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domingo, 30 de noviembre de 2008

01 de Diciembre: Día mundial de la lucha contra el SIDA

Día mundial de la lucha contra el SIDA
De Wikipedia, la enciclopedia libre

El día mundial de la lucha contra el SIDA, se conmemora el 1 de diciembre de cada año, se dedica a dar a conocer la epidemia de SIDA global causada por la extensión de la infección del VIH. El día 1 de diciembre fue elegido debido a que el primer caso de SIDA fue diagnosticado en este día en 1981. Desde entonces, el SIDA ha matado más de 25 millones de personas en todo el mundo, haciéndola una de las epidemias más destructivas de la historia registrada. A pesar de que existe un mayor acceso y se ha mejorado el tratamiento antiretroviral y el cuidado en muchas regiones del mundo, la epidemia de SIDA costó aproximadamente 3,1 millones (entre 2,8 y 3,6 millones) de vidas en el 2005 de las cuales, más de de medio millón (570.000) eran niños.

El concepto de dedicar un día a la lucha contra el SIDA en el mundo se originó en la Cumbre Mundial de Ministerios de la Salud de 1988, dentro de los programas para la prevención del SIDA. Desde entonces, ha sido tomado por gobiernos, organizaciones internacionales y caridades alrededor del mundo.

Desde 1988 hasta 2004, el Día Internacional de la Lucha contra el SIDA fue organizado por UNAIDS (ONUSIDA), organismo que escogía un tema para cada año, después de consultarlo con otras organizaciones. En 2005 la UNAIDS entregó la responsabilidad de la conmemoración de este día a la Campaña Mundial contra el SIDA (WAC, World AIDS Campaign), una organización independiente. Para el 2005, eligieron como tema de su campaña: "Paren al Sida: cumplan la promesa" (Stop AIDS: Keep the Promise), que estará vigente hasta el 2010. Este tema no es específico para el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, sino también para las labores que la WAC hace durante el año.

Símbolo

El lazo rojo es el símbolo mundial para la solidaridad con las personas VIH positivas y con aquellos que conviven con el SIDA y apoyo mutuo.

Temas del día mundial contra el SIDA

1988 Comunicación
1989 Juventud
1990 Las mujeres y el SIDA
1991 Compartiendo la lucha
1992 Compromiso de la comunidad
1993 Actuar
1994 El SIDA y la familia
1995 Derechos compartidos, responsabilidades compartidas
1996 Un mundo. Una esperanza
1997 Niños viviendo en un mundo con SIDA
1998 Fuerza para cambiar: Campaña mundial del SIDA con la gente joven.
1999 Escucha, aprende, vive: Campaña mundial del SIDA con niños y gente joven.
2000 SIDA: Los hombres hacen la diferencia
2001 A mi me importa. ¿Y a ti?
2002 Estigma y Discriminación
2003 Estigma y Discriminación
2004 Mujeres, chicas, VIH y SIDA
2005 Para al SIDA. Mantén el compromiso
2006 Para al SIDA. Mantén el compromiso - Responsabilidad
2007 Para al SIDA. Mantén la promesa
2008 Para al SIDA. Mantén la promesa
2009 Para al SIDA. Mantén la promesa
2010 Para al SIDA. Mantén la promesa

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Evangelio Misionero del Día: Lunes 01 de Diciembre de 2008

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 5-11

Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a sanarlo».
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos».


Compartiendo la Palabra
Padre Juan José Palomino del Alamo


Nos cuenta el evangelio de hoy la curación "a distancia" del criado del Centurión (jefe militar de una centuria romana),
y que, por tanto, no pertenece a la comunidad judía, con lo que se nos manifiesta claramente la "misión universal de Jesús", que invita a todo ser humano a seguir su camino de salvación.

Pide el centurión romano, que es pagano y "oficial/militar" del ejército romano (opresor, por tanto, del pueblo de Israel) por
un criado enfermo de parálisis. Y... ¡oh sopresa!, Jesús acepta su petición y decide ir a curarlo. Pero, entonces, el centurión dice a Jesús algo admirable: "Dí una sola palabra y mi criado quedará curado", ya que él no se siente digno de que el Señor entre en su casa. El, como buen "oficial" del ejército romano, dice que da órdenes a sus criados y éstos, de inmediato, las cumplen. Con cuánta más razón -piensa- se cumplirá una orden de Cristo, mandando a la enfermedad que

se retire de aquel criado...

Alaba Jesús la fe admirable del centurión. Con una sola palabra y, a distancia, cura al criado y abre las puertas del cielo a todo un mundo pagano.

Esta maravillosa confesión de fe ha llegado hasta nosotros. Y repetimos estas mismas palabras del centurión, cuando nos acercamos -atrevidos- a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Si somos después coherentes en la vida, también nosotros quedaremos curados de todo mal.

Iniciábamos ayer el Tiempo del Adviento, que es tiempo propicio:
-para fortalecer nuestra fe incondicional en Jesucristo;
-para prepararnos vigilantes en oración humilde y constante a la venida del Señor, que ya
está cerca y pidiéndole que nos cure de todas las parálisis del espíritu, que nos acechan;
-para reconocernos indignos de que El venga personalmente a nosotros y se haga comida nuestra;
-para que nos anime, ya sanos, a ponernos al servicio de los hermanos más débiles y pequeños,
como hizo El en su vida. Será este servicio la mejor luz, que ilumine el Pesebre, el mejor regalo,
que le ofrezcamos, cuando nazca y celebremos su cumpleaños.

Tiempo favorable el del Adviento para abrir nuestro corazón al Reinado de Dios en nuestra vida negándonos a participar en estructuras de injusticia y de pecado. Haremos así realidad el sueño de Dios, del que nos habla Isaías: "De las espadas

forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra".

Debiera ser también una llamada urgente a nuestra comunidad cristiana a salir al encuentro de una humanidad paralítica en valores, para derribar los murallas de tanto individualismo egoísta y abrirnos a una misión universal evangelizada y evangelizadora.

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Las mujeres y San Pablo


Por Barbara E. Reid*
Publicado por Mirada Global

Chicago / Religión – Cuando los cristianos buscan en las cartas de Pablo una guía para responder las interrogantes contemporáneas sobre los roles de la mujer en la iglesia y la sociedad, encuentran mensajes contradictorios. En algunos textos Pablo aparece como a favor de la igualdad; en otros subordina la mujer al hombre e insiste que se mantengan calladas. ¿Cómo debemos interpretarlo?

¿IGUALDAD?

Desde el principio es importante recordar que Pablo no era un teólogo sistemático. Él nunca formuló una "teología de la mujer" coherente. Más bien sus cartas son de naturaleza pastoral, dirigidas a las necesidades e interrogantes específicas de comunidades específicas. Además, Pablo fue un hombre de su tiempo, moldeado por las actitudes patriarcales de las culturas greco-romana y judía hacia las mujeres. No podemos pretender que pensara de la misma manera como lo hacemos nosotros.

Habiendo dicho esto, la frase "ya no hay más hombre y mujer" de Gal 3:28 a menudo se esgrime como una bandera en contra de la igualdad de la mujer. Pero mientras la inspiración del Espíritu puede sin duda llevarnos hoy en día en esa dirección, sería anacrónico pensar que Pablo le daba a esa frase el sentido de una declaración de la igualdad de la mujer en las esferas social y política. Gal 3:28 es la fórmula bautismal que Pablo insertó en su carta para ayudar a enfatizar que la relación correcta con Dios no depende de los trabajos de la Ley; toda distinción, incluyendo aquellas basadas en etnia, raza, estatus social y género, se superan a través del bautismo en Cristo. Entonces, probablemente Pablo está hablando a nivel teológico. De hecho, es dudoso pensar que Pablo creyera que esta igualdad en Cristo debiera manifestarse en las estructuras sociales de su tiempo, tal como lo expresa en 1 Corintios, "porque la apariencia de este mundo se pasa" (7:31).

La mejor prueba de la sensibilidad igualitaria de Pablo radical en la manera cómo habla sobre diferentes mujeres cristianas. Pablo no era ningún llanero solitario en su ministerio apostólico, y muchos de sus compañeros de labores eran mujeres. Mirando pasajes de las cartas de Pablo y en las Actas de los Apóstoles donde se mencionan mujeres, uno encuentra un gran sentido de poder compartido y muchos ejemplos de mujeres a las que se les ha dado autoridad.

Febe, diaconisa de Cencreas. El último capítulo de la Carta de Pablo a los Romanos es una carta de recomendación para Febe, quien es diaconisa (diakonos) de la Iglesia de Cencreas (Rom 16:1). Romanos es de finales de los 50s, una época en la cual aún no se habían definido las labores, los títulos o los ritos de ordenación para los ministros cristianos. El término diakonos se traduce mejor como "ministro" o "servidor". En los Evangelios, Jesús habla de su misión de esta manera, diciendo que él ha venido "no a que me sirvan, sino que a servir (Mc 10:45). También en el Evangelio de Lucas, Jesús define al líder como "uno que sirve" (22:26-27). En Hechos 6, encontramos que se hace una distinción entre dos tipos de diakonia: ministerio de la mesa (6:2) y ministerio de la palabra (6:4).

La diakonia también puede conllevar un ministerio "financiero". María Magdalena, Joana, Susana y las otras discípulas galileas "proveían para" Jesús y los otros discípulos de sus propios recursos económicos (Lc 8:3). La ayuda que reúne Pablo para la iglesia en Jerusalén también se le llama diakonia (Hechos 11:29; 12:25), y a menudo Pablo se refiere a sí mismo como diakonos (por ejemplo 2, Cor 3:5; 2 Cor 6:4).

Por lo tanto, el ministerio de Febe podría haber incluido cualquiera o todos los tipos de servicio descritos anteriormente. Pero Pablo va más allá, diciendo que Febe se ha transformado en una "líder" de muchos, incluyéndose a sí mismo (Rom 16:2). En muchas traducciones se pierde este sentido, dándole a la palabra griega prostatis el significado de "ayuda" (Versión Estándar Revisada), "buen amigo" (New English Bible) o una "gran ayuda" (New International Version). La NRSV y la New American Bible lo tradujeron más acertadamente como "benefactor". Como benefactora o patrona, Febe habría entregado su casa para el culto de la comunidad y lo más probable es que hubiera presidido las celebraciones eucarísticas. Y ella habría supervisado y entregado los fondos para todos sus variados ministerios.

Priscila, Ninfas, María y Lidia: encabezando iglesias domésticas. Otra líder de una iglesia doméstica a quien se nombra frecuentemente es a Priscila, junto con Aquila, su marido. Pablo los llama sus "compañeros de trabajo" (Rom 16:3), un término que también usa para otras cuatro mujeres que "tanto han trabajado en el Señor": María (Rom 16:6), Trifena, Trifosa y Persis (Rom 16:12). Pablo manifiesta especial gratitud hacia Priscila y Aquila, quienes "arriesgaron la vida para salvar la mía", dice en Rom 16:4. En dos oportunidades Pablo habla de "la iglesia que se reúne en casa de ellos" (Rom 16:5; Cor 16:19; ver también 2 Tm 4:19). En Hechos están descritos ayudando a Pablo a fundar la iglesia de Efeso y enseñando a Apollos, un elocuente predicador de Alejandría, a quien ellos "explicaron con mayor precisión el camino de Dios" (Hechos 18:26).

Es bien impresionante que en cuatro de las seis oportunidades en que Priscila es nombrada en Hechos y en las cartas Paulinas, su nombre precede al de su marido. En la cultura greco-romana era costumbre, al referirse a marido y mujer, que el nombre del marido vaya primero. El orden invertido de Pablo y Lucas revela el alto aprecio que tenían por ella.

También destacan otras líderes femeninas de iglesias domésticas en el Nuevo Testamento, incluyendo a Ninfas (Col 4:15) y María, la madre de Juan Marcos, en Jerusalén (Hechos 12:12). Lucas también habla de Lidia, una comerciante en telas de púrpura, que fue bautizada con su familia por Pablo (Hechos 16:11-15). Cuando Pablo es liberado de la prisión, es a casa de Lidia adonde acude, porque la comunidad de Filipos ha encontrado allí un hogar (16:40).

Otras mujeres mencionadas por Pablo. Otras dos mujeres ministros a quienes Pablo nombra son Evodia y Síntique, compañeras de trabajo en Filipos, quienes han "luchado junto" a Pablo "en la obra del Evangelio" (Fil 4:3) El verbo synathleo implica una "lucha" en la cual todos los músculos se tensan, como en una competencia atlética. Y en Rom 16:7, Pablo envía saludos a "Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de cárcel". Continúa Pablo, "ellos destacan entre los apóstoles, y estuvieron en Cristo antes que yo". A algunos les parece sorprendente que llame apóstol a una mujer, creyendo que sólo lo fueron los Doce. En las cartas paulinas muchos otros ostentan este título, incluyendo a Pablo mismo (Rom 1:1; 1 Cor 9:1-27, etc.), Apolo (1 Cor 4:9), Barnabé (1 Cor 9:5-6; ver tb. Hechos 14:4, 14), Epafrodito (Fil 2:25), Silvano y Timoteo (1 Tes 1:1 con 2:7).

¿MACHISTA?

"Las mujeres debieran guardar silencio". Junto con estos textos que ilustran la gran estima de Pablo por sus compañeras de trabajo, hay un número de textos paulinos que aparecen restringir a las mujeres. Así, en 1 Cor 14:34-36 encontramos la frase: "guarden las mujeres silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar. Que estén sumisas, como lo establece la ley. Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos. Porque no está bien visto que una mujer hable en la iglesia. ¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido?"

Este pasaje es especialmente desconcertante a la luz de las instrucciones de Pablo a las mujeres profetas de Corinto en el capítulo 11 de esta misma carta (vs. 2-16). Aquí Pablo dice que cualquier mujer que reza o hace profecías con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza (v. 5). El debate sobre si aquí Pablo está hablando sobre velos o estilos de peinado, pero está claro que el problema no radica en que las mujeres están hablando en la iglesia.

¿Por qué entonces Pablo las silencia en el capítulo 14? Algunos estudiosos creen que 14: 34-36 es un agregado que no fue escrito por Pablo sino que insertado por un copista posterior. Otros proponen que leamos estos versículos no como instrucciones de Pablo, sino como un diálogo entre Pablo y los hombres de Corinto. Los versículos 34-35 serían la voz de los hombres de Corinto, insistiendo en silenciar a las mujeres, y el versículo 36 sería la respuesta de Pablo, a saber: "¿Creen acaso ustedes que son los únicos que tienen una palabra que compartir?" Hay varias otras instancias en esta carta donde aparentemente se produce un diálogo tal entre Pablo y los corintos (1 Cor 7:1; 8:1). Otra solución es que en los dos capítulos se habla de diferentes tipos de diálogos. En el capítulo 11 las mujeres están haciendo profecías con discursos inspirados. En el capítulo 14 las mujeres pueden haber estado haciendo preguntas o dando interpretaciones teológicas diferentes a las de sus maridos, algo que habría sido considerado deshonroso o mal visto en una cultura patriarcal. Pero a la luz de lo que hemos visto de Pablo –su aceptación de que las mujeres sean profesoras, patronas, líderes de iglesia y profetisas- esta última interpretación no parece muy probable.

"Esposas, sométanse a sus esposos". Encontramos otro pasaje problemático en Col 3: 18-19, donde a las mujeres se les advierte que deben someterse a sus esposos "como conviene al Señor". Los siguientes versículos exponen como los niños también deben obedecer a sus padres, y los esclavos a sus dueños (Col 3:20 – 4:1). Una instrucción similar encontramos en Efesios 5:21-33, donde se ahonda más en la relación marido-mujer.

De hecho, estas instrucciones no son originales de Pablo. Códigos domésticos como estos estaban en uso desde los tiempos de Aristóteles, quien delineó la forma correcta de llevar una casa griega en términos del Pater Familias como el que gobierna, y a quien las mujeres, los niños y los esclavos estaban subordinados. En Colosenses y Efesios se hace un esfuerzo para infundir valores y motivación cristianos en la estructura socio-política que funcionaba en el mundo greco-romano.

Además, la mayoría de los estudiosos de la Biblia concuerdan en que Efesios no fue escrito por Pablo en persona, pero por un líder posterior que asume su manto de autoridad. Muchos creen lo mismo de Colosenses. Y es notable que tal insistencia en la subordinación de la mujer no se encuentre en ninguna de las cartas paulinas auténticas. Más bien encontramos dichos que apuntan hacia la igualdad y reciprocidad, tales como: "En el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; pero todo proviene de Dios". (1 Cor 11:11-12); también en 1 Cor 7:4: "La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa".

Sin embargo, en estas cartas tardías escritas a nombre de Pablo vemos un esfuerzo concertado para restringir el liderazgo de las mujeres. Al leer estas cartas es bueno recordar que ellas representan sólo una entre muchas voces de la iglesia temprana. Así todo, sería interesante saber las respuestas de las mujeres líderes cuando escucharon la lectura de estos textos. Mujeres como Febe, Junia y Priscila podrían darles a los cristianos de hoy pistas sobre cómo resistir los esfuerzos patriarcales.

PABLO: PARTERO Y MADRE

En varias ocasiones, Pablo usa la imagen maternal para hablar de su misión. Se compara con una madre que amamanta y cuida a sus hijos (1 Tes 2:7) y se describe a sí mismo dando leche a los niños hasta que pueden asimilar comida sólida (1 Cor 3:1-2). En varias ocasiones habla de dolores de parto (1 Tes 5:3; Gal 4:19; Rom 8:22). Al usar estas metáforas, Pablo valida la experiencia de las mujeres creyentes y hace que su mensaje les resulte más atractivo. Su uso también sugiere que Pablo se dejó influenciar por sus compañeras de trabajo, escuchó sus experiencias y su lenguaje y aprendió de ellas expresiones exclusivamente femeninas de la labor de Dios entre ellas. También en este aspecto Pablo ofrece un buen modelo para la colaboración en el ministerio de nuestros días.
_____________________
Barbara E. Reid, O.P. Profesora de estudios del Nuevo Testamento en la Catholic Theological Union de Chicago, Illinois.

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La Purísima Gratuidad. 2 : Alégrate, gratuitamente agraciada

Por Juan Masiá sj
Publicado por Atrio

Como expresé en el artículo inicial de esta serie, María, como símbolo de la humanidad que acoge el don de Jesús, símbolo y rostro de Dios, invita a reflexionar sobre la cuádruple capacidad de la especie humana: 1) capaces de ser agraciados, 2) capaces de agradecer, 3) capaces de arriesgarse a agraciar gratuitamente y 4) capaces de reconciliar y dejarse reconciliar gratuitamente.

La especie humana es un animal particularmente vulnerable y en lo más hondo de nuestra interioridad, en la “sima de la conciencia” (como dice el budismo Yogacara) percibimos las raíces de esa vulnerabilidad. Tradiciones mitopoéticas de la India lo llamaron karma; el budismo lo captó intuitivamente como la ceguera originaria (en japonés, mu-myô, ausencia de claridad o tinieblas radicales); y la teología cristiana lo pseudo-conceptualizó ambiguamente con el símbolo especulativo de “pecado original”. Pero no es eso lo más profundo de la “sima”. Más al fondo, originariamente, está la “gracia original”.

La tradición oriental de la “matriz de budeidad” lo captó como la presencia de la naturaleza búdica en nuestro interior; la teología cristiana lo puede comprender como la gracia original. Uno de los errores que arrastra la catequesis cristiana es haber hablado demasiado de pecado original y poco de gracia originaria. Lo peor fue que el malentendido se formuló a nivel popular en catecismos y a nivel artístico en los errorres del Juicio final de la Capilla Sixtina o el Dies irae de las misas de difuntos (Lo que se salva de este último son aquellos versos que dicen: qui salvandos salvas gratis…).

María, símbolo de la humanidad, que acoge receptiva el don de la gracia original, merece el saludo del ángel, que es personificación imaginaria de la voz creadora de la Fuente de la Vida: Ave, gratia plena, dice insuficientemente el latín. Alégrate (llénate de “charis” o alegría), tú la agraciada (la receptora de “charis” o gracia”). Pero si María es símbolo de la Humanidad (para creyentes del Primer Testamento, “hija de Sión”, “esperanza del pueblo”…), a la humanidad entera se dirige la voz impersonada en Gabriel: “Alégrate Humanidad, tú la agraciada, porque el Señor está contigo, mora en tí y tú respiras y vives en Él, estás llamada a crear con Él desde la fuente de su creatividad. Bendita tú eres, humanidad inserta, relacionada y vinculada con todas las criaturas, llamada a recrearlo todo. Y bendita cada vez que dé fruto el seno de tu creatividad”.

La teología escolástica definía al ser humano como capaz de gracia, capax gratiae decían en latín. Pero luego se pasaban el tiempo debatiendo sobre la gacia como mera ayuda para prevenir, acompañar o reparar y… reducían la teología de la gratuidad a un taller de reparaciones de automóviles y el misterio de Jesús a un auxilio de urgencias en mitad del viaje de la vida. Cuando a Duns Scoto se le ocurre decir que, aun sin pecado original, tiene sentido el misterio de Dios habitando entre nosotros, se le echan encima como herético… Y, desde Anselmo a Juan Pablo, reducen la Creación Salvadora a Redención punitivo-expiativa.

María agraciada es símbolo de la humanidad capaz de ser agraciada. No es ella sola la dichosa, sino quienes caen en la cuenta, al escuchar la palabra de gracia, de haber sido objeto de gracia, y responden con una praxis de agradecer a Dios y agraciar gratuitamente a hermanos y hermanas (cf. Lc 11,27-28: “Dichoso el vientre que te llevó”).

En Lucas, compositor de la maravillosa narración poética y simbólica de la Anunciación, destacan los términos referentes a la gratuidad: “gracia” (charis, ocho veces en el Evangelio y 17 en los Hechos.) y “agraciar” (charizesthai, tres veces en el Evangelio y cuatro en los Hechos). La fórmula que estamos habituados a recitar como “el Señor está contigo” (en otras traducciones, “el Señor te ha concedido su favor” o “has hallado gracia ante Dios”) es una expresión semítica que aparece 40 veces en el Primer Testamento, de las cuales 13 veces se dice acerca de Dios (por ejemplo, Gen 6, 8; 18, 3 etc.). Lucas la vuelve a usar en Hechos 7, 46 para decir que David “alcanzó el favor de Dios”. Está acentuando que no se trata de méritos personales que hagan a la persona acreedora a una gracia, sino de una libre disposición gratuita de Dios

María es símbolo de la humanidad que acoge en Jesús el don de Dios, de “quienes acogieron la luz que emanaba de la Vida” (cf. Jn 1,9-12) y así, capaces de acoger ser agraciados y agraciadas, fueron “hechos capaces de hacerse hijos de Dios” (id. 12).

Comprendemos a María, no como una excepción “entre todas las mujeres”, sino como la Mujer-símbolo de la humanidad entera que acoge el ser agraciada. Claro que esta manera de hablar no será compartible por aquella parte del pueblo creyente que mantenga la cosmovisión antigua, en cuyo marco se formularon expresiones dogmáticas que, dado ese paradigma de pensamiento, se creían inseparables de un determinado conjunto imaginario, desde concepciones y nacimientos virginales, hasta asunciones celestes prodigiosas, pasando por bautizos descontaminantes de pecados originales. Pero cambiar de paradigma no es renunciar a la fe, sino cantarla en otra clave.

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Hacerse a la mar - I Domingo de Adviento - Ciclo B

Por José Manuel Berruete, agustino recoleto. Parroquia Santa Rita, Madrid
Publicado por Entra y Verás

Adviento, travesía de cuatro semanas por los océanos de la vida de cada día pero teñida de esperanza. Es momento de tener los ojos abiertos y el corazón expectante, para vigilar, y velar. Una travesía fascinante.

Que los ingenieros navales nos den ahora su permiso. Porque recurrimos a la siguiente comparación: «Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca... / Hay que medir, pesar, equilibrar... / Pero para eso uno tiene que llevar / en el alma un poco de marino, / un poco de poeta, / un poco de pirata y / un kilo y medio de paciencia concentrada» (F. Gainza).

Hoy se produce la botadura de un buque en el que cada uno de nosotros nos hallamos ya a bordo. Con el primer domingo de Adviento, comenzamos un nuevo año litúrgico, un didáctico ciclo creyente programado para ayudarnos a navegar por el mar de la vida de cada día con los remos de la fe, las velas de la esperanza y el timón del amor. El Adviento constituye el trayecto inicial de esta magnífica travesía. ¿Para qué necesitamos el Adviento? Para educarnos a fondo en el creer, en el esperar y en el amar. Si queremos conseguir este triple objetivo –consustancial a nuestra condición de discípulos del Evangelio–, es preciso «ponerle un motor a nuestra barca». Resumiéndolo en tres infinitivos: para realizar esta tarea de mecánicos especialistas en embarcaciones de gran calado vital «hay que medir, pesar y equilibrar». Jesús lo decía empleando tres imperativos: «Mirad», «vigilad», «velad». Efectuada la suma, media docena de verbos sustantivos, todo un océano de aguas profundas.

La pregunta del millón es el «cómo»: ¿cómo medir, pesar y equilibrar nuestro corazón y nuestra cabeza, nuestra sangre y nuestra voz, nuestro querer y nuestro hacer, nuestro hablar y nuestro callar? ¿Cómo mirar a las personas y al mundo con ojos de bondad sin caer en el pozo de la ingenuidad? ¿Cómo vigilar sin angustiarnos ante tanto dolor que palpamos en carne propia y en piel ajena? ¿Cómo velar sin perder la confianza en la raza humana y en la providencia divina? No es fácil llenar de contenido creíble la palabra «Adviento». Sin embargo, se trata de una labor esencial y revitalizadora. El Adviento llega para zarandearnos por dentro y espantarnos la modorra existencial que tantas veces nos invade. Viene para librarnos del sueño y despertarnos los sueños. El Adviento lleva «en el alma un poco de marino, / un poco de poeta, / un poco de pirata y / un kilo y medio de paciencia concentrada». El «marino» no es otro que el mismo Jesús, «el que anduvo en el mar» (A. Machado), el que puso sus pies peregrinos sobre la superficie frágil de todas nuestras inconsistencias de barro agujereado; y lo hizo para fortalecernos, para que no nos hundamos. El «poeta» se llama Isaías<, el profeta que anuncia un horizonte de liberación, el pregonero que apaga desencantos y enciende esperanzas. El «pirata» es Juan, el Bautista, el precursor con voz de trueno y garfio de bucanero que arremete al abordaje contra nuestras conciencias en estado de letargo. Y el «kilo y medio de paciencia» se encuentra dibujado en María, la mujer centinela, la adolescente nazarena que nutre con su ternura inmaculada a la criatura que crece en sus entrañas; sin prisas locas, sin pausas descompasadas. A ritmo sereno de misterio. Teniendo como faros a estos cuatro personajes, quizá el Adviento no sea sino un sano, pedagógico y evangélico ejercicio de «contemplarse a sí mismo / [...] / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades» (Mario Benedetti).

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sábado, 29 de noviembre de 2008

ADVIENTO: En espera del Señor

Catequesis de Juan Pablo II
(29 de Noviembre de 1978)

1. Si bien el tiempo litúrgico de Adviento no comienza hasta el domingo próximo, deseo empezar a hablaros hoy de este ciclo.

Estamos ya habituados al término «adviento»; sabemos qué significa; pero precisamente por el hecho de estar tan familiarizados con él, quizá no llegamos a captar toda la riqueza que encierra dicho concepto.

Adviento quiere decir «venida».

Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para quién viene?

En seguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta que se utilizaba como establo para el ganado.

Esto lo saben los niños, lo saben también los adultos que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad. Sin embargo, muchos son los interrogantes que se plantean. E1 hombre tiene el derecho, e incluso el deber, de preguntar para saber. Hay asimismo quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría.

Precisamente para esto disponemos del tiempo de Adviento, para que podamos penetrar en esta verdad esencial del cristianismo cada año de nuevo.
Dios y el hombre

2. La verdad del cristianismo corresponde a dos realidades fundamentales que no podemos perder nunca de vista. Las dos están estrechamente relacionadas entre sí. Y justamente este vínculo íntimo, hasta el punto de que una realidad parece explicar la otra, es la nota característica del cristianismo. La primera realidad se llama «Dios», y la segunda, «el hombre». El cristianismo brota de una relación particular recíproca entre Dios y el hombre. En los últimos tiempos —en especial durante el concilio Vaticano II— se discutía mucho sobre si dicha relación es teocéntrica o antropocéntrica. Si seguimos considerando por separado los dos términos de la cuestión, jamás se obtendrá una respuesta satisfactoria a esta pregunta. En efecto, el cristianismo es antropocéntrico precisamente porque es plenamente teocéntrico; y al mismo tiempo es teocéntrico gracias a su antropocentrismo singular.

Pero es cabalmente el misterio de la Encarnación el que explica por sí mismo esta relación.

Y justamente por esto el cristianismo no es sólo una «religión de adviento», sino el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre, y de esta realidad palpita y late constantemente. Esta es sencillamente la vida misma del cristianismo. Se trata de una realidad profunda y sencilla a un tiempo, que resulta cercana a la comprensión y a la sensibilidad de todos los hombres y sobre todo de quien sabe hacerse niño con ocasión de la noche de Navidad. No en vano dijo Jesús una vez: «Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3).
El ateísmo

3. Para comprender hasta el fondo esta doble realidad de la que cada día late y palpita el cristianismo, hay que remontarse hasta los comienzos mismos de la Revelación o, mejor, hasta los comienzos casi del pensamiento humano.

En los comienzos del pensar humano pueden darse concepciones diferentes; el pensar de cada individuo tiene la propia historia en su vida, ya desde la infancia. Sin embargo, hablando del «comienzo» no nos proponemos tratar propiamente de la historia del pensamiento. En cambio, queremos dejar constancia de que en las bases mismas del pensar, es decir, en sus fuentes, se encuentran el concepto de «Dios» y el concepto de «hombre». A veces están recubiertos por un estrato de otros muchos conceptos distintos (sobre todo en la actual civilización, de «cosificación materialista» e incluso «tecnocrática»); pero ello no significa que aquellos conceptos no existan o no estén en la base de nuestro pensar. Incluso el sistema ateo más elaborado sólo tiene un sentido en el caso de que se presuponga que conoce el significado de la idea de «Theos», es decir, Dios. A este propósito, la constitución pastoral del Vaticano II nos enseña justamente que muchas formas de ateísmo se derivan de que falta una relación adecuada con este concepto de Dios. Por ello, dichas formas son, o al menos pueden serlo, negaciones de algo o, más bien, de Algún otro que no corresponde al Dios verdadero.
En los comienzos de la Revelación

4. El Adviento —en cuanto tiempo litúrgico del año eclesial— nos remonta a los comienzos de la Revelación. Y precisamente en los comienzos nos encontramos en seguida con la vinculación fundamental de estas dos realidades: Dios y el hombre.

Tomando el primer libro de la Sagrada Escritura, esto es el Génesis, se comienza leyendo estas palabras: Beresit bara: «Al principio creó... » . Sigue luego el nombre de Dios, que en este texto bíblico suena «Elohim». A1 principio creó, y el que creó es Dios. Estas tres palabras constituyen como el umbral de la Revelación. A1 principio del libro del Génesis se define a Dios no sólo con el nombre de «Elohim»; otros pasajes de este libro utilizan también el nombre de «Yavé». Habla de Él aún más claramente el verbo «creó». En efecto, este verbo revela a Dios, quién es Dios. Expresa su sustancia, no tanto en sí misma cuanto en relación con el mundo, o sea con el conjunto de las criaturas sujetas a las leyes del tiempo y del espacio. El complemento circunstancial «al principio» señala a Dios como Aquel que es antes de este principio, Aquel que no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio, y que «crea», es decir, que «da comienzo» a todo lo que no es.

Dios, lo que constituye el mundo visible e invisible (según el Génesis: el cielo y la tierra). En este contexto, el verbo «creó» dice acerca de Dios, en primer lugar, que Él mismo existe, que es, que É1 es la plenitud del ser, que tal plenitud se manifiesta como Omnipotencia, y que esta Omnipotencia es a un tiempo Sabiduría y Amor. Esto es lo que nos dice de Dios la primera frase de la Sagrada Escritura. De este modo se forma en nuestro entendimiento el concepto de «Dios», si nos queremos referir a los comienzos de la Revelación.

Sería significativo examinar la relación en que está el concepto de «Dios», tal como lo encontramos en los comienzos de la Revelación, con el que encontramos en la base del pensar humano (incluso en el caso de la negación de Dios, es decir, del ateísmo). Pero hoy no nos proponemos desarrollar este tema.
Las bases del cristianismo

5. En cambio, sí queremos hacer constar que en los comienzos de la Revelación —en el mismo libro del Génesis—, y ya en el primer capítulo, encontramos la verdad fundamental acerca del hombre, que Dios (Elohim) crea a su «imagen y semejanza». Leemos en él: «Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza» (Gén 1, 26), y a continuación: «Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra» (Gén 1, 27).

Sobre el problema del hombre volveremos el miércoles próximo. Pero hoy debemos señalar esta relación particular entre Dios y su imagen, es decir, el hombre.

Esta relación nos ilumina las bases mismas del cristianismo.

Nos permite además dar una respuesta fundamental a dos preguntas: primera, ¿qué significa «el Adviento»?; y segunda, ¿por qué precisamente «el Adviento» forma parte de la sustancia misma del cristianismo?

Estas preguntas las dejo a vuestra reflexión. Volveremos sobre ellas en nuestras meditaciones futuras y más de una vez. La realidad del Adviento está llena de la más profunda verdad sobre Dios y sobre el hombre.

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ADVIENTO: Evangelio Misionero del Día: Domingo 30 de Noviembre de 2008

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 13, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia, cmf

La palabra clave del Evangelio de hoy, cuando comenzamos el nuevo Año Litúrgico, es ésta que Marcos repite cuatro veces en tan pocas líneas: ¡Vigilad! Pero, ¿por qué? ¿Y con qué sentimientos debemos estar esperando al Señor para cuando vuelva?...
- ¿Por qué?... Le hacemos esta pregunta a Jesús, y nos contesta: Porque no sabéis cuándo vendré a buscaros. Pero no me temáis, ¡que vengo como vuestro Redentor!
- ¿Y cómo hay que esperar?... Se lo preguntamos a Pablo, y nos responde: Permaneciendo irreprensibles en vuestra conducta para la venida del Señor.
Que teman los otros; vosotros, no.
Una vez más que la Iglesia nos lleva a la consideración del último día del mundo. Con ello no hace otra cosa que atenerse a la primera predicación de los Apóstoles, los cuales recordaban de continuo la venida gloriosa de Jesús al final de los tiempos para juzgar a los hombres, venida que para cada uno es el día de su muerte, cuando se habrá de presentar ante Dios para recibir la recompensa de sus propias obras.
Jesús se sitúa en esta perspectiva, y recurre a la parábola de los empleados de aquel gran señor.
El amo se había ido lejos, y los criados tomaban actitudes muy diversas. Los más despreocupados, que se divertían como podían o se tumbaban a dormir perezosamente, se decían: ¡El dueño tarda en llegar! Se ve que el viaje le está yendo bien, y vaya uno a saber cuándo regresará... Mientras que los más sensatos se preguntaban: ¿Ya tenemos arregladas las cuentas y está la casa en orden?... El portero en especial recordaba el encargo del amo: ¡Al tanto, y vigila! Porque no sabes si llegaré a media noche, al canto del gallo o a media mañana...
La comparación de Jesús resultaba muy familiar para aquellos tiempos, tan lejanos todavía del complicado Internet. Pero en nuestros días, a pesar de nuestros avances técnicos y de nuestra comunicación ultra rápida, no hay manera de saber cuándo se presentará el Señor. Por eso su palabra es de actualidad suma: ¡Vigilad!...Cristiano que no vigila parece más bien un pagano.
Con lo distraídos que hoy vivimos respecto de todo lo del mundo futuro, la advertencia del Señor nos cae de primera. Pensamos en todo, menos en lo principal. La eficacia y la velocidad son las características de la actividad moderna, porque tenemos que disfrutar mucho, disfrutar todo lo posible, antes de que se nos escape de entre las manos el placer que se nos brinda hoy a montones.
Una modesta muchacha de nuestras tierras se había ido a trabajar a una rica nación del Primer Mundo, con la esperanza de mejorar su situación económica. Sí, hizo dinero. Pero no se sentía feliz. Volvió de visita a la familia y acudió a una reunión parroquial. Como es natural, los antiguos amigos y compañeras le preguntaban con curiosidad muchas cosas. Y la joven, humilde pero muy sesuda, manifestó sus sentimientos y preocupación:
* No es posible ser feliz en una sociedad como ésa en la que me toca vivir ahora. En la casa de mis dueños está todo calculado hasta el mínimo detalle.
La boda de la hija será dentro de cinco años. Y hablan claramente. Para pagar el carro, un año. Para el apartamento, tres años. Para los gastos de la boda, otro año entero. El primer hijo lo quieren pedir dos años después. Y como no va a esperar tanto la muchacha, ya está conviviendo con el novio. Con frescura que no entiendo, les oigo decir muchas veces a los mismos papás: ¿Qué va a hacer la pobrecita? ¡Tiene derecho a gozar!... Aquí somos más pobres, pero vivimos más felices y con mejor conciencia.
Por los labios de esta empleada doméstica hablaba el sentido común y hablaba, sobre todo, la fe cristiana. Ninguno de nosotros niega que Dios nos quiere felices en este mundo, cuando nos ofrece y nos pide y hasta nos exige la paz, el amor, el bienestar de todos sus hijos... Pero, ¿y si el afán del disfrute terreno llega a entorpecernos para conseguir y conservar la gracia de Dios, semilla y condición de la vida eterna?... Ese ¡Vigilad! insistente de Jesús nos hace pensar muy seriamente...
Por otra parte, esa vigilancia, tan recomendada por el Señor en este Evangelio, no tiene nada de triste, sino que entraña un gozo intenso. El apóstol San Pablo nos propone en la lectura de hoy los sentimientos que llenan al cristiano mientras viene Jesús a buscarlo.
El cristiano se siente feliz porque está lleno del conocimiento de Jesús, de su vida y de su misterio.
El cristiano permanece siempre en acción de gracias, porque se ve colmado del don de Dios.
El cristiano lleva una conducta irreprensible, a la espera de la llegada del Señor.
Esto lo hace el cristiano, de modo especial, en la asamblea o reunión dominical. La celebración de la Misa resulta cada vez un acontecimiento. La escucha de la Palabra, la oración en común, la presencia de Jesús que se nos da en la Comunión, todo esto reaviva la memoria del misterio de la salvación.
Nos reafirma en la fe y nos acrecienta el amor. Nos compromete cada vez más con el mundo al que tenemos que hacer partícipe de la salvación. Sobre todo, mantiene en tensión nuestra esperanza. El cristiano que es fiel a la Misa dominical no se olvida nunca del fin que tiene en perspectiva. Disfruta de la vida familiar y del descanso como nadie. Goza inocentemente con todo lo que Dios le proporciona para su satisfacción. Pero sabe dar su valor a todo. Por las cosas perecederas no pierde nunca las eternas.
¡Señor Jesucristo!
Tú nos pides que estemos al tanto para cuando vuelvas. Yo no tengo que decirte más que una palabra: ¡Siempre a tu disposición, Señor, y para cuando Tú quieras!...

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Oración Eucarística: Adviento de la Iglesia

Por Casiano Floristán - Luís Maldonado
Publicado por Fe Adulta

Es justo y necesario darte gracias, Padre de Jesús y Padre nuestro,
porque nos has creado a tu imagen y semejanza,
porque nos conoces y nos llamas a cada uno por nuestro nombre,
porque estás en cada uno de nosotros.

Te damos gracias por tu hijo Jesús que está presente en nuestra vida,
especialmente cuando nos reunimos movidos por el cariño mutuo,
cuando nos encontramos para bendecirte,
cuando te expresamos en comunión cantos de alabanza.
Dios nuestro, Padre santo,
con nuestras pobres voces entonamos un himno a tu gloria.

Santo, santo…

¿Quién eres tú, Dios del inmenso universo,
y qué es el ser humano para que te acuerdes de él?
Te damos gracias porque hemos sido llamados por ti
para formar parte de la iglesia de Jesucristo, tu hijo.
Te damos gracias porque creemos en tu hijo Jesucristo
y en su mensaje de liberación para toda la humanidad.
Nos hemos reunido hoy, al comenzar el Adviento,
porque creemos en la esperanza y esperamos la plena liberación.
Tú eres el Dios de las promesas, tú nos empujas hacia el futuro.
Y nuestro futuro absoluto eres tú.

Mucha confianza debes tener en nosotros
al darnos el encargo de reunirnos para celebrar el recuerdo de tu hijo.
El Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan,
dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía».

Recordamos la vida de tu amado hijo Jesús,
ejemplar hasta la muerte.
Y su mensaje de vida en este tiempo de esperanza.
Confiamos en la llegada de una humanización adulta,
transida de espíritu,
y la reconciliación con un mundo transformado, con la tierra nueva.
Queremos vivir en comunión fraternal con todos.

Recordamos hoy que el fundamento de nuestra esperanza
es la visita que tú nos hiciste en la historia
a través de tu hijo Jesús, el gran esperado.
Envíanos hoy tu espíritu, para que vivamos en tensión
en relación con los problemas del mundo,
A ti, Padre, que habitas en la vida y en el amor,
te corresponde nuestro más sincero agradecimiento
y todo honor y gloria, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

AMÉN.

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Pregón de Adviento

Por Álvaro Ginel



¡Háblales de Adviento!
Una sensación rara me recorre el cuerpo. Cada palabra tiene su tiempo. No es tiempo de palabras de Adviento para los que están satisfechos de la vida, creen estarlo. Hay palabras que no se entienden más que a su tiempo:
después de mucho tiempo,
después de muchas palabras,
después de mucho vacío,
después de mucho andar fuera de camino,
después de mucha dureza de corazón,
después de haber adorado muchos dioses,
después de haber esperado y desesperado,
después de ver las manos vacías…

Sigo caminando… Sigo reflexionando… Aprendo la lección:
Dios no se impone,
Dios llega,
Dios es siempre fruto maduro,
Dios abre la puerta,
después de haber cerrado nosotros muchas puertas,
Dios no tiene prisa.
Dios nos visita después de la locura y el terremoto.
Dios necesita profetas de gritos silenciosos,
de palabras como espadas,
de gestos significativos.

Sigo caminando… Sigo reflexionando… Aprendo la lección:
Ardo en ganas de algo que no puedo, de algo que me supera.
Ardo en ganas de palabras inaudibles.
Ardo en ganas de lo imposible…

Dios seguirá siendo un desconocido para muchos.
Dios será reconocido sólo por pocos.
Dios se toma su tiempo para llegar…

Y yo gritando:
«¡Estad preparados y prestad atención!»
¡Dios anda suelto, Dios anda por ahí, Dios viene!
¿Para que gritar?

Una voz me dijo:
Para que estés preparado tú.
Para que le acojas tú,
Para que le escuches tú.

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I Domingo de Adviento - Ciclo B: ¿Narcisos o Suricatos?

Publicado por Pasionistas.es

Como todos los años, el Adviento comienzo con una llamada a la vigilancia y a la esperanza. A un estar atentos al que está viniendo. Un estar atentos a las venidas de Dios a nuestra historia. Creo que hay dos marcos que nos pueden servir de iluminación para este tiempo del Adviento: o somos Narcisos o somos Suricatos.

No es tiempo para Narcisos
En el prólogo al Alquimista, Paulo Coelho nos presenta la interpretación que hace Oscar Wilde sobre la historia de Narciso. Dice que, cuando Narciso murió, las diosas del bosque llegaron y vieron el lago transformado, de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
- “¿Por qué lloras?” Le preguntan la Oréades.

- Lloro por Narciso, respondió el Lago.

- ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

- ¿Pero Narciso era bello? Preguntó el Lago.

- ¿Quién sino tú podrías saberlo? Era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

El Lago permaneció en silencio unos instantes. Y finalmente dijo:

Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza”.



Aquí nadie ve la belleza del otro. Narciso contempla su belleza en el espejo del Lago. Y el Lago contempla la suya en el fondo de los ojos de Narciso. Total que nadie veía la belleza del otro sino que cada uno veía su propia belleza. Por algo el narcisismo es:

Ese encerrarse cada uno sobre sí mismo y no ver a los demás.

Ese mirarse siempre a sí mismo y no ser capaz de ver a los demás.

Ese mirarse uno a sí mismo en su hoy sin capacidad de mirarse en su mañana.

Por eso podemos morir sin haber visto a nadie.

Podemos morir sin habernos enterado de nada.

Podemos morir sin enterarnos de la belleza de Dios.

Podemos morir sin enterarnos de que Dios cada mañana viene a contemplarse en nuestras propias vidas y en nuestra historia. Nunca le vemos llegar. No sabemos que rostro tiene Dios, por más que cada día se encarne en nuestra condición humana. ¿Seremos capaces de verlo en Navidad o contemplaremos solamente nuestro árbol, nuestros regalos y nuestras luces? Unas Navidades donde Dios se hace hombre, pero sin hombres que logren ver de verdad la belleza del rostro humano de Dios.

El Suricato

En cambio me encantan esos animalitos que se llaman Suricatos. Parecen unas ardillas. Corren en manadas, se esconden en sus madrigueras, juegan y se divierten. Pero, siempre hay uno que está vigilante. Siempre hay alguno que, mientras los demás se divierten, él está derechito, empinado sobre sus pies, con la cabeza en alto, o subido en una roca o en algún arbusto. El tiene la misión de vigilar, estar atento a cualquier peligro que se acerca y pasar la voz al resto para que a tiempo se escondan.

El es el vigía atento siempre al peligro. Es el que vela para ver antes que los demás. Porque el peligro acecha en cualquier momento. Es la mejor parábola de lo que la Palabra de Dios nos pide a todos en este domingo. “Velad entonces, pues no sabéis cuando vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos”.



Todas las horas son buenas para que Dios pueda llegar a nuestras vidas y a nuestra historia. Dios siempre es sorpresivo. No tiene horas de visita ni horas de oficina.

Por eso, es preciso estar atentos y vigilantes: “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!”

Puede encontrarnos dormidos.

Puede encontrarnos despistados.

Puede encontrarnos tan metidos en nosotros mismos que no vemos nada fuera.

Puede encontrarnos tan metidos en nuestras cosas, que el resto no nos interesa.



Para velar y vigilar es preciso saber esperar a Alguien.

Quien no espera a nadie ¿para qué va a estar despierto?

Quien no espera a nadie ¿para qué va perder el tiempo esperando?

Es triste lo que dice Juan en su Prólogo:

“Vino a los suyos y los suyos no le conocieron”.

“Vino a los suyos y los suyos no le recibieron”.



El Adviento es tiempo de esperanza. Por eso es tiempo de espera. Tiempo de vigilancia.

No es tiempo para Narcisos que, de tanto contemplarse a sí mismos, terminan ahogados en el mismo Lago que les permitía verse.

El Adviento es tiempo de ser como el Suricato. Siempre con la cabeza en alto, y girando para todas partes, y erguido sobre la punta de su pies para ver más lejos. Como decía aquella monja de clausura: “Alguien tiene que estar esperándolo, junto al puente, a la entrada del pueblo”.

Oración

Señor: Nos regalas este tiempo del Adviento como un tiempo de esperanza.
Como tiempo para esperarte a Ti que no sabemos cuando vendrás.
Como tiempo para esperarte a Ti y que no nos encuentres dormidos.
Te pedimos que nos mantengas despiertos, atentos a cuando llegues.
Atentos a cuando toques a la puerta de nuestros corazones.
Atentos a los acontecimientos que también nos hablan de Ti.
Atentos a tus señales que tenemos que aprender a leerlas con ojos de fe.
La verdad que me da miedo que llegues y no te vea.
Que llegues y no me encuentres.
Que llegues y tengas que pasar de largo porque estoy despistado que no me entero de nada.

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30 de Noviembre: DÍA de SAN ANDRÉS PROTOAPÓSTOL


Andrés, a quién el gran Bossuet designa Protoápostol, y la liturgia bizantina «Protóklitos», por haber sido el primer elegido, significa por su nombre de Andrés, “varonil". Había nacido en Betsaida, aldea de Cafarnaúm, como Corozaín, en Galilea, a orillas del lago Genesaret. Era hijo de Jonás y hermano de Simón Pedro. En su casa de Cafarnaúm, donde vive también Simón con su mujer y su suegra, se hospedaba Jesús cuando anunciaba el Reino en esta ciudad.

SEÑOR, MUESTRANOS TU ROSTRO

Andrés fue el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Ambos eran discípulos de Juan Bautista, quien al ver pasar a Jesús, que llegaba del desierto exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Ha sido siempre difícil mantener unidas en Cristo las prerrogativas de –majestad y humildad-, derivadas de sus dos naturalezas, divina y humana. El hombre de hoy no tiene dificultad para reconocer en Jesús al amigo y al hermano universal, pero encuentra difícil proclamarle también Señor y reconocerle un poder real sobre él. Pero Andrés se dejó arrastrar por la atracción que ejercía el reflejo chispeante de la divinidad que fulguraba en sus ojos y en la majestad de su rostro, tras el cual ya anhelaba el salmista y seguimos todos buscando: “Muéstranos tu rostro”. Andrés se fue detrás de Jesús y con él, Juan. Cuando vio Jesús que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscáis?". Ellos le dijeron: "Rabbi, ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venid y veréis". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nuca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: "Venid y veréis". Su respuesta a esta llamada cambió su vida para siempre.

LA PROMOCION DEL PRIMER PAPA

Andrés buscó a su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a Jesús. Así le consiguió a Cristo un formidable amigo, el gran San Pedro. Y Jesús le anunció que le cambiaría el nombre por el de Cefas. Al principio Andrés y Simón iban con Jesús a escucharle siempre que podían, y luego regresaban a sus labores de pesca. Pero cuando el Señor volvió a Galilea, encontró a Andrés y a Simón remendando sus redes y les dijo: "Venid conmigo", y ellos dejando a sus familias y a sus negocios y sus redes, se fueron con Jesús. Después de la pesca milagrosa, Cristo les dijo: "En adelante seréis pescadores de hombres".

EL MUCHACHO CON LOS CINCO PANES

El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes y dos peces. Andrés es un hombre observador, lo que le hace realista: había visto al muchacho, es decir, ya le había planteado la pregunta: «Pero, ¿qué es esto para toda esta gente?» y se dio cuenta de la falta de recursos. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, una por una, sus palabras incendiarias y vitales. Vivió junto a Él tres años.

LENGUAS DE FUEGO

En el día de Pentecostés, Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.

PERSUADE A JUAN A ESCRIBIR EL CUARTO EVANGELIO

Un escrito que data del siglo III, el "Fragmento de Muratori" dice: "Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el Cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al apóstol San Andrés, el cual le dijo: ‘Debes escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escribas’". El "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio fue escrito por Juan, uno de los discípulos. Ocurrió así: Cuando los otros discípulos y obispos urgieron a que escribiese, Juan les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese".

LUGARES DE SU EVANGELIZACION

Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nazianceno que estuvo en Epiro, y San Jerónimo que estuvo en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época, siglo IV, los habitantes de Sínope decían poseer un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el que predicaba. En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom 14,9). El origen de esa tradición es interesado, pues procede de una época en que convenía a Constantinopla atribuirse origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV.

LA POLITICA

Extendido el Imperio Romano a Oriente, para no tener menor relevancia que Roma con su Pontificado Romano, Constantino constituye otra cabeza que prestigie a Bizancio, que dejará de ser Bizancio y pasará ser Constantinopla, como tras los siglos, San Petersburgo, será Leningrado y Stalingrado. Es el privilegio de que gozan los príncipes o los tiranos, de poder dar nombre a países aunque se convierten en polvo, como reza el salmo. Pedro era la Cabeza de Roma, su hermano Andrés, el que evangelizó la península de Anatolia, será cabeza de Bizancio, transformado en Constantinopla. Esa será el origen de la división de las dos Iglesias, desde hace 1000 años.

MARTIRIO

La "pasión" apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino sólo atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir.

En tiempos del emperador Constancio II las reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

PATRONO DE RUSIA Y ESCOCIA

San Andrés es el patrono de Rusia y de Escocia.

Hay una tradición de que llegó a Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, San Régulo, era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde. De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra"". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.

EL NOMBRE DE ANDRES EN EL CANON

El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa. También se le nombra en la misa con la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, después del Padrenuestro, introducida por el Papa San Gregorio Magno. En la medida en que nos permiten las fuentes, queremos conocer un poco más de cerca del hermano de Simón Pedro, san Andrés, quien también era uno de los doce.

SU NOMBRE NO ES HEBREO

Lo primero que impresiona en Andrés es el nombre, que no es hebreo, sino griego, signo indicativo de una cierta apertura cultural de su familia, pues en Galilea el idioma y la cultura griega están bastante presentes. En las listas de los doce, Andrés se encuentra en segundo lugar, en Mateo y en Lucas, en el cuarto lugar en Marcos y en los Hechos de los Apóstoles. Sin duda tenía un gran prestigio dentro de las primeras comunidades cristianas.

PEDRO Y ANDRES HERMANOS

El lazo de sangre entre Pedro y Andrés, y la llamada común que les dirigió Jesús, son mencionados en los Evangelios. Puede leerse: «Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: "Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres"».

LAS FUENTES DEL EVANGELIO

Por el cuarto Evangelio sabemos que Andrés era discípulo de Juan Bautista; lo que demuestra que era un hombre que buscaba, que compartía la esperanza de Israel, que quería conocer más de cerca la palabra del Señor, y la presencia del Señor. Era verdaderamente un hombre de fe y de esperanza; y un día escuchó que Juan Bautista proclamaba a Jesús como «el cordero de Dios»; entonces, se movió, y junto a otro discípulo, cuyo nombre no es mencionado, siguió a Jesús, que era llamado por Juan «cordero de Dios». El evangelista refiere: «vieron donde vivía y se quedaron con él». Andrés, por tanto, disfrutó de momentos de intimidad con Jesús. «Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo», y le condujo hacia Jesús (Jn 1,40), demostrando su espíritu apostólico. Andrés, por tanto, fue el primer apóstol que recibió la llamada y siguió a Jesús. Por este motivo la liturgia de la Iglesia bizantina le honra con el apelativo de «Protóklitos», que significa el «primer llamado». Por la relación fraterna entre Pedro y Andrés, la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla se sienten como Iglesias hermanas entre sí. Lo que es Roma para Pedro es Constantinopla para Andrés. El Papa Pablo VI, en 1964, restituyó una insigne reliquia de san Andrés, hasta entonces custodiada en la Basílica vaticana, al obispo metropolita ortodoxo de la ciudad de Patrás, en Grecia, donde según la tradición, el apóstol fue crucificado.

CUANDO SUCEDERA ESTO

En Jerusalén. Saliendo de la ciudad, un discípulo le mostró el espectáculo de los poderosos muros que sostenían el Templo. La respuesta del Maestro fue sorprendente: dijo que de esos muros no quedaría piedra sobre piedra. Entonces Andrés, junto a Pedro, Santiago y Juan, le preguntó: «Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que ya están por cumplirse todas estas cosas». Como respuesta a esta pregunta, Jesús pronunció un importante discurso sobre la destrucción de Jerusalén y sobre el final del mundo, invitando a sus discípulos a leer con atención los signos del templo y a mantener siempre una actitud vigilante. De este episodio podemos deducir que no tenemos que tener miedo de plantear preguntas a Jesús, pero al mismo tiempo, tenemos que estar dispuestos a acoger las enseñanzas incluso sorprendentes y difíciles que Él nos ofrece.

REVELACION A LOS GRIEGOS

Jerusalén, poco antes de la Pasión. Con motivo de la fiesta de la Pascua, narra Juan, habían venido a la ciudad santa algunos griegos, para adorar al Dios de Israel en la fiesta de Pascua. Andrés y Felipe, los dos apóstoles con nombres griegos, hacen de intérpretes y mediadores de este grupo de griegos ante Jesús. La respuesta del Señor a su pregunta parece enigmática, pero de este modo se revela llena de significado. Jesús dice a sus discípulos y, por su mediación, al mundo griego: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trino no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 23). ¿Qué significan estas palabras en este contexto? Jesús quiere decir: sí, mi encuentro con los griegos tendrá lugar, pero el mío no será un coloquio sencillo y breve con algunas personas, llevadas sobre todo por la curiosidad. Con mi muerte, comparable a la caída en la tierra de un grano de trigo, llegará la hora de mi glorificación. De mi muerte en la cruz surgirá la gran fecundidad: el «grano de trigo muerto» -símbolo de mi crucifixión- se convertirá, en la resurrección, en pan de vida para el mundo: será luz para los pueblos y las culturas. Sí, el encuentro con el alma griega, con el mundo griego, tendrá lugar en esa profundidad a la que hace referencia el grano de trigo que atrae hacia sí las fuerzas de la tierra y del cielo y se convierte en pan. En otras palabras, Jesús profetiza la Iglesia de los griegos, la Iglesia de los paganos, la Iglesia del mundo como fruto de su Pascua.

APOSTOL DE LOS GRIEGOS

Tradiciones muy antiguas consideran que Andrés, quien transmitió a los griegos estas palabras, no sólo es el intérprete de algunos griegos en el encuentro con Cristo, sino que es considerado como el apóstol de los griegos en los años que siguieron a Pentecostés; nos dicen que en el resto de su vida fue el anunciador y el intérprete de Jesús para el mundo griego. Pedro, su hermano, llegó a Roma desde Jerusalén, pasando por Antioquía, para ejercer su misión universal desde Roma; Andrés, fue el apóstol del mundo griego: de este modo, tanto en la vida como en la muerte, se presentan como auténticos hermanos, una fraternidad que se expresa en la relación especial de las sedes de Roma y de Constantinopla, Iglesias verdaderamente hermanas. Cuando escribo acabo de contemplar la llegada a Benedicto XVI a Ankara para permanecer en Turquía, la península de Anatolia hasta el uno de diciembre. Benedicto XVI ha celebrado la Divina Eucaristía en la Casa de María en Efeso y ha presidido la oración vespertina junto al Patriarca Bartolomeo I en la Catedral Patriarcal de San Jorge. Allí Bartolomeo vestía los ornamentos que ya utilizó San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nazianceno

SU MARTIRIO EN PATRAS

Una tradición sucesiva, narra la muerte de Andrés en Patras, capital de la provincia de Acaya, en Grecia donde también él sufrió el suplicio de la crucifixión. Ahora bien, en aquel momento supremo, como su hermano Pedro, pidió ser colocado en una cruz diferente a la de Jesús. En su caso, se trató de una cruz en forma de equis, es decir, con los dos maderos cruzados diagonalmente, que por este motivo es llamada «cruz de san Andrés». Esto es lo que habría dicho en aquella ocasión, según una antigua narración, titulada «Pasión de Andrés». Que lo amarraron a una cruz en forma de aspa y que allí estuvo padeciendo durante tres días, que aprovechó para predicar a los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: "Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo".

OREMOS

Apóstol San Andrés, enséñanos a seguir a Jesús con prontitud (Mt 4, 20; Mc 1,18), a hablar con entusiasmo de Él a todos aquellos con los que nos encontramos, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica intimidad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.

SU ORACION ANTE LA CRUZ

«Salve, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo, que te has convertido en adorno de sus miembros, como si fueran perlas preciosas. Antes de que el Señor subiera sobre ti, provocabas un temor terreno. Sin embargo, ahora, dotada de un amor celeste, te has convertido en un don. Los creyentes saben cuánta alegría posees, cuántos regalos deparas. Confiado, por tanto, y lleno de alegría, vengo para que tú también me recibas exultante como discípulo de quien fue colgado de ti... Cruz bienaventurada, que recibiste la majestad y la belleza de los miembros del Señor..., tómame y llévame lejos de los hombres y entrégame a mi Maestro para que a través de ti me reciba quien por medio de ti me ha redimido. ¡Salve, oh Cruz, sí, verdaderamente, salve!». Nos encontramos ante una espiritualidad cristiana sumamente profunda, que ve en la Cruz, más que un instrumento de tortura, el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el grano de trigo caído en la tierra. Tenemos que aprender una lección muy importante: nuestras cruces alcanzan valor si son consideradas y acogidas como parte de la cruz de Cristo, si son tocadas por el reflejo de su luz. Sólo por esa Cruz también nuestros sufrimientos quedan ennoblecidos y alcanzan su verdadero sentido. La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63.

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Espera de amor, Vigilia afanosa: I Domingo de Adviento - Ciclo B

Publicado por El Blog de X. Pikaza

Mc 13, 33-36. Acababa el año con una llamada a la vigilancia. Empieza el nuevo año de la liturgia cristiana con otra llamada semejante, pero que ya no está motivada por la exigencia del juicio de Dios, sino por la esperanza del Cristo. Empieza así otra vez el Adviento, marcado por la Venida de Dios. Ciertamente, nosotros podemos caminar hacia la Vida, pero sólo porque la Vida está llegando a nosotros. Así lo muestra el evangelio, diciendo que el tiempo es espera de amor y compromiso al servicio de la vida, es decir, de los otros.

Lectura. Mc 13, 28-36

El texto litúrgico ha reducido esta lectura, tomando sólo una parte de ella (Mc 13, 33-36). Prefiero verla en su conjunto, porque de esa manera abre mejor la gran puerta de la esperanza de Dios.
Estamos en el capítulo trece de Marcos, el más duro y más consolador de todos los textos de la esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores. Pues bien, en ese tiempo suena la voz que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4). Sus grandes palabras de aviso y aliento terminan así:

a. (Está a las puertas)….28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado) 30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo) 32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (Velad) 33 (Cuidado! Estad alerta, porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: (Velad!

Éste es el final del final (b y b’)

Ha pasado el clímax del relato: el evangelio ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, el evangelio ha introducido, en el centro del pasaje (entre a y a’), dos pequeños textos sobre la confianza ante el fin y la vigilancia.

-- (b) Por un lado asegura que todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30). Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) pasarán todas las cosas. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio: ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas. Nosotros debemos aplicarlas a nuestro tiempo: estamos ya en los últimos tiempos.

-- (b’) Por otro afirma que del día y hora nadie sabe nada, ni siquiera Cristo, ni siquiera el Hijo de Dios, sino sólo el Padre (Mc 13, 32). Estas palabras han de tomarse absolutamente en serio: ni siquiera Cristo supo o calculó los tiempos; anunció y preparó la llegada de Dios, pero no anduvo fijando fechas. Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, pero sin adivinanzas que no tienen sentido. El mismo Cristo deja el tiempo en manos de Dios Padre.

La culminación del tiempo es Dios

Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: (Estamos en la manos del Padre, el único que sabe! Desaparecen todas las instancias de poder o ciencia, de lucha o angustia del mundo. Quedan en segundo plano los ángeles, lo mismo que los hombres y mujeres de la tierra, todo lo que pueden hacer o maquinar los poderes de la tierra. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado su Espíritu y palabra (cf. Mc 1, 9-11), está a la escucha de Dios. En la raíz y meta de todo se halla el Padre, él solo es quien sabe.

En el principio del evangelio de Marcos (Mc 1, 11) estaba el Padre, diciendo su palabra original: (Eres mi Hijo!. En ella se fundaba todo lo que existe; de ella procedía el camino de la salvación y la misma realidad del mundo.
B También aquí, al final del tiempo (Mc 13, 32) se encuentra al Padre. El Hijo ha cumplido su función, ha entregado la vida en sus manos. Por eso se mantiene gozoso en su ignorancia, que no es falta de conocimiento sino conocimiento superior: es confianza suprema, amor completo hacia aquel que le ha amada.

Está a las puertas, velad (a y a’)

Estamos en la noche que precede a la aurora de la salvación. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza.
Es evidente que esta imagen de la noche que precede al día y de los siervos que esperan al Kyrios o Señor proviene de la apocalíptica judía. Pero los cristianos saben que la salvación está ya realizada por Jesús y que el Señor a quien esperan es el mismo Jesús, que ha nacido y ha muerto por ellos. Eso hace que cambie su actitud. Cuando leen o escuchan este texto, los creyentes saben no son simples criados sometidos al capricho de un amo imprevisible, que vendrá cuando el decida (según su pura gana), sino que está viniendo ya, porque nos ama y tiene «gana» de encontrarnos.

Estamos a la espera, pero no como extraños, sino como amigos, compañeros de alguien que nos ama, que nos ha precedido en el camino de la entrega generosa de la vida, para darnos Vida.

De esta manera culmina el capítulo trece de Marcos y todo el evangelio. Jesús ha descorrido el telón y por un momento ha mostrado a sus amigos (a sus cuatro queridos, a todos los hombres y mujeres de la tierra) lo que se encuentra al lado de su vida y de su muerte, en el fondo de su entrega, frente al templo de Jerusalén:

Noche de amor, noche de vela y trabajo

(a) Está a las puertas ya el amigo, el gran Amado… Va a llamad, va a llamaros. Están preparados… Ha pasado el tiempo de la maduración, los brotes de la higuera van a convertirse en fruto. Llega ya el Amado, en la noche de una vida corta y dura, pero llena de esperanza. Limpia la cara, perfuma tu rostro y espera, como la Novia del Cantares, como el novio… No sabes el momento, pero está llegando ya, en esta generación, en este tiempo de tu vida. Deja por un día otras noticias, atentados en Bombay, muerte el Caliput, hambre y tortura, en mil lugares de tierra, con caravanas de hambrientos que caminan o van a la deriva, sin llegar a ningún puerto. Olvida por un momento todo. Estremécete y tiembla de pasión de amor: está llegando el Amado, va llamar a tu puerta. Se dejará amar y le amarás, te amará y os amaréis, y sabrás que la vida ha tenido un sentido. Siéntate a la vera de la puerta, con la lámpara encendida, al borde de tu cama, porque llega

(a’) Mantente en vela y trabaja, como siervo vigilante… Antes te he dicho que esperes, estremecido/a de amor. Ahora te dice que veles y trabajes en la dura noche. A todos a dado el «amigo» una tarea, la tarea de vigilar y servir como criados (douloi) de la casa y porteros (thyrôroi) del edificio de la humanidad. Jesús había llamado a sus cuatro del principio (Mc 1, 16-20; 13, 3-4) como pescadores para reunir a los hombres en la gran playa del reino. Ahora les hace vigilantes, encargados de velar por todos, para todos.

Velar es trabajar a favor de los demás, esperando a la vera de la playa a los que vienen en pateras, para ofrecerles te caliente, una casa, una esperanza.
Velar es procurar pan para todos y trabajos, y una casa… en tiempos de crisis fuerte y de amenaza. Tembloroso de amor podrás hacerte «siervo» de todos, para que todos amen, para que todos esperen…

El amor y el trabajo, noche de bodas, madrugada de servicio

Ante el Señor que llega (en adviento) eres amante/amigo/a y sabes que culminará tu historia de amor. Te enseñará y aprenderás, aprenderéis a quereros por siempre…

Ante el Señor que llega eres «siervo», es decir, ministro al servicio de la vida de los otros. Te ha hecho Dios portero, te hecho encargado de todo y de todos… Como mayordomo y administrador de la vida de todos (que es vida de Dios) te ha puesto Jesús en el mundo, para que acojas a todos en la gran espera.

Viene él (cuando Dios quiere, ahora mismo, siempre…), viene en cada uno de aquellos que están llegando a tu playa, que están llamando a tu puerta, que están sufriendo de frío o de hambre al otro lado de la calle, en Bombay, el Bom Puerto de los viejos portugueses, o aquí mismo, a la vera de tu casa, al otro lado de la pared de tu cuarto.

A todos, buen Adviento, en amor y en trabajo.

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I Domingo de Adviento - Ciclo B: Comentario Seglar al Evangelio (Marcos 13, 33-37)

Publicado por Laiconet.es


DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Nunca podemos sentir en una relación que está todo hecho, por años que llevemos juntos, aunque sepamos claramente por donde va a salir nuestro cónyuge, aunque creamos que lo o la tenemos para siempre, que nunca nos va a faltar, que nunca nos va a fallar. Hay que estar siempre en vela, sin dormirnos, esperando siempre, amando siempre, innovando siempre, buscando siempre ser más y más felices, para que cuando los momentos no sean siempre maravillosos, exultantes, para que cuando vengan las vacas flacas, sepamos estar atentos a los signos que nos da la vida, a los códigos de nuestras esposas, de nuestros esposos, de nuestra familia y sepamos responderles, cuidarles. Nunca dejemos de decir y de demostrar que queremos a nuestros esposos, a nuestras esposas, porque nunca sabemos cuando dejaremos de decírselo. Así que hay que mantenerse siempre en vela.


DESDE LOS ABUELOS
(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Jesús, Tú nos llamas la atención sobre la necesidad de vivir siempre en vela. Esperando Tu llegada en cualquier momento. Pero estamos tan ocupados en rutinas, a las que damos demasiada importancia sin tenerla en realidad, que tenemos poco tiempo para prepararnos al encuentro gozoso contigo, y dar frutos en la medida de los dones recibidos. A veces qué necios somos, pensando en lo material y actuando como si esta vida terrenal fuese eterna.
Ayúdanos, Señor, a orientar nuestra existencia con vistas al encuentro definitivo contigo, pues sabemos que a cualquier edad y en cualquier momento, Tú nos puedes llamar y más cuando se pasa de cierta edad, en la que lo lógico está ya demostrado.
Señor, es difícil para los jóvenes y niños asimilar esto que Tú nos dices, ¡Velad!, cuando la idea de la muerte es algo que ni tan siquiera roza sus mentes. Tiende tu mano generosa a todos y pensemos que nuestro Juez será, también, nuestro mejor amigo: Jesús.


DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
El domingo 23 de noviembre se recordó de una manera especial a todas las personas sin hogar. Bajo el lema: “No tener hogar significa mucho más que estar sin techo”, varias organizaciones se unieron para poner de relieve el drama que viven centenares de miles de personas en el mundo (más de 30.000 en España). Considero que el lema elegido no pudo ser más acertado, pues desde hace años, varias ONG´S venimos reclamando que se reconozca que el problema va más allá de carecer de una vivienda. Así, y sin ánimo de restarle un ápice de importancia a este hecho, entendemos que no es menos grave vivir en la más completa soledad o excluido del mercado laboral y del sistema sanitario. Expuesta la situación anterior, mayoritariamente conocida y reconocida como injusta, cabe preguntarse el por qué la sociedad se muestra indolente a la hora de actuar. ¿Somos ajenos, sin más, al dolor del sufriente? ¿Impera sencillamente nuestro ego? Sólo una respuesta afirmativa a estas preguntas, eufemísticamente camufladas bajo un “ahora no es el momento” o “ya sacaré tiempo en un futuro”, entre otras, lo explicaría. Afortunadamente, las palabras del evangelio de esta semana nos ponen en alerta. Jesús, de una manera muy sencilla, nos llama a estar despiertos, prestos y dispuestos. Hay mucho que hacer y se espera la respuesta urgente y decidida de cristianos comprometidos en la construcción del Reino.


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)Comienza el Tiempo de Adviento. Un tiempo de preparación, de estar atentos, de no bajar la guardia. “¡Velad!”.
Así como en los finales de los embarazos disponemos la ropa para el recién nacido, aquí debemos ir preparando nuestro ropaje interior. Esta semana, en casa, hemos ido arreglando nuestro calendario familiar de Adviento. Cada día de diciembre, hasta el 24, proponemos una buena acción entre todos, un pensamiento para el día, una lectura, una visita,…que nos vaya situando y llevando a intentar mejorar nuestro camino al Señor. A parte, de todo lo bueno que conlleva realizar una actividad en familia, de compartir, transmitir valores, enseñar, disfrutar. A ver qué tal nos va, porque sugerir es fácil y para cumplir hace falta algo más.

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Cuatro momentos para meditar el Evangelio del Domingo: I Domingo de Adviento - ciclo B


I - DESPIÉRTAME ANTES QUE MUERA.

Muy estimados amigos, les agradezco por la gentileza que nos brindan al frecuentar este espacio de reflexión.

Hoy se inicia el tiempo del Adviento, que es una preparación litúrgica para la Navidad cristiana. “Adventus” significa en latín: venida o llegada, y se refiere a la preparación activa de los fieles cristianos para el nacimiento histórico del Hijo de Dios celebrado en la liturgia anual.

2.- ¿Cómo prepararnos? En este primer domingo del adviento en que el Evangelio nos dice: “¡Vigilad, estad atentos!” Debemos preguntarnos: ¿Estar atentos a qué? ¿Preparados para qué? ¿Qué hacemos mal? ¿Qué cosas hacemos en la vida y de lo cual nos podemos arrepentir? ¿Vigilar, qué? ¿Permanecer alertas de qué? ¿Cómo vivimos para no llorar cuando sea demasiado tarde?

Te decía que adviento, significa: “venida”. Y en este tiempo litúrgico llamado adviento, y compuesto por cuatro semanas, se nos prepara progresivamente para la celebración litúrgica de la primera venida de Cristo, el próximo 25 de diciembre.

Sin embargo, Dios a través de su Palabra nos va a presentar algunos elementos que son fundamentales, en orden a que preparemos nuestro adviento existencial.

El adviento es un tiempo de conversión, un tiempo para ingresar a nuestro interior, en orden a detectar tanto aquellos elementos nocivos en nuestra vida así como aquellos elementos positivos que no han sido suficientemente fortalecidos.

El adviento es un tiempo para que hagamos un alto en la existencia, y así una vez revisado el marco de la vida, nos dispongamos a continuar por el buen camino asumido, o bien que seamos capaces de retomar ese camino que hemos abandonado.

3.- ¡Fíjate! Cómo la solución de casi todos nuestros problemas nace cuando somos capaces de admitir nuestros errores, cuando miramos hacia adentro con sinceridad.

Cuando somos capaces de reconocer y aceptar nuestro egoísmo en nuestros actos, cuando no tenemos miedo de aceptar nuestros errores, cuando aceptamos una conciencia en claridad, es entonces que se empieza a vivir.

Mientras no suceda esto, no puedo llegar al núcleo del problema que está en mí, en la manera cómo yo sea capaz de aceptar la vida y sus inconvenientes con claridad, sin miedo y con la difícil capacidad de arrepentirme y de vivir purificándome de los lastres que sin querer he ido aceptando. Dicen los psiquiatras más afamados que “No es posible vivir feliz en el presente a menos que el pasado se haya 'limpiado' y que el futuro sea brillante y prometedor".

El Evangelio de este domingo nos invita para que dejemos a un lado nuestra pasividad en la vida, y para que nos convirtamos en los verdaderos hombres comprometidos con nuestra vida y con nuestra historia. Que dejemos de ser los solos reactores y que nos convirtamos en los actores de ese trozo de trama que Dios me ha confiado en mi historia.

4.- ¡Vigilad, estad atentos!, nos dice el Señor, y es que las cosas más bellas de la vida se nos pueden escapar, se puede perder todo sí vivimos en la somnolencia.

Te quiero comentar una escena en mi vida:

Como sacerdote, y desde que era seminarista siempre me ha causado gran preocupación, algo que yo autotitulaba y autotitulo: "estacionarme".

Al ingresar al Seminario entré en un ambiente en el que me sentía profundamente a gusto, y lo gritaba a los cuatro vientos, el haber sido una de las personas más afortunadas. Me sentía como un delfín en el agua, como un águila disfrutando de la placidez e ímpetu del viento, como una gacela corriendo vertiginosamente por el campo, como un topo construyendo en el subsuelo. En lo personal, disfrutaba de las oraciones, de la Santa Misa, del Apostolado el fin de semana y en vacaciones, del Deporte, de las Clases, del Estudio Personal, de los convivios, de la Vida Comunitaria e Interpersonal, de las reuniones comunitarias y familiares... El Seminario, de pronto, se convirtió en mi segunda y verdadera familia. Le llegué a asimilar como si fuera una segunda madre que terminó de alimentarme. Estaba como un bebé cómodamente ubicado en la calidez y seguridad de su placenta.

Pero resulta que en el mes de Abril de 1985, el Señor me iba a ofrecer una sorpresa, por la cual repentinamente,… ¡Me iba a despertar!

Mientras trabajaba en la carpintería de nuestro Seminario, algo extraordinario parecía que podía cambiar repentinamente el rumbo de mi vida. Lo que me sucedió estaba atentando contra lo que yo buscaba, y de pronto las luces de alerta se encendieron vertiginosamente, el faro amarillo se encendía intermitentemente, una especie de sirena ululaba en un espacio abierto, y todas mis seguridades parecían correr el peor de los peligros. La señal de alarma provocó el sobresalto, y por primera vez en la vida, experimentaba que estaba a punto de perder algo que amaba con toda el alma, y que al mismo tiempo era mi todo.

5.- Un servidor tenía 19 años y era aquel ya mi quinto año en el Seminario, era mi oficio ése año por segundo año consecutivo el de carpintero en la comunidad, y trabajaba en el taller en las horas vespertinas de trabajo físico, horas de trabajo que en justicia y obligación teníamos que realizar para el buen funcionamiento de nuestro Seminario y para cooperar con la generosidad que siempre ha tenido el pueblo de Dios para con nuestro Seminario.

Recuerdo que hacíamos unos reclinatorios para la capilla del Instituto de Filosofía y mientras empujaba con los dedos pulgares la madera que ingresaba equidistantemente a la sierra eléctrica, el dedo pulgar de mi mano izquierda brincó el borde de la madera que empujaba y por el impulso, se fue a estrellar con el disco de la sierra eléctrica.

En la realidad aquel disco metálico no me cortó, era algo peor: me estaba destruyendo el dedo pulgar de la mano izquierda, me lo estaba desflorando, lo había destrozado. Los afilados dientes distribuidos irregularmente en aquella sierra eléctrica no me cortaron, me golpearon duramente la punta del dedo y destrozaron mi huella digital.

El sangrado era exagerado, y en ese momento pensando en mil cosas, me dirigí hacía la oficina del Padre Lorenzo Javier Barrera Charles, la cual estaba a unos doscientos metros de donde estaba ubicada la carpintería. El era mi prefecto y tenía que ponerle al tanto del accidente. Recuerdo que no me dolía el dedo, ya que estaba profundamente caliente y adormecido, pero el sangrado seguía siendo incesante.

El padre no estaba en ese preciso momento, y me dirigí junto con un compañero hacia la Cruz Roja de san Pedro, que está a unos 1000 metros del Seminario de san Pedro.

6.- De pronto al ir de camino una idea me asaltó y me dejó inquieto… Hacía dos Años, el año 1983 de entonces, que el Código de Derecho Canónico, el cual rige la vida interna de la Iglesia, había cambiado, pero bien recordaba que decía el anterior Código que "un defecto notable en las manos del candidato era un impedimento para que alguien se ordenara sacerdote". Esto me perturbó, me despojó de la paz.

Ya estando en la Cruz Roja, llegó el padre Lorenzo, quien ya enterado del accidente me encontró haciendo sala de espera para ser atendido. El padre se adelantó y trajo a una doctora, quien le dijo en un tono que quería ser tranquilizador, que el dedo no se iba perder pero que iba a quedar defectuoso, le explicaba la doctora al Padre Lorenzo, que se había perdido "demasiada sustancia" al golpear con la sierra eléctrica.

Una vez que la doctora regresó a su consultorio, el padre Lorenzo se sentó a mi lado y me preguntó, al verme llorando en ese momento, “¿quieres que te lleve con un cirujano plástico que conozco, o quieres que te atiendan aquí?”

Recuerdo, aunque hayan pasado veintitrés años, como si fuera el día de ayer mi respuesta entre los sollozos: "Padre, no me preocupa si el dedo me queda estético o no? ¿No me preocupa si queda chueco o torcido? Lo que sí me preocupa es que el día de mañana no me quieran ordenar sacerdote. Padre, yo quiero ser sacerdote, ¿Sabe? ¡yo quiero ser padre!"

El padre Lorenzo decidió llevarme con el Doctor Rodrigo, su amigo especialista en cirugía plástica, con el cual todavía me siento agradecido, y pido a Dios constantemente por él y por su familia. Se me hizo una cirugía reconstructiva, gracias a Dios no se habían afectado ni los músculos ni los nervios.

7.- Tengo que confesar que este acontecimiento me sacudió en mi vida, y me hizo espabilarme en medio de un grato pero somnoliento proceso. ¿Estás de acuerdo conmigo en que cuando todo es agradable entra la somnolencia en la vida? ¿No te has dado cuenta que cuando el clima es placentero y no tiene variantes suele adormecernos a todos?

El Señor nos hace una advertencia: No sabemos ni el día ni la hora.

Abundamos quienes nos sentimos dueños de la vida, creemos que tenemos nuestro tiempo comprado. No debemos olvidar que en este vida el único momento que tenemos seguro es el momento presente, éste día que Dios me da y que debo aprovechar al máximo.

8.- El cristiano debe contemplar siempre la existencia como un continuo empezar, para que la vida no se vuelva un lastre. Ni siquiera la vida eterna será algo que nos haga concluir, sino que se convertirá en el inicio definitivo.

Dice el Prefacio I de los fieles Difuntos: "Pues para los cristianos, la vida se transforma no se acaba, y cuando se disuelve nuestra morada terrenal tú nos prepara una mansión eterna en el cielo".

El mismo cielo no es nuestro fin sino el comienzo. Cada momento de esta vida es un volver a empezar.

¿Sabes? Hay una oración muy breve, que he agregado a las de todos los días y que he estado repitiendo desde hace muchos años al iniciar y concluir mis labores cotidianas: “¡Señor, despiértame antes que muera!”

Muy queridos amigos: “Es imposible darle marcha atrás al reloj, pero si Dios te ha permitido darle cuerda otra vez, tienes que aprovecharlo”.



II - PEONES DE ALBAÑIL DE LA PROPIA EXISTENCIA.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Velen y estén preparados, porque no saben cuando llegará el momento. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos; permanezcan alerta”.

1.- Muy querido amigo:

¿No sé si te has fijado? Pero..., los hombres y las mujeres de todos los tiempos tenemos una doble forma de ver las realidades que vivimos en nuestra existencia: en primer lugar todo lo que obtenemos o aquello que se nos obsequia se puede ver como si fuese un punto de llegada, o bien, en segundo lugar, todo puede ser visualizado como un punto de partida.

Es así, de estas dos formas, como contemplamos el nacimiento, el noviazgo, el matrimonio, el ingreso al Seminario, la ordenación sacerdotal, la graduación, el establecimiento de un negocio, el misterio de la muerte... todo, completamente todo, puede ser visualizado desde esta doble perspectiva,... aún aquellas cosas más sagradas.

Lo anteriormente mencionado pareciera no tener una gran notoriedad, si no fuera porque las diferencias en la vida, y en nuestra forma de ver la vida, se van marcando por esta doble forma de avizorar la existencia.

2.- ¿Un punto de llegada o un punto de partida? Las dos formas suelen parecer tan semejantes, y esto en ocasiones nos adormece, pero las actitudes que se generan por una u otra óptica existencial marcan una distancia abismal.

Démonos tiempo, el día de hoy, para que revisemos nuestra vida cristiana, y así el matrimonio, la vida consagrada y mi sacerdocio, como también el misterio de la muerte, bajo esta perspectiva.

3.- El matrimonio, para aquellos que ven la celebración del sacramento como un punto de llegada, podrá ser entendido como algo que logras alcanzar en la vida, como la realización de un sueño, como una ilusión concretizada. Se trata de un lugar al que anhelabas llegar y al que al fin has accedido. Se trata de una especie de conquista obtenida.... ¿y qué tiene esto de malo? –te preguntarás-. Dame un poco de tiempo y lo verás.

Por otro lado, el matrimonio cuando es visto como un punto de partida, debe ser entendido como un nacimiento y como el inicio de un estilo nuevo en la vida que Dios les concede a los cristianos. Se trata del inicio de algo totalmente nuevo que supera las expectativas y los sueños del hombre.

La diferencia entre una y otra forma de ver el matrimonio, así cómo un punto de llegada o cómo un punto de partida, todavía no son muy notorias..., las verdaderas diferencias vendrán en las actitudes de lo cotidiano, las cuales suelen transformar nuestros sueños en pesadillas y las canciones en réquiem.

Aquellos que contemplan el matrimonio como un punto de llegada, tienen el riesgo de caer en el limbo de la mediocridad,… es decir, pueden aletargarse, caen en el sopor y en el engaño.

El experimentar esa “seguridad” que nos da lo adquirido, ha hecho, de muchos esposos y esposas, personas que se olvidan culposamente de todo aquello que mantenía con vida el amor durante el tiempo del enamoramiento y del noviazgo.

Aquellos para quienes el matrimonio es un punto de llegada, se les suelen olvidar todas aquellas atenciones,... y también los detalles. La celebración sacramental del matrimonio se convierte, para toda esta pobre gente, en una adquisición, en una conquista, en un trofeo.

Con el paso del tiempo, se les llega a mirar descuidados en su aspecto físico, desaliñados. Se sienten tan seguros de tener a alguien que llega o que les espera en casa. De tal manera que no les preocupa nada, al fin y al cabo, ya han llegado a donde esperaban llegar y han obtenido lo que deseaban obtener.

4.- Pero... ¿y para aquellos que el matrimonio es un punto de partida?

Todo lo contrario sucede, con aquellos que contemplan el matrimonio como un punto de partida: ellos ni pueden ni quieren darse el lujo de adormecerse, de perder los pormenores, todas esas pequeñas cosas de la vida. Para ellos, no hay un lugar ni para la somnolencia ni para la vanidad.

Ellos no pueden dejar morir algo tan sagrado, que vieron nacer cuando recibieron el sacramento del matrimonio. En su vida no hay lugar para el sopor, el aburrimiento, la pereza o la costumbre.

5.- Ahora podrás darte cuenta de que: El mejor deseo que podríamos tener para una persona que se casa, es el que su matrimonio no sea un punto de llegada sino un punto de partida.

Lo mejor que podríamos anhelar para ellos es que, el formar una familia no sea el llegar a una meta sino el recibir de Dios esa señal de salida para así iniciar una noble competición cristiana; que para ellos el matrimonio no puede ser el anochecer de la existencia sino el amanecer de un sueño totalmente nuevo; que no puede ser el ocaso sino el despuntar de una nueva ilusión; que el Sacramento que reciben no ha de ser la conclusión de un tomo sino la introducción a una nueva etapa; que la celebración litúrgica no llegará a ser el escribir el epílogo de una historia, sino el escribir el prólogo de un nuevo tomo en la vida.

6.- ¿Sabes? La vida consagrada también tiene los mismos peligros. Cuando para un sacerdote o para una religiosa aquel momento tan sublime en que se consagró la vida, es visto como un punto de llegada y no un empezar a caminar, puede llevarle a convertir paradógicamente lo más sagrado en una vida poco digna.

Para quienes la consagración es un lugar al que se llega, la consagración se convierte entonces en un “status”, en donde se ha adquirido una “falsa seguridad”. Las personas empezamos a olvidar todo aquello que mantenía con vida lo que es vital, ya no hay preocupación por la oración, ya no se estudia, ya no hay retiros ni ejercicios espirituales..., los libros se convierten en un adorno en la oficina.

Entonces el sacerdocio, la parroquia y la vida en medio de la comunidad de vida consagrada, se convierte en una especie de conquista, un lugar al que se llega y sobreviene nuestra más lamentable monotonía. Nos vamos arrastrando en el polvo de la rutina y de la amargura.

En cambio, aquel sacerdote o aquella religiosa que vea su consagración como un punto de partida no podrá dejar asfixiarse algo que es considerado un Don y un Misterio. No se podrán descuidar todos aquellos elementos de la formación permanente que mantienen siempre vivo lo que en la formación básica se recibió.

7.- ¡Fíjate! Como son tantos los ámbitos en que se aplican estos principios...

Hay quien pensó que su graduación era un punto de llegada que le hacía merecedor de un excelente puesto en una empresa, sin que esto significara un punto de partida de una vida profesional cimentada en el esfuerzo de la vida diaria... Hay tantos profesionistas, así médicos, abogados, docentes, arquitectos, ingenieros, administradores, comunicólogos, contadores, diseñadores,… que hicieron de su salida de las aulas el punto al que se llegó ufanamente, y se han quedado obsoletos en sus conocimientos y en los servicios que ofrecen.

8.- Pero..., mejor dejemos nuestro espacio del pensamiento, para dirigir la mirada a nuestra vida cristiana.

Dice el Evangelio: “Velen y estén preparados... Lo que les digo a ustedes lo digo para todos: permanezcan alerta”.

La vida cristiana es un prolongado y recurrente punto de partida. Solamente así a Dios se le puede amar y esperar en el estupor, con las puertas de la mente abiertas de par en par, con las manos trabajadoras, con nuestros ojos liberados de la pesantez, y con el corazón finalmente curado de la dureza que provocaba nuestra esclerocardia.

En cambio, para quienes pensamos que ya hemos llegado, o que la vida cristiana es una adquisición de nuestro bautismo, nos podemos convertir en esos hombres mediocres que piensan que con sus credenciales y carnets podrán acceder al Reino, o que, por ir a tal parroquia los católicos, o a tal congregación nuestros hermanos separados, o a tal cine, salón de eventos u hotel algunos miembros de nuevas sectas, ya poseen una especie de membresía de la eternidad, ya están en el número de los salvados. ¡Qué triste engaño!

9.- La hiperconfianza suele ser tan nociva. Ayer como hoy, y quizá hoy más que ayer, somos tantos los que nos sentimos ser los dueños de la vida, los que creemos que tenemos el tiempo, las cosas y las personas, con su confianza y sus sentimientos, comprados.

La vigilancia deberá ser una actitud del cristiano no tan sólo en el adviento, sino en cada momento, ya que esta vida no es más que el adviento de nuestra verdadera navidad. Y es que cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de tantos desvelos y de tantas preocupaciones.

Vigilad significa que nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente buenos como para descansar, dormirnos y despreocuparnos.

Nuestra atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se vaya apoderando poco a poco de nosotros al no estar atentos.

Nuestra vida cristiana, como un punto de partida debe ser ofrecimiento y lucha. Sólo se vivirá cristianamente en el esfuerzo y en la donación. ¡Porque el que da la vida y todas las cosas, es Dios!

10.- El cristiano tiene siempre la necesidad de contemplar la existencia como un continuo comenzar. Solamente entonces comprenderá que la vida eterna es la prolongación de lo que en nuestra vida temporal hayamos hecho. La muerte no será entonces un epílogo sino el prólogo de una historia en la eternidad, no será un tomo que se cierre sino nuestro ingreso a un tomo en el que estén escritos nuestros nombres, y lo cual es nuestra alegría verdadera. El cielo no será entonces un punto de llegada sino un punto de partida para todos nosotros.

Todos somos conscientes de lo anterio, pero..., al mismo tiempo somos tantos los que estamos esperando el futuro en lugar de construir el futuro. Parafraseando el escrito de Don Amado Nervo, ¿En qué hemos convertido nuestra vida? ¿Qué somos cada uno de nosotros? ¿Somos Arquitectos o peones de albañil de nuestro propio destino? ¿Tienes un proyecto por realizar o las cosas simplemente se van dando una tras otra en un ineludible movimiento mecanicista?

¿Sabes? "Una Iglesia que no espera en la venida del Señor, ha perdido el núcleo de su esencia, ha perdido toda su fuerza".



III - VIGILANCIA EN LA FAMILIA.

“Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo”.

1.- Muy queridos amigos:

Un nuevo Año litúrgico y un nuevo relevo en nuestra vela ante Dios que viene. Es una nueva oportunidad para cada uno de los cristianos de renovarnos y de crecer. Así como las plantas se desarrollan dentro de un ciclo de crecimiento y cada año tienen una nueva oportunidad de dar frutos, el cristiano cada año litúrgico tendrá una nueva y gran oportunidad para fructificar.

Se trata de nuestra preparación para que Dios venga. Imagínate al pueblo Israelita. Piensa en ese resto fiel que esperaba con ansia al Salvador de Israel. Imagínate a María Santísima quien había concebido en la virginidad esperando al niño Jesús que habría de nacer. ¿Has imaginado aunque sea por un solo momento sus preparativos, sus actitudes y sus esperanzas? La esperanza del adviento tiene un sentido especial distinto a toda otra espera, ¿por qué? Porque esperamos lo que poseemos,… lo mismo que la madre espera el nacimiento del hijo que ya posee. ¿Lo entiendes?

Fue en esa navidad, hasta la encarnación, cuando el hombre terminó de esperar a Dios,… y fue a partir de ese entonces que, al cambiarse los papeles, ahora Dios es el que espera al hombre. Dios se ha hecho don, presencia, intimidad. Cada día que pasa es un momento en que el momento del encuentro se acerca más.

2.- Y así, aunque la vigilancia debe ser una virtud y una actitud del cristiano en cada momento, entendemos que de una manera especial deben tenerla los recién-casados y los recién ordenados, aquellos que han cambiado su vida y que deben asimilar su situación: han pasado de ser los sujetos pasivos y se han convertido en los responsables de una familia, como hijos de familia eran excelentes ejecutores de un instrumento musical en la gran orquesta familiar, pero ahora se han convertido en los directores de la propia orquesta, con una batuta compartida y tocando, en muchas ocasiones, un concierto de piano a cuatro manos. Ellos no se deben sorprender al encontrar esas dificultades en el inicio y en el transcurso del concierto de su vida.

Es más, a lo largo de la vida ésta será la palabra clave: vigilar, estar alertas. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el porqué de tantos desvelos y preocupaciones. Bastaría una sola pregunta en todos esos momentos para así solucionar cualquier problema de nuestra vida: ¿lo que hago o dejo de hacer queda en mí, o tiene proyección y vida?

3.- Uno de los peores males que puede vivir un matrimonio es el ingresar en ese limbo de la rutina, el adquirir la membresía del selecto club de la costumbre. La monotonía, es decir, ese estar escuchando todo en un mismo tono, sin esas variantes que nos reflejan el don de la vida y no que nos ha llegado la muerte, o ese estar viendo siempre el mismo tono en el horizonte sin la amplia gama de matices que nos ofrece Dios, suele ser la peor de las polillas en los matrimonios.

La mujer debería cuidar todos aquellos detalles que, ella bien sabe, le son atractivos al esposo. Quizá uno de los momentos que provocan mayor crisis en el matrimonio es ese momento en que, como regalo de Dios, se asume el segundo papel en la trama del matrimonio: cuando ya no tan sólo son esposos, y empiezan a ser padres.

Los casados deben ser conscientes de que el ser padres no los exime de las responsabilidades que tienen como esposos uno para con la otra o una para con el otro.

4.- ¡Vigilar, estar alertas!

Vigilar se convierte en una acción significativa en la que están implicados los oyentes. La acción de vigilar comporta no dormirse. Velar es mantener despierto el espíritu cuando tantos duermen; velar es sobreponerse a las tinieblas que nos rodean; velar es vivir en el ámbito de la Luz de Dios. Renunciemos a todo lo propicio de las tinieblas como lo es el pecado.

Velar, para un cristiano, consiste en entrar en los planes de Dios y decidirse a realizar activamente su destino.

La rutina y la costumbre se han convertido en esos vicios con los que debemos luchar en nuestras familias. Resulta terrible el pensar que hasta podemos llegar a destruirnos a fuerza de acostumbrarnos a lo que Dios nos ha dado.

Respóndete a las siguientes preguntas: ¿Tú sigues creciendo? ¿Siguen creciendo tus seres queridos? De no ser así, es posible que encontremos la explicación en la monotonía de nuestro acostumbrarnos a las personas.

5.- Muy queridos amigos: Dos son las actitudes que hoy tenemos que tener presente para iniciar una andadura segura a nuestro caminar.

Primero: ver. El querer ver. El no tenerle miedo a reconocer, llegar a saber dónde está el origen y los motivos que me impulsan a vivir, detectando aquellas situaciones que nos provocan muerte.

En segundo lugar: el valor. Se trata de tener la valentía, la capacidad, el coraje, el esfuerzo y el arrojo de arrepentirse, de pedir perdón.

Y entonces, sólo entonces, se puede hacer la luz en nuestro interior, es entonces que puede venir el Señor, en nosotros puede habitar la plenitud del amor de Dios que sólo puede entrar cuando somos capaces de abrir el corazón a la claridad.

6.- No existe solución para nadie fuera de la claridad de su conciencia, la cual se obtiene en la cercanía con Dios. No existe vida humana en el error. No es posible vivir en la pereza y cumplir mi papel, no es posible ver a Dios desde el placer en el que estoy envuelto, como búsqueda ansiosa de pasar la vida.

Vigilar y estar atentos: Porque aunque eso es difícil, no se va a encontrar seguridad y apoyo en el ambiente, pues, al fin y al cabo sólo en la claridad personal se inicia el proceso de conversión hacia Dios, el cual nos podrá conducir hacia la salvación personal.

Debemos estar atentos, especialmente para no caer en esa seducción que generan los populismos.

¡Es que todo mundo lo hace!, ¡Esto ya es normal! –dicen algunos- ¡Nunca como hoy había sido tan popular! Y me puedes decir: ¿cuál es la factura? ¿Crees que vale la pena el costo?

Borreguismos, comparsas, influyentismos, aplausos, reconocimientos, sonrisas y adulaciones. Siempre habrá quien nos los profiera, y siempre habrá quien los prefiera porque no tiene la capacidad de vivir su vida y la busca en la falsedad de ese engaño pasajero que es la bufonada de los demás.

Podemos elegir entre el aplauso del momento que puede durar un corto tiempo, o esa paz y serenidad de nuestra conciencia que nos acompañará siempre. Y cuando alguien elige el aplauso necesariamente se elige el egoísmo.

7.- Todo acto de egoísmo nos encierra, y todo mirar hacia arriba nos libera, nos eleva y nos comunica con los deseos profundos de nuestro ser. ¿Qué es el pecado? Dejarse arrastrar por cualquier cosa que acabe en mí y sea sólo y exclusivamente para mí.

El pecado no es tan sólo maldad,… la maldad viene como consecuencia de no poder resistir a las exigencias continuas de una manera de vivir en la que sólo importo yo y lo que me gusta. Luego, ya no me preocupa lo que pueda ocurrir a los demás y no me importa hacer el mal, es allí en donde maldad y pecado llegan a identificarse.

Es para eso por lo que debemos estar vigilantes: para no elegir aquello que nos deslumbra, y para no estar pidiendo lo que no nos corresponde perdiendo lo que sí nos corresponde, para tener el corazón libre del error, del pecado, del egoísmo y de las exigencias.

El pecado es un error que pagamos tarde que temprano en esta vida y sobre todo en la eternidad,… pero también pagamos una vida que no tiene fuerzas para ofrecerse y sacrificarse en aras de la construcción común del Reino y de la obtención de esa eternidad. El pecado del hombre comienza en nuestra ignorancia, en la incomodidad de no querer saber, en todo tipo de exigencia a la vida y a los demás para mí.

8.- Vigilad, significa que nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente buenos como para descansar y despreocuparnos.

La atención, la vigilancia ha de ser constante, pues el contagio, el mal, se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, siempre atento, forma parte de este mundo y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se apodera poco a poco cuando el hombre no está atento y admite todo lo que le llega y lo que le gusta.

Nuestra vida cristiana es ofrecimiento, lucha, violencia, claridad, purificación. En una palabra la vida cristiana es conversión.

Lo totalmente otro es la tentación que se apodera, que nos engaña y que nos mata. Sólo se vive en el esfuerzo y en el ofrecimiento. Porque el que da la vida es Dios, y no podremos entrar al Reino mientras no seamos capaces de reconocer nuestros errores y pedir perdón.

Cada uno tiene los suyos, cada uno sabe por dónde entró el demonio del egoísmo, del dominio, de la pereza, del orgullo o de la vanagloria. ¡Pídale a Dios el don de la conversión que nos prepare para la celebración litúrgica de la Navidad!

9.- Pero, sobre todo, pidamos a Dios que nos prepare para cuando celebremos nuestra propia Navidad en la contemplación de su divino rostro.

Propiciemos cristianamente el Silencio Expectante. Como en el teatro, como en un concierto, como en la película. El silencio de algo importante que viene o se presenta. El silencio en el culto litúrgico en el inicio de la misa, en el OREMUS, desde el SANTUS hasta el Padrenuestro que nos hablan de algo importante que está por suceder. Busca durante este tiempo de adviento el silencio de la oración, CINCO minutos al día de camino al trabajo o al regresar. Al empezar el día o al terminarlo y piensa un sólo instante en aquél a quien esperas: reza el Padrenuestro y dile a Dios que venga su reino, que venga a mí su reino y en mi esté, que venga a mi familia y a los que me rodean, que venga a mi comunidad, que venga a mi pueblo, que venga SU REINO A NUESTRO MUNDO.

Es muy importante que, en medio de la agitada superficie, en medio de todo el dolor o alegría que cada día trae consigo, haya en lo más profundo de nuestro corazón, en lo más íntimo de nuestro ser, un rincón de paz y que allí se alimente una gran expectación,... porque el Señor ya viene.


IV - INSENSATEZ O SENTIDOS ENTORPECIDOS.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Velen y estén preparados, porque no saben cuando llegará el momento. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo”.

1.- Muy queridos amigos:

En este día, aunque es el primer domingo de adviento, al caer en 30 de noviembre celebramos en el calendario al Apóstol san Andrés, hermano de san Pedro. A él se le llama el “protocleto” es decir el primer llamado, y es aquel que introduce a su hermano al seguimiento y que muere en una “cruz aspada” o en forma de “X”. Es por ello, que pido por aquellos que llevan este nombre cristiano, así como le pido a Dios por todos aquellos que ejercen el apostolado a favor de su propia familia y que se topan con mil obstáculos en la realización de este apostolado…

2.- Y es que, a toda luz, a todos nos resulta evidente que nuestra realización humana será inseparable de la posesión de ciertos bienes que nos permiten cubrir nuestras distintas necesidades básicas,... no obstante, en ningún caso nuestra realización humana se puede reducir solamente a ello,... no se puede empobrecer al hombre queriendo que sea, consista o se construya en sólo un conjunto de bienes.

Y es esta la apreciación y la invitación que la Iglesia, en su liturgia, nos hará extensiva durante este Adviento naciente, el cual como río de aguas caudalosas tendrá la desembocadura de su cauce en la mar de una Navidad auténticamente cristiana. Navidad dirigida a reconocer la majestuosidad del Dios de la vida que ha querido compartir la sencillez de nuestra condición humana. Para lograr lo anterior, se nos invitará a que también nosotros salgamos, tanto de nuestra comodidad como de esos apresuramientos que están consumiendo nuestra vida, en orden a que vayamos en búsqueda del Dios que le da sentido a nuestra existencia y a todo lo que humanamente hacemos con honestidad.

3.- Efectivamente, todos los cristianos recibimos, ya desde el día de hoy, un llamado para que superemos nuestros movimientos primarios, que nos sobrepongamos a esa nuestra simple orientación instintiva hacia un mundo terreno, temporal y experimental, para que así nos dispongamos a desarrollar nuestra apertura hacia los bienes superiores, los que trascienden,... especialmente a Dios, el Bien Supremo del cual se participa toda bondad.

Se nos hace una advertencia concreta para que no dejemos que nuestros sentidos se entorpezcan, y que con ellos se entorpezca nuestra mente, nuestros afectos y nuestra misma vida cristiana, y que atrofiándose nuestra vida perdamos la destreza, y no poseamos ni la agilidad ni la motivación para buscar vivir en el mejor de nuestros días nuestra propia Navidad con el Dios que ha rasgado los cielos para conseguir venir Él a nosotros e ir nosotros a donde Él.

¿Torpeza de los sentidos? Pareciera una exageración y no es así del todo, bastaría que hiciésemos un paseo por cualquiera de nuestros espacios y en cualquiera de nuestros días.

4.- Dos son las direcciones en las que nuestros sentidos se entorpecen el día de hoy, como en los tiempos antiguos y en todos los tiempos: algunos de nosotros los atrofiamos por nuestra apatía y algunos otros a causa de los excesos.

En nuestra apatía, somos tantos los que sufrimos, y hacemos sufrir a muchos, a causa de la irresponsabilidad. Nuestras cualidades se van atrofiando junto con la vida y la propia conciencia; y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos, porque preferimos estar adormilados, porque tenemos miedo de aceptar nuestra vocación a la eternidad no tenemos más remedio que arrastrarnos y mendigar en una vida que ya no es verdadera vida. Y un día mendigaremos en esta vida que se nos dé un poco de salud, un poco de paz, un poco de amor y un poco de comprensión. Lo más lamentable de todo, será cuando llegue el día que debería ser el “mejor” de nuestros días, y que entonces mendiguemos la eternidad, después de habernos pasado el tiempo eximiéndonos de nuestros propios compromisos existenciales.

5.- Y la apatía, no es más que el primero de nuestros caminos a la perdición, ya que existe una segunda vía que pareciera ser una autopista hacia nuestro propio fracaso y condenación...

El exceso, es el segundo factor que nos atrofia. Hoy se entorpecen nuestros sentidos en el placer, el hastío, la embriaguez y la repugnancia. Se trata de una vida que todo lo permite y que se ha olvidado del valor de la austeridad y del orden. El consumismo, el materialismo, el hedonismo, el relativismo y el libertinaje se han convertido en la expresión constante y sonante del aprisionamiento esclavizante de nuestra sed de trascendencia en el sólo abrevadero de lo temporal.

El atractivo inmediato y efímero de esta sociedad de consumo nos ha impulsado a renunciar al esfuerzo de buscar y de vivir los valores espirituales y religiosos, que si bien tardan en conseguirse, poseen la permanencia en esta vida y se convierten en nuestra llave para abrir la puerta de la eternidad.

Y así, resulta constatable que nuestra visión hedonista de la sexualidad la ha reducido a ser un simple bien de consumo. De la misma manera, nuestra experiencia desviada de la libertad ha hecho que concedamos un asentimiento ciego a nuestros instintos.

Hoy en día, en el embotamiento de nuestra mente, hemos renunciado al crecimiento, a la paz del corazón y a nuestra vocación de trascendencia.

Hoy, nos hemos dejado engañar con los argumentos más infantiles. A primera vista, parece que sólo es bueno aquello que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que nos es agradable;... se nos ha convencido de que es malo renunciar cuando se ofrece y decir que no, cuando se podría decir que sí, que todo sacrificio es malo y que todo placer es bueno.

Nos han embaucado después de que hemos permitido que se nos mintiera. Todos, al parecer, hemos caído en la trampa que provoca el barniz de lo material y el oropel del consumismo. En el afán de ganarnos la “vida” no hemos tenido tiempo para vivir y no tenemos tiempo para Aquél que es la misma Vida.

6.- ¡Ah!, tal pareciera que este cura, el día de hoy al amanecer lo primero que hizo fue ponerse las gafas del pesimismo. Y la verdad, es que las realidades no pueden ni aceptarse con afirmaciones gratuitas ni negarse con descalificaciones gratuitas.

¿Qué te parece si mejor le dejamos un espacio a la afirmación de una descalificación que Mario Benedeti hizo al periódico El País hace catorce años, exactamente el 28 de Marzo de 1994?: “El anhelado bienestar sólo se compone de bienes y disfrutes materiales, y su obligado surtidor es el mercado de consumo; nadie menciona, ni por equivocación, el bienestar de la conciencia, la salud y los estados de ánimo, la necesidad del descanso, la recompensa del goce”, y yo podría agregarle, ¿quién incluye nuestra dimensión espiritual en el ideal del bienestar?

Ojalá, que pensarás bien las cosas antes de que te ubicarás en un posicionamiento, y ojalá que cambiaras de posicionamiento antes de que las situaciones sean irreversibles.

7.- ¡Hagamos un alto en la vida! ¡Tenemos que darnos el tiempo para tener un respiro! ¿Qué es el Adviento sino un tiempo para detenernos, y un tiempo para que en la conversión volvamos a empezar, siendo capaces de corregir nuestra existencia?

Vamos a darnos un poco de tiempo para que hagamos un alto, te lo enseña el Señor, yo te lo comunico y te lo agradecerá más de uno, aparte de aquel que miras en el espejo cada mañana. ¡No dejes que tu imagen en el espejo emprenda la mudanza antes de que hagas un alto en tu vida! ¡No dejes que tu imagen se desvanezca en el espejo de tu familia! ¡Haz algo! ¿Cuándo? Ahora...

La verdad es que, yo no sé a dónde vamos tan de prisa, pero el apresuramiento ya se nos ha hecho costumbre, nuestra vida se mueve por la inercia y ha dejado de ser una reflexión. Nos diría José Narosky: “Quien apura su vida, sólo apura su muerte”. Y la peor Muerte sobrevendrá después de que se acabe esta pseudo-vida vivida en el autoengaño.

Lamentablemente, no nos damos cuenta de que nuestros autoengaños se convertirán en autodestrucción. Somos tantos, los que nos sentimos dueños de la existencia; los que creemos que tenemos nuestra vida, el tiempo, las cosas y las personas aseguradas.

8.- La invitación del Evangelio no es otra, sino a que nos mantengamos despiertos y a que asumamos nuestras responsabilidades. Se nos invita para que dejemos de hacer las cosas, porque así se han hecho desde tiempos de Noé y desde antes del diluvio.

Velen y estén preparados, porque no saben qué día vendrá si Señor.

Se trata de,... ¡que no estemos adormilados por el desgano, ni vivamos sedados por los enervantes del consumismo!

La vigilancia debe ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de nuestra vida.

Vigilar significa que, en lo espiritual, nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien.

La atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, por siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se apodera poco a poco de nuestra familia cuando los hombres no estamos vigilantes.

Debemos renunciar a lo fácil como norma, al éxito como fin, al podium como situación.

9.- ¿Qué hacer para mantenernos despiertos? Quizá, tendríamos que visitar los panteones, los hospitales, los reclusorios, los psiquiátricos, los asilos, los orfelinatos,... si lo hacemos nos ayudará a reflexionar en muchas cosas y a encontrarle un poco de sentido a lo que hacemos.

Al Señor, solamente se le puede esperar en el estupor de la vigilancia, con las puertas abiertas de par en par, pies que concluyen su jornada, el oído que ha estado atento, y un corazón finalmente curado de la dureza que provocan nuestra apatía y nuestros excesos.

No dejemos que nuestros sentidos se atrofien. No debemos vivir de las ilusiones, porque luego vienen las desilusiones desgarradoras.

El cristiano tiene dos alternativas: vivir solamente el instante o trascender en la historia para llegar hasta la eternidad. Y tú, ¿qué eliges?

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