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jueves, 11 de agosto de 2011

XX Domingo del T.O. (Mt 15, 21-28) - Ciclo A: Romper barreras



1. Situación

La fe, según madura, crea actitudes sin fronteras.
Sin embargo, nuestra tendencia, especialmente en nuestra sociedad occidental del bienestar, es a poner barreras. La familia se repliega en su intimidad, cerradas las puertas con sistemas sofisticados de seguridad. Se multiplican asociaciones de todo tipo, pero cada una cerrada herméticamente, como si fuese una casta. En los países industrializados crece la xenofobia. Los cristianos buscamos de nuevo nuestra identidad mediante la cohesión ideológica del grupo frente a un mundo hostil al que hay que convertir.

Esta tendencia tiene, sin duda, una explicación sicosocial. Pero el creyente con sensibilidad percibe en qué medida amenaza el dinamismo más íntimo de su fe, la ruptura de fronteras.



2. Contemplación

La misión de Jesús se ceñía «a las ovejas descarriadas de Israel» (Evangelio). Pero, después de poner a prueba la fe de la mujer cananea, no dudó en ofrecer la salvación a una pagana. Por la misma lógica por la que Jesús rompía las fronteras estrechas del judaísmo: la misericordia por encima de los sacrificios, la persona por encima de la ley, la fe por encima de la raza y de la ideología (que es el caso de esta mujer, anticipando la revolución posterior del cristianismo abierto a los paganos).

Algunos profetas ya lo anunciaron (primera lectura) y algunos salmos lo celebraron (salmo responsorial).

Somos nosotros, los cristianos del paganismo, los beneficiados de este amor de Dios sin fronteras. No somos conscientes de ello, pues nos resulta normal conocer al Dios de Israel, al Dios de Jesús, y celebrar la Alianza en el cuerpo y sangre de Jesús, el Mesías. ¡Pero que este domingo, al menos, nos demos cuenta de lo que significa!

Ciertamente, esa ruptura de frontera fue decisiva. ¡Que en la Eucaristía de este domingo miremos, además, a nuestro alrededor y seamos conscientes de las barreras que nos separan, comenzando quizá por los que nos sentamos en el mismo banco!



3. Reflexión

No es fácil romper fronteras. Primero, porque hemos de respetar la intimidad y la autonomía de los otros. Segundo, porque los mecanismos de defensa se disparan rápidamente. Hemos de comenzar por nosotros mismos, por nuestro entorno más cercano. Lo comprobamos a diario: nos quedamos sin muros en cuanto otro nos abre sus puertas y comparte.

Hay que comenzar por desmontar prejuicios instintivos, miedos internalizados, por ejemplo, cuando vemos a alguien de color o que se viste con pintas que chocan al ámbito social en que nos movemos.

A continuación, crear plataformas de diálogo con personas de opinión distinta o contraria, especialmente si amenazan nuestro sistema de creencias. ¿Cómo? En nuestras conversaciones. Saber escuchar no es cuestión de técnica, sino de corazón que acoge y empaliza.

Compartir será un nuevo paso. Abrir mi casa al otro es dejar de percibir al otro como enemigo o como persona que invade lo mío.

Es una tarea sufrida, pero «los sufridos poseerán la tierra», dice Jesús (Mt 5). El futuro del hombre depende de la capacidad de crear una urdimbre de solidaridad en las relaciones interpersonales y en las microestructuras sociales en que nos movemos cada día (vecindario, oficina, bar, sala de la asociación...). Miramos casi siempre a las macroestructuras porque no sabemos valorar y vivir la tarea sufrida del cada día.



4. Praxis

Con una actitud atenta a la realidad y un poco de imaginación, resulta fácil encontrar acciones para romper fronteras. Por ejemplo:

— ¿Por qué te cuesta hacer una visita al vecino del cuarto piso después de cinco años de convivencia? Os saludáis en la escalera y notáis cierta simpatía. Seguro que él lo está deseando; pero nuestros fantasmas mentales nos lo impiden.

— En tu empresa trabajas con un inmigrante. Parece retraído, y la mayoría de tus compañeros se inhiben; algunos pocos adoptan una actitud hostil. ¡Sería tan importante acercarse!

— ¿Por qué te resulta tan fácil hablar mal del otro grupo cristiano de mentalidad y estilo distinto al de tu grupo?

¡Nos falta un corazón ancho!

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