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jueves, 28 de febrero de 2008

Domingo IV de Cuaresma: El Domingo de la Alegría


Autor: Camino Misionero








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Hoy volvemos a encontrarnos contigo, Señor de la Vida. Justamente en este domingo tan particular, donde los hermanos que tienen la ocupación de organizar la vida en la Iglesia, hicieron como un alto, en el andar cuaresmal, de tantas súplicas, limosnas y reproches, para comenzar a ver mas allá, ya no para atrás, sino para situarnos delante de ti, como el Rey, que mandas en nuestras vidas y en todo el universo.

Debo sincerarme Señor, que cuando leía que este domingo es el de la Alegría, lo primero que se me vino a la cabeza, fue una idea pesimista y bastante recortada de la realidad. La pregunta que me formulé fue: ¿Hay motivos para alegrarse hoy en día? Inmediatamente a mi cabeza vinieron muchas imágenes feas de la cotidianeidad, y también algunas situaciones, que con mis solas fuerzas no puedo resolver. De golpe, el abatimiento se apoderó de mí, sin mediar intersección alguna en mi estado de ánimo.

Al comenzar esta cuaresma, la primera pregunta que me hacía, fue: ¿soy feliz? Y muy bien todavía no la tengo resuelta del todo.

Y hoy, tu liturgia y tú Iglesia me vuelven a interpelar en ese sentido. ¿Cuáles son mis verdaderas motivaciones diarias? ¿Que es lo que me tiene enamorado, como diría Arrupe?

A decir verdad, tengo como una especie de sensaciones y vivencias encontradas. Por un lado este ponerme la mochila para transitar el camino de cuaresma, nos ha renovado la esperanza y también, nos refrescó un poco, el insondable misterio de tu Amor en este mundo. Si. Porque siempre es bueno recordar. No vivir de recuerdos. Sino más bien, el actualizar lo pasado en tu Eterno presente, para que nos sirva de remanso en nuestra larga peregrinación hacia la Casa de Tu Padre. Eso fortalece y anima. Es como un aventón para comenzar el día y las muchas cargas de cruces que nos toca levantar. Pero también está ese saborcito semiamargo de intentar caminar detrás de tus huellas. El vivir y sentir tus padecimientos a través de tu entrega, es como que duele un poco en lo más íntimo de nuestro corazón. Tanto esfuerzo y tanto sacrificio de tu parte, para que nosotros de un plumazo borremos todo o simplemente nos hagamos los distraídos, como diciendo que en este lugar no ha pasado nada. Jesús, así son las cosas…

Pero acá si ha pasado algo. Es mejor dicho, alguien. Y ese fuiste, eres y serás Tú.

Y con la ayuda del Evangelio que evocamos hoy, nos damos cuenta, que tus pasos por este mundo, nunca pasaron desapercibidos. Tu sola presencia, cambia todo. Radicalmente.

Depende de nosotros, en que consista el cambio. Para bien o para mal. Y ese es el misterio infranqueable de nuestra libertad. Nosotros decidimos que hacer contigo. Señor, hasta me parece exagerado y blasfemo lo que te estoy diciendo, pero es verdad. O te aceptamos. O te rechazamos. O nos adherimos a Ti. O te juzgamos como un preso.

Quisiera hablarte en mi nombre, pero también en el de muchísimos hermanos de este mundo: nosotros de corazón, queremos que nos sanes de nuestras heridas del alma. Quizás también de alguna dolencia particular.

Nuestra alma necesita salir del rincón oscuro que nuestra modernidad le ha asignado. Queremos ser personas espirituales. Sanas y alegres. No santurrones y mojigatos. Sino, trabajadores honestos de tus campos, que cada día emprendan la jornada, con la conciencia de que la Tierra y los Frutos, nunca van a ser nuestros, pero que tu inmenso Amor, los compartirá con todos en forma equitativa y justa. Los cambios estructurales, sociales, políticos, religiosos, etc., solo tienen asidero en el gran Médico que eres para toda la humanidad. Porque de nada vale, fantasear con que las cosas cambiaran mágicamente, sin esfuerzo alguno, si al momento, nos topamos con la triste realidad, que fuimos nosotros los que estropeamos muchas cosas, y que sin tu ayuda, nada podremos hacer.

Ésa es la Alegría que todos buscamos. Tu Presencia. Tu Presencia que nos dice que la hora ha llegado, que ya no podemos reservarnos más. Que estamos a unos metros de emprender la dolorosa Pasión que redimirá definitivamente a este mundo, con tu vuelta al Padre.

Este es el momento. Desde nuestros lugares de lucha diaria. Sea en el trabajo. En el hogar. En los barrios. En las reuniones de amigos. En la parroquia. En el apostolado. En la misión. En donde fuere que Jesús hoy nos alcanza. Y solo hay dos caminos: nos dejamos sanar o nos resistimos desde nuestras bestialidades humanas.

Hoy Jesús, nuevamente nos das otra pequeña pista sobre el Reino que viniste a proclamar. Allí no hay sufrimiento, ni imperfecciones. Ni tampoco se hecha en cara por tal o cual padecer. Allí se actúa. Amorosamente. Compartiendo lo que es don y talento, con aquel que menos tiene. Allí se estira la mano, respondiendo a aquel que clama ayuda. Allí, en el Reino, no hay estructuras ni status, que estén por sobre el bienestar del prójimo.

¡Gracias Jesús! Por entregarnos esta luz acerca del Reino. Porque nos muestras como debe ser este mundo para aquellos que aspiramos a entrar al Reino, aunque más no sea por una pequeña ventanita.

Tu Vida es la luz que necesita nuestra vida. Tus pasos son los candiles que alumbran delante de nuestro caminar. Tu Ejemplo es el vivo arco iris que los ojos de nuestras almas desean contemplar.

¡Gracias! Por ayudarnos a volver a ver las cosas como son. Como Tú quieres que sean. ¡Gracias! Por haber pasado delante nuestro y haberte conmovido con nuestras miserias, y haberte dado el tiempo para sanarnos definitivamente

Te pedimos en este día, en el que tenemos muchas cosas para agradecer, y por lo tanto alegrarnos, que luego de que nos sintamos sanados por Tu Espíritu, sepamos dar a conocer y testimoniar verazmente al mundo, lo que Tú produciste en nuestras vidas.

Te imploramos por todos los ciegos del mundo que claman a Ti, para que le obres el milagro que necesitan, para que sean escuchados y podamos ser nosotros, simples herramientas que de algo sirvan a tal fin.

Te pedimos por último, por todos los doctores de la ley que hay en este mundo (y que muchas veces también lo somos nosotros) para que recuperen la sensibilidad de reconocer Tu Gracia en plena acción y puedan sobre la marcha, rectificar muchas proposiciones erradas, que a su vez, heredaron indefinidamente.

Señor Jesús, en este domingo, te decimos AQUÍ ESTAMOS. Estamos felices de conocerte y reconocerte. Queremos compartir tu Vida, y somos concientes que para ello, debemos caminar irreductiblemente hacia la Cruz. Lo hacemos contentos, porque creemos en Ti y esperamos gozosos que se cumplan tus palabras. Amén.