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sábado, 31 de mayo de 2008

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA


Por Guillermo Juan Morado
Publicado por La puerta de Damasco

“Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, para que todos canten himnos en su honor” (Tobías 12,6).

El mes de mayo se cierra con la fiesta de la Visitación de la Virgen María. Esta fiesta nos ayuda a entender el misterio de la salvación como la visita que el mismo Dios ha hecho a su pueblo para redimirlo (cf Lucas 1,68). En las palabras del Magnificat, el cántico de María, resplandece “un rayo del misterio de Dios, la gloria de su inefable santidad, el eterno amor que, como un don irrevocable, entra en la historia del hombre” (Juan Pablo II, Redemptoris Mater 36).

San Juan de Ávila, en uno de sus sermones, dice que María visita a quien de Dios se acuerda: “La casa donde visita la Virgen es casa de Zacarías […] Zacarías quiere decir el que se acuerda de Dios. Bienaventurado el hombre que de Dios se acuerda, pues le sabe la Virgen la casa”. Y añade: “Acordarse de Dios es acordarse de sus mandamientos, es ponerlos por obra; y así, el que olvida los mandamientos olvida a Dios, y el que no los guarda, aquél los olvida aunque los sepa de memoria”.

El recuerdo de Dios, y de sus mandamientos, no es una carga pesada para el hombre. El recuerdo es alabanza; una oración que se convierte en fuente de alegría: “Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lucas 1,46-47). Reconociendo a Dios como Dios, reconociendo su Gloria, percibimos la inmensidad de un amor que siempre se manifiesta como salvación. Dios, que recuerda su misericordia y su promesa, nos precede en este ejercicio de la memoria. Dios se acuerda de nosotros para que nosotros podamos acordarnos de Él.

La visita de María evoca también la misión de la Iglesia; de una Iglesia que, habitada por el Espíritu Santo, porta la alegría y sale al encuentro de cada hombre y de cada pueblo para que cada hombre y cada pueblo puedan encontrar a Cristo y reconocerlo como su Salvador.

Oración

Oh Dios, Salvador de los hombres, que, por medio de la bienaventurada Virgen María, arca de la nueva alianza, llevaste la salvación y el gozo a la casa de Isabel, concédenos ser dóciles a la inspiración del Espíritu para poder llevar a Cristo a los hermanos y proclamar tu grandeza con nuestras alabanzas y la santidad de nuestras costumbres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A: Señor, Señor...

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Domingo 9 tiempo ordinario. Ciclo A. Mt 7, 21-27. El evangelio de este domingo tiene dos partes:
(a) Mt 7, 21-23. Una palabra de aviso dirigida a los cristianos: lo que importa no es mantener la pura “ortodoxia” (decir bien Señor Señor), ni sobresalir en lo externo (falsos poderes, milagros, profecías), sino vivir el amor de Jesús, tal como se expresa en el Sermón de la Montaña (Mt 5-7).
(b) Mt 7, 24-27. Una parábola: se trata de construir la casa de la vida personal (la casa de la Iglesia) sobre la Roca de Jesús, que es el Sermón de la Montaña (en amor, en gratuidad). Todo lo que no sea eso es querer edificar sobre arena.
c) Estamos en tiempos “recios”. Hoy como en los años de Mateo son muchos los que apelan al “Señor Señor” y a las grandes obras externas, pero descuidan (descuidamos) la raíz del evangelio. Así lo indicaré comentando la primera parte del texto. Dejo a un lado la parábola de la “casa firme” para que la piensen y comenten los mismos lectores.

Texto Estudiado:

Juicio final del Sermón de la montaña: Mt 7, 1-23
1. No todo el que diga: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos sino el que cumpla la voluntad de mi Padre que está en los cielos
2. Muchos me dirán aquel día: ¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios y en tu nombre hicimos muchos prodigios?
3. Y entonces les confesaré (negaré) diciendo: No os conozco, apartaos de mí, obradores de iniquidad.

[[Texto de que sigue, que no estudiamos: Parábola de la casa El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente." ]]

Sentido general. El Juicio del Sermón de la Montaña

Éstas son las palabras finales del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), la primera palabra de Juicio de Jesús, tomando como base precisamente lo que ha dicho en el Sermón del amor y el perdón. Aquí se enfrentan la Religión del Sermón de la Montaña y la Religión del dogmatismo-poder y dominio sobre los demás.

Ésta es una palabra de condena que Jesús proclama contra aquellos que han querido valerse de su nombre para imponerse sobre los demás. Ella no se dirige a los de fuera (a los que están fuera de la Iglesia), sino a los de dentro (a los seguidores de Jesús). Ciertamente, ellos mantienen la confesión de fe formal (oficial), pero no han cumplido la palabra de Dios Padre (el Sermón de Jesús), han caído en manos de su propia iniquidad, utilizando la religión (el nombre y los poderes externos de Jesús) para su propio provecho.

Mateo rechaza de esa forma la actitud de los que interpretan a Jesús (a su evangelio) en una línea de poder sacral, espiritualista (¡Señor Señor!) y de poder externo (milagros…), pero sin asumir su misión o tarea de reino. Por eso condena la piedad cristológica de aquellos que exclaman ¡Señor, Señor!, confesando a Jesús como divino, en plano religioso (sacral), pero no cumplen la enseñanza de Jesús, el Sermón de la Montaña. Ciertamente, la confesión cristológica, centrada en la afirmación Jesus es Kyrios resulta fundamental para la iglesia ; pero ella se vuelve mentira al separarse de la tarea y forma de vida concreta de Jesús (de su entrega por el reino) y de su enseñanza/tarea misionera.

Fiel a su herencia judeo-cristiana y al mensaje/vida de Jesús, Mateo ha destacado así el riesgo de aquellos que interpretan el evangelio (la confesión cristológica) en forma de puro culto, separado de la vida (Señor Señor) y en forma de poderes religiosos exterior (un tipo de milagros y de profecías, al servicio de la misma institución y de sus miembros). Desde este fondo, podemos recordar algunos textos paralelos del mismo Mt: el hermano mayor mentiroso dice: ¡sí Kyrios!, pero no cumple la voluntad del Padre (Mt 19, 30); también las necias doncellas suplican Kyrie, Kyrie (¡Señor, Señor) ¡ábrenos!, pero Jesús responde, como en nuestro caso, ¡no os conozco! (25, 11-12). No basta, por tanto, un culto sacral o un entusiasmo carismático; sólo conoce a Jesús quien cumple su mensaje (en nuestro caso, el Sermón de la Montaña). Al condenar este tipo de falsa religión, Jesús abre una religión para todo: la experiencia y camino del Sermón de la Montaña, donde se trata de amar y acoger a todos, no de crear estructuras de poder religioso y de imposición sacral..

Los del falso Kyrie, Kyrie

Estos que proclaman Kyrie, Kyrie (Señor, Señor Mt 7, 21) parecen situarse en una línea de piedad cúltica y sacral (también condenada por Pablo), que interpreta a Jesús como Señor celeste, para venerarle. Ellos adoran bien, pero no asumen el compromiso personal de fidelidad y misión evangélica de Jesús, quedándose en una pura confesión cristológica formal, desligada de la gracia y de la tarea de amor del Sermón de la Montaña.

Mateo se opone así al posible entusiasmo de un decir Señor sin amor, de un culto sin compromiso de seguimiento. Por eso, frente al puro Señor, Señor de aquellos que no cumplen la voluntad de Jesús, ha entendido la cristología como cumplimiento de la voluntad de mi Padre que está en los cielos (7, 21; cf. petición de 6, 10). Esa voluntad de Dios define la vida del creyente y fundándose en ella ha condenado Mt 7, 22 una espiral de falsedad formada por la profecía, el exorcismo y los milagros pervertidos. Ha terminado el Sermón de la Montaña, marcando la exigencia de la verdadera cristología. Ahora pueden evocarse ya los tres riesgos del Señor antidivino:

Los de la falsa profecía:

"Muchos me dirán aquel día Señor, Señor ¿no hemos profetizado en tu nombre...?" (7, 22a). Sin duda, el texto alude a la profecía "gloriosa" o espiritualismo de aquellos que convierten la palabra del Señor en fuente de poder sobre los otros. Ellos son "ortodoxos", porque saben decir ¡Kyrios!. Posiblemente tienen una cristología "elevada" en plano doctrinal, pues ensalzan a Jesús como Señor cultual y quizá cósmico. En esa línea se dice que han “profetizado”: han tejido grandes discursos, han trazado palabras de imposición y de soberanía sobre el mundo…Pero no son fieles a la Palabra de Jesús es decir, a su mensaje de evangelio.

Estos falsos profetas, que apelan a sus “grandes palabras” se han buscado en el fondo a sí mismos, como sabe Pablo:” Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy” (1 Cor 13, 2). Éstos son los de “señorío profético”, los que utilizan la llamada profecía para dominar, los que parecen tener palabras para interpretarlo todo, pero sin amor, sin ternura, sin comprensión… es decir, sin Sermón de la Montaña. El riesgo de la “falsa profecía” está vinculado aquí a los que se hacen grandes en la Iglesia, en la línea de dominio…

Los de los falsos exorcismos:

"¿No hemos echado demonios en tu nombre?" (7, 22b). Los falsos cristianos, que Jesús condena, pues no cumplen el Sermón de la Montaña, aparecen como expertos y eficaces exorcistas, que han cumplido el mandato de expulsar demonios que Jesús les encomienda, pero sólo lo han hecho en un sentido externo (cf. 10, 8). Pero ellos sólo expulsan “demonios aparentes”. Dicen expulsar demonios, pero en el fondo están haciendo la obra del demonio. Se creen capaces de cambiar el mundo, pero lo hacen al servicio de la fuereza, no aman, no ayudan de verdad a los más pobres. Son, sin duda, miembros de prestigio dentro de la iglesia, representantes de eso que pudiéramos llamar la primera "aristocracia" del cristianismo, partidarios de una cristología externamente eficaz, pero que orientada según la tentación del Diablo (Mt 4). Parecen actuar en nombre de Jesús, pero en realidad son contrarios a su reino.

Significativamente, Jesús emplea contra estos falsos discípulos un tipo de condena que los fariseos han utilizado en contra de él, mostrando así que la verdad fundante del evangelio y la cristología no son los exorcismos en cuanto gesto externo (pues ellos pueden manipularse al servicio de un sistema de opresión), sino el amor liberador que ayuda siempre a los humanos.
Los fariseos de Mt 9, 34 y 12, 24 condenan a Jesús pues piensan que "expulsa demonios con poder de Beelzebú", utilizando exorcismos satánicos que destruyen la estructura de ley que, a su juicio, es esencial para el pueblo israelita.
Pues bien, el mismo Jesús, que 12, 28 se defiende, afirmando que sus exorcismos son obra del Espíritu Santo, asume ahora, al menos externamente, el argumento de los fariseos y condena a estos malos exorcistas cristianos de 7, 22 como obradores de a-nomía: van en contra de la gratuidad del evangelio. Aunque parezcan externamente eficaces, estos exorcistas que Jesús condena actúan para gloria de su propia prepotencia y no al servicio del amor y gratuidad del evangelio (de la salvación que ofrece el Sermón de la Montaña).

Los de los de falsos milagros:

"¿No hicimos muchos milagros en tu nombre?" (7, 22c). Estas dynameis o milagros que Jesús condena son gestos de poder aparente, pero que van en contra de la gracia y verdad del evangelio, que van en contra del amor a los pobres, de la gratuidad universal y del perdón del Sermón de la Montaña…. Lo que Mateo ha condenado aquí se hallaba ya evocado en Mc 13, 22, al afirmar que los falsos profetas harán señales y prodigios, capaces de engañar, si fuere posible, a los mismos elegidos.

Ciertamente, Jesús ha realizado prodigios positivos, que debían haber suscitado la conversión de Betsaida y Corozaín (Mt 11, 21; cf. también 13, 54; 14, 2). Pero estos falsos discípulos, utilizando el nombre de Jesús, han realizado "milagros" satánicos (en la línea del Diablo de las tentaciones de Mt 4). Parecen hacer “milagros”, pero sólo quieren levantarse por encima de los demás y dominarles, como sabe Pablo. Por eso quiero citar de nuevo su texto básico: “Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo que retiñe. 2 Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy” (1 Cor 13, 1-2)… Nada soy, nada ofrezco a los demás.

Conclusión. Del juicio al amor

El único milagro es el amor intenso, el cumplimiento del Sermón de la Montaña: amor el enemigo, perdón de las ofensas… superar el “juicio”. Jesús quiere que sus discípulos puedan vivir la gratuidad… que la religión no se convierta para ellos en fuente y principio de engaño.
Conclusión. Sólo el Sermón de la Montaña ¿Puede salvar Jesús a los que aquí condena?

Este señorío engañoso de profetas, exorcistas y taumaturgos que claman ¡Señor, Señor! para elevarse sobre los demás, va en contra del Señor de la Montaña, es decir, del evangelio del amor gratuito y del perdón universal. Éste es el "señorío malo" del Diablo de Mt 4, 1-11, que llama a Jesús Hijo de Dios para manejar después el mundo a base de pan, religión y poder. Jesús no puede recibir como suyos a los que emplean su religión para dominar a los demás. Por eso les dice: "No os conozco. Apartaos de mí, obradores de anomía" (7, 22).

La condena es apartaos de mí… Los que obran así, en plano religioso, no son de Jesús, no van en la línea de la casa que el quiere abrir para todos en el mundo… Esta condena está en la línea de la de Mt 25, 31-46: tuve hambre y no me disteis de comer…

Condena para salvar a todos

Pero, en otro plano, debemos pensar que Jesús ha muerto incluso por aquellos que utilizan su nombre para destruir a los demás. Pero aquí no quiero desarrollar ese tema, sino sólo poner de relieve el riesgo de los destructores de la religión, de kis que se valen de la religión para imponerse con violencia y engaño sobre los demás.

Mateo nos pone así en guardia frente a una pretensión de rectitud formal externa (centrada en el ¡Señor, Señor!), pero separada de la vida, es decir, de la transformación interior, de la gratuidad profunda, del amor al prójimo. Esta palabra debe servirnos advertencia en este tiempo nuevo de misión cristiana y de diálogo con las nuevas culturas y religiones de la tierra. La verdad del Cristo se avala y/o demuestra cumpliendo su mensaje; la verdad del Cristo es de tipo testimonial (de testimonio de vida) y no simplemente de teoría. En ese camino del mensasje de Jesús hay salvación para todos.

(Sobre el riesgo del falso dogmatismo y de la falsa profecía en Mateo, cf. E. Cothenet, Prophétisme: DBS 8, 1222-1337; Id., "Les prophètes chretiens dans l'Évangile selon Saint Matthieu", en M. Didier (ed.), L'Évangile selon Matthieu, BETL 29, Duculut, Gembloux 1972, 281-308; H. Kramer, R. Rendtorff, R. Meyer y G. Freidrich, Prophetês: TWNT 6, 833-863; C. H. Preisker, Profeta: DTNT 3, 413-420; D. E. Aune, Prophecy in Early Christianity and the Ancient Mediterranean World, Eerdmans, Grand Rapids MI 1983, 81-246; D. Hill, NT Prophecy, J. Knox, Atlanta 1979; Id., "False Prophets and Charismatics: Structure and Interpretation in Matthew 7.15-23": Biblica 57 (1976) 327-348.

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El Dios de los culpables

Por Juan Diego Galaz SJ
Estudiante jesuita haciendo su práctica de Derecho.

A propósito de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Por mi práctica profesional me ha tocado acompañar de cerca el sufrimiento en torno a los delitos y la cárcel. Tal vez el dolor de las víctimas no merezca mucha explicación. Por experiencia propia o cercana sabemos del miedo y la angustia que esto significa. Dios, de manera misteriosa y muchas veces incomprensible para nosotros, acompaña y consuela este dolor.

Pero he aprendido que el culpable también sufre. La cárcel es un lugar de maltrato y humillación. Si sabemos (o suponemos) lo que ahí ocurre, nunca se lo desearíamos a alguien que realmente queremos. Quizás por eso, porque Dios realmente nos quiere, y porque sabe en carne propia lo que ahí se padece, es que nos invita a visitarlo y consolarlo, a Él mismo, en los que están presos.

Digo esto porque en una sociedad como la nuestra, en que los medios de comunicación nos mueven a odiar a los delincuentes, esta invitación de Dios parece contradictoria. ¿Por qué amar por igual a inocentes y culpables? O bien: ¿cómo amar a los que nos dañan y no renunciar al Estado de Derecho? Aunque parezca obvio, creo que la clave de la invitación de Dios es que nos llama a amar y no a odiar. Es decir, a debatir normas con un contenido de justicia orientado hacia la reconciliación y no de penas encaminadas a la venganza.

En un Estado de Derecho, las víctimas de un delito deben exigir que se juzgue y sancione a los culpables. Amar no significa renunciar a que se respeten los acuerdos contenidos en las normas. Amar es renunciar a desearle al otro un mal. Es entender el derecho como un medio para solucionar conflictos y restituir la paz social, no para tomar venganza.

De la misma manera, amar es buscar la justicia no sólo en el conflicto específico, sino que en la construcción de un sistema normativo responsable del complejo entramado social que, como nos indica la Comisión para la Equidad, busque la ampliación del acceso a los bienes que la sociedad produce y distribuye (educación, salud, dinero, reconocimiento, etc.). La justicia que brota del amor es de reconciliación, porque es de igualdad y de inclusión. El amor quiere ampliar la participación, mientras que el odio discrimina.

Etty Hillesum, una mujer judía que se quedó por propia voluntad dentro de un campo de concentración nazi, reflexionó brillantemente sobre este asunto. Sus palabras explican muy bien el sentir del Sagrado Corazón: “En el campamento pude experimentar con vívida concreción que cualquier partícula de odio que añadamos a este mundo, lo hace aún más inhóspito de lo que ya es. Y creo, quizás puerilmente, pero también de manera tenaz, que si esta tierra se convierte en un lugar más habitable, será tan solo a través del amor, amor del que el judío Pablo habla a los Corintios.”

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A: Comentario Seglar al Evangelio

Publicado por Laico.net

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,21-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados."
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."

Palabra del Señor

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
En ocasiones somos testigos de que una desgracia en una familia, puede producir o bien, que el matrimonio se una mucho más ante el dolor y superen juntos el infortunio, o por el contrario, el hecho por el que han pasado termine minando la relación, echándose la culpa unos a otros de lo vivido. Aunque, gracias a Dios, no nos ha tocado vivir una situación terrible, sí que nos sirve como garantía, no como consuelo, sí como esperanza, la fuerza en la que se asienta nuestro amor, que ha superado circunstancias, no graves desde luego, pero sí sombras, lluvias, vientos, salidas del río, como dice el evangelio. El amor de Dios impregna cada uno de los “poros” de nuestra vida. En Él confiamos, en Él esperamos, es Él el hilo invisible que sostiene nuestra existencia y nuestro amor. Cimentada nuestra relación en tal roca, nuestra esperanza se mantiene firme y no nos va a eximir de vivir dolores, sufrimientos, períodos de infecundidad, períodos de desierto…, pero, al menos, da razones para no hundirse.



DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Sólo haremos realidad el Reinado de Dios en nuestro mundo si cumplimos su voluntad. ¿Cómo saber si estamos cumpliendo su voluntad? "El que escucha mis palabras y las pone en práctica". Ese, además de hacer realidad aquí y ahora el Reinado de Dios, no caerá ante las persecuciones que seguro vendrán de ese compromiso por la vida y la dignidad de todos, pues tiene como seguro la palabra de Dios y su fidelidad. Por eso ante tantos desastres que hoy nos acucian (terremotos, inundaciones y hambrunas por allá, excluidos, inmigrantes, precarios, sin techo por acá) hemos de poner en práctica sus palabras y tener una solidaridad radical ante estos desafios, atajando sus causas y remediando sus efectos. El Reinado de Dios también se juega en nuestras manos, ¿las ponemos a su servicio?


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Este Evangelio nos sabe por una parte a tirón de orejas. ¿Cuántas veces hablamos de Jesús o nos reunimos en su nombre en nuestro grupo o comunidad y Él brilla por su ausencia? Los niños tienen un don especial porque son los primeros en notarlo ¿porqué dicen tal cosa y no lo hacen?
Por otro lado nos da seguridad. Sabemos que si vamos cimentando nuestra vida en Él, escuchando su palabra (¡qué importante y fundamental es la oración!) y actuando en consecuencia, poniendo en Él toda nuestra confianza, cuando se nos presenten dificultades (y en esta vida hay de todo tipo, familiares, laborales, económicas, de salud…) Él será nuestra roca. Si uno tiene esto claro desde pequeño, nuestra existencia es más firme.


DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Edificar sobre roca.
El otro día estuve charlando con un auditor de empresas, y me contaba que ahora con la llegada de la crisis llega también la parte más desagradable de su trabajo, que es dar malas noticias a los gestores cuyas empresas no están preparadas para los tiempos que llegan ahora, y es que muchos, en la época de bonanzas, no se prepararon para los momentos duros. El hecho de prepararte no significa que no te afecte, pero sí que seas capaz de tomar buenas decisiones.
Lo mismo pasa con nosotros. Debemos cuidar nuestra vida de fe durante los momentos buenos orando, leyendo, cuidando de nuestra familia, etc. porque pueden llegar momentos duros en nuestro trabajo o en nuestra vida familiar que nos tambalee y entonces ya no tendremos tiempo ni fuerzas para poner cimientos.


DESDE LA ECONOMÍA DOMÉSTICA
(mujer,casada, con cuatro hijos, trabaja en asesoría económica, pertenece a comunidad cristiana)
Como familia cristiana caminamos con un proyecto de vida en común ,en el cuál implicamos a nuestros hijos en el estilo de vida que nos hemos marcado: “el no consumismo”, la ferocidad de las marcas comerciales ,optar por la generosidad, la caridad, la austeridad….pero no siempre estamos dispuestos a practicar lo que predicamos, a renunciar a nuestras posesiones, a compartir con los necesitados que nos rodean..; nos vemos inmersos en un mundo de necesidades superfluas (nuestro gran coche, nuestra gran casa , nuestro hermoso viaje , ……)
Vemos claro cuál sería en este sentido la voluntad de Dios ,pero ¿la llevamos a efecto en nuestras vidas ¿.El gran motor que nos debe impulsar es el Amor en Mayúsculas.


PARA REZAR
(hombre, casado, trabaja, con un hijo)
Padre que te escuche y no sólo te oiga,
Que cada Palabra tuya haga eco en mí y reflejo en mi vida…
Que cada Palabra tuya llene mi espíritu para aferrarme a la tarea de amar y ser amado…
Que cada Palabra tuya, me haga firme y fuerte, frente a aquello que por momentos me parece insufrible, insoportable, desesperanzador…
Que sea roca en Ti, contigo y por Ti, para que en mí se apoyen otros, para sostener el peso del que necesita descanso, para servir de cobijo y refugio al que sufre…
Que me haga roca con tu Palabra, al descubrir la fuerza de sentirse querido, al sentir la paz de confiar en quien no defrauda, de abandonarme a
la voluntad de quien me cuida, de quien no abandona…
Madre, que tu ejemplo impulse mi pasión de cada día por seguir a Jesús,
Y alivie el temor de no ser capaz, mostrándome el camino de la fe, de esa fe que Tú, Madre, mostraste al mundo con tu sí incondicional.

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Evangelio del Día Comentado: Sábado 31 de mayo

EVANGELIO
Lucas 1, 39-56

39Por aquellos días María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judá; 40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41A1 oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo. 42y dijo a voz en grito:
-¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45¡Y dichosa tú por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho de parte del Señor!
46Entonces dijo María:
-Proclama mi alma la grandeza del Señor
47y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
48porque se ha fijado en la humillación de su sierva. Pues mira, desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
49porque el Potente ha hecho grandes cosas en mi
favor: Santo es su nombre
50y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
515u brazo ha intervenido con fuerza,
ha desbaratado los planes de los arrogantes:
52derriba del trono a los poderosos
y encumbra a los humildes;
53a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide de vacío.
54Ha auxiliado a Israel, su servidor,
acordándose, como lo había prometido a nuestros padres,
55de la misericordia en favor de Abrahán y su des¬cendencia,
por siempre.
56María se quedó con ella cuatro meses y se volvió a su casa.


COMENTARIOS
I
EL SERVICIO SOLICITO DEJA UNA ESTELA DE ALEGRIA

«Por estos mismos días María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, en dirección a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (1,39-40). El nexo temporal que une esta nueva escena con la anterior es de los más estrecho, imbricándolas íntimamente. María se olvida de sí misma y acude con presteza en ayuda de su pariente, tomando el camino más breve, el que atravesaba los montes de Samaría. Lucas subraya su prontitud para el servicio: el Israel fiel que vive fuera del influjo de la capital (Nazaret de Galilea) va en ayuda del judaísmo oficial (Isabel; «Judá», nombre de la tribu en cuyo territorio estaba Jerusalén). Al igual que el ángel «entró» en su casa y la «saludó» con el saludo divino, María «entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel». De mujer a mujer, de mujer embarazada a mujer embarazada, de la que va a ser Madre de Dios a la que será madre del Precursor.
«Al oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo» (1,41). El saludo de María comunica el Espíritu a Isabel y al niño. La presencia del Espíritu Santo en Isabel se traduce en un grito poderoso y profético: « ¡ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa la que ha creído que llegará a cumplirse lo que le han dicho de parte del Señor!» (1,42-45).
Isabel habla como profetisa: se siente pequeña e indigna ante la visita de la que lleva en su seno el Señor del universo. Sobran las palabras y explicaciones cuando uno ha entrado en la sintonía del Espíritu. La que lleva en su seno al que va a ser el más grande de los nacidos de mujer declara bendita entre todas las mujeres a la que va a ser Madre del Hombre nuevo, nacido de Dios. La expresión «Mira» concentra, como siempre, la atención en el suceso principal: el saludo de María ha servido de vehículo para que Isabel se llenase de Espíritu Santo y saltase de alegría el niño que llevaba en su seno. La sintonía que se ha establecido entre las dos mujeres ha puesto en comunicación al Precursor con el Mesías. La alegría del niño, fruto del Espíritu, señala el momento en que éste se ha llenado de Espíritu Santo, como había profetizado el ángel. A diferencia de Zacarías, María ha creído en el mensaje del Señor y ha pasado a encabezar la amplia lista de los que serán objeto de bienaventuranza.

LA EXPERIENCIA DE LIBERACION DE LOS HUMILLADOS Y OPRIMIDOS
En el cántico de María resuena el clamor de los humillados y oprimidos de todos los tiempos, de los sometidos y deshereda¬dos de la tierra, pero al mismo tiempo se hace eco del cambio profundo que va a producirse en el seno de la sociedad opresora y arrogante: Dios ha intervenido ya personalmente en la historia del hombre y ha apostado a favor de los pobres. En boca de María pone Lucas los grandes temas de la teología liberadora que Dios ha llevado a cabo en Israel y que se propone extender a toda la humanidad oprimida. En la primera estrofa del cántico María proclama el cambio personal que ha experimentado en su persona:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor
y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque se ha fijado en la humillación de su sierva.
Pues mira, desde ahora me llamarán dichosa
todas las generaciones,
porque el Potente ha hecho grandes cosas a mi favor
-Santo es su nombre-
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (1,46-50).
Por boca de María pronuncia su cántico el Israel fiel a Dios y a su alianza, el resto de Israel que ha creído en las promesas. Alaba a Dios por su cumplimiento, que ve inminente por el hecho de la concepción del Mesías y experimenta ya realizado en su persona. «Dios mi Salvador» (cf. Sal 24,1; 25,5; Miq 7,7, etc.) es el título clave del cántico, cuyo tema dominante va ser la salvación que Dios realiza en Israel. Dios ha puesto su mirada en la opresión que se abate sobre su pueblo y lo ha liberado en la persona de su representante, su «sierva» (cf. Dt 26,7; Sal 136,23; Neh 9,9).
Los grandes hitos de la liberación de Israel están compendia¬dos en las «grandes cosas» que Dios ha hecho en favor de María: esta expresión se decía en particular de la salida de Egipto (Dt 10,21, primer éxodo). En el compromiso activo de Dios a favor de su pueblo, éste reconoce que su nombre es Santo; en el compromiso de los cristianos a favor de los pobres y marginados, éstos reconocerán que el nombre de Dios es Santo y dejarán de blasfemar contra un sistema religioso que, a sus ojos, se ha pres¬tado con demasiada frecuencia a lo largo de la historia a defender los intereses de los poderosos o por lo menos se ha inhibido de sostener la causa de los pobres con el pretexto de que alcanzarán la salvación del alma en la otra vida.
En la segunda estrofa se contempla proféticamente el futuro de la humanidad desheredada -tema de las bienaventuranza- como realización efectuada e infalible de una decisión divina ya tomada de antemano:
«Su brazo ha intervenido con fuerza,
ha desbaratado los planes de los arrogantes:
derriba del trono a los poderosos
y encumbra a los humillados;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide de vacío» (1,51-53).

Dios no ha dado el brazo a torcer frente al orden injusto que, con la arrogancia que le es proverbial, ha pretendido con sus planes mezquinos e interesados borrar del mapa el plan del Dios Creador. Dios «ha intervenido» ya (aoristo profético) para defender los intereses de los pobres desbaratando los planes de los ricos y poderosos. La acción liberadora va a consistir en una subversión del orden social: exaltación de los humillados y caída de los opresores; sacia a los hambrientos y se desentiende de los ricos. El cántico de María es el de los débiles, de los marginados y desheredados, de las madres que lloran a sus hijos desapareci¬dos, de los sin voz, de los niños de la «intifada», de los muchachos que sirven de carnaza en las trincheras, en una palabra: de la escoria de la sociedad de consumo, que dilapida los bienes de la creación dejando una estela de hambre que abraza dos terceras partes de la humanidad.

Finalmente, en la tercera estrofa pone como ejemplo concreto de la salvación, cuyo destinatario será un día no lejano la entera humanidad, la realización de su compromiso para con Israel:

«Ha auxiliado a Israel, su servidor,
acordándose -como lo había prometido a nuestros padres- de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia, por siempre» (1,54-55).
Dios no ha olvidado su misericordia/amor (Sal 98,3), como podía haber sospechado Israel ante los numerosos desastres que han jalonado su historia. La fidelidad de Dios hecha a los «pa¬dres», los patriarcas de Israel, queda confinada de momento, en el horizonte concreto de María, el Israel fiel, a su pueblo. Sólo en la estrofa central hay atisbos de una futura ampliación de la promesa a toda la humanidad.

«María permaneció con ella como tres meses y regresó a su casa» (1,56). Lucas hace hincapié en la prolongada permanencia de María al servicio de su pariente, aludiendo al ultimo período de su gestación. Silencia, en cambio, intencionadamente su pre¬sencia activa en el momento del parto, cuando lo más lógico es que la asistiera en esta difícil situación. No tiene interés en los datos de crónica, sino en el valor teológico del servicio prestado. La vuelta «a su casa» sirve para recordar que en la gestación de su hijo, José no ha tenido arte ni parte. La mención de las dos «casas», la de Zacarías al principio y la de María al final, establece un neto contraste entre las respectivas situaciones familiares.


II

«El Señor en medio de ti, salva», son palabras que resuenan de la profecía de Sofonías y nos llevan a pensar de inmediato en la persona de María, quien por su «sí», dio un giro no sólo a su vida sino a la historia misma de la humanidad al aceptar que en su seno tomara carne el Salvador.
El Espíritu Santo es quien lleva a Isabel a reconocer en María la presencia de Dios y a exultar de gozo. Y es quien mueve a María a cantar una preciosa alabanza dirigida al Padre reconociendo en él al cumplidor de la promesa a su pueblo de liberarlo y concederle en su Hijo al sol de justicia que dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes. Hoy, junto con María y desde la experiencia de Dios que inundó como a ninguno su Corazón Inmaculado, elevemos la más sentida alabanza, porque él se sigue manifestando grande y cercano en medio de los sufrimientos y dificultades de su pueblo, cumpliendo cada día con su promesa de amor por la humanidad. Que su Santo Espíritu nos mueva a alabarle como al verdadero Salvador que viene a nuestro encuentro.

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A: Edificad sobre roca


por Jesús Burgaleta
Palabra del Domingo. Homilías ciclo A. PPC. Madrid, 1983, pp. 149-151

La Vida no se construye
diciendo «Señor. Señor»,
ni de rodillas
con los ojos clavados en el cielo.

¿Cómo levantar la casa
sobre fundamento?

No se desarrolla la vida
profetizando,
ni echando a los demonios,
ni desarrollando la habilidad
de hacer milagros.

Entonces,
¿cómo levantar la casa
sobre fundamento?

Si no se construye la vida
ni con preces,
ni con rezos,
¿cómo levantaremos nuestra casa
sobre un firme
que resista el embate de los vientos?

Si no se consigue el Reino
con los ritos del agua,
la unción de los aceites,
ni con los sacramentos,
¿dónde estará lo que da firmeza
a nuestro piso?

Si no es seguro de vida
confesar cada semana,
ni comulgar por pascua florida
o a diario,
¿cómo construiremos sobre roca
nuestro edificio?

Si no se asienta la vida
cumpliendo leyes,
repitiendo tradiciones,
haciendo puntualmente
lo que nos transmitieron,
¿sobre qué pilar
estará seguro
el armazón de nuestro cuerpo?

Si no se salva uno
por obedecer al clero
o atender el consejo de los sabios,
¿cuál será la roca
sobre la que se pueda alzar
nuestro proyecto?

Si no es «tal» vocación,
ni el ser cura,
ni el vestir de monja,
ni estar casado,
ni el quedarse soltero,
lo que nos introduce en el Reino,
¿sobre qué podremos apoyar
el esfuerzo
por construir al hombre nuevo?

Ha puesto su vida sobre roca,
el que cumple el proyecto de Dios
aquí en la tierra,
como en el cielo.

Está sobre roca,
el que pronuncia su Nombre,
viviendo al unísono
con el espíritu del evangelio.

Está sobre la roca,
el que es fiel
en la persecución,
en la prueba
y en los tiempos recios.

Está sobre la roca,
resiste las lluvias,
el río desbordado
y el embate de los vientos,
el que estima a Dios
como el aliento de su pecho.

Edifica sobre fundamento
el que sigue a Jesús
en el combate del mundo
hasta la cumbre del Calvario.

Es esa casa sobre roca
el hombre prudente y sabio
que escucha la Palabra
y la trabaja
para que dé fruto.

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viernes, 30 de mayo de 2008

MARÍA REINA DE LAS MISIONES


Virgen de la Buena Nueva: recibiste la Palabra y la practicaste. Por eso fuiste feliz y cambió la historia. Virgen de la misión y del camino, la que llevó a la casita de Isabel la Salvación y a los campos de Belén la Luz del mundo.

Gracias por haber sido misionera. Por haber acompañado a Jesús en el silencio y la obediencia a su Palabra. Gracias porque tu misión fue hasta la cruz y hasta el Don del Espíritu en Pentecostés. Allí nació la Iglesia misionera.

Virgen de la Misión: También nosotros viviremos en misión. Que toda la Iglesia se renueve en el Espíritu. Que amemos al Padre y al hermano. Que seamos pobres y sencillos, presencia de Jesús y testigos de su Pascua. Que al entrar en cada casa comuniquemos la paz, anunciemos el Reino y aliviemos a los que sufren. Que formemos comunidades orantes, fraternas y misioneras.


Virgen de la Misión: nuestra Iglesia peregrina quiere proclamar la fe con la alegría de la Pascua y gritar al mundo la esperanza. Por eso se hunde en tu silencio, tu comunión y tu servicio. Ven con nosotros a caminar.


Amén. Que así sea.

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo A: La Palabra de Dios, roca eterna

Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo
Deuteronomio 11, 18.26-28; Romanos 3, 21-25a.28; Mateo 7, 21-27

La casa en la roca

Todos sabían, en tiempos de Jesús, que es de necios construir la propia casa sobre arena, en el fondo de los valles, en lugar de hacerlo en lo alto de la roca. Después de cada lluvia abundante se forma, en efecto, casi de inmediato un torrente que barre las casitas que encuentra a su paso. Jesús se basa en esta observación, que probablemente había hecho en persona, para construir a partir de ella la parábola de este domingo sobre las dos casas, que es como una doble parábola.

"Así pues todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca; cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca".

Con simetría perfecta, variando sólo poquísimas palabras, Jesús presenta la misma escena en negativo: "Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena; cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina".

Construir la propia casa sobre arena quiere decir volver a poner las propias esperanzas y certezas en cosas inestables y aleatorias que no se sustraen al tiempo y a los vuelcos de fortuna. Tales son el dinero, el éxito, la propia salud. La experiencia lo pone ante nuestros ojos cada día: es muy poco lo que basta -un pequeño coágulo en la sangre, decía el filósofo Pascal- para que todo se derrumbe.

Construir la casa sobre roca quiere decir, al contrario, fundar la propia vida y las propias esperanzas en aquello que "los ladrones no pueden robar ni la polilla deshacer", sobre lo que no pasa. "Los cielos y la tierra pasarán -decía Jesús--, pero mis palabras no pasarán".

Construir la casa en la roca significa, muy sencillamente, construir en Dios. Él es la roca. Roca es uno de los símbolos preferidos de la Biblia para hablar de Dios: "Nuestro Dios es una roca eterna" (Is 26,4); "Él es la Roca, perfecta es su obra" (Dt 32,4).

La casa construida sobre la roca ya existe; ¡se trata de entrar en ella! Es la Iglesia. No, evidentemente, la que está hecha a base de ladrillos, sino la formada por las "piedras vivas" que son los creyentes, edificados en la "piedra angular" que es Cristo Jesús. La casa en la roca es aquella de la que hablaba Jesús cuando decía a Simón: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra (literalmente ‘roca')" edificaré mi Iglesia (Mt 16, 18).

Fundar la propia vida sobre la roca significa por lo tanto vivir en la Iglesia; no quedarse fuera apuntando sólo el dedo contra las incoherencias y los defectos de los hombres de Iglesia. Del diluvio universal se salvaron sólo pocas almas, las que habían entrado con Noé en el arca; del diluvio del tiempo que todo engulle se salvan sólo los que entran en el arca nueva que es la Iglesia (cf. 1 P 3, 20). Esto no quiere decir que todos los que están fuera de ella no se salven; existe una pertenencia a la Iglesia de otro tipo, "conocida sólo a Dios", dice el Concilio Vaticano II respecto a quienes, sin conocer a Cristo, obran según los dictados de la propia conciencia.

El tema de la palabra de Dios, que está en el centro de las lecturas de este domingo y sobre el que se celebrará en octubre el próximo Sínodo de los obispos, me sugiere una aplicación práctica. Dios se ha servido de la palabra para comunicarnos la vida y revelarnos la verdad. ¡Los seres humanos usamos a menudo la palabra para dar muerte y esconder la verdad! En la introducción a su famoso Dizionario delle opere e dei personaggi, Valentino Bompiani relata el siguiente episodio. En julio de 1938 tuvo lugar en Berlín el congreso internacional de los editores, en el que él también participó. La guerra se palpaba ya en el aire y el gobierno nazi se mostraba maestro en la manipulación de las palabras con fines de propaganda. El penúltimo día, Goebbels, que era ministro de Propaganda del Tercer Reich, invitó a los congresistas al aula del Parlamento. Se pidió a los delegados de los distintos países una palabra de saludo. Cuando llegó el turno a un editor sueco, éste subió al estrado y con voz grave pronunció estas palabras: "Señor Dios, debo pronunciar un discurso en alemán. Carezco de vocabulario y de gramática, y soy un pobre hombre perdido en el género de los nombres. No sé si la amistad es femenino o si el odio es masculino, o si el honor, la lealtad y la paz son neutros. Así que, Señor Dios, recobra las palabras y déjanos nuestra humanidad. Tal vez lograremos comprendernos y salvarnos". Estalló un aplauso, mientras Goebbels, que había captado la alusión, salía airado de la sala.

Un emperador chino, interrogado sobre qué era lo más urgente para mejorar el mundo, respondió sin dudar: ¡reformar las palabras! Quería decir: devolver a las palabras su verdadero significado. Tenía razón. Hay palabras que, poco a poco, han sido vaciadas completamente de su significado original y colmadas de un significado diametralmente opuesto. Su uso no puede más que resultar perjudicial. Es como poner en una botella de arsénico la etiqueta "digestivo efervescente": alguien se envenenará. Los Estados se han dotado de leyes severísimas contra los falsificadores de moneda, pero de ninguna contra la falsificación de las palabras. A ninguna palabra le ha ocurrido lo mismo que a la pobre palabra "amor". Un hombre abusa de una mujer y se justifica diciendo que lo ha hecho por amor. La expresión "hacer el amor" frecuentemente representa el acto más vulgar de egoísmo, en el que cada uno piensa en su satisfacción, ignorando totalmente al otro y reduciéndole a simple objeto.

La reflexión sobre la palabra de Dios nos puede ayudar, como se ve, también a reformar y rescatar de la vanidad la palabra de los hombres.

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Evangelio del Día Comentado: Viernes 30 de mayo

EVANGELIO

Mateo 11, 25-30

25En aquella ocasión exclamó Jesús:
-Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.
27Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro,. 29Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro respiro, 30pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera.


COMENTARIOS
I

v.25: En aquella ocasión exclamó Jesús: -Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.
La expresión introductoria «por aquel entonces» enlaza de algún modo esta perícopa con la anterior. Después de la recriminación a las ciudades que no responden aparece la respuesta favorable de la gente sencilla. Por contraste con la invectiva anterior, en esta perícopa Jesús alaba al Padre por lo que está sucediendo. Aparece el Padre como el Señor del universo.
Jesús bendice al Padre por una decisión: los intelectuales no van a entender esas cosas; los sencillos, sí. «Esas cosas» puede referirse a «las obras» del Mesías (11,2.19). La revelación de que habla Jesús respecto a los sencillos tiene un paralelo en la que recibe Simón Pedro para reconocer en Jesús al Mesías, después de los episodios de los panes (16,17). Se trata, pues, de comprender el sentido de las obras de Jesús, de ver en ellas la actividad del Mesías. La revelación del Mesías podía haberse hecho de manera deslumbradora y autoritaria. Sin embargo, el Padre ha querido hacerla depender de la disposición del hombre. Es la limpieza de corazón, la ausencia de todo interés torcido, la que permite discernir en las obras que realiza Jesús la mano de Dios.
Precisamente, la denominación «los sabios y entendidos» alude a Is 29,14. En el texto profético, Dios recrimina al pueblo su hipocresía en la relación con él: lo honra con los labios, pero su corazón está lejos (cf. Mt 15,8s). A eso se debe que fracase la sabiduría de los sabios y se eclipse el entender de los entendidos. En el trasfondo del dicho de Jesús se encuentra, por tanto, esta realidad: los sabios y entendidos no captan el sentido de las obras de Jesús porque su insinceridad inutiliza su ciencia, impidiéndoles aceptar las conclusiones a las que su saber debería llevarlos. Los «sencillos» no tienen ese obstáculo y pueden entender lo que Dios les revela. El hecho de que Dios «oculta» ese saber no se debe a su designio, sino al obstáculo humano; se atribuye a Dios lo que es culpa del hombre. De hecho, la realidad de Jesús está patente a todos, viene para ser conocido de todos. El pasaje está en relación con el aserto de Jesús en 9,13: «No he venido a llamar justos, sino pecadores.» El «justo» es el que se cierra a la llamada por estar conforme con la situación en que vive. No es culpa de Jesús, sino del hombre. El que se tiene por «justo», sin reconocer su necesidad de salvación, se cierra a la llamada de Jesús. Lo mismo el «sabio y entendido», cuyo corazón está lejos de Dios, está cerrado a la revelación del Padre (25s).
v. 27: Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
La frase de Jesús «mi Padre me lo ha entregado todo» está en relación con la designación «Dios entre nosotros»: Jesús es la presencia de Dios en la tierra. También con la escena del bautismo, donde el Espíritu baja sobre Jesús y el Padre lo declara Hijo suyo. La posesión de la autoridad divina fue afirmada por Jesús en el episodio del paralítico (9,6). La relación íntima entre Jesús y el Padre la establece la comunidad de Espíritu. Por eso nadie puede conocer al Padre, sino aquel a quien el Hijo comunique el Espíritu, que establecerá una relación con el Padre semejante a la suya. Es decir, el conocimiento de Dios de que se glorían los sabios y entendidos, que se adquiriría a través del estudio de la Ley, no es verdadero conocimiento. Este consiste en conocerlo como Padre, experimentando su amor, y sólo se consigue esta experiencia por la comunicación que hace Jesús del Espíritu que recibió.
De ahí que invite a todos los que están cansados y agobiados por la enseñanza de esos sabios y entendidos. El se presenta como maestro, pero no como los letrados, dominando al discípulo; él no es violento, sino humilde, en contraposición al orgullo de los maestros de Israel. Su enseñanza es el descanso, después de la fatiga del pasado (11,28s).

v.25: En aquella ocasión exclamó Jesús: -Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.
La expresión introductoria «por aquel entonces» enlaza de algún modo esta perícopa con la anterior. Después de la recriminación a las ciudades que no responden aparece la respuesta favorable de la gente sencilla. Por contraste con la invectiva anterior, en esta perícopa Jesús alaba al Padre por lo que está sucediendo. Aparece el Padre como el Señor del universo.
Jesús bendice al Padre por una decisión: los intelectuales no van a entender esas cosas; los sencillos, sí. «Esas cosas» puede referirse a «las obras» del Mesías (11,2.19). La revelación de que habla Jesús respecto a los sencillos tiene un paralelo en la que recibe Simón Pedro para reconocer en Jesús al Mesías, después de los episodios de los panes (16,17). Se trata, pues, de comprender el sentido de las obras de Jesús, de ver en ellas la actividad del Mesías. La revelación del Mesías podía haberse hecho de manera deslumbradora y autoritaria. Sin embargo, el Padre ha querido hacerla depender de la disposición del hombre. Es la limpieza de corazón, la ausencia de todo interés torcido, la que permite discernir en las obras que realiza Jesús la mano de Dios.
Precisamente, la denominación «los sabios y entendidos» alude a Is 29,14. En el texto profético, Dios recrimina al pueblo su hipocresía en la relación con él: lo honra con los labios, pero su corazón está lejos (cf. Mt 15,8s). A eso se debe que fracase la sabiduría de los sabios y se eclipse el entender de los entendidos. En el trasfondo del dicho de Jesús se encuentra, por tanto, esta realidad: los sabios y entendidos no captan el sentido de las obras de Jesús porque su insinceridad inutiliza su ciencia, impidiéndoles aceptar las conclusiones a las que su saber debería llevarlos. Los «sencillos» no tienen ese obstáculo y pueden entender lo que Dios les revela. El hecho de que Dios «oculta» ese saber no se debe a su designio, sino al obstáculo humano; se atribuye a Dios lo que es culpa del hombre. De hecho, la realidad de Jesús está patente a todos, viene para ser conocido de todos. El pasaje está en relación con el aserto de Jesús en 9,13: «No he venido a llamar justos, sino pecadores.» El «justo» es el que se cierra a la llamada por estar conforme con la situación en que vive. No es culpa de Jesús, sino del hombre. El que se tiene por «justo», sin reconocer su necesidad de salvación, se cierra a la llamada de Jesús. Lo mismo el «sabio y entendido», cuyo corazón está lejos de Dios, está cerrado a la revelación del Padre (25s).
v. 27: Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
La frase de Jesús «mi Padre me lo ha entregado todo» está en relación con la designación «Dios entre nosotros»: Jesús es la presencia de Dios en la tierra. También con la escena del bautismo, donde el Espíritu baja sobre Jesús y el Padre lo declara Hijo suyo. La posesión de la autoridad divina fue afirmada por Jesús en el episodio del paralítico (9,6). La relación íntima entre Jesús y el Padre la establece la comunidad de Espíritu. Por eso nadie puede conocer al Padre, sino aquel a quien el Hijo comunique el Espíritu, que establecerá una relación con el Padre semejante a la suya. Es decir, el conocimiento de Dios de que se glorían los sabios y entendidos, que se adquiriría a través del estudio de la Ley, no es verdadero conocimiento. Este consiste en conocerlo como Padre, experimentando su amor, y sólo se consigue esta experiencia por la comunicación que hace Jesús del Espíritu que recibió.
De ahí que invite a todos los que están cansados y agobiados por la enseñanza de esos sabios y entendidos. El se presenta como maestro, pero no como los letrados, dominando al discípulo; él no es violento, sino humilde, en contraposición al orgullo de los maestros de Israel. Su enseñanza es el descanso, después de la fatiga del pasado (11,28s).


II

En el evangelio de san Mateo nos encontramos con una plegaria de Jesús en la cual bendice al Padre por revelarse a los sencillos y pequeños en el amor, y ensalza cómo el mandamiento del amor no sólo es la llave de acceso para entender las relaciones que se dan al interior del Dios uno y trino, sino también para discernir cómo han de ser las relaciones entre los hermanos e hijos del mismo Padre que conforman la comunidad humana.
El amor de Dios tiene su expresión máxima en la entrega del Hijo por la humanidad; y es en él donde nos encontramos con la misión confiada a cada uno de sus discípulos de ir por el mundo a llevar a cabo esa entrega, que recrea y redimensiona al ser humano de su condición de pecado. Esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos debería cuestionar sobre la riqueza de nuestro propio corazón en el amor a Dios y al prójimo, o, por el contrario, sobre la vaciedad del mismo que no le permita experimentar la salvación que Dios lleva a cabo para redimir a cada uno de sus hijos de las estructuras de dolor y muerte en las que se ven sumergidos.

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jueves, 29 de mayo de 2008

Solemnidad del Sagrado Corazón


Publicado por Mercaba

El viernes después de pentecostés la Iglesia celebra la solemnidad del sagrado corazón de Jesús. Es una fiesta de origen relativamente reciente, aunque la idea subyacente es muy antigua y tiene sus raíces incluso en la Escritura, ya que lo que celebramos es el amor de Dios revelado en Cristo y manifestado sobre todo en su pasión. El símbolo de ese amor es el corazón de Cristo herido por nuestros pecados.

En el capítulo anterior vimos que una monja, Juliana de Mont Cornillon, fue el instrumento de Dios para promocionar el establecimiento de la fiesta en honor de la eucaristía. Fue igualmente una monja, Margarita María Alacoque, de la orden de la Visitación, en Francia, quien impulsó la idea que cristalizaría en una nueva fiesta en el calendario. Entre 1673 y 1675 tuvo santa Margarita María, en su convento de Paray-le-Monial, una serie de visiones en las que Cristo le habló pidiéndole que trabajase por la institución de una fiesta del sagrado corazón, que debería celebrarse el viernes después de la octava del Corpus Christi.

Roma actúa lentamente, y por eso hubieron de pasar casi cien años hasta que la Santa Sede autorizó a los obispos polacos y a la romana archicofradía del Sagrado Corazón para celebrar dicha fiesta. Solamente en 1856, el papa Pío IX la hizo extensiva a toda la Iglesia. En los años siguientes creció en rango e importancia, así como en popularidad. La Liturgia de las horas y la misa de esta fiesta sufrió varias revisiones. La que se llevó a cabo bajo la dirección de Pío XI quedó en vigor desde 1928 hasta 1968. El breviario romano y el misal, revisados de acuerdo con los principios del concilio Vaticano II, constituyen la etapa final en la confección de la liturgia de esta fiesta. El leccionario de la misa ofrece una más amplia elección de lecturas basadas en el sistema de los tres ciclos.

Significado de la fiesta.

La devoción al sagrado corazón es devoción a Cristo mismo. En las representaciones artísticas no está permitido mostrar el corazón solo. Hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque él es el objeto de nuestra adoración y hacia él se dirige nuestra oración: "Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor".

Cuando hablamos del corazón de Jesús o de un corazón humano, ¿qué queremos decir? ¿Nos referimos a un órgano humano o a una metáfora? Eso depende del contexto de nuestro discurso; pero, según Karl Rahner en una reflexión filosófica sobre el tema "corazón", es uno de esos términos primordiales que encierran un rico significado y valor y apuntan a todo un mundo de realidades. El corazón representa el ser humano en su totalidad; es el centro original de la persona humana, el que le da unidad. El poeta Yeats habló del "núcleo profundo del corazón". El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones libres, el lugar de la misteriosa acción de Dios 1.

A pesar de que en las profundidades del corazón puede existir el bien y el mal, el corazón es símbolo de amor. Según Rahner, la más íntima esencia de la realidad personal es el amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto emblema del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender algo del amor de Cristo. Su amor es totalmente, pero no solamente, humano, porque en él nos encontramos con el misterio de un amor humano-divino. El corazón humano de Cristo está hipostáticamente unido a su divinidad. El amor de Dios se ha encarnado en el amor humano de Cristo.

El amor de Dios hacia el hombre existía desde toda la eternidad. Los textos del Antiguo Testamento abundan de esta evidencia. "Con amor eterno te he amado", declara Yavé a su pueblo por medio del profeta Jeremías (Jer 31,2). La liturgia de esta fiesta está sacada de los siguientes textos. La antífona de entrada de la misa es del salmo 32: "Los proyectos del corazón del Señor subsisten de edad en edad, para liberar las vidas de sus fieles de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre". La respuesta al salmo responsorial es como sigue: "La misericordia del Señor dura por siempre para los que cumplen sus mandatos". Las lecturas del Antiguo Testamento para los tres ciclos proclaman el amor de Dios para con su pueblo, demostrando cómo lo eligió y lo salvó, estableció con él un pacto, lo condujo con suavidad y con andaderas de amor y fue un buen pastor para él.

Si ya el Antiguo Testamento revela el gran corazón de Dios, el Nuevo Testamento lo manifiesta completamente. San Juan, heraldo de la encarnación y del amor de Dios, sólo acierta a exclamar: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó por él a su Hijo único" (Jn 3,16). El amor de Cristo por el Padre y hacia el hombre caído, al que vino a salvar, lo llevará a la muerte, y una muerte de cruz. El mismo declaró: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). El sufrimiento y la muerte en cruz de Jesús son una muestra de su amor por nosotros. San Pablo se maravillaba frecuentemente pensando en ello: "Dios mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5,8). San Pablo experimentó ese amor en un nivel personal profundo: toda su vida fue vivida en la fe en el Hijo de Dios, "el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20).

La contemplación de este misterio debería conducirnos a una respuesta múltiple. Debería suscitar en nosotros sentimientos de fe, amor y adoración. ¿También compasión? También ella tiene su parte en nuestra devoción, con tal de que no olvidemos que Jesucristo, ahora en su gloria, no puede sufrir. Pero el pensamiento de lo mucho que padeció en manos de los hombres puede suscitar sentimientos de compasión. Compadecer a Cristo en sus sufrimientos y penas no es un fenómeno moderno. Ha formado parte de la piedad cristiana desde tiempos muy remotos, y alcanzó su máxima expresión en la Edad Media. La compasión no está totalmente ausente de la liturgia. Se encuentra de forma discreta, pero inconfundible, en las celebraciones de semana santa; por ejemplo, en los "improperios" del viernes santo: "Pueblo mío, ¿qué te he hecho.. ?" Ciertamente, la meditación de los sufrimientos de Cristo debería suscitar en nosotros el dolor de los pecados, de los nuestros propios y de los del mundo. Pero hay también lugar para el gozo, gozo de conocer que somos tan amados y que ha triunfado el amor.

Sin embargo, nuestra devoción no debe quedarse en el nivel del sentimiento. La palabra latina devotio tiene mucha más fuerza que la de sus equivalentes en las lenguas actuales. En el contexto religioso indica servicio dedicado y voluntad decidida de hacer la voluntad de Dios. Sugiere culto no solamente de tipo litúrgico, sino de nuestras vidas completas. Esta devoción se realiza aceptando la invitación de Cristo a tomar nuestra cruz y seguirle. La Iglesia, y sus miembros individualmente, deben completar, de una manera misteriosa, lo que falta a los sufrimientos de Cristo. Todos tenemos el privilegio de tomar parte en la obra redentora de Jesús. Como observa Rahner: "A nosotros, que tomamos parte en el destino de su amor en el mundo, nos está permitido y, además, se nos exhorta a continuar su pasión y muerte en el cuerpo místico de la Iglesia hasta el fin de los tiempos" 2.

Raíces bíblicas y litúrgicas

El papa Pío XII, en su encíclica Haurietis aquas, sobre la devoción al sagrado corazón de Jesús, publicada en 1956, se preocupó de fundamentar esta devoción en sus fuentes bíblicas. La citada encíclica es un documento importante en el que se han inspirado la misa y el oficio de la fiesta actuales. También sirvió de estímulo al famoso historiador monástico Dom Jean Leclercq para trazar, en un artículo escrito hace años, el desarrollo de esta devoción desde sus inicios hasta nuestros días. Las ideas que ofrecemos en esta sección están tomadas del citado artículo.

La devoción al sagrado corazón de Jesús tiene sus orígenes en dos textos del Nuevo Testamento, ambos del evangelio de san Juan. El primero, del capítulo séptimo, versículos 37-38:

El que tenga sed, que venga a mí y beba; el que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas (o corazón) manarán ríos de agua viva.

Los comentaristas concuerdan en que se refiere al pecho, o corazón, de Cristo. Para los creyentes es una fuente inagotable de vida y bendición. Este pasaje se asimila además a otro texto que se encuentra al final del evangelio de san Juan (19,33-34) y recuerda el misterioso incidente que tuvo lugar después de la crucifixión:

Mas al llegar a Jesús y verlo muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y seguidamente salió sangre y agua.

En la tradición cristiana, la sangre se interpretó como símbolo de sacrificio y del misterio eucarístico. El agua simboliza el Espíritu Santo, que brota de Cristo hacia la Iglesia.

La devoción al corazón de Jesús brotó de la meditación de esos textos. Con el correr de los siglos, la atención se centró en el corazón de Jesús más bien que en el costado herido, pero el misterio subyacente sigue siendo el mismo.

Los textos arriba citados colocan la fiesta del corazón de Jesús en el contexto de la semana santa, concretamente el viernes santo. Como observa el padre Plácido Murray, "la liturgia es un eco del viernes santo, una llamada a interior¡zar el culto". El amor es la clave de la semana santa y es a la vez el mensaje principal de esta fiesta.

En el pasaje del capítulo séptimo de san Juan, Jesús alude a la profecía de Ezequiel (Ez 47) que anuncia el agua viva que brota del templo. El es el cumplimiento de aquella profecía, el verdadero templo del que brota el Espíritu: "De él brota sangre y agua, la gracia y los sacramentos; de él nace el misterio de la Iglesia, la salvación de los hombres".

La liturgia relaciona estos textos no sólo con la pasión, sino también con la resurrección. Ya hemos visto cómo el pasaje de Ezequiel se evoca durante el tiempo pascual en el rito de la bendición del agua y la aspersión al comienzo de la misa: "Vi que manaba agua del lado derecho del templo. Aleluya. Y habrá vida dondequiera que llegue la corriente y cantarán. Aleluya, aleluya". La antífona IV alternativa deja claro que esta profecía se cumple en el Calvario: "De tu costado, oh Cristo, mana una fuente de agua viva, que limpia el mundo de pecado y renueva la vida. Aleluya".

Durante la Edad Media, la devoción al sagrado corazón mantuvo su relación con el misterio pascual, con la Biblia y la liturgia. Así lo afirma Dom Leclercq, el cual nos informa de que "consistía en adherirse al misterio de la pasión de Cristo y a su victoria y resurrección mediante una fe confiada, puesto que su muerte y triunfo revelaron precisamente el amor".

La ternura de esta devoción queda expresada en las palabras de un escritor medieval, Arnoldo de Bonneval: ."¡Qué dulzura en esta apertura de su costado! Ella nos ha revelado los tesoros de la bondad de Jesús, la caridad que su corazón tiene por nosotros".

La liturgia

Es tiempo ya de que examinemos más de cerca los textos de la liturgia, que incluye algunos de los pasajes más consoladores del Antiguo y del Nuevo Testamento. Además de los textos de la Escritura, tenemos las composiciones de la Iglesia misma, inspirados por la palabra de Dios y la tradición. Hay riqueza de material para meditar y sacar inspiración.

El primer texto que vamos a considerar es del Oficio de lecturas, y pertenece al capítulo octavo de la carta de san Pablo a los Romanos. Nos da el encabezamiento apropiado: "El amor de Dios se ha revelado en Cristo". El Apóstol es aquí de lo más elocuente al proclamar ese amor, del que habla con la experiencia que le otorga el haberlo experimentado incluso en momentos de grandes dificultades personales. "¿Quién me podrá separar del amor de Cristo?" Y responde que ni siquiera la muerte, porque el amor de Cristo ha triunfado.

Veamos ahora el leccionario de la misa con sus lecturas para los tres ciclos. Ya nos hemos referido anteriormente a las tres lecturas del Antiguo Testamento, que descubren el amor eterno de Dios. Nos queda por examinar las del Nuevo Testamento. En el ciclo A es san Juan quien se dirige a nosotros (Jn 4,7-16). Su mensaje indica que el amor de Dios nos fue revelado cuando envió a su Hijo al mundo para ser el sacrificio que quita nuestros pecados. Al final de la lectura, san Juan hace la tremenda afrmación: "Dios es amor".

En el ciclo B, la segunda lectura es de la carta a los Efesios (3,8-19). San Pablo afirma de sí mismo que es el heraldo del amor de Dios. Este amor se va desplegando a lo largo de la historia en un plan llevado a cabo cuidadosamente y que alcanza su punto culminante en Cristo. Su tarea como apóstol consiste en proclamar "el infinito tesoro de Cristo". La segunda parte de la lectura consiste en una fervorosa oración para que los seguidores de Cristo crezcan fuertes en fe y amor y que lleguen a un mayor conocimiento del amor de Cristo, que es un misterio que sobrepasa toda humana capacidad de comprensión.

El amor de Cristo no está reservado exclusivamente a una élite. Abraza a todos los hombres, incluso a los más descarriados. Hasta tiene preocupación y afecto especial para los pecadores. Esta verdad está expresada maravillosamente en la parábola del buen Pastor. Es significativo que esta parábola, en la tierna versión de Lucas 15, 3-7, haya sido elegida como lectura evangélica para el ciclo C. El buen Pastor abandona su rebaño para ir en busca de la oveja perdida, y cuando la encuentra, la lleva al redil cargándola sobre sus hombros. Luego se alegra con sus amigos por haberla encontrado. Así habrá gran alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente.

Hay varios textos que llaman nuestra atención sobre el costado traspasado de Cristo. La lectura evangélica para el ciclo B nos relata precisamente ese hecho descrito por Juan (19,3137), que podría ser el texto fundamental para la fiesta, y cuyo simbolismo ya ha sido comentado. En el Oficio de lecturas, san Buenaventura comunica su comprensión de ese misterio: "Manando de la fuente arcana del corazón (su sangre), dio a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, siendo para los que viven en Cristo como una copa llena en la fuente viva que salta hasta la vida eterna".

Para la oración colecta, el misal propone dos opciones. La primera se refiere al corazón de Cristo como fuente de toda gracia y bendición, recuerda y se alegra de los beneficios de su amor para con nosotros, y concluye pidiendo: "Concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia". La segunda oración, que es la que se usaba antes, ve en este corazón, llagado por nuestros pecados, el receptáculo de los infinitos tesoros del amor de Cristo.

El prefacio reúne las varias ideas: el Calvario, el costado traspasado y el corazón abierto, y celebra el amor de Cristo, que no cesa de arder por amor a la humanidad.

Elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación.

Aquí encontramos de nuevo el misterio pascual; una vez más resuena la proclamación de la pascua: "Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación".

Amor mutuo

La obligación de amarnos unos a otros deriva como conclusión lógica del misterio que hemos celebrado. San Juan afirma claramente (1 Jn 4,11): "Si Dios nos ha amado de este modo, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Jamás ha visto nadie a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros y su amor en nosotros es perfecto". Este pasaje es de la primera lectura del ciclo A. La lectura evangélica de este mismo día es del capitulo undécimo de Mateo (25-30), y nos invita a mirar a Cristo y a aprender de su ejemplo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso". El amor cristiano puede tener varias formas, pero cuanto más se acerque al de Cristo más irá adquiriendo el sello de la mansedumbre. "¡Bienaventurados los mansos!"

Hoy ponemos, con razón, el acento en la dimensión horizontal de la religión. Se reconoce la justicia social como un elemento esencial del cristianismo. El amor de Dios no es compatible con la indiferencia ante la manifiesta injusticia social. Pero las actividades políticas y sociales deben ser animadas por el amor cristiano. Cristo debe vivir en el creyente por la fe y el amor. Debemos adquirir la mentalidad de Cristo y dejarnos mover por el Espíritu. "Plantados y construidos sobre el amor", es el principio en el cual debe basarse la acción social cristiana.

Todo eso está en armonía con la devoción al corazón de Jesús, pero conviene que hoy pongamos un acento especial en estas cosas. Lo tenemos implícito en las lecturas de la Biblia, y sólo es necesario explicitarlo y exponerlo en la predicación. Se expresa en las oraciones colecta de la misa y en una de las intercesiones de laudes dirigida expresamente a Cristo: "Jesús, fuente de vida y santidad, haznos santos e irreprochables por el amor".

La comunión sacramental no es solamente participar en el cuerpo y la sangre de Cristo; implica, además, participación en la vida de sus miembros con un compromiso de amor y de servicio. Esta es la idea que expresa la oración poscomunión: "Este sacramento de tu amor, Dios nuestro, encienda en nosotros el fuego de la caridad, que nos mueva a unirnos más a Cristo y a reconocerlo presente en los hermanos". El latín usa la palabra attrahere, en el sentido de ser atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, y se inspira en las mismas palabras del Señor: "Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12,32). Ser atraídos hacia Jesús, hacia su corazón, no significa ser retraídos de nuestros hermanos; es para encontrarlos en el corazón de Cristo, para amarlos "en las entrañas de Cristo Jesús" (Flp 1,8).

Magisterio papal reciente

Desde que el papa Pío XII publicó su encíclica Haurietis aquas, varios de sus sucesores han tratado del culto al sagrado corazón de Jesús. El papa Pablo VI, en su carta apostólica titulada Las innumerables riquezas de Cristo (6 de febrero de 1965), recomendaba esta devoción como un medio excelente de honrar al mismo Jesús, y hacía notar la relación íntima entre esta devoción y el misterio eucarístico: "Deseamos especialmente que el corazón de Jesús sea honrado por una participación más intensa en el sacramento del altar, puesto que el mayor de sus dones es la eucaristía". Pablo VI contaba esta devoción entre las fórmulas populares de piedad que el concilio Vaticano II quería promover, porque no podía por menos de alimentar una piedad auténtica hacia la persona de Cristo. Estaba, además, en armonía con la liturgia, porque precisamente en el corazón de Jesús tiene la liturgia su origen y su vida; desde ese corazón el sacrificio de expiación se elevó hacia el Padre eterno.

Juan Pablo II, en su primera encíclica, Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), que trata del misterio de la redención, tiene la siguiente expresión: "La redención del mundo -este tremendo misterio de amor en el cual la creación se renueva- es en su raíz más profunda la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del Hijo primogénito, para que pueda ser justicia en el corazón de muchos seres humanos, predestinados desde la eternidad en el Hijo primogénito a ser hijos de Dios y llamados a la gracia y al amor".

En una audiencia general, el 20 de junio del mismo año, el santo Padre habló abundantemente de la devoción al sagrado corazón, cuya fiesta estaba a punto de celebrarse. "Hoy, anticipando la fiesta de ese día, junto con vosotros, deseo volver los ojos de nuestros corazones hacia el misterio de ese corazón. Me ha hablado desde mi juventud. Cada año vuelvo a este misterio en el ritmo litúrgico del tiempo de la Iglesia".

Es característico del papa Juan Pablo hablar del corazón de Cristo asociándolo con todo corazón humano. Es un caso de "cor ad cor loquitur", "el corazón habla al corazón". El corazón es un símbolo que habla del hombre interior y espiritual. El corazón humano, iluminado por la gracia, está llamado a comprender las "insondables riquezas" del corazón de Cristo. San Juan el apóstol, san Pablo y los místicos de todos los tiempos, han descubierto por sí mismos y han compartido con otros esas mismas riquezas espirituales. Pero Jesús atrae a todos hacia su corazón, se revela a ellos, les habla al corazón, vive en sus corazones por la fe y quiere ser rey de ellos no por el ejercicio de la fuerza, sino con suavidad y amor.

Por fin, en una nota litúrgica, el papa explica cómo esta fiesta incluye y resume el ciclo litúrgico: "Así, al final de este ciclo fundamental de la Iglesia, la fiesta del sagrado corazón de Jesús se presenta discretamente. Todo el ciclo está incluido definitivamente en él: en el corazón del Hombre-Dios. De él irradia también cada año la vida entera de la Iglesia".

VINCENT RYAN
Pascua, Fiestas del Señor
Paulinas, Madrid-1987, pág. 118-132

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1. K. RAHNER, Escritos de Teología III, Taurus, Madrid 1961, 370ss.
2. O.c., 376.

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El sagrado Corazón de Jesús y los Jesuitas

San Claudio de la Colombiere, jesuita, fue director espiritual de Santa Margarita, la recipiente de las apariciones y mensajes del Sagrado Corazón. Nuestro querido santo comprendió la gran importancia de las apariciones y respondió con todo su corazón a la encomienda que Nuestro Señor le hizo de propagar la devoción a Su Corazón.

Tres congregaciones generales de la Sociedad de Jesús (fundados por San Ignacio y llamados también jesuitas) han adoptado la devoción al Corazón de Jesús. Una de ellas realizó un Acto solemne de Consagración de toda la Sociedad al Sagrado Corazón de Jesús. Al renovar la misión otorgada a la Sociedad de Jesús (jesuitas) de propagar la devoción al Sagrado Corazón, el Juan Pablo II manifestó: "El deseo de conocer al Señor íntimamente y de hablarle de corazón a corazón es, gracias a los Ejercicios Espirituales, característica del dinamismo espiritual y apostólico Ignaciano, totalmente al servicio del amor del Corazón de Jesús." (5 de octubre de 1986 – Carta a la SJ [Sociedad de Jesús])

En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos dice que el amor consiste en compartir lo que uno posee incluso la vida. Esta es la clave para que el Corazón de Jesús produzca impacto en nuestras vidas. El misterio de la Trinidad es la comunicación del amor y la vida. Para eso el Verbo se hizo hombre, para comunicarnos esa vida y amor. Su Corazón es símbolo de ese amor infinito que el tiene por nosotros.

San Pedro Canisio S.J. fue uno de los primeros devotos al Corazón de Jesús.

La tradición y constante enseñanza de las Congregaciones Generales y de los Padres Generales presenta la Eucaristía diaria como el centro y la fuente de fortaleza para cualquier trabajo que emprendan los jesuitas. Así pensaba el Padre Arrupe tanto como el Padre General actual. Karl Rahner, en su introducción al texto del Padre Arrupe sobre el Corazón de Cristo, identifica a la devoción al Sagrado Corazón como parte esencial de la Sociedad. El la denomina una experiencia irrenunciable de la Sociedad.

- Datos tomados de los escritos de John A. McGrail SJ, director del Apostolado de la Oración para la Provincia de Detroit.

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SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: El corazón - símbolo profundamente humano, bíblico y espiritual

Publicado por Paxtv


“…El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que debemos acudir
para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo
y experimentar más a fondo su amor...
Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo
el amor de Dios,
experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él,
hasta vivir completamente de la experiencia de su amor,
para poderlo testimoniar después a los demás…”

Carta de Benedicto XVI
Con motivo del 50° aniversario de la Encíclica Haurietis Aquas.

Celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fuente de donde emana el amor inmenso que llevó a Jesucristo a realizar la obra salvadora de todos los hombres, entregando todo por nosotros. Contemplamos el corazón abierto de nuestro Señor abierto a la misericordia, al perdón y a la comprensión, naciendo aquí un manantial de ternura…Una fiesta que recapitula toda nuestra fe como cristianos…

La experiencia nos muestra que a algunos de nosotros nos cuesta vivir la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. Las razones se muestran diversas desde la cursilería de algunos discursos, la imperfección de algunas imágenes, o del hecho de considerar imposible relacionar el amor con el corazón como órgano.

Lo cierto es que a muchos nos ha bastado acercarnos a Jesús con el fin de que su corazón se enternezca frente a nuestras tribulaciones, angustias, tristezas y demás dolores del alma y lo más evidente y extraordinario es que cada vez que nos acercamos a Él, es nuestro corazón el que se enternece, se hace más sensible, más tierno a las tribulaciones, angustias, tristezas y demás dolores del alma de los demás, así como a sus alegrías, logros y esperanzas…¡Esa es la riqueza de esta devoción, dogma, verdad bíblica. En pocas palabras, a nuestro corazón le responde El sumo corazón…a la confianza, le responde el que es confianza total… a nuestra esperanza, le responde el que es la Esperanza, a nuestro poco amor, le responde el Amor pleno e infinito.

Por otro lado, el culto al Sagrado Corazón de Jesús recapitula toda la fe cristiana. Con el corazón de carne de Jesús, nos ponemos en presencia de la Encarnación. El Amor que es Dios, no permanece alejado, inaccesible: toma forma humana. Más aún, este amor se demuestra cuando nuestro Señor se entrega por nosotros, por nuestra salvación. Un corazón abierto de Dios que entrega a su hijo, un corazón traspasado de un su Hijo que se entrega en la Cruz por nuestra redención.

Y no nos dejemos intimidar con aquello de que Jesús al invitarnos a entrar en su Corazón, nos advierte que su carga es ligera...A fin de cuentas, toda carga se convierte en el lugar del Amor, amor de Dios para nosotros, amor de nuestra parte por Dios a través de los demás. Conocer al Padre, es reconocer, contemplando a Jesucristo, que el es Amor. Y todo ello se recapitula en esta tierna festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Vivir esta fiesta hace experimentar aquello que compartiese con nosotros un comunicador jesuita: “Cuando te sientas incomprendido o cansado. Cuando todo te haga dudar. En esos momentos en que una capa de rutina, de apatía, de silencio vacío parece teñirlo todo. Cuando creas que nadie puede entenderte, que la soledad es tu condena. Cuando los problemas parezcan desbordar otras consideraciones, tus gentes parezcan menos tuyas y tu vida se haga más pesada... Recuerda entonces que hay un Dios, un creador que es a la vez padre y madre, amigo y amante, con abrazo humano pero al tiempo más allá de todo tiempo y lugar, un Dios que cuando te mira se admira por lo que ve, y sonríe…”

En esta ocasión y de la mano de María Santísima, pidamos a nuestro Señor que nos de la sabiduría de quien sabe que Tú llenas un corazón si se deja, la sabiduría de quien ha experimentado que dar se conjuga mejor que exigir, que amar es el camino, la sabiduría de quien te percibe no como un icono, sino como un Dios vivo que, en mi oído, susurra palabras de evangelio. La sabiduría de quien siente que Tú llenas de pasión una vida.


Jesús te ama.

“Me acuso de quererte. Perdóname este amor, amor.
Amor es lo que mata y resucita a uno.
Sé mucho, estoy de vuelta, he decidido seguir en la batalla,
mi arma es el amor, tú mi enemigo.
Nos han dejado solos frente a labio, frente a frente:
tú dependes de mí, yo de tus armas
¡tíralas!
aligera hacia mí, abre los brazos,
acércate sin miedo,
te lo juro que no quiero dejarte malherido.
Dame un abrazo.
No dejes de abrazarme hasta que nunca...
mi arma es el amor y quiero
clavármela en el pecho al abrazarnos.


”Reconciliación” Gloria Fuertes –Poeta española


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Compartamos una reflexión alrededor del Sagrado Corazón de Jesús.

El corazón - símbolo profundamente humano, bíblico y espiritual.

Sin ser antropólogo, me atrevo a decir que el corazón, en tanto que imagen, habla a muchas personas provenientes de distintas culturas. Y en la historia de la humanidad, el corazón ha tenido múltiples significados. Sin realizar un estudio exhaustivo, podríamos decir que para muchas culturas en cualquier momento histórico, ha sido una imagen, una palabra llena de sentido.

Si dentro de nuestra cultura, pensamos en el corazón como un símbolo “romántico” que evoca el amor en un sentido sentimental, la imagen del corazón dentro de la Biblia es de un significado mucho más rico. El corazón es el centro de la persona. Es el lugar donde se toman las decisiones más importantes. Es el lugar donde nos comprometemos definitivamente. El amor simbolizado por el corazón sobrepasa el sentimiento. Es un amor que se compromete, capaz de sacrificarse. En la Biblia, el corazón es a menudo análogo a la conciencia.

La espiritualidad del Corazón de Jesús tiene una larga historia. A veces se piensa que comenzó con las revelaciones del Señor a Santa Margarita María Alacoque a finales del siglo XVII. Sin embargo, las revelaciones a Santa Margarita han servido fundamentalmente a expandir en la iglesia entera una espiritualidad que se desarrolla desde las primeras generaciones de la Iglesia.

Durante el periodo patrístico de los Padres y la meditación de los ascetas se tomaba ya como tema las imágenes bíblicas como el discípulo bien amado que “se apoyaba en el Corazón de Jesús” durante la última Cena o el Costado traspasado de Jesús sobre la Cruz. Las siguientes generaciones siguieron esta meditación. Del costado traspasado llegaron al corazón abierto, abierto para que nosotros, los bien amados pudiésemos entrar.

Y aquella historia continúa. Es interesante observar la cantidad de nuevas comunidades y movimientos religiosos que toman el Corazón de Jesús y a menudo también el Corazón de María como elemento central de su espiritualidad.

La base de nuestra fe cristiana, católica no es una teoría, una ideología, una teología o una espiritualidad. El fundamentote nuestra fe, es una persona, una persona humana y divina. Nuestro Dios se ha hecho carne. Nuestro Dios tiene una historia y su historia es historia de nuestra salud. Nuestro Dios tiene una Madre y tiene un Corazón. El corazón humano de Jesús, el centro de su persona, arde en un Amor que es a su vez Humano y Divino.

En el Evangelio de Juan en la última cena, Jesús nos extiende una invitación diciendo “Así como el Padre me ha amado, yo también os he amado.” El Padre y Jesús se aman eternamente, infinitamente. Su Amor es un amor sin límites y sin condiciones. Con un Amor tal, Jesús nos ama. No conocemos más que amores limitados, aún el amor humano más profundo tarde o temprano se topa con condiciones y obstáculos.

Recibir su amor y vivir su amor no es simple o fácil. Algunas veces cuando se habla del amor infinito de Jesús, se piensa que Jesús nos amará y que nuestras acciones y nuestras decisiones no tienen importancia alguna. Jesús nos ama a pesar de todo el mal que hagamos, a pesar de los pecados más graves. Sin embargo, al mismo tiempo Jesús nos invita diciendo “Permaneced en mi Amor” Y nos indica el criterio de permanencia… “Si son fieles a mis mandamientos…” Y hasta nos dice en que consiste este mandamiento: “Ámense unos a otros como yo os he amado.” La nueva ley de Jesús, la ley del Amor.

“Abrir nuestros corazones al Amor de Jesús
es una conversión continua que dura toda nuestra vida….”


Fuente : P. Richard McNally, sscc - Le Sacré Coeur de Jésus.

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