha sido expulsado de la sinagoga judía. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado... Es el mensaje que Juan nos quiere transmitir narrando un drama teológico -como es su estilo- más que afirmando proposiciones abstractas -como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega-.

Al final del evangelio de hoy las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama... Es un lenguaje de confesión de fe. Juan y su comunidad está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que han hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La Ontología de los siglos subsiguientes es cultural, occidental, griega. Para el caso, sobra.

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digo “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 79 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El ciego de nacimiento». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1400079
Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap79b.mp3

Para la revisión de vida

- Jesús dice que ha venido para “abrir un juicio”. Su vida y su testimonio nos emplazan con un desafío ante el que necesitamos pronunciarnos. Sugerencia: entrar en mí mismo, en oración profunda, encarándome con este ser-humano-que-es-juicio-de-Dios. Renovar y profundizar mi encuentro con Jesús. Sentirme desafiado por su vida y por su palabra. Aceptar gozoso el reto de vivir a la altura del desafío que nos hace.


Para la reunión de grupo

-- La “selección” de David (primera lectura) para ser ungido es uno de los casos típicos en la Biblia –de los que hay muchos más- en el que “los caminos de Dios no son nuestros caminos”, ni sus criterios son los nuestros… Estudiemos y glosemos en grupo esas diferencias entre los criterios de Dios y los criterios de los humanos…
- Para los que creemos en Jesús, Él, con su vida plenamente realizada en el amor y la entrega, hace presente el amor de Dios a los humanos, y por eso “abre un juicio” a la humanidad. El juicio universal, en una cierta dimensión, ya ha acontecido: se ha dado en Jesús; y se sigue dando: en Él, en el testimonio que de él nos sigue llegando transmitido por sus seguidores (la comunidad de los creyentes).
- Nos preguntamos: ¿es un juicio “universal”, para todos los seres humanos? ¿También para aquellos a quienes no les llega el testimonio de Jesús? ¿También para los hombres y mujeres que vivieron antes que Él (muchísimos más, cualitativamente, que los que han vivido después de Él? Si no es “universal”
- Parece que Juan quisiera hacer énfasis en la ceguera especial que tienen las autoridades religiosas para admitir el milagro de Jesús. Quienes deberían ser los más lúcidos resultan los más ciegos. ¿Tiene este aspecto del evangelio de hoy alguna relevancia para nuestros días?

Para la oración de los fieles

- Para que la Iglesia abandone toda forma de autoritarismo y actúe llevando al mundo la luz que recibe del Evangelio. Oremos...
- Para que prevalezcan las personas y sus derechos sobre las leyes y las tradiciones. Oremos...
- Para que quienes dudan de la presencia de Dios entre nosotros, descubran su amor por el testimonio vivo y eficaz de la iglesia. Oremos...
- Para que caminemos como hijos de la luz, denunciando toda opresión, violencia e injusticia. Oremos...
- Para que el Señor. abra nuestros ojos y no vayamos nunca tras ningún “otro pastor”. Oremos...
- Para que nuestra comunidad, que comparte un mismo pan, comparta igualmente los demás bienes. Oremos...

Oración comunitaria


Tú, Señor, que nos abres los ojos para que descubramos la hermosura de la creación y la grandeza de tu amor, ayúdanos a colaborar contigo para que todas las personas puedan alegrarse en su vida al ver tu luz. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

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El ciego de nacimiento: ¿Seré ciego, Señor?

ORANDO CON EL EVANGELIO



EL CIEGO DE NACIMIENTO
Autor: Pedro Trigo sj
(de Salmos con el Evangelio)


Vivimos, Señor, en un mundo de evidencias engañosas:
el pobre es pobre por su culpa
el éxito justifica al vencedor
¡Cuántas veces nos sorprendemos enarbolando
los mismos criterios de tus discípulos!:
"¿quién pecó para que naciera ciego? ¿él o los suyos?
La desgracia y la pobreza son un castigo
el éxito y la riqueza son un premio
Eso proclama la luz de este mundo
Y añade: nada hay nuevo bajo el sol.
Es lo que decía la gente del que había nacido ciego
y caminaba mirándolo todo:
no es él, es un tipo que se le parece.
Es lo que escuchamos o decimos con mucha frecuencia
no seas iluso, las cosas son como son
¿para qué consumir lo mejor de tu vida
luchando por un imposible?
hay que ser realista, hay que aceptar las cosas como son.
Y si alguien se mete a inducir algún cambio
no falta alguna persona religiosa que juzgue con autoridad:
ese no viene de Dios: se está saltando las normas.
Y si se nos pide que demos testimonio de alguna transformación
respondemos como los padres del ciego:
es cierto que esto ha cambiado, pero a mí no me metan en eso
yo no sé nada, yo no vi quiénes lo hicieron ni cómo.
Señor, la luz de este mundo nos condena a estar ciegos
nos culpabiliza por nuestra pobreza
nos mata toda esperanza
demoniza a quienes se meten a transformar la situación
y nos aplasta con el miedo a ser excluidos.
A la luz de este mundo una buena nueva para el pueblo
es una ilusión que se paga cara
es un pecado
el evangelio, Señor, es un pecado
para los dirigentes de este mundo que se llama cristiano.
Tu Hijo vino a traer, de tu parte, la luz de la vida.
El nos dice que tú no has tenido que ver
con las dolencias del pueblo
que las desgracias de los pobres no son un castigo tuyo
que tu gloria se manifiesta en darles vida
porque tu voluntad no es que las cosas sigan así
tu plan es transformarlo todo.
Por eso llamas al pueblo a la esperanza
a saltarse las normas que impiden que haya vida
a no temer a los que pueden matar sólo el cuerpo.
Hoy, Señor, queremos celebrar a ese ciego de nacimiento
que creyó en la palabra de Jesús
que lo llamaba a una posibilidad inédita
queremos celebrar al exciego
que se atrevió a dar testimonio de Jesús
porque no sólo vieron sus ojos corporales
también su mente captó tu lógica divina
y confesó que Jesús venía de ti porque le había dado más vida
y tú estás detrás de quien prosigue tu obra de creación.
Vivificado por la alegría de esa experiencia
no temió la excomunión
y aunque lo echaron fuera, no se sintió solo
porque llevaba en sus ojos y en su corazón
la marca de tu paso Salvador.
Por eso, llamado nuevamente por Jesús
se convirtió en su discípulo
Hoy, Señor, nos cercan las Tinieblas
tienen el resplandor impactante de la tecnología más refinada
imágenes persuasivas, slogans fulgurantes, saturación de mensajes.
Es una guerra cruel hasta que nos rindamos a la evidencia
de que la lucha por la vida es el único camino
él condensa además la sabiduría de la naturaleza
es la selección de los mejores
los pobres son los desechados
la piedad es injusticia
hay que premiar la excelencia, no la basura.
Señor, te pedimos, comprender
que las evidencias de la cultura dominante
sólo sirven para entender por qué vamos tan mal
tan apartados de tu plan, tan descarriados.
Te pedimos la luz que diste al ciego
para arrojar de nosotros esa lógica maldita
que condena a la humanidad a la eterna división
entre una raza de sacrificadores y la masa de las víctimas.
Te pedimos más, Señor, te pedimos
que sintamos en nuestras vidas tu paso vivificador
para que seamos testigos de tu voluntad eficaz
de edificar una humanidad fraternal
en medio de este mundo de lobos.
Te lo pedimos nosotros, los que el mundo llama ciegos y basura
los que tú llamas hijos queridos, los hermanos de Jesús
tu pueblo que cree y por eso ve, que te grita pidiendo
que tú suplas lo que falta a su fe para pararse y vivir por sí
y no tener que mendigar un día más.



¿SOY CIEGO, SEÑOR?
Autor: Javier Leoz

Digo creer en Ti, y vivo como si no existieras

Pretendo caminar por tus sendas y no palpo tu presencia

Presumo de conocerte y apenas escucho tu Palabra

Digo que ¡nadie hay como Tú!

y tiemblo cuando las dificultades asoman

¿SERÉ ACASO CIEGO, SEÑOR?

Abro los ojos ante el mundo

y me cuesta decir que Tú lo mueves

Confieso que Tú eres la luz del mundo

y me escondo en oscuridades peligrosas

Rezo mirando al cielo

y a la vez me fío demasiado

de las decisiones del mundo

¿TENDRÉ CEGUERA ESPIRITUAL, SEÑOR?

Soy humano y, muchos días,

me considero exclusivamente divino

Soy pecador y, queriendo o sin querer,

me las doy de justo y honrado

Afirmo conocer todos los secretos

y, a mis ojos, se escapa lo esencial

Conozco la ciencia y la matemática

y no sé cómo encontrarte en mi vida

¿SERÉ CIEGO, SEÑOR?

Porque leo tu Palabra

y, pienso que es para los demás

Escucho tu Palabra

y creo que no va conmigo

Camino, subo y bajo, corro y avanzo

y me tropiezo a cada instante

dándome de bruces

contra mis propias ideas y pensamientos

¡CAMBIÁME, SEÑOR!

Mi naturaleza humana, para reconocerte

La forma de mirar para no perderte de vista

El ritmo en mi caminar para ir a tu lado

El ruido de mi existencia para escuchar tus pisadas

Los nubarrones de mis pensamientos

para que Tú seas la luz de todo mí ser

¿ESTARÉ CIEGO, SEÑOR?


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Los Débiles son los preferidos de Dios


Autor:
Jesús Martí Ballester

LA MIRADA DE DIOS NO MIRA LAS APARIENCIAS, SINO EL CORAZON.

El Hijo de David (1ª lectura), que es el Hijo de Dios, cura a un ciego de nacimiento (3ª lectura).

1.Me lo contaba un amigo sacerdote: Estaba dando ejercicios en el Norte de España y llegó el Nuncio del Papa a darle la noticia: El Santo Padre le ha nombrado Obispo. No lo esperaba. No se lo había trabajado. Pertenecía a la raza rara de los “nolentes quaerimus”. La impresión fue tremenda. Tuvo que tomar pastillas para dormir. Un día recibo un e-mail de Angel Gómez Escorial: Has sido nombrado Escritor del Año. Ni lo esperaba ni lo había procurado. Eso es lo que impresiona, LO INESPERADO. ¿Qué le pasaría a David cuando llegó Samuel a Belén y le ungió Rey de Israel, viviendo todavía el rey Saúl? Saúl, elegido por Dios contra la voluntad de Samuel, es rechazado por Dios por haber desobedecido su mandato: “Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, pues se aparta de mí y no hace lo que digo” (1 Sam 15,11). El pecado de Saúl es la desobediencia. “Mejor es la obediencia que las víctimas. Pues que tú has rechazado el mandato del Señor, él te rechaza a tí como rey” (23).

2. Aunque la obediencia estuvo en crisis desde la creación de los ángeles, en la actualidad de una manera evidente, es piedra de escándalo, consecuencia lógica de la pérdida de la fe o de su enfriamiento. La crisis de obediencia es hija del humanismo naturalista, del racionalismo sin fe, del democratismo sin ética que se convierte en totalitarismo, del personalismo, y en el fondo de todo, del antropocentrismo, que erige al hombre en separado de Dios que no existe para él, y cuyo resultado es el desorden, que siempre existió y existirá, pero que se acentúa cuando no hay referencia a la trascendencia. Todos estos “ismos” fomentan que el hombre no acepte otro magisterio y otra autoridad que el de su razón, ni más ley que su propia voluntad. Para ayudar a practicar la obediencia hay que añadir a la fe el discurso de que el bien de la obediencia es el “mandato”, al contrario de las otras virtudes que es el bien mandado, como enseña Santo Tomás. Y si es verdad que la providencia asiste y ayuda para que el que manda acierte, si sigue sus mandatos, puede sacar bienes de los desaciertos convertiéndolos en bienes mayores, aunque a largo plazo, sin duda y que no son mensurables hoy. Dios da con creces lo que se renuncia por obedecerle. Por eso Santa Teresa de Jesús, escribió: “El gran bien y la mina y el tesoro de la preciosa virtud de la obediencia”, y tomando como punto de mira la obediencia, se tiene en ella fácil el discernimiento de los espíritus sabiendo que la obediencia ve en quien tiene autoridad va dirigida a Dios, pues toda autoridad viene de Dios. Y no tendrías autoridad sobre mí si no te la dieran de lo alto, dijo Jesús a Pilato. Toda la cristología puede resumirse en el texto de la carta a los Filipenses: “Cristo se humilló haciéndose obediente hasta la muerte” (2,8).

3. Samuel, que al principio no quería a Saúl, ahora que el Señor lo rechaza, llora: “El Señor le dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar llorando por Saúl, habiéndolo rechazado yo para que no reine en Israel?” (Ib 16,1) Nos parecemos a Samuel nosotros cuando lloramos lo pasado incapacitándonos para ver y vivir intensamente el presente, y prepararnos para realizar los designios de Dios en el futuro. El Cardenal Urs Von Balthasar, teólogo suizo, catedrático en Munich, Zurich y Basilea, es un jesuíta famoso, uno de los más grandes teólogos modernos. Vive a gusto con los jesuitas. Los ama. Las circunstancias, en las cuales se lee también la voluntad de Dios, le piden dejar la Compañía de Jesús, “su patria más querida, la más natural”, para iniciar un Instituto Secular, de raiz. Le costó a él muchísimo. “Pero hay que estar dispuestos a dejarlo todo, incluso una orden religiosa”, dijo. Le costó convencer al provincial. No hay que mirar el pasado. Mirar el futuro. Dios nos guía. Puesta la esperanza en él, no temamos porque él es el Señor de la historia. ¡De cuántas depresiones y angustias nos libraríamos si confíaramos un poco más en la providencia de Dios Padre Bueno y misericordioso, y Sabio guía de nuestros caminos!. A regañadientes y lleno de miedo, Samuel emprende el camino de Belén, en busca del rey nuevo. Entra en casa de Jesé y se fijó en el más grande de sus siete hijos. Lo veremos en seguida.

4. "La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias; pero el Señor mira el corazón". La teología bíblica tiene como principio fundamental que la elección de Dios no sigue las pautas de la mirada humana, sino que es siempre diametralmente opuesta. El escoge lo pequeño, lo débil, lo oscuro. El hombre elige lo grande, lo fuerte, lo que tiene relieve, lo impresionante. Es natural que así sea, porque el hombre no puede conseguir que lo débil sea fuerte, o que el pequeño sea grande, y Dios sí. “El Señor hizo en mi cosas grandes” (Lc 1,49). Dios puede romper el cántaro y hacerlo nuevo y enderezar lo torcido y curar lo deteriorado. De esta manera demuestra que la fuerza viene de él y lo pone de relieve. Si así no fuera, los elegidos por ser fuertes, confiando en sus fuerzas, no acudirían a Dios y estarían tentados de atribuirse la elección y sus efectos. Se envalentonarían y dejarían oscurecido el poder de Dios, como ocurrió con Lucifer, el más bello de los ángeles. También es verdad que los hombres, que están arriba, procuran elegir, como subalternos, a quienes no les hagan sombra, para que la cresta del subordinado, no sea más grande que la suya, pero por motivos muy diferentes de los divinos, consiguiendo la depauperación de la raza, pero parece que se piense: “detrás de mí, el diluvio”, todo lo contrario del racismo, que busca al “superhombre”.

5. David era el más pequeño de los hijos de Jesé. Hasta el mismo Samuel se engañó cuando comenzó a reconocer a los hijos del pastor y al presentarle a Eliab, pensó que ese era el elegido, porque era de gran estatura 1 Samuel 16,1. Pero oyó la voz de Dios en su interior: “No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado”. Ese ha sido siempre el proceder del Señor que eligió a Israel, el más pequeño de los pueblos, y de dura cerviz; y a Gedeón, procedente del clan más pobre de Manasés, y él, el último en la casa de su padre; y a Saul, de la tribu de Benjamín, la menor de las tribus de Israel. "Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios; lo débil del mundo para confundir lo fuerte; lo plebeyo y lo despreciable y lo que no es, para reducir a la nada lo que es" (1 Cor 1,27).

6. Dios, que elige gratuitamente, libremente y por puro amor, escoge al pequeño David para que sea el signo del buen pastor. Y al que era un muchacho lo hace “hombre fuerte y valiente, hombre de guerra y discreto en el hablar” (1 Sam 16,18). Y por su mano irá conduciendo a su pueblo "a las praderas verdes y a las fuentes tranquilas, y con su cayado lo librará de sus enemigos" Salmo 22. Pero la fuerza y el poder de David vendrán de la fuerza y del poder del Señor. Los hombres ven la apariencia, por eso hoy se cultiva tanto la imagen y los grandes pagan a su asesor de imagen. Dios ve con mayor profundidad. Ve con su luz. La que le faltaba al cieguecito. La luz del mundo, signo de la luz de la fe.

7. "Yo soy la luz del mundo". Una afirmación no es nunca una prueba. Jesús quiere probar que él es la luz y he aquí la prueba: "Al pasar vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé. El fue, se lavó y volvió con vista". Es la piscina del Enviado, que eso significa Siloé. Y ¿qué es lo que el ciego se va a lavar? El libro del Génesis nos relata la creación del primer hombre y nos dice que lo hizo del barro de la tierra y después le sopló el aliento de su boca. Mirad qué imagen y qué sentido más luminoso de la Encarnación. Creado el hombre para participar de la naturaleza de Dios, el mismo Dios se hace hombre, para poder crear con el barro de su propia saliva humano-divina al hombre con capacidad de vida eterna emparentada con la Trinidad y a la Santa Trinidad unida por Cristo. No es ya el barro de la tierra como en Adán, sino que, hecho el barro con su propia saliva, Jesús, como en una eucaristía primeriza y llamando a la comunión de vida, injerta en los ojos del ciego la imagen del hombre nuevo. Y le ofrece un proyecto de hombre, que vive de amor, como Jesús mismo con su saliva y su barro, y lo convierte en luz del mundo, como El mismo.

8. Y el que había sido ciego percibe la luz por primera vez y ve, se ve a sí mismo, se conoce: "Fue, se lavó, y volvió con vista". Juan 9,1. El mundo del ciego cambió de raiz. Vivía en la tiniebla y toda su vida se iluminó con la luz de este mundo. La prueba es la siguiente. Cuando los judíos lo expulsaron de la sinagoga, Jesús fue a buscarlo y le preguntó: "Crees tú en el Hombre aquél?" "Creo, Señor, y se postró ante él". Ese fue el cambio obrado: recibió la fe en Jesús. Se confió a él y aceptó su palabra y su luz. En adelante su vida cambiada, se convertirá en un signo del poder de Jesús. El ciego soy yo, tú,él, todos nosotros, la humanidad entera. Vemos sólo lo que los ojos abarcan. Jesús nos envía a la piscina de Siloé, que significa “Enviado”. El es el enviado del Padre, por tanto, nos remite a El mismo, y en la piscina del Bautismo nos da la vista de la fe y nos salva. Por la acci´n viva de los sacramentos y de la oración, se acrecienta la luz de nuestra fe, hasta que veamos con la misma mirada de Dios. La samaritana comenzó viendo en Jesús a un judío, después a un profeta, después el Mesías y al Salvador del mundo. El ciego, como ella, ha reconocido primero a un hombre que se llama Jesús, después a un profeta y terminó creyendo en el Señor, el Hijo del Hombre”. Hizo un acto emocionante de fe cristiana.

9. Los fariseos, como siempre, no aceptan el milagro. El ciego ve, y los que ven están ciegos. No hay peor ciego que el que no quiere ver: “Moriréis en vuestro pecado” (Jn 8,21). Interrogan al ciego. Les cuenta cómo ha sucedido el milagro y no le creen. Les preguntan a los padres, y los padres, que tienen miedo de decir la verdad porque saben que les castigarán y tendrán que sufrir los distintos grados de excomunión: separararles de la sinagoga; alejarlos de la comunidad judía una semana o durante un mes, vestir de luto, sentarse en el suelo, tener que dejarse crecer el pelo y la barba, y no poder bañarse ni asistir a la oración comunitaria, y hasta sufrir el destierro y ver confiscados sus bienes; y soportar la incomunicación de la comunidad que tiene que huir del trato con los culpables, se escabullen y responden: “Preguntádselo a él que ya es mayor”. Es la cobardía de los hombres de poca personalidad, egoistas, insolidarios. Cuando San Juan de la Cruz defendía en el capítulo de Almodóvar los derechos de las hijas de Santa Teresa, sabía que el Padre Vicario General Doria se vengaría, pero no cedió. Cuando las cosas comienzan y no están seguras, son pocos los que se arriesgan a defenderlas. Más que el bien de la sociedad y de la comunidad eclesial se mira la propia supervivencia, el esquivar los problemas, el rehuir el compromiso. Lo que los padres del ciego hacen es corriente entre todos o casi todos los mortales. Aquel fraile inmutable en sus cargos, a quien le preguntaron cómo se lo montaba, dio la fórmula: “Semper bene dicere de superioribus; se gerere taliter cualiter; et currant aquae”. Vencer la cobardía y romper una lanza por la generosidad y la creatividad, es propio de almas grandes que no quieren que la comunidad muera anquilosada. “Los que de veras aman a Dios todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno alaban, con los buenos se juntan siempre y los favorecen y defienden” “La sangre y la vida darán por favorecer las obras de Dios”. Lo escribió Santa Teresa que fue tratada por San Pedro de Alcántara en sus momentos difíciles con esta medida ante el obispo de Avila que se negaba a aprobar su fundación.

10. Al dar la vista al ciego, Jesús activa la salvación anunciada por Isaías: "los ciegos ven... y a los pobres se les anuncia la buena noticia" (26,19). Y de la misma manera que le ha devuelto la vista al ciego y le ha anunciado la buena noticia de que él es el Hijo del hombre: "Dime quién es, Señor, para creer en él? -"Ya lo estás viendo, es el mismo que habla contigo",-“Creo, Señor. Y se postró ante él”, se nos descubrirá a nosotros y nos curará, y a toda la humanidad que crea en él. Y le adoraremos como el dichoso ciego.

11. Para eso quiere que renovemos en su recuerdo el memorial vivo de su muerte y la gloria de su resurrección y ascensión a los cielos, a través de cuyo sacramento actúa con el Espíritu Santo en nosotros y en todo el mundo, al que quiere darle la luz de su Palabra para que sea dichoso.

12. "Despertemos los que dormimos, y levántemonos de entre los muertos y Cristo será nuestra luz" indeficiente Efesios 5, 8


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Maestro: ¿Por que nació ciego este hombre?






El diagnóstico que nos acaban de dar es fatal; la enfermedad apareció de repente y no hubo tiempo de prevenirla. Fue un accidente horrible; nadie esperaba que muriera tan joven. En el cruce de balas lo hirieron y quedó parapléjico; le espera una vida entera de sufrimiento. La ecografía dice que el niño va a nacer con una deficiencia grave; será una carga pesada de llevar para toda la familia. Noticias como estas no se las desea uno a nadie. Pero llegan muchas veces. Y siempre, sin avisar. El dolor en este mundo es muy grande y toca, más tarde o más temprano, a nuestra puerta, y entra sin pedir permiso.

Cuando le pasan cosas malas a la gente buena” es el título de un libro escrito por un rabino norteamericano que vio nacer a uno de sus hijos con una penosa enfermedad, que lo acompañó hasta su muerte, a los catorce años; murió sin saber por qué él y sus padres, habían tenido que sufrir tanto. Desde luego, este libro no logra explicar del todo el origen del mal en el mundo, pero sí nos ayuda a entender algunas de las situaciones que viven aquellas personas que han sufrido injustamente. Es un buen intento por darle un sentido al dolor del inocente.

Los discípulos, viendo al ciego de nacimiento, le preguntan a Jesús: “¿Por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?”. Esta pregunta aparece siempre ante el dolor y el sufrimiento del inocente. Buscamos la culpa en alguien. Buscamos alguna explicación, algún sentido al dolor, porque no nos cabe en la cabeza que no haya una causa que lo explique. Pero siempre, las explicaciones y los razonamientos que hacemos se quedan cortos. El sufrimiento desborda nuestros intentos por entenderlo y explicarlo. Eso ha pasado recientemente con la tragedia del sudeste asiático y en muchos otros sucesos que dejan al descubierto nuestra propia contingencia.

La respuesta que da Jesús puede decirnos algo, aunque hay que reconocer que el misterio sigue allí, sin aclararse plenamente: “Ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue más bien para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer. Mientras es de día, tenemos que hacer el trabajo del que me envió; pues viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en este mundo, soy la luz del mundo”. ¿Qué culpa puede tener el niño al nacer? ¿Por qué iba a cargar el niño con el pecado de sus padres? Sin embargo, esta es la explicación que le damos muchas veces, al dolor. Necesitamos un chivo expiatorio y lo buscamos en otros o en nosotros mismos. Tratamos de entender el origen del mal en algún comportamiento nuestro.

El dolor y el sufrimiento no se pueden explicar. Tal vez lo peor que podemos hacer es buscar culpables o culparnos a nosotros mismos. El dolor es una pregunta que nos lanza la vida y que nos abre a lo que Dios puede hacer en nosotros y, a través nuestro, en los demás. El Señor nos invita a ser una luz para aquellos que transitan por el camino del dolor, como lo fue él para aquel ciego que recuperó la vista después de bañarse en el estanque de Siloé. “Después de haber dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y se lo untó al ciego en los ojos. Luego le dijo: – Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa ‘enviado’)”.


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Seamos Luz


Autor: José María Maruri, SJ




1.- Este es un invidente molesto. Es decir, mientras se quedó en su puesto de invidente pasó desapercibido, como debe ser. Pero cuando se le ocurrió empezar a ver, no hace más que crear problemas a los fieles practicantes, a sus propios padres… Bueno, yo creo que él mismo, traído y llevado de interrogatorio a interrogatorio y malamente expulsado de la Sinagoga, empezaría a pensar que en medio de todo no había vivido mal en el anonimato de su invidencia.

Las molestias que este invidente causa a su alrededor no son los de un intelectualoide hinchado de ciencia, que sabe que sabe y cree que cree. Nuestro invidente no sabe nada: “no sé quien es el que me ha curado”. Continúa su camino hacia Dios barruntando que tiene que ser un profeta y que viene de Dios. Y no acaba sabiendo que sabe, sino en un “creo Señor” salido del corazón. Recobró la vista de los ojos y la vista del corazón.

“He venido para que los que no ven vean y los que ven no vean” Porque es tremendo ver, estar cierto, estar firmemente seguro como aquellos fariseos, para los que la ley es la norma suprema que mide todo y enjuicia todo. Y por tanto Jesús que cura a un ciego en sábado no puede venir de Dios. Ante todo la ley, la norma, la costumbre, lo que se ha hecho siempre, aunque en esa trama rígida estrecha muera el corazón, agonice la misericordia y sea crucificado, el mismo Dios que si quiso venir al mundo debió pedirles permiso a ellos, que conocen la Escritura de memoria.

Ciegos con los ojos abiertos, tinieblas incapaces de recibir la luz, no sólo eso… tinieblas que tratarán de ahogar la luz, como dice San Juan. Ve el ciego en su sencillez y no ven los que ven en su soberbia. ¿No seremos nosotros de los que vemos y creemos que creemos?

2.- “Mientras yo estoy en el mundo Yo soy la luz del mundo. Ese “mientras” es un misterio. ¿Es que cuando Jesús nos deje todo va a volver a las tinieblas? ¿Aquellas tinieblas que cubrirán la tierra el Viernes Santo a la muerte del Señor, son barrunto de que con Él se va la luz de este mundo? ¿No hay una lógica conexión entre estas palabras y aquellas otras del Señor: “Vosotros sois la luz del mundo”? Mientras yo esté aquí yo soy la luz, pero cuando yo me vaya seréis vosotros la luz del mundo.

3.- En medio de esta sociedad envuelta en tinieblas de hipocresía y mentira, tinieblas de codicia y drogadicción, tinieblas de corrupción y desenfreno sexual, ahí debemos ser cada uno de nosotros luz. No basta la denuncia, no basta lamentarse, porque más vale encender una cerilla que quejarse de la oscuridad.

--Seamos luz del ciego que tantea las tinieblas buscando un Dios que barrunta, aunque no ve.

--Seamos luz que lleve consuelo a las tristezas del enfermo, del anciano, de la viuda, del moribundo

--Seamos luz que purifique como el sol los ambientes enrarecidos por lo impuro, por la chabacanería sexual, por la denigrante esclavitud de la mujer.

--Seamos luz de esperanza para niños y jóvenes a los que amenaza engullir como monstruo sangriento esa tiniebla luminosa del placer, del dinero sin esfuerzo, del egoísmo brutal, de la mentira por norma.

Nosotros debemos ser luz del mundo mientras estamos en el mundo.

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Ciegos en España


Autor: Balsera & Fornés

A veces, la vida en esta tierra se ha comparado con una comedia en la que cada uno representa un papel.


Y sucede, en el teatro o en el cine, que lo que allí se desarrolla no es real, aunque lo parezca. El que actúa de rey, una vez acabada la función deja su corona, y se toma un bocadillo en un bar. Y lo mismo el que hace de mendigo, puede ganar millones por su actuación.
Por eso, se compara nuestra vida con el arte dramático: detrás de las cámaras y de la tramoya está la realidad, pero no en el escenario, allí todo es apariencia.
Ya lo decía un conocido actor y escritor inglés: «Todo el mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres no son sino actores». La gracia del asunto es que, mientras más real parece lo del escenario, más falso es.
Cuando vas por Roma y te acercas al Coliseo, un circo monumental de varios pisos de alto, hecho de piedra, te salen al encuentro unos personajes vestidos de romano, con sus túnicas y sus espadas cortas, sandalias enroscadas en la pierna, el casco con esa especie de cepillo en la cabeza…
Salen a la caza del turista, a ver si pican y se hacen una foto con él, para luego cobrarles un dineral.
Lo gracioso es ver al romano delante del Coliseo. Parece de verdad, es como si te fueras veinte siglos hacia atrás, el encuadre es perfecto. Pero, si miras a los lados, si te sales de ese marco, te ves rodeado de gente como tú, de tu época. Es un contraste divertido. Moviendo ligeramente los ojos pasas de la antigüedad a la actualidad y de la actualidad a la antigüedad.
Muchas veces, a nosotros nos pasa lo mismo en la vida diaria. Estamos tan metidos en las cosas, que tenemos un encuadre que no es real, que nos puede parecer definitivo, pero que no lo es.

«No te fijes en las apariencias» nos dice el Señor por boca del profeta (I Sam 16, 7). –Por algo nos lo dirás, Señor.

En el cine nada parece real salvo la película que estás viendo. Alrededor, no se ve más que oscuridad, como si fuera un gran vacío. Pero, justamente en esa oscuridad está la realidad, las personas de verdad.
Allí, el mundo real está oscuro, parece que no existe. En cambio, el irreal, el que aparece en la película, parece el verdadero.
La realidad de nuestra vida, de cada persona sólo la puede conocer Dios, que es el que mira las cosas fuera del tiempo. Y mira, no el papel que uno representa, sino que «el Señor ve el corazón» (Idem).
Es una realidad que nuestra vida la está viendo constantemente Dios. Nosotros no le vemos a Él porque está como escondido, pero nos ve y nos oye, como ahora desde la oscuridad del sagrario.
El Señor nos podría decir: en el cine ves y oyes a personas que no están allí. Pero Yo siempre estoy contigo aunque no me veas.
Lo difícil no es creer esto, lo difícil es darse cuenta de que el Señor nos mira siempre, ver las cosas como las ve Él.

Por eso nos repite: «No te fijes en las apariencias», porque lo verdadero es ver la realidad como la ve Él.

–Señor, que veamos nuestra vida con tus ojos.
En eso consiste la luz de la fe. Con la fe tenemos la luz de Dios. Precisamente el Señor se encarnó para darnos esa visión sobre-natural.
Una visión que traspasa la oscuridad y que nos deja ver más allá de las apariencias. Nos deja verle a Él en las cosas que hacemos. Es entonces cuando todo adquiere sentido.
Lo que da sentido a una película, a los actores, es precisamente el público que la está viendo. Sin el público todo aquello no sirve.
Podemos decir, que el verdadero ciego de este mundo es el que no tiene la luz de la fe, Lo real, lo importante no es lo que yo piense, sino lo que piensa Dios sobre las cosas, las personas, los acontecimientos de mi vida.
¡Qué pena no tener fe! Sin fe no ves el sentido de la vida. Lo mismo que la ceguera impide ver el relieve, los colores, un a-gnostico, no sabe, ni ve lo fundamental.

Señor, danos esa luz, auméntanos la fe.

Por eso, un acto de fe en Dios vale más que todas las riquezas de la tierra. La fe nos da la luz para ver los acontecimientos de esta vida con los ojos de Dios.

Señor, Tú eres la luz del mundo; Tú vas siempre conmigo. Saber esto te cambia la vida, porque adquieres una nueva dimensión de las cosas.

A Jesús no le ves ni le oyes pero sin embargo da luz. Pasa como con la electricidad. De manera que uno se lo puede explicar le das a un interruptor y se enciende una bombilla.
Jesús nos da una luz nueva que nos hace vivir de distinta manera, viendo la realidad de las cosas. Vivir así, bajo la luz de la fe nos llena alegría y optimismo.
Gabriela Bossis es una actriz de mediados del siglo pasado. Alta, con el pelo rubio como el oro, activa, de paso flexible. Dicen que lo mejor era su sonrisa.
Era la menor de cuatro hermanos. Sensible, se asustaba con los juegos bruscos. Discreta. De su vida hay pocas anécdotas. Nunca hablaba de sí misma. Tuvo muy presente a Dios y contó siempre con Él.
De pequeña, a veces se escondía dentro de un tapíz, enrollada como si fuera un rollo de primavera, en un cuarto detrás de la cocina de su abuela. Y cuando la llamaban: –¡Gabriela! ¿Dónde estás? Ella pensaba para sus adentros: –Estoy con el Buen Dios.
Creció, y empezó a escribir obras de teatro, comedias preferentemente, y también poesía. Su primera obra de teatro se titulaba El encanto. Tuvo gran éxito. Viajó mucho como actriz. Estuvo en África, Italia, Bélgica, Argelia, Túnez, hasta en Palestina… Se ganó cierta fama, incluso pensó dedicarse al cine.
Se sentía –son palabras suyas– juglar de Dios. De manera natural, representaba sus obras sabiendo que Dios era su público principal.
En uno de sus viajes, a Canadá, comenzó a escribir en el barco, un libro titulado Diálogos. Allí describe su oración con Dios en medio de un trabajo tan peculiar como ser actriz.
Era consciente que, si quería, podía comunicarse en cualquier momento con Dios. El Señor le concedió, durante unos años de su vida, la gracia de escucharle con mucha claridad. Esas intervenciones del Señor iluminaban su vida, le tiraban para arriba.
Para que te hagas una idea, te leo una de sus notas. Un día estaba en la estación esperando el tren. Y, estando así, mirando a la vía para ver si venía, el Señor le hizo entender: «Tú miras con fijeza en dirección por donde va a venir el tren. De igual manera, Yo tengo mis ojos fijos en ti, esperando que vengas a Mí».
Algo tan simple como esperar un tren, Dios lo convierte en un encuentro. Algo tan indiferente adquiere sentido. Eso hace la fe en las personas, te hace descubrir al Señor.
Otro día que estaría de bajón el Señor le hizo ver: Ofrécete a Mí tal como eres, sin esperar a estar contenta de ti misma. Únete a Mí en medio de tus mayores miserias (...) ¿quién te ama más que yo?
Contrasta mucho todo lo que venimos diciendo con la actitud de los fariseos, según nos cuenta el Evangelio de san Juan en el capítulo 9.
Es un capítulo dedicado enteramente a la curación de un hombre ciego de nacimiento. Jesús le abrió los ojos.
En aquella circunstancia, los fariseos están desconcertados y enfadados porque Jesús ha hecho un milagro en sábado, el día del descanso judío.
Como no quieren creer no ven la realidad del milagro.
Intentan buscar una explicación donde no la hay. Primero le preguntan al que era ciego: ¿cómo te ha curado? Y él les contesta: «Me puso barro en los ojos me lavé y veo».
Como siguen sin creer, le preguntan a sus padres, pero ellos no saben nada.

La solución la da Jesús cuando se encuentra con el ciego a solas. Le dice: «–¿Crees en el Hijo del Hombre? Él contestó: –Y ¿quién es, Señor, para que crea en Él? Jesús le dijo: –Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es. Él dijo: –Creo, Señor».

Creyó en el Señor y empezó a ver lo que antes no veía. La realidad se le presentaba distinta, sin tinieblas.

Señor, danos esa luz, auméntanos la fe.

Jesús no sólo le dio la luz natural sino la sobre-natural. Empezó a caminar por el mundo «como hijo de la luz» (Ef 5,8), viendo las cosas con los ojos de la fe.
Podemos repetirle ahora, al Señor, las palabras del ciego cuando empezó a ver: «Creo, Señor» (Jn 9, 38).
La falta de fe es la peor ceguera, y lo peor que nos puede pasar en esta vida. Por eso corrigiendo al poeta, podemos decir:

Dale limosna, mujer
que no hay en la vida nada
como la pena de ser
ciego en España.

María vio siempre la realidad con la luz de la fe. Cada día era distinto, aunque siempre representara el mismo papel: limpiar la casa, ir por agua, cocinar, colocar unas flores…
Sabía que Dios estaba detrás de cada acontecimiento, aunque otros, en Israel, estaban ciegos y no se daban cuenta.

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La película del ciego de nacimiento






1- En los fragmentos del evangelio de San Juan que estamos leyendo estos domingos de cuaresma –y tanto el pasado como este—llama la atención primero la completa partición en secuencias del relato, como en el cine. Con la narración de Jesús y la Samaritana nos llegaron muchas cosas, hay mucho diálogo, hay mucha acción. Es, sin duda, auténtico lenguaje cinematográfico, concebido muchos años antes de que se inventara el cine. Pero, ¿y en este episodio que acabamos de estuchar? ¿Qué podemos decir? Sé contemplan varias escenas, varias secuencias: el momento de la curación, los interrogatorios de los fariseos, la intervención de los padres, la respuesta del ciego de nacimiento a los fariseos, su expulsión, el recuentro con Jesús… Es una película completa. Y esta argumentación cinematográfica solo tendría aspecto de forma, sino fuera porque da al relato una impresionante acción que tiene al que escucha pendiente y muy pendiente. Por eso no es tanto cuestión de forma, como de capacidad narrativa y, con la capacidad narrativa del apóstol Juan, aparece toda la acción misericordiosa y salvadora de Jesús de Nazaret. Lo hace hoy en torno a la figura del joven ciego de nacimiento, mendigo al que el Señor le cambio la vida. Eso sirvió para entender y admirar la fuerza de amor y de sanación que surgía de lo más interior de Jesús: de su corazón. La semana pasada, en efecto, le prometía a la Samaritana los manantiales –como si fueran verdaderos torrentes—de agua de eternidad. Ahora es la luz que no cesa. La luz que traspasa el tiempo y el espacio e ilumina un mundo salvado, un mundo redimido, pleno de luminosidad, de paz, de sosiego, de eternidad.

2.- Y si he puesto de manifiesto esa idea de relato cinematográfico no es –tan solo-- un golpe de admiración al Séptimo Arte, que se lo tengo y como yo muchos. Es que ese tempo tan especial nos va a dar muchas claves. Y, la más atractiva –además, por supuesto, que la curación propiamente dicha—es la conversión del ciego. Y puede que para el ciego fuera en definitiva “más rentable” de cara a la vida eterna más la conversión que la curación. Él, al principio, da una referencia vaga, pero objetiva de quien le ha curado. No lo conoce. Y explica, pacientemente, en el primer interrogatorio como fue la curación. Pero luego los fariseos –entre los que hay jueces—quieren que acuse al misterioso personaje que le ha devuelto la vista. Y expresa su primera opinión: “Debe de ser profeta”. A lo que los representantes de la religión oficial responden con ira y sin desear saber más. Nadie que cure en sábado puede ser de Dios. Es más importante el sábado que la bondad, que la felicidad de un ser humano, que la atenuación de su enfermedad o la desaparición de su infortunio. Y ante las presiones de los mismos, se torna valiente y les replica con la mayor ironía posible: “es que queréis haceros discípulos de Él”.

3. Tampoco es desdeñable el desarrollo de esta escena. Os la podéis imaginar. Los fariseos, muchos de ellos jueces y escribas irían vestidos con sus ricos ropajes. El ciego era un mendigo. Su atuendo no sería otro con un conjunto de harapos. Lo rodean y lo acosan. Tuvo que imponerle, al principio al ciego, ese grupo que le intimidaba con sus vestidos representativos de la autoridad y de la ciencia. Llamaría la atención ver a ese grupo de personas principales debatir, probablemente a gritos, con un pobre mendigo. Pero el ciego no se amilana porque ha valorado ya con justeza el don de la vista. Y ha sabido que pasar de las tinieblas a la luz, de no ver a ver, es un salto de tal importancia que sólo alguien muy cercano a Dios –o el propio Dios—pueden hacerlo. Y le extraña, obviamente, que los doctores de la ley, los “expertos en Dios”, no sean capaces de comprender esa maravilla, independientemente de que esté hecha en sábado o cuando sea.

4.- No es fácil glosar el Evangelio de Juan que hemos leído hoy en pocas palabras. Está lleno de simbolismos y enseñanzas. Y así, la primera es como Jesús aclara que la enfermedad no es causa del pecado. Ni fueron los padres del ciego de nacimiento los que pecaron. En el episodio de la curación se va a ver la gloria y el poder de Dios. Pero, al mismo tiempo, Jesús de Nazaret dignifica al enfermo. No es reo de un pecado; no es culpa de él; ni de sus padres. La enfermedad es un deterioro físico inevitable para la condición humana. Los judíos atribuían la enfermedad al pecado. En cierta medida esa posición respecto a la enfermedad se parece a la del sábado. El sábado estaba sacralizado por encima de la pura –y lógica—significación de un día destinado a dar culto al Señor. Dios es el Señor del Sábado, no al revés, claro.

La pura cuestión de la divinización del sábado es la que produce la ex comunión del ex ciego. Le expulsan de la sinagoga que es como borrarle de la lista de los ciudadanos. Era un castigo tremendo pues enviaba a la más pura marginalidad a quien lo sufría. Sólo era comparable a la condena de los leprosos. Pero es Jesús, cuando sabe que han expulsado a ciego cuando quiere verle. El diálogo entre los dos es maravilloso. Ponerlo en imágenes es más que emocionante. Cerrar vosotros por un momento los ojos e imaginarlo. Jesús viene a reconfortar al curado. No parece que tenga que ser solamente cuestión de alegría una curación con aquella. Se desata una turbulencia política de primera magnitud, y el ex ciego no puede disfrutar de su alegría. Es Jesús quien da sentido a su vida, además de curarle. Le comunica alegría. Como a nosotros mismos, un día; cuando Jesús nos sacó del pecado repetido, del “defecto habitual” que diría San Ignacio y nos mostró el Camino, la Verdad y la Vida. Nos dio alegría. Nuestra “curación” ya fue lo de menos.

5.- Vamos ascendiendo hacia la Pascua. Jesús, como al ciego del relato de hoy, no nos va a dejar solos. Debemos implorarle a Él, que nos explique lo que está pasando, lo que nos pasa y lo que nos puede pasar. Muchas veces nosotros también podemos experimentar la alegría de la curación porque, incluso, en nuestros ambientes, hay demasiadas preguntas, demasiadas búsquedas de pureza oficial y estructural, cuando lo que hace falta que tengamos limpio el corazón. El pecado no trae enfermedad. Ni es causa de expulsión o segregación. El pecado tiene de malo que nos separa de Dios, pero la “cuenta” exacta y su remisión es aquella que se hace entre Dios y cada uno de nosotros. Como la conversión del joven ciego de nacimiento al final de este magnifico relato que nos ha brindado el evangelista Juan, hoy. Confiemos en Jesús y como nos mostró Juliana de Norwich, santa inglesa de la Edad Media, el mismo Jesús le había dicho: “No temas, que al final todo saldrá bien”.

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