NO DEJES DE VISITAR
GIF animations generator gifup.com www.misionerosencamino.blogspot.com
El Blog donde encontrarás abundante material de formación, dinámicas, catequesis, charlas, videos, música y variados recursos litúrgicos y pastorales para la actividad de los grupos misioneros.
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

martes, 15 de septiembre de 2009

Homilía y Recursos para la Homilía: XXV Domingo del T.O. (Marcos 9, 30-37) - Ciclo B

"¿QUÉ BUSCAS? ¿PRESTIGIO O SERVICIO?"
Publicado por Agustinos España

Homilia 1

Cuenta San Agustín que amar y ser amado era lo que más deseaba en este mundo. Y como nosotros no somos muy diferentes de él, creo que podríamos decir lo mismo... Que sentirnos queridos es una de nuestras mayores necesidades.

Por conseguir ese cariño somos capaces de hacer lo que sea... Y, si nos damos cuenta, necesitamos y buscamos el cariño de nuestros padres, de los amigos, de los compañeros de trabajo... ¿Quién no ha visto a algún niño pequeño hacer una cosa graciosa que provocaba la risa de los adultos y, que, viendo el “éxito” que tenía volvía a repetir, si cabe de forma más exagerada, la misma cosa que provocó las risas?... Es nuestra necesidad de cariño la que está por debajo de todo esto.

El problema es que esta necesidad de ser amados, que en sí es buena, si no está bien dirigida, puede alejarnos del proyecto que Dios tiene para nosotros. Y es a eso, a lo que nos llama la atención el evangelio de hoy.

Uno de los peligros es que esa necesidad de ser queridos, de ser apreciados, de ser valorados socialmente se convierta en el fundamento y sentido de nuestra vida. Esto puede ocurrir, concretamente, cuando la necesidad de ser apreciados se traduce en una búsqueda permanente de prestigio, en una necesidad de tener un estatus social más alto, en necesidad de poder.

Cuando esto ocurre, cuando en nuestra vida buscamos esto como una constante, entonces es fácil llegar a ser personas insensibles y también, por que no, alimentar hostilidades, como nos recuerda San Pablo.. Y si no, basta ver el ejemplo de los discipulos en el evangelio de hoy. En cuanto saben que Jesus va a ser condenado a muerte y que dejará de ser el “lider” del grupo, se olvidan de él, y su centro de atención pasa a ser “quien será el que se encargará de dirigir el grupo”. En esta escena, Jesus quedó en un segundo lugar.

Creo que no es bueno pensar que estamos libres de esa tentación porque, aunque a veces se ve de forma descarada... otras veces está um poco soterrada. Y, si no, os invito a pensar en estos detalles:

* Pensemos, por ejemplo, en cómo reaccionamos cuando alguie nos corrige. Si nos damos cuenta, muchos buscamos excusas porque dar la razón, cuando la tienen, es como perder algo de prestigio. Y, por otro lado, qué dificil nos resulta reconocer nuestros errores o que estamos equivocados.
* A nivel económico quizá se vea de forma más clara cuando, por ejemplo, cuando existe la tentación de compararnos con otros que tienen más que nosotros y nos sentimos inferiores... O el caso de esa persona que va con un ferrari y las ventanas abiertas con la música “a tope”, como para decir a todos que ahí está él... O como el de esa persona que tiene un amigo que se compra un apartamento en la playa y se entran prisas por comprarse otro para no ser menos.
* También a nivel profesional, existe la necesidad de subir en la empresa y a veces ocurre que algunos viven con una cierta insatisfacción e infelicidad, el estar en lugares más bajos.
* Y, por qué no, también en nuestro ambiente cristiano se puede llegar a iniciar una “competición” en donde se intenta ser el más virtuoso, el que más prácticas religiosas realiza o incluso en la ayuda a los pobres.

En el Evangelio de hoy, Jesus nos invita a encontrar ese equilibrio personal, a veces tan dificil de conseguir, en donde la necesidad de ser amados conviva con la necesidad de amar, como bien decía San Agustín.

Jesus recuerda hoy en el evangelio, que quiere que seamos grandes... Pero nos recuerda que lo que hace de nosotros personas grandes no son las cosas que están a nuestro alrededor: dinero, ser director de una empresa, un ferrari, o um chalet, sino lo que está dentro de nosotros; lo que nos hace personas grandes es la capacidad para estar disponibles para aquellos que nos necesitan como son los pobres económicamente; para algunos los padres que ya son ancianos; o los niños que necesitan de tiempo para estar con sus padres y jugar con ellos, y sentir ese cariño que a algunos, aunque parezca mentira, no tienen...; es la capacidad para acoger con una sonrisa.... En definitiva, lo que nos hace grandes es vivir la vida en actitud de servicio.

Ante nosotros se nos abren dos caminos, dos formas de enfocar la vida... Y tal vez seria bueno pensar ahora de forma breve y en silencio por donde camina mi vida, y por donde quiero que camine.

Pedro Muñoz


Homilia 2

Una vez fueron un grupo de jóvenes al campo. Fueron llevados por unos padres de familia a hacer una excursión durante dos días. Estas personas podían haber dedicado ese sábado y domingo a sus cosas, a salir por ahí, a divertirse. Pero no, habían organizado una excursión con un grupo de chavales que ni siquiera eran sus hijos para que disfrutasen de la naturaleza, en vez de disfrutar en otras cosas menos saludables.

Durante el primer día estuvieron haciendo muchas actividades. Y por la tarde llegó la actividad reina: actividades de montanismo. En concreto uno de los padres de familia, que desde hace muchos años era aficionado a hacer "rapel" estuvo ajudando a todos los chavales a hacerlo: les colocaba el arnés, los aseguraba y ellos bajaban disfrutando como nunca. Así toda la tarde.

Como aquellos padres de familia eran cristianos, pidieron a un padre que fuese a celebrar una misa con ellos. El padre estuvo viendo toda la actividad de la tarde y cómo aquel hombre estuvo casi tres horas asegurando a los chavales para que disfrutasen todo lo más posible.

Cuando llegó la homilía, el padre contó la siguiente historia:

Un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que había perdido sus patas, por lo que el hombre se pregutnaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un tigre que llevaba una presa en su boca. El rigre ya se había hatadoy dejó el resto de la carne al zorro.

Al día siguiente Dios volvió a alimentar al zorro por medio del mismo tigre. El comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: «Voy también yo a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor, y éste me dará cuanto necesito».

Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedías nada y el pobre hombre estaba casi a las puertas d ela muerte cuando oyó una Voz que le decía: «¡Oh tú, que te hallas en la senda del error, abre tus ojos a la Verdad! Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre zorro mutilado!».

Cuando acabó la historia, todos los chavales comprendieron que aquel padre de familia que les había dedicado tantas horas para su disfrute era el ejemplo que tenían que seguir.

En el fondo, esto es lo que Jesús nos recuerda en el evangelio de hoy. Que seamos servidores de todos. Que todas nuestras posibilidades y dones los pongamos al servicio de los demás para agradar la vida de los que nos rodean. Que sigamos, en definitiva el ejemplo del tigre, que se dedicaba al servicio, y dejemos de lado el mal ejemplo del hombre que buscaba el primer puesto, el que le sirvieran, o ser el centro.

Pedro Muñoz




RECURSOS PARA LA HOMILÍA


Nexo entre las lecturas

Jesucristo con su persona, con su enseñanza y su vida ha traído un cambio al mundo del hombre. En este cambio se centran de alguna manera los textos litúrgicos del actual domingo. Al impío que no entiende ni acepta la vida del justo se le pide implícitamente un cambio de actitud (primera lectura). Los discípulos de Jesús necesitan cambiar de mentalidad ante las enseñanzas sorprendentes de su Maestro (Evangelio). Santiago propone a los cristianos un programa espiritual que implica un cambio en el estilo de vida que antes llevaban (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. Cambiar la actitud. ¿Cuál es la actitud del impío para con el justo? ¿Del pagano o del judío renegado que vivía en Alejandría de Egipto para con el judío fiel a la ley que regula toda su vida? Según el libro de la Sabiduría, el impío piensa que el justo es un fastidio para él, porque es la conciencia crítica de su obrar; en lugar de admirarle e imitarle, como debería, prefiere someterle a prueba; incluso a la prueba de la muerte, saltándose las leyes humanas y divinas, para ver si el Dios en quien confía le protege y le salva. En los versículos 21 y 22 del mismo capítulo se añade: "Así piensan, pero se equivocan... No conocen los secretos de Dios". Se equivocan. Su actitud no corresponde a la que Dios quiere. Hay, por tanto, que cambiar. El justo, el fiel, el santo ha de ser admirado y propuesto como modelo digno de imitación. Es verdad que el hombre fiel es un reclamo a la conciencia, pero esto debe ser causa de alegría y de gratitud. ¿Por qué no acudir a Dios con la confianza del justo en lugar de ponerle a prueba incluso con la muerte?
2. Cambiar la mentalidad. A los discípulos de Jesús no les entra en la cabeza el que su Maestro tenga que pasar por el túnel del sufrimiento, que para ser el primero se haya de ser el servidor de todos, que en las nuevas categorías del Reino de Cristo el niño ocupe un lugar primordial. No es fácil para ellos dejar la concepción en la que se habían educado desde su infancia. Pero si quieren ser discípulos de Cristo tienen que cambiar. Han de aceptar que el sufrimiento es camino de redención para Jesucristo y lo sigue siendo para los cristianos. Se han de convencer vitalmente que el servir no es un favor que se hace alguna vez, sino el estilo habitual de ser cristiano y de vivir en cristiano. Deberán olvidar que el niño es algo que no cuenta en la reunión de los mayores, para llegar a la certeza de que acoger a quien no cuenta, al marginado, al débil, al necesitado es acoger a Cristo y mediante Cristo al mismo Padre celestial. El trato y la compañía de Jesús, por un lado, y la acción del Espíritu, por otro, realizarán el milagro.
3. Cambiar de vida. Si cambiar el modo de pensar es difícil, mucho más lo es el cambio de vida. El Bautismo y la Eucaristía reestructuran al hombre por dentro, le infunden un nuevo modo de ser y un principio nuevo de actuación. En ello está la base del cambio de vida, pero este cambio requiere gracia de Dios, trabajo humano, tiempo para que las nuevas estructuras sean vitalmente asimiladas y configuren día tras día, acción tras acción, el comportamiento humano. Sólo cuando se haya logrado la nueva configuración existencial, "la sabiduría que viene de arriba, que es pura, pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía" guiará el obrar humano y cada uno de sus actos. Sin esta configuración que requiere gracia, esfuerzo y tiempo, las viejas estructuras seguirán vigentes y con ellas actuar conducido por las contiendas, las codicias, los deseos de placeres, las envidias. Cambiar la vida es la gran tarea del cristiano, llevada a cabo con constancia y entusiasmo.


Sugerencias pastorales

1. Cambiar desde Dios. La cultura en la que vivimos y la mentalidad de nuestros contemporáneos está hecha al cambio. Se cambia más fácilmente que antes de trabajo, de ordenador, de coche, de casa, de país... Se cambian también los modos de pensar y vivir, los valores de comportamiento, y hasta la misma religión. El cambio está a la orden del día, y quien no cambia, pronto pasa a formar parte de los retros. El cambio, al contrario, es propio de los progres, que parece que lo llevan en el DNA. Pero, ¡claro!, no todo cambio es bueno para el hombre. Ni todo cambio indica progreso. Hay cambios que son una desgracia: que lo cuenten si no tantos emigrantes, obligados por la necesidad a dejar sus patrias; que lo digan tantas jovencitas obligadas a vender su cuerpo en el supermercado de la prostitución; que lo griten tantos niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas o raptados para comerciar con sus órganos. ¡Esos cambios gritan al cielo! El cambio al que la liturgia nos invita es el cambio desde Dios. Es decir, aquel cambio que Dios quiere y espera del hombre para que sea más hombre, para que viva mejor y más plenamente su dignidad humana. El cambio que Dios quiere es el de la injusticia a la justicia, del abuso al servicio de los demás, de la infidelidad a la fidelidad, del odio al amor, de la venganza al perdón, de la cultura de muerte a la cultura de la vida, del pecado a la gracia y a la santidad.
2. Tu programa de vida. Con mayor o menor claridad, todo hombre se traza un propio proyecto de vida. Qué quiere ser, qué quiere hacer, a qué valores no puede renunciar, de qué medios servirse. Pienso que todo cristiano debería tener un pequeño proyecto o programa de vida en su condición precisamente de cristiano. Qué voy a hacer por Cristo y por mis hermanos. Qué valores voy a proponer a mis hijos. Por qué valores voy a luchar en mi vida personal, familiar, social. Cuánto tiempo voy a dedicar a mi misión de apóstol de Jesucristo dentro de mi comunidad parroquial, diocesana, dentro del movimiento al que pertenezco. Qué iniciativa, pequeña o grande, voy a proponer para fomentar el sentido de Dios, para promover las vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada, para visitar y atender a los enfermos o a los que viven solos en mi barrio, en mi parroquia. No es necesario que sea un programa grande, completo. Haz un pequeño programa para un año. Un programa que te ayude a crecer en tu vida espiritual: dedicar, por ejemplo, un tiempo diario a la oración, o confesarte con más frecuencia y regularidad, o luchar con más decisión y energía contra el vicio del alcohol o de la droga blanda. Un programa que te mantenga activo en tu misión eclesial: dar catequesis, formar parte del coro parroquial, prestar más atención a la educación espiritual y moral de tus hijos. Al final del día, o al menos de la semana, reflexiona un poco sobre cómo lo has cumplido. ¡Cuánto bien puede hacer un pequeño programa!

No hay comentarios: