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jueves, 21 de mayo de 2009

Comentario Bíblico y Pautas Homiléticas: Ascensión del Señor - Ciclo B

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Publicado por Dominicos.org

Introducción

La ascensión supone el fin de las manifestaciones de Jesús tras la resurrección. Es su última manifestación a los apóstoles, y lo hace subiendo al cielo, para estar “sentado a la derecha de Dios Padre” como decimos en el Credo y predicaron los apóstoles. Es, pues, la manifestación visible del triunfo del crucificado: aquel, a quien todos pudieron verle crucificado, ahora, coronado de gloría, está en el cielo, como juez y señor de todo lo creado.


Comentario bíblico

* Iª Lectura: Hechos de los Apóstoles (1,1-11): La Ascensión

I.1. Es la primera lectura de esta fiesta del Señor la que nos describe ese acontecimiento, casi inexplicable, conocido como la «Ascensión», un término que ha sido entendido como complemento de algo que ocurre en la Resurrección de Jesús; como si durante cuarenta días Jesús resucitado se hubiera entretenido en este mundo. ¿Para qué? En la visión particular de Lucas, autor de los Hechos, para consolidar la fe de sus discípulos con objeto de dejarlos «entonados» en la misión apostólica que les debería llevar hasta los confines de la tierra predicando y haciendo discípulos.

I.2. En realidad, la Ascensión no es algo distinto de la Resurrección, porque es en la Resurrección donde Jesús recibe el poder y la gloria de Señor del universo. Por lo mismo, la Ascensión, en el libro de los Hechos, viene a significar el final de una etapa de experiencias muy especiales del Señor resucitado: Ahora es el momento de que la Iglesia pueda emprender una nueva tarea en la que estará guiada por el Espíritu. Por lo mismo, el tiempo litúrgico de la resurrección llega a su fin, como se pone de manifiesto en la fiesta de hoy, aunque eso no significa que el Señor se desentiende de nosotros y de este mundo. La escena de los discípulos que miran hacia el cielo viendo cómo desaparece su Señor evoca, para Lucas, la necesidad de mirar hacia el mundo, hacia la historia, para cambiarla; porque ese Señor estará ayudando a los suyos mediante su Espíritu para cuya fiesta nos preparamos ya desde hoy.

I.3. Es un texto que también, en una pedagogía muy particular, quiere resaltar una “ruptura” con los suyos, con los que han tenido que rehacer su vida después de los acontecimientos de Pascua, para hacerles comprender el papel que han de desempeñar en este mundo y en esta historia. Si bien es verdad que hablamos de “Ascensión” en términos cristológicos, no podemos olvidar que la Ascensión apunta a la eclesiología de la tarea de predicar y anunciar la salvación a todos los hombres. Bien es verdad que hay una promesa, la ayuda de la fuerza de lo alto a donde Él se introduce para llevar adelante este compromiso. Quizás esa sea la razón por la que Lucas se ha visto en la obligación de desdoblar el misterio de la Resurrección y el de la Ascensión con esos “cuarenta” días que son más un tempo teológico que cronológico. Es un tiempo para llenarse de la fuerza de la Pascua y después, con la ayuda del Espíritu, lanzarse a la misión.



* IIª Lectura: Efesios (4,1-13): Nuestra vocación cristiana

II.1. La segunda lectura nos muestra una de las claves de la comunidad cristiana: la unidad en el Espíritu de una misma fe y de una misma esperanza, y consiguientemente del amor. Éste es una pasaje que tiene un cuño bautismal, litúrgico, en el que los nuevos cristianos son instruidos sobre su decisión de recibir el bautismo para formar parte del «cuerpo de Cristo», de la Iglesia, que tiene su fuerza en el Espíritu. La carta nos habla de la vocación a la que hemos sido llamados en la Iglesia, que es uno de los temas dominantes de este escrito del Nuevo Testamento.

II.2. La aclamación y doxología de «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» resuena todavía en nuestros cantos como uno de los textos mejor formulados del cristianismo primitivo. La Iglesia de la que se habla está fundada en Cristo por medio de los apóstoles y profetas que son ministerios de evangelización. En la Iglesia, pues, hemos recibido el evangelio, en ella hemos conocido al Señor de nuestra vida y en ella debemos vivir la experiencia de la salvación en este mundo.



* Evangelio: Marcos (16,15-20): Ascensión y misión

El evangelio de hoy es una especie de síntesis de lo que sucedió a Jesús a partir de la resurrección; síntesis que alguien ha añadido al evangelio de Marcos cuando ya estaba terminado. Esto se reconoce hoy claramente por su estilo, e incluso, por su teología. Habla de la Ascensión según lo que hemos podido escuchar en el texto de los Hechos de los Apóstoles. Pero lo que verdaderamente llama la atención de este evangelio es el encargo de la misión del Resucitado a sus apóstoles para que hagan discípulos en todas las partes del mundo. Se describe esta misión de la misma manera que Jesús la puso en práctica en el mismo evangelio de Marcos. Por tanto, Él es el modelo de nuestra predicación y de nuestros compromisos cristianos. El Reino, ahora, se hace presente cuando sus discípulos se empeñan, como Jesús, en vencer el mal del mundo y en hacer realidad la liberación de todas las situaciones angustiosas de la vida por medio del evangelio.

Fray Miguel de Burgos Núñez



Pautas para la homilía

* Cristo se va y sigue presente

Cristo realizó su misión como ser mortal en esta tierra. Con la resurrección ha adquirido la plenitud de gloria, de felicidad, de ser, su inmortalidad. No nos abandona, sigue haciéndose presente en nuestra historia: en los seres humanos, especialmente en los más postergados, sufrientes, pobres; sigue presente en su Iglesia, y se hace presente en la eucaristía. Nuestra fe es fe en la presencia de Cristo entre nosotros. El mismo Cristo histórico. Esa presencia es la que garantiza la vigencia permanente de su Evangelio. No fue algo predicado para un momento, por alguien “que pasó a la historia. Es la propuesta para siempre de lo que Dios espera de nosotros como seres humanos: individual y colectivamente. Porque Cristo lo es para siempre.


* Cristo pasa el relevo a los discípulos…, sin irse

Cristo asciende al cielo y, por decirlo de alguna manera, pasa el relevo de la predicación del evangelio a los discípulos: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio”. Son las últimas palabras de Jesús sobre la tierra, según san Marcos. Lucas en el relato de la ascensión que encontramos en la primera lectura, pone como últimas palabras de Jesús la promesa a los apóstoles del Espíritu Santo para que sean sus testigos “hasta los confines del mundo”, tras empezar por los lugares más cercanos, Judea, Samaria.


* Celebrar implica ser testigos

Nosotros celebramos esa gloria de Jesús, que implica el triunfo del bien y de la verdad, el triunfo del amor, el triunfo del representante más auténtico de la condición humana. Es triunfo de esa misma condición, de lo más noble y grande de ella.

Pero a la vez hemos de asumir el compromiso de ser sus testigos. No podemos quedarnos mirando al cielo. La tierra nos espera, y en ella las personas con las que convivimos, con las que nos rozamos en nuestro vivir diario. Ante ellas hemos de ser testigos de Jesús. Testigos de su resurrección, de su evangelio, de su modo de ser.

La fiesta de la Ascensión es una fiesta que nos habla del cielo, destino de esa ascensión de Jesús, a la vez que nos recuerda nuestros compromisos aquí en la tierra. Es fiesta de gloria, la de Jesús, y de compromiso, el nuestro. Es fiesta de pensar en el cielo que nos espera, pero no para quedarnos como los apóstoles plantados mirando hacia él, sino para bajar la vista sobre la tierra que pisamos e iniciar en ella ese cielo.


* Nos deja el Espíritu Santo

Puede que nos encontremos demasiado frágiles para acometer esa tarea. Y ciertamente lo somos. Pero Cristo ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Y además ha hecho la promesa del envío del Espíritu Santo para iluminar nuestra mente, fortalecer nuestra decisión y, sobre todo, ampliar nuestra capacidad de amar. Esta semana la Iglesia la considera como la semana de preparación de la Pascua de Pentecostés. La semana de sentir la necesidad de alguien que nos fortalezca en nuestros compromisos cristianos.

Mantengamos a lo largo de ella ese deseo de que el Espíritu Santo nos inunde, como lo hizo con los apóstoles. Y no lo olvidemos: los apóstoles estuvieron de retiro, reflexionando y orando en torno a María este tiempo entre la Ascensión y la venida del Espíritu Santo, como nos dice san Lucas. Bien estará que acudamos a ella, a María, para que nos vaya preparando, en la oración y reflexión, a la fiesta del próxima Pascua, la plenitud de la Pascua de Jesús, la del Espíritu Santo, Pentecostés.

Fray Juan José de León Lastra

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